sábado, 19 de mayo de 2018

Un buen político, ¿debe ser pobre o sólo parecerlo?

Si el objetivo de la mayoría de los políticos fuera prosperar cooperando pacíficamente con los ciudadanos —en lugar de extraerles coactivamente la máxima renta posible—, todos podríamos mejorar simultáneamente. Bastaría con que esos políticos buscaran crear el marco institucional dentro del que toda persona pudiera prosperar individual o asociativamente.
Para ser un buen gobernante es necesario —aunque no suficiente— ser inteligente y estar bien formado. ¿Cuántos políticos españoles en activo tienen, al menos, estas cualidades?
Si tenemos en cuenta que la riqueza (conseguida por méritos propios, sin estafar, robar o explotar a otros) es, en muchas ocasiones, un síntoma del grado de habilidad de una persona (idealmente, habilidad para satisfacer necesidades ajenas; tristemente, habilidad para parasitar a otros), siempre será mejor que nos gobiernen un equipo de políticos con suficientes bienes personales que un equipo en el que la divisa es ser pobre y administrar sus ingresos de forma que les resulte difícil llegar a fin de mes. 
Los que han leído “Padre Rico, Padre Pobre” de Kiyosaki lo entenderán perfectamente. 














Es sabido que disponer de un buen nivel económico facilita los medios para poder adquirir una buena formación. Del mismo modo, tener un futuro garantizado, al disponer de unas buenas rentas o por la posibilidad de retomar una buena carrera profesional independiente cuando se deje la política, puede ser un obstáculo al estimulo-esfuerzo necesario para encontrar ideas creativas en el ejercicio de su trabajo político. Hay que tener también en cuenta que una adecuada “inteligencia emocional” del político puede mejorar su desempeño o entorpecerlo.
La suficiencia financiera (pedir un crédito o una hipoteca no ayuda a conseguirla) otorga a una persona un mayor grado de independencia frente a las presiones y tentaciones que le planteen los poderes económicos. De hecho, una de las justificaciones de la renta básica por parte del republicanismo de izquierdas es proteger la autonomía ideológica y política de cada ciudadano al eliminar sus dependencias económicas.
Contar con la suficiente riqueza personal alinea parte de los intereses personales del gobernante con el interés general (facilitar la creación y el florecimiento de la riqueza) del conjunto de los ciudadanos. Por ejemplo, un político con patrimonio será menos propenso a gravar brutalmente el ahorro que uno pobre de solemnidad (incluidos aquellos que se gastan todo o más de lo que ingresan).
Ahora bien, y en contraposición a lo anterior, los políticos “ricos” pueden sentir la tentación de ejercer un gran “poder regulatorio” sobre aquellos sectores en los que ellos tienen intereses económicos directos y, adecuar la regulación sobre esos sectores para poder lucrarse mejor a costa del resto de la población. Los que no tienen patrimonio también pueden sentir la tentación de ejercer un gran “poder regulatorio” sobre todos los sectores porque suelen tener necesidades desmedidas de recaudar dinero para acciones clientelares y dar a los suyos “pan para hoy”, y para mañana… ya se verá.
Según estos criterios, el progresivo ascenso de Pablo Iglesias y de cualquier otro político joven y “progresista” a la élite económica de España (al 'top 1%' de la ciudadanía más rica con progresiva acumulación patrimonial) no lo inhabilita para ser un buen gobernante, siempre que cuente con otros valores que le ayuden en su cometido. 
Las ideas sesgadas sobre cómo funciona el mundo —extrema izquierda (lo mío es mío, y lo tuyo es de los dos) / extrema derecha (todo lo tuyo y también lo mío es de los que mandan)— resultan mucho más peligrosas para el bienestar de la ciudadanía que las malas intenciones que podrían derivarse del incremento del estatus financiero de cualquier político, por muy de izquierdas que se considere. 
Recordemos que el mundo está lleno de falsospredicadores que hacen gala de una oratoria prodigiosa, pero que pocas veces dan ejemplo de lo que predican: “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. 
Hay que reconocer que el dinero es una vianda que nunca sacia. La inmensa mayoría deseamos poder ser ricos. Da igual nuestros orígenes o nuestras ideas; a la hora de la verdad, el dinero y el poder corrompen al poseedor de los valores éticos más puros. “Todo el mundo tiene su precio”, se suele decir.
¿Se han percatado de cuantos políticos de izquierdas prefieren gastar su dinero (presente y futuro) en casas (muchas veces por encima de sus posibilidades) para disfrute propio y no en desarrollar nuevas iniciativas empresariales innovadoras que contraten a trabajadores fijos, con buenos sueldos, en lugar de a colaboradores voluntarios o con sueldos precarios con los que difícilmente logran sobrevivir?. 
¿Se acuerdan del “asistente sin contrato y sin cotizar a la Seguridad Social” que tenía Echenique, Secretario de Organización de Podemos? Si así es como pretende organizar el Gobierno, el día al que lleguen al mismo…
En estos momentos debe haber mucha gente honesta y consecuente con su ideología que están desencantados con la noticia de la “mansión” del líder de Podemos porque denota una cierta incoherencia entre sus teorías y su praxis personal; por otra parte no tan extraña, ya a sus padres y abuelos ideológicos se les llamaba la izquierda caviar o la ‘gauche divine’ por similares motivos.
Además, aunque algunos consideren que Pablo Iglesias es el político mas currante de España y por tanto con mas ingresos legales merecidos, no entiendo como podrá pagar una vivienda tan cara con una hipoteca a 30 años. 
Tampoco entiendo como la misma entidad que ha concedido la hipoteca a la pareja Iglesias-Montero no se la concedería a un ciudadano anónimo. Usted puede comprobarlo si acude al “simulador de hipotecas de la Caja de Ingenieros” para pedir una hipoteca de 540000€ sobre una vivienda que vale 660000€. Le responden que NO se la conceden porque “el importe de la hipoteca no puede superar el 80% del valor del inmueble”. ¡Hagan la prueba!
