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domingo, 8 de noviembre de 2015

Los “Dosieres” de los políticos

El periodismo no es literatura, es un conjunto de actividades relacionadas con la recogida, elaboración y difusión de información actual o de interés para transmitirla al público. 
¿Cómo se hace esto? 
¿Qué quieren los lectores / televidentes /oyentes de los medios de comunicación? ¿Cuáles son sus intereses? ¿Qué desean saber? ¿Quieren cultura, ciencia, economía, arte, cotilleos, sucesos escabrosos o trágicos, buenas noticias, nuevos descubrimientos, gastronomía, cuidados para mejorar la salud, para vivir más plácidamente, etc.?
¿Quieren que los medios de comunicación les den confianza o que les alarmen?
¿Quieren que les suministren informaciones verídicas junto con las fuentes de las que proceden o que les den su opinión sobre los hechos?
¿Quieren que les informen explícita y detalladamente sobre cuales son los accionistas mayoritarios del medio, el grupo empresarial al que pertenecen, su historia, su visión de empresa, los valores que defienden, etc.? 
¿Quién decide, entre los millones de sucesos o temas actuales, cuales son de interés para el público y cuales no?. Los “medios”, ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?
¿Se suscribirían a este periódico?
¡Bajemos a la tierra!. Muchas veces parece que la gente no sabe que tendencia tiene. Entonces los medios de comunicación les dan su opinión interesada, con pocos argumentos contrastados, con la excusa de que es imprescindible sintetizar debido al espacio reducido de que se dispone en un periódico de papel o al poco tiempo que tienen los lectores que siempre van estresados. Eso si, machaconamente repetidos. Como consecuencia, la gente pronto descubre que ellos piensan lo mismo. ¡Nos gusta tanto que nos adivinen nuestros gustos! ¡Nos gusta tanto que alguien piense como nosotros, sobre tanto si es considerado sabio o un “mediático famoso”, que aparece en un medio de comunicación de masas y parece que sabe de todo...
Al estilo de los grandes modistos que crean nuevas tendencias del vestir cada temporada, los medios ponen de moda expresiones que mucha gente repite para demostrar que están bien enterados y a la última, aunque no tengan ni idea de lo que significan. No hace falta buscarlas en el diccionario para utilizarlas a porrillo. Total como no saben lo que significan, siempre vienen a cuento, o no. ¡Que más da!. Con ir a la moda o sentirse cool, basta. 
Al lector le gustan estas nuevas expresiones, sobre todo si tienen acento inglés. Nos han acostumbrado a pensar que el periodista es un profesional culto y si nos las ofrece será porque son correctas, necesarias y… como usamos tan pocos vocablos de nuestros ricos idiomas ibéricos, no nos ira mal culturizarnos un poco ¡caramba!. Ya se sabe, cuando más inculta es una persona más piensa que lo bueno está fuera y lo malo y pobre en el interior. También sucede que cuanto más conocimientos adquiere uno más consciente es de la cantidad de cosas que le faltan por aprender. Por ello hay que perseguir el equilibrio y valorar críticamente las cosas.
En los “medios de comunicación”, el político no dice o afirma con energía sino que “clama”. Las fuerzas del orden no reprimen a los manifestantes, sino que “actúan con profesionalidad”. Por cierto, ese uso de la palabra “profesionalidad” como si fuese una cosa extraordinaria, deja sobreentender que los demás trabajan con los pies o no piensan con el cerebro sino con las vísceras.
Los medios nos tienen acostumbrados a: salvar los restos del naufragio, las dependencias del poder, nos alertan de que alguien ha bajado a la arena, nos informan del punto de mira de los investigadores, denuncian los cambios de camisa, nos da la buena nueva de que ya es primavera en… o que el superlíder ya ha visto brotes verdes y empezamos a salir del túnel. Nos previenen de hacer volar palomas, se lamentan de que tenemos una espina clavada, nos advierten de que de tal cosa no se salva nadie, aclaran que la corrupción es una mala hierba dificilísima de extirpar, advierten que no van a bajar la guardia ni un milímetro y de que enviaran una señal inequívoca, retomaran la hoja de ruta, escucharan a la ciudadanía y nos desvelarán las claves del futuro, …
