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miércoles, 6 de junio de 2018

Hay cosas que nunca cambian



¿Cuando tendremos un Gobierno que ponga una vicepresidencia encargada de fomentar el “capital educativo, cultural y social” de nuestro país, además de la destinada a fomentar el “capital económico y tecnológico”?
La educación y la economía mantienen una causalidad circular. Ambas se necesitan mutuamente. 
El 'capital' es el conjunto de recursos acumulados que amplían las posibilidades de acción, de producción o de calidad de vida de una persona o de una colectividad. A su vez, "Capital social", designa las condiciones necesarias para que las instituciones democráticas funcionen justa y eficientemente.
Aunque tengamos nuevos gobernantes en España y en Catalunya, la complejidad de los problemas pendientes de resolver exige que la 'innovación' no se dé solo es el campo tecnológico-científico, sino también en el campo social.
La educación, la formación, el aprendizaje, la generación de talento, la ampliación de la inteligencia son factores personales que hacen posible la investigación, el desarrollo y la innovación. Para investigar, para desarrollarse, para innovar, hace falta capacitación previa. Ninguno de esos fenómenos aparece por generación espontánea. Toda persona, toda institución y toda sociedad, para sobrevivir, necesita aprender al menos a la misma velocidad con que cambia el entorno; y si quiere progresar, ha de hacerlo a más velocidad.
Deberíamos apoyar a los que reclaman al Gobierno que trabaje para fomentar la pasión por el aprendizaje, en todos los niveles: en los alumnos, en los docentes, en los empresarios, en los empleados, en los políticos,... porque si bien es verdad que España se enfrenta al problema de la deuda, del déficit y del sector financiero, también debería solucionar los gravísimos problemas de nuestro sistema educativo que seguirán reduciendo el crecimiento económico de nuestro país. Algo que necesitamos urgentemente, entre otras cosas para mantener y mejorar el estado del bienestar.
Cinco premios Nobel de Economía recientes —Stiglitz, Thaler, Kahnemann, Deaton y Tirole— han insistido en la importancia de la EDUCACIÓN para tomar “buenas decisiones económicas” y nuestros gobiernos no siguen su consejo. 
¿Se han preguntado de que sirve tener libertad de expresión/decisión si no tenemos la educación necesaria para tomar buenas decisiones ni libertad financiera para poder llevarlas a cabo?
Tenemos muchos grandes problemas que no sabemos solucionar: el problema de las desigualdades, de las migraciones, del respeto a las minorías, de la economía sostenible, del cambio climático, de la violencia doméstica, de la discriminación de la mujer, de la crisis de confianza en los sistemas políticos, del futuro del trabajo y tenemos que esforzarnos en APRENDER, para poder buscar soluciones factibles a esos grandes problemas. Ni enrocándonos en nuestras particulares posiciones, ni escondiendo la cabeza debajo del ala, ni haciendo lo mismo que hasta ahora lo conseguiremos. 
La educación, la innovación y el progreso se basan en nuestra capacidad de aprender. La política española está empantanada porque nuestros políticos reiteran en sus actuaciones, tiran hacia los extremos y cronifican los problemas. Sirve de poco bueno cambiar caras si seguimos con las mismas estrategias y formas de pensar. La única oportunidad es que aprendamos a descubrir POSIBILIDADES en la realidad que tenemos que vivir. 
¿Es demasiado pedir a nuestros políticos que dejen de contar escaños y repartirse poder, y que se esfuercen en ilusionarse por aprender a “buscar posibilidades de acuerdo”, que nos brinden alguna posibilidad de salir del laberinto?

