lunes, 16 de noviembre de 2020

Todo es culpa de los demás


Hay una tendencia mayoritaria de echarle la culpa de todo lo que no nos sale cómo querríamos a los demás. Nos quejamos de que todo lo hacen tarde, no ponen suficientemente empeño, no vamos unidos, etc. Todo lo que no sale bien o no se consigue decimos que es «por culpa de los demás».

Recuerdo como hace años algunos, ingenuamente, algunos catalanes tenían prisa y pedían que se declarara la independencia unilateralmente y sin negociar nada. Quizás  sin estos «hiperventilats» nunca habría existido un Arenys de Munt, ni una Vía catalana, ni tres Honorables Presidents, juzgados, cesados ​​y en el exilio, ni tantas jornadas históricas, ni tantas cosas más. Se intentaron dos referéndums pro-independentistas que fueron un éxito democrático y popular, pero no político, pero después de todo, las preguntas que cada uno tiene que contestarse (sin engañarse) son: 

¿A dónde nos ha llevado todo esto? 

¿Qué hitos positivos para la ciudadanía se han conseguido?

¿Estamos mejor que antes o peor?

¿Qué podríamos haber hecho para estar mejor y qué podemos hacer ahora?

Hay que comprobar dónde estamos y que coste institucional, social, económico y personal ha costado llegar hasta aquí. 

Lo cierto es que «la independencia», por más que sea deseada por una gran parte de la ciudadanía catalana, en ningún caso habría sido mayoritaria electoralmente, si se hubieran contado los votos sin aplicar Ley d’Hondt como se hace en los referéndums.

Ya hace años que  los diferentes socios independentistas dijeron la suya y ahora parece que se intercambian los papeles: Quienes antes querían ir rápido ahora quieren ir lentos, pactar y ensanchar las bases y viceversa. Una olla de grillos.

Si nuestros dirigentes fueran más capaces y demostraran una mínima eficiencia en sus labores de Gobierno, al que como ciudadanos tenemos todo el derecho, las elecciones catalanas previstas para el 14-F podrían ensanchar la base independentista. 

Pero para muchos ya no servirá, echar una vez más la culpa a todos los demás, incluidos los propios socios del Gobierno que cambian de criterio a golpe de encuesta calculando si podrán obtener más sillas. 

Ya no pedimos que tengan un gran proyecto de país  una buena estrategia para vestir las "estructuras de Estado" y que sean buenos líderes para desarrollarla para llevarnos a la Tierra Prometida. Ya hace meses que nos despertamos violentamente d todos los sueños. Ahora, más realistas, nos bastaría que demostraran que saben gestionar bien los recursos disponibles. 

¿Cómo puede alguien sensatamente confiar en que sepan aplicar una estrategia ganadora para conseguir un nuevo Estado y luego saber desarrollarla de forma que mejore la vida de todos los catalanes?. 

Si falta confianza basada en las habilidades y hechos de buen gobierno demostrados (y no sólo en sentimientos), ¿para qué querría un catalán con seny cualquier otro cambio de status político, social o económico?

Más preguntas a las que buscar respuesta y reflexionar:

¿Qué grupos se prevé que se presenten a las próximas elecciones catalanas? 

¿Qué ofrecen cada uno de ellos a la ciudadanía y que avales aportan, que permitan creer que cumplirán sus promesas futuras? 

Hasta la fecha, nuestros gobernantes catalanes NO han demostrado ser capaces de gestionar bien cuando:

- Dentro y fuera del gobierno, en todas las instituciones en las que participan, los dirigentes aprovechan la mínima ocasión para desacreditar a sus «compañeros imprescindibles del camino» para conseguir aquello que dicen pretender y que es lo principal que en teoría los une. Tampoco consiguen nuevos socios que aporten activos en esa dirección, aunque si para conseguir otras cosas...

- La mayoría de los ciudadanos NO saben bien cuál es el «proyecto CLARO» que tienen para avanzar hacia la meta común. Nunca se ha hablado claro, ni se ha actuado deliberativamente con los actores sociales y económicos desde el minuto cero. Se contradicen con los socios o incluso consigo mismos. Algunos han demostrado no ser capaces de mantenerse unidos en lo que un día fue una gran coalición disgregándose en múltiples subgrupos. Tantos, que salvo los muy cafeteros nadie sabe ya quien es quien, ni que defienden o pretenden hacer para que la palabra mágica se haga realidad.

- No saben poner en valor las instituciones de las que disponemos, ni hacer que todos las respeten, ni tampoco perfeccionarlas para sacar el mejor provecho posible mientras se consigue algo mejor.

- No se sabe cómo gestionar eficazmente los recursos que tenemos, haciendo todo lo posible para mejorarlos (emplearlos mejor para optimizar el provecho), aunque nunca logremos conseguir lo que en justicia nos corresponde.

-  No paran de victimizarse y de echarle la culpa a los malos: la culpa siempre la tienen  toda los demás, los que no se quejan de lo mismo que nosotros.

- No paran de quejarse de todo y no proponen nada útil que nos acerque a un escenario mejor, en lugar de hacer cosas que siguen alejándonos cada vez más del objetivo. Es un modo de actuar muy poco RAZONABLE y poco democrático, porque los platos rotos y la degradación la pagamos todos. Y no sirve decir: «¡que se aguanten!. ¡Cuanto peor mejor!», porqué esta despreocupación por los otros no agranda las bases. Al contrario, crea resentimiento y rechazo, y contribuye a fortalecer las posiciones en el otro extremo del péndulo. A los que «viven» del enfrentamiento no les importará en absoluto, pero al resto de ciudadanos sí, y mucho.

Ojalá que los que se presenten a las próximas elecciones se pongan las pilas. Sobre todo los grupos que hace años que están en la sombra y no acaban de decidirse a pedir el voto. Ojalá que preparen sus propuestas ilusionantes, porque estamos hartos de gente que prometen mucho y cumplen poco. Al igual que estamos hartos de aguantar a políticos mediocres y grupos extractivos que en lo único que piensan es en llenar su bolsillo, porque fuera de la política no han tenido nunca oficio ni beneficio, y en alimentar la pléyade de estómagos agradecidos que les siguen y votan. Estos si que son mala gente. Y no son de los otros, los tenemos cerca.


sábado, 29 de agosto de 2020

RADAR Covid


Radar COVID es una app voluntaria basada en el sistema de Apple y Google desarrollada por Indra junto a la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial donde nosotros decidimos si compartir la información. No revela tu identidad ni la de tu smartphone. No se recoge tu nombre, email, geolocalización ni tu teléfono. Cuando se produce una alerta, estas se envían sin indicar cuándo y dónde se produjo la exposición. 

Debemos activar el Bluetooth y permitir que la aplicación esté activa en segundo plano.

También deberemos activar el sistema de notificaciones de exposición al COVID-19. Esto último es el sistema creado por Apple y Google para el rastreo de contactos. Se trata de un sistema que se mantiene en segundo plano y comparte de forma segura ID aleatorios con teléfonos que estén cerca. 

La aplicación es sencilla y no dispone de menú de ajustes propio. Tenemos tres botones principales. El primero es el aviso de si estamos expuestos al COVID. Si no hemos recibido ninguna alerta, nos aparecerá en verde. Inicialmente nos aparece un resultado de "exposición baja", que si pulsamos nos aparecerá la fecha actualizada y las recomendaciones de lo que tenemos que hacer.

El segundo punto es el de Radar COVID activo. Desde aquí es donde podemos elegir si queremos que la aplicación esté o no activa. Finalmente está el apartado de comunicar un positivo de COVID. Como vemos,. Tampoco creemos que sea estrictamente necesario y valoramos que prime la sencillez.

