viernes, 3 de noviembre de 2017

21D: ¿Elecciones autonómicas o "Referéndum"?

¿Cuantas veces les ha pasado esto en un restaurante?: 
- Camarero: ¿qué desea tomar el señor?
- Cliente: Antes deberá decirme “entre que platos me permitirá escoger”.
- Camarero: Tiene pepito, mengano, fulanito, ...
- Cliente: ¿No tiene algo tiernito?
- Camarero: Le dejo la carta. Cundo sepa lo que quiere, me avisa y le tomo nota...

Una cosa es que nos creen una ilusión de libertad para escoger y otra muy distinta es que  tengamos libertad para escoger lo que queramos. 
En teoría todos podemos presentarnos para que vuestros vecinos nos escojan como sus representantes políticos, pero la realidad es mucho más compleja. La “carta política” esta formada por unos “platos” determinados entre los que nos dan a escoger y muchas veces los que parecen abanderados de diferentes sensibilidades políticas lo son solo de palabra. De la “capacitación técnica” para ejercer el cargo, mejor no hablar. La profesión de político es de las pocas que no precisan de ninguna capacitación intelectual (ni tampoco moral) para ejercerla legalmente. Nadie os ha explicado nunca el porqué de esta anomalía, pero siempre ha sido así y nadie ha hecho nada por cambiarlo. 
Todos tenemos una idea de cómo deberían comportarse nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros políticos y las empresas que nos proporcionan productos y servicios, que también tienen su responsabilidad social corporativa. También podemos constatar que personalmente no nos comportamos de acuerdo a lo que esperamos de los demás y usamos siempre una doble vara de medir. Solemos preocuparnos mucho de nuestros derechos y de las obligaciones de los demás y poco de nuestras obligaciones y de los derechos de los demás. Que los demás se comporten mal no debería justificar que nosotros hagamos lo mismo dentro de nuestras posibilidades. 
Los que ocupan un “nivel inferior” en la sociedad siguen el ejemplo que les dan los que ocupan un “nivel superior”. Tanto más cuanto peor ejemplo dan: Si los de arriba roban, los de abajo también roban (poco, porque no tienen más oportunidades para hacerlo). Socialmente está justificado aprovecharse del esfuerzo ajeno: Los días “sin IVA” tienen un gran éxito en las grandes superficies. Mientras criminalizamos a las grandes corporaciones por eludir pagar el máximo de impuestos, personalmente nos auto-justificamos por pagar una factura sin IVA, por no declarar los ingresos reales de nuestro pequeño negocio, por contratar un servicio doméstico sin asegurar al empleado, por encontrar cualquier fórmula creativa con la que pagar menos impuestos ...
Nos preguntamos porqué tanta gente sigue votando a partidos que han demostrado practicar una corrupción sistémica, han demostrado una inutilidad en la ejecución de sus políticas públicas o han utilizado las puertas giratorias para colocar a sus políticos en grandes expresas cuyos beneficios se incrementan con las correspondientes publicaciones del BOE.  Pocas veces nos preguntamos si nosotros somos eficientes en nuestros trabajos o en las labores que ejecutamos. Personalmente, ¿buscamos la excelencia, permitimos la mediocridad a nuestro alrededor o la disculpamos en nosotros mismos ?
¿Hemos olvidado aquel eslogan de “El trabajo mal hecho no tiene futuro, el trabajo bien hecho no tiene fronteras”, o es que nunca creímos en él?
Esto sirve para los servidores públicos, para los líderes sociales, para los empresarios y directivos y, no nos olvidemos, también para todos nosotros.
Volviendo al principio: Para poder ser exigente con los demás, debemos empezar por ser exigentes con nosotros mismos. Si nos lo proponemos y empezamos con ser exigentes con nosotros mismos, con el tiempo, tal vez todos juntos logremos mejorar nuestra sociedad. 
Cuanto antes empecemos, antes podremos dejar de quejarnos, de colgar viñetas como esta para criticar lo mal que nos tratan los otros, y ellos o sus simpatizantes, no tendrán motivos para acusarnos de “victimistas”. Dejaremos de quejarnos de nuestra mala suerte, porqué seremos nosotros mismos los que más influiremos en atraer a la buena suerte con nuestros actos.