Por supuesto que cada uno tiene derecho a disfrutar de su dinero como quiera. La duda está en conocer “la letra pequeña” de los acuerdos de financiación que las respectivas entidades han acordado con el Sr. Rivera (un millón de euros) con el Sr. Iglesias (más de medio millón de euros) y con otros políticos que compran con hipoteca valores inmobiliarios, que otros profesionales liberales o autónomos de similares ingresos no se pueden permitir. Recordemos que los tipos de interés de la hipoteca son variables y que aunque ahora la pareja Iglesias-Montero puedan pagar 1600€ al mes, en los próximos 30 años seguro que el Euribor no se mantendrá a los bajos niveles actuales y ello dificultará el pago de la misma. Todo ello contando con que el nivel adquisitivo de los ingresos de la pareja Iglesias-Montero se mantenga al nivel actual, que ya es mucho suponer; y olvidándose de los “gastos de mantenimiento” crecientes de una propiedad como la que van a empezar a disfrutar, con amplio jardín, piscina y hasta huerto. Todos tenemos “derecho” a… lo que nos haga ilusión, pero si no tenemos dinero para comprar ciertos lujazos, nunca deberíamos pretender disfrutarlos si no podemos asegurar su pago ni pretender que otros lo paguen por nosotros.
Respecto a la hemeroteca que recuerda como Pablo Iglesias criticó en su día a Luis de Guindos su adquisición de un ático de valor similar, podemos leer el artículo de El Plural.com que expone “cuatro diferencias entre el chalet de Iglesias y el ático de Guindos”. Es fácil concluir que Guindos hizo una buena inversión (no se si dispuso de información privilegiada) y que Iglesias-Montero han asumido un gasto excesivo (2.000m2 y 660.000€), posiblemente fuera de sus posibilidades. Todos conocemos a familias de 4 miembros que viven decentemente en viviendas de superficie y coste muy inferior. El ejemplo que se desprende de un líder, de un partido de izquierdas como Podemos, a sus seguidores es que esta adquisición es onerosa y pone de relieve la poca cultura financiera que tenemos los ciudadanos españoles (incluidos los políticos que dirigen o pretenden dirigir el país) y la dificultad de saber diferenciar entre inversión y gasto. Que no es lo mimo. 
Volviendo al terreno político, y a la hora de contestar a la pregunta de si una persona “rica” puede ser buen político hay que tener en cuenta que, en un Estado con un poder tan gigantesco sobre toda la economía como es el español, los gobernantes acaudalados necesariamente tendrán que enfrentarse a un fortísimo conflicto de intereses cada vez que tomen cualquier decisión.
Incluso para los muy ricos y ambiciosos, el precio del poder sigue necesitando del lubricante monetario para mantener e incrementar ese "producto" en el que el dinero no es un fin, pero sigue siendo un medio. Los muy ricos y más a sus avanzadas edades, tienen capital para vivir ellos y sus familias mil vidas sin una sola privación material. Ahora bien, siguen amasando dinero porque aunque tengan sus necesidades materiales cubiertas, el mantener la influencia, el poderío y la capacidad de permanecer independientes a presiones y tentaciones, exige un caudal monetario contínuo y permanente; ya que hay que proveer a los “colaboradores/facilitadores” de vías de ingresos contínuas y sustanciales para que les sigan siendo fieles. Asumamos que gran parte de la corrupción política para aumentar el poder no consiste en robar para uno mismo, si no en permitir que roben otros y todo parezca que cambie para que todo siga igual.
Todos conocemos casos de políticos (comunistas o no) que cuando se incorporan a la política critican a quien vive en lujosos chalets y más aún si tienen propiedades de más de 1millón de euros. Afirman que estos “ricos”, al ser diferentes de la mayoría de los ciudadanos, viven aislados de las clases medias-bajas y no saben cuanto vale un café (sin varios cafés al día y tomados en el bar, no somos nadie). Los “puros” aseguran que para comprender los problemas de los ciudadanos deben estar cerca de ellos: vivir donde ellos, actuar como ellos, gastar como ellos,… ¿ganar como ellos?. Cierto es que para entender mejor a otro es bueno calzarse sus zapatos cada día y recorrer su camino. El problema es que, más pronto que tarde, la mayoría de esos políticos “progresistas” comprenden que vivir bien y con lujos es algo bueno que los humanos podemos disfrutar. Les pasa como a los rusos o los chinos: en cuanto entran de lleno en la aventura capitalista, pronto les encanta la experiencia. ¡Cuánta envidia escondida parecen llevar dentro! Envidiar las propiedades de los demás puede que no sea bueno (porque nadie envidia el esfuerzo que han tenido que hacer para conseguir y saber conservar lo conseguido) pero es lo más normal del mundo.
Los que suelen defender la “igualdad a la baja”, condenando el esfuerzo que todos tenemos que hacer si queremos poseer más bienes y progresar en la vida en el ambiente de ¿libre? mercado que tenemos, pronto descubren que el sistema funciona de forma diferente a como les decían sólo hace unos años a sus esperanzados votantes. Nos han repetido hasta la saciedad que ellos forman parte del pueblo, “pueblo verdadero”; y que por eso residían en barrios obreros y usaban el transporte público o el ecológico, y que frente a ellos, estaba la “casta” que siempre ha vivido muy bien, en buenos pisos y chalets, sin importarles los problemas de los más humildes. 
Para corroborarlo, todos recordamos el sonoro “¡Qué se jodan!” que gritó una política de la casta en el Parlament valencià. Pero si fueran coherentes y tuvieran un poco de honestidad, la pareja Iglesias-Montero, se daría de baja en el partido porque se han reído (y pretenden seguir riéndose para poder pagar la hipoteca durante los próximos 30 años, 30) de muchas pobres gentes aplicando el viejo truco de “hacerse rico defendiendo a los pobres”. Si esos jóvenes que les votan, algunos sin trabajo y otros con sueldos tan miserables que no pueden pagar más que un mísero alquiler de un pisillo de 70 m2 en un barrio marginal, fueran capaces de pensar a quien admiran y lo que han votado, les correrían a gorrazos por hipócritas y cínicos. La pareja Iglesias-Montero parece que tienen bastante en común con los demás políticos del establishment: dicen una cosa para conseguir votos y así engañar a las almas cándidas hasta conseguir el poder, y luego todos hacen lo mejor para ellos mismos. 
Los humanos se han comportado así durante miles de años y no me consta que se haya encontrado aún la forma de cambiarlo. Una posible solución tal vez sea que los ciudadanos no les facilitemos a los políticos, con nuestro voto y nuestro comportamiento personal, que legislen para aumentar cada vez más su poder sobre temas cuya decisión sólo debería correspondernos a cada uno de nosotros. Cuantos más pescadores en rio revuelto, más probabilidades de que los peces se agoten antes para todos, aunque no para ellos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Hasta Shakespeare tenía mucho que decir acerca del dinero

