lunes, 1 de octubre de 2018

¿Ponemos seny o seguimos con el sentimentalismo?

Llevamos años en los que la ilusión, el sentimentalismo y la emotividad a menudo ha superado la racionalidad y la ética en lo relativo al “procès”.
Claro que las emociones, o los sentimientos son importantes, pero en la vida encontramos muchos ratos amargos, pero que tienen un sentido porque son consecuencias de otro problema y de su solución. Debemos saber encontrar las cosas positivas que hay en el sufrimiento y una buena manera de superar el sufrimiento es dejar de mirarse el ombligo y pensar en los demás. Es bueno tener sentimientos, pero no dejarnos conducir solo por ellos y hace demasiado tiempo que estamos pagando caro no haber tenido el nivel de exigencia hacia nuestros políticos que tenemos en nuestra vida diaria o en nuestros trabajos.
Un país no cambia de la noche a la mañana. Supongo que cuando la gente por fin entienda que esto del “procés” no tira, buscará alternativas. Y si no lo hace y lo que le interesa es seguir con el chantaje emocional de los presos y verter la lagrimita con tal de no “pensar”, quizá es que merecemos ser una autonomía del Reino de España por los siglos de los siglos. 
La gran parte de la clase política catalana no aguanta ni cinco meses sin sueldo. Gente que nunca ha hecho otra cosa que “trabajar/cobrar un sueldo público”, que no han sabido ni siquiera ser independientes, económicamente hablando, en su esfera privada (no hace falta más que ver los exiguos patrimonios declarados por la mayoría de los políticos), no están preparados para iniciar un proceso de independencia que, siendo optimistas, podría durar 5 o 10 años. Hay gente en el núcleo y en la órbita del “procès” que no ha ganado en su vida 5.000 euros/mes en trabajos no vinculados con la administración pública, y que por primera vez en su vida comen bien, toman taxis, AVE’s, cobran buenas dietas, y claro, dejar ese alto estándar de vida, que nunca antes se pudieron permitir, debe ser muy difícil. Y encima si tienes una gran claca permanente que te vitorea y te echa flores, … miel sobre hojuelas. Tal vez soy muy pragmático, pero piénsenlo, aunque les duela imaginarse el escándalo. Por eso, ante los cambios que algunos proponen de regeneración política, de listas abiertas, los cargos de la Generalitat responden atrincherándose aún más y manteniendo el espejismo que la ciudadanía sufre aunque a ellos les permite seguir con su modus vivendi. ¿Piensan que tenemos una clase política capaz de sacrificarse?. Y aunque la tuviéramos, los ciudadanos seguidores ¿están en disposición (independencia personal suficiente) para afrontar, no 18 meses, sino la larga travesía del desierto que supondría alcanzar la República Independiente de Catalunya? 
¿Cuánta gente dimitió cuando los funcionarios del Estado vinieron a Catalunya para dirigir la Generalitat tras la aplicación del 155? Conocer el patrimonio y las deudas personales de los políticos tal vez ayude a responder la pregunta. 
Cualquier jurista sabe que a los políticos encarcelados o exiliados se les puede acusar de un delito de desobediencia, quizá malversación, pero en ningún caso rebelión. Por ello los políticos no tienen porqué estar en prisión por algo que no hicieron. Eso no quita que los catalanes necesitemos las explicaciones de todos los políticos que han comandado el desarrollo del “procès” y que asuman sus responsabilidades políticas por no hacer lo que prometieron.
¿Vivir en una Catalunya que siga siendo “autonomía del Reino de España” es nuestro destino como generación? Sería una pena, pero empecemos ya a decirnos la verdad. No tenemos tiempo ni ganas para seguir engañándonos por más tiempo y habrá sido una pena haber cargado unas alforjas tan pesadas para tan poco recorrido, pero no podemos permitirnos más trampas al solitario ni más chantaje emocional. ¿Conocen alguna guerra se haya ganado desde la condición de víctima?.
Los políticos independentistas, President Torra a la cabeza, alientan a que la gente para que salgamos a la calle. Aunque el discurso de los que dicen que existe violencia en Catalunya no es cierto, salir a la calle constantemente nos expone a que un día ocurra un accidente —provocado por propios o contrarios, o por mala suerte—, sobre todo si algunos salen sin una agenda previa y sin saber exactamente por qué.
Primero folclorizaron el derecho a decidir, luego la independencia, luego la autodeterminación y ahora la república. 
Seamos realistas: 
Puigdemont no puede volver mientras no haya un pacto y seguramente se intentará un pacto tácito con Sánchez para mitigar el eje nacional en favor del eje social. Lo más seguro es que digan "yo haría esto o lo otro pero no puedo, la derecha no me deja".
Ya saben que opino que la vida no cambia demasiado y menos de un mes para otro. Lo probable será que los partidos, mediante las elecciones municipales y europeas en las que seguramente presentarán a los exiliados, intenten explotar su victimismo y la falsa república. 
Nadie está dispuesto a admitir abiertamente que con un 47,8% de los votos el soberanismo nunca será capaz de forzar la celebración de un referéndum y que sin una mayoría muy cualificada, la unilateralidad es un grave error que no prosperará, porque no hay camino hacia la independencia si no se consigue convocar un referéndum acordado con el gobierno español, y ganarlo ampliamente. Por el momento, ningún partido soberanista encuentra la forma de aglutinar un amplio número de catalanes que apuesten abiertamente por la vía del diálogo, el acuerdo y el pacto. Nadie está dispuesto a admitir claramente que no queda más que hablar de todo con el Gobierno central, sin líneas rojas ni imposiciones y respetando las reglas de la democracia y los derechos fundamentales. Nadie está dispuesto a dejar de torpedear cualquier posibilidad de empezar un diálogo verdadero. Muchos necesitan radicalizar la situación en el país, porque ello es la única garantía de que se mantengan a salvo de las críticas incómodas y evitar que sus perfiles se vayan diluyendo con el tiempo.
Los catalanistas nunca han criminalizado el deseo de independencia. Eso si, han combatido siempre la transgresión de la ley, la manipulación del Parlament y el engaño sistemático al que los dirigentes independentistas han sometido, sin escrúpulos, a una parte muy importante de los catalanes. Conculcar la Ley, maniatar al Parlament y atacar el Estado de derecho, haciendo de la desobediencia norma de conducta, nos lleva a la inapelable derrota de nuestras propias instituciones. El nacionalismo exaltado pone en serio peligro nuestro propio autogobierno porque no es posible un cambio pretendidamente pacífico, con métodos basados en la desobediencia y la confrontación permanente.
Para poder triunfar algún día, el nuevo catalanismo debería sortear al menos tres grandes obstáculos:
- La reticencia de los partidos catalanistas y del sector cívico y social a caminar juntos, cada uno con su propia personalidad, pero resueltos, sin frentismos innecesarios; argumentando que se puede ser catalanista y sentirse capaz al tiempo de hacer política en España y en Europa, porque no todos los ¿enemigos? de Cataluña no están sólo en el resto de España. 
- El catalanismo debería ser también consciente de que el relato de la refundación y renovación del mismo aún está en construcción. Es imposible convencer a un amplísimo sector de la población catalana si no se demuestra que se tiene la certeza de que la vía que preconizamos es la correcta para los intereses de los catalanes, y que en ningún caso estos están opuestos a los de todos los españoles. 
- Una buena parte de la base social del catalanismo está desconcertada, y se pregunta, porqué algunos partidos unionistas y sus potentes medios de comunicación hacen esta propaganda adversa, que tal vez sea el catalanismo el embrión primigenio de tanto disparate acumulado.

