jueves, 4 de diciembre de 2014

La Caridad

Se acerca la Navidad y como cada año por estas fechas, desde los grandes medios de comunicación se fomenta el consumo y el sentimiento de solidaridad con los más desfavorecidos. Se trata de tocar la fibra sensible de las clases medias y hacerlas sentir mal por el “bienestar” que disfrutan y moverles a regalar dinero, bienes y servicios, a otros “menos favorecidos”. 
¿Se han preguntado quien está detrás de esta estrategia comunicativa?

Fomentar los buenos sentimientos, el afecto, el amor, la solidaridad, la bondad, la generosidad, la paz, la caridad, la compasión, la alegría, la responsabilidad social, la equidad, la colaboración, la participación, la cortesía, el diálogo, el respeto, y tantos otros valores sociales no debería ser cosa de la Navidad sino de todo el año.

Los medios de comunicación se comportan en estas fechas para inducir a las personas a consumir más, con la excusa altruista de ayudar a los más desfavorecidos. Es como si se convidara a algunos ciudadanos a vivir en la Zarzuela por Navidad. ¡Con la iglesia hemos topado amigo Sancho!.

Con este marketing navideño ganan las empresas, ganan los comercios, ganan las asociaciones y ganan el gobierno y los poderes fácticos. El buen lector no sólo compra libros por Sant Jordi, los compra y los lee durante todo el año. Los mismo sucede con las “compras solidaras navideñas” y con la caridad. Es una actitud de vida.
En estas fechas, se hacen todas las “maratones sociales”: (recogida de alimentos, recogida de juguetes, recogida de ropa, recogida de dinero para los investigadores, recogida para las actividades artísticas, para los viajes de fin de curso, para…, recogida de sangre, cenas solidarias de navidad, …) 
¿Es que no son todos ellos temas suficientemente importantes y necesitados de atención todos los días del año? 
Entonces, ¿Porqué no exigimos al Gobierno que les dedique la atención debida en sus presupuestos? 
Cada una de las maratones de TV3 para ayudar en proyectos  de investigación para enfermedades del corazón, neurodegenerativas, cancer, alzheimer y otras enfermedades mentales, dolor crónico,  etc. recoge unos 11 millones de euros. 

Si el Estado asignara los medios económicos y profesionales necesarios, aprovechando las economías de escala y evitando la dispersión de esfuerzos y medios en infinitas asociaciones y organizaciones, que a su vez también reciben fondos públicos, tal vez se conseguiría más eficiencia y “transparencia”. Además, los ciudadanos solidarios dispondrían de más dinero para mejorar el bienestar de sus familias y hacer crecer la economía.
En un estado en que TODOS, particulares y empresas, contribuyéramos al bien común según nuestros ingresos, no haría tanta falta la caridad. 
En un país en el que la corrupción estuviera mal vista socialmente y se persiguiera con eficiencia, no sería necesaria la caridad.
En un país lleno de pícaros, donde los que más predican la caridad suelen ser hipócritas que  normalmente son los que menos la practican, es difícil evitar el escepticismo y la sospecha.  Máxime cuando ciertas personas, empresas o instituciones que atesoran riquezas espectaculares apelan a la caridad de los demás. 

En España, la caridad se usa, demasiado a menudo, para tapar las vergüenzas de los que nos administran. 
Si por convicción o por miedo al castigo de no cumplir nuestra obligación, todos pagáramos las facturas de los productos que compramos o servicios que contratamos con el IVA correspondiente, no haría falta la caridad.
Si todos hiciéramos la Declaración del IRPF y pagáramos el resto de impuestos sin intentar “eludir” su pago, aunque cuidemos de hacerlo legalmente, no haría falta tanta caridad.
La caridad está considerada socialmente como una virtud y de ello se valen los poderes:
·Para ocultar su impotencia para exigir a la sociedad un mejor reparto de la riqueza.
·Para ocultar su inutilidad a la hora de invertir eficientemente los recursos. 
·Para ocultar su perversión y egoísmo al aceptar y dar tratos de favor a empresas, amigos o familiares, aunque encarezcan la obra pública y los servicios que el Estado presta a los ciudadanos.
·Para ocultar favoritismos a lobbies corruptos que les tientan para que legislen e influyan en la justicia y en las leyes a cambio de recompensas futuras. 
En España se ha institucionalizado la caridad, cuando deberíamos haber institucionalizado la justicia justa para el bien común.
El reparto justo de la riqueza es un derecho al que no deberíamos renunciar y cada vez que nos pidan caridad, nos están recordando que hemos fracasado en la obtención de este derecho. 
Seamos solidarios, pero luchemos con la misma energía para dejar de serlo, porqué los ciudadanos debemos exigir ser tratados como adultos. Como tales, debemos responsabilizarnos de nuestros deberes para con los demás ciudadanos, a la vez que nunca debemos dejar de exigir a las administraciones, el reconocimiento de nuestros derechos.
©JuanJAS

PD.- Regalo gratis de Navidad

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