sábado, 2 de septiembre de 2017

La mala educación

Cuando era pequeño siempre me dijeron que comportarse educadamente cuesta bien poco. No se si los padres actuales se lo siguen enseñando a sus hijos, si practican con el ejemplo y si ellos les hacen caso. Lo que si veo cada día es tal serie de atropellos al “respeto a los demás” que empiezo a echar de menos aquellas clases de urbanidad que los jovencitos del siglo pasado aborrecíamos cuando las recibíamos: desde criaturas gritonas que exigen lo que consideran suyo con un despotismo alarmante, a conductores que, con tal de ganar cinco metros, serían capaces de llevarse por delante a una anciana empujando un carrito de bebé. 
Hay muchos ejemplos de mala educación que vivimos a diario y que asumimos como naturales. Tal vez sean naturales, pero ¿son deseables para fomentar el respeto interpersonal?
- ¿Es mejor “pedir las cosas por favor” o gritar “¡quiero xxxx!”?.
- ¿Es mejor “dar las gracias tras recibir algo” o no decir nada como si fuera lo más natural?.
- ¿Es mejor responder a un “saludo” con otro "Hola" o "Buenos días"o pasar del otro?
- ¿Es normal que te empujen y ni siquiera se disculpen?.
- ¿Es normal no aguantar la puerta del ascensor/portal/comercio cuando va a entrar una persona con movilidad reducida?.
- ¿Es deseable que en un paso de peatones no pare nadie, ni coches ni peatones?.
- ¿Es admisible que se salgan con la suya los que tienen menos responsabilidad?
- ¿Es admisible entrar y salir mientras se proyecta la película o hablar en voz alta dificultando seguir los diálogos? 
Seguro que conocen a algún “nomofóbico” que no se separa del móvil ni para ir al baño. ¿Se han fijado que estas personas interrumpen con asiduidad las citas con familiares o amigos para contestar a una llamada telefónica, independientemente de que sea importante o no? ¿Lo consideran un signo de mala educación?
Cada vez más gente camina por la calle mirando el móvil, leyendo o contestando WhatsApp. Por supuesto no piensan en si molestan a los demás y caminan absortos en lo suyo,  esperando que los transeúntes que van en dirección contraria se apartarán antes de chocar con ellos. 
¿Se han fijado en el volumen cada vez más alto de las melodías de llamada y el elevado tono de voz empleado durante las conversaciones telefónicas en público?.
Las numerosas aplicaciones de los smartphones con conexión a internet distraen de la actividad que se está haciendo e impide interactuar con los demás. Estar jugueteando con el móvil se convierte en un desprecio y una falta de respeto hacia la persona que nos atiende cuando se está pagando en una tienda; o cuando un camarero nos atiende y se hace caso omiso de lo que nos explica. No digamos si esto se hace durante un encuentro familiar, dificultando o impidiendo cualquier tipo de diálogo.
Probablemente nadie se reconoce personalmente haciendo estas cosas, pero seguro que nos ha pasado más de una vez y nos ha sentado mal cuando alguien nos ha tratado así.
¿Se os ocurren más ejemplos de “mala educación” o sois de los que pensáis que esto de la buena educación, la urbanidad y el protocolo es algo totalmente pasado de moda?