Por ejemplo, en menos de dos meses nos han convocado a nuevas elecciones para elegir los representantes al Parlament de Catalunya. Los que consideran que Rajoy es verdaderamente el más astuto de todos los Presidentes piensan que, una vez más, ha hecho una jugada maestra. Otros que no lo consideran tan avispado, piensan que es un simple capataz de los líderes de la UE y estos le ha “facilitado” una “salida inteligente a la crisis catalana”: Contrariamente a lo que habían comentado miembros relevantes de su Gobierno y de su partido, Rajoy sorprendió a los suyos y a todos convocando para el jueves 21D, antes de Navidad, unas elecciones que serán interpretadas por todos como “referéndum” legal —tantas veces pedido por la Generalitat y el 80% de los catalanes— aunque no vinculante. Digo que se interpretará como un referéndum porqué una cosa es el envoltorio con el que todos los partidos —más los unionistas que los indepes— envolverán sus campañas y otra el trasfondo que todos los votantes tendrán en cuenta. Seguramente los partidos unionistas pactarán un acuerdo secreto o público, está por ver, para defender por delante de cualquier otra consideración “la unidad de España”. De hecho, Ciudadanos ya ha expresado su petición de que sea ilegalizada cualquier formación política que incluya entre sus puntos programáticos defender la República Catalana. Subliminalmente, todos los partidos harán campaña para defender la "unidad de España" o la "independencia de Catalunya". Ahora si; los del “Si” y también los del “No” harán campaña —lo que queda por ver es si explicarán "racionalmente" las ventajas e inconvenientes para defender sus posturas o seguirán sólo con las emotivo-sentimental-nacionalistas— y se contarán los votos legalmente y de la forma más o menos justa; como se han contado siempre que las elecciones se han convocado bajo el paraguas del Estatut y de la Constitución. Sería bueno que la participación sea la más alta jamás conseguida y eso sería un gran logro que unos atribuirán a Rajoy y otros a... ¿Europa?.
En todo caso, estas elecciones "especiales" serán lo más parecido a un “Referéndum acordado” que se habrán podido celebrar en la situación actual. Esperemos que vengan muchos observadores internacionales, que todos los que lo deseen puedan votar por correo y que no haya manipulación de los votos ni de los resultados.
En estas condiciones, no las óptimas ni las deseables, pero si las mejores posibles en nuestro entorno, se podrá ver si gana el “SI” o el “NO” y por que margen lo hace. Si sale el NO, la UE respirará tranquila, porque lo entenderán como un refrendo a su NO reconocimiento de la República Catalana, que se declaró de una forma cuanto menos atípica el pasado Octubre. Lo que no está claro es que consecuencias tendrá si sale un SI y que medidas tomará el Gobierno “asesorado”. En todo caso la UE deberá pensar en su mejor solución y mantener intervenido el Gobierno de Catalunya y encarcelados a sus dirigentes democráticamente elegidos parece que no lo es. 
El fiscal y el juez, con sus decisiones han vuelto a conseguir que aumente la tensión entre catalanes y no sabemos hasta donde puede llegar. El autoengaño sigue operando tanto a nivel de la mente individual como a nivel colectivo. Los patriotas de uno y otro lado vuelven a disfrutar jugando con su pack: banderita, consigna, manifestación y cacelorada nocturna.
Si Mariano hubiera buscado la fórmula para celebrar un referéndum en Catalunya a partir del 2012, nos habríamos ahorrado seguramente muchos esfuerzos y la mayor parte de los sufrimientos que nos han llevado a la actual fragilidad política y al caos que se vive en Catalunya, pero las cosas son como son y seguimos encharcados en el círculo vicioso que nos agota sin que podamos continuar con nuestras vidas y se sigan resintiendo la creatividad, el espíritu emprendedor de gran parte de los catalanes, los puestos de trabajo, los consumidores, los cotizantes al Estado, a la Seguridad Social y a la Solidaridad contributiva para el resto de España.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La cabeza está para pensar: más razón y menos emoción

Es recomendable, antes de iniciar cualquier conflicto, ponerse en la piel del “otro” para intentar dilucidar hasta dónde puede estar dispuesto a llegar para evitar ceder. Del mismo modo, también es muy recomendable saber cuáles son tus fuerzas para conseguir lo que demandas y cuales son las del “otro” para impedírtelo.
