martes, 5 de septiembre de 2017

El Estado del Bienestar: un bello recuerdo

Cuando finalizó la II GM en todos los países occidentales-capitalistas se puso en marcha el Welfare State (Estado del Bienestar). 

Su finalidad era tranquilizar al trabajador para que se supiese protegido en la enfermedad, en la vejez, en el cuidado de sus hijos y en los puntuales momentos de desempleo. Además, las subidas salariales solían estar indexadas a la inflación y se podían pagar gracias a una demanda de trabajo que no cesaba de aumentar.
Los trabajadores tenían que estar tranquilos y trabajar, consumir, pagar impuestos, y reproducirse. Las consignas que llegaban del bloque comunista tenían poco que hacer en ese oasis de bienestar y prosperidad.
Se desarrolló una clase media-media que incorporó paulatinamente a más gentes de estratos sociales más bajos. Por encima de ella el 1% y por encima de estos el omnipotente 0,1%. Todo garantizado por un Estado que sabía lo que tenía que hacer para financiar el mecanismo con unos impuestos crecientes que absolutamente nadie discutía. 
Este sistema funcionó como un reloj suizo hasta la década de los 80. A partir de ahí, lenta, pero imparablemente fue declinando hasta llegar a la situación actual acelerada desde el 2010 cuando se produjo el crash de la actual crisis. 
Hoy el trabajo es una mercancía más cuyo precio tiende a la baja debido a que su demanda es decreciente. Una commoditie importable y exportable que debe tener flexibilidad total para poder ser usada según necesidad de forma que se pueda prescindir de ella según conveniencia. Las “reformas” que van en esa dirección comenzaron con el Gobierno Thatcher a principios de los 80 y siguieron Schröder con su “Agenda 2010”, España con sus Reformas Laborales, y últimamente Macron en Francia con sus ajustes. Todo orientado hacia un solo punto: la reducción del desempleo, un desempleo que hay que resolver y que antes no existía. 
Hoy, en cuanto a “elemento productivo”, no existe prácticamente ninguna diferencia entre el cobre, la madera, el petróleo o el trabajo. El trabajo lo aportan personas y el cobre se extrae de las minas, pero si pensamos en términos de disponibilidad, no. La tendencia apunta hacia el “uso según necesidad” en una atmósfera de exceso de oferta, luego, ¿para que preocuparse de cosas como la redistribución de la renta, la reducción de la desigualdad, el salario digno, la protección del trabajador y cosas por el estilo si la oferta no va cesar de aumentar a medida que la tecnología vaya sustituyendo al trabajo y si, además, las revoluciones ya no están de moda?.
El tiempo del factor trabajo pasó, y el de las personas que no aporten un “estratosférico valor añadido” con su trabajo también. Existe un exceso de población activa, pero a la vez los recursos son escasos y la población inactiva consume recursos pero no los repone; en ninguna parte. Si piensan que estoy pensando en esa Nueva Normalidad en la que la Renta Básica Universal, la marihuana legal y el ocio gratis por Internet se hallen estandarizados, aciertan, pero ya estoy pensando en que dentro de muy poco eso ya no será suficiente. Y… ¿entonces que?.

sábado, 2 de septiembre de 2017

La mala educación

Cuando era pequeño siempre me dijeron que comportarse educadamente cuesta bien poco. No se si los padres actuales se lo siguen enseñando a sus hijos, si practican con el ejemplo y si ellos les hacen caso. Lo que si veo cada día es tal serie de atropellos al “respeto a los demás” que empiezo a echar de menos aquellas clases de urbanidad que los jovencitos del siglo pasado aborrecíamos cuando las recibíamos: desde criaturas gritonas que exigen lo que consideran suyo con un despotismo alarmante, a conductores que, con tal de ganar cinco metros, serían capaces de llevarse por delante a una anciana empujando un carrito de bebé. 
Hay muchos ejemplos de mala educación que vivimos a diario y que asumimos como naturales. Tal vez sean naturales, pero ¿son deseables para fomentar el respeto interpersonal?
- ¿Es mejor “pedir las cosas por favor” o gritar “¡quiero xxxx!”?.
- ¿Es mejor “dar las gracias tras recibir algo” o no decir nada como si fuera lo más natural?.
- ¿Es mejor responder a un “saludo” con otro "Hola" o "Buenos días"o pasar del otro?
- ¿Es normal que te empujen y ni siquiera se disculpen?.
- ¿Es normal no aguantar la puerta del ascensor/portal/comercio cuando va a entrar una persona con movilidad reducida?.
- ¿Es deseable que en un paso de peatones no pare nadie, ni coches ni peatones?.
- ¿Es admisible que se salgan con la suya los que tienen menos responsabilidad?
- ¿Es admisible entrar y salir mientras se proyecta la película o hablar en voz alta dificultando seguir los diálogos? 
Seguro que conocen a algún “nomofóbico” que no se separa del móvil ni para ir al baño. ¿Se han fijado que estas personas interrumpen con asiduidad las citas con familiares o amigos para contestar a una llamada telefónica, independientemente de que sea importante o no? ¿Lo consideran un signo de mala educación?
Cada vez más gente camina por la calle mirando el móvil, leyendo o contestando WhatsApp. Por supuesto no piensan en si molestan a los demás y caminan absortos en lo suyo,  esperando que los transeúntes que van en dirección contraria se apartarán antes de chocar con ellos. 
¿Se han fijado en el volumen cada vez más alto de las melodías de llamada y el elevado tono de voz empleado durante las conversaciones telefónicas en público?.
Las numerosas aplicaciones de los smartphones con conexión a internet distraen de la actividad que se está haciendo e impide interactuar con los demás. Estar jugueteando con el móvil se convierte en un desprecio y una falta de respeto hacia la persona que nos atiende cuando se está pagando en una tienda; o cuando un camarero nos atiende y se hace caso omiso de lo que nos explica. No digamos si esto se hace durante un encuentro familiar, dificultando o impidiendo cualquier tipo de diálogo.
Probablemente nadie se reconoce personalmente haciendo estas cosas, pero seguro que nos ha pasado más de una vez y nos ha sentado mal cuando alguien nos ha tratado así.
¿Se os ocurren más ejemplos de “mala educación” o sois de los que pensáis que esto de la buena educación, la urbanidad y el protocolo es algo totalmente pasado de moda?

miércoles, 30 de agosto de 2017

Mareados y despistados, pero repitan: ¡España va bien!

España tiene una tasa de paro del 17,2% y casi dos millones de puestos de trabajo menos que en 2007. Por eso, el Ministerio de Economía priorizará la creación de empleo y “normalizar” el comportamiento de los salarios. La traducción de esta ambigua expresión supone frenar las subidas de salarios. Partiendo de la contabilidad nacional elaborada por el INE, dicen que la remuneración salarial medida en términos reales, descontada la inflación, ya ha recuperado el nivel de 2007: un promedio de 34.280,5 euros al año hace una década, frente a los 35.109,2 actuales, que suponen una ganancia de 2,4 puntos de poder adquisitivo. Aunque esta última cantidad todavía está lejos de los 36.841,9 euros que se marcaron en 2009, antes de que los salarios reaccionaran a la crisis que había comenzado un año antes.
La encuesta trimestral de coste laboral muestra una reducción de poder adquisitivo de 2,5 puntos respecto a 2007 e, incluso, un retroceso de 2016 respecto a 2015, años ambos en que la economía y el empleo han crecido a velocidad de crucero. Y en la misma contabilidad nacional, el peso de las rentas salariales ha perdido dos puntos en una década, de suponer el 49% del producto interior bruto al 47%. 
Según Guindos, la crisis llevó a una moderación salarial con el objetivo era parar la destrucción de empleo. Ahora es el turno de la normalización de los salarios y en aquellos sectores en que las cosas vayan bien, los sueldos pueden subir más que allí donde las empresas todavía tienen problemas.
Guindos (Economía) habla de “normalización” sin fijar cifras o aclarar si esto supone subidas medias por encima de los precios; Fátima Bañez (Empleo) dejó claro en julio que un incremento con una banda entre el 1,2% y el 2,5% para 2017 le agradaba.
Estas son las declaraciones ambiguas de los responsables políticos, pero los que realmente crean empleo productivo son las empresas y hay que tener en cuenta que en España se están dando tres fenómenos que se dieron diferidamente en el tiempo:
1) La entrada en falso en el euro: nunca jamás España debió haber entrado en el euro ni cuando entró ni como entró. A España se la metió en el euro porque le convino al capital y a la banca del Área del Marco, pero España (al igual que el resto de los PIIGS) no tenía el nivel de productividad suficiente para hacer frente a una moneda única. Parte de desempleo estructural y del derrumbe salarial actual son consecuencia de aquella entrada que muy pocos denunciaron en su momento.
2) La entrada masiva y sin control de una inmigración que en la mayoría de casos sirvió para rebajar costes laborales y que en numerosos casos fue explotada sin que casi nadie denunciara nada. Parte del desempleo actual se debe la fracción de aquella inmigración que no ha regresado a sus países de origen y que hoy se halla desempleada.
3) La crisis que, aunque está afectando a todo el planeta, en proporción afecta más a las economías que menos preparadas se hallaban para hacerle frente. La española, desde el siglo XVIII, con un modelo productivo basado en el bajo valor añadido, con una elevada estacionalidad, con una dependencia exterior enorme, y con una productividad que solo mejora a base de recortar plantillas.
Los políticos, que jamás hablan de Historia, están vendiendo otra cosa, entre otras razones porque saben que una gran parte de la ciudadanía tiene poco, o nada, donde escoger.
Desde la restauración que puso fin a la I República, gobiernos y políticos españoles se empeñan en proclamar, adecuando el discurso a cada momento, que las cosas en España van bien y que mejor van a ir. Luego, cuando la realidad ha mostrado otra cosa, se disimula o se aprovecha cualquier suceso para desviar la atención del currito de a pie que se distrae poniendo velas y flores o asistiendo a manifestaciones aprovechadas por los políticos para desviar la atención y repetir que ya pasó la crisis y solo tenemos alguna dificultad que nos viene de fuera.
Como en todos los países en España entramos en una Nueva Normalidad en la que la desigualdad, la pérdida de importancia del factor trabajo, la tendencia hacia los oligopolios y una deuda creciente e impagable, ya han empezado a ser la norma, solo que en España las cosas van a ser peor debido al enorme atraso tecnológico español y al elevadísimo exceso de oferta de trabajo existente.
Los políticos dirán lo que quieran y la ciudadanía volverá a votar lo que considere conveniente. Y por enésima vez, las ¿soluciones? nos vendrán dadas desde fuera, como pasó con el euro. Y aquí, al final, calladitos y con buena letra a hacer lo que nos digan. Como siempre.
Eso sí, la última palabra, en mi casa, la sigo teniendo yo…

