miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Realidad binaria o multicolor?

Parece que el choque de trenes nos ha dejado embarrados no sólo por la irreprimible tendencia del Estado a reaccionar contra el independentismo con maniática severidad humilladora, sino por la espectacular y dolorosa contradicción que exhiben los líderes del independentismo.
Algunos “creyentes” del Procés confiesan en la intimidad que los políticos que nos han llevado a este barrizal puede que tengan perdón de Dios, pero no el de tantas familias que han discutido hasta la extenuación por algo que ha resultado ser un bluf. Algo que los “conductores del tren” sabían que no podría completarse. 
Un mandamiento del catalanismo siempre había sido la “unidad civil” de todos los residentes en Catalunya, independientemente de su lugar de nacimiento, aunque sin renunciar al uso y disfrute de la lengua y la cultura catalanas, identidad heredada secularmente. 
Parece que demasiadas personas han olvidado o no han tenido nunca conciencia de la dificultad que conlleva construir una sociedad viva y transversal, fundamentada en dos mandatos contradictorios: preservar el legado de la cultura catalana, que no tiene otro lugar en el que pervivir y refugiarse que en los Paisos Catalans, y a la vez compartir las culturas que han ido llegando, especialmente una de dimensión planetaria, la castellana. 
Algunos políticos con ideales “nacionalistas españoles” parece que quieren acabar con esta sociedad catalana, que habíamos llegado a construir entre todos los catalanes, de nacimiento y de adopción, en los últimos decenios. Atacan permanentemente a la lengua y la cultura catalanas, e intentan desprestigiar a la escuela inclusiva que tantos éxitos ha cosechado. A los catalanes de nacimiento no les gusta oír que la única solución es uniformizar culturalmente la nación, empezando por españolizar a los niños en los colegios, como quería un ministro del pasado gobierno español, porqué según ellos, así desaparecería el problema. A los catalanes de nacimiento se les revuelven los entresijos cuando los nacionalistas españoles les dicen que Catalunya también es suya, cuando lo dicen en el sentido de que Catalunya es una “propiedad” suya donde pueden imponer su voluntad de cambiar la lengua y las costumbres propias de Catalunya imponiendo las de su lugar de procedencia. También hay que denunciar que algunos extremistas independentistas, con sus comentarios en las redes, contribuyen a que algunos catalanes castellano-parlantes piensen que no son bien queridos en el país que ellos han contribuido a formar, al menos desde mediados del siglo pasado. 
El Gobierno de España lo limita todo a una cuestión de poder-legalidades y revientao desatiende cualquier posibilidad de concordia vía reconocimiento y respeto de la singularidad del otro. Mientras las altas instancias judiciales apuntan a cierta descompresión (la decisión del Supremo sobre la Mesa del Parlament), otros órganos del Estado continúan actuando diariamente como si participaran en una partida de caza vengativa contra los discrepantes del poder establecido.
El ambiente en Catalunya está muy enrarecido. A este enrarecimiento contribuye el uso de demasiadas palabras muy gruesas en vano. Cuando habla el corazón excitado en lugar de la razón pasan estas cosas. El que no se haya arrepentido nunca de lo que ha salido de su boca que alce la mano.
Se llama demasiado fácilmente fascista o “dictador” a quien no abraza el independentismo, sin saber como se vivió en Catalunya y en España después de la Guerra Civil para entender que es lo que significa vivir con las libertades privadas y en una dictadura real.
Se usa la palabra “exilio” en vano. Los que la usan, ¿han vivido en sus carnes o en las de algún familiar o amigo ceercano lo que representa tener que exiliarse de su país?
Decimos que en nuestra España hay una democracia de baja calidad con “presos políticos”. ¿Alguno de los que usa este calificativo, ha vivido en sus carnes o en las de algún familiar o amigo lo que se siente cuando se está en la cárcel durante años por sus ideas políticas? 
El historiador catalán Manel Risques asegura que después de la Guerra Civil… "La Modelo era un espacio de visualización del dominio implantado tras la victoria franquista con el objetivo de mostrar qué había que hacer con la población disidente: hacerla miserable para arrancarle su condición humana y someterla a la arbitrariedad de la jerarquía para doblegar su voluntad. La Modelo, pues, era la materialización del castigo por tener unas ideas y una concepción del mundo diferente a la que impusieron los vencedores de la guerra". Se ejecutaron 1.618 reclusos y se mantuvieron encarcelados hasta 18000 presos, la mayoría por razones políticas. ¿En que se parece nuestro escenario actual al descrito?
Seamos cuidadosos con las palabras que usamos y procuremos, todos, calmar los ánimos; porque si no lo hacemos será imposible salir del lodazal y cada vez costará más frenar la problemática social.
La cultura española ha sido tradicionalmente reticente a aceptar la diversidad y es normal que cuando sentimos que nos tocan “la fibra sensible” se nos dispare algo en nuestro interior. Esto no puede evitarse, pero hay que intentar por todos los medios, serenarse pronto. ¡Todos! y reconducir los debates hacia temas menos viscerales y más pragmáticos.
Los catalanes, que ya teníamos experiencia en estas lides, por desgracia hemos dado muchos pasos atrás a causa de la enorme tensión emocional que ha suscitado la única solución que se empecinan en plantearnos nuestros políticos: “Estás con los nuestros o estás con los contrarios”.
Vivimos en un país en el que millones de personas de diferentes procedencias han transformado lo que algunos añoran como “pureza nacionalista catalana” (si es que alguna vez la hubo) y no hay vuelta atrás. Cuanto antes lo aceptemos, mejor para todos; para los que quisieran vivir en otro tipo de país también. Hoy en día es prácticamente imposible escoger binariamente porque la inmensa mayoría llevamos más de un color en el corazón; máxime cuando no está nada claro, porque nadie nos lo ha concretado, lo que significan cada una de las dos opciones binarias. 
En lo único que podríamos lograr mayorías absolutísimas entre los catalanes es en buscar acuerdos para recibir un trato más ecuánime para los catalanes dentro de España. Hemos comprobado que cuando se le ocurre a alguien incluir algo relacionado con la cultura catalana en la cesta, se hace imposible cualquier acuerdo por razonable o justo que sea. Los nacionalistas extremistas de uno y otro bando se encargan de excitar los mitos y recelos, para volver inmediatamente al desencuentro, la pelea y la irracionalidad. Está súper-comprobado. Creo que lo tenemos grabado en el ADN de unos y otros, y sabiéndolo tropezamos una y otra vez en la misma piedra, jugando a ver quien es más testarudo y persistente. El problema es que mantener esta actitud visceral incontrolada nos desgasta cada vez más como sociedad y nos hace gastar energías inútilmente.
¿Tendremos que destruirlo todo para poder volver a empezar de nuevo? Espero que vuelva el seny (cordura) antes de llegar tan lejos.