El funcionamiento de RADAR Covid se basa en tener la aplicación instalada en segundo plano mediante el Bluetooth.  Cuando dos personas que tengan la aplicación activa están cerca físicamente, sus teléfonos intercambian por Bluetooth un código identificador anónimo que cambia cada poco tiempo. El teléfono guarda dos listas, uno con los códigos enviados y otro con los recibidos. En caso que una persona dé positivo y comunique que está contagiado en su aplicación Radar Covid, se sube a la nube el código de identificación propio de los últimos 14 días y ese es utilizado por el resto de dispositivos para ver si existe coincidencia. Entonces nos llegará una notificación alertando que hemos estado cerca de él. 

El consorcio Pepp-PT ha publicado los detalles de su propia implementación 'NTK', siguiendo la propuesta alemana, similar a la francesa ROBERT que defiende el gobierno francés. Se trata de un sistema de rastreo por proximidad, pero centralizado, donde intervienen los servidores de las distintas autoridades sanitarias.

La principal razón esgrimida por el Pepp-PT para apostar por un sistema centralizado es la "validación epidemiológica". Y es que "más allá de ser un mero sistema de notificaciones entre personas, debe ser una vía efectiva" de "ayuda a las autoridades sanitarias para entender mejor la infección”.

Los investigadores del proyecto DP-3T han alertado que les preocupa "la posibilidad de mal uso de este sistema". "El protocolo permite al servidor rastrear a las personas no infectadas e infectadas a lo largo del tiempo. Si la misma persona pasa por dos receptores Bluetooth diferentes, el servidor lo sabe". Esto permitiría geolocalizar la posición de los usuarios a lo largo del tiempo gracias a combinar el identificador con otra información del individuo.

Los usuarios pueden pensar que sus identificaciones son aleatorios, pero se les pueden introducir etiquetas ocultas para que los individuos emitan una característica. Estas etiquetas pueden ser demográficas (por ejemplo, perfiles) o pueden individualizarse para permitir el seguimiento a largo plazo por parte de terceros sin acceso al servidor de fondo.

Los sistemas descentralizados tampoco evitan que un posible atacante pueda saber si estamos infectados o no a través de nuestro móvil. Sin embargo, mientras que en un sistema centralizado el atacante debería hackear la base de datos de la autoridad sanitaria, en un sistema descentralizado se fuerza a que este atacante esté cerca físicamente al menos durante 10-15 minutos para poder establecer un enlace con el móvil.

De acuerdo con el principio de minimización de datos, las autoridades de salud pública y las instituciones de investigación deben procesar los datos personales solo cuando sea adecuado, relevante y limitado a lo que es necesario y debe aplicar salvaguardas apropiadas como pseudonimización, agregación, cifrado y descentralización. La solución centralizada propuesta por el consorcio Pepp-PT no cumpliría con las actuales recomendaciones de la UE.

Hay que confiar en que el sistema usado no debe ser capaz de recopilar, procesar o transmitir más datos de los necesarios.

La solución considerada debe ser totalmente transparente. Los protocolos y sus implementaciones, incluidos los subcomponentes proporcionados por las empresas, deben estar disponibles para análisis público. Los datos procesados y si, cómo, dónde y cómo siempre que estén almacenados deben documentarse sin ambigüedades. Estos datos recopilados deben ser los mínimos para llevar a cabo el propósito.

Finalmente, el uso de aplicaciones de rastreo de contactos y los sistemas que los soportan deben ser voluntarios, utilizados con el consentimiento explícito del usuario y los sistemas deben ser diseñados para poder apagarse y eliminar todos los datos cuando la crisis actual pase.

Finalmente parece que España ha elegido la solución descentralizada  que tiene el apoyo de Google y Apple, así como la de numerosos académicos, la solución centralizada todavía tiene apoyos entre los expertos que consideran que las autoridades sanitarias deben tener acceso a esos datos para obtener un mejor conocimiento de la propagación del virus.

Para que los sistemas de contacto por proximidad sean efectivos, las autoridades calculan que deberían estar instalados entorno al 60% de la población. Un nivel de penetración difícil de alcanzar, pero factible si tenemos en cuenta que las dos compañías de tecnología más importantes en el mundo de la telefonía móvil están detrás.

Si decidimos bloquear el Bluetooth, la aplicación dejará de funcionar. Nos saldrá un aviso desde las notificaciones explicando que el DP3T SDK no puede funcionar correctamente. Es interesante ver que este aviso nos llega desde dos lados; por un lado desde la propia Radar COVID y adicionalmente desde el sistema de notificaciones de exposición al COVID-19 de la propia Google.

Si hemos dado positivo en el test deberíamos utilizar Radar COVID para avisar al resto de usuarios.

Desde el menú de enviar tu diagnóstico nos aparecerá un lugar donde compartir un código. Este número de 12 cifras será proporcionado por las autoridades sanitarias, que nos lo enviarán después de dar positivo. Este número no deja de ser la "confirmación" que efectivamente hemos dado positivo y no somos un usuario aleatorio intentando enviar alertas falsas. Después de colocar un número aleatorio nos aparece el aviso de si queremos "compartir tus ID aleatorios con Radar COVID". La aplicación nos explicará que los ID de los móviles de los cuales hemos estado cerca los últimos 14 días servirán para avisar a las personas que hayan estado  cerca de nosotros y que quizá hayan estado expuestas al COVID-19. Nuestra identidad no se compartirá con nadie.

Si no tuviéramos un código correcto el sistema nos devuelve un error.

Desde los ajustes de Google > Notificaciones de exposición al COVID-19 podemos consultar qué aplicaciones tenemos instaladas que estén haciendo uso de este sistema. Es desde aquí donde también podemos desactivar las notificaciones y realizar dos opciones que nos han parecido bastante interesantes.

Adicionalmente podemos consultar las comprobaciones de exposición.  Es decir, el móvil realiza una comprobación de si nuestro ID coinciden con alguno que haya sido marcado como positivo. Para acceder a esta pantalla deberemos colocar la huella dactilar o el PIN del móvil, ya que contiene información sensible. Se trata básicamente de la hora de comprobación, el número de coincidencias y el hash enviado.

Si damos positivo en una prueba PCR debemos permanecer aislados en casa durante la cuarentena y los rastreadores informarán a nuestros contactos para que se hagan las pruebas antes de que los infectados continúen diseminando el virus por los lugares públicos. La aplicación Radar Covid ayuda a los rastreadores a que afloren los posibles “contactos olvidados”.

Resumiendo: una aplicación fantástica si todos tuviéramos móviles, nos descargáramos la aplicación, la mantuviéramos activada y fuéramos lo suficientemente cívicos y autorresponsables (cosa que se ha demostrado sobradamente este verano que no es así) para informar si somos positivos. Sirve solo para la gente cívica.

La utilidad de Radar Covid quedará muy mermada si no se pone y mantiene activada en TODOS los móviles para prevenir a los ciudadanos que circulen por un lugar público de que hay personas incívicas que sin saberlo o a sabiendas han estado infectando por lo lugares públicos.