domingo, 27 de agosto de 2017

“Si lo hubieses pedido…” ¿Por qué rogar por algo tan sencillo?

¿Han pasado por situaciones en que alguien les ha hecho rogar por algo bien sencillo? "Si lo hubieses pedido..."

Este comportamiento es propio de los entornos donde coordinación es solo un término políticamente correcto por "mando”. Así se muestra jerarquía y dominio. Como sucedía en el medioevo, entre señor y vasallo, con este proceder se ofrece una cierta seguridad a cambio de menor libertad y si no se accede al trato…, aumenta el riesgo de atentados y otros efectos graves.
Los últimos acontecimientos en Barcelona han demostrado que el Estado ofrece seguridad a los que están dispuestos a limitar sus aspiraciones de libertad. Por eso, no entra en la lógica institucional española proporcionar "gratis" información sensible a aquellos cuerpos policiales que no controla (aunque a niveles intermedios, afortunadamente, hay cooperación, pues su aproximación es profesional).
Eurocop, el principal sindicato europeo de policía, advirtió que la exclusión de los Mossos perjudica la seguridad de la misma Europol y en toda Europa; y dejó claro que la decisión está estrictamente en manos del Gobierno español, que concede el beneplácito a la Policía autónoma vasca (a cambio de que PNV ayudara a aprobar sus presupuestos) y niega ese mismo nivel de participación en Europol a la Policía autónoma catalana (Mossos). 
¿Se han percatado que las instituciones centrales, y sus portavoces en los medios, viven esta aparente contradicción con absoluta naturalidad? Es que… para ellos no existe.
¿Se han preguntado porque los vascos y navarros no son percibidos como egoístas, a pesar de ser los más ricos y no aportar nada a la solidaridad española, y a los catalanes nos perciben como egoístas e insolidarios a pesar de nuestra gran aportación a ls arcas del Estado?. Una explicación podría ser que la tesis que se ha publicitado duntante decenios, desde ciertas esferas centralistas, es que la inmensa mayoría de los vascos son connacionales (y, por lo tanto, de fiar) y en cambio, demasiados catalanes (no todos) son extranacionales —aunque no se pueda reconocer institucionalmente— (por lo tanto, no somos de fiar). Así se puede convivir perfectamente con la contradicción que supone dejar fuera a los Mossos y seguir aumentando el riesgo para nuestra seguridad...
Si se hubiera incluido a los Mossos en la Europol, si los cuerpos de seguridad españoles hubieran compartido información sobre el Imam de Ripoll y su vinculación terrorista, si el juez hubiera ejecutado su orden de extradición, si la policía no hubiera advertido hace un tiempo a una célula terrorista que estaban siendo vigilados por los Mossos, seguramente, también se hubieran evitado los atentados, pero claro, todo esto no sirve a los propósitos de la propaganda centralista… Que falta de empatía (¿maldad?) ¡que pena!
Aún así, teniendo todo esto en cuenta, los actuación conocida de los Mossos, y de algunas policiales locales, ha podido calificarse con buena nota y eso ha indignado visiblemente a los medios simpatizantes del poder central, que han intentado desacreditarla o al menos diluirla.
No sé si un “Estado propio” para Catalunya tendrá más cuidado en no mercadear con nuestra seguridad (nadie puede afirmar nada del futuro), lo que si se puede es valorar lo que se conoce de lo que ha pasado, e intentar que no se nos confunda con argumentos insidiosos, postverdades fabricadas a medida y falsas informaciones, a veces incluso calumnias.
El PP y el “bunker de la Corte” utilizaron hasta el último momento el terrorismo de ETA como un motivo para reunir la opinión pública española entorno del españolismo centralista, que tuvo un momento estelar después de los atentados en los trenes de Madrid. ¿Lo recuerdan? En ese momento apareció inmediatamente la lucha sectaria y el gobierno del PP acusó falsamente a ETA. Cabeceras de prensa, todo el PP y el propio Rajoy en el Congreso mantuvieron la acusación a los socialistas de haberse beneficiado del atentado. Muchos de los que entonces actuaron así, hoy son los que mandan y gobiernan, y es lógico que actúen según su naturaleza. El PP y la caverna, las cabeceras de prensa de Madrid y los canales de televisión estatales, desde el día siguiente de los atentados, siguen la misma estrategia porque son una máquina destructiva con su propia inercia. En el momento del atentado en Madrid quedaba alguna empresa mediática que era hostil al PP, pero ahora ya no hay ninguna, parecen estar todos de acuerdo. Los medios de comunicación madrileño-españoles, con algunas excepciones digitales, hace tiempo que han desconectado de Cataluña. Estos medios que intoxican en lugar de informar. Obviando interesadamente el contexto de los hechos, son armas políticas y no pretenden la verdad sino ensuciar todas las instituciones catalanas. En este contexto es de lo más lógico entender el alto nivel de desinformación y de “opinión tendenciosa en contra de los locos independentistas catalanes” que existe en toda España.
Rajoy compareció incómodo, descolocado y fuera de lugar cuando viajó a Barcelona; y se vio más que nunca en un lugar donde no tenía ninguna autoridad. Su delegado, el sr. Millo, tuvo que desmentir las tremendas acusaciones a los Mossos hechas por sindicatos policiales españoles atacados de los nervios e intoxicados de centralismo, y todas las autoridades estatales, cuando vienen a Catalunya, en lugar de reunirse con los representantes de la Generalitat, se reúnen solo con representantes de los ¿“partidos amigos de conveniencia”?, en la delegación del Gobierno -confundiendo gobierno con partidos políticos afines—; como si ese enclave no fuera de todos y para todos los catalanes. 
Los que estiman y defienden a Catalunya y a sus habitantes debemos tener en cuenta este contexto. No tenemos que responder a los disparos de basura venenosa con “y tu más”. No debemos perder de vista el contexto español, en el que el PP y su entorno ideológico, institucional y mediático han conseguido que el conjunto de la población haya aceptado implícitamente la corrupción y la mentira como algo normal. En ningún país verdaderamente democrático un partido que miente cada día de una manera tan evidente quedaría impune, en ningún país verdaderamente democrático tendría tanto apoyo electoral como el que conserva el PP ni una oposición tan débil e incapaz de ofrecer una alternativa. En ningún país verdaderamente democrático una justicia independiente habría otorgado esta impunidad al robo y la corrupción. Parece que los españoles formamos una sociedad tan débil que no es capaz de vencer a los que nos degradan y nos arruinan. Me limito a constatarlo y muy a pesar mío, no veo alternativa a corto plazo.
Si todo esto no hubiera sido así, tal vez no estaríamos viviendo lo que estamos viviendo y no hubiera sido necesario que hubieran surgido ciertas formaciones políticas, que no gustan demasiado a las personas moderadas de las clases medias cada vez más “bajas”. Pero ha sido así y el único camino que tiene la sociedad catalana es seguir defendiendo sus intereses y su opinión sin rebajarse a luchar en la piscina de barro, que es donde la esperan expertos luchadores con experiencia y con poderosos medios para ayudarles en su trabajo. La revolución democrática catalana no insulta ni debería agredir a nadie, aunque debería seguir siendo firme en la defensa de nuestros derechos (también de los que no piensan así), como constante en el recordatorio de los deberes que tenemos todos para con nuestros vecinos.

jueves, 24 de agosto de 2017

Vuelta a la normalidad

Pasado el shock del atentado de Barcelona, las aguas vuelven paulatinamente a su cauce y nos encontramos con que los problemas siguen estando ahí, esperando ser resueltos. Los habíamos aparcado momentáneamente para relamernos las heridas emocionales de un suceso luctuoso, pero los problemas no desaparecen si nadie se ocupa ni trabaja por resolverlos.
Cada crisis sistémica produce cambios irreversibles que implican modificaciones sociales radicales; la Gran Depresión supuso el fin de la familia compacta y el paso a la familia dispersa; la crisis del 2007 va a suponer el fin de la búsqueda del igualitarismo y del crecimiento generalizado.