Hay que tener la paciencia, la constancia y la entereza de explicar que las cotas más altas de libertad y progreso las han conseguido Cataluña y España teniendo en el seno de sus gobiernos a catalanistas sinceros que se preocupaban por lo que ocurría, aquí y allí, y que tenían una visión clara de la importancia de Europa en nuestros asuntos compartidos. 
Me parece que se está muy lejos de llegar a esta situación y por ello pienso que nos esperan unos meses/años de máxima degradación. La parte buena es que cuando algo no puede bajar más es cuando puedes empezar a entender que debes cambiar la estrategia, si o si. Por ahora parece que la clase política catalana tiene pocos visos de cambiar y las ilusiones que algunos se harán dentro de un año serán similares a las que se hacen ahora. Los políticos que sigan alimentando la pasada estrategia fallida, volverán a incumplir sus promesas de la misma manera que han hecho siempre, hasta que la gente un día reaccione. Y ese día, cada cual en lo más íntimo, decidirá cómo quiere seguir. 
Mientras, que cada cual viva a su manera la “travesía del desierto”, rece para que no se compliquen más las cosas y no nos degraden más nuestra sociedad y nuestro modus vivendi, y deje que el vecino, que así lo decida, pueda seguir trabajando para que su futuro sea un poco mejor. 

jueves, 27 de septiembre de 2018

Un otoño después

No son pocos los catalanes que en los últimos meses nos preguntamos cómo y cuándo se podrá salir de esta espiral de autodestrucción en la que la sociedad catalana, fracturada hoy política y sentimentalmente, se fue adentrando a medida que el proceso independentista rompía amarras con la legalidad.
Nos hacemos esta pregunta con preocupación, desde la exigencia de la empatía con “la otra parte”, inquietos por el desolador paisaje de tierra quemada que está dejando atrás el embate al Estado que en 2012 Artur Mas y un sector influyente de la burguesía catalana, hoy en buena parte arrepentido, impulsaron. Otros muchos se plantean esa misma cuestión por pura y simple fatiga ante una “guerra civil de baja intensidad” que está saltando de las instituciones, del debate parlamentario y las redes sociales, a la calle: con las disputas por los lazos amarillos y la sucesión de manifestaciones de uno y otro signo. Este otoño, en el que se avecinan manifestaciones y protestas, el péndulo ampliará
El choque catalán no es una cuestión de etnias ni de religiones, tal vez si de nacionalidades y de lenguas (castellano-catalán); no hay una división clara en territorios, ciudades o barrios…Es un desencuentro general, entre familias, amigos, vecinos que empiezan a detestarse y a no querer saber nada el uno del otro; es una pugna en el rellano de casa, en los balcones. Poco se habla de lo que significa ser catalán, de lo que debe ser Cataluña, ni del modelo de sociedad que se pretende formar, porque el actual no gusta a la mayoría, por uno u otro motivo.
Desde la muerte del dictador y la redacción de la constitución, prevalecía un pacto social frágil, por el que se asumía la “conllevancia”, entre los catalanes que amaban Catalunya con la cabeza y el corazón y los que tenían el corazón dividido o en otra parte, como mal menor. Un pacto que dio a Cataluña sus cuotas más altas de prosperidad y estabilidad económica, y que saltó por los aires el pasado otoño, cuando el independentismo dio el golpe unilateral con apenas el 47% de apoyo popular.
En Cataluña se vive en un equilibrio muy inestable. Solo desde la aceptación de esta realidad, y la predisposición a ceder, se puede empezar a poner las bases de un nuevo marco de convivencia. 
El constitucionalismo debería asumir que cualquier solución pasará por cesiones políticas del Estado al movimiento independentista porque no conviene permanecer eternamente en la trinchera. Por muchas ganas que tengan algunos de vencer y humillar a los independentistas que han osado intentar una separación y que piensen que la ley y el estado de derecho les amparen.
Los separatistas, por su parte, deberían aceptar la realidad social y política catalana en la que vivimos. Deberían reconocer que la mitad de la población que se opone a cortar sus lazos con el conjunto de España poseen los mismos derechos, deberes, y legitimidad que el independentista más fetén para decidir qué tipo de Cataluña desean, y por ello no pueden imponer la independencia de forma unilateral a la mitad de los que quieren vivir en Catalunya.
Como ninguno de los dos grupos quieren empatizar con el otro, el “modo perverso” se extiende como una mancha viscosa y repugnante entre la sociedad catalana. Los grupos políticos engañan a sus simpatizantes y se engañan a si mismos. A CIU, o lo que queda de sus múltiples divisiones y nombres, ya no lo conoce nadie y muchos de sus antiguos simpatizantes han quedado huérfanos políticos. El republicanismo de ERC es incuestionable, pero su "izquierdismo" es un tanto dudoso. Una gran parte de la burguesía "acaudalada" catalana pertenece a ese partido. Se mimetizan en sus vestiduras de progresismo, pero dejan entrever su auténtica naturaleza cuando la "pela" entra en juego. En la CUP hay de todo, gente progresista de verdad y mucho "niñato" universitario "pseudo izquierdoso" bien protegido por las opulentas cuentas bancarias de papá y mamá. ¿Qué tipo de país se puede formar con estos mimbres? ¿Estos pretenden ser los líderes de la nueva República Catalana? ¿Con que apoyos cuentan, si ni siquiera se entienden entre ellos para ir juntos a por su sueño? ¿Cómo son los “catalanes de hoy en día? ¿En qué sociedad queremos vivir?
Una sociedad funciona bien no sólo porque existan unas leyes sabias y unas instituciones prudentes que las apliquen con equidad, sino porque la mayoría de la gente cumple con su obligación sin tener que recurrir continuamente a los tribunales: trabaja lo mejor que puede, paga sus deudas, atiende a sus hijos y a sus padres y abuelos, y procura no enredar demasiado. Las leyes están para resolver los grandes conflictos, que siempre son una excepción y no una generalidad. Cuando se colapsa los tribunales con riñas de patio se hace un flaco favor a la justicia, no se resuelve nada y se empeora todo. Es como el que quiere medicalizar todos sus problemas personales. Sólo consigue perjudicar su organismo y los problemas siguen amargando la vida, la suya y las de los vecinos.
Si no nos dejamos influir por la propaganda mediática y miramos a nuestro alrededor, vemos que la gran mayoría trabajamos, tenemos las necesidades básicas cubiertas y que el país funciona con relativa normalidad. En cambio la vida política —la que nos muestran los medios— ha caído en una sima de degeneración, degradación, conflicto y confusión que indigna primero, aburre luego y provoca al fin una difusa sensación de asco y desdén por el caos político que padecemos. 
Algunos medios dicen que la gente está muy mal y crece la pobreza a pesar de que los tipos recaudatorios aumentan, pero el PIB creció un 3,2% el año pasado. Los últimos escándalos de los “Masters de los políticos” han arrojado sombras de duda sobre los estudiantes, pero hay estudiantes brillantes que cursan carreras técnicas y científicas, económicas y empresariales, y también ciencias sociales, arte y comunicación. Sus currículums son espectaculares, no sólo por sus expedientes académicos (nada que ver con los de los masters falsos de los políticos), sino también por los idiomas que dominan y, en muchos casos, por las actividades que compaginan con sus estudios. Sus padres están orgullosos del resultado de los esfuerzos compartidos con sus hijos y los demás ciudadanos también deberíamos estarlo por el hecho de que, en estos casos el gasto en educación que sufragan parte de los impuestos que pagamos, esté bien empleado en una buena educación y en el aprovechamiento de los recursos educativos que, más que nunca, se han puesto a disposición de la juventud.