“Neither a borrower nor a lender be”. William Shakespeare
Si pasean por las callejuelas de Stratford-upon-Avon (ahí nació Shakespeare) pueden encontrar tazas con esta sentencia de Shakespere (Hamlet) para que la recuerden, cuando tomen cada día su café con leche en el desayuno. 
Shakespeare aconsejaba: "Ni un prestatario ni un prestamista sean. Si prestan, perderán el dinero y el amigo; y si toman prestado, perderán su hacienda”. Huyendo de los extremos, la clave es ser un consumidor racional (buscar la mejor relación calidad/presio en los bienes y servicios que adquiramos y nunca pedir préstamos para comprar cosas que no necesitemos) o un prestamista juicioso (asegurándose el retorno del principal más los intereses.
Burns, refiriéndose al dinero, decía que "No es para esconderlo en un agujero, ni para tirarlo por la ventana sino para usarlo para mantener la independencia”.  
Una de las mejores pruebas de la sabiduría práctica de una persona sigue siendo observar la forma en que usa el dinero: Cómo lo consigue, lo guarda y lo gasta.
Ya en 1859, Samuel Smiles publicó su libro “Self Help” del cual tomo el siguiente párrafo del capítulo IX: Money, —Use and abuse, traducido libremente:
“Aunque el dinero no debe de ninguna manera ser considerado como el fin principal de la vida del hombre, tampoco es un asunto trivial, que se lo tenga en desprecio filosófico, representando, en la medida de lo posible, los medios para conseguir comodidad física y bienestar social. De hecho, algunas de las mejores cualidades de la naturaleza humana están íntimamente relacionadas con el uso correcto del dinero, como la generosidad, la honestidad, la justicia y el autosacrificio; así como las virtudes prácticas de la economía y la providencia. 
Por otro lado, están sus contrapartidas de la avaricia, el fraude, la injusticia y el egoísmo, como se muestran por desmesurados amantes de la ganancia; y los vicios de la falta de fluidez, la extravagancia y la imprevisión de parte de aquellos que abusan y abusan de los medios que se les han confiado. Así que, como es sabiamente observado por Henry Taylor en su reflexivo "Notes from Life", "una medida y forma correcta de obtener, ahorrar, gastar, dar, tomar, prestar, tomar prestado y legar, casi argumentaría el buen talante de un perfecto caballero."
Hoy en día, para mucha gente, hablar de dinero es políticamente incorrecto: si uno carece del mismo se le considera un pobre desgraciado necesitado de acciones solidarias. Si tiene mucho se le considera un malvado rico y se piensa que debería repartirlo entre todos los demás. 
Muchos piensan que todos los ricos lo son porque depredan dinero de los sectores productivos; mientras los pobres están ansiosos para arrebatárselo, los que se autocalifican como buenos, solidarios y sensibles piensan que hay que aumentar los impuestos para repartir las ganancias de los primeros entre todos. Entre los dos extremos se sitúa la mayoría de la población que por prudencia, por miedo o por envidia procuran no mentar el tema del dinero en público y sólo de soslayo en privado. 
A los que invierten su dinero para obtener rendimientos se les llama despectivamente especuladores, y a los que con la excusa de que “hay que vivir la vida” se lo gastan todo, sin pensar en que puedan necesitarlo más adelante, se les reprocha su actitud inconsciente y se les califica de derrochadores. Nadie está contento con el dinero que tiene porque a casi nadie le basta el que tiene para comprar todo lo que quiere; y envidian-codician el que tienen los demás, aunque lo nieguen histriónicamente en público. 
Con el dinero sucede algo similar a lo que pasa con muchos otros temas. Todos lo usamos a diario, todos queremos tener más (quien no sueña con que le toque la lotería) y al mismo tiempo, al estar todo lo relacionado con las finanzas, lleno de mitos y falsas creencias, muchísima gente lo desprecia en público y considera incorrecto hablar de temas en los que el “vil metal” esté involucrado. 
Con el dinero mantenemos una eterna relación de amor-odio de la que pocos escapan. 
La mayoría de la gente usa el dinero y todo lo referente a las finanzas personales en función de lo que ha aprendido de sus padres. Por ese motivo, nos desempeñamos laboral y financieramente de acuerdo con esquemas que perpetúan patrones de conducta casi siempre perjudiciales en términos monetarios. Los padres pobres aconsejan a sus hijos que se apliquen y estudien, pero, por lo general, la escuela no prepara para lidiar con los asuntos relacionados con el dinero. 
Muchos “intelectuales progresistas”, profesores de humanidades, personas simpatizantes de partidos autodenominados “progresistas”, etc. se jactan de minusvalorar todo lo relacionado con el dinero, como si tener dinero implicara incultura o algún tipo d bajeza moral. La sociedad va cambiando continuamente, pero los consejos que dan los padres sobre temas financieros, en el fondo varían poco, porque poco bueno se puede aconsejar si no se tienen conocimientos y se evita instruirse y pensar, sin falsos tabúes, sobre el tema.
Lo cierto es que los universitarios de hoy en día (con Masters e idiomas incluidos) ganan menos dinero que los de hace tres décadas (sin Master y pocos idiomas). Tampoco pueden esperar mucha ayuda del Sistema de Seguridad y Bienestar Social para tiempos futuros. 
Por mucho que mantengamos los ojos cerrados ante el dinero y esperemos que el Estado nos resuelva los problemas cuando nos atenacen, nadie es capaz de imaginar como podrá hacerlo sin nuestra implicación personal. Todos sabemos que pedir es fácil, conseguir ya es más difícil.
Necesitamos reflexionar sobre el tema del dinero sin apriorismos y encontrar nuevas respuestas a los problemas de siempre. Los consejos del siglo pasado: “Ve a la Universidad, consigue títulos, aprende idiomas, encuentra un trabajo seguro y permanente que te asegure un confort de por vida”, ya no funcionan. Tal vez alguien piense que no hay para tanto, no obstante es bueno recordar que los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay. Por tanto, si no llega a fin de mes o piensa que “las cosas del dinero” están mal repartidas, deje de lamentarse y “pedir que le den”. Mírese al espejo y piense como puede revertir su situación, porque la persona que mejor puede cambiar su vida es usted mismo.