Recuerdo unas imágenes de un país asiático que cuando detectaban un “Covid positivo” lo acompañaban a su domicilio y lo aislaban con vigilancia policial en la calle y control telemático (vigilancia facial) por si se le ocurría saltarse la cuarentena. Personal contratado por las autoridades, convenientemente protegidos, se encargaban de llevarles las compras y las medicinas que dejaban en la puerta de su domicilio. Esto era un aislamiento efectivo aunque aquí se considera pérdida de libertad. La centralización de los datos es una receta para el mal uso por parte de las autoridades, al menos en algunos países donde el estado de derecho es débil, pero en casos graves (pandemia) hay que elegir y engañarnos a nosotros mismos con ineficientes medidas de seguridad  es una tontería.

Las personas honradas y cívicas que están contaminadas guardarán voluntariamente la cuarentena y avisarán a los pocos contactos con los que se han relacionado. Para ellos la aplicación es de escasa ayuda y para los que hacen botellón, se reúnen en grandes grupos y con muchas personas no habituales y con pocas medidas de protección la aplicación sirve para poco. Algunos hasta han llegado a mutilar la antena Bluetooh de su móvil.

¿Qué piensan ustedes?

¿Deben las autoridades sanitarias tener acceso a nuestros datos para enfrentarse al COVID-19, o piensan que “Nada puede justificar perder nuestras libertades y que ningún organismo ni corporación ni gobierno ni nadie tiene que controlar lo que podemos hacer o no”?

Si valoran por encima de todo su libertad individual y tienen reticencias para ceder sus datos por un tiempo a las autoridades sanitarias y así ayudar a controlar una pandemia, ¿son igual de estrictos en todo momento y no usan ninguna red social y por tanto NO facilitan (tal vez no son conscientes de que lo hacen) sus datos personales, contactos e interacciones sociales en Facebook, Twitter, TickTok, Crapbook, Instagram, WhatsApp, Google, etc.?


sábado, 22 de agosto de 2020

Incivismo

Estamos cansados de ver en las películas como un juez le dice al jurado: “No deberán tener en cuenta lo que se acaba de oír en esta sala”. Todos sabemos que si alguien te dice "no pienses en “fantasmas”, lo primero que se te viene a la mente es la imagen de un fantasma. Todos conocemos el efecto de la profecía super-repetida y finalmente auto-cumplida. Esta técnica es la que usan muchos “influencers” en las redes. A menudo manipulan información pública, a la que todos podemos acceder, para justificar una historia que no tiene ningún sentido.

Después de la frustración que llevamos acumulada desde hace meses por el confinamiento, los problemas que hemos tenido que resolver y la incertidumbre por informaciones confusas, tardías o contradictorias, llega un “famosillo” que nos dice que todo lo que nos ha pasado “estaba previamente planeado” por algunos muy poderosos, y también muy malos, que tienen el control sobre nuestras vidas y también nuestro futuro. Al tiempo los medios nos informan que los muy ricos han aumentado sus fortunas estos últimos meses (nada nos dicen de la mayoría de los inversores (casi todos los que no pertenecen al club Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet, Facebook, Tesla, Netflix, Ebay, tencent) que han perdido casi la mitad de sus ahorros. No porque estas grandes empresas se lo hayan quitado, sino porque gran parte de la economía productiva y de ocio se ha parado, y todos hemos seguido utilizando los servicios de esas grandes empresas tecnológicas y comprado mucho más por internet.
Y muchos se creen todas las teorías conspirativas que circulan porque es aterrador que nadie vaya al volante. Es deprimente reconocer que demasiados dirigentes están improvisando y que la mayoría tenemos poca idea de lo que va a pasar el próximo mes. En ese escenario es más dulce abrazar la épica de "derrocar a un tirano oculto” y mientras tanto, hay miserables que están rentabilizando la ignorancia de los que se creen a pies juntillas esas teorías conspiranoicas.  

Es importante guardar la calma y no reaccionar impulsivamente a ciertas publicaciones de Facebook, hilos de Twitter o informaciones televisivas. Hay que buscar fuentes que aporten “datos verificables” que nos permitan analizarlos y reflexionar sin prisas. Y ante las informaciones que difunden los “negacionistas”, si tenéis la suerte de no conocer personalmente a ningún afectado directamente por la enfermedad Covid-19 y dudáis, puede ayudar hablar con vuestros conocidos sanitarios, visitar un CAP, un Hospital, una morgue y comprobar en persona lo que estos negacionistas nos dicen que es falso.

Ayudaría mucho que muchas más personas fueran asertivas y ayudaran a que todos, por presión social, cumplamos las normas sanitarias. Si en el supermercado, en la cola de la administración de lotería o de un centro cualquiera hay alguien que no cumple las normas sanitarias, pídeles que cumplan las normas: que guarden la “distancia física (no social)” de seguridad y que se pongan bien las mascarilla. Y si se niegan a hacerlo, deberíamos ponerlo, cualquiera de nosotros, en conocimiento de las autoridades o del encargado/guarda de seguridad del establecimiento, para que haga cumplir el protocolo a las persona incívicas que atentan contra la seguridad ciudadana. Si nos callamos, si dejamos que cada cual haga lo que le salga del nardo, puede que nos consideren muy guay y que momentáneamente vivamos más tranquilos, pero a la larga lo pagaremos muy caro. Si a los pocos incívicos que circulan se les afea su conducta socialmente, será más fácil que entren en razón que si nadie les reprocha su mala actitud para con los demás.

Todos hemos visto en los CAP y en los hospitales que hay ciertos colectivos que se saltan las normas sociales y muchas veces también las del establecimiento impunemente. Provocan incidentes y amenazan a los sanitarios y a cualquier que les llame la atención. Llenan las habitaciones de familiares, patriarca al frente y molestan y perjudican al resto de usuarios. ¿Cómo actúa la seguridad del hospital en estos casos?

Es escalofriante leer el hilo siguiente:

Surgen muchas preguntas y el no conocer las respuestas inquieta: ¿Porqué no se espera al resultado de la PCR antes de ingresar al paciente no crítico? Si los familiares conocían que era positivo, ¿Porqué no había registro en su historia clínica electrónica? ¿Se hizo la PCR en el ámbito privado y no informaron del resultado al pedir en ingreso en el hospital? ¿Qué se ha hecho para evitar estos casos? 

Todo el personal sanitario que ha estado en contacto con esta persona seropositiva debería hacerse una PCR y esperar en casa....por si alguno está contagiado y va transmitiendo el virus. Si hubiera muchos irresponsables como los que cuenta la enfermera en su hilo de twitter, pronto tendrían que cerrar los hospitales por falta de personal porque todos se habrían contagiado o tendrían que aislarse en  cuarentena. Si no se hacen los test corren el peligro de contagiar a otros compañeros o pacientes. Esta variante de esconder la cabeza del ala por interés personal (si me diagnostican + me quedaré sin vacaciones confinado en casa o en las empresas que no hacen PCR a sus trabajadores por temor a que alguno se diagnostique infectado y entonces deban parar la producción o incluso cerrar temporalmente la empresa.

¿Si el paciente no tiene sintomatología es lógico subir al paciente a planta normal, para no colapsar urgencias, en lugar de a una intermedia esperando resultados?.

Leer testimonios como el de esta enfermera hace perder la fe en algunos humanos.  

Todo mi respeto, ánimo y admiración hacia las personas que llevan meses salvando vidas y todo mi desprecio a los que NO hacen bien su trabajo, se escaquean todo lo que pueden, roban y mienten; sean pacientes o los que deberían dar el servicio y no lo dan bien.

Seguro que se podría reducir el número de contagios si se mejorara la deficiente educación social, que por desgracia está arraigada en nuestro país: poca empatía, por no decir nula, poco respeto por los demás y poca auto-responsabilidad. Cuidar de que los niños reciban más “educación cívica” desde pequeños, en nuestras casas, podría mejorar las cosas; porque ahora parece que solo funciona: que les toquen el bolsillo, que la policía les de algún palo, que le toque la parca a alguien que les importe mucho, con salida en bolsa de plástico incluida.