Es una pena la mala imagen exterior de España fruto de la mala gestión del “problema político catalán” por parte del Gobierno central. La acción deliberada y eficiente de los independentistas ha conseguido que se supieran fuera de España las sombras del conflicto provocadas por la mala gestión política española y la correlativa judicialización del problema catalán debidas al presidente Rajoy y su Gobierno corrupto. Nunca se tomaron las medidas de corrección precisas para cortar la sangría (dimisiones incluidas). Su pasividad, visión cortoplacista, escapismo, voluntad de elusión y el cálculo al servicio exclusivo de un interés personal y de partido ha acelerado la autodestrucción por corrupción que afecta al PP. Su postura oficial, negándose a afrontar la gangrena que padece y negando la mayor con un descaro descomunal ha perjudicado a todos los ciudadanos.
En una época de cambios tan acelerados como la presente, ningún país puede ganar el futuro sin una acción política imaginativa y con coraje que lo planifique. España y Catalunya pagarán un alto precio futuro por el desgobierno actual. Lo pagaremos los ciudadanos. ¿Cual debe ser la catadura moral de estos políticos, que tienen poder y responsabilidad? ¿Cómo pueden dormir tranquilos?. La proyección internacional de imágenes que denuncian situaciones problemáticas tienen como efecto la pérdida de confianza en el país y en la capacidad de sus dirigentes para resolverlas. Esto, a corto y medio plazo, perjudica a todos.
Una de las constantes de la política y del periodismo de todos los tiempos es la facilidad con que los personajes con proyección pública cambian de ideas, de partido y a veces de país alterando bruscamente su trayectoria vital. La fidelidad es un bien escaso. Hay personajes que cambian de piel porque saben oler dónde está el poder, la influencia o la tabla de salvación. Es cuestión de instinto. La evolución de pensamiento y de posicionamiento político es consecuencia de la libertad de cada uno. Lo único que cabe reivindicar es la lectura global de las biografías de cuantos ayer decían y militaban en un partido o en una corriente de pensamiento y hoy se sitúan en el extremo opuesto. Las nuevas tecnologías y las malas artes que abundan en la política y en el periodismo nos permiten trazar radiografías completas de cuantos han pasado a nuestro alrededor diciéndonos lo que había que hacer mientras ellos iban marcando la hora en cada momento sobre lo políticamente correcto. Qué gran error cometió Mariano Rajoy y su equipo al no haber derivado el problema catalán hacia cauces de racionalidad y entendimiento políticos. La poca coherencia de conductas y convicciones en la esfera política nos provoca una gran incertidumbre. También tristeza, porque sólo vemos tactismos partidistas sin que se nos hable nunca de “que hacen para resolver los temas que nos preocupan a los ciudadanos”. 
Sólo hay que observar los candidatos que se perfilan como futuros alcaldes de Barcelona. Hay socialistas, socialistas fracasados, socialistas disidentes, socialistas nacionalistas e independentistas y socialistas que han olvidado que lo fueron. La condición humana admite todas las variantes imaginables... Ernest Maragall, Manuel Valls, Jaume Collboni, Ferran Mascarell, Ada Colau.
Éramos pocos y pario la abuela. En este maremágnum de emociones que nos ahoga y que no nos deja pensar con claridad, sólo falta que vengan de fuera para crearnos más confusión. Aquí en España siempre hemos valorado lo extranjero por encima de lo local, basta pensar en las estrellas del futbol y los cantantes.
El poder económico ha esponsorizado a una “¿estrella?”. Como los futbolistas famosos que acaban sus días en un club de menor categoría al final de sus carreras, Valls pondrá a prueba el relato del independentismo. Si gana, aunque se presente como independiente, significará que Ciudadanos (y la derecha) preside la capital de Catalunya. También pondrá a prueba, con el discurso que ya tenía en Francia, “ley y orden”, todo lo contrario del progresismo tolerante, multicultural y relativista que la alcaldesa Colau pretende representar, sin acabar de conseguirlo. 
Valls concentrará todos los ataques —el gran capital le apoya aunque los partidos que le representan parezcan competir entre ellos— y su resultado permitirá saber si el independentismo, tan hegemónico en las calles, y si el progresismo, culturalmente predominante, son tan fuertes como parecen. 
Valls y su potente equipo de márquetin apelará al optimismo y ofrecerá construir una alternativa al independentismo basada en los “valores culturales” de apertura, convivencia y europeísmo que, para muchos, representó durante décadas el catalanismo. 
Habrá una batalla a tres bandas prometiendo todos que Barcelona volverá a ser una gran capital europea, capital de Catalunya y paradigma de progreso, modernidad y tolerancia, pero con orden. Supongo que, como siempre, nadie explicará como resolverá los problemas que tenemos planteados los ciudadanos. Llegarán las elecciones y pocos tendrán claro a quien votar porqué la confianza en los políticos cada vez es más inexistente y nos consta que no cumplen sus promesas electorales. No puede ser de otra forma cuando predican, a golpe de sondeo, lo que la ciudadanía quiere oír y luego faltan constantemente a sus promesas sin ruborizarse al ser pillados en la mentira.
La tecnología está haciendo caer los muros artificiales que limitaban nuestra mente. Sin embargo, las paredes más elevadas siguen aún de pie: las que separan a las personas. Son prácticamente invisibles, pero impiden el flujo de la confianza, de la comunicación y de la creatividad. Y no nos podemos permitir este tipo de barreras.
Imaginen el coste incalculable que supone tanto para las personas como para las organizaciones que las personas sientan que no nos mostremos abiertos y sinceros, que perdamos grandes cantidades de tiempo y esfuerzo en politiqueros de barra de bar, con puñaladas por la espalda, y con suspicacias y malentendidos excesivos. La clave para derribar estos muros contando con la fortaleza interna para poder pensar en "nosotros" en lugar de solo en mí mismo. 
Cuando escuchemos para entender al otro y creamos firmemente que podemos encontrar otras alternativas mejores para todos que la permanente confrontación que solo nos hace perder a todos. Defender las barreras que nos protegen es algo natural, por ello aparecen los conflictos. El problema reside en que la mentalidad bipolar nos pone a la defensiva. Todas las personas creativas, responsables, excepcionales y con talento tienen opiniones distintas sobre cómo hay que llevarlo acabo. Las habrá contradictorias, sorprendentes, estrafalarias o incoherentes; pero también puede haber opiniones útiles y brillantes.
Hay que aprender cuanto antes a gestionar el conflicto a nivel familiar, de vecindario, ciudadano… Ya no es posible evitarlo y nuestra obligación es resolverlo lo antes posible para que vuelva a reinar la armonía; y la solución no es luchar o huir. Debemos exigir a los políticos que busquen una solución que beneficie a la gran mayoría.
Por nuestra parte, a ni del individual, ojalá encontremos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las que si podemos y sabiduría para diferenciarlas.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Pronto la historia se escribirá desde China, y Europa será el “Lejano Occidente”