martes, 3 de abril de 2018

¿A quien beneficia/perjudica las acciones de los CDR?

Hace demasiado tiempo que la sociedad soberanista reclama a sus políticos “unidad”, para que hagan un gobierno soberanista que cese el 155. No hay forma de que se logre esa unidad y ese primer objetivo urgentísimo para que no se siga degradando la economía y la sociedad catalana. 
Jordi Turull, en su discurso de investidura reclamó dialogo dentro del “bloque soberanista que no se pone de acuerdo” y “los otros”. Por muchas “razones” (algunas fuera de la ley) que atesoren los independentistas, si no dialogan con “los otros” no se podrán recuperar las instituciones ni tampoco ir más allá consiguiendo la libertad de los presos ni el autogobierno perdido. Que nadie repita que está en otra pantalla porque la “independencia” no se ha conseguido ni siquiera en modo virtual ni con “realidad aumentada”.
Los grupos soberanistas no logran un acuerdo ni siquiera en lo “urgente”; y el “todo o nada” pinta fatal.
Y por si no tuviéramos suficiente, entran en juego los “CDR” (Comités Defensa de la República) que producen imágenes que los “unionistas” presentan como “violentos Kaleborrroca” para asimilar a todos los millones de pacíficos independentistas como “violentos terroristas” que ponen en peligro la paz pública y el orden constitucional.
Recordemos que el PNV siempre ha buscado su propio beneficio y no ha fallado nunca al Gobierno Español. Los políticos del PNV están “quedando bien”, estéticamente, con los independentistas, sabiendo que antes de que “realmente tengan que mojarse” habrá gobierno autonómico catalán o nuevas elecciones.
Por mucho que nos enfademos los catalanes (unos más que otros), estas acciones de los CDR no afectan nada ni a los jueces españoles ni a los alemanes, ni al Gobierno central. Basta con ver las TV’s y la inmensa mayoría de los periódicos generalistas de gran difusión, para que los lectores y televidentes se creen la idea de que el “país está en jaque” y de que es un lugar peligroso para los turistas y para los que quieren trabajar en la Catalunya de orden y próspera que siempre había sido y que “parece” (porqué así lo dan a entender) que ya no es. 
La mentira compulsiva y sistemática de los sectores afines a los “unionistas extremos” (quemar containers no presupone insurrección, rebelión o violencia) pretende crear el relato adecuado para asimilar independentismo con violencia. Los dirigentes unionistas extremos necesitan normalizar la imagen de que todos los independentistas son terroristas, para legitimar su actuación contra los que abrazan otra forma de pensamiento político que quiere huir de su dominación.
Mucha gente no entiende que los “actos de protesta” que organizan los CDR (y sus líderes políticos y sociales) (cortar carreteras por ejemplo) no se hagan donde puedan perjudicar a los “líderes unionistas extremos” y no aquí en Catalunya, donde perjudican, entre otros, a sus aliados y a la estabilidad económica catalana a la vez que dan armas a sus enemigos políticos. Una estrategia que cuesta mucho de entender y por no tildarla directamente de equivocada.

lunes, 26 de marzo de 2018

¿Porqué disculpan las mentiras?