En nuestra patria, los políticos no suelen rectificar una decisión equivocada. A veces “piden perdón” al posible ofendido o perceptor de los daños. No se si interpretarlo como un signo de humildad o de jeta: hacen algo que no deberían, incorrecto y que causa perjuicios, piden perdón y se lavan las manos. ¡A por otra! 
De todas formas es menos malo que te pidan perdón, aunque no sea muy sincero, a que se nieguen a asumir ninguna culpa; con lo que no ha lugar para ninguna disculpa.
Los medios de comunicación son también una herramienta de poder. Cualquier editor está contento si sus periodistas encuentran la forma de hacer caer una sombra de sospecha sobre un juez demasiado curioso, que quiera meter la nariz en sus negocios o sobre un político demasiado rebelde, o simplemente contrario a las tesis que defiende el medio. Para rebatir una acusación no es preciso demostrar lo contrario, basta con deslegitimar al acusador. Unos tapan sus vergüenzas con la bandera y otros exhiben la bandera del otro como causa de todos los males que sufren los ciudadanos. También sirve para que nadie piense en investigar cuales son los verdaderos responsables de los mismos. 
No hay nadie íntegro al 100% ni con un comportamiento intachable durante todos los días de su vida. Al menos ¡¿habrá cobrado o pagado algo en negro?! Eso lo saben los editores y lo utilizan. Una vez leí que un periodista fotografió a un juez sentado solo en un banco, fumando y con un montón de colillas a sus pies. La conclusión fue que fumar nerviosamente un montón de cigarrillos, no era propio de una persona de la que se espera ponderación i objetividad, más bien parecía un neurótico y un vago que perdía el tiempo mientras los casos se le amontonaban en el juzgado. Además el periodista también lo había fotografiado en otra ocasión, vestido con un atuendo informal en un restaurante chino y comiendo con ¡palillos! Redactó un artículo en el que incitó al lector a que se preguntara: ¿Porqué un juez serio no come sopa de pasta con cuchara o espaguetis con tenedor, como todo persona decente? ¡Este hombre es un dandi o un hippie! No me extrañaría que también fume porros. ¡Vaya juez! Un tipo así, ¡¿a quien puede juzgar?! Bastó con escribir un artículo lleno de sombras e insinuaciones veladas para provocar que el lector se sumergiera en un mar de dudas y sospechas sobre la capacidad e incluso la honorabilidad del juez. 
Todos los periódicos dedican parte del tiempo de sus empleados a preparar dosieres. Los partidos políticos también. El coste es bajo porque pueden emplearse becarios para rastrear en las hemerotecas —las personas olvidamos tan pronto lo que se publica— para recopilar todo lo publicado sobre alguien, aunque sean suposiciones. Ya se sabe, no cuesta nada convencer a los lectores de que “Cuando el rio suena agua lleva”. No importa que lo publicado tenga pruebas que lo avale o no. La verdad no importa tanto como el rumor.
Los dosieres son como las necrológicas que se guardan en la nevera. Un periódico no puede tener una crisis porque de repente llegue una noticia por agencia y no hay nadie que en media hora sea capaz de redactar una necrológica ad hoc. Para ello se preparan docenas de escritos que se guardan para sacarlos cuando convenga, con la fecha y el nombre actualizado. 
Los dosieres son importantes, para tener disponibles, sobre ciertos personajes relevantes, todos las indiscreciones, trapos sucios, etc. de forma que puedan sacarse a la luz cuando convengan a sus contrarios. Cuando le hagan más daño al interesado o a la idea que defiende, si es un político. Los medios digitales facilitarán enormemente esta labor a los becarios y abaratarán el coste. 
Los dosieres suelen contener noticias sueltas, que en el momento adecuado alguien elabora, para que de su lectura se desprendan sospechas o alusiones. Por ejemplo, supongamos un político al que le han puesto una multa por exceso de velocidad, que ha visitado un campamento de verano y que hace pocas semanas fue visto en una discoteca. A partir de estos datos documentados y publicados, es perfectamente factible sugerir que se trata de un temerario que viola las normas de circulación para ir a lugares donde se bebe y que “probablemente” le gustan los chicos. Suficiente para desacreditarlo o sembrar una fuerte sombra de sospecha. ¡Imputado! ¡Desacreditado! ¡Manchado! 