martes, 14 de noviembre de 2017

El sueño se ha esfumado. ¿Y la confianza?

Algunos mitos de los nacionalismos mágicos son: un enemigo exterior, la supuesta voluntad mayoritaria del pueblo (en realidad la población suele está dividida sin mayorías suficientes) y la fantasía de que liberarse del antiguo Estado opresor nos se supone dará herramientas propias para desarrollar el pleno potencial del nuevo pueblo libre. 

Sin obviar la desafección que muchos catalanes sienten por el comportamiento del Gobierno de España con Catalunya, podemos reconocer estos mitos en el problema Catalunya-España. En este caso, ni el Gobierno de España está en condiciones de “imponer su ley sin acuerdo y con coerción indefinida” a Catalunya, ni los independentistas tienen el apoyo de la mayoría suficiente de catalanes para llevar al desastre económico y social a Catalunya, por mucho que España salga también tocada. El “cuanto peor, mejor” es inaceptable.
Los medios nos siguen informando sobre las “estrategias electorales” de las diferentes formaciones y políticos que se presentarán a las elecciones autonómicas del 21-D. La mayoría repetirán, salvo algunos que han quedado desubicados en este ambiente tensionado hacia los extremismos. Los actores dominantes en el conflicto catalán reducen las opciones a dos casillas: o con el Gobierno y su inmovilismo legalista, o con el Govern y por la independencia. Parece que seguimos condenados a repetir un bucle interminable y sin querer entender que: 
A menos que los del “SI” sean abrumadora mayoría, tengan medios suficientes para hacer efectiva la independencia y subsistir aislados en Europa (esperando entrar algún día), no queda más que negociar pactos puntuales con concesiones mutuas entre Govern de la Generalitat (apoyado por una gran mayoría para cada “pacto concreto”) y Gobierno español. 
Está claro que los “apaños imperfectos” no gustan a nadie, pero siempre son mejores que ciertos “saltos al vacío” que suelen llevar al desastre. A las pruebas me remito: Hace unos años teníamos una autonomía imperfecta y después de haber intentado una “empresa ilusionante” resulta que hemos perdido, e Gobierno, el Parlamento, un buena parte del atractivo inversor (vamos camino de perder factores productivos importantes)… y no tenemos mucha menos autonomía que antes.
Puede que si Catalunya lograra ser una República pudiera lograr una “apariencia” de independencia, pero seguramente tendría menos soberanía efectiva que hoy. Ahora, (perdón, hace 5 años) los ciudadanos y partidos catalanes tenían una cierta influencia en el Banco de España y, a través de él, en el BCE. Se ha visto claro que la UE no apoya (mientras sea un club de Estados no la apoyará nunca porqué no quiere facilitar el contagio separatista de algunas de sus regiones) a la República catalana y por tanto esa influencia la perderíamos. En la Europa de hoy, estar fuera de la UE supone parecer más independiente, pero en la práctica es ser mucho más dependiente que dentro. Fuera del euro, lo que daría más estabilidad al sistema financiero de la Catalunya independiente sería que todos sus bancos fueran extranjeros –también españoles– para así tener el apoyo del BCE u otro banco central fuerte. Somos conscientes que los poquitos bancos que teníamos en Catalunya han trasladado sus Sedes Sociales —si sigue la inestabilidad tal vez trasladarán también sus domicilios fiscales— para seguir contando con el apoyo (préstamos) del BCE. ¿Quién garantizará, sin este apoyo, los ahorrillos en las cuentas bancarias de los catalanes? ¿Han pensado cuan arriesgada sería cualquier inversión en Catalunya?. Por supuesto que los “antisistema” no les importan estos temas. Parece que a la mayoría que viven al día tampoco les importa mucho y debería importarles, porqué al raso hace mucho frío.
¿Qué pasaría tras la euforia inicial de las banderas y los himnos?. Piensen en ello. No sueñen con lo que les gustaría que sucediera, piensen como variarían las cosas realmente para ustedes al menos durante los años que se tardaría en ¿normalizarse? todo. 
Después del chasco, supongo que ya no pensarán que nuestros dirigentes lo tendrán todo previsto, porque ya hemos comprobado que no es verdad. Por no prever, ni siquiera previeron que el Gobierno español estaría dispuesto a TODO con tal de que no pudieran cumplir con el mandato que le dieron una mayoría en escaños aunque no en votos. Y mira que se lo repitieron veces. Todos lo oímos y todos sabíamos que Catalunya no tenía ejército, para controlar fronteras, aduanas, aeropuertos, puertos, etc. Todos sabíamos que no controlábamos las finanzas. Todos sabíamos que no controlábamos prácticamente nada, pero aún así muchos tenían la esperanza de que los “sabios y astutos” dirigentes tenían pensado los diferentes escenarios y, con ayuda de todos los millones de seguidores conseguirían formar un nuevo Estado y ante los hechos consumados Europa nos apoyaría. Ese era el relato y la esperanza y el sueño se esfumó. Si se esfumó, y también se perdió la confianza en estos dirigentes. No lo olvidemos. 
Hasta la fecha, los independentistas no han conseguido nunca mayoría de votos legalmente. Aún así, es cierto que son aproximadamente el 50% de catalanes y el Gobierno de España no puede gobernar desoyendo sus propuestas. Será un temerario si sigue haciéndolo, porqué las cosas podrían acabar mal para todos.
Tampoco el Govern de la Generalitat puede gobernar desoyendo al otro 50% de catalanes que no están por la independencia. Si uno de los dos gobiernos sigue haciéndolo, perderá apoyos de la ciudadanía y con el tiempo dejará de ser mayoría. Esto reza para el Gobierno de España y para el Govern de la Generalitat. El problema es que la red clientelar en España y en Catalunya es tan grande que esa transición de mayorías puede requerir decenios. ¿Recuerdan que a algunos les parecían demasiado “18 meses”? ¿Eran unos grandes ilusos o nos mintieron descaradamente?
Visto lo visto, no queda más que reconocer que siempre son mejores ciertos “apaños imperfectos” que “saltos al vacío” que suelen llevar al desastre. Cuando se juega al “cobarde el que abandone-rectifique antes” se corre el peligro de perder la vida y la hacienda. ¿Acaso su testarudez les impide reconocer los hechos y les lleva a despeñarse por el acantilado?
Hay que explicar bien, para que todos los españoles moderados y no nacionalistas lo entiendan, que si el Gobierno central sigue jugando la carta de asfixiar a Catalunya económicamente, sólo logrará cohesionar al independentismo catalán además de perjudicar al resto de españoles, que dejarán de recibir tanta “solidaridad”. Recuerden todos que de donde no hay, no puede manar. 
Todos deberíamos entender bien que el Gobierno español también peca de “nacionalismo” (no de patriotismo, que es otra cosa) cuando se limita a aplicar respuestas legalistas, que son insuficientes, y no hace política práctica. No lo ha hecho hasta ahora, pero en el futuro inmediato no le queda más que cambiar de estrategia y ser flexible –sin ceder en lo esencial– acordando temas concretos que supongan gestos reales de entendimiento. No puede seguir enrocándose diciendo “Catalanes, como uno de los 40 puntos que ustedes reclaman es un “referéndum acordado”, no negocio nada con ustedes”. Lo razonable sería que cambiara su discurso y dijera: “Cito a los representantes que designe el Govern de la Generalitat para hablar de los 39 puntos restantes”. Si los catalanes no acudieran, todos sabríamos quien no quiere negociar. Si las dos partes quisieran negociar realmente, para resolver el grave problema que tenemos en Catalunya y también en España (no lo olviden) acudirían todos y llegarían a acuerdos. 
Si después de ello se preguntara a los catalanes…
¿Quién quiere que negociemos el punto del “referéndum acordado”?... 
¿Piensan que seguiría habiendo tantos manifestantes en las calles?.
¡Exacto!