Amigos que considero inteligentes, de vez en cuando publican noticias falsas en las redes sociales. Algunas son tan absurdas, tan fáciles de desmontar, que me queda la duda de si las comparten por error o conociendo su falsedad, simplemente porque refuerzan una realidad superior, la suya, que creen necesario difundir de todas maneras.
Investigadores del MIT han confirmado que la mentira viaja mucho más rápido y llega más lejos que la verdad. Hasta seis veces más en el caso de las redes sociales. Lo espectacular, sensacionalista y falsamente novedoso es más atractivo y genera más likes que cualquier otra cosa que se comparta; por ello no es de extrañar que mucha gente mienta y propague mentiras para “gustar más”. Parece haber algo irresistiblemente encantador en la mentira que nos hace propagarla, agrandarla, retorcerla y volver a compartirla sin que a menudo nos paremos a medir sus consecuencias o el daño que puede hacer a terceros. 
Todos tenemos nuestros propios prejuicios —somos favorables a unas cosas y contrarios a otras; con el tiempo olvidamos incluso el porqué— y ayudamos a divulgar informaciones u opiniones sin hacer un mínimo trabajo de verificación de “lo que compartimos”, demasiadas veces sesgadamente y sin leer todo el texto completo. A pocos le importan los hechos, los testigos, los avales, etc. lo único que importa es si lo divulgado “favorece a los míos” o “habla contra los otros”. Si sumamos a la escena el miedo, los infundios y falsos rumores alcanzan el nivel de verdades absolutas para las masas.
Las redes, los blogs y muchas publicaciones digitales van llenos de “fake news” (el bulo de toda la vida). Aunque se le cambie el nombre, la mentira es tan antigua como el lenguaje. No hay más mentirosos hoy que hace cinco, diez o cien años. Simplemente cuentan con aliados que hacen su trabajo mucho más fácil, incluida la tecnología para propagar falsedades y un periodismo, supuestamente el oficio encargado de desenmascararlas, que en países como el nuestro ha renunciado a hacer su trabajo.
Lo falso encuentra hoy una amplia cobertura incluso en los medios que se describen como “serios”. El sectarismo con el que la prensa nacional trata cualquier asunto, replicando una visión de la realidad donde los prejuicios tienen más peso que los hechos, hace que la verdad se esté quedando sin defensores. Los propietarios de los medios viven temerosos de enfadar a audiencias que exigen una reafirmación de sus creencias y sus trabajadores (¿periodistas? y otros) viven pendientes de un público al que hay que enganchar con noticias cada vez más llamativas, aunque no se ajusten a la realidad. Las crónicas de buenos reporteros, que todavía los hay, han pasado a ser medidas por su popularidad, no por su rigor o profundidad. El periodista que antes suspiraba por un Pulitzer hoy se conforma con un buen número de likes o comentarios aprobatorios de su buen hacer. Al fin y al cabo, ellos y todos nosotros (sus audiencias, también incluidos los jueces), vivimos en la misma.
Nuestra sociedad ha legitimado la mentira —igual que está bien visto estafar al “fisco” siempre que lo haga yo o los míos— y nadie se ruboriza, ni siquiera los periodistas, cuando a alguien le pillan soltando una, por escandalosa que sea. Y si los medios, los periodistas, los políticos mienten, roban, eluden y defraudan a Hacienda, … ¿porqué no debería hacerlo yo? Observando a nuestros representantes en cada campo, es fácil sentirse legitimado para mentir.
Uno solía ver la competencia entre verdad y mentira como la carrera entre la liebre y la tortuga: la primera tomaba ventaja rápidamente, pero poco a poco iba perdiendo terreno frente a la solidez y determinación de la segunda. El que así piensa comete el mismo error del principiante que afirma “el buen producto se vende solo”, porqué la liebre, empujada por las redes y el mal periodismo, toma a menudo una ventaja que la tortuga no alcanza nunca a recuperar. La mentira gana con frecuencia, mientras es aclamada desde la grada por un público entregado, que ensordece a las masas con su griterío persistente. Cansados de tanto luchar contra corriente, a los que persiguen la verdad, cada vez les quedan menos amigos sinceros; al menos, de los que se atreven a divulgar la verdad contrastada, aunque no sea políticamente correcta.

martes, 20 de marzo de 2018

Inteligencia, autocontrol y éxito

¿Cuál es el factor determinante en la capacidad de ejercitar autocontrol, y de dónde proviene? 
Ninguno de nosotros por si solo puede controlar nuestro mundo, pero, sí que podemos controlar cómo pensamos y nos comportamos acerca del mismo. 
En tiempos pasados casi todos los psicólogos asumían que la habilidad de los niños para poder esperar dependía en la intensidad del deseo que tuvieran, por ejemplo de comer más golosinas. (Experimento del “chuche” de Walter Mischel - "The Marshmallow Test" ) 
Lo que estaba en juego para los niños durante el experimento fue la "distribución estratégica de la atención". En lugar de obsesionarse con el chuche, el "estímulo caliente", algunos niños se distraían jugando a las escondidas, cubriéndose los ojos, o entonando canciones infantiles. Mientras usaban estas técnicas de distracción, el deseo no se borraba, sino que se movía a un lugar secundario en la mente de los niños. En los adultos esta habilidad se conoce como la metacognición, o el pensar acerca del pensamiento. Lo que usualmente ayuda a algunos a sobreponerse a sus impulsos. Imaginen que están paseando por una calle y ven algo que les lama la atención y les gusta en un escaparate. Cuando sientan la tentación de entrar en la tienda y "comprarlo", díganse a si mismos que se concederán todo un día para pensar en su "objeto del deseo" y si lo siguen deseando ya volverán a comprarlo. La mayoría de las veces su tentación no será tan fuerte como la de Ulises (el de la Odisea de Homero que pidió que lo ataran al mástil de su embarcación porque era consciente de que nunca sería capaz de resistir el canto seductor de las Sirenas) y se ahorrarán un buen dinero en algo que seguramente dejará de cautivarles inmediatamente después de haber pasado por caja. 
Para Mischel y su equipo de investigadores, los resultados de sus estudios eran muy importantes porque creían ver en ellos una cierta capacidad predictiva de comportamientos futuros. De acuerdo a estos descubrimientos, podrán deducirse que si alguien se esfuerza en estudiar, preparándose para sus exámenes del colegio en lugar de ver la televisión, entonces, en el futuro esa persona seguramente será más capaz de evitar gastos innecesarios y será más capaz de, por ejemplo, ahorrar dinero para mejorar su libertad financiera. 
Seguramente que la capacidad de “posponer la gratificación inmediata” tiene un gran componente genético aunque me gustaría pensar que puede que haya métodos de aumentar la propia capacidad de posponer muchas gratificaciones inmediatas con las que nos tientan las “sirenas” que nos encontramos en la vida. Algunos experimentos han demostrado que a medida que la capacidad de dilación en los niños disminuye, se refleja en el número de errores cometidos como adultos, aunque parece que no son del todo concluyentes. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la conclusión a la que el equipo de Mischell llegó, después del seguimiento de los niños al cabo de los años, demuestra una correlación (los que pasaron la prueba tuvieron más éxito en la vida), no una causalidad (si se pasa la prueba se tendrá éxito en el futuro, ya que se puede aprender a esperar la recompensa futura). 
¿Tienen ustedes la disciplina personal de quien construye al largo plazo y prefiere una gratificación final más importante frente a una recompensa inmediata en el corto plazo? 
¿Tienen “autocontrol” para resistirse a las tentaciones inmediatas del corto plazo y seguir un “plan a largo plazo” previsiblemente más beneficioso? 
La pregunta que todavía espera respuesta es si enseñar a los niños a controlar sus impulsos para "aprender a posponer las gratificaciones" tendrá algún valor justificable para su desarrollo como adultos responsables y exitosos. 
¿Qué piensan ustedes?