Es cierto que en el PIB de España es mayor que el de 2015 y que hoy hay más personas trabajando, pero esos millones de PIB han ido a parar a lugares muy concretos: hoy, con respecto al 2007, se han volatilizado en España 35 000 millones de su masa salarial; y ese trabajo tiene una estructura sustentada en la precariedad: de cada tres contratos de trabajo firmados en Mayo, uno tuvo una duración de quince días o menos.
El gobierno está optimista porque el PIB es más alto y más personas trabajan. Esa forma de medir supone cambiar de patrón asumir que la desigualdad y la pobreza de muchos trabajadores es aceptable.
El problema no reside en lo que tienen “los de arriba” sino en “lo que NO tienen los de abajo”: en España 3,3 millones de trabajadores tienen unos ingresos menores que el salario mínimo porque están trabajando menos de la jornada máxima legal. Las razones habría que preguntárselas a todos los subempleados, porque cada uno tiene las suyas: unos porque no encuentran trabajo a tiempo completo, otros porque así pueden obtener unos ingresos sin desatender sus cargas familiares, también hay quien piensa que si aceptan un trabajo remunerado “en blanco” perderán las numerosas (en número, tal vez no en cantidad) ayudas que reciben del Estado y de organizaciones benéficas, etc. 
España se está “recuperando” porque su competitividad aumenta a base de precarizar el empleo y subremunerarlo. La clase media, de la que siempre se dice que es sustento de la democracia y también de un crecimiento sostenible, cada vez tiene menos parte del "pastel" de la riqueza, una tendencia que además se repite en todo el mundo.
¿Son los empresarios españoles los más sádicos del orbe mundial? No creo. Más bien creo que una gran parte de la economía española —exportaciones y turismo son el 99%—, no tiene otra forma de lograr ser competitiva más que trapicheando, contratando y pagando lo mínimo en blanco y pagando los menos impuestos posibles.
El consumo interno, está creciendo porqué las familias están dejando de ahorrar. Parece que tenían mono de gasto y cuando el Gobierno ha dicho que ya salíamos de la crisis, se han soltado la melena, se han ido de vacaciones, han empezado otra vez a pedir préstamos y a gastar. 
En Europa parece que la frontera de desempleados ha subido hacia el 10% y el subempleo hacia el 18%. El factor trabajo es cada vez menos necesario y por tanto, con los sindicatos desaparecidos, nadie (ni gobierno ni empresarios) se siente motivado a cuidarlo. La Industria 4.0 y toda su galaxia sustentada en las grandes corporaciones, se expande ayudada por una política fiscal favorable y sin un poder sindical que contrarreste nada.
Nunca he visto que la dinámica histórica retroceda a tiempos pasados. No creo que volvamos al 2005 y menos a los años 70 del siglo pasado, cuando las expectativas individuales se creían ilimitadas; por ello es preciso paliar las consecuencias y poner a punto enseguida una RBU-Renta Básica Universal —mínima y para todos igual para evitar suspicacias y agravios—, nada que ver con el microcosmos de “ayudas para unos pocos” (subvenciones, subsidios, oportunidades de negocio, etc.) que son totalmente injustas y discriminatorias; y que los políticos se empeñan en mantener para asegurarse un voto cautivo y clientelar que les permita seguir manejando los hilos al servicio de las grandes corporaciones.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Reflexiones sobre el terrorismo y el buenismo

