Mostrando entradas con la etiqueta consumismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta consumismo. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de enero de 2017

Recordando a Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman nos ha dejado a los 91 años después de haber publicado 57 libros y más de 100 ensayos. Desde su primer trabajo acerca de el movimiento obrero inglés, los movimientos sociales y sus conflictos han mantenido su interés. Sus obras de finales de los 80 y principios de los 90 analizan las relaciones entre la modernidad, la burocracia, la racionalidad imperante y la exclusión social.
Zygmunt Bauman se pregunta en su último libro: ¿la riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?. Está claro que la riqueza acumulada por las clases más ricas no se ha filtrado en absoluto hacia abajo ni nos ha hecho más ricos al resto, ni nos ha hecho más seguros y optimistas respecto a nuestro futuro y el de nuestros hijos, ni tampoco nos ha hecho más felices.
Keynes escribió que “La avaricia es un vicio, la práctica de la usura es un delito, y el amor al dinero, por el dinero mismo, es detestable…” Puede que así sea o no, pero hoy en día, la desigualdad es una evidencia. No sólo entre países, sino dentro de todas las sociedades. Hoy, el país más rico, Qatar, alardea de tener una renta per cápita 428 veces más alta que el país más pobre, Zimbabue.
¿Porqué no valoramos los fines por encima de los medios y preferimos lo que es bueno a lo que simplemente es útil?.
Después del terrible atentado del 11-S, George W. Bush, animó a los norteamericanos a superar el trama y volver a la normalidad, diciéndoles: “¡volved a ir de compras!”. Nos han hecho creer que el camino de la felicidad es ir de compras.
Estos días en que atardece pronto, las calles están desiertas y los centros comerciales llenos a rebosar. Lógico, porque desde la cuna hasta la tumba los medios nos educan y nos entrenan para usar las tiendas como farmacias llenas de medicamentos que curan o al menos mitigan todos los males y aflicciones de nuestras vidas y de nuestras relaciones con los demás. Como también nos han ensañado a medicar nuestros problemas  Por su parte las farmacias las usamos para medicar los problemas
Vivimos en una gran farmacia global. Todo se cura consumiendo. Si no consumes corres el peligro de que el resto de la manada te excluya. Lo mismo sucede cuando alertas sobre los perniciosos efectos del consumismo desbocado. El hombre y la mujer son los únicos mamíferos que tropezamos repetidamente en la misma piedra, y por ello sirve de poco constatar por uno mismo que la euforia que proporciona el consumo es puntual y tiene efectos cada vez menos duraderos, cuanto más se practica.
El mundo parece estar bien protegido, no contra las catástrofes, sino contra sus profetas. Si avisas modestamente que no vamos bien o planteas otra forma de hacer las cosas, pronto dejan de escucharte, de leerte y te excluyen del grupo por “raro”.
Los regalos, son más valorados cuanto más de moda y más caros se venden en la boutique de moda y por ello no son bien vistos los que se resisten a los cantos de sirena de las marcas y osan pasar el tiempo enfrascados en alguna actividad que no que no implique “comprar” algo.
https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/las-arrugas
Por suerte hay muchas formas de distraerse y hasta divertirse aprendiendo algo. En los fríos días hibernales siempre recuerdo con cariño aquellos ratos de mi niñez en los que mi abuela me explicaba un cuento. Automáticamente pienso en lo bien que lo hubiera pasado con mi madre, si ella hubiera tenido los medios que Internet nos brinda en la actualidad. En una sola página web podemos encontrar cuentos cortos, cuentos narrados, con dibujos, clásicos, ideas y recursos,… Todo lo necesario para divertirse con los niños, al tiempo que se les educa en casa utilizando cuentos breves y con valores en múltiples formatos multimedia y con indicaciones sobre cómo aprovecharlos al máximo, e incluso cómo crearlos.
¡Que felices hubieran sido nuestras abuelas si hubieran tenido los medios que tenemos ahora!..., y lo bien que lo hubiéramos pasado nosotros. Los tiempos han cambiado y seguro que los niños también lo han hecho, pero no se si tanto como parece. Tal vez también tenga que ver que los mayores no sabemos aprovechar adecuadamente los medios gratuitos con los que contamos.
¿Vale la pena correr como hámsters para ganar dinero para comprar cosas que pensamos que necesitamos a la vez que descuidamos cosas realmente más necesarias?
¿Qué piensan ustedes?
©JuanJAS


lunes, 2 de mayo de 2016

¿Vamos a caer en la trampa otra vez?

