lunes, 20 de julio de 2015

Tsipras y Varoufakis han recibido la “hibris” de la Troika

La hibris es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’. No hace referencia a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales. En la Grecia antigua aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como reza el famoso proverbio antiguo, erróneamente atribuido a Eurípides: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco».
En síntesis, hybris o hibris es un castigo lanzado por los dioses.
La religión griega ignoraba el concepto de pecado tal como lo concibe el cristianismo, lo que no es óbice para que en esta civilización la hibris pareciera la principal falta.
La hibris es un tema común en la mitología, las tragedias griegas y el pensamiento presocrático, cuyas historias incluían a menudo a protagonistas que sufrían de hibris y terminaban por ello siendo castigados por los dioses.
Herodoto lo expresa claramente en un significativo pasaje:
“Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía”.

En estos últimos meses hemos asistido a unas confrontaciones políticas, siendo las más histriónicas las de Yanis Varoufakis y los ministros de Finanzas del Eurogrupo. 
Para estos últimos, intentar adivinar la jugada siguiente de un fullero arrogante es bastante arriesgado. Por ello la tensión en las negociaciones se ha mantenido hasta el final. Ha habido muchas manifestaciones, mucha propaganda y manipulación y los griegos tuvieron que decidir, no se sabe muy bien ¿qué? en un referéndum. El voto de los ciudadanos griegos, que votaron NO en el referéndum, fue principalmente emotivo: se hablaba de honor y de no dejarse doblegar por los demonios imperialistas. 
Tal vez recordaban que en el Derecho griego, la hibris se refiere con mayor frecuencia a la violencia ebria de los poderosos hacia los débiles, la cual rechazaban enérgicamente. ¡Por coj….! Sin embargo, también hubiera sido bueno que recordaran que en la poesía y la mitología, el término fue aplicado a aquellos individuos que se consideran iguales o superiores a los dioses. El hibris era a menudo el hamartia (‘trágico error’) de los personajes de los dramas griegos. 

La manipulación que hizo Tsipras y sobre todo el resultado (NO), fue inaceptable para los ciudadanos del norte de Europa (desde Holanda a Estonia) que no pueden ni imaginar seguir siendo "compañeros de viaje" de alguien que ha actuado como lo han hecho los negociadores griegos. Todos vemos la película desde nuestra óptica, sin embargo también hay que revisar otros puntos de vista. Así podremos comprender que tras los esfuerzos que tuvieron que hacer las Repúblicas Bálticas para cumplir a rajatabla las exigencias del euro, aceptar ahora las peticiones de las autoridades griegas que parecen comportarse como sinvergüenzas, muchos ciudadanos, de esos países también democráticos, piensan que sería cargarse directamente el proyecto del euro. Visto el nivel de manipulación y poca cultura financiera de buena parte de la población griega, seguir con ellos, atendiendo muchas de sus peticiones, sería un suicidio. Se llegó a filtrar que los países económicamente y también políticamente en la Zona Euro propondrían dar una opción "humanitaria" a Grecia para que pudieran cubrir las necesidades de los sectores más pobres mientras “decidían” salir del euro por falta material de la moneda. Conceder las peticiones del gobierno griego e inyectar por tercera vez miles de millones de euros sin medidas de control de garanticen mínimamente que los acuerdos se cumplen, sería el final de Merkel en Alemania y también de los gobiernos del resto del norte de Europa. Como los demás estos también cumplen un mandato democrático de la mayoría de sus ciudadanos. 
Por otro lado, en los países “PIGS” (sur de Europa) las manifestaciones a favor del oprimido pueblo griego fueron numerosas y en las tertulias, el mensaje políticamente correcto era denunciar las atrocidades que la Troika cometía con el sufrido pueblo griego. Los de una y otra parte emitieron mensajes sesgados y confusos, sin valorar todos los datos e intentando provocar la respuesta visceral de una ciudadanía que el poder pretende mantener confusa por desinformada y poco dispuesta a mejorar su cultura en estos temas político-financieros. Todos sabemos, aunque muchos lo olvidan a menudo que “Un pueblo inculto siempre ha sido más fácil de dominar”.
En los mítines y en los medios de comunicación a los que tuvieron acceso el gobierno y simpatizantes de Syriza, se explicó a los griegos que lo que en realidad se les preguntaba era “¿Quieren ustedes pagar más impuestos, asumir recortes y recibir menos pensiones?”. Visto así y sin añadir nada más, fueron muchos los que dijeron “NO”. ¿Qué hubieran dicho ustedes ante pregunta similar? ¡De cajón! 
Lo que no debería nos permitir los ciudadanos, es que un político pueda plantear semejante pregunta, porque los milagros, que yo sepa, no dependen de la voluntad popular
En un país en el que el número de pensionistas y empleados del sector público supera el de empleados en el sector privado, Tsipras les había prometido a los votantes que un “NO” al trato con Europa era necesario para conseguir un mejor acuerdo con Europa. Repitió hasta la saciedad que su objetivo no era salirse del euro, sino conseguir que los billetes de euros volvieran a salir por los cajeros automáticos; que no andaban cortos de billetes por su culpa sino por la maldad de la Troika, que les cortó el oxígeno hasta que se rindieron. ¡Suena tan bien!. ¡Cuesta tan poco que la gente creamos las verdades a medias y en los cuentos de hadas!