sábado, 14 de enero de 2017

El valor de las cosas y servicios públicos

Acabo de ver esta publicación en el Facebook.
No se si esta noticia es representativa de lo que sucede hoy en día, porque ni soy médico, ni trabajo en un servicio de urgencias ni tengo hijos que practiquen el botellón. Lo que si he comprobado repetidamente es el poco valor que algunos —jóvenes y también mayores– le dan a todos los enseres y servicios públicos o, generalizando, a todo lo que no tienen que pagar ellos de forma directa.
Estas personas que calificaría de incultas e incívicas —me guardo para la intimidad otros calificativos— se afanan en reclamar e incluso exigir al erario público una gran profusión de servicios para lograr su máximo nivel de bienestar, al tiempo que se niegan siquiera a conocer lo que nos cuesta a todos los contribuyentes ese maravilloso servicio, que a pesar de lo deficiente que algunos lo puedan percibir, pocos ciudadanos de países desarrollados del mundo reciben gratuitamente.
Estas gentes incívicas suponen que por el hecho de haber tenido la suerte de acer o residir en nuestro país, tienen todos los derechos personales imaginables, al tiempo que ni se preocupan por conocer ni atende los deberes para con la sociedad en la que han nacido o los ha acogido. Ya no hablemos del respeto a las sensibilidades de otros ciudadanos que cumplen las normas vigentes cívicamente y pagan sus impuestos para que pueda haber una mínima redistribución e igualdad. Parece que no le dan ningún valor a los muebles púbicos, ni a las medicinas ni a los servicios que públicamente se les prestan.
Estoy totalmente de acuerdo en que todos podemos equivocarnos en algún momento y esto no tiene nada que ver con no querer entender que te has equivocado. Nadie nace educado y por ello es imprescindible esforzarse en que los niños, los jóvenes y también las personas que no han nacido en nuestra sociedad pero que han decidido vivir en ella, entiendan el valor de las cosas y su responsabilidad en el uso y mantenimiento de todo lo público, para que puedan ellos y podamos todos hacer el mejor uso de los recursos que solidariamente hemos decidido poner a disposición de toda nuestra sociedad.
En primer lugar, hay que enseñar e informar a todos (políticos y servidores públicos incluidos), que los recursos no caen del cielo como si fueran regalos de los “Reyes Magos” (ni esos), para que nadie pueda alegar desconocimiento y para que cada uno de nosotros podamos recapacitar sobre el coste que tienen los productos y servicios que recibimos de “lo público” y el uso que hacemos de ellos. Actitudes como las de esos “papás" que lejos de educar adecuadamente a sus hijos, defienden sus tropelías, a veces reincidentes —eso no sirve sólo para el botellón sino también en la escuela, etc.— no pueden tolerarse, y en estos casos, la factura ya no debería de ser informativa sino con obligación de pago. 
Deberían cobrarse las facturas y si el causante fuera menor, cobrarlas a sus representantes legales. Y todo el mundo debería pagarlas, en euros o en “trabajo social”; por ejemplo reparando los destrozos causados, recogiendo la basura que dejan en el espacio público las fiestas del botellón, fregando los vómitos de los incívicos, arrancando chicles del suelo, etc.. Tampoco estaría mal obligar a esos menores a asistir regularmente a reuniones de alcohólicos anónimos.
Las actitudes y actos incívicos no deben ni disculparse ni menos aplaudirse dándoles pátina de modernidad, porque los excesos que cometen esos incívicos afectan directamente al servicio que todos recibimos y minusvaloran, por no decir “desprecian”, la labor socialmente imprescindible de los “servidores públicos reales”: médicos, enfermeras, servicios de transporte sanitario, bomberos, policías, maestros, educadores, etc. etc.
Les propongo un ejercicio: Piensen en la cantidad de actos incívicas que se cometen a su alrededor y compártanlos con nosotros. Seguro que descubrimos cosas que ni siquiera habíamos pensado en que eran “incorrectas” y que tolerábamos que otros hicieran o que nosotros mismos hacíamos porque “si todos lo hacen, yo seré el único tonto que se perjudique”.
Un empresario me dijo una vez: “Cumplir las normas va muy bien,… para los demás. Para ti es una p - - - - a”
¿Cuándo dejaremos de disculpar las actitudes incívicas y empezaremos a rechazarlas social y públicamente?
©JuanJAS

martes, 27 de diciembre de 2016

¿Recuperación?, ¿Trabajo? Todo ha cambiado

España está volviendo a ir bien

Conozco un ingeniero industrial con un master, buenos conocimientos de inglés y francés, que firmó un contrato como auxiliar de laboratorio en una empresa multinacional; eso sí, le dijeron que pronto, si todo iba bien, se lo harían de técnico. Este caso pasó hace 35 años. Casos similares han pasado siempre que la oferta de trabajo ha sido muy superior a la demanda. En esos casos podríamos encontrar a un doctor en astrofísica que trabaje de barrendero o a un mñedico que guardias incluidas cobre un sueldo similar al que cobra una dama de compañía. Lo que sea para no morirse de hambre si no se opta por pedir a la puerta del super.
Nadie se acuerda del paro de 1997 prácticamente tan alto como el de ahora

Eso no quita que cuando una persona titulada en arquitectura, que ha realizado prácticas en un país europeo, con un master de gestión, y con Inglés perfecto, está “vendiendo cocinas”, es que algo sucede en el sistema en el que nos movemos que no funciona bien; al margen, claro, de ser tremendo para quien lo padece: consideración profesional, valoración personal, remuneración, ...  Y mucho peor cuando esa situación aparece regularmente en el tiempo: Hace treinta y cinco años en el caso del ingeniero y hace dos años en el caso del arquitecto.
Cuando se dice que la tasa de ocupación entre los titulados universitarios es mucho más elevada que entre los no universitarios, ¿cuántos casos como el descrito se estarán contando? ¿También este caso es una muestra más de que España se está recuperando?
En fin, ‘España está volviendo a ir bien’ ... según nos dicen.