¿Para qué están las normas y los protocolos si no se logra que todos los cumplan?

A los “usuarios de servicios públicos irresponsables” habría que pasarles la factura, además de ponerles una denuncia por poner en riesgo la salud de otros pacientes y del personal sanitario o la integridad del “servidor” de cada unidad. Tal vea así aprenderían un poco de civismo y a vivir correctamente en sociedad. Porque si no aprenden y si se siguen comportando de forma estúpida unos e inepta otros, estamos destinados a nuestra propia extinción. 

No podemos seguir permitiendo que los “sinvergüenzas” sigan haciendo lo que les salga del nardo y se sigan yendo de rositas. Es peligroso jugar con el dinero, pero es imperdonable jugar con la salud, y algunos “negacionistas” o irresponsables lo están haciendo. Ya no basta con avisar que se pondrán mulas. Debería acusárseles de atentado contra la salud y juzgarles por homicidio imprudente si fallece algún infectado por su culpa. Y no iría mal que los medios de comunicación informaran, con todo lujo de detalles, de las sentencias dictadas y de su cumplimiento, al estilo medieval.  Tal vez  así, los irresponsables e incívicos aprenderían y entenderían que su libertinaje termina allí dónde se vulnera la libertad y la salud de los demás.

lunes, 27 de julio de 2020

Incapaces: No hay que temer el futuro, hay que formarse, prevenir y adaptarse.


Comentarios al escrito del Dr. Manuel Benitez titulado "incapaces"

https://www.facebook.com/manuel.benitezmontero/posts/2729474903935626?notif_id=1595776290106063&notif_t=close_friend_activity&ref=notif


En mi caso, que soy más viejo que tú, me educaron también “sin temor al futuro”, pero no en lo de “tanto tienes tanto eres”. En mi familia, el futuro no daba miedo porque, teniendo salud, me educaron para que acumulara los suficientes “recursos” para ser capaz de ganarme la vida honradamente por mí mismo sin esperar ayudas de nadie, con perseverancia, sin victimismos ni lamentaciones. Nos enseñaron desde pequeños que en el camino encontraríamos dificultades que debíamos resolver. Aprendimos a no aburrirnos, a vencer adversidades, a solucionar problemas, sin quejarnos, sin lamentarnos, sin echar la culpa a otros, sin pedir ayuda a menos que fuera absolutamente necesario, a guardar para mañana, a retrasar gratificaciones inmediatas para conseguir algo mayor y mejor en el futuro, a no matar la gallina de los huevos de oro, etc. Aprendimos todas esas “cosas” que ahora les suenan a neozelandés a las generaciones actuales acostumbradas a la satisfacción inmediata.

No veo negativo que se valoren los “logros individuales” (sin llegar a la “glorificación”) porque son necesarios, aunque no suficientes, para que una persona, grupo o sociedad progrese. 

Competir en igualdad de oportunidades es bueno siempre que no se refiera a un enfrentamiento o contienda cruenta para someter o degradar a otro, sino como un gran acicate para la superación personal. Siempre me ha gustado y he practicado la “competencia” conmigo mismo (los japoneses lo llaman "mejora contínua)  porque ello ha alimentado mi afán de superación, el perfeccionamiento y la búsqueda de la excelencia en todas las tareas en que he participado individualmente o como integrante de un grupo.

Los que aspiran con soberbia a la felicidad, desintegrados socialmente y destrozando el ecosistema del que forman parte,  tienen unas miras muy cortas. Los asimilo a aquellos estudiantes “listillos” que memorizan el temario una semana antes del examen, lo superan y continúan con el siguiente peldaño. Adquirir y acumular conocimientos y saber que les permita progresar a largo plazo no les importa, solo conseguir metas puntuales aunque los cimientos sean débiles e inseguros y les dificulten superar por sí mismos las crisis en el largo plazo.

Más adelante denuncias en tu escrito la falta de autocrítica y que el “rebaño” sigue ciegamente a sus líderes.  ¿A quien te refieres con el calificativo de “nuestros líderes”? ¿No será a nuestros políticos?

Supongo que tampoco te refieres a los futbolistas, famosillos mediáticos o “influencers” varios. Porque respecto a los políticos está sobradamente demostrado que gracias a ellos no hemos conseguido ni seguridad, ni libertad (a no ser que sea para decir lo que nos viene en gana e insultar) y sí, tal vez algo de dinero y longevidad (que no salud). Respecto al resto de supuestos "líderes", lo único que pretenden es ser la “voz de su amo” y servir sus intereses, mas o menos ocultos.

Denuncias que al estresado se le receta “desconectar”. Siempre se ha dicho que en la variedad (sin extremismos) está el gusto. De todas formas hay que tener en cuenta que de la única persona o circunstancia de la que no escapas, por muy lejos que te vayas de vacaciones, es de ti mismo. El que no aprenda a adaptarse de forma razonable (soportable) en su día a día lo tiene crudo. Es como aquel que exclama después de castigar su sistema digestivo con una opípara comida: "ahora me voy a tomar de postre un yogurt 0%0% y un cortado descafeinado con leche 0% y sacarina para contrarrestar". Se ve que las enseñanzas religiosas del "pecado perdonado con el subsiguiente acto de contrición" calaron hondo, aunque muchos no sean conscientes de ello. Todos necesitamos descansar y recuperar después de un esfuerzo, pero eso no tiene nada que ver con intentar “escapar” durante un tiempo (para volver después a la normalidad) de algo que no te gusta (de tu trabajo, de tu familia, de ti mismo…)

Puede que la culpa del fracaso NO sea solo personal, pero uno mismo es el que mejor y mas fácilmente puede mejorar. Si el entorno acompaña, tanto mejor, pero empecemos a dar el primer paso y el siguiente, perseverando, con ilusión y sin desaliento.

Último párrafo:

Teóricamente una sociedad es una colectividad organizada de personas, que viven en un territorio común, cooperan en grupos para satisfacer sus necesidades sociales básicas, adoptan una cultura común y funcionan como una unidad social distinta de otras vecinas. Según esta definición de libro sería muy difícil hablar por ejemplo de la “sociedad española/catalana” y tanto más complicado cuando más queramos agrandar el colectivo. 

Desde los medios de comunicación y desde la política se promueven valores que no ayudan ni siquiera a preguntarse cuales son las necesidades del otro, base para empezar cualquier diálogo constructivo, que fomentan la pérdida de la humanidad, la glorificación de la incultura y del no raciocinio. Hace décadas que la sociedad no ha evolucionado al mismo ritmo que la ciencia o la tecnología (según la ley de Moore cada dos años, se duplica el número de transistores que caben en un chip), y ello nos desconcierta porque pensamos que como logramos muchas cosas simplemente pulsando un botón todo debería funcionar igual. Y no es así. Nunca ha sido así y tampoco lo es ahora. La gravedad siempre ha empujado hacia el centro de la "gran masa", no en la dirección que cada uno de nosotros queramos, como sucede en los efectos especiales del cine de ficción. Siempre ha habido déspotas, villanos, vagos, esclavos, narcisistas, paro, etc.  