En los últimos años, en Estados Unidos, Inglaterra, Japón y Europa, hemos dado patadas hacia delante, e intentado arreglar todos los problemas imprimiendo “papelitos”. Eso sólo ha contribuido a elevar la deuda a lo bestia, manteniendo bajísima su productividad marginal y haciendo que nuestra economía vaya peor. En países donde la gente está todavía apalancada por la resaca de la burbuja, es difícil que la gente te coja ese crédito que les da la Fed. Como va a tirar más de la cuerda que tiene atada a su cuello.

En cambio en China, tienen una población que trabaja mucho, ahorra mucho (en promedio, el 40% de lo que ganan) y cada vez hacen cosas más complicadas y mejores, en lugar de hacer juguetes y textil, ahora hacen aviones y trenes. Eso se llama alargamiento de la estructura productiva. Hacen de todo, y eso es porque tienen capital y factor trabajo hiperbarato e hiperflexible y por eso lo más probable es que China vaya a mejor. 
La banca central occidental es keynesiana. Piensa que hay un problema de demanda y que inyectando dinero en la economía van a crear artificialmente esa demanda. Ya vemos repartir papelitos no funciona. Si con eso bastara, Argentina o Zimbabue serían los países más ricos del mundo.
Por los medios no paramos de oír a políticos y contertulios decir que “falta demanda” y no es cierto. Demanda no falta jamás, porque los deseos del ser humano son infinitos… El problema es que no hay “ahorro suficiente“ para satisfacer los deseos.
¿Se acuerdan como se compraban las cosas hace sólo 30 años?. Se guardaba un poco cada mes y cuando se tenía ahorrado lo suficiente se compraba el producto deseado. Si el coste era demasiado alto (por ejemplo una vivienda, se pagaba una entrada de al menos un 25% y se firmaba una hipoteca “pagable” por el resto. Hasta que no cumplías estas condiciones no había compra.
Ese procedimiento cambió y algunos ¿empresarios? construyeron 800.000 casas y la banca concedió préstamos incobrables para que la gente pensara que podía comprarse cualquier cosa, desde una casa hasta cualquier producto o viaje, sin necesidad de ahorrar o respaldar la devolución del préstamo. Unos engañaron y los otros se dejaron engañar consumiendo muy por encima de sus posibilidades. Para acabar de agrandar el problema todos los políticos —unos por acción y otros por omisión— nos dijeron que todos teníamos derecho a consumir lo que nos apeteciera. Lo que no hicieron es acabar la frase. “Todos tenemos derecho a consumir lo que deseemos, siempre que nos lo podamos permitir (tengamos dinero para pagarlo al contado o tengamos medios prácticamente seguros par conseguirlo en el futuro próximo). Todo el mundo se refiere a “mi coche”, “mi casa”, “mi…” cuando en realidad esos productos no eran suyos sino que eran de la entidad que les concedió el crédito; y no serían suyos hasta terminara de devolver el crédito más los intereses. 
Desde hace unos meses los políticos vuelven a intentar engañar diciéndole a la gente que van a poder volver a “consumir”. Algunos prometiendo crear millones de puestos de trabajo —no dicen como lo harán ni de que calidad será el trabajo— y otros que van a poder hacerlo porqué van a “repartir el dinero de los ¿ricos?”.
Ante estos personajes ineficientes, que sólo piensan en su silla y en ahorrarse problemas políticos, cada vez da más miedo tener los ahorros en un banco o en bonos. 
Mira que es fácil, pero como sigamos sin recapacitar, el desastre está servido.
©JuanJAS