¿Recuperación?, ¿Qué recuperación?
El  FMI pide a España que suba los tipos reducidos de IVA, la tributación medioambiental y el impuesto sobre los carburantes. Además, insta a que se revise la eficiencia del gasto en educación y sanidad. Y todo ello para conseguir una reducción sostenida del déficit público y la deuda, cuyo excesivo tamaño sigue dejando a la economía española "muy vulnerable a las perturbaciones exteriores".
El FMI considera que la carga tributaria se trasladaría más sobre el consumo que sobre el trabajo, lo que a su juicio resultaría más favorable para el crecimiento.
El FMI reclama un ajuste estructural del orden del 0,5% del PIB al año, es decir, unos 5.500 millones de euros. Con este ritmo de ajuste se podría lograr un equilibrio adecuado entre el mantenimiento de la recuperación económica y la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas.
El FMI denuncia el abuso de la contratación temporal en España. Aunque la institución destaca el robusto ritmo de creación de empleo y aplaude las reformas emprendidas, la mayor parte de los nuevos empleos son de carácter temporal, y la dualidad del mercado de trabajo acentúa especialmente la volatilidad del empleo e inhibe la inversión en capital humano y la productividad de los trabajadores. La contratación indefinida debería ser más atractiva para el empresario, ofrecer mayor seguridad jurídica a las empresas en materia de despido y permitir una mayor flexibilidad en las condiciones de trabajo.
El FMI piensa que la moderación salarial y una mayor flexibilidad del mercado laboral han contribuido a que la economía española recupere competitividad y genere empleo a buen ritmo. Aún así es prioritario fomentar la creación de empleo entre dos colectivos muy sensibles: los parados de larga duración y los jóvenes de baja cualificación.
El FMI piensa que la recuperación española es sólida y los desequilibrios se están reduciendo. El rebrote del consumo privado, de las exportaciones y de la inversión, ayudado por las reformas aplicadas, sigue siendo el principal motor del crecimiento.
Las medidas del Banco Central Europeo han supuesto un viento de cola decisivo para la recuperación de la economía española, que incluso califica de "impresionante". "Se ha visto beneficiada por impulsos favorables, tales como la política monetaria acomodaticia del BCE y la relajación fiscal. Pese a un prolongado período de incertidumbre política interna, el crecimiento del PIB real y la generación de empleo siguen estando muy por encima de la media de la zona del euro". Se prevé que la cuenta corriente registre su cuarto año consecutivo de superávit, contribuyendo así al actual proceso de reequilibrio de la economía. Los balances del sector privado, incluidos los del sistema bancario, han seguido mejorando, se ha incrementado el acceso al crédito y los precios del sector inmobiliario han repuntado.
Las áreas donde más se precisa mejorar son: aumentar la productividad de la economía, aumentar el tamaño de las empresas, la unidad de mercado, la educación y los bajos niveles de inversión en I+D .
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El informe del FMI no dedica ni una sola palabra a la creciente tasa de pobreza; ni al ascendente número de personas en riesgo de exclusión social; ni al subempleo; ni a los salarios medios que en términos reales llevan años decreciendo; ni al colapso anunciado en el sistema de pensiones; ni a una competitividad basada en la reducción de costes laborales; ni a que la sociedad española se está escindiendo en dos:
a.- La parte que cree que ahora si porque necesita creerlo y de momento no le han echado del trabajo.
b.- La parte que ha quedado en la cuneta y ahí se va a quedar porque no es necesaria.
De todo eso y de cosas parecidas, ni pío; pero no por cuestiones ideológicas o para oprimir a ‘las clases populares’, sino porque ningún otro planteamiento tiene cabida en sus esquemas de trabajo.
Lo anterior puedo entenderlo porque es ‘su forma de hacer’, lo que no comprendo es que una institución como el FMI diga que la recuperación de la economía española es impresionante teniendo en cuenta como se ha producido, y en base a qué se ha producido tal aumento.
España tiene una productividad por hora efectivamente trabajada muy baja, un nivel de fraude fiscal enorme, una tasa de economía sumergida de país subdesarrollado, una estructura de PIB dependiente.
El FMI dice lo que dice porque es imprescindible que la confianza en España no empeore a fin de que no se encarezca la deuda de España y España deba pagar más de los 30 mM€ de intereses de su deuda que ya paga y para que esa ciudadanía española que está en la cuneta no se asuste ante el panorama que España tiene ante sí y no salga a la calle diciendo que ya está harta de lo que sucede. Y por eso, por ejemplo, el FMI recomienda que hay que contratar gente en las condiciones que sea a fin de que el paro descienda y a los parados no les de por pensar en “cosas inconvenientes”. Y por eso cada vez se habla con más normalidad y más habitualmente de la renta básica o equivalentes.
Pero el FMI acierta en una cosa: el problema de España es de ingresos mucho más que de gastos, lo que sucede es que para que esos ingresos aumenten los gastos bajarán porque la renta personal disponible es la que es … y nada apunta que vaya a aumentar para una gran mayoría.
Lo de siempre: más dinero para unos poquísimos y migajas para mantener callados a los parias y a pagar los mismos de siempre, los que no pueden escaparse, porqué lo que es ganas, tienen y muchas.