lunes, 13 de noviembre de 2017

Catalanes: ¿Hemos aprendido algo?

Las consecuencias de declarar la independencia de Catalunya el 27 de Octubre de 2017 son conocidas y tristes: intervención del autogobierno, Parlament disuelto, algunos consellers en prisión, President de la Generalitat y otros consellers en libertad provisional. Eso tiene efectos colectivos terribles, también personales: familias llorando a los encarcelados, patrimonios embargados, carreras políticas interrumpidas, relaciones interpersonales andrajosas. Cientos de miles de catalanes y también de españoles se han manifestado en varias ocasiones para que el Gobierno de España deje de judicializar la política y deje sin efecto la prisión preventiva para representantes o activistas políticos. También ha habido movilizaciones (muchísimo menos nutridas) que han conseguido cortar vías de comunicación (autopistas, autovías, carreteras y vías de tren), protestando contra la represión que según ellos el Gobierno de España ha practicado en Catalunya. Curiosa forma de hacer huelga: ¿perjudicando todavía más a los reprimidos, en lugar de perjudicar a aquellos a los que dirigen sus reivindicaciones o sus quejas?
¿Cómo han permitido (los más poderosos, más responsabilidad tienen) que se llegue a este punto? 

Sólo los que no quieren oír ni ver pueden disculpar el radical anticatalanismo que ha inspirado las políticas de los principales partidos españoles durante los últimos años. Ha quedado acreditado sin lugar a dudas el inmovilismo del presidente Rajoy, de su gobierno y de los que les dan apoyo, incapaces de explicar ni en una sola ocasión cuál era su plan para Catalunya. 
Está claro que los incumplimientos de los pactos y de los presupuestos generales del Estado en Catalunya han supuesto un freno para el desarrollo económico de nuestra nación, desatendiendo las infraestructuras y manteniendo durante años un déficit fiscal de Catalunya con el resto del Estado español, demasiado grande. Las actuaciones del Gobierno de España han supuesto un freno para Catalunya, al no permitir la adopción de políticas sociales. También ha sido un muro permanente contra el que ha chocado permanentemente el Govern catalán y que ha impedido que se pudiera preguntar a los catalanes si querían tener un proyecto propio para el futuro: ser independientes o tener un estado confederado con España.
También hay catalanes que no se creen los estudios publicados por la Generalitat o simplemente prefieren seguir dependiendo del Gobierno de España que de un posible Gobierno Catalán que no se ha ganado su confianza con sus actuaciones. 
No podemos engañarnos a nosotros mismos. El Gobierno del PP y los que le dan apoyo no tienen toda la responsabilidad de que estemos donde estamos. Una buena parte de la responsabilidad también la tienen el Gobierno y los diputados de Junts pel Si y de la CUP. ¿Cómo puede actuar la CUP tan incongruentemente diciendo que sólo obedecen las legalidad catalana y presentarse a las elecciones impuestas por el Presidente del Gobierno de un país extranjero? ¿Como puede Junts del Si tener el cinismo y la caradura de declarar, solo después de que se haya descubierto su mentira, que “no estaban preparados para hacer efectiva la independencia después de declararla y que no tenían ningún plan B”? Esto lo han dicho incluso los “purísimos de ERC”, los pata negra de la independencia de toda la vida. Y se quedan tan panchos. ¡Votadme otra vez y las veces que haga falta!. Nosotros somos los más puros, aunque sean los del PdeCat (sus compañeros de Junts pel Si) los que tienen más querellas judiciales, los que han hecho más sacrificios personales, aportado las fianzas más altas y mayor desgaste de partido para conseguir la independencia.
Los partidos de la oposición se han opuesto a todo lo que han propuesto los partidos independentistas pero no han sido capaces de dibujar ningún horizonte de esperanza para las reivindicaciones de millones de catalanes. Algunos, como Ciudadanos, han ido más allá en fomentar el odio hacia los catalanes que hablan catalán, por calificarlos de alguna forma, y se han esforzado en desmontar la exitosa e inclusiva escuela catalana, que tan gran consenso había conseguido en Catalunya hasta la llegada a la escena política de esta marca blanca de la oligarquía española. 
Lo más decepcionante es que, después de todo lo que hemos vivido, parece que cientos de miles de personas no han aprendido nada. Siguen dando vueltas a la noria sin ver la necesidad de cambiar su estrategia lo más mínimo, para poder trabajar más eficientemente y lograr cumplir, algún día, sus legítimas aspiraciones.
La intransigencia, la incapacidad y los tics catalanófobos de algunos, son muy molestos y perjudiciales para el buen desarrollo de la nación catalana. Aún así, para los catalanes más moderados, ello no justifica las respuestas políticas que se ha comprobado que ponen en grave riesgo todo el progreso material y convivencial que hemos conseguido durante los últimos cuarenta años.
Ante la clara actitud de radical oposición mostrada por el Gobierno del Estado español, la única posibilidad de logar la independencia de Catalunya hubiera sido que la idea independentista —legítima en cualquier ordenamiento legal democrático— la hubieran votado, no un insuficiente y discutido 47%, sino una gran mayoría de catalanes; y que los líderes y “organizadores” del procés hubieran tenido a punto las estructuras de estado para hacerla efectiva. Si hubiera sido así, esa gran mayoría de catalanes hubiera hecho suya la "legalidad catalana  la hubiera respetado, atendido y defendido. Sin embargo, los políticos que han gobernado la Generalitat no han hecho bien sus deberes y algunos ciudadanos se han sentido engañados y lanzados al abismo con los ojos tapados. Salvo los antisistema, la mayoría de los pro-independentistas querían formar una República Catalana que pudiera autogobernarse mejor dentro de Europa, que no dentro de España. Cuando se ha comprobado que la UE, al defender los intereses de los estados que la conforman, no ha apoyado este anhelo de los independentistas catalanes; al menos en la forma en que se ha producido (menor del 50% en votos, sin un referéndum claro, con el más absoluto rechazo del Gobierno de España a la segregación de ninguna parte de su territorio, sin ninguna voluntad de realizar un Referéndum pactado y menos de negociar ningún tipo de separación amistosa, aunque fuera con la condición de una libre-asociación posterior) ha sido una completa temeridad seguir con el autoengaño y apretar el acelerador para llevarnos a todos al abismo. ¡Cuánto peor, mejor! gritan algunos henchidos de rauxa y sin ningún seny.