¿Recuerdan que en los libros del colegio se trataba a los países europeos como si fueran el centro del universo y a los europeos como si fuéramos los más civilizados, cultos y ricos?. 
Se nos decía que Cristóbal Colón descubrió América en 1492. Lo aprendíamos de carretilla y lo encontrábamos de lo más normal, sin reparar que América había estado ahí desde hacía miles de años y que miles de personas (los españoles los llamamos erróneamente indios) habían poblado aquellos territorios y desarrollado sus propias culturas, diferentes a las nuestras, pero no inferiores. Sin entrar en detalles podríamos decir que este acontecimiento constituyó uno de los momentos fundamentales de la historia universal y representó el encuentro de dos mundos que habían evolucionado independientemente desde el origen de la humanidad, lo cual cambió el rumbo de la historia.

En los libros del colegio, algo similar pasaba con Asia. El mundo conocido por los europeos no iba mucho más allá del actual Oriente Medio. Las pocas noticias que se tenían de lo que estaba más allá eran generalmente confusas y muy mitificadas. Nos explicaban como Marco Polo, a mediados del siglo XIII, fue uno de los primeros europeos en recorrer toda la Ruta de la Seda, hasta la actual China y hasta Zipango. Encontró milenarias culturas tanto o más evolucionadas que la europea, comerció con ellas y aprendimos de ellos. Los libros seguían localizando a esos países como “el Lejano Oriente”.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces pero a los escolares se les siguen enseñando “visiones parecidas de la realidad”. Nosotros los europeos, el centro y los otros, los lejanos y pobres, tanto en américa (del sur) como en África y Asia.
Hemos llegado a un punto de la historia que por mucho que nos queramos engañar ya no somos el “centro del universo terráqueo”. Ni siquiera lo será Estados Unidos. 
El “Centro” pronto lo dejará de dibujar el Meridiano de Greenwich. Más bien lo dibujará “el estrecho de Malaca”, al sudeste de Asia explica Josep Piqué en “El mundo que nos viene”.
Localizado entre la costa occidental de la península malaya y la isla indonesia de Sumatra, este importante corredor marítimo une, al norte, el mar de Andamán, (océano Índico), y el mar de la China Meridional, el Estrecho de Malaca, desde una perspectiva económica y estratégica, es una de las rutas de navegación más importantes del mundo. En esta zona habitan las dos terceras partes de la población mundial y más de la mitad de la producción y el comercio internacional.
La manufactura barata se ha desplazado a India y al sureste asiático, incluso a algunos países africanos y China a hecho una apuesta espectacular por la educación, la formación y la tecnología. Tanto que en China ya se gradúan más ingenieros de altísimo nivel que en USA. Mientras Trump regula la economía, en China se anima al enriquecimiento con políticas liberales. China ya no es un país comunista, sino uno regido por un partido que se proclama comunista, con un régimen totalitario, pero que ha establecido el capitalismo de Estado. Recordemos que Den Xiaoping dijo: “Enriquecerse es glorioso”.
China se ha tomado en serio su camino hacia el Olimpo de las potencias globales, mientras que Rusia juega eficazmente las pocas cartas de que dispone para recuperar su antigua influencia e influyendo para crear reinos de taifas en Europa, Estados Unidos ha elegido a un presidente aislacionista, la Unión Europea se muestra dividida tras una discutible gestión de la crisis del euro y el mundo árabe-musulmán se desgarra en guerras sectarias que han provocado que las grandes potencias regionales se dividan en bandos irreconciliables.
En este escenario frágil y cambiante, ¿Un Oriente pujante, productivo y eficiente sucederá a un Occidente marcado por las dudas políticas, las riñas internas y la debilidad económica?
¿La pujanza económica y demográfica oriental podrán coexistir con los “valores” occidentales?
Tal vez sería bueno dejarse de mirar tanto el ombligo y pensar más en el lugar que ocuparemos en el próximo orden mundial que tenemos a la vuelta de la esquina.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Cuidado con las sociedades bipolares