Lo más sorprendente es que un dosier no hace falta ni siquiera enseñarlo: basta con hacer circular el rumor de que existe y que contiene informaciones “interesantes” sobre un determinado personaje. El personaje se entera de que tal medio tiene información importante sobre él, no sabe cual, pero como nadie es totalmente libre de pecado, aunque sea pecadillo venial, coge miedo y cae en la trampa. Es conocida la maldición gitana: ¡Tengas muchos pleitos aunque los ganes! Y por evitarlos y perder reputación, lo mejor es avenirse a negociar para no enfrentarse al calumniador. 
Alcalde Trias presentado como un presunto delincuente.
Recordemos las calumnias sobre Xavier Trías, alcalde de Barcelona, en que después de haberse demostrado públicamente la falsedad de la acusación del periódico, no me consta que se haya difundido ninguna penalización contra la acusación infundada que lanzó el mismo. Si buscan en Google” “Querella de Trías contra el Mundo” obtienen más de 37000 entradas que publican artículos, la inmensísima mayoría contienen rumores e injurias contra Xavier Trías. Una grandísima minoría explican que Trías presento una querella por injurias al periódico. Si buscan en Google “Resolución de la querella presentada por Xavier Trías contra El Mundo”, el buscador solo dirige a artículos injuriosos de El Mundo, opiniones con rumores e injurias contra Xavier Trías. Parece que no interesa difundir la verdad ni la resolución del tribunal, cuando este dato es el fundamental para conocer si Xavier Trías delinquió o es honesto. 
Lo mismo pasa con ciertos ministros que supuestamente permiten que se filtren supuestos informes secretos, que afectan a terceros, sin buscar responsables de las filtraciones ni esclarecer los resultados de las investigaciones ni los juicios contra los “presuntos culpables”. Conozco que hay “buscadores especializados de sentencias” —Wolters Kluwer es una gran empresa especializada en suministrar “soluciones completas” para abogados— paro estos no están a disposición del gran público ni se los “medios de comunicación suelen difundirlos.
Tenemos la sensación de que en España nunca se esclarece nada. El público vitorea todo lo que dicen los que creen son “los suyos” y se tapa los ojos y los oídos respecto a lo que responden los otros. Sólo responden para criticarlos, ningunearlos o desacreditarlos. Así se difunden las noticias, sólo las que interesan al medio en cuestión, y la verdad casi siempre tarda décadas en esclarecerse si llega a hacerlo nunca, y si se hace no se difunde más que una escueta nota que casi nadie lee.
La mayoría de los medios se limitan a divulgar sospechas generalizadas para dar miedo al que se atreva a intentar pescar en aguas turbias. Se trata de remover las ideas, los fantasmas, de propagar un escalofrío, una desazón. Todo lo que interese difundir al editor, será noticia y se repetirá en sus cadenas y periódicos durante horas o días hasta que cause el efecto deseado y se consiga el resultado esperado.
Se puede hablar de rumores añadiendo algún detalle picante o morboso, insinuando varios nombres entre los que hay alguna manzana podrida, sugiriendo que todos pertenecen al mismo club. Ya saben ¡dime con quien te relacionas y te diré quien eres! 
Recientemente el “President en funcions” ha visitado al ex Honorable. ¿Lo pillan?.
En un medio digital se ha podido leer unas declaraciones del ex Honorable que advertía que si lo encarcelaban publicaría unos “dossiers” que “asestarían un golpe mortal a la democracia en España…”, ¿será verdad o sólo un farol? 
Siempre rumores y opiniones. Los hechos contrastados y las sentencias brillan por su ausencia.
¡No se de que se extrañan! Vivimos en España, mandan los que mandan y nada ha cambiando, aunque nos repitan dia si y otro también que hemos alcanzado las más altas cotas de libertad, transparencia y democracia nunca vistas en toda la historia. ¡Verdad!, pero cuidado con imaginar que estas palabras significan lo que interpretamos de las mismas, porqué cometeríamos un gran error.
©JuanJAS