En este escenario “preautonómico” en el que estamos, parece que ni la mayoría de los políticos ni los votantes hemos aprendido nada de lo sucedido. Oigo poquísimas voces exigiendo “distensión”, “renuncia a decisiones unilaterales”, diálogo sincero, negociación sobre puntos concretos y acuerdo con las garantías pertinentes para su implementación.
Los extremos continúan tirando de la cinta elástica, que ha sufrido grandes daños en el centro. Los "unionistas" más extremistas quieren castigos ejemplares, humillación, exterminio de toda idea que implique decidir separarse de España. Los "indepes" más extremistas no soportan la dominación que sobre ellos ejerce el Gobierno español, enmascarado con sibilino cinismo al calificarles de catalanes victimistas y locos que persiguen imposibles. No asumirán nunca la derrota ni el seguir perteneciendo a un Estado por la fuerza, en el que no se sienten comprendidos ni valorados. 
Los intereses de los ciudadanos que aman Catalunya, por los valores de modernidad, tolerancia y convivencia que siempre han transmitido al mundo, que creen en la democracia liberal y en la economía social de mercado, como mejor garantía de progreso para todos los catalanes, se han quedado huérfanos para las próximas elecciones. 
En estos momentos de emociones a flor de piel parece que los líderes políticos no están por la labor de explicar  que "sin un país con activos que generen riqueza, no hay nada que repartir solidariamente y nada que mejorar" y sólo se puede lograr ir de mal a peor. Piensen en la central europea del Medicamento, piensen en el Mobile World Congress, piensen en el turismo de Barcelona incluidos cruceros, piensen un poco más allá de la “rauxa”. Piensen en los beneficios que suponen para nuestra nación, no solo en los perjuicios que, en parte también llevan asociados. Hace mucho frío en la indigencia y más que lo haría si se las arcas se quedan vacías y hubiera que reducir las ayudas sociales. No es miedo, sino pensar que para consumir antes hay que producir; que para gastar, antes hay que ganar y guardar.
La “independencia” es una palabra que tiene diferentes significados para cada catalán. Los políticos y las asociaciones civiles no han hablado “claro”, con moderación, respeto y empatía con los que piensan diferente. No han expuesto sus propuestas concretas, para que todos podamos visualizar el camino a recorrer y a donde probablemente nos llevará ese camino con sus correspondientes baches y dificultades a superar. En este contexto, las masas, alimentadas en las Redes sociales y exasperadas a golpe de twitt o Whatsapp, puede que sigan desbocadas repitiendo ad infinitum los errores del pasado. 
Personalmente no me interesa que los grupos políticos, a través de sus medios-portavoces, me muestren periódicamente estadísticas cocinadas sobre tendencias de voto. No me interesa que se dediquen a informarme a todas horas de cuantas sillas tendrá cada partido; esto solo sirve para los implicados, sus familiares, amigos y pesebristas. No me interesa que los trolls me invadan el Twitter o el Facebook con sus consignas emocionales y vacías de cualquier pragmatismo. ¿Es que no se han enterado de que un twitt no equivale a un voto?. Un twitt lanzado por un oráculo-troll, que nadie ha legitimado, no representa ninguna mayoría parlamentaria. Por desgracia sí que influye en muchas personas modificando su corriente de pensamiento, tanto más cuanto mas escandaloso es lo que publica el tarado de turno y más retwits o likes recibe.
Hoy me decía un amigo que “se está cocinando algo”. ¡Seguro! Siempre se hace en secreto y sin mostrar los ingredientes empleados. Los ciudadanos sufriremos la intoxicación correspondiente y nosotros tendremos que soportar nuestros dolores. Ellos se lavarán las manos como Pilatos; eso si, sin ningún remordimiento, sobretodo si su competidor político ha salido peor librado.
Cuando los responsables no dan explicaciones de sus actos, los medios tienen barra libre para lanzar sus elucubraciones y mejorar audiencias:
  • Que si Rusia ayuda a los indepes porque está interesada en tener una gran base naval en Catalunya,
  • Que si los israelitas ayudan porqué la poderosa banca judía está interesada en “prestar el dinero que haga falta” a Catalunya para controlar su economía,
  • Que si Junqueras pactó con Soraya todo el “teatro” para que ERC ganara las elecciones (anulando al PdeCat), y gobernara coaligado o con acuerdos puntuales con Comúns, respetando las leyes generales del Estado y dejando lo de la “indepe” para tiempos mejores, etc.
¡Carnaza para las fieras!. Pan y circo y el país sin arreglar. 
En las elecciones del 21D habrá muchas papeletas. Muchas personas pretenderán que sirvan para decir sólo “Si” o “No”, aunque la realidad nos tendría que recordar, de eventos anteriores, que verlo "sólo así" es un gran error. Un gran error porqué el Govern no puede “perder más el tiempo” intentando crear “estructuras d’Estat” sin lograrlo, como ha hecho hasta el presente; y dejando los temas de calado para que Catalunya prospere y no retroceda aún más para perjuicio de Catalunya y también del resto de España. 
Dependiendo de quien gobierne la Generalitat y en la forma que lo haga, dejaremos el estado preautonómico, al que entre todos nos han llevado (unos porque han estado dispuestos a todo con tal de abortar el “procés” y otros por no haber sabido evitarlo), y nos hundiremos más en él. Según como gobiernen los que sean capaces de formar gobierno “autonómico” (este es el calificativo real, por mucho que nos moleste usarlo), con mucha dificultad recuperaremos la prosperidad (nunca la deseada), nos diluiremos en la mediocridad o nos engullirá la miseria, después de un espejismo de redistribución de pobreza.
Ojalá seamos capaces de controlar la visceralidad, analicemos la situación y decidamos nuestro voto con más racionalidad y menos sentimiento/arrebato, antes de escoger la papeleta y depositarla en la urna el próximo 21D.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Incapaces de entenderse