miércoles, 28 de febrero de 2018

La adrenalina gana la batalla

El peligro, el riesgo, nos acompaña desde siempre y llevamos miles de años gestionándolo. Cuando olemos “peligro” a nuestro alrededor, nuestros instintos toman el control. Estamos programados para responder, nuestros actos se tornan “reflejos”. El problema es que ni los riesgos son hoy tan evidentes como antaño ni la respuesta correcta es tan intuitiva. Ya no se trata de huir para salvar la piel o luchar cuando estamos acorralados.
Hoy en día, vivimos en sociedades estructuradas, organizadas, donde los riesgos físicos se han eliminado casi en su totalidad, donde otros se la juegan por nosotros (Policía, Bomberos, Ejército…) y otros toman decisiones que nos correspondería tomar personalmente, asumiendo la responsabilidad correspondiente. Diversas normas nos protegen de nosotros mismos, como los límites de velocidad, los semáforos, la regulación farmacéutica, las normas de construcción, la protección al consumidor… Incluso nos auto-avisamos de riesgos evidentes… el “Mind the Gap” de los ingleses. Bueno, tal vez no tan evidente ahora que muchos van absortos mirando su móvil y aislados del mundo con sus auriculares.
¿Cuál puede ser esa respuesta no tan intuitiva? ¿Cuál es la advertencia, el “Mind the Gap” verdaderamente crítico, a día de hoy? Pensemos en las intervenciones médicas, en la inversión de nuestros ahorros, en las decisiones políticas que debemos tomar.
A todos se nos presenta, antes o después, la toma de una decisión médica: ¿Me opero o no me opero?. La operación o el tratamiento puede salir bien, regular o mal. Igual que la inversión de nuestros ahorros o las decisiones que toman los políticos que hemos votado.
En medicina la incertidumbre se debe a que no hay dos pacientes iguales, ni la enfermedad o lesión será exactamente igual en diferentes pacientes. Seguimos dependiendo en gran medida de las probabilidades.
En inversión están el dinamismo de los negocios en que invertimos y el factor humano del mercado. Cuanto mejor sea nuestra calidad de vida antes de la operación, o cuantos más ahorros invirtamos, más podemos perder y más riesgo asumimos.
Podemos definir “riesgo” como “la posibilidad de un RESULTADO NEGATIVO PERMANENTE”; y la medida del riesgo que asumimos es “CUÁNTO SE PUEDE PERDER”. El secreto está en trazar un plan, anticiparse a los acontecimientos; nada que ver con predecir el futuro.
Lo primero que debemos preguntarnos, y tal vez lo más importante, es: ¿qué pasa si no invierto, si no me opero o si no sigo votando lo mismo que antes? Nuestro refranero es sabio…y dice que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Tal vez se pueda esperar a que en el futuro surjan mejores técnicas, mejores oportunidades de inversión y mejores tiempos con una sociedad más proclive a ciertos cambios sociales. A menudo, lo más difícil es precisamente ¡no hacer nada!
El problema es que algunos piden más adrenalina. No se si por diversión, por alcanzar la gloria, por orgullo, por simple cabezonería o por irresponsabilidad.
La siguiente pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué es lo peor que puede ocurrir si me opero, si invierto o si sigo adelante con mi plan? Y la última, debería ser: ¿qué es lo que dicen que va a suceder si me opero/invierto/sigo con mi plan, y cómo es de probable que suceda? (Evidencias pasadas de sucesos en circunstancias similares)
A veces la respuesta es evidente: si no me opero mi vida corre peligro, y si me opero viviré. O, si no invierto y mantengo los ahorros debajo del colchón o en la libreta de ahorros pierdo con la inflación, y si invierto es una “apuesta segura”. O si “suspendo” mi plan inicial, parece que mi honor queda mancillado, aunque la verdad es que asumo que no estaba preparado y debo reorganizarme y acumular más fuerza y apoyos; y si sigo adelante ¿puedo llegar a conseguir el objetivo (¿el soñado?) con un coste asumible?.
En base a lo anterior trazaremos un plan A, y siempre un plan B. Tal vez algunos más. Casi todos los casos reales no son blancos o negros puros, tienen facetas grises. Lo que siempre deberíamos asegurar es reducir a la mínima expresión el riesgo de las pérdidas permanentes.
En medicina sólo los casos desesperados justificarían riesgos de pérdida permanente –la apuesta es sobre la “vida”, el 100%. Y como mucho se puede alargar la vida, pero no ganar otra. No hay plan B posible.
En inversión el riesgo puede ser una unidad, el 100%, y la recompensa puede ser el 20%, 50%, o tal vez más… Como regla general tampoco en inversión se debería aceptar el riesgo de pérdidas permanentes. El mercado suele ser eficiente y ganancias extremas a menudo serán una lotería (o un fraude).
En los cambios sociales forzados puede haber avances, pero también retrocesos. Tenemos ejemplos recientes cercanos.
Una vez tomada la decisión llegamos a otro momento crítico: el postoperatorio. Días buenos y días malos… A veces parece que todo salió bien, como dice el médico, como defiende el gestor de la inversión o como vocean los políticos en sus discursos-propaganda. Otros días son muy malos, nos duele todo, el progreso es tan lento y desesperante… Nuestra inversión baja, o parece estancada. En vez de avanzar hacia la tierra prometida parece que hayamos retrocedidos varios años y muchos kilómetros. Sería ideal que el médico, el gestor y el político nos hubieran explicado también esta parte: la VOLATILIDAD, las posibles consecuencias adversas del proceso y del camino a recorrer hasta llegar a la tierra prometida.
Si hay “datos objetivos, contrastados y probados” y el médico o el inversor piensan que todo sigue en su sitio, entonces el resultado final debería ser el esperado, todavía se estaría cumpliendo el plan A. En este caso favorable, la volatilidad a corto plazo es molesta, pero no afectaría al resultado final. A no ser que el PACIENTE “pierda la paciencia” y abandone la fisioterapia/tratamiento/inversión/ilusión, antes de tiempo. De ahí lo del “largo plazo”, hay que saber (y poder) perseverar si hace falta. Lo que no se debe bajo ningún concepto es perder el “capital” ni la respetabilidad ni la confianza en el camino, porque si así sucediera ya no habría nada que mejorar y ningún “paraíso” al que llegar.
Para soportar la volatilidad, el postoperatorio, la travesía del desierto, hacen falta dos cosas: PACIENCIA Y CONFIANZA de que se sigue en el buen camino. Algunos son mejores que otros en esto, tienen mejor carácter. Pero no es fácil, y toda ayuda es bienvenida. Igual que los futbolistas que se rompen un tendón y vuelven a jugar en 6 meses gracias a sus médicos y sus fisioterapeutas. También en inversión —¿qué inversión colectiva es mayor que la del futuro de tu país?— hay que intentar rodearse de los mejores, los que tienen carácter y sentido común, los que trazan un buen plan, miden los riesgos (las pérdidas potenciales) y aceptan sólo los que son razonables y mayoritariamente asumibles. ¿Tenemos en nuestro entorno ese tipo de políticos y dirigentes? ¿Podemos elegir a los mejores? ¿Lo hemos hecho? ¿Podemos confiar en ellos?