Formación y trabajo
En las áreas subdesarrolladas, si tienen hijos por razones culturales y en las zonas desarrolladas —cada vez hay mas ancianos y menos natalidad— menos mal que las razones principales para tener hijos son emocionales, porque si las parejas se guiaran por razones más racionales, visto el  futuro que parece les espera a la próxima generación —subempleo y un estándar de vida reducido a lo básico—, se les pasarían las ganas de procrear.
Las parejas jóvenes que subsisten con uno o dos hijos pequeños, se preguntan:  ¿Realmente habrá dentro de unos años alguna carrera universitaria que sirva para encontrar trabajo?
El otro día estuve viendo un listado de trabajos con riesgo de ser automatizados y sentí un ligero escalofrío pensando que decidiría estudiar si ahora tuviera que volver a elegir estudios y carrera profesional. Es brutal. Tal vez elegiría algo vinculado con la educación o con el cuidado a personas dependientes. No sé. ¡Superdifícil elección!
Parece que la tendencia es que las compañías diseñen recorridos formativos sobre temas que les interesan y que encarguen a las universidades que preparen cursos y los impartan. Por supuesto, quien esté interesado en algo deberá esforzarse en aprenderlo en plan autodidacta. Sigue siendo válido mantenerse empleable y para ello recordar que lo importante es saber hacer aquello por lo que alguien esté dispuesto a pagar, sin que importe mucho como se ha obtenido el conocimiento o cuanto tiempo u esfuerzo ha costado. Esta especialización del aprendizaje comportará seguramente una reducción y concentración de centros universitarios.
Los grados y masters convencionales o generalistas —muchos solo sirven para llenar líneas de currículo— pienso que se irán extinguiendo al igual que el método de enseñanza tradicional: un aula llena de alumnos y se sustituirán por grupos muy reducidos conducidos por expertos en lo concreto que se enseñe. Los temas generales pueden encontrarse en la nube. Las dudas también podrán resolverse por Internet, en abierto o en plataformas de pago, ayudadas por videoconferencias, proyecciones holográficas, interactuación, etc.
Un futuro difícil y a la vez apasionante.