El terrorismo golpeó el corazón de la ciudad de Barcelona, cosmopolita, abierta, acogedora y libre. El terrorista golpeó a cientos de personas inocentes que paseaban por el siempre transitado paseo barcelonés. Barcelona ha sido estos días portada en todos los medios del mundo. Muchos jefes de gobierno, alcaldes y personajes públicos de todos los continentes han mandado notas y hecho declaraciones en apoyo al pueblo catalán y español sobre lo que ha ocurrido en el lugar más emblemático de la capital catalana. Muchos políticos españoles y algunos representantes de otros países cercanos han volado a Barcelona rápidamente, se han hecho la foto y han lanzado sus discursos dirigidos principalmente a “los suyos”.
Conscientes de la existencia del peligro terrorista en nuestro país, los Mossos han detenido a muchos sospechosos y su acción ha sido intensa en los últimos años. Barcelona siempre ha sido una ciudad acogedora en la que se hablan cientos de lenguas y conviven etnias de diferente procedencia. El respeto mutuo siempre ha sido correcto y por ello es previsible que el espíritu cívico de Barcelona sobreviva. Ojalá que entre todos no tensemos demasiado la cuerda.
En un informe de 2007 filtrado por Wikileaks, el embajador de EEUU en España, Eduardo Aguirre, dijo: “las autoridades españolas y norteamericanas han identificado Cataluña como el mayor centro mediterráneo de actividad de radicales islamista”. Hace años que estamos en “Nivel 4 de alerta antiterrorista”.
La mayoría no somos conscientes de lo que esto significa para nuestra sociedad, para nuestro sistema de vida y para nuestra propia vida. Vivimos totalmente ajenos al riesgo que tenemos encima. Esconder la cabeza debajo del ala puede ser bueno para los avestruces, pero no para los humanos. En este contexto muchos se empiezan a preguntar abiertamente si existen vías buenistas contra el terror.
El Estado Islámico (EI), no solo adoptó el terrorismo en la casa del enemigo como otro frente de guerra, sino que le dio un giro propagandístico. Idearon eslóganes emocionales y bélicos tan efectivos como descriptivos: “Si no puedes encontrar explosivos o munición, arrincona al infiel estadounidense, francés o de cualquiera de sus aliados. Aplasta su cabeza con una roca, mátalo con un cuchillo, arróllalo con tu automóvil, arrójalo desde un lugar elevado, estrangúlalo o envenénalo”. Estos mensajes no eran solo para los suyos, sino para que fueran conocidos por los occidentales y nos infundieran terror. Los horrores de la guerra en Oriente Medio llegan a Occidente en píldoras televisivas, y nosotros (espectadores) los solemos asumir como parte de la programación. No sabemos exactamente las causas, ni los porqués, ni los beneficiados de los atentados. Lo que si sabemos es quienes son los perjudicados: las personas buenas de allí y de aquí. Todo toma un cariz muy distinto cuando somos conscientes de que los muertos podemos ser nosotros mismos, porque sólo el azar impidió que estuviéramos en el sitio donde se vivió el terror aquella tarde. Sólo la suerte o la incompetencia, de esos aprendices de terrorista que cometieron el atentado, hizo que no hubiera muchos más muertos y heridos.
Los medios de comunicación nos tienen anestesiados y con el tiempo han conseguido que un solo atentado y una cuchillada en nuestra ciudad haya tenido, para nosotros, muchísima más repercusión que miles de atentados, bombas y cuchilladas en los desiertos sirios. Nosotros todavía no somos conscientes de que estamos en guerra, porqué entendemos la guerra como se entendía a principios del siglo XX; pero ya no es así. Ya no vamos personalmente a la guerra, vemos trailers de la misma por televisión y nos afectan en proporción inversa a la distancia que separa el suceso de nuestro domicilio, como si viéramos un espectáculo de ficción. Todo cambia cuando los terroristas vienen hasta nuestras calles a darnos la guerra. Como no han podido cambiar la mentalidad de las potencias occidentales ganándoles en Oriente Medio, decidieron venir hasta nuestras casas para cambiar nuestro sistema de vida. La del pueblo llano, porque las grandes potencias y sus mandamases siguen bien protegidos en sus mansiones protegidos especialmente por sus equipos de seguridad. El asesinato masivo o indiscriminado de ciudadanos de a pie lo consideran “lucha armada”. ¿Les suenan esta dos palabras? 
Al mismo tiempo que maquinan cruentos asesinatos y convencen a quienes pueden para que los ejecuten, utilizan estrategias para conquistar a la opinión pública a través de la propaganda, empezando por las “líneas débiles” —aquellas donde los occidentales desarrollamos nuestra vida social, laboral y de ocio— donde nos divertimos y relacionamos aparentemente protegidos por las aparentes murallas de nuestra sociedad del bienestar, consumista y hedonista. Los estrategas terroristas tratan de convertir nuestros sitios de confort en lugares de terror y que las libertades que nosotros hemos conseguido, como la de circulación libre de las personas, se conviertan en actividades cotidianas de riesgo.
Los terroristas que perpetran los atentados no tienen que ser necesariamente musulmanes llegados de Oriente Medio para cometer un asesinato, no tienen porque ser excombatientes, sino que puede ser cualquier islamista instalado en Occidente desde hace décadas, o nacido aquí. Alguien que ha ido a nuestras escuelas, que ha sido atendido por nuestros servicios de salud, que ha disfrutado de todos los derechos que solidariamente les hemos concedido, puede convertirse en nuestro potencial asesino. Sabiendo esto, es normal que cada vez más personas sientan miedo cuando ven ciertos comportamientos de “reafirmación de la cultura musulmana” en nuestro país y en occidente. Cada vez hay más la sensación de que este colectivo no quiere integrarse en nuestra sociedad sino que quiere mantener totalmente su cultura en nuestro territorio y cambiar nuestra forma de vida. Aumenta nuestra desconfianza e intranquilidad con solo ver cerca a una persona vestida con atuendos musulmanes. ¿Porqué no nos sucede lo mismo con otras comunidades de inmigrantes: ni con los sudamericanos, ni con los chinos, ni con los subsaharianos, etc.? ¿Porqué será?. Tienen mucho que ver el comportamiento que muestra cada uno de estos colectivos para con el resto de ciudadanos.
Una parte de los occidentales dirán que esas personas asesinaron o planearon atentados porque eran unos inadaptados, porque no recibieron un trabajo ni una educación suficientes. O algo peor: porque estaban locos. La pedagoga que trabajó con los jóvenes terroristas que atentaron en Barcelona y planificaban algo muchísimo más cruento de lo que realmente sucedió, no entiende nada. Es muy complicado y supongo que por ello todos los que están relacionados con colectivos de riesgo tienen que estar muy atentos y redoblar esfuerzos. Los profesores deberían tener un referente musulmán a quien hacer preguntas, a quien le puedan consultar qué hacer con un niño cuando tiene una actitud preocupante de odio o alejamiento de lo occidental, cuando se aísla y deja de participar en actividades y deja de sentirse parte de la sociedad catalana y occidental, cuando habla de los catalanes como “los otros”, siendo el mismo catalán y por tanto debería sentirse como tal. Saber donde has nacido es fácil. Otra cosa es saber responder sin dudas ¿de donde eres? ¿De donde te sientes?. La respuesta debería coincidir con donde vives, trabajas, formas tu familia, etc., porque un día decidiste voluntariamente hacer todo esto aquí y no en el lugar donde naciste. Máxime cuando tienes total libertad para regresar en cuanto quieras y no tendrás ninguna coacción de nadie para que puedas hacerlo cuando no te sientas bien donde has intentado mejorar tu vida. La buena integración debe ser de convivencia, de sentir la cultura como propia, de sentirse parte de la sociedad, y si uno no siente así en el lugar donde vive, no debería seguir viviendo en ese lugar. Hay musulmanes de segunda generación que han nacido aquí y por tanto son catalanes y no inmigrantes puntuales (que han venido a trabajar momentáneamente gastando lo mínimo y enviando la mayor parte del dinero a sus familias que siguen en su país, con la idea de para volver en cuanto puedan). Esos catalanes de religión musulmana no toleran la islamofobia porqué no dan ningún motivo para ello: Han nacido, crecido, estudiado aquí, trabajan o montan sus negocios aquí y se siente integrantes de esta sociedad como cualquier otro catalán. La única diferencia que hay es la creencia, la religión, pero no hay ninguna diferencia de identidad o diferencias culturales que impidan la convivencia pacífica. Otra cosa son los que no se sienten de aquí ni pretenden integrarse lo más mínimo, pero si se benefician de todos lo servicios y ayudas que les brinda nuestra sociedad, al tiempo que pretenden cambiar el modo de vida que democráticamente nos hemos dado porqué no les gusta… Lo que no les podemos disculpar es que se radicalicen porque "otro musulmán perverso" les radicalice. Porque el causante no solo es el radicalizador, también tienen mucho que ver el radicalizado y su entorno que permite estas actitudes.
Es muy fácil decir que el asesino actúa como lo hace por carencias de nuestro sistema educativo o de colocación laboral. Los terroristas conocen esta dialéctica de algunos occidentales, tan falsa y que tanto daño nos hace. ¿Alguna vez ha pasado lo mismo con todos los inmigrantes que han venido a Catalunya en los últimos 100 años?. Inmigrantes, por ejemplo después de la Guerra Civil, que tuvieron que pasar penalidades, que vinieron sin trabajo, sin vivienda, sin servicios ni ayudas sociales, sin escuelas, sin pagas del gobierno, sin nada de nada. Vinieron en unas condiciones muchísimo peores que los inmigrantes actuales. Sólo con sus manos se construyeron una chabola en guetos de los suburbios de la ciudad, y trabajaron muy duro para empezar una nueva vida y progresar poco a poco. ¿Nadie se acuerda de eso?. Aún así, con todas las penalidades que hubieron de pasar, no hubo ni un solo atentado. Ni un solo terrorista entre toda esa gente.