martes, 13 de noviembre de 2012

Los políticos son volubles

Las noticias que abren últimamente los telediarios y llenan páginas de los diarios me preocupan en gordo. Lo que se canta en el aria La donna è mobile, de la ópera Rigoletto de Giusseppe Verdi, está de plena actualidad. Basta con cambiar al sujeto de los versos de Victor Hugo por los “políticos” y verán ustedes …
El político es voluble, cual pluma al viento,
cambia de palabra y pensamiento. 
Siempre su amable, hermoso rostro, 
en llanto o risa, es engañoso. 
El político es voluble, cual pluma al viento, 
cambia de palabra y pensamiento. 
y de pensamiento, y de pensamiento. 
¡Siempre es desgraciado quien en el confía, 
quien le entrega, incauto el voto! 
¡Pero aún así, no se siente plenamente feliz 
quien de su pecho no beba amor! 
¡El político es voluble, cual pluma al viento, 
cambia de palabra y pensamiento 
y de pensamiento, y de pensamiento!


Cuando no interesa a las "clases dirigentes" (políticos, banqueros, jueces y su portavoz, los “medios de comunicación”), que se hable más de un tema, lanzan una espesa cortina de humo, de la cual sale un suceso inesperado que revuelve los sentimientos de la ciudadanía. El efecto es similar al que se produce cuando un mago saca el conejo de la chistera. Todo el mundo sabe que hay truco, pero su atención está cautiva de los últimos fuegos de artificio. 
No hace falta que les recuerde el último tema de moda: los desahucios y por extensión, la desobediencia civil en forma de negarse a pagar los servicios mejores o peores que más o menos subvenciona la cosa pública. Recordemos aquí algo que se olvida demasiado a menudo: la "cosa pública" la mantienen todos los "contribuyentes" que recordemos, no son todos los ciudadanos. Los servicios públicos de los que algunos se benefician mucho más que otros, los pagan los que son contribuyentes netos de la hacienda pública mediante los impuestos de todo tipo. 
Me gustaría que todo el que lea este escrito, hiciera un alto en la lectura, reflexionara y contestara por escrito las celdas vacías del cuadro siguiente:

Cuando “algunos” ciudadanos, sabiendo que incumplen la legalidad vigente o las normas sociales deciden:

Que hacen las empresas públicas o privadas que ven impagados los servicios que ofrecen o los productos que venden
Quien sale perjudicado
Quien sale beneficiado
Quien no pierde nada
No pagar los peajes de las autopistas...




No pagar los billetes del metro, autobuses y demás transportes...




No pagar la cesta de la compra en los supermercados...




No pagar el copago sanitario ni el € por receta...




No pagar la hipoteca...




No pagar el alquiler...




No pagar el IVA...




No pagar el IRPF...




No pagar luz,gas,agua, teléfono...