Seguro que muchos conocemos "La alegoría de las cucharas largas” que nos enseña que cuando se lucha para satisfacer solo nuestras querencias, todo el mundo pasa hambre. Pero cuando nos centramos en el hambre de nuestro vecino, descubrimos que hay maneras de alimentar a todo el mundo y de que al mismo tiempo los demás nos alimenten a nosotros (en recordar y valorar esta última parte de la frase es donde falla casi siempre la mayoría de las personas). Lo mismo pasa con las mascarillas (podríamos readaptar la "alegoría" sustituyendo cucharas por mascarillas (póntela-pónsela) y la comida por “protección vírica”. ¿Por qué nos cuesta tanto de entender? ¿Qué necesitamos para grabarlo de forma permanente en nuestro sistema límbico?

Seguiremos conversando...


miércoles, 17 de junio de 2020

La D-ID (de-identificación)

El “reconocimiento facial” es una técnica que hace poco que ha irrumpido en nuestras vidas  pero que ha progresado a pasos agigantados. Aunque no nos demos cuenta, las redes sociales la usan para reconocernos y etiquetarnos en las fotografías. También las cámaras fotográficas la usan para detectar caras y cuando las volcamos en el ordenador, un programa detecta las caras y clasifica las fotos en que aparece una persona determinada, etc. Imaginen disponer en su ordenador/móvil de un programa que «deforme» ligeramente la imagen de todas las selfies que suben a Internet y que cada vez utilice parámetros aleatorios para cambiar algunos parámetros que permiten identificarte. 

Algunos móviles usan el reconocimiento facial para darnos acceso sin necesidad de entrar un código o la huella dactilar, y al tener acceso al móvil, tenemos acceso a los datos de salud, pagos con  tarjeta, carnet de conducir, etc. etc. Pronto nos permitirán abrir el vehículo, arrancarlo, abrir la puerta de nuestro domicilio, etc. Imaginen lo que puede suponer un “robo de identidad facial”. A nadie se le ocurre compartir su firma en las Redes Sociales. Entonces porqué compartimos tan alegremente nuestras "firmas faciales".

En el área pública ya hace tiempo que las cámaras de vigilancia se usan para detectar intrusos en locales. En algunos países las calles están llenas de cámaras que pueden ayudar a localizar personas, identificar manifestantes, etc. En los países democráticos en los que sucede esto valoran más la  seguridad que la privacidad. En otros pasa lo contrario, porque se piensa que aunque no se tenga nada que ocultar, no les gusta que su imagen pueda caer en manos de alguien que pueda usarla inadecuadamente. Para proteger nuestra privacidad siempre hemos puesto cortinas en nuestras ventanas o cristales que se oscurecen a voluntad, o dejan pasar la luz exterior pero sin transmitir el interior. 

En los países mediterráneos se han usado siempre las persianas, no solo para protegernos del sol, sino para ver sin ser vistos. Estos artilugios protectores de intimidad no sirven cuando salimos a la calle. Allí estamos expuestos a las cámaras (no me refiero a las de los paparazzis) que nos escudriñan (en unos países mas que en otros). 

Por el momento parece que los cambios necesarios para engañar a un sistema de identificación son tan imperceptibles que ya operan empresas que venden joyas, atuendos o maquillajes especiales para dificultar que nos identifiquen cuando salgamos a la calle o no queramos que el Gran Hermano sepa donde vamos o estamos cuando salimos de casa.

Todos conocemos los distorsionadores de voz que se usan para impedir que se reconozca a alguien cuando habla por teléfono. Más difícil es hacerlo con las fotos y más aún con las imágenes en vídeo. Básicamente, la idea de la de-identificación (D-ID) consiste en introducir leves modificaciones en una fotografía que resulten imposibles de percibir a simple vista, pero que eviten que pueda ser utilizada para alimentar una base de datos que se utilice en procesos de reconocimiento facial. Dado que el reconocimiento facial se basa en unas cuántas dimensiones que se adquieren a partir de una imagen, lo que los algoritmos de D-ID hacen son cuestiones como separar levemente los ojos o modificar de manera prácticamente imperceptible determinadas formas de la cara (ojos, cejas, boca y pómulos), mientras que la pose, expresión, iluminación se mantienen sin cambios. Así los parámetros captados por la cámara no coincidan con los parámetros de tu cara almacenados en el Big data y se puede evitar ser reconocido. 

Actualmente, para renovarte el DNI o el pasaporte en España simplemente tienes que llevar una fotografía reciente del rostro, tamaño carné, con fondo blanco, sin gafas de cristales oscuros y con la cabeza descubierta. Te la puedes hacer en cualquier fotógrafo, fotomatón o en casa retocada a tu gusto (con menos arrugas, mas delgada/gorda, con +/- cuello, etc) e imprimiéndola con la impresora. Seguramente muchos cambiarán su rostro por pura coquetería, pero puede que estos cambios en la foto, que se usará en documentos oficiales y que servirá para que las autoridades puedan identificarnos, puedan causar problemas de de-identificación. Por ello el gobierno alemán acaba de anunciar la prohibición específica del uso de ese tipo de tecnologías de morphing en las fotografías utilizadas en documentos de identidad o pasaportes, dado que esas modificaciones podían ser utilizadas para asignar varias identidades a una misma fotografía y que dos personas pudiesen pasar por la frontera a través de los sistemas de verificación automatizados utilizando el mismo documento.

A partir de ahora, las fotografías que los alemanes utilizan en sus pasaportes tendrán que ser tomadas en las propias oficinas de expedición del documento, o en caso de provenir de un fotógrafo, tendrán que ser enviadas digitalmente y a través de una conexión segura para asegurar que no han sido manipuladas.

La posibilidad de utilizar este tipo de tecnologías de de-identificación en un documento oficial como un pasaporte podría resultar atractiva, por ejemplo, cuando se visitan determinados países en los que se hace un uso especialmente agresivo de la tecnología de reconocimiento facial, aunque  no se que podrá ocurrir cuando en el aeropuerto se pasa por los trámites de inmigración. Obviamente, modificar un documento oficial parece una idea poco recomendable, pero la decisión de Alemania de hacer referencia a ese tipo de tecnologías para prohibirlas específicamente no deja de resultar un tanto distópica, y la prueba de que, efectivamente, su uso podría estar empezando a extenderse.

Es el típico caso de hago-la-ley, hago-la-trampa y en el interín, prohíbo tu trampa porque no sé detectarla, hasta que encuentre la forma. Algo similar sucedió hace sólo algunos años con la costumbre de piratear música, películas, juegos, señal de TV por satélite, etc.  El “delincuente” siempre va por delante de la autoridad y esta tiene que resolver las “transgresiones” que va detectando a golpe de prohibiciones y multas. Por cierto, no es solo la policía la que está interesada en el uso potencial del "Reconocimiento Facial": Desde los centros comerciales hasta los campos deportivos, es cada vez más difícil para la persona promedio saber cuándo se utiliza esta tecnología para rastrearlos, por quién y para qué fines. 