lunes, 19 de mayo de 2014

ANTES DE COMPRAR POR IMPULSO: PARA, ESCUCHA, MIRA, PIENSA Y ACTUA

Antes de “comprar” algo y más si necesitas pedir un crédito:
PARA, ESCUCHA, MIRA, PIENSA y solo después, ACTUA. 
No firmes nunca nada sin haber hecho lo anterior. Las decisiones de compra por impulso suelen dar resultados nefastos y más las compras de productos de inversión/ahorro.
La situación que ha vivido nuestro país los últimos años en relación a comportamientos poco éticos del sector bancario con los consumidores han evidenciado como poco dos cosas. 
La primera es que, cuando los bancos y otras entidades financieras te venden un producto, puede que no te estén explicando absolutamente todo lo que necesitas saber para no salir mal parado. 
Y la segunda es que, de forma general, nuestra sociedad tiene muy poca cultura ya no solo financiera, sino económica. Pero los datos demuestran algo más terrible aún: tampoco se tiene el conocimiento mínimo o suficiente para afrontar correctamente las decisiones económicas del día a día o aquellas decisiones sobre adquisición de nuevos productos financieros que, al alcance de cualquiera, pueden mejorar la vida económica de todos.
Esto podríamos justificarlo en que la estratificación social de nuestro país hasta la actualidad había complicado el acceso de cualquiera a este tipo de conocimientos financieros, conceptos habitualmente asociados a productos financieros de lujo reservados para los más pudientes. La paradoja es que, en la actualidad, los cambios impulsados por las nuevas tecnologías han dado acceso universal a cualquier tipo de información y servicio, desde cualquier sitio y en cualquier momento a través de internet. Y, a pesar de ello, seguimos igual. Es cierto que a muchos, en concreto a nuestras personas mayores, explicarle ahora estos temas es difícil y posiblemente inútil. Pero la situación no mejora cuando se analiza a los jóvenes, nuestros futuros decisores económicos, los dueños de las nuevas tecnologías. Esto es preocupante.
El estudio Adolescentes 2013, elaborado por la Cátedra Keepunto-UCM, lo deja bien claro. Nuestros adolescentes manejan anualmente 8.000 millones de euros sin tener nociones básicas sobre las herramientas financieras que les permitan gestionarlos adecuadamente. No comprenden el valor del dinero porque no se lo ganan, lo reciben de sus padres, abuelos o familiares. De hecho, más del 80% de los jóvenes en España no tienen claro ni siquiera qué es una tarjeta de débito, e incluso aluden a la hipoteca como uno de los medios de pago que dicen conocer. La falta de recursos de nuestros mayores hizo que supieran gestionar lo poco que tenían para sobrevivir. En la actualidad, los padres facilitan al máximo la vida económica y financiera de sus hijos y los abuelos ayudan, sin darse cuenta de que de esta forma solamente están financiando el comportamiento laxo e irresponsable de sus hijos-nietos, quienes solo tienen que pedir para recibir, sin que se les exija nada a cambio.
Parecía que había terminado en nuestro país  un periodo en que la vida se basaba en la supervivencia; después, perseguimos la eficiencia, hasta llegar a finales de la pasada década en que  lo único que importaba era "conseguir placer".
La última gran crisis ha puesto de relevancia que es imprescindible que los jóvenes asistan a iniciativas formativas similares a esta: 
http://www.consum.cat/ecofin_webacc/AppJava/uploads/140213_Programa_Barcelona_CAT.pdf y mejor aún sería que en la escuela o instituto hubiera asignaturas obligatorias y comunes a todos los itinerarios formativos para estos temas.
Pero más allá de formar a nuestros futuros decisores desde el punto de vista económico-financiero, es imprescindible que en las edades tempranas empiecen por aprender a consumir de forma responsable, a gestionar sus recursos y a conseguir los bienes y servicios que ansían a través de una cultura del esfuerzo.
https://www.saveup.com
A través de la “ludificación”, varias iniciativas permiten a los jóvenes conseguir dinero virtual y gestionarlo como si se tratara de una cuenta bancaria, pero en un entorno de simulación seguro que les permite adquirir bienes y servicios de forma responsable. De esta manera, nuestros adolescentes adquieren, casi sin querer, los hábitos y conocimientos necesarios para aprender a vivir en un ambiente de esfuerzo, de gestión responsable de sus activos y de sus bienes y servicios. Un ejemplo es el juego Saveup que está ayudando a miles de americanos a ahorrar y reducir sus deudas al tiempo que pueden ganar atractivos premios al practicar el juego. Es un efecto similar a lo que sucedía cuando los bancos regalaban desde sartenes a cámaras de fotos por una aportación a un plazo fijo o un PP. Lo que incentivaba más a la gente era el regalo que la rentabilidad de la inversión. Saveup indica que la competencia entre "amigos" jugadores y la posibilidad de conseguir regalos motiva muchísimo más a la gente que el miedo que provocan las consecuencias de no poder pagar las deudas.