Cada uno habrá escrito sus respuestas, pero estoy casi seguro que convendrán conmigo que, salvo en el último caso, el que sale prácticamente siempre perjudicado es el ciudadano que respeta y cumple las leyes. Este es el que paga el coste de los productos y servicios que consumen los que no pagan, además del suyo propio.
Y los que no pagan en un "país de picaresca superlativa" como España son muchos más que los que realmente han caído en desgracia. Aquí al que defrauda se le llama listo e incluso está bien valorado o por lo menos tolerado por el resto de ciudadanos. En el límite del descaro es vox populi que en España paga el que no puede escabullirse. Así queda explicada la desconfianza que genera nuestro país en otros países, mercados y comunidades de costumbres y valores diferentes.
En un “estado de derecho”, el poder del Estado queda subordinado al orden jurídico vigente, creando así un ambiente de respeto absoluto del ser humano y del orden público. La mayoría está de acuerdo que el sistema político conocido como “democracia” es el menos malo de los sistemas conocidos. Si es así ¿por qué se incumplen tanto los principios democráticos? En todo caso, para mejorarlo, ¿por qué no se establecen los mecanismos adecuados para que la población tenga acceso a las decisiones del gobierno de manera independiente sin necesidad de formar parte de la administración pública o de un partido político?.
La “democracia participativa” parece una cosa deseable, pero ¿es viable en España?.
España es el país de la queja sin propuesta. Estamos siempre protestando, quejándonos, pidiendo, esperando que sea el estado el que nos facilite mejores condiciones de vida.
En el seno de las familias, son los padres los que deberían educar a los futuros ciudadanos. Lo que los jóvenes ven en casa es lo que más les influirá a la hora de comportarse en sociedad. El estado puede escolarizar, facilitar una igualdad de oportunidades para que cada joven pueda aprender más o menos, con mejores o peores medios, pero deben ser las familias las que en su seno y con su comportamiento y estilo de vida deben  enseñar los valores de honradez y ética. Para practicar y transmitir estos valores no es necesario esperar a tener una situación económica óptima. El estado es el reflejo de la sociedad, y la honradez se transmite de abajo hacia arriba, no al revés.
Los ciudadanos deben aprender a ser responsables, honestos y asertivos, defendiendo sus derechos y manifestando sus convicciones a los políticos. La obligación de los políticos es escuchar a los ciudadanos y buscar soluciones para los problemas sociales comunes e instar al gobierno para que adecue las leyes a las circunstancias sociales cambiantes. Si el gobierno sólo cambia leyes cuando se desatan campañas mediáticas generadoras de corrientes de opinión, protestas y huelgas y además lo hace para tapar agujeros de cara a la galería, de forma que no le resten votos y peligren sus poltronas, vamos mal. Actuando así se crea indefensión jurídica, se rompen las normas de convivencia de la sociedad y se genera un clima de injusticia.
Para gobernar bien los políticos deben tener autoridad moral y credibilidad. Actuando de forma voluble y cortoplacista pierden esta necesaria autoridad. No es ni democrático ni justo que las leyes se hagan o cambien dependiendo del número de manifestantes en una protesta, del número de minutos que sale una algarada en televisión o de cuantas páginas ocupa un suceso en diferentes medios escritos. Cuando se redacta una ley para regular un tema concreto, debería tenerse en cuenta el efecto de su aplicación sobre todos los ciudadanos implicados directa o indirectamente. Si no se hace así, aumenta la tan famosa picaresca española, los listillos proliferan y las personas responsables, justas y solidarias, dejan de serlo y se vuelven escépticas con la justicia y el cumplimiento de los compromisos, las leyes y las normas sociales. Cuando esto sucede la sociedad se fractura y nada puede funcionar adecuadamente, con lo que todos salimos perjudicados.
Ya sabemos que cuando uno debe 6000€ a un banco tiene un problema y que cuando le debe 6000 millones, el problema lo tiene el banco. Los bancos alemanes saben mucho de esto.

Cualquier solución que se plantee, no debe generar más injusticia que la que se trata de corregir. Tampoco debe trasladar la injusticia de unos ciudadanos a otros. En nuestra sociedad globalizada la mayoría de las cosas están interrelacionadas y hay que obrar muy sensatamente, estudiando los diferentes escenarios e implicaciones para encontrar la solución más justa para todos. ¡Para todos!, no solo para los que gritan o lloran. No seamos ilusos y nos olvidemos que también existen las lágrimas de cocodrilo. Crear inseguridad jurídica sería como hacerse trampas al solitario.
©JAS2012

martes, 28 de agosto de 2012

La Justicia

¿Buscan a la Sra. «Justicia»?
En tiempo de los griegos era conocida como la diosa Temis, ley de la naturaleza.
En el Templo de Némesis en Ramnonte (Ática), se veneraba una imagen suya firmada por el escultor Cairestratos, 300 a. C.
Con los romanos vino Iustitia y el jurista Ulpiano la definió así:
"Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi; "La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar (conceder) a cada uno su derecho". Los derechos son: "honeste vivere,alterun non laedere et suum quique tribuere"... "vive honestamente, no hagas daño a nadie y da a cada uno lo suyo".

