miércoles, 23 de abril de 2014

23 de abril: Reflexiones

Hoy es el Día Internacional del Libro y del Idioma Español y Festividad de Sant Jordi en Catalunya, donde los libreros y floristas sacan a la calle tenderetes con libros y rosas y los escritores se acercan a sus lectores para autografiarles sus últimos escritos publicados. Los catalanes salen a pasear en este día primaveral para disfrutar de la fiesta cívica y aprovechan para adquirir libros y rosas y regalárselos a sus seres queridos. Los libreros venden en poco menos de 12 horas alrededor del 8% del total de ventas de libros anual.
Esta es la excepción que confirma la regla que más de la mitad de los españoles no leen ningún libro y menos del 35% lee menos de dos libros al año.
Cada día se abren más bares y restaurantes y cada día se cierran más librerías y las bibliotecas están semivacías. Parece que la lectura de libros y de cualquier texto que ocupe más de una cuartilla es una afición cada vez más minoritaria. Principalmente los jóvenes la han sustituido por los móviles a los que cada vez están más enganchados y los mayores por la televisión. Consumen principalmente fútbol, telenovelas y programas de entretenimiento.
Pasaron aquellos tiempos en que los dos canales de la TV emitían programas como “La Clave” o “Estudio 1” En los que se podían ver películas icónicas y debatir entorno a las mismas y teatro de obras clásicas que nos acercaban a la cultura. También se podía presenciar, en horarios normales, charlas y debates de periodistas ilustrados, en las que primaba el respeto y la buena educación, que nos impulsaban a formar opinión con criterio sobre temas de interés. 
Sant Jordi ayuda a matar el analfabetismo
Corren otros tiempos. No pretendo que hoy en día las cadenas privadas vengan a educar al público, pero algo más podrían hacer las públicas porqué hay tiempo y público para todo. 
En las parrillas encuentro a faltar alegría sana, divertimento inteligente y formación y me sobra la mucha vulgaridad que se programa en el horario de máxima audiencia. Este tipo de “alimento” no ayuda a educar ni a promover valor ni a formar criterio, ya que sólo se hace demagogia y populismo, se manipula, se asalvaja y favorece que cada vez se pierdan, por su falta de difusión, valores fundamentales como el esfuerzo, la responsabilidad y el respeto. 
La última conquista de la telebasura son las tertulias periodísticas. Hay algunas que mantienen las formas, pero se va imponiendo la moda de sustituir la palabra por el griterío, el argumento por el insulto, la información por la propaganda y a los periodistas por “personajes mediáticos” de quienes se espera que entretengan al personal. 
Me parece lamentable que haya ¿profesionales? que hacen un tour desde las 9 de la mañana hasta las tantas de la madrugada por varias televisiones y radios para hablar de cualquier tema. Los llamo “todólogos”: no dudo que sepan de algo, pero sientan cátedra en todo y son capaces de hablar o gritar de cualquier cosa sin rubor. Con la hiperactiva agenda de comparecencias que llevan, me pregunto: ¿cuándo leen?, ¿cuando escriben?, ¿cuándo estudian?, ¿cuándo reflexionan?… 
Me resisto a asumir que este tipo de programas es lo que demanda la sociedad. Nadie pide ni quiere lo que no conoce. ¿Quién iba a demandar la presencia de Belén Esteban hasta que el persistente bombardeo y la permanente cobertura mediática la convirtiera en objeto de culto mediático zafio? 
Lo que si está claro es que a mayor ignorancia, mayor manipulación. La gente sencillamente consume lo que se le proporciona y su devastadora influencia se nota en las relaciones sociales y también en la vida real.
No hace falta mucha imaginación para ver a los políticos y dirigentes disfrutando del espectáculo desde sus sillones, encantados de que el gentío disponga de una nueva distracción mientras ellos siguen saqueando el país y lamentando la pérdida cultural que supone la muerte de un escritor como García Márquez al que seguramente nunca leyeron.
Estamos gobernados por una mayoría de iletrados, aupados a sus puestos gracias a conspiraciones de partido, prebendas y amiguismos. Con esa particularidad tan española: lejos de disimular su ignorancia, los nuestros la exhiben con orgulloso desparpajo.
Empieza a parecer fútil insistir en la mediocridad de la actual casta política o la complicidad de una ciudadanía que la perpetúa con su voto; pero debería preocuparnos lo que vendrá después. No se si somos conscientes de lo mucho que vamos a pagar el abandono de la buena educación. No se si somos conscientes del efecto que tendrán las dos décadas de telebasura con las que se ha bombardeado a la generación que mas posibilidad de acceso a la cultura a tenido y que supuestamente debería mejorar las cosas. 
Ha llegado una etapa en que a mucha gente les pasa como a los políticos ignorantes: no tienen que disimular. Al contrario. Incluso presumen de hablar mal, de escribir peor y de su desinterés por aprender cosas útiles. La audiencia ya ha sido formada, educada y preparada para soportarlo todo, a cualquier hora y como en el circo romano, pide más carnaza. Y, ¿quiénes son los que manejan los hilos para negársela?
¡Seguid al lider!
¡Tontos, engañados y esclavizados, pero contentos!
Con resignación nos consolamos pensando: ¡Cómo el mundo es mundo, tiene que haber de todo! Todo es válido y a todo se le da el mismo valor. Se impone la dictadura de lo que los dirigentes nos hacen creer que piensa y decide la mayoría aunque nos conduzcan al precipicio.
Llegados a este punto no se me ocurre otra salida: que cada cual busque su “burbuja de confort privado” y permanezca disfrutando en ella el mayor tiempo posible ajeno a la corriente general.
¡Feliz día de San Jordi, de los libros, la lectura, las rosas y el amor!
©Juan JAS
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