Valorar y practicar la "cultura del esfuerzo" prepararía a los jóvenes para su vida financiera adulta, y debería ser inculcada por los padres, las instituciones educativas y el conjunto de la sociedad en general.
El gran problema es que muchos padres jóvenes, son incapaces de inculcar a sus hijos esta cultura porque ellos mismos no solo no practican esta forma de vida sino que desconocen sus principios básicos. Han crecido en un ambiente de sobreconsumo bastante irresponsable y ni siquiera la llegada de la crisis ha servido para que despierten y reconduzcan sus hábitos de consumo. Se limitan a sobrevivir y a esperar a que pase la mala racha para volver a hacer lo que hicieron y vieron hacer en su adolescencia y juventud. Cuando alguien les explica, con razonamientos técnicos, que hay una probabiliad muy remota de que puedan volver a seguir nunca ese modo de vida, se niegan a escucharle. Cuando alguien les dice que les puede enseñar a “vivir razonablemente bien con menos gasto”, simplemente aprendiendo a ser conscientes de lo que es importante y lo que es accesorio y prescindible, no tienen ningún interés por aprender el estilo de vida que se les propone. Son incapaces de sustraerse a la presión consumista, parar, escuchar y mirar, pensar y finalmente actuar de forma adecuada para administrar bien sus ingresos.
Deberíamos todos ser conscientes que lo importante no es comprar una gran casa sino formar un buen hogar.
Lo importante no es comprar un reloj de lujo sino disfrutar de nuestro tiempo.
Lo importante no es comprar un libro por Sant Jordi, lo importante es adquirir conocimientos dia a día.
Lo importante no es tener mucho sexo, sino disfrutar del amor.
Lo importante no es tener la casa llena de juguetes a rebosar, sino dedicar tiempo a jugar con los niños y dar ejemplo a los menores de que para divertirse no se necesitan ni muchos juguetes caros sino imaginación ganas de divertirse.
Nuestro tiempo es limitado y lo importante no es tener un gran coche, unas costosas vacaciones en una playa exótica ni vestir a la última moda con ropas de marca. Es todo una cuestión de valores y prioridades. 
¿Que es más importante tener una casa cara, vestir ropa de moda y un gran coche o no contraer deudas y procurarles la mejor educación a los hijos para que sean capaces de decidir por si mismos. Es una cuestión de valores. 
Lo importante es tener imaginación, saber distinguir entre lo necesario y lo prescindible, saber prescindir de los dictados de la sociedad de consumo que intenta dictarnos como debemos vivir nuestra vida.
Este es un tema tan importante porque los adolescentes de hoy serán los decisores de mañana, las personas que en pocos años se convertirán en el motor de la sociedad. Todo lo que están asimilando en la actualidad les va a afectar para que se conviertan o no en buenos decisores, y eso nos afectará de una manera u otra a todos. 
Cuando seamos viejos, nuestras vidas dependerán de las buenas o malas decisiones que ellos tomen respecto a nosotros o al menos respecto nuestras finanzas. Afectará a la sociedad en su conjunto tan solo dentro de dos décadas.
¿Como se puede esperar que en el futuro cuiden o decidan por sus mayores si no son capaces de cuidarse ni a si mismos sin ayuda de la familia?
Muchas veces sucede, sobre todo a los jóvenes, que los grandes ruidos de las opiniones de los demás silencian su propia voz interior. No deberíamos permitir que eso nos suceda. Cada uno en la faceta que le corresponda, padre adulto, abuelo, profesor o a nivel personal, debemos hacer un esfuerzo para aprender a ser nosotros mismos y culturizarnos económicamente. Siempre es mejor aprender algo cada día que no saber nada. Si nos vence la pereza y no aprendemos de los errores, si no mejoramos y damos ejemplo con nuestro proceder diario, será difícil conseguir que los jóvenes cambien su mentalidad y abracen un nuevo modo de vida, basado más en el ser que en el comprar y el tener. Si no tenemos éxito en buscar, propiciar y conseguir este cambio de mentalidad en los jóvenes, los adultos lo pasaremos mal y ellos peor. 
No hay tiempo que perder. 
¿Que ideas tienen para lograrlo?
Espero las compartan con nosotros. Por cierto, ¿Cuando empezarán a ponerlas en práctica?
©JuanJAS