Los estrategas terroristas intentan crear en nosotros (nos consideran sus enemigos) un miedo a vivir de tal magnitud que nos empuje a ceder, a bajar los brazos, y si no, que al menos introduzca el debate y la división sobre la unidad de acción sobre como protegernos de sus ataques. Y lo consiguen, muchos occidentales disculpan a los terroristas y a los que les dan apoyo, directa o indirectamente, y aseguran que lo hacen por culpa de Occidente.
Por ejemplo, nadie habla por TV ni en las redes sociales del “Fondo de los Mártires” a cargo de la Autoridad Nacional Palestina, que ha existido desde la OLP de Arafat, y que ahora se llama Ley de Prisioneros (2010). En septiembre de 2015, Mahmud Abás dijo: “Damos la bienvenida a cada gota de sangre derramada en Jerusalén”. En su fe, cada mártir va al paraíso, pero también recibe su recompensa económica. Según los datos oficiales hay unos 5.500 terroristas que reciben un salario de entre 600 a 3.000 €, que supone unos 140 millones de € al año. Ese gasto podría usarlo la ANP para crear riqueza o empleo en Palestina, pero lo dedica a apoyar terroristas.
En la conquista de esa nueva hegemonía emocional, al estilo de Gramsci, utilizan todos los mecanismos que nuestra sociedad abierta les ofrece. El multiculturalismo es clave en esta cuestión: el “buenismo” permite el paso, organización y acción de los terroristas y de los inductores. Es más; al tiempo que se acoge a inmigrantes y refugiados islámicos (que no islamistas), el occidental multiculturalista induce a la disolución de nuestras costumbres para ser acogedor. De eso se aprovecha el islamista (que no islámico), constituyendo una auténtica Quinta Columna.
Los terroristas consideran que están en guerra (lucha armada). Sin embargo, aquí que estamos en Alerta nivel 4, parece que nadie es consciente de ello. Si no, ¿cómo es posible que en un lugar paradigmático del turismo multicultural, como las Ramblas de Barcelona, no hubiera ni un solo policía ni medida de seguridad en más de medio kilómetro, velando por la seguridad de los ciudadanos?. Esto se agrava en que, por motivos políticos, no hay verdadera colaboración entre cuerpos policiales que tienen competencias en los diferentes territorios del Estado español. Si no hay unidad a la hora de atajar el problema terrorista, los resultados no son lo eficientes que podrían ser.
La “vía buenista” supone implementar programas de integración de los musulmanes rebajando las costumbres occidentales para fomentar el multiculturalismo, pedir perdón por la actuación de las potencias en Oriente Medio desde las Cruzadas, y retirarse de las zonas en conflicto. El “buenista” considera que el terrorismo es la respuesta al neoliberalismo y la globalización capitalista que explota a pueblos tercermundistas. Hay algunos que incluso piden que Israel desaparezca para apaciguar el conflicto, sin considerar que para ellos no es una cuestión de territorio, sino de dominación religiosa dentro y también fuera de su territorio.
Hay quien piensa en actuaciones más realistas, sin paternalismos ni complejos. Pensamos que es preciso cortar las fuentes de financiación que permiten la organización y el desarrollo de los terroristas, y que es imprescindible que las policías mundiales de todos los países democráticos se coordinen, al menos en casos de terrorismo, drogas, etc. Es una pena que el Gobierno español no haya incluido a los Mossos en la Europol. Es una pena que los cuerpos de seguridad dependientes del Gobierno español no hubieran compartido información con los Mossos sobre el Imam de Ripoll, sus antecedentes penales y su vinculación terrorista. Es una pena que el juez no hubiera ejecutado su orden de extradición. Es una pena que la Policía Nacional advirtiera hace un tiempo a una célula terrorista que estaban siendo vigilados por los Mossos. Es una pena tanta mezquindad y falta de colaboración en tantos temas que afectan al bienestar e incluso a la vida de los ciudadanos.
Algunos aconsejan no ser ingenuos y ejercer el control del paso-estancia de inmigrantes y refugiados, tender alianzas con los gobiernos de Oriente Medio, y contar con la colaboración real de las comunidades islámicas que viven pacíficamente entre nosotros. Muy importante este último punto, cuya sola mención pone nervioso a más de uno, y no entiendo porque, ya que la lealtad, confianza y ayuda para perseguir a los malhechores tendría que ser normal entre conciudadanos de buena fe.
No me atrevo a opinar sobre política internacional porqué me faltan conocimientos. No me atrevo a opinar sobre lo que sucede en los países de Oriente Medio ni en los de religión musulmana porque me faltan datos reales sobre el tema. Pienso que los receptores del terror que nos causan estos terroristas, sus organizaciones y los que las financian, somos los que menor responsabilidad tenemos en que actúen así sobre nosotros. Tampoco tienen culpa los musulmanes de buena fe ni la mayoría de los inmigrantes que han conseguido huir del terror de esta gente en sus tierras. Pero a ellos los hemos acogido en la nuestra tierra y les hemos facilitado medios para que se adapten y consigan un nivel de vida muchísimo mejor que el que tenían en sus territorios. Y eso se lo hemos posibilitado solidariamente nosotros, nuestros padres, abuelos y bisabuelos, que junto con sus vecinos ayudaron a formar la sociedad en la que los hemos acogido. No encontraron nada hecho, lo lograron con su trabajo, su sacrificio, con sus decisiones e inversiones, eligieron este sistema de vida para ellos y se lo legaron a sus descendientes. Nosotros lo podemos disfrutar gracias a su esfuerzo. Lo consiguieron ellos y los inmigrantes deberían respetarlo, valorarlo y reconocer que por nuestra solidaridad han conseguido mejorar su vida respecto a la que hubieran tenido en sus países. Y nadie tiene que avergonzarse ni siquiera ruborizarse por recordar esta verdad a quienes piensan que las cosas que tenemos, las tenemos por “suerte”. Aquí, también hemos sufrido guerras, destrucción y represalias, epidemias, dictadores, etc. pero hemos conseguido superarlo y llegar a tener una sociedad con un cierto bienestar. Aquellos de nosotros que emigraron a otros países, en los tiempos difíciles, trabajamos, ahorramos y unos se integraron en la sociedad que los acogió y agrandaron allí sus familias, y otros volvieron a nuestro país y lo mejoraron. Mientras estuvieron en los países que los acogieron, no mataron a nadie ni intentaron causar terror, ni robaron, ni acusaron a nadie de no poder integrarse. ¿Alguien no ve la diferencia, o no quiere verla?. 
Cuando se habla de bondad, de solidaridad, de todos iguales ante la ley, debe huirse de la doble moral que, mientras alimenta poses, pancartas, declaraciones, portadas de periódicos y tertulias televisivas, sólo pide “derechos” para los “pobres desprotegidos que se ven forzados a huir de sus países por culpa de los malvados gobiernos occidentales” y sólo “deberes” para los ciudadanos occidentales que deben redimir las culpas de sus malvados gobiernos, ofreciendo toda clase de ayudas —que se niegan a muchos autóctonos— a los “bienvenidos” para que se sientan cómodos, protegidos y a gusto entre nosotros. Basta con que miren a su alrededor y no harán falta más explicaciones para entender lo que les digo. Las redes van llenas de mensajes que piden “igualdad para todos” y no hace falta indagar mucho para comprobar que no se cumple y que hay discriminación por todas partes. Hay discriminación tanto negativa como positiva y ninguna de ellas fomenta la igualdad.
La solidaridad para ayudar a personas que atraviesan por guerras, hambrunas, toques de queda, desastres naturales y otras condiciones extremas es uno de los valores humanos mas importantes. No es obligatorio practicarla, pero todos deberíamos aceptar este compromiso moral para ser capaces de ayudar a alguien en situación de riesgo o necesidad extrema. La solidaridad es tan importante que representa la base de muchos valores humanos como la amistad, el compañerismo, la lealtad, el honor y nos permite sentirnos unidos sentimentalmente a esas personas a las que les brindamos apoyo y por supuesto es lógico que ese sentimiento sea recíproco, porque de biennacidos es ser agradecidos. Este reconocimiento y agradecimiento no se debe pedir a los inmigrantes, pero debería salir de los corazones de las personas que reciben la solidaridad por un tiempo concreto y en una cantidad concreta, para ayudar a salir de un trance, nunca a perpetuidad. Para no fomentar malos vicios ni picarescas, es fundamental que las ayudas sean temporales y dentro de las posibilidades de cada país o sociedad, cuidando de que nunca suceda que, fruto de esta solidaridad, los que la reciben tengan opción a recibir y disfrutar de más productos o servicios que los que la entregan. Ofrecer productos y servicios gratis a “quien no puede pagarlos” no es bueno, porqué fomenta la vagancia, la picaresca y destruye el amor propio de los que la reciben y termina por agraviar a los que la dan. Cualquier pobre podrá no tener dinero para comprar comida, ropa o vivienda (salud, medicinas y educación ya se les da gratis a todos) pero lo que si tienen es tiempo y dos manos para trabajar y ayudar a la sociedad que les ayuda solidariamente. El honor y el orgullo personal se salvaguarda colaborando con lo poco o lo mucho que uno tiene, no pensando que uno es merecedor de toda la ayuda por ser quien es.
Mantener el equilibrio es imprescindible si no queremos caer en el abismo de la discordia. La convivencia en muy difícil y más aún cuando los que tienen que convivir proceden de culturas y religiones diferentes. Hay que ser exquisitos en intentar conseguirlo, porque si no se hace, no es de extrañar que se fomenten escenarios de incomprensión, desconfianza y hasta rechazo hacia los inmigrantes; y en el extremo, mentes insidiosas intenten que algunos conciudadanos confundan musulmanes con terroristas. Como recordaba en un post pasado, “la mujer del César, no sólo tiene que ser honrada, sino parecerlo” Por ello todos debemos intentar no confundir las cosas, tener cuidado con acusar a los “otros” de todos los males, cuidar de no pasarnos con las discriminaciones positivas y esforzarnos en no resaltar las cosas buenas de unos y todas las malas de otros.