Cuando se publicaron las balanzas fiscales se demostró que en España, sólo cuatro autonomías participaban "solidariamente" en la financiación de las trece restantes más Ceuta y Melilla. Cataluña, según este cálculo de las balanzas fiscales, que ahora llaman "Sistema de Cuentas Públicas Territoriales", tiene un déficit fiscal de 9.892 millones de euros, el 5,02% de su PIB. Si se calcularan con el método de flujo monetario, el déficit fiscal de Cataluña sería muy superior; en torno a los famosos 16.000 millones de euros (seguramente variarían cada año).
Los datos económicos muestran que Cataluña es la primera autonomía españolas con mayor PIB, la cuarta en el ranking de “PIB per cápita”, la segunda en población, la primera en exportación. Es un motor industrial, turístico y muchas cosas más. Cataluña no es irrelevante dentro de España. Si España estuviera a punto de perder la Isla Perejil, seguramente no se habría montado ningún revuelo. Pero la “élite extractiva” española no puede permitirse perder Cataluña. Es una cuestión de supervivencia; más allá de romanticismos patrióticos, integridades territoriales, indisolubilidades y indivisibilidades. Esto es una cuestión de supervivencia porque, si Cataluña se fuera, caería todo el andamio que mantiene el privilegio de una minoría que "okupa" del Estado desde hace siglos en detrimento de todos los ciudadanos de España. Y es precisamente esta “minoría extractiva” y toda su clientela (empresas del IBEX, cargos de confianza, subvencionados y clientela varia que es mucha) la que defenderá como sea y empleando todos los “medios de que dispone el Estado al servicio del Gobierno”, que son muchos y muy poderosos, aquello tan bonito que publicitan continuamente como la "igualdad entre todos los españoles y el imperio de la ley" y que en realidad es seguir disfrutando de sus prebendas extrayéndolas de todos los cotizantes y consumidores.
Esta “minoría extractiva” puede que no tengan la razón, pero tienen la ley, el monopolio de la fuerza y la violencia, y además el reconocimiento internacional de los Estados (no de las regiones ni de la ciudadanía). Recuerden que los bancos europeos que han comprado la deuda del Reino de España quiere seguir cobrando los intereses tantos años como puedan y que está en juego la supervivencia de la asociación de Estados para el beneficio de los grandes grupos económicos que principalmente es lo que es la UE.
De haberse producido la independencia de Quebec, Canadá seguro que hubiera sobrevivido. Lo mismo hubiera pasado si Escocia hubiera logrado la independencia; Gran Bretaña hubiera sobrevivido. Pero España difícilmente podría hacerlo manteniendo los niveles actuales de bienestar sin Cataluña. Y ese es el drama. Y, con respecto a Cataluña, con un acuerdo de separación amistoso con España no hubiera tenido ningún problema en sobrevivir y mejorar su estatus, pero ese “acuerdo amistoso de separación” es híper-difícil que se pueda producir, por las razones que hemos comentado. El veto de España, siempre existirá porqué la “élite extractiva” que la gobierna, nunca permitirá que se pierda una gallina de los huevos de oro tan buena como Catalunya; y para disimular sus verdaderos intereses excita todos los tics del rancio “nacionalismo español” para que las masas, sin saberlo se unan a ellos y les ayuden a mantener sus intereses.
Catalanes, que quieren independizarse de esas élites extractivas que gobiernan en contra de sus intereses, ¡Despierten! Tener razón, si no se tienen los medios para controlar el territorio y las finanzas y si no cuentan con un objetivo común que aglutine la gran mayoría de la gente en su territorio, no sirve de nada.
Cuando uno constata que su estrategia para conseguir su objetivo falla, lo más inteligente es cambiarla y cuanto más se tarde en hacerlo, menos posibilidades tendrá de conseguir nada de lo que se propone. El Govern parece que eso no lo ha entendido o no ha querido entenderlo.