Una oposición dividida y sin líderes claros (los tradicionales, las familias Karamanlis-Papandreu, que hicieron campaña a favor del sí eran los que habían mantenido al país en la mentira en las dos últimas décadas) no tuvo éxito en la difusión del mensaje de que el referéndum era un plebiscito sobre el euro. Sin duda, si la gente hubiera creído que el no al referéndum significaba la salida del euro, el resultado habría sido otro.
Obviamente, la gente ni sabía qué votaba ni sabrá a qué acuerdo “real” va a llegar el gobierno griego con la Troika; como nos pasa siempre a los ciudadanos de a pie. Muchos interpretaron la pregunta del referéndum: “Tsipras sí o no”, o si lo prefieren, “Orgullo nacional contra intromisión extranjera”. Esta demagógica votación sirvió para que una parte importante de la población griega liberara su rabia y resentimiento. Pero la vida sigue. Desde la llegada de Tsipras al poder Grecia ha estado sometida a un referéndum permanente y la mayoría de ciudadanos han demostrado, día tras día, la desconfianza con su propio país, que ha provocado una fuga ininterrumpida de depósitos bancarios. La banca griega no ha cerrado porque lo haya decidido Draghi, sino porque el “patriótico” pueblo griego, ha decidido que los euros son mejores que las dracmas y que en Ginebra (los ricos), o debajo del colchón, los de a pie, sus ahorros están más seguros que en un banco griego, donde el gobierno podría intentar ponerlos a trabajar, en forma de préstamos, en pro del desarrollo de su propio.
El gobierno griego es consciente de que buena parte de los 50.000 millones de euros en depósitos que han salido de los bancos desde el pasado noviembre continúan en el país. Bajo el colchón, detrás de la estantería, en un cajón... Por eso se le pide a los ciudadanos que lo saquen de sus escondites caseros y lo vuelvan a depositar en los bancos para ayudar a fortalecer la liquidez de la economía griega. En los próximos días veremos cuantos griegos tienen realmente “orgullo patriótico” y siguen el consejo de su gobierno.
Lo cierto es que los griegos ya llevan 21 días de corralito. El BCE ha inyectado 900 millones de euros a la economía helena tras la votación de las reformas a través de la línea de liquidez de emergencia. Ni siquiera ese dinero evitará que buena parte de las restricciones sigan en pie cuando abran las oficinas. Los griegos han retirando de los cajeros entre 80 y 120 millones de euros al día durante el corralito. La liquidez sigue estando al límite. Las autoridades griegas temen que ese ritmo no decrezca o se acentúe si se relajan demasiado los controles de capitales. Por eso seguirá en pie el límite diario de 60 euros de retirada de efectivos en cajeros y en ventanilla, aunque serán acumulables y se podrán sacar 420 euros de golpe cada semana. Uno de los objetivos es acabar con las colas frente a las máquinas expendedoras. También seguirán limitadas las operaciones con el extranjero, aunque sí será posible que los padres con hijos estudiando fuera de Grecia les envíen hasta 5.000 euros cada tres meses. Quien deba pagar gastos médicos también podrá hacerlo, con un límite de 2.000 euros. 
¿Qué ha quedado de aquel "pueblo griego” de la antigüedad que dio al mundo tantos sabios y personalidades relevantes y fue cuna de la democracia?.