lunes, 21 de agosto de 2017

¡Todos somos Barcelona! y ¡No tenemos miedo! ¿Seguro?

He oído decir que “Tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta que es ella la que crea ese miedo”. Esto es cierto cuando se trata de un miedo irracional, pero tal vez no lo es tanto cuando es debido a causas externas comprobadas. El miedo es una emoción que experimentamos frecuentemente, frente a diversas circunstancias. Hay miedos de todo tipo y algunos son completamente razonables: ¿quién no le teme al sufrimiento que lleva a la muerte?
El miedo ha sido una de las principales razones para que el hombre elaborara explicaciones míticas y religiosas frente a la realidad. Nuestros antepasados de hace siglos daban una respuesta asociada con la magia a los fenómenos de la naturaleza que resultaban amenazantes. Como pensaban que tales amenazas provenían de una fuente sobrenatural, también idearon fuerzas protectoras para resguardarse del miedo. El mecanismo básico era el de invocar la protección de esos poderes, a través de sacrificios y ofrendas. Han pasado los siglos, la ciencia y la tecnología ha avanzado mucho; en cmbio otras cosas relacionadas con la mente humana no han cambiado tanto. Ahora ya no ofrecemos sacrificios, pero sí ofrendas; y hacemos manifestaciones para conjurarnos colectivamente y anestesiar el miedo razonable al sufrimiento que causan unos criminales, extremadamente difíciles de detectar y detener, con la esperanza de tocar su humanidad y que dejen de perpetrar sus fechorías.
Tener miedo no es malo ni nos convierte en menos fuertes.
El miedo pone en funcionamiento una serie de cambios en el cerebro. Esta emoción se refleja en el sistema límbico, que se encarga de regular las conductas relacionadas con la huida, la lucha y la conservación. Cuando sentimos miedo se activa la amígdala y se acelera el ritmo del metabolismo, aumenta la presión arterial, se incrementa la adrenalina, sube el nivel de glucosa en la sangre, se intensifica la tensión muscular, se dilata la pupila y se detienen las funciones no esenciales del organismo.
El miedo altera la percepción. Es así como se ha descubierto que cuando alguien está en presencia de un objeto al que le tiene miedo, tiende a verlo de mayor tamaño y más cercano de lo que realmente está. Esos efectos se hacen aún más potentes si ese objeto se aproxima a la persona que lo observa. El grado de miedo depende de una experiencia de control. Por ello las personas experimentamos un mayor grado de miedo frente a las situaciones sobre las que tenemos menos control (al tener mayor control cuando conducimos nuestro coche que cuando nos llevan en avión sentimos más miedo viajando en avión que conduciendo nuestro coche).
Hay miedos que son universales, sin importar la época o la cultura a la que pertenezcamos. Todo sugiere que se trata de una respuesta a estímulos que todos los seres humanos perciben como amenazantes. Así, por ejemplo, la ligirofobia es un miedo irracional a ruidos fuertes, agudos, normalmente repentinos, como los de las explosiones. Las personas que sufren esta fobia no pueden soportar el estallido de un globo, de petardos, cohetes, etc. Dependiendo de la intensidad de la fobia, ni siquiera pueden estar en presencia de globos hinchados por temor a que exploten. En todas las culturas, los niños experimentan temor ante la posibilidad de ser abandonados o quedarse solos, sin el amparo de un adulto. En todas las culturas occidentales y en varias de otras procedencias, los adolescentes experimentan miedo a hacer el ridículo frente a sus padres y, en general, temen a la opinión de los demás frente a lo que dicen, hacen o a la forma como se ven. También en todas las sociedades hay un temor natural a los extraños: personas que visten, hablan, o tienen una apariencia desconocida para lo que es “normal” en la comunidad.
Hay personas que jamás experimentan miedo y eso no es un don especial, sino todo lo contrario: es una deficiencia. La personas que no tienen la sensación de estar amenazados o no perciben inseguridad, sin importarles qué tan peligrosa sea una situación, o qué tanto riesgo implique una conducta tienen un grave problema; porqué estando en peligro, no ponen en marcha medidas de seguridad preventiva. Por supuesto que esas medidas no asegurarán una inmunidad completa a los posibles ataques, pero si disminuirán la probabilidad de sufrirlos o su intensidad.
La mayoría de la gente desconocemos la probabilidad estadística de riesgo que conlleva actuar de una u otra forma, o estar expuesto a uno u otro suceso, y por ello hay que combatir los miedos injustificados. Pero los miedos justificados no hay por que negarlos.
Un “saludado” mío en Facebook, que entiendo es humano y no está anestesiado frente a los peligros que nos acechan, escribía el día posterior al atentado terrorista en las Ramblas de Barcelona: “Alucino escuchando a mucha gente, repitiendo lo que les dicen en la TV, una y otra vez. "No se puede vivir con miedo". ¿Pues yo estoy cagado!. Por mi y por los míos. Desde que empezaron todos estos atentados y ahora que ha tocado tan cerca, aún más!”. Más claro agua. Puede que no sea políticamente correcto hablar así. Pero es totalmente compresible y estoy seguro que, en la intimidad, muchísima gente pensamos los mismo. Hoy ha habido una falsa alarma en la Plaça de Catalunya de Barcelona. Una mochila abandonada. Reacción inmediata: Se ha despejado la zona, cortado el tráfico hasta aclarar la situación y descartado el peligro. ¿No hay miedo? Pues claro que lo hay. Y responsabilidad por parte de los servicios de seguridad también.
La RAE define “Miedo” como “la sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario” o como “el sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea”. El miedo es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. El miedo está relacionado con la ansiedad y su máxima expresión es el terror. 
Una cosa es tener miedo a un peligro imaginario o infundado y otra cosa tenerlo a un peligro real. El peligro a un ataque terrorista es real. Por ello estamos desde hace años en ”alerta 4”, y para evitarlo o minimizar sus efectos hay que “tomar medidas” a nivel mundial y a nivel local. Ignorarlo, despreciarlo, minimizar su importancia y decir que “no tenemos miedo” es una temeridad o una irresponsabilidad. Pienso que manifestarse para decir que estamos en contra de estas prácticas criminales es un acto folclórico para autoconsumo, puesto que la inmensa mayoría de los occidentales y de las personas que sufren la barbarie de esos criminales lo tienen clarísimo, y los relativamente pocos en porcentaje, que cometen estas acciones criminales y los que los apoyan, por acción u omisión, no les afecta lo más mínimo.
Ya hace días que vemos crespones y lacitos negros, muchas velitas encendidas en los lugares de la tragedia, las declaraciones institucionales pomposas y adornadas por el dolor, las referencias a la solidaridad, esas repetitivas frases como "Todos somos Barcelona" como antes fuimos Madrid, París, Berlín, Niza, Londres... Y por supuesto, el consabido "No nos dejaremos vencer por esta lacra" y tal y cual... Y mientras tanto, a seguir contando nuestros muertos, a seguir asistiendo a funerales y a esperar el próximo atentado ¿Cuándo será? ¿Dentro de 3 días, de 4, de un mes, de dos? y ¿Dónde? ¿En Madrid, en Sevilla, en Granada, en París, en Berlín, en Bruselas, en Londres, en Roma, en Estocolmo, en Ámsterdam...?. Mientras siguen ondeando pancartas del tipo "Refugees welcome", las puertas abiertas para la “entrada descontrolada” de inmigrantes o de islamistas. Seguiremos permitiendo que sigan construyendo sus mezquitas y que les sigan dando todo tipo de ayudas para el alquiler de viviendas, las ayudas por hijo, las becas-comedor para los colegios de los hijos, y que no les falte su paga mensual por no trabajar. Sí, sí... por no trabajar y ayudando a la subsistencia de sus familiares en su lugar de origen, donde se construyen grandes casas en lugares semidesérticos, “buscándose la vida” y soñando con la tierra prometida.
Expresar todo esto está muy mal visto por muchos sectores mediáticamente influyentes e inmediatamente suscita comentarios recriminatorios. A cualquiera que clame contra todos los “buenistas” (de palabra y no tanto de hechos) y contra la demagogia barata, le acusarán de nazi, de fascista, de ser un racista xenófobo e incluso de ser franquista.
Todo es muy complicado y siempre hay puntos que muestran una de las dos caras de la misma moneda; pero todo el mundo debe tener derecho a decir lo que piensa sin ofender y debe censurarse la expresión de ninguna idea, ni siquiera la contraria a la tuya. Lo único que hace falta es comprensión, análisis y respuestas sin censurar ninguna “idea”.
¡Sí que tenemos miedo!, porque somos humanos. Los políticos en vez de lanzarnos sus consignas triunfalistas, saliendo en las fotos rodeados de grandes guardaespaldas y fortísimas medidas de seguridad, lo que tendrían que hacer es asegurar al máximo lugares previsiblemente expuestos a los ataques islamistas y terroristas de cualquier tipo, y tomar medidas políticas adecuadas al respecto.
Tan cierto como que tenemos miedo es que al mismo tiempo nos aguantamos, lo soportamos y seguimos con nuestras vidas al igual como lo hacemos sin que nos guste la corrupción, el paro, las políticas fascistas y demás desmanes que suceden a nuestro alrededor y que denunciamos pero no conseguimos resolver, porqué muchos niegan su importancia o toleran su existencia. Por desgracia cada día estamos más acostumbrados a tragarnos sapos, por educación, por prudencia, por no tensr la convivencia y por mantener la esperanza de que se resuelva algún día, etc.. Acostumbrarse vivir rodeado de gente que practica estas actividades nocivas es lo peor que le puede pasar a alguien.
Dicho esto y sin ningún ánimo de crítica ni directa ni encubierta, me hago estas preguntas a las que no encuentro respuesta de nadie y que creo que antes, durante y después de las manifestaciones deberíamos hacerles a los responsables para que las contestaran…
¿Por qué los gobiernos de los estados occidentales —sus ciudadanos son masacrados en diferentes atentados terroristas— no dejan de vender armas y de manipular los gobiernos de los países que apoyan, generan o toleran esos movimientos criminales?
¿Por qué no se controla la identidad y la actividad de todos los inmigrantes y asociaciones subvencionadas, máxime la de los que ejercen cargos públicos en mezquitas, escuelas coránicas, etc.?
¿Por qué a nadie le extrañó que en una vivienda de Alcanar entraran más de 100 botellas de gas butano, sin salir ninguna; trasiego de gente extranjera, etc.?
¿Cómo es posible que la comunidad musulmana de Ripoll y los dirigentes de la mezquita en donde el imán, supuestamente con antecedentes, nunca supieran nada cuando la Unidad de Proximidad de los Mossos d'Esquadra —realiza una constante vigilancia y supervisión de las mezquitas en Cataluña— les preguntara por el imán que habían contratado?
-¿Cómo es posible que los responsables de la mezquita no avisaron inmediatamente a la UP de los Mossos cuando les dijo que el imán quería irse a Marruecos tres meses y al no obtener el permiso, dejó su cargo y desapareció? No les hizo sospechar esta conducta?
- ¿Cómo es posible que aunque los Mossos han explicado que Abdelbaki, muy probablemente, sea uno de los fallecidos en la explosión del pasado miércoles de Alcanar, para algunos vecinos musulmanes de la comunidad el imán sigue vivo?. "No murió, no es el de la explosión", afirmó un familiar de los terroristas. "Nos han dicho amigos de Marruecos que este hombre se fue a Siria. Y que lo han ascendido por ser tan buen reclutador" Eso significa que estos familiares sabían de sus “actividades” aparte de rezar, ayudar y atender a los fieles, y por tanto se pone en tela de juicio la colaboración (por acción o por omisión) de al menos parte de la comunidad islámica con la policía y las instituciones catalanas.
- ¿Por qué no había ningún furgón policial en la entrada de la Rambla - Pelai, el día de la tragedia?
- ¿Porqué en aquella zona no hay pilones o cualquier elemento que impida entrar en la rambla furgones o vehículos asesinos? 
- ¿Por qué pudo recorrer la furgoneta asesina más de medio kilómetro sin que nadie la detuviera? ¿Por qué el conductor pudo bajarse, cruzar el mercado de la Boquería, andar hasta la zona universitaria de la Diagonal, matar a cuchillazos a un chico para robarle el coche, huir con el vehículo, abandonarlo en Sant Just y escaparse impunemente?
- ¿Por qué en zonas turísticas, llenas a rebosar de gente, en súper temporada alta, no está el tráfico restringido si estamos en alerta terrorista de nivel 4?
- ¿No había ningún agente de seguridad (Mossos, guardia urbana, policía secreta, etc.) cerca del medio quilómetro entre la calle Pelai y el Liceo? ¡Pues si que estamos protegidos!…
¿Quién es responsable de todo esto? Los agentes del orden no pueden estar en todas partes, por supuesto, pero estamos hablando de un lugar emblemático atestado de gente sin ninguna seguridad activa ni pasiva. ¡Irresponsables!
¿Por qué no se ponen —al menos en las horas de mayor afluencia de peatones— impedimentos a la circulación de vehículos en la Rambla y otros lugares como el Portal del Ángel, la Rambla Catalunya, Paseo Marítimo, la Sagrada Familia, etc.? 
Si a los dirigentes y servidores públicos les faltan ideas, que abran un concurso para que otros puedan proponer medidas de prevención. Será dinero bien gastado.
Mientras termino de escribir este post comunican que han localizado y abatido al conductor de la furgoneta en Subirats. Un pobre desgraciado que no había tenido ni las luces de cambiarse la camiseta que llevó durante el atentado para dificultar ser reconocido. De esos tipos seguirá habiendo y hay que hacer lo posible para proteger a la población de sus cruentas acciones.