Por muy celosos que estemos de nuestra “privacidad” seguro que veremos pronto decisiones similares en otros países. Las técnicas que aplican los países asiáticos, y que hoy vemos imposibles de aplicar aquí, pronto nos las aplicarán, aunque sea de forma disfrazada. Al fin y al cabo, muchos de los que defienden enérgicamente la privacidad, no se dan cuenta de que ya hace tiempo que están totalmente expuestos en las Redes Sociales y de allí al infinito. Acaso importa estarlo un poco más. Si tanto les importa, bórrense de todo lo electrónico (Google, Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram, Telegram, etc) y dedíquense a escribir cartas manuscritas y lacradas para comunicarse transportadas por un correo de confianza… y ni eso.
Lo próximo será la desaparición del dinero fiduciario y ahí si que no podrán ni comprarse un chicle sin que el Gran Hermano sepa cuando y donde lo hizo, la marca, la cantidad, el coste, cuantas veces compró el último año, cuantas veces cambió de marca, etc. ¡Sigo!

https://www.reuters.com/article/us-germany-tech-morphing/germany-bans-digital-doppelganger-passport-photos-idUSKBN23A1YM


domingo, 10 de mayo de 2020

Evolucionar o sufrir

Esta pandemia nos ha quitado a todos, cada persona a su nivel, el miedo a usar las nuevas tecnologías, el miedo a que nos espíen, o el miedo a pensar en recuperar parte de la industria que dejó nuestro país para deslocalizarse a otros con mano de obra e infraestructura más barata y mejores condiciones fiscales. Algunas cosas serán buenas, otras malas, pero son las que nos tocará vivir y habrá que evolucionar, cambiar de negocios, de trabajos y de formas de divertirse. Ayer compartí en mi blog mis impresiones sobre los cambios que seguramente viviríamos en los próximos años.
Las previsiones económicas que se vienen haciendo de caídas del PIB del 10% y paros del 20% o de cualquier otro valor son solo proyecciones con datos del pasado hacia el futuro y tienen valor relativo. Es como si tuvieras que conducir un coche mirando hacia atrás por el retrovisor y eso sólo funciona mientras la carretera sea recta. Si el camino se curva (ahora circulamos por la curva más grande de la historia reciente) y pasan cosas que no han pasado nunca lo más seguro es que nos equivoquemos como los han hecho el FMI y el Banco de España en sus previsiones para las últimas recesiones que ha habido en el mundo. No han adivinado ni una.  Cuanto más tardemos en encontrar un remedio o una vacuna, mayor será la catástrofe económica, porque el confinamiento es como caer desde un acantilado al mar. Si no sabes nadar, estás muerto. Si sabes nadar, cuanto más tarde el salvamento marítimo en sacarte del agua, en peores condiciones saldrás.
Mientras estemos confinados los gobernantes nos tienen que facilitar herramientas para sobrevivir. Unos lo tendrán más fácil que otros porque han prevenido antes por si venían mal dadas y otros lo tendrán fatal porque vivieron alegremente la vida y olvidaron que en tiempos de bonanza hay que privarse de algunas cosas superfluas y guardar por si sucede algún accidente; y este covid-19 es un gran accidente. A pesar de todo, es cierto que las autoridades son quienes nos privan de la libertad de trabajar (por lo menos a algunos, porque estos días vemos que aunque hay trabajo, quedan puestos sin cubrir) y por tanto debe intervenir para ayudar a esas personas que quieren trabajar y no pueden por obligárseles a confinarse. Este se uno de los pocos casos en que tanto Trabajadores y Empresarios o socialistas y liberales están de acuerdo. En lo que no están de acuerdo es en dar dinero, comida y hasta posibilidades de ocio a quienes no aceptan los trabajos disponibles, simplemente porque han decidido no trabajar y prefieren que otros les ayuden en lugar de esforzarse ellos mismos.
En USA tanto demócratas como republicanos tardaron 10 minutos a aprobar un plan de rescate de 2 billones de dólares. En Europa los diferentes países, al igual que los políticos a nivel nacional, pierden el tiempo discutiendo cuanto dinero ponen en circulación y cuanto le toca a cada uno repartirse, por tanto las repercusiones económicas serán mucho más graves aquí que en USA.
Tenemos que volver a priorizar los riesgos, en todas las cosas y principalmente en el transporte. Tenemos interiorizado que el terrorismo ha matado mucha gente y que debemos asumir cualquier “esfuerzo” colectivo y personal para contenerlo. Con este criterio se gastaron billones de dólares/euros en perseguir a Bin Laden y a otros terroristas, y hemos perdido miles de millones de horas a los controles de los aeropuertos para subir a un avión. Ahora aparece el virus y reaccionamos tardísimo en aplicar medidas mucho menos contundentes que cuando perseguíamos terroristas con gasto militar incluido. Parece que el sistema de evaluación de riesgos lo tenemos bastante equivocado.
Recordemos que en el 11-S del 2001 en EEUU murieron cerca de 3.000 personas. ¿Cuántas ha matado el virus? En Estados Unidos van por los 80000 (casi 27 veces más) y casi 300000 en todo el mundo en 3 meses. En Madrid los atentados de Atocha provocaron 193 muertos, que es menos de lo que hay ahora cada día en España (han muerto 134 veces más). Hay que poner las cosas en perspectiva. Siempre lo más reciente o lo más cercano es lo que mas nos afecta pero hay que poner las cosas en perspectiva. La inflación nos preocupa mucho, pero comparado con lo que puede pasar a medio plazo no es nada. Nos puede preocupar los 8 euros que nos cobrarán por traernos la compra semanal a casa pero no es nada por ahorrarnos un posible contagio.
Aumentar la gran deuda de España es grave, pero mucho menos que perder la mitad de las empresas y los puestos de trabajo. Que aumente la inflación es malo (más cuanto más aumente), pero si la UE se hunde los grandes perjudicados seremos nosotros mismos y también los alemanes, holandeses, austríacos, suecos, etc. 
Cuando Draghi dijo lo del "Whatever it takes" y el BCE imprimió miles de millones de euros y compró deuda a montones, no se hundió el mundo. Es el mal menor. Es mucho peor que se hundan muchas empresas. 
El norte europeo dice que España no ha controlado el déficit y es verdad. España no ha cumplido ni un solo año los términos del trato que hizo para recibir el crédito del rescate encubierto del 2012. Los países del centro-norte europeo tienen razón cuando dice que los PIGS no son serios. A las personas responsables les produce mucho resquemor que las hormiguitas siempre tengan que ayudar a las cigarras y que estas, una y otra vez hagan chantaje emocional y no quieran aprender a trabajar productivamente, a no despilfarrar y a ahorrar, pero en estos momentos no queda otra, porque todos vamos en el mismo barco. Eso si, la ayuda debería ser con condiciones y controles estrictos para que esta se emplee en lo que se debe: ayudar a la sanidad y en las empresas para que no quiebren, mantengan los puestos de trabajo y la economía siga rodando.
El virus ha acelerado los fenómenos que ya estaban existiendo. El mas evidente es que hemos comprobado lo que ya intuíamos que era necesario, pero no hacíamos: el teletrabajo, la teleconferencia, teleformación, etc. No hacen falta tantas ferias, convenciones, congresos, restaurantes, hoteles, aviones, coches, viajes... Mucha gente verá que no hay que vivir en ls grandes ciudades y pagar alquileres estrafalarios pudiendo teletrabajar desde el campo. Las ciudades se vaciarán, habrá menos coches. Esto ya empezaba a pasar, pero se acelerará.