Lidiar con las diferencias —en los negocios, la política, la economía y en cualquier otro ámbito— es muy peligroso. Las emociones, los malos entendidos, las inseguridades y el ego, pueden interponerse en nuestro camino hacia la consecución de acuerdos beneficiosos o hacia la posibilidad de cambiar el modo en que las personas perciben un problema o una oportunidad.
Tenemos grandes retos pendientes de resolver, como el terrorismo, la pobreza, la destrucción gradual del medio ambiente, etc. A nuestro alrededor tenemos desempleo, carencias educativas, la sanidad se ha deteriorado mucho, faltan de infraestructuras adecuadas y sobran otras, tenemos una deuda enorme, un mal gobierno, una corrupción descontrolada,…
Cada vez nos sentimos más presionados, por lo que discutimos más y tenemos menos paciencia y aguante con las acciones de los demás. El termómetro de la ira cada vez sube más. Las familias se pelean, los compañeros de trabajo discuten, los ciber-acosadores nos aterrorizan, los juzgados se colapsan, y los fanáticos nos molestan y nos hacen el día a día más difícil. Los medios de comunicación lanzan mensajes de «comentaristas» despreciativos conscientes de que cuanto más descabellados sean sus ataques, más dinero ganarán. Esta fiebre de discordia ascendente puede hacer que acabemos enfermos. 

¿Qué podemos hacer para resolver los conflictos que más nos dividen y los problemas más complicados?
¿Nos lanzamos a la batalla, decididos a no dejar pasar  ni una más, pasando eso sí por encima de nuestros «enemigos»?
¿Adoptamos el papel de víctimas y esperamos, indefensos, a que alguien venga a rescatarnos?
¿Llevamos el pensamiento positivo al extremo y nos sumergimos en una agradable negación de la realidad?
¿Esperamos con estoicismo y sin esperanzas de que nada vaya a cambiar? 
¿Seguimos esforzándonos, como la mayoría de las personas de buena voluntad, para hacer lo que siempre hemos hecho con la vaga esperanza de que, de algún modo, las cosas mejorarán?
Se dice que Albert Einstein afirmó una vez: «No podemos resolver los problemas importantes a los que nos enfrentamos desde el mismo nivel de pensamiento que los ha creado». Si estamos de acuerdo en ello, para resolver los problemas más difíciles que nos presenta la vida, tendremos que cambiar radicalmente nuestra manera de pensar pasada y presente.
Nos han acostumbrado a pensar en términos de «mi equipo» contra «tu equipo». Mi equipo es bueno; el tuyo es malo o, como mínimo, «menos bueno». Mi equipo está en lo cierto y es justo; el tuyo está equivocado y, se compota de forma injusta. Mis motivos son puros; los tuyos, en el mejor de los casos, son dudosos. Es mi partido, mi equipo, mi país, mi empresa, mi opinión, mis ideas, contra los tuyos. Sea como sea, hay sólo “dos alternativas” la tuya o la mía y son incompatibles. Los medios nos lo recuerdan cada día.
Casi todo el mundo se identifica nos identificamos con una alternativa u otra. Por eso hay liberales y conservadores; republicanos y demócratas; independentistas y unionistas, currantes y patronal; abogados y fiscales; niños y padres; trabajadores privados y públicos, trabajadores y vagos, campo y ciudad; ecologistas y constructores; blancos y negros; religión y ciencia; comprador y vendedor; demandante y demandado; países en vías de desarrollo y países desarrollados; marido y mujer; socialistas y capitalistas; creyentes y no creyentes… Por eso hay racismo, prejuicios y guerras. Cada alternativa está muy enraizada en una mentalidad muy concreta. En general, cada parte se considera virtuosa y racional, al tiempo que cree que la otra carece de virtud o de sentido común.
Las profundas raíces de la mentalidad se entretejen con la identidad personal. Si digo que soy ecologista, liberal o ingeniero, describo mucho más que mis creencias y mis valores: describo quién soy. Por lo tanto, los ataques a «mi equipo» son ataques hacia mí y hacia la imagen que tengo de mí mismo. Llevados al extremo, los conflictos de identidad pueden desembocar en peleas y hasta en guerras.
Si esta mentalidad bipolar está tan inculcada en tantos de nosotros, ¿cómo podemos llegar a ver más allá? No solemos hacerlo. O bien seguimos luchando eternamente o bien alcanzamos un consenso precario para sobrevivir, descansar y seguir luchando por lo nuestro. Por eso llegamos a tantos puntos muertos y a la frustración que conllevan. Sin embargo, el problema no reside, por lo general, en los méritos del «equipo» al que pertenecemos, sino en nuestra manera de pensar. El verdadero problema reside en nuestros paradigmas mentales. Y como no conseguimos entendernos, acabamos diciendo: “No podemos vivir juntos. O tu te vas o yo me voy”. 
En el mejor de los casos, se logra alcanzar un “consenso” con el que todos pierden algo, pero sobreviven evitando alargar indefinidamente la trifulca y evitando perder “bous i esquelles”, como decimos en catalán. 
Quienes solo ven dos alternativas se enfrentan siempre a falsos dilemas: «O conmigo o contra mí». Es como si fueran daltónicos: solo ven el azul o el amarillo. No pueden ver el verde.
El pensamiento bipolar puede dar lugar a una respuesta debilitante: la pérdida de esperanza.
En todo Gran Debate, hay siempre un «Gran Centro» de personas que no se identifican ni con un extremo ni con el otro. Se sienten desmotivados por el carácter extremo del pensamiento bipolar. Creen en la colaboración, en el trabajo en equipo y en ponerse en el lugar del otro, pero no ven la posibilidad de salir del partido de ping-pong o de dejar de mirar como se mueve el péndulo con su “acción-reacción” de efectos tan dañinos. Sólo alcanzan a decir «No nos llevamos bien. No somos compatibles. No hay solución».
Es comprensible el desánimo cuando se comprueba que el Consejo del Poder Judicial (CPJ) se entera de lo que piensan y comentan públicamente, en un foro a disposición de 5000 jueces españoles, un grupo de jueces que se suponen administran justicia, faltándoles la prudencia y ecuanimidad necesaria. A veces parece que los fiscales, los jueces y hasta el CPJ se enteran de lo que les interesa y actúan de acuerdo con los intereses partidistas que los animan. ¿Se reprueban y castigan adecuadamente la falta de respeto a ciudadanos, a instituciones y a sus titulares elegidos democráticamente?. ¿Quién querría, en cualquier tipo de pleito, tener a esos jueces en su causa? 
En su Twitter, el  profesor Xavier Sala-i-Martin escribe: "Imaginad por un instante que este chat hubiera sido escrito por jueces norteamericanos y en lugar de "catalanes" se hablara de "negros". O que fuera de jueces alemanes y en lugar de catalanes se hablara de "judíos". ¿Qué creéis que pasaría?".
Por estas y otras causas es comprensible el desánimo y la desafección de muchos ciudadanos, pero si todos nos empecinamos en mantener nuestras propias líneas rojas, en disculpar a “los nuestros” y en odiar a “los otros” nunca saldremos del callejón tenebroso. No conozco a nadie (salvo personajes de ficción en las películas) capaz de conseguir que “el otro” renuncie a “sus ideas” ni siquiera a valorarlas desde la perspectiva del otro. 
A la gran mayoría nos falta la pasión, la energía, el ingenio y la emoción de crear una nueva realidad mucho mejor que la anterior. Muy pocos entienden el concepto de SINERGIA, el potente resultado que se obtiene cuando dos o más seres humanos respetuosos deciden, juntos, ir más allá de cualquier idea preconcebida para alcanzar un gran reto. En el ámbito organizativo se usan los conceptos:mantenibilidad, mutualización, escalabilidad y resiliencia como variantes de la Sinergia.. Mucho hay investigado y escrito al respecto, pero es necesario “ponerlo en marcha” en el seno de las organizaciones y de los países, y para activarlo, lo primero que deberíamos preguntarnos todos (los unos a los otros) es: «¿Estás dispuesto a que busquemos juntos una solución mejor que las que hemos encontrado cada uno por separado?
Esta misma pregunta es la que deberíamos pedirles a todos los líderes políticos y a sus equipos, que nos respondieran. Si la respuesta fuera “NO”; no nos sirven para nada y habría que sustituirlos por otros que estuvieran dispuestos realmente a “servir y proteger” a los ciudadanos. Si la respuesta fuera “SI”; habría que exigirles que se reunieran en un “parador”, aislados de los medios de comunicación y de los lobbies, y que no salieran hasta que consiguieran la “sinergia” necesaria para encontrar la solución.
Lo primero que debemos tener todos claro es «¿Qué sería mejor?». Las grandes palabras o conceptos vacíos no sirven. Hay que concretar para llegar a tener una visión clara de lo que hay que hacer, una lista de criterios que definan el éxito de tal modo que nos entusiasme a la gran mayoría de los dos bandos; unos criterios que vayan más allá de nuestras exigencias de partida.
Una vez se han plasmado todos los criterios, hay que empezar a experimentar con posibles soluciones que nos entusiasmen a la gran mayoría. Creamos prototipos, hacemos lluvias de ideas, le damos la vuelta a nuestra manera de pensar. Suspendemos (al menos temporalmente) los juicios de valor. La sinergia depende de que nos demos permiso para experimentar con posibilidades radicales.
Habremos alcanzado la sinergia  cuando sintamos emoción y a mayoría de las dudas y el conflicto hayan desaparecido. Los negociadores deberían seguir trabajando hasta que experimenten el estallido de dinamismo creativo que representa conseguir una SOLUCIÓN exitosa.
Procesos similares a este ya se han llevado a cabo en numerosas organizaciones en el mundo entero. Requieren prudencia, ecuanimidad, capacidad de trabajo y TIEMPO, mucho tiempo. Sólo los que no tienen ni idea de las dificultades del proceso pueden decir. “Tenemos prisa”. “¡Lo queremos ya!”. Deberíamos recordarles que “la ignorancia es muy atrevida”.
Tal vez arrancar, recorrer y culminar un proceso de esta envergadura sea pedirles demasiado a los políticos que dirigen nuestros países. Tal vez si, porqué parece que no tenemos líderes y menos estadistas en nuestras instituciones públicas. Solo personajillos que saben posar y mentir. Mentir hasta en los estudios que han cursado. Así de nefastos son los resultados que consiguen.
Hay mucha gente preparada en nuestro país. Algunos reconocidos internacionalmente. Tal vez sería bueno cambiar de “representantes” por otros más capaces o sobre todo más dispuestos.
Los ciudadanos que sólo ven escenarios bipolares seguirán diciendo que sólo hay un camino, que nadie ha visto, y se negarán a salir de su posición extrema. Sin embargo hay una gran masa de población que quiere buscar una solución mejor. El problema es que pese a ser muchos, no se conocen entre si y no se oyen ni sus pensamientos ni sus voces. Tal vez la tecnología venga pronto en su ayuda.
Para los que no estén muy habituados en esto de conocer gente virtualmente, les diré que un “Tinder” es una aplicación geosocial que permite a los usuarios comunicarse con otras personas con base en sus preferencias para charlar y concretar citas o encuentros.
La herramienta (y sus variantes centradas más allá de la imagen) no es buena ni mala en si; depende de quien, como, de que manera y para que la utilice. Un bisturí en manos de un cirujano puede salvar una vida; en manos de un criminal puede matar. De modo similar, una “App Tinder” puede servir para conocer amigos/amigas con fines amorosos, pero también para juntar a personas de hobbies, tendencias, valores o… “perfiles políticos”, similares.
Imaginen a la “gran mayoría silenciosa”,desencantada del proceder de los políticos y de los grupos de presión mediáticos, que centrifugan a los extremos cualquier opinión diferente a la suya; que no son capaces de establecer lazos por su atomización social y la corrección política, que pudieran conocerse y unirse a través de una “App tipo Tinder”.
¿Imaginan que pudieran organizarse políticamente para defender participativamente lo que de verdad les interesa?
¿Imaginan que estuviera fácilmente disponible una herramienta así, capaz de visualizar, organizar y unir a  toda esta mayoría silenciosa, que se siente desamparada políticamente, y les permitiera una fuga masiva de la cárcel del miedo y el aislamiento que padecen apabullados por los “extremos”?
¿Saldría algún líder capaz de aprovechar ese gran capital político?
¿Les da vértigo que pueda suceder a corto plazo?
El ser humano siempre se ha comportado de forma similar a lo largo de los siglos. Cambian las formas, las tecnologías, pero la historia siempre se repite. Sobre todo si las personas olvidamos esa historia (algunos se la imaginan o reinventan a su conveniencia) o no aprendemos nada del pasado. En esos casos, estamos irremediablemente condenados a repetir los graves errores que costaron mucho sufrimiento a la humanidad.
Si tienen curiosidad, investiguen, y piensen en los variados usos que se le pueden dar a aplicaciones como estas… Y también en los grandes peligros que conlleva, dependiendo de quien y como la use.
Pueden empezar por este ejemplo…