¿Han trazado un buen plan, en base a riesgos medidos antes de aceptarlos, rechazando en lo posible pérdidas permanentes para el país y para la mayoría de la ciudadanía?.
¿Hemos entendido todos (los dirigentes antes que nadie) que “volatilidad” (altos y bajos) no es lo mismo que riesgo?.
¿Tienen los dirigentes, y tenemos la mayoría, suficiente paciencia y confianza para continuar con el plan trazado?. ¿Se ha buscado, encontrado y conservado la ayuda de “gente capaz, sensata y de confianza” (ganada a lo largo de sus trayectorias profesionales pasadas)? 
Si se evita tomar decisiones equivocadas (y letales) en medicina. Si se evita, en el mundo de la inversión, perder el capital o endeudarse irresponsablemente. Si se consigue mantener un amplio porcentaje de la población entusiasmada con un proyecto social, se puede intentar continuar desarrollando el proyecto con otro plan B. De otro modo es dirigirse irresponsablemente hacia el abismo. No sólo por la incompetencia técnica de los líderes del proyecto, sino también porque incompetencia es no valorar adecuadamente la “potencia de las fuerzas antagónicas” que harán “todo lo que esté en su mano para hacer fracasar ese proyecto”. La culpa puede que sea de “los contrarios”, pero hay que valorar y tener en cuenta el impacto de esas fuerzas.
Veamos el “ejemplo del MWC”. El Gobierno emitió un comunicado en el que decía que “el hecho de que las autoridades catalanas no saludaran el rey a la puerta del Palau de la Música pone en riesgo que Barcelona pueda seguir albergando en el futuro un evento global de tanta importancia". Es verdad que los operadores internacionales de cualquier evento quieren estabilidad, pero si alguien tiene poca credibilidad para exhibirse como garantía de estabilidad en Cataluña es el gobierno español. Recuerden las imágenes que ha visto todo el mundo sobre las cargas del 1/Oct, el corredor Mediterráneo aprobado por Europa y que se resisten a construir si no pasa por Madrid, la negativa a permitir conexiones internacionales en el aeropuerto del Prat, etc. Todas estas políticas del Gobierno de España son ejemplos de cómo el Gobierno de España pone trabas al desarrollo de la economía catalana, aunque a pesar de ello, Catalunya siga siendo todavía la locomotora que más tira de las exportaciones internacionales de toda España.
Siempre que los “símbolos” (rey, Gobierno, bandera, himno,…) son contestados, las instituciones sufren. Por ello es obligación de los que representan las instituciones, sobre todo si presumen de demócratas, preguntarse cuales son las razones de la contestación; sobre todo si esta es persistente en el tiempo y ampliamente secundada. 
Por supuesto que deben defenderse y respetarse las leyes democráticamente redactadas hasta que no se legisle otra que la sustituya, pero las leyes son interpretables y las medidas que un gobierno toma para intentar resolver un problema a veces sólo consiguen empeorarlo o cronificarlo. 
Para defender la Constitución y mantener unida España, el Gobierno estimó adecuado enviar diez mil policías a Catalunya para “mantener el orden” e impedir que votaran democráticamente más de dos millones de personas que llevan años manifestándose pacíficamente. Estas personas no sólo no fueron escuchadas sino que fueron despreciadas. ¿Cómo puede comparar el golpe militar (23F), donde guardias civiles entraron en el Congreso con metralletas y pistolas, tanques en las calles de Valencia y tropas acuarteladas, con más de dos millones de ciudadanos pacíficos intentando votar en un referéndum, con urnas y papeletas en las manos? Hacer un discurso excepcional con la imagen de Carlos III agarrando un bastón, sin una sola palabra de empatía para esas personas, ¿es una defensa inteligente de la Constitución?. 
El Col.lectiu Praga ha denunciado al comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, vulneración de derechos humanos en Catalunya por parte del Estado español durante la jornada del referéndum del 1-O. Seiscientos cincuenta juristas de toda España han suscrito la denuncia. Aún así parece que los miembros del Gobierno y muchos políticos creen que han actuado conforme a la ley y están dispuestos hacer todo lo que esté en su mano para lograrlo. Han dado pruebas reales de que están dispuestos a todo y del poder que tienen para hacerlo.
Todos y más los catalanes deberíamos recordar la desgraciada historia del Estatut de Catalunya votado por todos los catalanes pero “cepillado” por el Tribunal Constitucional. No se puede decir que los dirigentes catalanes, al menos hasta los últimos meses, no hayan hecho las cosas de acuerdo con la ley. ¿Porqué algunos dirigentes unionistas ponen tanto empeño en no valorar ni respetar la plurinacionalidad en España? Su histeria anticatalana siempre se termina volviendo contra España, haciéndola más pequeña. Todos saben lo que significa Catalunya y su capital Barcelona desde hace siglos: por Barcelona entraron en España la prensa, la radio, la televisión, el ferrocarril, las autopistas y, desde hace años, las novedades relacionadas con la telefonía móvil. Algunos quieren que entre también la República. No lo han conseguido aún pero no olvidan su empeño. Otros se resisten con todas sus fuerzas y el poder que controlan.
Así las cosas parece lógico concluir que si alguien quiere comprar un boleto de lotería, ponerse un piercing, comprar dos o tres bitcoins, o hacer algún experimento con gaseosa, no pasa nada; eso es diversión. En cambio, si se quiere emprender una “empresa importante” que precise tomar decisiones transcendentes y más si afectan a millones de personas, hay que tener mucho cuidado, ser muy responsables y haber diseñado más de un plan… y más de dos, para llevarlo a cabo. No hacerlo así es una grave irresponsabilidad por parte de los dirigentes y de sus seguidores.
No necesitamos “más de lo mismo”. No necesitamos más peleas fratricidas ni confrontación. Necesitamos líderes auténticos, singulares, empáticos que sepan y quieran dialogar, capaces de formar equipos que trabajen honestamente para provocar el cambio a mejor en una gran mayoría de ciudadanos y por extensión en la nación. Si los políticos que se presentaron a las elecciones y salieron elegidos no son capaces de recuperar la confianza de la mayoría de la ciudadanía en la clase política, seguiremos empantanados por los siglos de los siglos y cada vez será más difícil recomponer los platos rotos.