Desde que estalló la crisis en el año 2007 vivimos en un escenario económico difícil y políticamente crispado. Con los años se ha ido caldeando el ambiente y se ha llegado a un punto de confrontación abierta en España con mascarón de proa en Catalunya. Los diferentes partidos políticos han utilizado las cifras como armas arrojadizas. El común de los mortales las maneja temerariamente y sin saber, en la mayoría de los casos, como interpretarlas. Los diferentes grupos de poder encargan estadísticas y las difunden, a través de los medios de comunicación en los que influyen, debidamente cocinadas, maquilladas e interpretadas de forma partidista. La perpetua competición electoral ha eclipsado el debate de ideas y el ruido mediático, amplificado por las redes sociales, ha impedido que nos escuchemos entre nosotros. La vida pública española y catalana se ha convertido en un diálogo de sordos y besugos y en el último año, ni siquiera hay diálogo sobre este tema, sólo intervención e imposición.
Puede que haya raras avis que creen que el objeto de toda discusión no debe ser el triunfo, sino el progreso; pero los extremistas de todos los bandos las eclipsan, con sus voces amplificadas por las clacas respectivas, aportando “pruebas” puntuales y no representativas, para desacreditar cualquier tesis de los contrarios. Gritando ¡Y tu peor!, pretenden desviar la atención de las deficiencias propias a la vez que procuran desacreditar a los otros. Lo hacen en vano, porque ya casi nadie escucha a los demás más que a si mismo. 
Nadie parece entender que sin tratar los temas importantes (los que permiten satisfacer las necesidades básicas de la población) no se pueden abordar el resto de temas identitarios y culturales, que por supuesto son también muy importantes. Pero, lo primero es lo primero y lo segundo no se puede empezar a tratar sin haber resuelto antes lo primero y básico.
Antes de nada se precisa exponer “datos reales” a la vista de todos los ciudadanos; los buenos sin evitar los malos. Se precisa hacer un diagnóstico económico y se requiere una indudable voluntad de llegar a acuerdos desde opiniones de partida diferentes, para poder diseñar un buen y realista plan de futuro. Parece que esto lo han intentado diferentes Governs de Catalunya con diferentes Gobiernos de España y no lo han conseguido. Pero es que tampoco se ha conseguido dentro del mismo Parlament de Catalunya, ni siquiera en el seno de la coalición independentista donde algunos parecen estar más preocupados por el enardecimiento de la “pureza” propia que por ampliar la base de “convencidos” en la búsqueda de la mejor solución para los catalanes. Ya hace demasiado tiempo que tanto los catalanes independentistas como los unionistas recibimos más consignas que excitan nuestros sentimientos identitarios de una y otra parte, que “razones” pragmáticas que nos hagan entender, a la gran mayoría, la necesidad de actuar de una u otra forma.
Todas las convivencias son difíciles porqué cada uno tenemos nuestros condicionantes familiares, modificados más o menos a lo largo de la vida, dependiendo de la educación adquirida y de las vivencias experimentadas. Por ello nos sentimos más próximos a unas tendencias políticas y económicas que a otras. Es natural que así sea y por ello es imprescindible afrontar las diferencias con respeto mutuo, con predisposición al encuentro y hasta con cordialidad. Solo así podremos llegar a construir el país que muchos queremos. De otra forma es imposible. Seguro que todos queremos estar en un país más democrático y con mejores leyes que nos permitan vivir con más libertad, pero una cosa es desear mejorar y otra cosa es “negar todo”. Una cosa es pedir más calidad democrática y otra cosa es decir que estamos en una dictadura. Me alucina oír a algunos defensores de un país sin “ejército” y en contra de las armas cuando gritan: ¡Lucharemos hasta la última gota de sangre!. ¿Seguro que saben lo que esto significa, más allá de escribir siete palaras en el Facebook? O son inconscientes o son temerarios. En cualquier caso, esta exaltación, sin dominar el mecanismo de la guillotina, no es lo más recomendable.
Ya sabemos que no hay recetas mágicas que resuelvan de un plumazo todos los problemas. Los que piensan que con pronunciar la palabra “Independència” o “República Catalana” nos lloverá el maná del cielo, poco saben de temas económicos. Al otro lado, los que piensan que seguir estrujando la economía catalana y desestimando las demandas del Parlament de Catalunya, sin contribuir a crear el clima social de libertad de pensamiento y respeto por su identidad como nación, nunca conseguirán que broten las soluciones que el país necesita. 
Los únicos requisitos indispensables para afrontar con éxito las grandes dificultades del encaje de Catalunya en España son voluntad de diálogo real y deseo de comprensión. Hemos comprobado que esto es muy fácil de decir y muy difícil de implementar en la práctica; pero hay que intentarlo y hay que aglutinar a la inmensa mayoría de la población para que apoye a nuestros políticos para poder conseguirlo. ¡Empecemos por el tratamiento fiscal justo! Sin mezclarlo con “otras cosas”, porque quien mucho quiere abarcar poco consigue apretar. A los hechos me remito.
El punto común que deberían tener todos los partidos que se presenten a las elecciones del 21D, debería ser: “Creemos que hablando se entiende la gente y por ello decimos basta a los falsos debates de etiquetas / siglas y reconoceremos lo esencial de las ideas”. Desterraremos de una vez por todas, el ¡Y tu más! o ¡Y tu peor!. Desterraremos el pensar que es el otro el que está equivocado y dejaremos de abordar con simplezas las cuestiones complejas. Buscaremos las similitudes por encima de las diferencias, con el objetivo de resaltar que hay una serie de cuestiones fundamentales en las que, más allá de las posturas ideológicas, hay consenso entre las partes.
¿Qué medidas económicas concretas necesitamos tomar para que Catalunya se sienta cómoda en España?
¿Qué propuestas concretas tiene cada partido para facilitar la máxima comodidad de todas las naciones que forman el Estado español?
Hay que buscar una gran mayoría (no un “50% + 1” sino más de un 80%) que apoye este objetivo primero y fundamental para que cualquier minoría, aunque “gobierne” España no pueda oponerse a oír esta reivindicación multitudinaria y justificada.
Si todas las naciones que formamos el Estado español afrontásemos nuestras diferencias con cordialidad, con respeto y con disposición al encuentro, seguro que conseguiríamos que todos, también los catalanes, estuviéramos orgullosos de formar parte del Estado español. En cambio, mientras los partidos políticos antepongan sus “sillas” y su poder en los Parlamentos al bien de los ciudadanos, y nos pidan confianza ciega, sin explicarnos claramente cuales son sus “verdaderas propuestas”, no solucionaremos nada; cada vez estaremos peor, y en lugar de mejorar conseguiremos un país maltrecho, en el que cada vez nos sentiremos todos menos cómodos. 
Cuando se quiere cambiar algo se supone que es para mejorarlo. Hay que asegurarse mientras se recorre el camino de que se avanza aproximándose cada vez más al objetivo. Si se detecta que el sentido es el contrario, lo prudente es rectificar la estrategia cuanto antes. No sea que al fin tengamos sólo un rótulo en un papel sin contenido.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Paraisos Fiscales: Informe de Intermón Oxfam