martes, 11 de septiembre de 2018

Masters, degeneración, compadreos y socorros mutuos

Los occidentales presumíamos vivir en una tierra de libertad, donde se respetaban los derechos individuales, donde florecían las economías dinámicas; el desarrollo y la prosperidad. Sin embargo esto está cambiando porque tenemos economías altamente intervenidas, enormes deudas públicas, corrupción, conductas antisociales y las instituciones de la sociedad civil se encuentran en un real y profundo peligro de extinción. En Occidente hemos ido entrando poco a poco en una degeneración de nuestras instituciones y principios liberales.
Los que han estudiado todos los temarios de un master, han hecho los trabajos correspondientes, han superado las pruebas y han obtenido el título correspondiente están indignados ante el aluvión de “¿másteres?” (el significado de las palabras no para de pervertirse continuamente) con que algunos políticos y cargos de confianza adornan sus escuálidos y etéreos (por lo poco consistentes) currículos. Los medios de comunicación nos lo explican como algo habitual, generalizado, en la clase política española de la tercera generación democrática, aquellos que no han conocido otra cosa en la vida que el “¿trabajo?” en un partido político. Todos esos “casos máster” son similares: un montón de asignaturas convalidadas, no hace falta asistir a clase y basta con presentar algunos trabajos irrisorios de copia/pega para obtener notas altas y brillantes diplomas. Las explicaciones que se ofrecen cuando alguien resulta sorprendido en el timo son exculpatorias, de falsa modestia y quien las da no pasa ninguna vergüenza. La vergüenza ajena sólo la pasamos los ciudadanos por tener que votar cada cuatro años (los que mandan en el partido nos los ponen en su lista si o si) a esos seres indignos para ocupar el cargo que obtienen.
Son muchas las universidades que podrían verse afectadas por los tratos de favor a los poderes políticos locales o regionales, pero se llevan la palma la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Carlos III que emanan un desagradable tufo de politización (PP y PSOE). Ambas encabezan el palmarés español de la corrupción de las conciencias, la falta de ética académica y de decencia política. 
Por desgracia para nuestra sociedad la degeneración académica, la escandalosa politización de muchas universidades y la descarada endogamia de los gobernantes-responsables universitarios han convertido la autonomía universitaria en una autonomía cortijera, en la que abundan los compadreos y socorros mutuos.
La única ventaja que podría traernos la cadena de escándalos por los másteres fantasma sería que, más allá de la polvareda inmediata, la crisis acabara afectando al modelo de gestión de las universidades. Pero, por lo que se ve, no parece que vaya a ser así. Hay demasiados intereses que protegen la existencia de másteres expedidos por universidades que no hacen honor a su nombre, ni les importa.
Cuentan que hace más de cinco años, se convocó un ‘comité de sabios’ para que indagase en los males de la universidad española y elaborase una propuesta de reforma. El informe que elaboró aquella comisión de expertos incidía en la endogamia y en sus consecuencias perversas y, quizá por eso mismo, acabó olvidándose. Los primeros que pidieron que la ‘reforma de los sabios’ se tirase a la papelera fueron los rectores. Tampoco los sindicatos estaban dispuestos a que se modificara el actual estatus universitario y mucho menos a que se constituyese un órgano de gobierno con miembros externos a cada universidad —sin intereses ni personales ni profesionales en esa comunidad académica—, encargado de elegir al rector, de fiscalizar las cuentas y de evaluar la calidad docente.
Lo peor de todo es que demasiados ciudadanos viven en un “sistema cerrado de pensamiento”. Un sistema cerrado es aquel que “no admite que los hechos lo modifiquen y posee las defensas elásticas necesarias para neutralizar su impacto y hacerlos concordar con el esquema requerido. Cuando uno pone los pies dentro de su círculo mágico, le rehúsa toda base donde fundar sus posibilidades de discernimiento y de crítica. Es un “invernáculo emocional” donde el discípulo recibe un adoctrinamiento total en el método de razonamiento del sistema. Ello produce un tipo de inteligencia escolástica y minuciosa, que no ofrece ninguna protección cuando quiere cometer las más toscas imbecilidades. La mentalidad de quienes viven dentro de un sistema cerrado de pensamiento puede resumirse en que pueden probar todo lo que creen y creen todo lo que pueden probar.
El sistema universitario y muchos otros colectivos en nuestro país se comportan como sistemas cerrados impermeables a los hechos y a la duda, blindados frente a los argumentos del exterior y, por supuesto, sordos a las preguntas que se les hacen para aclarar el propósito y cuestionar los efectos nocivos de sus acciones.
Ante este escenario es enormemente difícil un cambio a mejor. Por ello, las empresas privadas, cada vez hacen menos casos de los currículos y de los títulos, masters y demás “virtudes“ que los solicitantes de empleo muestran sobre el papel. Se ha perdido la confianza en los “títulos” porque el papel todo lo aguanta y lo único que vale y se valora es lo que se puede demostrar en el desarrollo diario de la actividad.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Soñar es bonito, pero hay que mantener la cordura

En este complicado otoño en el que nos adentramos, más allá del “procés”, conviene interrogarse sobre la fortaleza y las perspectivas de nuestra economía. ¿Resistirá sin problemas las tensiones? ¿Comenzaremos a sentir sus negativos impactos?

Conocemos estos datos relevantes:
- Salimos de la crisis con fuerza, creando empleo a tasas elevadas, pero a medida que el ciclo madura es más difícil mantener esos buenos ritmos de crecimiento.
- El turismo, nuestra principal industria, y la única en algunas regiones, se desvía hacia Túnez, Egipto y Turquía. Sobe todo el de “sol y playa” que obtiene buenísimas ofertas en esos paises.
La Fed está ya subiendo los tipos de interés, perjudicando a las economías que continúan sobreendeudándose en dólares. EL BCE anunció que cesará de comprar nueva deuda pública (española) a finales de año,con lo que se encarecerá la financiación. Recordemos que España continúa con desequilibrios excesivos, que Catalunya comparte: demasiada deuda privada y pública, y peligrosos niveles de endeudamiento exterior. 
- El petróleo y otras materias primas ha subido detrayendo renta para el gasto. 
- Las guerras comerciales de Trump con la UE y China, los problemas que generan los aumentos de tipos de interés de EE.UU sobre los países endeudados como España 
- El peligro de la burbuja de deuda en China o los niveles de la bolsa americana.
El panorama económico se obscurece. Los riesgos continúan y, a medida que se modifica el marco exterior, el margen de maniobra se estrecha. En Catalunya, por mucho que nos repitan que “nada pasó el pasado otoño”, vamos a conjurar lo que pueda deparar el futuro. En esta compleja situación, sólo falta que desde Catalunya empeoremos las cosas (cortes de vías de comunicación, paros generales, etc), para los catalanes y también para el resto de españoles.
Joan Tardà de ERC, afirmó ayer que “si hay algún independentista ingenuo o estúpido que cree que puede imponer la independencia sin tener en cuenta al 50% de los catalanes que no lo son, es evidente que está absolutamente equivocado”. Bienvenido al club. Ha tardado demasiado en decir públicamente lo que muchos pensaban desde que se realizó la “Consulta sobre el futuro político de Catalunya el 2014” (la de la doble pregunta). 
No tardaremos en oir voces que lo tiren a los pies de los caballos. Lógico, por otra parte, porque todos recordamos que ERC lideró la crítica cuando Puigdemont dudaba si convocar elecciones anticipadas después del Referendum de independencia de Catalunya del 1 de octubre de 2017. De todas formas, rectificar para evitar males mayores es de sabios ya que no es sensato jugar a gobernar poniendo en peligro la vida, la salud y el dinero de los demás
La incertidumbre tiene costes reales para todos: retrasa las decisiones de inversión y hace que los inversores se muevan a lugares más favorables y seguros allen de nuestras fronteras: las más próximas y las más lejanas.
Las pocas acciones políticas que siguen desplegando tanto el Gobierno español como el Govern, son un factor de preocupación, en lugar de serlo de estabilidad. En Catalunya no se sabe que están haciendo los parlamentarios, aparte de cobrar el sueldo. En España, una fuerza parlamentaria muy insuficiente, 84 escaños, ha sustituido la acción para sanar y reformar la aún maltrecha economía española por acciones de cara a la galería. Eso si: el número de ministerios/ministros han aumentado y todos los cargos de confianza están totalmente cubiertos.
La mayoría de iniciativas que este Gobierno está logrando sacar adelante son puramente cosméticas, sin impacto alguno para la vida de los españoles, aunque sirven para “marcar ideología” y para dejar claro a sus votantes que gobiernan los suyos. Otras medidas buscan crear una extensa red clientelar que permita al gobierno contar con sólidos apoyos en su partido. Nunca tantos debieron tantos enchufes a tan pocos diputados.O sí, porque todos los partidos hacen lo mismo: o estás conmigo o contra mi. A los mios los recompenso y a los otros, no los tengo en cuenta. Eso sólo favorece la corrupción, torpedea el diálogo, la negociación y la democracia.
Escasean en los gobernantes iniciativas capaces de enfrentar los problemas clave de la aún maltrecha economía española. Ese tipo de iniciativas que nos podrían ayudar a resolver los problemas que limitan nuestro potencial de crecimiento. Problemas como la demografía desfavorable, que dificulta la sostenibilidad del Estado del bienestar; un nivel elevadísimo de deuda(debemos lo mismo que producimos cada año), una productividad bajísima, que hace difícil a la economía pagar los salarios que todos desearíamos, y un mercado de trabajo que condena a muchas personas a vivir en la precariedady limita la inversión de todos en formación.
Hace tiempo que no se lleva a cabo ninguna medida propuesta ha ido destinada a resolver estos problemas realmente importantes. Solo gestos populistas para hacerse la foto y excitar a sus bases clientelares. España es como un barco herrumbroso que tiene boquetes y vías de agua sin reparar de las tormentas anteriores. El capitán, puede que divisando una enorme tempestad en el horizonte, prefiere invitar a sus marineros a más aguardiente para evitar que protesten, en vez de organizarlos e inspirarlos para, ya no digo construir otro barco mejor y sin los vicios antiguos; bastaría con reparar los boquetes antes de que empiece la siguiente tormenta.
Se acabó la dictadura, empezó la Transición hacia gobiernos democráticos y la gente estaba ilusionada. Nueva Constitución, Europa, nuevos estatutos,…Después vinieron González-Aznar-Zapatero-Rajoy y ahora Sánchez con los antisistema y los nacionalistas vascos y catalanes. Gobiernos autonómicos con estructuras duplicadas en el Gobierno central, desconfianza, incumplimientos, etc. Parece que España entró en modo autodestrucción hace tiempo.
Demasida gente se conforma con leer memes y pierde el tiempo en redes sociales sin molestarse en pensar, dialogar, leer, esscuchar y entender, para enterarse de lo que REALMENTE está pasando. 
Por otra parte, al Gobierno Sánchez le será muy difícil que pueda encarar una crisis con los aliados que tiene, porque a parte de ellos les favorece que España vaya cuanto peor mejor, sole les falta buscar a alguien para echarle la culpa de todo lo malo que ellos no pueden arreglar porque sus adversarios políticos lo dejaron todo muy mal. El día de la marmota se revive una y otra vez y todo cada vez peor.
Están avisados: vienen tormentas. Ojalá puedan resguardarse del chaparrón y no se ahoguen.