Reparto del tiempo de trabajo
La automatización y digitalización de procesos (entre otras innovaciones, impresión 3D, nanotecnología...) podrían reducir drásticamente la demanda de factor trabajo en el futuro. 
Ante estos se oyen voces que claman por el “reparto del trabajo” o el reparto de las horas trabajadas por cada trabajador. Defienden que la reducción de la jornada laboral no es solo un medio para crear empleo, sino también la semilla de un modelo distinto de sociedad. El tiempo entre el trabajo obligatorio y la vida personal, entre la economía y la sociedad nos plantea la cuestión mas radical: el sentido de la modernidad tecnológica, la relación y el equilibrio entre los medios y los fines de nuestra existencia personal y colectiva. Mucho mas que una cuestión económica el reparto del trabajo es un dilema de civilización. El problema del tiempo moderno se puede abordar desde sus múltiples flancos: económico, sociológico, cultural, político, histórico, antropológico, psicológico e incluso filosófico… La tesis de liberar el tiempo de la servidumbre del trabajo es tan fuerte y sencilla de entender como políticamente compleja de aplicar: la revolución tecnológica de la información permite, y a la postre exigirá, reducir y reorganizar la jornada laboral, provocando una nueva distribución del tiempo entre el trabajo el tiempo necesario obligado y la vida, personal, familiar y social, el tiempo libre o disponible, reducir el tiempo de la economía y aumentar el que la sociedad y las personas necesitan para producirse y desarrollarse a si mismos. 
Conceptualmente esta propuesta redistributiva puede encontrarse solidaria y hasta elegante, pero lo cierto es que no funcionaría porque lo que sucede es que cada vez se precisa menos factor trabajo y cada vez se va a necesitar menos y por ello, ¿qué repartir si con el empleo a tiempo parcial y temporal se cubre el trabajo que se necesita durante el tiempo que se necesita y además basta con pagar solo por ese trabajo?
Además el reparto del trabajo reduciría la productividad. Esto cuesta de entender con claridad a las personas que no han actualizado el concepto “productividad” a la situación actual.
Hasta los años 80 el concepto de “productividad” estaba vinculado con el de “producción”. Manteniendo la cantidad de operarios o de tiempo trabajado, se aumentaba la productividad para que aumentase la producción. A partir de los 80, cuando debido a la tecnología “generación de PIB” y “necesidad de factor trabajo” dejaron de estar vinculados, ese concepto de productividad comenzó a cambiar.
Hoy el objetivo es producir la cantidad que ahora sea conveniente producir del bien que se precise y con la calidad mínima adecuada. Antes, si 10 trabajadores en una hora producían 1.000 unidades y se intentaba reducir costes aumentando la productividad por trabajador —por ejemplo de 100 a 400— produciendo 2.000 unidades con sólo 5 trabajadores. El problema actual es que no se puede aumentar la producción hasta el infinito porqué no hay suficiente demanda. El problema viene cuando no son necesarias 2000 unidades, ni siquiera 1000, sino sólo 500 unidades y hacerlo con sólo un trabajador. Así la productividad se habrá mejorado hasta 500; es decir, la tecnología y su organización asociada ha desvinculado cantidad producida de productividad. (Como eso es muy difícil de aplicar a los servicios, la introducción de la tecnología está siendo lenta, pero cuando se introduzca la productividad se disparará. Por ejemplo, piensen en la telemedicina. ¿Se imaginan el aumento de eficacia del sistema global si el médico del CAP te pudiera visitar por teleconferencia, sin salir de casa para un simple resfriado o gripe, o para renovarte la receta electrónica).
Los que proponen el “reparto del tiempo de trabajo” permanecen anclados en la antigua concepción de la productividad, pero: ¿qué tiempo de trabajo se va a repartir si lo que se produce cambia y el objetivo es reducir el uso de factor trabajo?. Tengan en cuenta además que el reparto del tiempo de trabajo reduciría los salarios, con lo que el poder adquisitivo de los trabajadores se reduciría y como consecuencia debería aumentar muchísimo su productividad para reducir los costes lo suficiente para poder bajar los precios de los bienes y servicios de forma que estos trabajadores los pudieran comprar. 
Pero incluso en procesos productivos mucho más reglados el reparto del tiempo de trabajo tampoco funcionaría. Cambios de turnos, conexión y desconexión en períodos de tiempo mucho menores, ... es al revés: jornadas un poco más largas con apoyo tecnológico adecuado mejoran la productividad y ... no sólo no reducen los salarios sino que pueden incrementarlos. 
Hay que buscar otra solución, pero los cantos de sirena del “reparto de trabajo” hoy ya no funcionaría.
©JuanJAS

jueves, 27 de octubre de 2016

Las “pantallitas”, ¿perjudican el rendimiento escolar de los jóvenes?