También quiere decir que usar más app’s y más conexión a Internet significa más control de nuestras vidas. Los grandes ganadores de esta pandemia están siendo las grandes tecnológicas estadounidenses: Amazon, Facebook, Google, Apple, Netflix, etc. no paran de subir en bolsa,… No sólo porque tenían un montón de “caja” (gran lección sobre tener una empresa sin deudas), sino porque "lo que le dices a los asistentes virtuales (Siri, Alexa, Cortana, Google now, Bixby, etc.) queda grabado, y las grandes empresas que los patrocinan saben lo que usas, como y cuando lo usas, lo que deseas y lo que vas a comprar próximamente.
El debate sobre la privacidad se ha terminado y han ganado estas grandes corporaciones. Ahora ya todos firmamos (no sabemos el que) para usar Whatsapp, Facebook, Twitter, Google, etc. y ni nos planteamos no firmarlo y dejar de usar esas apps. El día que el Gobierno te diga “no puedes salir de casa porque tienes fiebre”  no podrás negarte. De echo supongo que nos siguen mandando que hagamos las declaraciones de impuestos para dar trabajo a los gestores y abogados, etc., porque con las tecnologías existentes, bastaría con que la AEAT nos girara el recibo  directamente y ya que tenemos que pagar, nos ahorraríamos el trabajo. 
Pronto nos dirán: pasa el “test” y autoriza a tal “app” para que te haga el seguimiento si quieres entrar a este local, evento, practicar este deporte, etc.” Esta invasión de la privacidad que hace dos meses no habríamos imaginado ni tolerado está muy cerca de hacerse realidad y cuando nos la planteen privadamente la aceptaremos sin demasiados remilgos.
Los estados aprovecharán exponencialmente el miedo creado en esta pandemia para espiar a los ciudadanos, y no hay nada más permanente que una política temporal del gobierno. Recuerden que USA, un país super capitalista, liberal y nada amante de los impuestos inventaron el IRPF en 1860, (temporalmente para pagar la guerra civil), y todavía lo siguen aplicando. Cuando los gobiernos catan un poder es difícil que lo cedan o que los ciudadanos se lo puedan arrebatar. Encontrarán mil excusas, dirán que el control va muy bien para el terrorismo o cualquier otra cosa…
Seguramente se pondrán límites a la globalización asimétrica de los últimos años. El virus agrava las sospechas que todos tenemos de lo que es extranjero.  Unos se acusan a otros y al comienzo de la crisis los países se comportaron incívicamente. Lo hemos visto en la UE cuando todos los países intentaban acaparar el material de protección que podían fabricar o conseguir. Repentinamente se olvidó todo signo de hermandad y  solidaridad. Lo del America first se vio aquí. Incluso dentro de la España re-centralizada por el “estado de alarma” cada comunidad autónoma, ciudad y hospital se buscaba la vida por si misma. La muralla que Trump quería hacer en la frontera de México pronto dirá que no es para parar delincuentes o gente que te quite el trabajo sino para parar el virus, y más gente lo aceptará. Y con los africanos que vienen en pateras haremos lo mismo. Entraremos en una dinámica humanamente espantosa. 
Tal vez volvamos a una especie de mundo bipolar, con guerra fría incluida. Todo el mundo nos querrá espiar pero cada uno con su sistema. Los chinos han creado la versión china de todas las tecnológicas americanas, y el mundo se dividirá entre la influencia china y la americana. Será una globalización dual pro-china / pro-americana.
En la parte positiva, las cadenas de producción no estarán tan fraccionadas como ahora, cuando cualquier producto tiene componentes fabricados en muchos países diferentes. Tal vez la industria nacional  podrá repatriar muchas empresas deslocalizadas. Se protegerá la nacionalización de muchas industrias esenciales porqué ya hemos descubierto que no fabricábamos mascarillas, ni batas, ni tests, y los hemos tenido que comprar en China. Esperemos que esto no nos vuelva a pasar, y tal como nos espabilamos en fabricar respiradores lo hagamos también con el textil o con la industria alimentaria, y favorezcamos cada vez mas la fabricación y el consumo de productos de km.0. 
No volveremos a una autarquía donde todo el mundo lo hará todo, pero se crearán dos grupos: el asiático y el occidental. Seguirá habiendo comercio internacional y los países tendrán que especializarse. No todo el mundo hará smartphones o Porches. Tampoco todos harán AOVE, vino o calçots. Los europeos supongo que estaremos en el grupo occidental, aunque con el 5G íbamos con China. Las empresas que anticipen el retorno de la industria a Sabadell, Igualada o Terrassa saldrán ganando. El sector que mas sufrirá será el turismo porque requiere contacto. Sobre todo el de bajo coste masificado. 
Esperemos que aunque dentro de dos años acabe el miedo al virus quede algo en la memoria. Años atrás se nos hacía raro ver chinos con mascarilla en los aeropuertos y nos reíamos. Ellos habían aprendido la lección del SARS del 2003 y les quedó el miedo en la interacción. Ahora que hemos padecido el horror del Covid-19 seguramente también nos quedará  también a nosotros, y se notará en las costumbres que teníamos que ir a restaurantes, hoteles y en países lejanos. 
Aunque nos resistimos a admitirlo, no volveremos a vivir como lo hacíamos el año pasado. Se ha acelerado el cambio desde una la sociedad sólida (seguridad, contenidos, valores) a una sociedad líquida (movilidad, incertidumbre, relatividad de valores) y lo inteligente será pensar hacia dónde va la tendencia principal y ser de los primeros en seguirla. ¿Recuerdan la famosa frase “Be water, my friend” de Bruce Lee?  La capacidad de “fluir” y ser “flexible” y “adaptable” como el agua en un mundo en constante cambio. La adaptación, la anticipación, el uso correcto de las fuerzas tanto propias como del contrario, serán muy necesarias en el futuro próximo..
Los maestros se tendrán que espabilar para aprender a dar clase a través de videoconferencia y aprender a editar sobre vídeos, etc. porque se han terminado las clases magistrales o las clases en aulas reducidas con muchos jóvenes interactuando a cortas distancias continuamente. La escuela se deberá digitalizar rápidamente y para ello no basta con que todos los jóvenes tengan un iPAD o un ordenador, hace falta crear buenos contenidos y facilitar la interacción porque Tener un escuela conectada no es lo mismo que tener una escuela inteligente. Los conferenciantes y tertulianos habrán de aprender a hacerlo vía telemática y a responder las preguntas que les llegan desde miles de kilómetros. Por ejemplo, las juntas de accionistas hace tiempo que ya no son presenciales y se hacen telemáticamente. Son más prácticas, más baratas y más cómodas para los asistentes y organizadores pero se pierde negocio para las salas de congresos, los hoteles, restaurantes y todo el ocio asociado a este tipo de actos multitudinarios. Sólo queda adaptarse, renovarse o desaparecer.
En algún momento la vacuna llegará y temeremos al Covid-19 igual que tememos a una gripe que también produce miles de muertes cada año, pero lo tenemos asumido. La humanidad siempre ha solucionado los grandes problemas porqué, a pesar de que a muchos les paraliza el miedo, aún quedan muchos millones de cerebros pensando para encontrar soluciones, y mas si comparten información útil y trabajan en red. Por desgracia siguen existiendo muchas personas que, en lugar de esforzarse en buscar soluciones creativas nuevas, siguen empeñándose en repartirse la miseria o priorizar lo que llaman defensa de sus derechos y libertades (no las de los demás). Esa tendencia es la que habría que controlar. Como siempre, todo en su justa medida. Necesitamos atender lo urgente en momentos puntuales para asegurar la supervivencia, pero sin dejar de tener en cuenta lo más importante, porque eso es lo que nos permitirá sobrevivir como comunidad y como especie.