lunes, 16 de abril de 2012

¿Tener o ser?

En estos tiempos de crisis, en que no todos son igual de conscientes de su alcance, ni todos la viven de la misma forma, es conveniente reabrir el diálogo…. ¿SER o TENER?
La mayoría de las personas, incluso las que actualmente no tienen problemas económicos acuciantes, perciben un cierto malestar, como consecuencia de un modo de organización económico-social que destruye al entorno y se basa en la competencia ilimitada entre los seres humanos y la compulsión al consumo.
En el último siglo, el desarrollo humano en los campos científico y tecnológico no ha ido de la mano de los desarrollos espirituales y éticos, produciéndose así un desequilibrio que enferma a los individuos y por ende, a la sociedad.

Trabajar, ganar dinero, comprar, gastar más > La carrera de la rata
Trabajar para conseguir y acumular bienes materiales… ¿Es la gran meta?
¿Es más importante construir un espacio propio de emociones, sentimientos y conocimientos que no pasen necesariamente por el dinero?
¿Hasta qué punto el "Ser" y el "Tener" son compatibles o están enfrentados?
¿Qué hacer para encontrar nuestro propio equilibrio personal?
Es bueno hacer un alto en el camino, meditar la respuesta a estas preguntas, comprender lo que realmente necesitamos y nos hace felices y reorientar nuestras expectativas y nuestro modus vivendi.