Para muchos padres, la advertencia de la asociación de pediatras supone una llamada de alarma, una necesidad de plantearse un cambio de hábitos, un arma en la lucha para despojar a sus hijos de sus gadgets y racionar estrictamente el tiempo de uso.
Otros van más allá y utilizan estas conclusiones para demonizar el uso de gadgets electrónicos, convertidos de repente en el nuevo maligno que distrae a los niños, les impide terminar los deberes y les lleva a ser una especie de “idiotas conectados”, en niños con peores notas o con menores posibilidades de éxito futuro.

¿Cuál es la realidad?
A mi entender, el estudio viene a decir que:
    -Los gadgets electrónicos son muy atractivos,
  -Los utilizamos muy mal – muchas veces simplemente para “apagar a los niños” y que dejen de molestarnos,
   -Si se permite a los jóvenes que los usen durante todo el día, obviamente lo harán y eso no  es bueno para nadie. Sea niño, joven o adulto.
El verdadero problema es que la educación está espantosamente mal definida. Si la definiésemos, los gadgets no serían un enemigo del aprendizaje, sino uno de sus más poderosos aliados, y los deberes serían un anacronismo absurdo, porque el tiempo fuera del colegio estaría destinado a otras actividades que completasen el desarrollo.
La idea de “los deberes primero" porque los gadgets son para jugar es profundamente absurda.
Los gadgets son, por un lado, la llave de los contenidos, mucho más de lo que puede serlo un libro de texto, porque el conocimiento ya no está en los libros de texto sino que residen distribuidos por toda la red y hay que aprender —principalmente en la escuela— a extraerlos como parte del proceso educativo.
Queramos o no, los jóvenes y todos nosotros vamos a vivir rodeados de gadgets el resto de su vida, por lo que deberíamos aprender a usarlos y a extraerles el máximo valor.
Los gadgets también permiten acceso a un entorno de relación en el que resulta fundamental que los niños aprendan a desempeñarse desde pequeños.
Si en lugar de esto, nos dedicamos a prohibir su uso en los colegios y las aulas, a no utilizarlos para tareas para las que serían ideales, y a restringirlos por si acaso los niños no hacen sus deberes conseguiremos formar unos inadaptados a su tiempo.
Cada día, alguna institución del siglo pasado se empeña en que “las cosas tienen que seguir siendo como antes” y emite un “sabio dictamen” que, algunos malinterpretan y difunden su “error” esparciendo el “miedo a lo nuevo” y considerando a los gadgets “la fuente de todos los males de la humanidad”.
Siempre ha pasado. Lo nuevo da miedo porqué requiere adaptación a nuevas formas de vivir, pero hay que actuar con sentido común.
¿Porqué no nos planteamos lo siguiente?:
 ·Los gadgets son una parte importante del entorno actual. Cuanto antes aprendamos a utilizarlos con responsabilidad —cada uno según nuestras necesidades—, para saber solucionar problemas con ellos o en ellos. Cuando mejor entiendan los jóvenes cómo y por qué funcionan y qué usos les pueden dar, mejor preparados estarán.
· Los gadgets dan acceso a infinitas actividades, son brutalmente atractivos y adictivos, y su uso, como todo, tiene que hacerse con sentido común. Tan malo es que un niño no sepa hacer la O con un canuto cuando le pones un dispositivo en las manos, como que esté todas las horas del día con la nariz pegada a una pantalla. Hay otras actividades que son muy importantes, y una parte fundamental de la educación consiste en enseñar a priorizar.
· Los gadgets no son un “apaganiños” ni un sustitutivo de la educación. Es un hecho que lo niños demandan mucha atención de sus mayores, por ello hay que “educarlos” en lugar  de atontarlos, dejándoles que aporreen un gadget que les devuelve sonidos y colores variados como si fuera un dardo tranquilizante, para que no molesten.
· Los gadgets sirven para acceder a información y utilizarla para consolidar conocimiento. Hay que enseñar a los niños que los gadgets no son solo para jugar, sino que pueden y deben utilizarlos cuando necesiten encontrar o aprender algo. Para ello hay que enseñarles estrategias de búsqueda, a no quedarse siempre con el primer resultado, a verificar las fuentes, a aplicar razonamientos críticos… a pensar en un entorno conectado.
·Los gadgets son la puerta al entorno social, que hoy en día funciona en conexión permanente; pero hay que enseñar a priorizar, a que no se cae el mundo por no contestar un whatsapp mientras están cenando, dando un paseo, manteniendo una conversación o viendo una puesta de sol. Los entornos sociales son complejos y están definiéndose continuamente: aprender a utilizarlos y a aplicar las prioridades adecuadas es un reto para todos, jóvenes y adultos. Cuanto antes empiecen a entenderlo los niños, mejor. Si no los educamos en ello, nos encontraremos con que se comportarán como salvajes en la red, compartirán cosas que no debían compartir, harán barbaridades, etc.
·Los gadgets permiten leer libros. Si no ves a tu hijo leer ningún libro, plantéate que los lea en su dispositivo, que es como se leen los libros hoy de manera cómoda y eficiente. Enséñales a pedir libros y comics, a leerlos, a marcar las partes que les han gustado, a compartirlos… a leer con las ventajas que tiene hacerlo en un dispositivo electrónico. No se preocupen, no se van a quedar ciegos por ello. 
     El papel solo es un anacronismo incómodo, que un niño no se sienta atraído por él no es ningún sacrilegio: mientras lea, que lea en un dispositivo o donde buenamente quiera, pero que lea algo más que simples titulares o whatsapp’s .
·Los gadgets deberían ser un recurso para los niños en el colegio, y los pupitres deberían tener cargador USB. Si el colegio de tus hijos no lo entiende y se empeña en que los niños se sigan educando “como se hacía en el siglo pasado”, plantéate cambiarlos de colegio o cómo vas a completar esa parte fundamental de su educación.
·Los gadgets no son perniciosos. Lo que es pernicioso es permitir que un niño se pase todas las horas del día jugando con ellos y tirado en un sofá y sin hablar con nadie. O que priorice la comunicación a través del dispositivo a la comunicación en persona con las personas que le rodean. O que esté tan maleducado que no entienda que cuando va a casa de sus abuelos, no puede ignorarlos completamente y pasar todo el tiempo sumergido en la pantalla. Educar mal a los hijos, haciendo dejación de responsabilidad o permitirles que hagan todo lo que les dé la gana es pernicioso. Los gadgets no lo son, solo son una parte más del entorno y cuanto antes se familiaricen con ellos, mejor.