Oxfam Intermón ha publicado un informe sobre lo que los españoles invierten en Paraísos Fiscales.
¿Cuánto podríamos mejorar socialmente si todo el dineral que “algunos” invierten en Paraísos Fiscales se quedara dentro de nuestro país y contribuyera a la generación interna de riqueza?. 
En este, como en muchos otros, el trasfondo es correcto, pero los datos que expone están muy lejos de decir aquello que Oxfam Intermón pretende que digan. 
¿Debería importarnos en algo que Oxfam Intermón cargue contra los paraísos fiscales? 
¿Qué relevancia puede tener que se los denueste aun cuando sea mediante trampas y mentiras? 
La crítica a los paraísos fiscales que realiza Oxfam y los que firman sus peticiones, ¿Será, en realidad, un “caballo de Troya propagandístico” para justificar una multiplicación de la losa tributaria que pesa sobre todos los ciudadanos españoles que pagan impuestos?.
Oxfam Intermón es una “organización progubernamental” que publica informes abiertamente anticapitalistas en los que, acaso con la mejor de las intenciones, aboga por multiplicar el intervencionismo estatal: más impuestos, más regulaciones y más burocratización de la sociedad. 
Mientras Oxfam difunde que la presión fiscal en España se halla por debajo de la media de la eurozona y que ese diferencial es atribuible a la baja fiscalidad que recae sobre las grandes empresas (por culpa de los paraísos fiscales), otros entienden que el Gobierno español recauda menos que otros europeos debido a la menor tributación indirecta y a la menor tributación directa sobre los perceptores de transferencias estatales. 
Tampoco es descabellado que “los que pagan impuestos” piensen que se nos coloca por delante la irreal zanahoria de los paraísos fiscales para que luego no se quejen cuando les arreen con el palo de las subidas de IVA, de IRPF y de sociedades sobre pymes. 
La realidad es que los paraísos fiscales —siguen existiendo, algunos dentro de la UE— son la cortina de humo para el expolio tributario doméstico (que siempre es más fácil de conseguir), totalmente legal y con tintes solidarios avaladso por Organizaciones que aparentemente trabaja por el bien de los ciudadanos y para lograr un mundo más justo y por supuesto por todos los que no pagan impuestos directos y son receptores de ayudas públicas.. 
¡Cuidado! Haber si por pretender una buena acción estaremos fomentando la toma de decisiones que perjudiquen todavía más, a la base de la estructura productiva del país (pequeñas y medianas empresas, autónomos, trabajadores y peueños ahorradores)… 
desgraciadamente no es lo que suele triunfar, porque precisamente NO es apoyado por el Estado de Derecho ni por la legalidad. Las leyes vigentes siempre son legales, pero eso no implica que sean justas o que no requieran una mejora urgente.
No olvidemos que durante muchos años, en la historia reciente, cosas que hoy son totalmetne ilegales y abominamos de su práctica como la esclavitud, el holocausto, el racismo, que los niños trabajaran doce horas, que las mujeres no puedieran votar o que estuvieran bajo la tutela de su padre o marido, fueron totalmente legales dentro del ordenamiento jurídico de los estados de derecho. 
Lo legal no implica que sea justo y nadie deberíamos usar al Estado como referente de la ética. 
En "El derecho en la obra de Kafka" de Lorenzo Silva se da un punto de vista sobre esta cuestión sobre el que sería bueno meditar: "... El Derecho es un secreto, "del grupo de aristócratas que nos gobierna." El Derecho sirve, además, sin ningún pudor, a los fines de esa clase" que lo creó, de tal modo que no hay ni que pensar en que interpreten las normas en su beneficio, porque puede presumirse que ya fueron hechas inequívocamente para él. Incluso se nos dice que la aristocracia está, en cualquier caso, fuera de la ley." 
Los tentáculos del Estado siempre han sido muchos, largos y poderosos. Cada vez lo son más y muchas veces aparecen disfrazados ante nosotros, logrando confundirnos para que pensemos que algo será y que acaba por no ser. Así se entiende que tantas veces votemos con los sentimientos enardecidos en contra de nuestros propios intereses.