A todos los catalanes nos conviene calmarnos (a los españoles, también), aclararnos nuestras ideas y actuar con seny. Es muy difícil dominar los sentimientos, pero en estos momentos es imprescindible pensar con la cabeza aunque tengamos que anestesiar momentáneamente el corazón. El escenario es complejo, pero estamos donde unos y otros nos han llevado. Cada uno tiene sus ideas y sus sueños, pero empecinarse en seguir adelante gritando “pit i collons” mientras se cortan calles, vías de tren, convocando huelgas generales para intentar desestabilizar el país sumiéndolo en el caos para intentar “torcer la voluntad de los “otros” es un despropósito monumental. Seguro que los que se expresan épicamente no han pensado hasta donde tendrían que llegar para conseguir su propósito. ¿Hasta la última gota de sangre?.  Una cosa es decir cosas como esta y otra cosa cumplirlas. En todo caso los que han vivido directa o indirectamente la última Guerra Civil (y todavía viven) no están por la labor de repetir ese escenario y un gran escalofrío les recorre la espalda cada vez que alguien sugiere que algo similar podría repetirse. ¿Quién piensan que edificaría algo nuevo y bueno en la tierra quemada y árida que quedaría después de tal batalla, y con la sociedad completamente dividida?.
Lo único sensato es escuchar a todos, intentar entender sus razones, dialogar entre todos, no excluir a nadie por sus ideas, encontrar puntos en común para que todos mejoremos y aproximemos posiciones para luchar conjuntamente por nuestros comunes denominadores que son muchos. Las élites trabajan para enfrentarnos a los unos contra los otros, porqué mientras nos tienen distraídos peleándonos “por ni se sabe que”, siguen con sus negocios extractivos.
¿Cuándo dejaremos de pronunciar frases prefabricadas que “algunos”, lobbies a través de sus mensajeros políticos, alojan en nuestros cerebros y pensaremos realmente en lo que queremos y podemos conseguir juntos?
Puede que los “unionistas” aparentemente se salgan con la suya, pero con su proceder no lo lograrán concordia alguna, como predican por sus bocas, sino que contribuirán a mantener el resentimiento en una buena parte de la población catalana que antes sentían ultrajados sus intereses económicos y menospreciada su cultura y sus rasgos diferenciales, y ahora perciben una voluntad malsana de dominación y escarmiento por defender su voluntad política.
Por su parte, muchos de los independentistas parecen no ser conscientes que no han logrado que su pensamiento político y su estrategia arraigue en una mayoría suficiente de la población catalana, para intentar con garantías la formación de Estado propio más democrático y respetuoso con sus ideales culturales.
Los desafectos con la actuación reiterada del Gobierno español que querían un “Estado propio para Catalunya” esperaban que los políticos independistas trabajaran para ampliar la mayoría de los catalanes que deseaban “decidir su futuro” y posibilitaran construir una República Catalana si así lo decidían una gran mayoría de catalanes.
En lugar de ello, nos encontramos con una Comunidad Autónoma de Cataluña similar a la que teníamos hace un año y además intervenida por el Gobierno de España. La sociedad catalana está dividida y repitiendo las mismas frases una y otra vez, en un círculo vicioso que agota sin avanzar ni un milímetro. En la noria mental de la preocupación —y no digamos en la noria patológica de la obsesión— el discurso se hace circular y se estanca. Cada uno de nosotros se erige a la vez en jueces e imputados. Para todos el código que utilizan los jueces es equivocado, para unos por laxo y para otros por excesivamente duro. En todo caso, el fracaso del lenguaje es profundo y doloroso. La voz de la conciencia, que nos avergüenza, culpabiliza, vigila, se ha convertido en un módulo autónomo, incapaz de admitir ningún tipo de argumento o de evidencia, por razonable o cristalino que pueda ser. En una palabra, es prácticamente imposible disfrutar de un diálogo sereno, lo que más abundan son los diálogos recurrentes y destructivos.

Nuestra sociedad y cada uno de nosotros precisa urgentemente recurrir a terapia psicológica. En todo caso y mientras la esperamos, podríamos meditar si sobre el gran error que supone arruinar el presente, idealizando un pasado que ya es historia y no parece que tiene poco futuro. Tal vez sea mejor para todos que nos dediquemos a mejorar el presente, porque sobre ello se edificará nuestro futuro.

lunes, 30 de octubre de 2017

Despertando del sueño

Estamos solos, como títere sin cabeza. El Govern está cesado, el Parlament disuelto y los dirigentes llevan tres días callados después de proclamar de palabra la República Catalana.