Siempre que caiga en nuestras manos un aparentemente “sesudo estudio” antes de interpretarlo y efectuar alguna correlación, usemos el adecuado sentido crítico. Mientras la educación no se adapte a los tiempos actuales  —y en este momento está espantosamente inadaptada— veremos todo tipo de correlaciones engañosas: “¡socorro los smartphones distraen a los niños en clase y hay que prohibirlos!”
Obviamente, mientras no los integremos de verdad en el proceso educativo y no eduquemos en su uso, permitir que en una clase los veinte o treinta niños estén con el smartphone en la mano es una receta para un desastre seguro, con niños que desconectan de la clase y se dedican a otras cosas sin prestar la más mínima atención.
No, las cosas no son tan simples como “smartphones sí, smartphones no”. Las cosas empiezan por “smartphones, por supuesto”, porque son un elemento fundamental del ecosistema en el que hay que educar a los niños, y siguen por “y ya que smartphones sí, adaptemos los métodos para que les extraigan partido, y eduquemos en su uso”. Solo entonces, cuando la transición esté completa (o cuando menos avanzada, porque completa, en realidad, no lo estará nunca), podremos hablar de correlaciones significativas.
Por cierto, recordemos que esta educación en el uso de los gadgets vale también para los adultos. No vale con comprarse el modelo más grande, caro y sofisticado. Hay que aprender a usarlo para que nos sirva a nosotros —y no al contrario— y el protocolo adecuado para usarlo en sociedad.
©JuanJAS

La Academia Americana de pediatría publica recomendaciones para el uso de gadgets, incluyendo una herramienta interactiva planificación del uso de los medios de comunicación, para ayudar a las familias equilibrar vida digital y real