Europa tenía una papeleta comprometida. Podían pensar que están hablando con gente seria, o reconocer que simplemente, les había tocado tratar con fulleros. Al final, Merkel, Hollande y Draghi tuvieron que decidir si dejaban que Tsipras llevara a sus conciudadanos a la ruina o, a pesar de que muchos de ellos se sientan cómodos insultando a los que les prestan dinero, tener compasión de ellos. Si Europa permanecía durante unas semanas sin firmar nada, los bancos griegos quebrarían, los ciudadanos griegos perderían sus ahorros, la economía griega se desplomaría, y cuando los funcionarios y jubilados que creen que Tsipras les da la paga, vieran que no se la da, o se la da en “vales” que no en euros, el caos se apoderaría de Grecia. El final vendría con unas elecciones anticipadas, de resultado incierto (sobre todo sin un líder claro y creíble en la oposición), que podrían prolongar más y más la agonía. Puestos entre la espada y la pared, sometidos a un referéndum en el que la pregunta fuera clara y limpia, euro o dracma, muchos de los que consideran criminales y terroristas a quienes les permiten, a muchos de ellos, disfrutar de un nivel de vida que no se ganan por ellos mismos, pedirían, por favor, seguir siendo alimentados por semejantes alimañas. Ganaría, sin duda, el SÍ al euro.
Varoufakis, tan instruido como maleducado, presentó su dimisión, alegando que su salida, pedida por sus colegas europeos, podía facilitar un trato. Dijo que se cortaría el brazo antes que firmar un mal trato para Grecia. Recuerdan: “Antes partía que doblada”!
Al fin parece que los dirigentes europeos han sabido encontrar una solución win-win intentando que aquella parte, por minoritaria que sea, de la población griega que se levanta todos los días para trabajar y pagar sus impuestos crezca y se haga mayoría en un país en el que lo de impuestos suena tan raro como “dimitir” en España. Aunque una nueva cesión de miles de millones nos cueste a los europeos —incluidos los españolas que pagamos impuestos— apretarnos un punto más el cinturón. 
Antes estos dilemas, siempre es bueno preguntarse: “¿Quién paga realmente?” y “Quién recibe realmente?”. 

Ojalá que cada vez más, sean los que más tienen los que presten los fondos y estos lleguen a los realmente más necesitados, para que puedan retomar el camino de la productividad. Por que los “necesitados”, dinero está claro que no tienen, pero cabeza para pensar, manos para trabajar y orgullo para devolver cuanto antes lo prestado, a sus socios europeos, se supone que no les debería faltar. 

El camino no será fácil ni para los griegos, ni para los europeos. Hay que aprender que todos tenemos derechos y también obligaciones y responsabilidades, y que ante los problemas hay que buscar soluciones, pactar acuerdos y seguirlos para salir de los atolladeros. Por difícil que parezca, es mejor esforzarse y sacrificarse temporalmente que permanecer arrastrándose por el fango eternamente, la gangrena podría llegar a contaminar todo el cuerpo y entonces sería tarde para arrepentirse y lamentarse en el banco del “si no fuera” que ya no tengo 20 años. Pero es tan fácil aplazar el sacrificio, el pago o la pérdida y tan placentero el disfrute inmediato, aunque nuestra economía no nos lo permita. Son diferentes formas de ver la vida y todas son lícitas aunque siempre deberíamos recordar que “ante el vicio de pedir, está la virtud de no dar”.
©JuanJAS
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