Orientación al tener o al ser

Tener o ser, son dos disposiciones que involucran todos los aspectos que rodean a un ser humano y si bien nadie está totalmente entregado a uno de estos polos, sí puede identificarse la preeminencia de alguna de estas dos tendencias en cada persona particular, así como una orientación claramente ubicada del lado del tener en nuestra sociedad del primer mundo.
Las diferentes concepciones políticas o sociales se diferencian al facilitar uno u otro de los comportamientos, aunque no impidan por completo la posibilidad de que alguien opte por su contrario.
Estos dos modos, tener o ser, no se reducen a la problemática de la propiedad privada. El aprendizaje, la memoria, la conversación, la lectura, el ejercicio de la autoridad, la fe, el amor, etc. son todas esferas en las cuales una persona puede orientarse por tener o por ser. No sólo se tienen objetos: se pueden tener hijos, amigos, títulos, posiciones sociales.
Es claro que se trata de una disposición en la actitud, más que de una acción en particular.
En los años pre-crisis nos habituamos a vivir en la premisa de que quien no tiene, no es y dedicamos toda nuestra energía e incluso vendimos nuestra alma al diablo para poder vivir en la mejor casa, usar el mejor coche y móvil, vestir los vestidos más caros, viajar a los lugares más exóticos, visitar los mejores restaurantes y salas de fiestas, etc.  Se oía por doquier: Si mi vecino lo hace, ¿Porqué no yo? ¡Todos tenemos el mismo derecho! Así nos lo habían hecho creer nuestros gobernantes y nuestros "amigos" los banqueros nos habían permitido ponerlo en práctica. A diferencia de lo que hacían hace 5o años, ahora habían dejado de preguntarnos si generábamos los suficientes recursos para poderles devolver el préstamo con el cual financiábamos nuestros costosos "derechos". Al mismo tiempo nos olvidamos de otro “arte de vivir” cuyos pilares son el amor, la razón y la actividad productiva. Negamos la imposibilidad de adquirir bienes y servicios sin realizar antes un gran esfuerzo o incluso de pasar estrecheces y sufrimientos. Todo parecía fácil y sencillo. Habíamos llegado a la tierra de la abundancia como nos relataban en algunos pasajes del Antiguo Testamento y como vivimos en un país católico, no dudamos en ningún momento. Nuestra fe era grande y nos lanzamos al ruedo del consumismo desenfrenado. La economía creció como un cohete y nuestro máximo dirigente se sentaba, con los que creía "sus colegas del todopoderoso G8"en el sofá mientras fumaba puros y se atrevía a dar lecciones a los laboriosos alemanes.
Toda crisis encierra un peligro y una oportunidad. Tal vez la oportunidad de esta crisis esté en que nos obligará a esforzarnos en recuperar nuestra fortaleza física, psíquica y espiritual, así como nuestras posibilidades de independencia, para que podamos abandonar la obsesión por el tener -un engaño alimentado por la ideología consumista-, característica de las condiciones económicas, políticas y sociales de nuestra sociedad en los últimos años  y centrar nuestra atención en el ser.

El hombre nuevo

Aunque las dificultades para contrarrestar años de orientación al "tener" sean muchas, la convicción de que el fin último de cualquier persona es realizar su potencial humano -dar, compartir, ser-, impide renunciar al intento de cambiar la sociedad en la cual vivimos.
Para crear la sociedad nueva y el hombre nuevo, hay que entender el concepto de carácter social, producto de la dialéctica entre la estructura de carácter del individuo medio y la estructura socioeconómica de la sociedad. Por otro lado, es necesario un nuevo sistema de creencias que guían la vida de una persona y le proporcionan un sentido.
La clave estaría en las distintas vertientes del pensamiento humanista radical, el cual considera que el sistema económico debe servir al hombre y no viceversa, que debe cambiarse la relación de explotación de la naturaleza por una relación de cooperación, sustituir al antagonismo por la solidaridad bien entendida y comprometer activamente a los hombres en su destino.

Sugerencias para crear la sociedad nueva

Eric Fromm indicaba que los cambios necesarios para avanzar en la construcción de una nueva sociedad, serían:
  • Prohibir los métodos de lavado de cerebro en la publicidad industrial y política.
  • Eliminar el abismo entre las naciones ricas y las naciones pobres.
  • Liberar a las mujeres, en todo el mundo, del dominio patriarcal.
  • Establecer un Supremo Consejo Cultural, que aconseje a los gobiernos y a los ciudadanos.
  • Establecer un sistema de información y de difusión eficaces.
  • Desvincular la investigación científica de la industria y de los militares.
  • Desarme armamentístico: atómico – químico - biológico.
Está claro que actualmente las posibilidades de lograr el cambio para crear una “sociedad no centrada en el tener” no son nada alentadoras, pero eso no quita de que seamos capaces de analizar dos orientaciones básicas en la vida de las personas, que determinan su modo de existencia, su personalidad, sus angustias y posibilidades de realización. Lo prudente, es navegar a favor de la corriente y al mismo tiempo, procurar que no te arrastre-esclavice tanto que te haga perder el control de tu vida y de tu libertad.
©JAS2012