viernes, 18 de agosto de 2017

Atentado terrorista en Ramblas de Barcelona

Desgraciadamente basta con una furgoneta de alquiler para causar muchos muertos en el centro de cualquier ciudad. Esta es la realidad a la que nos enfrentamos y estamos en una “guerra” muy difícil de combatir.
Y ante esto, ¿qué se puede hacer? 
En primer lugar confiar en los cuerpos y fuerzas de seguridad, que a pesar de que algunos dirigentes políticos les ocultan o filtran información, han tenido una reacción, coordinada por la Generalitat y el ayuntamiento de Barcelona, ​​ejemplar y ha funcionado al mismo nivel de lo que lo ha hecho la solidaridad de los ciudadanos. 
Seguro que se podían haber tomado más medidas en el área de la seguridad preventiva y atendido advertencias o recomendaciones de expertos que apuntaron medidas para atenuar el peligro. Es evidente que la policía estaba al tanto de que podía pasar y que en los últimos tiempos los Mossos han tomado medidas. Este tipo de terrorismo que practica el Estado Islámico complica de forma extraordinaria combatirlo sin aplicar medidas de seguridad que, a todos, nos harían inasumibles en nuestro día a día. La seguridad 100% no existe y una vía eficaz es taponar las vías de captación a través de las redes y de algunos colectivos religiosos.
En segundo lugar nadie debería cometer la grave irresponsabilidad de demonizar ni a una comunidad ni a una religión. El Islam no es, en sí mismo, violento ni lo son todas las personas que profesan esta fe. De hecho, los refugiados que intentan llegar a Europa en condiciones muy lastimosas lo hacen huyendo de su versión más radical y teocrática, de la guerra y de la miseria que asolan sus países. Nuestros gobiernos y las entidades dedicadas a la cooperación deben implicarse para encontrar soluciones en ORIGEN. Al mismo tiempo deben pensar qué es lo que falla o no hemos sabido detectar porque, como ha ocurrido en Francia, jóvenes que se han educado en escuelas de nuestro país y convivido en poblaciones de la Cataluña central, se sientan interpelados por la violencia y se entreguen a un fanatismo que nunca ha sido una divisa del país.
Y en tercer lugar deberíamos ser mucho más responsables todos juntos —los grandes medios a la cabeza— a la hora de informar y de hacer política con los comentarios y mensajes tendenciosos que emponzoñan el clima ciudadano. Los grandes medios deberían huir del mercantilismo y dar ejemplo al negarse a publicar ciertos vídeos, fotografías, artículos y comentarios malintencionados, por respeto a las víctimas y a todas las personas de bien. Deberían arrinconar y combatir editorialmente los discursos que fomentan el odio o que son excesivamente buenistas. De entrada, nuestros políticos parece que han estado a la altura y no han utilizado partidistamente los sucesos de Barcelona. Veremos cuanto dura esa actitud y si se traduce en hechos.
Esta vez le ha tocado a Barcelona, ​​nuestro envidiable escaparate al mundo, y eso nos debe servir para contribuir con más determinación, firmeza e inteligencia al aislamiento de estos criminales que persiguen acabar con nuestro sistema de vida.
Una vez expresado lo anterior con plena convicción, no puedo dejar de recordar las palabras que se supone que el emperador romano Julio César dirigió a su esposa, cuando supo que Publio Clodio Pulcro, uno de los más encendidos opositores a la última república romana, enamorado perdido de ella, la había visitado en su casa:
“la mujer del César no sólo debe ser honesta sino además parecerlo”.
Si trasladamos esta cuestión al tema que nos ocupa, a la actividad política en general, en la cual a menudo prevalecen las apariencias sobre las realidades, no podemos dejar de echar en falta alguna declaración de los países que profesan la religión musulmana en el planeta. ¿Qué declaración ha hecho el Rey de Marruecos, tan amigo que parecía de nuestro Rey Don Juan Carlos? ¿Qué declaraciones de condena al acto terrorista y de apoyo a la población, y a los turistas ha hecho alguno de los mandamases de esos países?
Hoy he leído una petición que ha escrito Álvaro Urbano en Facebook:

¿Eres musulmán en España?
Quiero ver una manifestación, una condena, una pancarta, un "Basta ya".
Quiero ver a tus creyentes gritar en contra de todos esos asesinos que en nombre de Alá hoy han dejado un reguero de sangre absurdo y sin sentido.
Quiero ver a la madre de cada detenido decir por televisión que su hijo es un ignorante que no ha entendido el Corán.
Quiero ver a la mujer de esos cabrones decir que sienten repugnancia por ser la esposa de semejantes individuos.
Quiero ver a sus amigos y vecinos señalar con el dedo y proclamar que su religión no es eso, perseguirlos y denunciarlos. 
Quiero que salgas a la calle y reniegues de esos cobardes, porque de no ser así nunca jamás volveré a dudar de ti, nunca tendrás mi beneficio de la duda.
Instaré a cada ciudadano a señalaros como colectivo, a culparos por vuestro silencio, a haceros responsables en la sombra.
Si de verdad son 4 gatos dentro del islam ¿donde coño están el resto de gatos para pararles?.
¿Donde están los cojones para salir a decir estos asesinos no nos representan?
Ni una puta manifestación masiva en España, y mira que van muertos en Europa por una absurda cruzada...
El silencio no mata inocentes, pero da vida a los culpables y TU SIGUES CALLADO!!