¿Qué puede pasar en el futuro próximo?

Nadie sabe lo que va a pasar en el futuro, pero todos podemos pensar qué es lo que podría pasar o lo que nos gustaría que pasase.
Aquí van mis sugerencias:
1.- Desaparecerá la TV en abierto, los teléfonos fijos, la radio por ondas y toda la comunicación será principalmente a través de Internet. Se crearán plataformas tecnológicas donde la conexión básica será gratuita para la mayoría de la gente y permitirá a los estudiantes conectarse con la escuela por videoconferencia. Los gestores de la plataforma aprovecharán la información que le entregamos voluntariamente para ofrecernos un producto de valor añadido cada vez mayor. Se podrá mejorar la capacidad y los contenidos via demanda, pagando la cuota correspondiente.
2.- Se generalizará el “horario variable” de entrada al trabajo para evitar atascos de tráfico y concentraciones en transporte público. Lo mismo con los periodos vacacionales.
3.- El transporte público desaparecerá gradualmente y solo tendrá utilidad para los viajes interprovinciales o entre países. Para el transporte diario y de pequeña distancia cada vez se utilizarán mas VPPE (Vehículos particulares portátiles eléctricos) a precios razonables que no requieren un lugar para aparcar y con un consumo energético pequeño.
4.- Dejarán de aumentar las zonas asfaltadas y aumentarán las veredas. Se favorecerán los vehículos eléctricos portátiles personales, que generarán mucho menos ruido, menos contaminación y dejarán más espacio para más áreas verdes y pistas para caminar.
5.- Se implantará un “SSU” (Seguro de salud universal) supervisado por la OMS con las mismas reglas para todos los países.
6.- Los ChSIA (Chequeos de salud integral anuales) serán obligatorios y gratuitos, para prevenir enfermedades en vez de gastar mucho más intentando curar cuando ya se ha desarrollado la enfermedad o extendido la pandemia.
7.- Se utilizarán los datos sanitarios centralizados para, con ayuda de programas de IA, identificar riesgos de contagio o de enfermedades, aislar a los individuos de alto riesgo, poner tratamientos preventivos que deberían recibir cada paciente o reducir el impacto en caso de enfermedades o contagios. Bastaría que los distintos sistemas de salud dieran acceso a sus datos de los pacientes. Algo sencillo pero que en algunos países podría ser políticamente muy complicado y muy retador a nivel privacidad para otros. Hay que poner en una balanza seguridad-prevención y en la otra privacidad.
8.- Se extenderá el teletrabajo para todos los trabajos que no requieran contacto físico con el cliente o para producción. Los pisos nuevos tendrá una habitación preparada para hacer teletrabajo (los antiguos despachos). Las empresas subvencionarán el acondicionamiento de despachos personales en viviendas antiguas y también la compra de material informático-comunicación. Esto aumentará la empleabilidad de mucha gente capacitada para hacer trabajos de despacho pero que no pueden perder tiempo trasladándose cada día al lugar de trabajo. También dará la posibilidad de comprar o alquilar vivienda en lugares (campo) con menor coste que en la gran ciudad.
9.- Se generalizará la Teleasistencia.  Muchas consultas pueden hacerse desde el propio domicilio y según que enfermedades menores sería mejor atenderlas en casa. El chequeo virtual puede analizar datos de sensores o test rápidos que puede hacerse el mismo paciente en su casa y, en caso necesario el médico podría mandar un mensajero que recogiera la muestra en domicilio y trasladarla al laboratorio para su análisis. Mientras, el paciente podría quedar aislado en casa sin necesidad de desplazarse al CAP y sin contagiarse o contagiar a otros en las salas de espera que reducirán su tamaño.
10.- Guardia para control sanitario. Un nuevo tipo de policía-educadores sociales que con ayuda de App’s de seguimiento de salud y programas de inteligencia artificial podría dar recomendaciones para circular por la calle, usar adecuadamente el mobiliario público, para vivir más saludablemente a los que tengan una enfermedad y para controlar a los incívicos. Por ejemplo, si a alguien le han prescrito “aislamiento en casa” para descanso, cura o para no contagiar a otros, la aplicación también tendría que ser capaz de reportar a las autoridades si has roto el aislamiento de forma irresponsable o si no cumples las prescripciones, porque ello no solo es problema tuyo sino que afecta al resto de la sociedad. El que cumple con sus deberes cívicos-sociales no tiene nada que temer y el que no lo hace debería ser detectado y corregido.
11.- El medico podrá dar PDMS (Permiso de descanso médico por salud) a distancia. Si uno va al médico puede agravar su enfermedad o contagiar a otros. En caso de necesidad podría permitirse al paciente quedarse en su domicilio (hay sistemas digitales para controlar que sea así) durante unos pocos días hasta que esté a punto para volver al trabajo.
12.- Se generalizarán las CC (citas concertadas) para casi todo. Las “colas”, síntoma de deficiencia institucional, se reducirán y si son imprescindibles se conservarán las medidas de distanciamiento físico con metro y medio de distancia entre personas, ya que no por pegarte más a la persona de enfrente te te van a atender más rápido. La digitalización se extenderá a todos los servicios. Por ejemplo, en  los restaurantes será necesario reservar y pagar online, las cartas serán electrónicas y con el tiempo hasta los camareros.
13.- Se dejarán de usar guantes u otros elementos de plástico desechables porque si respetamos el distanciamiento físico, cuidamos de no toser o estornudar al aire y de no “tocarnos” como acto social, no seria necesario emplear y contaminar con todos estos plásticos. Y sobre todo los incívicos no ensuciarían las calles, los campos y los mares con ellos.
14.- Se masificará el servicio de incineración y se estatalizará; o al menos se regulará públicamente, estableciendo un servicio de decesos mínimo asequible para todos. Evitaría que los cementerios se desbordaran de cadáveres, como su momento ocurrió con las iglesias; permitiría disponer de un entierro de forma asequible para todos, al tiempo que se permite que, el que quiera y pueda costeárselo, pueda despedir al difunto con una gran fiesta y todo tipo de lujos.
15.- Se generalizará la compra por Internet de todos los artículos de supermercados, parafarmacia, electrónica, ropa y calzado con los correspondientes probadores virtuales de Realidadad Aumentada, etc.
16.- Desaparecerá el dinero físico y se generalizará el uso del teléfono móvil para los pagos in situ.
17.- Los espectáculos públicos serán más caros y con público más reducido. Algo similar pasará con los restaurantes, coctelerías o bares de diseño.
18.- Se popularizará el “teatro en casa”. Via plataformas de video-comunicación u holográficas, la gente podrá disfrutar de las obras de teatro que tienen lugar en directo en la sala del teatro, las conferencias (a la que asistirán pocos invitados), visitas a exposiciones temporales en museos, etc. desde su propia casa, pagando la entrada correspondiente, siempre a un precio mucho más económico.
19.- El gimnasio virtual cada vez tendrá más usuarios que el gimnasio presencial. Ya se está comprobando estos días de pandemia. Todas las personas que simplemente quieran mantenerse en forma, y no asistan a los gimnasios por otras motivaciones, tienen múltiples posibilidades de seguir ejercicios dirigidos por internet, de todos los tipos y para todas las edades. Siempre quedará la posibilidad de contratar los servicios de un entrenador personal-fisioterapeuta para que te corrija personalmente y puntualmente e tu casa o en un centro y los gimnasios quedarán reservados para las personas que deseen usar equipamiento hiper-especializado que solo puede permitirse un buen centro deportivo.
20.- Aumentarán los impuestos. Algo que no gusta a nadie, pero con todo lo endeudados que estamos no quedará otro remedio. La parte buena es que tal vez hayamos aprendido a prescindir de algunas cosas y el dinero que podamos ahorrar lo podremos dedicar a pagar estos impuestos. Esperemos que establezcamos algún tipo de control para intentar que no se despilfarren y se utilicen adecuadamente para que se puedan dar lo servicios estatalizados.
Estas son mis sugerencias. Seguro que a ustedes se les ocurren muchas más y podrían compartirlas. Tal vez se las podamos sugerir a algún político para que las incluya en su próximo programa electoral…