Anexo.-
Joseph Stiglitz ha comparecido ante la comisión de investigación de los papeles de Panamá. Estas son sus recomendaciones para acabar con la opacidad fiscal

viernes, 3 de noviembre de 2017

21D: ¿Elecciones autonómicas o "Referéndum"?

¿Cuantas veces les ha pasado esto en un restaurante?: 
- Camarero: ¿qué desea tomar el señor?
- Cliente: Antes deberá decirme “entre que platos me permitirá escoger”.
- Camarero: Tiene pepito, mengano, fulanito, ...
- Cliente: ¿No tiene algo tiernito?
- Camarero: Le dejo la carta. Cundo sepa lo que quiere, me avisa y le tomo nota...

Una cosa es que nos creen una ilusión de libertad para escoger y otra muy distinta es que  tengamos libertad para escoger lo que queramos
En teoría todos podemos presentarnos para que vuestros vecinos nos escojan como sus representantes políticos, pero la realidad es mucho más compleja. La “carta política” esta formada por unos “platos” determinados entre los que nos dan a escoger y muchas veces los que parecen abanderados de diferentes sensibilidades políticas lo son solo de palabra. De la “capacitación técnica” para ejercer el cargo, mejor no hablar. La profesión de político es de las pocas que no precisan de ninguna capacitación intelectual (ni tampoco moral) para ejercerla legalmente. Nadie os ha explicado nunca el porqué de esta anomalía, pero siempre ha sido así y nadie ha hecho nada por cambiarlo. 
Todos tenemos una idea de cómo deberían comportarse nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros políticos y las empresas que nos proporcionan productos y servicios, que también tienen su responsabilidad social corporativa. También podemos constatar que personalmente no nos comportamos de acuerdo a lo que esperamos de los demás y usamos siempre una doble vara de medir. Solemos preocuparnos mucho de nuestros derechos y de las obligaciones de los demás y poco de nuestras obligaciones y de los derechos de los demás. Que los demás se comporten mal no debería justificar que nosotros hagamos lo mismo dentro de nuestras posibilidades. 
Los que ocupan un “nivel inferior” en la sociedad siguen el ejemplo que les dan los que ocupan un “nivel superior”. Tanto más cuanto peor ejemplo dan: Si los de arriba roban, los de abajo también roban (poco, porque no tienen más oportunidades para hacerlo). Socialmente está justificado aprovecharse del esfuerzo ajeno: Los días “sin IVA” tienen un gran éxito en las grandes superficies. Mientras criminalizamos a las grandes corporaciones por eludir pagar el máximo de impuestos, personalmente nos auto-justificamos por pagar una factura sin IVA, por no declarar los ingresos reales de nuestro pequeño negocio, por contratar un servicio doméstico sin asegurar al empleado, por encontrar cualquier fórmula creativa con la que pagar menos impuestos ...
Nos preguntamos porqué tanta gente sigue votando a partidos que han demostrado practicar una corrupción sistémica, han demostrado una inutilidad en la ejecución de sus políticas públicas o han utilizado las puertas giratorias para colocar a sus políticos en grandes expresas cuyos beneficios se incrementan con las correspondientes publicaciones del BOE.  Pocas veces nos preguntamos si nosotros somos eficientes en nuestros trabajos o en las labores que ejecutamos. Personalmente, ¿buscamos la excelencia, permitimos la mediocridad a nuestro alrededor o la disculpamos en nosotros mismos ?
¿Hemos olvidado aquel eslogan de “El trabajo mal hecho no tiene futuro, el trabajo bien hecho no tiene fronteras”, o es que nunca creímos en él?
Esto sirve para los servidores públicos, para los líderes sociales, para los empresarios y directivos y, no nos olvidemos, también para todos nosotros.
Volviendo al principio: Para poder ser exigente con los demás, debemos empezar por ser exigentes con nosotros mismos. Si nos lo proponemos y empezamos con ser exigentes con nosotros mismos, con el tiempo, tal vez todos juntos logremos mejorar nuestra sociedad. 
Cuanto antes empecemos, antes podremos dejar de quejarnos, de colgar viñetas como esta para criticar lo mal que nos tratan los otros, y ellos o sus simpatizantes, no tendrán motivos para acusarnos de “victimistas”. Dejaremos de quejarnos de nuestra mala suerte, porqué seremos nosotros mismos los que más influiremos en atraer a la buena suerte con nuestros actos.