martes, 4 de septiembre de 2018

El Parlament está cerrado por vacaciones y el President va al Teatro

Esta tarde hablará el President de la Generalitat. No en el Parlament que está de vacaciones, sino en el Teatro. 
El Partido Popular, Ciudadanos y los Comuns no enviaran ningún representante a la conferencia que dará Quim Torra como President del Govern. El PSC enviará a Eva Granados. Diversos periódicos avanzan lo que va a decir el President esta tarde en el Teatro. Desconozco si ya han asistido al preestreno de la obra o se lo inventan. Tanto da. 
No puedo dejar de recordar que todos los políticos han puesto en riesgo una sociedad magnífica, por una idea utópica que no ha avalado nunca la mayoría de la actual sociedad catalana. Han coartado nuestro entorno personal e intelectual, la estabilidad y el diálogo franco en las familias,...
Algunos políticos del Govern y del Gobierno hablaron y negociaron evitar el colapso. Algunos dicen que se pusieron de acuerdo en unos mínimos razonables, pero parece que no se atrevieron a aplicarlo. Les dio miedo la calle, las redes sociales, la lucha partidista,... Todo el mundo, los políticos independentistas y los unionistas, aquí y allá, jugaban con los respectivos electorados. Para los unionistas de allí, evitar el colapso no sumaba mucho. Sumaba más votos aplicar el palo. Aquí, lo que sumaba era decir que no nos daban miedo con la amenaza del palo. También pesó mucho la dinámica partidista de competencia entre ERC y PDeCat y entre el president Puigdemont y el vicepresident Junqueras; dinámica que hacía que todo el mundo compitiera para quedar más bien con la parroquia soberanista.
El ruido de las redes sociales les influyó mucho (y sigue haciéndolo) más de lo que debería haberlo hecho. Era y es un ruido arbitrado artificialmente, con medios digitales de la causa partidista, con personas físicas estimuladas debidamente por los gabinetes de comunicación pagados con dinero público aportado por gente de todas las sensibilidades. Pasó lo que pasó y desde la noche del 1 de octubre en Cataluña se impuso la confusión, la improvisación y el desgobierno. 
Ahora, casi un año después, el Parlament está de vacaciones larguísimas. El Gobierno Español parece que está más tranquilo (aunque proponga otra vez cosas que pudieron ser y que finalmente no fueron), pero hay fuerzas en el Estado que debería actuar de forma más madura, más serena. Si se debilitara la reacción exagerada del Estado en relación a los hechos ocurridos el año pasado, todo pasaría más deprisa y con menos daños colaterales.

En estos días, el idealismo está sobrevalorado. Un discurso del todo romántico e idealista, en el sentido peyorativo de esta palabra, nos ha llevado a una situación que nos ha desbordado a todos y de la que todavía estamos sufriendo las consecuencias. Cada trimestre que pasa, en esta situación, el despropósito aumenta. Más que ir encauzando la situación, se hace crónico el despropósito. Todos hemos ayudado. Hemos roto muchas cosas. Unos y otros. Para recuperarnos, es necesario que desde aquí se genere de nuevo un discurso que dé una oportunidad a la reconciliación de la mayor parte de catalanes. No deberíamos permitir que las "Redes orquestadas por los extremistas" nos vuelvan a nublar el juicio profundo y sereno. Los medios y las personas mas favorables a la Independencia dibujan y difunden la idea de una España negra, pseudofranquista, con gentuza que nos quiere mal y que no son democráticos ni dialogantes. Es una imagen injusta y ofensiva si se mete a todos los españoles en el mismo saco. O retocamos este discurso o hablar de reconciliación será muy difícil. 

Todos juntos debemos ser conscientes de que Cataluña no es un país independiente por la represión española, pero también (no lo olvidemos) porqué la mayoría de los catalanes no quiere. Por lo tanto, el trabajo que tiene que hacer el soberanismo no es renunciar a ningún ideal sino sencillamente empoderarse más y ganar mayores complicidades reales. Hablar mal de los que no piensan como tú, no hacer lo imposible para hablar con ellos y tratar de quedarse ciegos para que el otro se quede tuerto es una política muy mala. Hay un error de diagnóstico que cuanto antes corrijamos todos, mejor.
Hace un año los de ERC criticaron que Puigdemont pudiera pensar en convocar elecciones adelantadas y presionaron desde la política, desde la calle y sobre todo desde las redes para que no lo hiciera. Marta Rovira fue una de las más beligerantes. Parece que su táctica era hacer un pulso con el PDeCat pensando que, al final los del PDeCat aplicarían el criterio de los moderados, convocarían elecciones y ERC quedaría bien ante la ciudadanía más encendida, maximalista. Los pragmáticos quedarían, como siempre, en el espacio convergente. Les salió mal porque el presidente Puigdemont también fue muy idealista (o no resistió quedar delante de las Redes como el amedrentado, cobarde y malo) y no convocó las elecciones.
Desde que tienen a su líder en prisión, Esquerra (ERC) ha corregido su discurso. Las verdaderas razones del cambio las deben conocer unos cuantos y no las explican a la gente de la calle. Las redes y muchos periódicos (de todas las tendencias) están más llenos de propaganda que de información. Deberíamos celebrar la crítica, incluso la crítica injusta y la mentira. Al menos tolerarla. Una sociedad que se pretende abierta debería resistir y ser resiliente a todo esto. Lo que se debería combatir es que toda esa propaganda se haga con dinero público. Si no hay mercado para la mentira, no debería alimentarse desde la Administración. Si algunos tienen una línea editorial que consiste en derribar las ideas moderadas y liberales-progresistas que lo hagan. Lo que no es de recibo es que lo hagan con dinero público porque no tienen mercado real ni público suficiente que los quiera leer o escuchar y menos pagar para hacerlo. Están construyendo una sociedad artificial que condiciona decisiones políticas.


Uno puede ser más o menos pícaro, más táctico o más estratégico, pero hay momentos en que si ves que una decisión propia puede comprometer el progreso y el bienestar de la mayoría debes respirar hondo y aceptar que no te ha salido bien la jugada (o el farol) y tienes que parar, cambiar de estrategia e intentar hacer realidad tu sueño sin engañar a los demás.
Hacerlo es un acto de valentía que, en la mayor parte de los políticos brilla por su ausencia. Muchos catalanes apoyamos la idea independentista por una razón racional e instrumental. Si no hay manera de que reconozcan que somos una nación, que tenemos derecho a construir un proyecto político compartido pero finalmente propio, porque nos hemos de autolimitarnos? 
En mi fuero interno siempre pensé que esto posibilitaría una negociación seria. No pasó. Antes de volver a defender unilateralmente estas ideas, deberíamos calibrar todos bien el dolor que hemos causado entre todos y valorar si compensa. Quizás nos compensaría más volver a jugar la carta de la reconciliación e intentar de nuevo ensayar el encaje en el marco de una España plurinacional. Valoremos bien. Valoremos cuanto más podremos resistir el malestar que se sufre en el ambiente: familias y amigos que han dejado de hablar o al menos que tienen que estar continuamente midiendo muy bien sus palabras y evitar conversar sobre muchos temas para no romper definitivamente la convivencia. Valoremos bien cuanto más podremos soportar esta sociedad enrarecida y las consecuencias económicas y sociales que se derivan de seguir a pies juntillas, visceralmente ciertas consignas... Es evidente que no podemos hablar de política como hace unos años. Ahora, en una comida o en una cena tienes que ser muy cauto. Los hay que tienen familiares, amigos, gente apreciada en la cárcel o con peligro de que los puedan encarcelar. Otros que creen que todavía deberían haber más y “desinfectar” a fondo el territorio. Pensémoslo antes de volver a poner en marcha una maquinaria generadora de esta tensión y de seguirla ciegamente, porqué el péndulo oscila y a veces puede descontrolarse. 