Han pasado muchos siglos desde entonces y hace tiempo que la Justicia, que en tiempos fue diosa, a cambiado su virtudes por otros "atributos" y se frivoliza con ella en las redes sociales y en cualquier conversación privada.

En una entrada de Facebook, yo mismo, ante el anuncio de que la Justicia había desaparecido, me atrevía a sugerir:
¡Tal vez está en las Sechelles!, disfrutando con el Sr. Divar de la generosa y “justa” indemnización que ha recibido. 

La Justicia es ética, equidad y honestidad….
Como de todas estas virtudes andamos escasos, es lógico que también andemos escasos de “Justicia”.

La Justicia es la voluntad constante de dar a cada uno lo que le corresponde….
Como hay cada vez menos voluntad para ello, los hechos así lo demuestran, es lógico que también andemos escasos de “Justicia”.

La Justicia no es el dar o repartir cosas a la humanidad….
¿A nooooo? Dirían muchos. ¡Con lo bonito que es repartir entre todos los bienes de los demás! 

La Justicia es el saber decidir a quién le pertenece esa cosa por derecho….. 
Y aunque un juez no es jurídicamente una persona, si lo es físicamente y tiene familia, amigos, afiliación política, vicios, intereses propios, etc. Como la venda se ha desgastado y vuelto semitransparente, la Justicia no es imparcial y las interpretaciones que los jueces hacen de la ley y la consideración de los argumentos de las partes enfrentadas no son objetivas. 
Además, las balanzas no están equilibradas y la espada, que da capacidad de coerción para imponer las decisiones que adoptaban se declaró hace mucho tiempo políticamente incorrecta y se usa poco; tanto menos cuanto más influyente o rico es el encausado. Por ello andamos escasos de “Justicia”.

La Justicia es aquel referente de rectitud que gobierna la conducta y nos constriñe a respetar los derechos de los demás….
Como este “referente” está cada vez más ausente o es menos visible, es lógico que también andemos escasos de “Justicia”.

Seguro que los profesionales que actúan en este mundo podrán aportar más razones para entender porqué la dama “Justicia” lleva tiempo de vacaciones.
©JAS2012