Por ejemplo, en menos de dos meses nos han convocado a nuevas elecciones para elegir los representantes al Parlament de Catalunya. Los que consideran que Rajoy es verdaderamente el más astuto de todos los Presidentes piensan que, una vez más, ha hecho una jugada maestra. Otros que no lo consideran tan avispado, piensan que es un simple capataz de los líderes de la UE y estos le ha “facilitado” una “salida inteligente a la crisis catalana”: Contrariamente a lo que habían comentado miembros relevantes de su Gobierno y de su partido, Rajoy sorprendió a los suyos y a todos convocando para el jueves 21D, antes de Navidad, unas elecciones que serán interpretadas por todos como “referéndum” legal —tantas veces pedido por la Generalitat y el 80% de los catalanes— aunque no vinculante. Digo que se interpretará como un referéndum porqué una cosa es el envoltorio con el que todos los partidos —más los unionistas que los indepes— envolverán sus campañas y otra el trasfondo que todos los votantes tendrán en cuenta. Seguramente los partidos unionistas pactarán un acuerdo secreto o público, está por ver, para defender por delante de cualquier otra consideración “la unidad de España”. De hecho, Ciudadanos ya ha expresado su petición de que sea ilegalizada cualquier formación política que incluya entre sus puntos programáticos defender la República Catalana. Subliminalmente, todos los partidos harán campaña para defender la "unidad de España" o la "independencia de Catalunya". Ahora si; los del “Si” y también los del “No” harán campaña —lo que queda por ver es si explicarán "racionalmente" las ventajas e inconvenientes para defender sus posturas o seguirán sólo con las emotivo-sentimental-nacionalistas— y se contarán los votos legalmente y de la forma más o menos justa; como se han contado siempre que las elecciones se han convocado bajo el paraguas del Estatut y de la Constitución. Sería bueno que la participación sea la más alta jamás conseguida y eso sería un gran logro que unos atribuirán a Rajoy y otros a... ¿Europa?.
En todo caso, estas elecciones "especiales" serán lo más parecido a un “Referéndum acordado” que se habrán podido celebrar en la situación actual. Esperemos que vengan muchos observadores internacionales, que todos los que lo deseen puedan votar por correo y que no haya manipulación de los votos ni de los resultados.
En estas condiciones, no las óptimas ni las deseables, pero si las mejores posibles en nuestro entorno, se podrá ver si gana el “SI” o el “NO” y por que margen lo hace. Si sale el NO, la UE respirará tranquila, porque lo entenderán como un refrendo a su NO reconocimiento de la República Catalana, que se declaró de una forma cuanto menos atípica el pasado Octubre. Lo que no está claro es que consecuencias tendrá si sale un SI y que medidas tomará el Gobierno “asesorado”. En todo caso la UE deberá pensar en su mejor solución y mantener intervenido el Gobierno de Catalunya y encarcelados a sus dirigentes democráticamente elegidos parece que no lo es. 
El fiscal y el juez, con sus decisiones han vuelto a conseguir que aumente la tensión entre catalanes y no sabemos hasta donde puede llegar. El autoengaño sigue operando tanto a nivel de la mente individual como a nivel colectivo. Los patriotas de uno y otro lado vuelven a disfrutar jugando con su pack: banderita, consigna, manifestación y cacelorada nocturna.
Si Mariano hubiera buscado la fórmula para celebrar un referéndum en Catalunya a partir del 2012, nos habríamos ahorrado seguramente muchos esfuerzos y la mayor parte de los sufrimientos que nos han llevado a la actual fragilidad política y al caos que se vive en Catalunya, pero las cosas son como son y seguimos encharcados en el círculo vicioso que nos agota sin que podamos continuar con nuestras vidas y se sigan resintiendo la creatividad, el espíritu emprendedor de gran parte de los catalanes, los puestos de trabajo, los consumidores, los cotizantes al Estado, a la Seguridad Social y a la Solidaridad contributiva para el resto de España.