Pensemos que aún con todos los “problemas”, vivíamos en una sociedad que mucha gente envidia. ¿Cuántos años más queremos estar con esta tensión que perjudica a todos? 
Todas las opciones partidistas son legítimas. Los ciudadanos debemos calibrar bien que opciones reales ofrece cada una de ellas y si estamos dispuestos a asumir las consecuencias de sus ofertas. Si no es así, mejor que apostemos a los juegos de azar. Aunque no ganemos nada, perderemos mucho menos. 



Parece que la Asamblea Nacional Catalana está planeando un “paro de país”. ¿De que país? ¿Catalunya o España? ¿Que proponen exactamente? ¿Qué complicidad tienen con la patronal y los sindicatos?, ¿Es sólo una ocurrencia de algunos o que entidades o lobbies la secundarán?
Algunos proponen que en nueve meses se haga efectiva la República y a otros les gustaría que los que proponen esas cosas viajaran al espacio interestelar y dejaran Tabarnia para los Tabarneses. La ideología y las ideas de todo el mundo importan, pero hay muchas y todas son respetables, solo que algunas no ligan con otras. Cuando las visiones que ciertos grupos de personas tienen del mundo son muy diferentes de las nuestras se tienen que respetar, sobre todo si las personas que las explican son nobles, honestas y consecuentes, pero eso no quiere decir que a todos nos parezcan bien y si las explican grupos políticos que tengamos que votar a sus candidatos. No deberían hacerlo los que piensen que si llegan a materializar sus ideas todos iremos peor que antes. Oímos repetidamente a los políticos independentistas decirnos una y otra vez que cumplen el "madat que la ciutadania els va donar el 1 d’octubre". Por mucho que lo repitan no será más cierto. El 1 de octubre fue una gran movilización, pero no justifica emprender ninguna decisión político-institucional.Unos dos millones largos de catalanes votaron afirmativamente, pero otros más de dos millones largos de catalanes no se sintieron interpelados y se sintieron vinculados al ordenamiento constitucional español. Cuando esto ocurre, cuando ningún país del mundo te reconoce tu nuevo Estado republicano, cuando España no te lo reconoce, cuando la sindicatura electoral cae la semana anterior, ¿que fue el 1 de octubre? Para mi fue una gran expresión de compromiso político con una idea. Es un aval a los que defienden esas ideas que solo les permite seguir batallando políticamente por estas ideas. Si algún día un futuro President de la Generalitat puede volver a proclamar la República Catalana, como le reclama la CUP al President Torra, me preocupa la reacción del Estado español. Si el Estado sabe tener la racionalidad, la sangre fría propia de un estado democrático maduro, podremos gestionar esto y lo que sea necesario. Ahora bien, si el Estado español sobreactúa, alimenta la confrontación, como vienen haciendo sin parar los extremistas de ambos bandos en litigio, puede tomar cualquier tipo de decisión y eso seguro que nos complicará mucho la vida a todos. Puede que a algunos deje de complicársela porqué pierdan la vida en el percance. No queremos mártires, queremos hombres sensatos que dialoguen controlando sus visceralidades.








Ojalá el President Torra, esta tarde se saque el conejo de la chistera, pero me temo que más de los mismo. Todo lo judicial se ralentiza y se retrasa. Supongo que el poder judicial dejará que pasen las tormentas del otoño y luego hará el juicio a los encausados catalanes. Eso implica más meses en prisión y cada mes que pasa con gente en la cárcel todo es más extraño y complica más la situación. 
En primavera del 2019 vendrán las elecciones municipales y seguramente aún estaremos en el mismo discurso de símbolos, aunque me gustaría que los grupos políticos nos hablasen de temas que importan al pueblo o a la ciudad donde residimos cada catalán. Tenemos muchísimos pendientes de resolver y necesitamos que nos expliquen como piensan hacerlo.


Necesitamos que el Estado y la ciudadanía ayuden a triunfar las ideas de la gente progresista, moderna, que estima el bien común y protege el interés general, honesta, intelectualmente y moralmente; que no se inventa realidades virtuales y sobre todo, que no nos sigan dando mas gato por liebre. En fin, todo esto ya está muy lejos y hasta entonces, aunque pasarán muchas cosas, yo voy a seguir diciendo lo que pienso y espero que los que me escuchen y lean también lo hagan; de forma constructiva y respetuosa, como siempre.

sábado, 1 de septiembre de 2018

El Efecto Zeigarnik

La vida es un trabajo en curso, y no todo está siempre acabado y envuelto para regalo.
Una tarea incompleta es un bucle abierto que consume energía cognitiva en la búsqueda de una solución o en la preocupación por no haberla hallado todavía.
Lo "incompleto" nos produce estrés. Tenemos un complejo de lo “incompleto”.
¿Se han fijado que los camareros suelen tener una excepcional destreza para recordar los pedidos que todavía no han atendido?. Sin embargo, en el instante en que los han completado, se sienten aliviados de la presión de pensar en ello y los olvidan rápidamente. 
Éste efecto lo documentó la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik y explica:
-¿Porque tenemos más ganas de re-sintonizar los programas televisivos que acaban en suspense que los que terminan con ¡FIN! y una historia terminada?. Las películas de Alfred Hitchcock, las novelas de Charles Dickens o la serie “Lost” ("Perdidos" en inglés) utilizan un truco muy eficaz. Mantienen en vilo y con incertidumbre o suspense a los espectadores o lectores. Todo gracias a la palabra “Continuará”, que nos deja a todos a la expectativa, deseosos de saber más y esperando la próxima entrega de la saga.
-El éxito de los programas de concursos con “preguntas y respuestas”. Aunque no nos importe el tema al que se refiera la pregunta que se haya formulado, suele suceder que una vez que el presentador ha hecho la pregunta, si no sabemos la respuesta, nos asalta una curiosidad apremiante por conocer lo antes posible el resultado. 
-Si en los primeros minutos la lectura de un libro nos atrapa, es más probable que permanezcamos leyendo hasta terminarlo. Algo similar nos pasa con una película con un comienzo espectacular o enigmático (las de James Bond o Misión Imposible); aunque  se haga un poco pesada o adivinemos cual va a ser el final, continuamos viéndola hasta que confirmamos el fin.
-Más de mil millones de personas han jugado al Tetris y lo siguen haciendo después de más de 30 años. Una de las razones es que sacamos provecho del placer básico por el orden que experimenta la mente y el juego lo utiliza en nuestra contra. 
-Nadie compraríamos algo a medio hacer, pero todos hemos visto expuestas en los museos algunas obras inconclusas. Les faltan la cabeza, las manos, trozos de figura o del cuadro. Los historiadores del arte creen que esas obras inacabadas nos brindan una oportunidad de reflexionar y estudiar el proceso que sigue el artista; y así poder apreciar la destrezas y el duro trabajo necesario para terminar una obra bien hecha.
-Todos pensamos constantemente en el viaje que siempre hemos querido hacer y todavía lo tenemos pendiente. En cambio, nos olvidamos rápidamente de todos los que hemos hecho y más aún de lo que hemos visto a lo largo de nuestra vida. Suerte que algunos tienen fotos-álbumes o vídeos que pueden ayudar a recordárselo.
Lo inacabado o pendiente ocupa y domina nuestro cerebro porque los humanos necesitamos terminar una tarea una vez comenzada, ya se trate de correos electrónicos sin abrir, Whatsapp que contestar o de proyectos de remodelación doméstica que todavía están pendientes. Lo importante es TERMINAR las tareas; y si podemos hacerlo bien, tanto mejor.
El Efecto Zeigarnik funciona bien cuando hay motivación para lograr el objetivo. Si lo que estamos haciendo no nos importa, no cambia en nada nuestra vida o no nos ayuda a cumplir nuestro sueño, es más sencillo que encontremos una excusa para abandonarlo o ni siquiera comenzar con la tarea. Sin embargo, si queremos lograr un objetivo o terminar algo, el primer e importante paso es "empezar por dar el primer paso", poner la primera piedra, enhebrar la aguja, etc.  Siempre será más factible "dejar de planteárselo" y pasar de las palabras a los hechos; para lograr terminar la tarea hay que quitarse la pereza y empezarla.