lunes, 19 de febrero de 2018

La ley de Parkinson

Os habéis fijado que muchas personas son más productivas trabajando para otros que para ellos mismos. No es sólo la presión social que les impulsa, también influye autoestablecerse un objetivo claro y una fecha límite para alcanzarlo.
Hay personas en la Universidad que estudian libros en una noche, pero luego se pasan años completos intentando terminar su doctorado (lo hacen poco a poco sin imponerse plazos estrictos).
En todas las empresas hay empleados hiper-productivos, pero no logran empezar su propio negocio. En el primer caso, para conseguir sus objetivos o cobrar su plus, el jefe les pone una fecha límete y les da recursos limitados. En el segundo, piensan que “ya empezarán cuando salga una buena oportunidad”. Y… no sale nunca.
Cuando hay recursos limitados encontramos creatividad, energía, recursos y foco. Eso implica fechas límites y también presupuestos límite.
Una derivada de la Ley de Parkinson dice: “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Muchos trabajadores-burócratas la practican superlativamente. Una cultura burocrática fomenta la creación de subordinados y de trabajo de forma innecesaria.
Aún mirándolo por el lado bueno, el trabajo y los plazos d entrega se alargan debido a nuestra tendencia a procrastinar y a complejizar las tareas cuando más tiempo tenemos para completarlas. Veamos dos escenarios para visualizar lo comentado.
Administración del tiempo-Escenario 1:
Supongamos que se nos asigna una tarea, y tenemos toda una semana disponible para completarla. Los primeros dos o tres días damos algunas vueltas. Queremos hacerlo bien, así que googleamos bastante y nos empapamos del tema. Luego empezamos a esbozar cómo se va a ver; pero no nos convence, así que le hacemos cambios. O borramos y volvemos a empezar.
Si darnos cuenta, nos encontramos con que nos falta un día, y recién tenemos la estructura. Completamos rápidamente la estructura, solucionamos las dudas y terminamos. No tenemos tiempo para más. Nos lamentamos de lo rápido que ha pasado el tiempo.
Administración del tiempo-Escenario 2:
Se nos asigna una tarea de igual complejidad a la del escenario 1, pero se nos da un solo día (1/5 del escenario 1) para completarla. 
Investigamos rápido, buscando lo esencial. Dos horas después estamos armando una estructura. Aunque no es perfecta, pensamos “¿qué es perfecto en esta vida?” y seguimos adelante. Empezamos a completarla, salteamos las dudas innecesarias y terminamos.
En la práctica, en el segundo escenario hemos conseguido aproximadamente el mismo resultado que en el primero, solo que en una quinta parte del tiempo. ¡Hemos multiplicado nuestra productividad por 5!.

¿Os ha pasado alguna vez que aparcáis el coche peor cuanto más espacio tenéis disponible en el parking?.
¿Os habéis fijado que a la mayoría de personas con salarios altos también les es difícil llegar a fin de mes y que tienen pocas propiedades e incluso deudas? Os recomiendo que miréis las declaraciones de los principales políticos y veréis las pocas propiedades que declaran a pesar de sus sueldos. Parece que a los que tienen buenos sueldos  les es más complicado ahorrar para intentar conseguir su “libertad financiera”. 
Pues aunque parezca extraño, eso es normal. Según la Ley de Parkinson el gasto siempre tiende a expandirse hasta que alcanza la totalidad de los ingresos. Por ello, los que ingresan 5000€ podrían ahorrar más fácilmente que los que ingresan 1000€, pero en la práctica, no sucede así. (No se alarmen, la solución no es aumentarles el sueldo).
Para entender mejor esta paradoja y otras podemos tener en cuenta otras derivaciones de la “Ley de Parkinson”: 
“El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”. 
“Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”. 
“El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia” (o ley de la trivialidad).  (Si han asistido a alguna reunión de la comunidad de vecinos verán el tiempo que se pierde en discutir temas triviales)
Si queremos disparar nuestra creatividad y nuestra productividad, lo mejor es auto limitarnos responsablemente la cantidad de tiempo y de recursos disponibles para completar cada tarea.
La Ley de Parkinson es una herramienta para analizar nuestras tendencias naturales y contrarrestarlas responsablemente. Es una forma de ser más inteligentes en el manejo de los recursos disponibles y optimizar nuestro tiempo.
¿Tendrás en cuenta la "Ley de Parkinson" a partir de ahora?