domingo, 20 de noviembre de 2011

La plaga de la impunidad

En contra de lo esperable, y de lo que debiera suceder, la justicia parece cada vez más impotente, o más indolente, o más corrupta, o más cobarde, o más manipulable, o más susceptible de tergiversación y de perversión. Las triquiñuelas para burlarla se multiplican y hay políticos y empresarios -en España, en Italia o Grecia no digamos- que celebran como un triunfo y una exoneración que el delito del que se los acusa haya prescrito, siempre conveniente o incluso calculadamente, cuando una prescripción en modo alguno equivale a una absolución, sino a una declaración de culpabilidad que sin embargo no se puede materializar. Sí, a eso equivale las más de las veces. Las dificultades de la justicia siempre han existido y basta fijarse, para comprobarlo, en los poquísimos verdugos nazis que sufrieron condena. No nos engañemos: por un motivo o por otro, la inmensa mayoría se salió con la suya, se libró de todo castigo, incluso de toda amonestación y vergüenza.
En tono comparativamente menor, los principales causantes de la actual crisis económica mundial siguen en sus puestos y además dando órdenes, pese al inmenso daño ocasionado. Otros cambiados de puesto, no inhabilitados, cobrando indemnizaciones millonarias y algunos, para regodeo del personal, apuntados al paro y cobrando subsidio de desempleo.
O bien Bush Jr, Blair y Aznar, que desencadenaron una guerra ilegal e innecesaria que se ha cobrado más de cien mil víctimas, muchas evitables, se pasean tranquilamente por el mundo, con frecuencia aclamados y embolsándose grandes sumas de dinero por sus libros, conferencias y "consejos" a grandes empresas (nadie fuera de sospecha puede requerir a semejantes consejeros).
La sensación de que la impunidad domina es inevitable en nuestras sociedades, y eso las lleva, gradual pero indefectiblemente, a tener una cada vez mayor tolerancia hacia ella; a juzgar que a los individuos particulares no les compete intervenir ni poner remedio, cuando ni siquiera lo hacen los jueces, y a considerar que dejar pasar un delito más, del que tengan conocimiento o hayan sido objeto, un crimen aislado de la vida civil, no tiene mayor importancia ni cambia nada en esencia, ante la superabundancia de los crímenes públicos, económicos y políticos, que quedan y quedarán siempre impunes. Se trata de una de las más grandes desmoralizaciones de nuestro tiempo.
Como ejemplo podemos citar esta noticia “El Gobierno indulta a Alfredo Sáenz, consejero del Santander, por la condena a tres meses de prisión e inhabilitación por un delito de acusación falsa cometido en 1994 contra unos acreedores de Banesto cuando era presidente de la entidad. De esta forma, el consejero delegado del Santander seguirá cumpliendo los requisitos de honorabilidad que exige el Banco de España para los ejecutivos del sector financero”.
La justicia se representa ciega, del olfato no aclara nada, por eso no debe ser imparcial cuando del olor del dinero se trata. Es la única explicación plausible al indulto concedido a Alfredo Sáez, gracias al cual puede seguir siendo banquero. ¿Qué urgencia podría haber para que lo indulten en el último minuto del partido? Si teníamos algunas esperanzas en sentar en el banquillo a algunos responsables de la crisis, podemos abandonarla. Que no se quejen de la desafección ciudadana, el indulto no convierte en honestos a las tantas veces juzgados y declarados culpables en los tribunales.
Algunos hechos presuntamente delictivos, puede que lleguen a juzgarse y hasta se condenen. Si eres rico y/o tienes suficiente poder, no pasa nada. Puedes recurrir cualquier sentencia desfavorable, cada vez a una instancia más alta, aplazando el cumplimiento de la condena hasta 20 años o más. En ese momento, si todavía hay alguien que se acuerda de algo o le quedan ganas o fuerzas para castigar al culpable, va el gobierno y le perdona. Además su “hoja de servicios” queda totalmente impoluta para que siga haciendo de las suyas.

Este es sólo un ejemplo que ha sido publicado en todos los periódicos, pero estos temas, pese a ser importantes y cruciales para nuestra sociedad, no están de moda. El personal está somatizado y abducido por los programas tabloides televisivos y parece que no tiene tiempo para pensar. Muchas veces no tiene ganas de hacerlo. Se vive más tranquilo en la ignorancia.
Espero que si algún día despertamos social y políticamente, no sea demasiado tarde.

©JAS 20/11/11

viernes, 28 de octubre de 2011

Que rico es el castellano

Aclaración antes de empezar la lectura:
Este título se refiere a la cantidad de significados que puede tener una palabra o frase, expresada en castellano y que depende del emisor del mensaje, del medio en que se transmite y del estado de ánimo del receptor, que este llegue exactamente como se desea, a quien va dirigido.
Leyendo este mail que me ha enviado una amiga, queda claro lo difícil que es impartir justicia en “castellano”. Y si no se lo creen, lean, lean…..

Como algunos de vosotros sabréis a estas alturas, el juez de la  Audiencia Nacional Juan del Olmo ha dictado una sentencia en la que afirma que llamar "zorra" a una mujer no es delito, ni falta, ni nada; porque quien usa ese adjetivo en realidad quiere decir que dicha mujer es astuta y sagaz.
He aquí el escrito que le ha remitido una ciudadana.
"Estimado juez Del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté usted bien de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en Su Señoría.
El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:
Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto bastante cafre, que goza de una merecida impopularidad entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra querida lengua castellana, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial "que te den, cabrito".
Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de mi tía abuela lo decía, en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador de riscos y que en estas épocas de recortes a espuertas,  desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad. El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha especificado  a cuál de sus múltiples acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y a los de la tía abuela, que le  despedía señalando hacia arriba con el dedo corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde soplaba el viento.
Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención  de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano esa magnífica sentencia suya en la que determina  que llamar zorra a una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta.
Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo  que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca - entren por el aro y comprendan que basta un poco de  buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para transformar las agrias discusiones a gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.
Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente, una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies y a los de su señora)."