Ayer domingo, una gran multitud defendió la unidad de España en Barcelona. Un pequeño grupo de extremistas de ultraderecha dejaron su anecdótico sello, atacando Catalunya Radio, una escuela e incluso a los Mossos en la puerta de la Generalitat. La manifestación se desarrolló ordenadamente y sin incidentes. Como siempre sucede, para la organización asistieron cuatro veces más personas que para la Guardia Urbana. Siempre sucede que todos están orgullosos de “lo suyo” y lo valoran con sesgo positivo, aunque un observador que intente controlar los sentimientos y ver objetivamente las cosas sabe que las calles tienen un determinado número de metros cuadrados de superficie y que pueden acoger sólo un máximo número de asistentes; a no ser que hagan piña como en las celebraciones castelleras. Lo verdaderamente importante es que la pregunta ¿Cui prodest? ¿A quién conviene más la fractura social en Catalunya? siempre queda sin respuesta para la mayoría de los ciudadanos.
Los unionistas suelen repetir que cientos de miles de catalanes se han vuelto locos los últimos cinco años pidiendo primero que se pueda ejercitar el “derecho a decidir” y luego la independencia. Aunque se repita cientos de veces, en decenas de medios de comunicación, es algo difícil de creer. En todo caso, si algunas mentes perversas hubieran inyectado el virus de la locura a cientos de miles de catalanes (37%), al mismo tiempo que dejaba perfectamente cuerdos a otros cientos de miles (30%) y anestesiados a los demás cientos de miles (33%) ¿Qué pretendían conseguir estas mentes perversas que inyectaron el peligroso virus? Piensen. Piensen, que pensar es gratis, Aunque requiera un esfuerzo por su parte, encontrarán la recompensa.
Según los que se creen cuerdos, estas mentes perversas inyectaron el “virus indepe”—adoctrinando en las escuelas y “construyendo toda una ideología tóxica y una historia edificada exclusivamente sobre mentiras”— y provocaron que, alrededor de dos millones de infectados (la mayoría de ellos hace muchos años que dejaron la escuela), salieran a manifestarse durante cinco años seguidos y votaran en las elecciones a favor de una quimera. 
Si escuchamos a los separatistas, el plan que presentaron los oradores de la manifestación del 29/10/2017 convocada por SCC con apoyo de PP, Cs y PSC para preservar la unidad de España, tenía un objetivo muy claro: someter Cataluña a un proceso de desnacionalización, una especie de esterilización identitaria y folclorización cultural que erradique para siempre el virus separatista. Un ministro ya dijo que era necesario “españolizar a los niños catalanes”.
En la manifestación, los “vivas” a España, a Catalunya, a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y al Rey, se alternaron con otras consignas como “¡Esta es nuestra policía!” (se referían a la GC y la PN, no a los Mossos), “¡Puigdemont a prisión!”, “¡Trapero cabrón, a prisión!”, “¡Votarem!”, “¡Yo soy español!” o “¡Barcelona es española!”, “¡Estas calles también son nuestras!”, “¡TV3, manipuladora!” (¿Qué hacen TV1?), etc.
La Policía nacional Twiteó: “Defenderemos el Estado de Derecho y la legalidad por todos, por la unidad y sensatez”. La masa aplaudía y levantaba las banderas cuando sobrevolaban los cinco helicópteros, cinco, de la GC y PN. El sentimiento principal de los asistentes podría resumirse “Todos unidos-Catalunya es España”; aunque podrían detectarse bastantes matices mas. Asistían una inmensa mayoría de castellano-parlantes. Muchos de ellos ondeaban, y algunos cubrían sus espaldas, con banderas españolas (todas constitucionales, sólo alguna con toro). También había algunos que llevaban “senyeras” pegadas a una bandera española y muchos corazones tribandera (Cs).
Aparte de lo vistoso y de las emociones que en cada asistente pudiera provocar el evento, resulta sorprendente cómo puede hacerse un discurso de la "concordia" cuando se acusa al otro bando de "racismo identitario" (Paco Frutos, partidario de Bashar al Asad) o de "golpistas" (Carlos Carrizosa). También resulta sorprendente intentar buscar “complicidades” y “concordia” entre todos los catalanes, cuando se acusa a los medios que tienen una línea editorial no coincidente con la de los organizadores, de "sembradores de odio" (Josep Borrell sobre el ARA). Como siempre, no se evalúa la posible implicación en la tarea de adoctrinamiento o “siembra de odio” que puedan efectuar los medios de comunicación de amplia y casi única difusión en toda España. Según los unionistas, todos ellos cuentan la verdad y opinan según una rectitud moral fuera de toda duda. 