Es una petición sobre la que todos deberíamos reflexionar y más todos los que aún pensamos que pensamos que no se debe discriminar ni demonizar a nadie por su raza-aspecto, religión, procedencia, ideas, etc. Ojalá que, entre todos —los criminales y los “pasivos” que les permiten actuar a sus anchas— no consigan que se nos acabe la paciencia y perdamos la confianza en la bondad y la cordura del ser humano.

miércoles, 16 de agosto de 2017

¿Ídolos o villanos?

En el diccionario de la lengua encontramos estas definiciones para ídolo o villano:
Ídolo: Persona o cosa por la que se siente un amor o admiración excesivos. (modelo, favorito, campeón, admirable, noble, digno, respetable,…)
Villano: Persona que actúa o es capaz de actuar de forma ruin o cruel. (infame, desleal, indigno, abyecto, traidor, sinvergüenza, alevoso, bellaco, vil, despreciable,…)
Una vez aclarados los términos, como considera usted a Juan Roig (presidente y máximo accionista de Mercadona) o a Amancio Ortega (Inditex-Zara...) ¿Idolos o villanos?
Últimamente Mercadona ha sido noticia porqué está preparando el desembarco en Portugal.
El estilo de gestión, muy personal y familiar, de Juan Roig (Valencia, 1949) presidente y máximo accionista de Mercadona, le ha permitido construir un modelo que llama de “calidad total” y controlar la cadena alimentaria. Roig ha convertido la cadena de diez supermercados que heredó de su padre a finales de los años 90, en un gigante de más de 1.600 establecimientos, con 79.000 trabajadores directos (casi 200 ooo trabajadores indirectos) y una cifra de negocio cercana a los 20.000 millones de euros anuales.
Roig valora la cultura del esfuerzo, se concentra en lo que entiende y sabe hacer, y no concibe que se pueda “decidir” sin tener inversión en la empresa, como hacen la mayoría de los “gerentes profesionales” de las grandes empresas del IBEX.
Su “modelo de calidad total” se basa en la satisfacción de cinco componentes: el jefe (así llama al cliente), el trabajador, el proveedor, la sociedad y el capital, y cuya importancia jerarquiza por ese mismo orden. Ganar dinero es lo último del proceso y sin la satisfacción de los cuatro primeros elementos, no se logra.

Con esa hoja de ruta, la empresa ha creado un cuerpo teórico, formado por ideas de diferentes escuelas de gestión, empresas y libros de autoayuda empresarial que los empleados deben conocer y que estudian durante unos cursos que realizan periódicamente. Harvard ha destacado la gestión del talento que ha realizado Mercadona en los últimos años.
Roig a desarrollado una estrategia de trabajo, que denomina “cadena agroalimentaria sostenible” para tratar de controlar todo el proceso de la alimentación: desde el inicio de la producción hasta la llegada a manos del consumidor. Así se mejoran los márgenes, se reducen precios finales y se gana trazabilidad. Sepamos que la cooperativa Bon Área es productor, distribuidor y comercializador, y por tanto hace años que también practica el concepto “cadena agroalimentaria sostenible”.
Hay opiniones para todos los gustos y seguro que nadie hace las cosas a gusto de todos. Es de ilusos pretenderlo y es de personas mesuradas mantener la capacidad de saber distinguir entre el ideal y la realidad. Hay que sopesar el balance final entre las competencias del empresario que permiten creación de riqueza y aportaciones positivas a la sociedad, y lo negativo para la sociedad que se desprende de su actuación o de aprovechar fallas legales del sistema. Hay que tener en cuenta el “sustrato político y empresarial” en el que ese empresario desarrolla su actividad y que tipo de empresas fomenta ese sustrato.
Todos conocemos a jóvenes que sueñan con ser Neymar, y a adultos cuyo ídolo es un futbolista o un cantante famoso. Demasiados jóvenes aspiran a ser funcionarios (en Extremadura casi la cuarta parte de la población activa —en Catalunya casi la décima— son funcionarios o son contratados por la administración pública)
¿Habrá alguien que tenga como ídolo a un científico, un estadista o un empresario?
Si así fuera, tal vez le iría mejor a la deficiente economía española y a todos en general. Por desgracia para todos, aquellas formas ancestrales de la vida catalana —el seny, la mesura y la ironía— parece que están de vacaciones desde hace unos años. Espero que las recuperemos más pronto que tarde, si no queremos que se rompan las pocas vajillas (empresas y empresarios generadores de riqueza) que nos quedan. Vivir sólo del ladrillo y del turismo, cada vez será más difícil. De rebote y aunque el nuestro sea el país más rico del mundo: okupar, repartir y vivir del momio también. 
Mejorar todo lo mejorable, por supuesto. Redactar buenas leyes, desarrollarlas y velar por su cumplimiento es tarea del Estado de derecho y en parte es responsabilidad de los ciudadanos que votamos a los legisladores. 
Envidiar, criticar sin alternativas e intentar matar las pocas gallinas ponedoras que sobreviven en nuestro país es de personas tóxicas.

lunes, 14 de agosto de 2017

El principal peligro son las ideas



Desde la izquierda están en contra de la Regla de Laffer que asegura que bajar impuestos aumenta la actividad, la recaudación y reduce el déficit. Suelen inflar los multiplicadores fiscales para asegurar que los aumentos de gasto público salen gratis, ya que aumentan la actividad, la recaudación y no afectan al déficit. ¡Mentira!. Está comprobado que “No por elevar los tipos de los impuestos, necesariamente se va a recaudar más ni por bajarlos se va recaudar menos”.
En economía, la escuela de Harvard (con Hansen a la cabeza) lideró el concepto de “presupuesto equilibrado”. Su tesis, basándose en la Teoría General de Keynes, es que un aumento de impuestos y de gasto proporcional mantenía el déficit y aumentaba la actividad y el empleo ya que los multiplicadores de gasto son mayores que los de los ingresos, especialmente en una recesión y, en mayor medida, con restricción de crédito, tal y como sucedió en la Gran Recesión.
Desde 2013 no sólo no se ha hecho ajuste fiscal en España, sino que las bajadas de impuestos han aumentado el déficit estructural 1 punto de PIB hasta el 3%. Por lo tanto, Rajoy ha hecho una política fiscal expansiva que nos ha alejado de la senda de sostenibilidad de la deuda. Lamentablemente, desde muchos sectores de la izquierda siguen hablando de austeridad, compensado la falta de rigor de los análisis conservadores.
Si España hubiera seguido el consejo de Blanchard (como hizo el gobierno español en su senda de salida en el otoño de 2009) y hubiera tenido el apoyo del BCE, el déficit estructural sería el mismo pero tal vez nos habríamos ahorrado la recesión de 2012, la destrucción de un millón de empleos y la tasa de paro en España sería significativamente inferior, también la estructural.
Mario Centeno, doctor por Harvard, especializado en mercado de trabajo, como Blanchard, y actualmente ministro de Finanzas de Portugal defendió subidas de salarios mínimos vinculadas a productividad y a su relación con el salario medio de la economía. El gobierno socialista portugués subió el salario mínimo en 2017 un 5% y en España se subió un 8% por imposición del PSOE para evitar la sanción de Bruselas por incumplimiento de déficit. El efecto fue que el empleo creció más que el año pasado y sorprendentemente el efecto sobre el resto de salarios ha sido mínimo en ambos países.
Mario Centeno también es un defensor de la flexibilidad en el mercado de trabajo y contrario a muchas rigideces defendidas, entre otros, por los sindicatos, que lejos de defender al trabajador, acaban generando más problemas de los que ya existen. Algunos piensan que eso es la socialdemocracia y por ello los ultraliberales les acusan de planificadores a la vez que desde la extrema izquierda les tildan de ultraliberales.
Ahora que está de moda “la repulsa al turismo desbocado” se puede ver que la deflación salarial se concentra sorprendentemente en la hostelería, donde la demanda de empleo subió un 8%. Los empresarios del sector recogen beneficios sin repercutirlos minimamente en la mejora de los salarios de sus trabajadores.
La subida super-moderada del salario mínimo (SMI) ha obligado a los empresarios hoteleros a subir los salarios a sus empleados menos remunerados (camareras de piso), con coste cero para el resto de contribuyentes. Ha aumentado los ingresos del estado de manera estructural y nos han acercado un poco más a la senda de sostenibilidad.
¿Porqué no ahondar más por esa senda en el resto de sectores en los que somos competitivos y podemos serlo aún más, mejorando la productividad y el valor añadido?
Si se planifica para que TODOS ganemos, todo irá mejor. Si seguimos pensando sólo en nuestro ombligo, todo irá a peor. Y los que tienen que empezar por dar ejemplo son los políticos, los dirigentes, los empresarios y los demás a seguir y perfeccionar el ejemplo. No hay otra.