Cuando alguien me dice que los malos, incorrectos o tendenciosos son siempre los “otros”, no puedo más que pensar que no me están contando toda la verdad; que me están vendiendo un discurso partidista. La vida me ha enseñado que siempre hay varias aproximaciones a los hechos y que el mapa nunca describe fielmente el territorio.
Todos podemos expresar nuestra opinión y defenderla con argumentos. Se puede defender que los independentistas son todo esto o cosas peores, pero si realmente se quiere sumar, lograr concordia entre todos, y alguien se piensa más razonable y en poder de más verdad que los independentistas, entonces no debería decir que se está a favor de la convivencia; porque nadie quiere convivir con un racista o un golpista. Tal vez la pretendida “concordia” sólo sean palabras. Tal vez, cuando algunos dicen “Catalunya es España”, lo que piensan es “Catalunya es propiedad de España”; y cuando dicen que los “catalanes son españoles”, lo que sienten es “los catalanes son súbditos del Reino de España”. ¿Será que los “líderes del movimiento nacionalista español” aspiran a diluir los avances en el autogobierno de Catalunya, obtenidos en cuatro décadas de gobiernos catalanistas?. ¿Pretenden arrasar el más preciado de todos: el modelo de escuela catalana inclusiva, que muchos de los asistentes ayudaron a construir y consolidar; y seguidamente todo lo que conforma los atributos nacionales de Catalunya?
En los últimos años, independentistas y unionistas se han hartado de usar sinónimos, de tergiversar el significado de las palabras, de ocultar verdades o directamente de mentir a la ciudadanía. Unos y otros “incitadores” han excitado los sentimientos de los ciudadanos hasta niveles difíciles de soportar y hasta puede que peligrosos. Algunos se consuelan con que el independentismo ha conseguido que el resto de españoles se sientan más unidos. Si lo que les ha unido es ir contra los “catalanes desafectos” vamos mal. Muy mal. Así no se consigue unión sino dominación. 
Borrell pidió a todos los manifestantes: “Iremos a votar, no como buitres que se comen un cadáver, sino como ciudadanos que saben que pueden hacer historia con su voto”. “Hacer historia” es otra de las palabras que últimamente están muy devaluadas, porque “días históricos” (y sin resultados o con resultados negativos para la ciudadanía) hemos vivido demasiados.
Urge que todos los catalanes despertemos de una vez, cambiemos rápidamente el chip y bajemos a la tierra (muy embarrada, por cierto) para defender nuestras legítimas ideas políticas, rebajando las emociones y aumentando el seny (cordura). Será muy difícil hacerlo porqué la excitación es máxima, pero es absolutamente necesario calmarse, meditar, valorar lo que todos nos jugamos, empezando primero por la salud, la convivencia pacífica (hay quien anhela un Ulster en lugar de una Escocia) y la economía. Tiempo habrá de hablar de todo lo demás.
Se ha suspendido la “ofensiva” por ausencia del director. Urge construir el relato de la “resistencia” para sobrevivir como nación próspera. ¿Quién dijo que la resistencia era la auténtica especialidad de los catalanes?. No digo que la resiliencia y la resistencia no sean buenos atributos, pero en estos momentos, mejor sería que nos hiciéramos especialistas en usar la cordura. Que nos hiciéramos especialistas en pedir a los que quieren ocupar los sillones del Parlament y formar Govern, que nos “clarificaran pormenorizadamente que quieren hacer con sus cargos” porque ello afectará a nuestro futuro y el de nuestras familias. Ya no nos sirven cantos de sirena con proyectos ilusionantes, pero ambiguas y nebulosos. Construir una reputación, un negocio, riqueza, estructura social cohesionada, cuesta mucho tiempo y muchos esfuerzos. Perderla, cuesta muy poco. No tenemos todo el tiempo del mundo para soñar en quimeras. Tenemos un tiempo finito para vivir, desarrollarnos y ser felices. 
Se ha visto que objetivos demasiado ambiciosos han quedado en nada bueno para nadie. Es el momento de actuar responsablemente, de plantearse objetivos razonables y abordables con un muy amplio consenso, de votar, de contarse, de aceptar el resultado democrático y de luchar para conseguir superar el bache. Por el bien de todos y sin enfrentamientos inútiles, que sólo aportan desgaste y pérdida para todos.