martes, 3 de marzo de 2020

La Carta del Ministro

Recientemente mis padres (jubilados) han recibido una carta del Ministro José Luis Escrivá, el político al frente del nuevo “Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones”.
Cómo no solemos recibir misivas de personas que ocupan un cargo público tan alto, la he leído y me ha impactado. 
Estoy de acuerdo cuando dice que “el Sistema Público de Pensiones Español” (SPPE) es uno de los principales logros de la sociedad española”, porque las aportaciones de los trabajadores a lo largo de décadas han hecho posible su crecimiento y continuidad. Ahora está amenazad porqué el número de trabajadores que contribuyen al fondo son cada vez menos y la cantidad media aportada también menor en relación a la cantidad de perceptores que cada vez son más. Al ser el sistema de “distribución” (esquema de Ponzi) está próximo a quebrar y se baraja la necesidad urgente de tomar medidas para retrasar la edad de jubilación, reducir la cuantía de las pensiones, ayudarse de aportaciones via Presupuestos del Estado o incluso cambiar de sistema.
Cuando empiezo a alucinar es cuando el Ministro dice que el propósito del SPPE es “conseguir un crecimiento inclusivo que no deje nadie atrás”. Esto es muy bonito pero parece que olvida que para poder “repartir” a todos para que nadie se quede atrás, “todos” tienen que colaborar a generar la riqueza que se pretende repartir y hacerlo de forma justa y proporcional. Que unos trabajen y colaboren y otros se limiten a aprovecharse del esfuerzo de los demás es profundamente injusto y con el tiempo da lugar a rechazos y enfrentamientos.
Estoy de acuerdo en que su obligación es conservar el SPPE y me gustaría que nos explicara que medidas estructurales piensa tomar para conseguirlo, porque solo diciendo/escribiendo que va a subir las pensiones con el IPC y que va a haber para todos no basta para conseguirlo.
Pero cuando me pongo a temblar es cuando dice en el último párrafo que “en nombre del Gobierno de España quiero transmitirle la seguridad y certidumbre de que el SPPE se asienta sobre BASES EXTRAORDINARIAMENTE SOLIDAS” y que podemos tener CONFIANZA ABSOLUTA en su futuro. Hemos oido algo similar tantas veces y acabó siendo mentira…
¿Cómo puede ser cierto si es público y notorio que hace años que no se recauda lo que se paga (las perspectivas son peores) y que, con la “Hucha de las pensiones” prácticamente agotada, el Gobierno de España ha tenido que pedir préstamos para poder pagar cada mes las pensiones?
Resumiendo: 
Cada vez serán más los que quieren cobrar pensiones, por derecho propio al haber cotizado a la SS toda su vida laboral contribuyendo al mantenimiento del SPPE. También quieren cobrar los que no han colaborado y sólo se han aprovechado del estado del bienestar. El gobierno progresista está de acuerdo en ello porque así mantiene su clientela de votantes. Además ninguno de los perceptores quiere perder poder adquisitivo y ni se cuestiona si otros si lo pierden o tienen que apretarse el cinturón para que ellos se beneficien. 
Por otra parte los jóvenes trabajadores que son los que aportan el grueso del presupuesto al SPPE están hasta los “………” de pagarles las pensiones a los que ahora las cobran; máxime sabiendo que ellos no las cobrarán si no se toman medidas adecuadas, que por impopulares el “gobierno progresista“ no tomará.
Mientras los políticos envían cartas muy bonitas para maquillar su postureo que pocos pensionistas leen. 
Lo primero que hacen cuando llegan al gobierno es cambiar nombres de los Ministerios o crear varios de nuevos. La Seguridad Social antes estaba relacionada con Trabajo y Sanidad y ahora el MISSIM asume las políticas del Gobierno de la Nación relativas al Sistema de la Seguridad Social y a extranjería, inmigración y emigración. 
Cada vez se gasta más dinero en “intermediarios” y “cargos” que poco o nada positivo aportan a la sociedad. Para los “receptores” y “trabajadores eficientes” quedan solo las migajas, totalmente insuficientes. El presupuesto es el que es, la recaudación para cumplirlo nunca es suficiente y lo que llega al destinatario es sólo una pequeña parte de lo recaudado. Lo más descorazonador es que mucha gente sigue engañada pero contenta y hasta los aplaude… Y no sólo lo hacen los estómagos agradecidos.
Cuando se pide algo hay que esforzarse un poco en pensar como se podrá conseguir lo que se pide. Porque soñar es muy fácil y los discursos y el papel lo aguantan casi todo, pero lo importante no es solo soñar, es llegar a conseguir que los sueños se tornen realidad.

viernes, 21 de febrero de 2020

¿Son optimistas o más bien pesimistas?

Se dice que los pesimistas son optimistas bien informados. A mí me gusta informarme y siempre intento hacerlo en fuentes documentadas y fiables, y por eso antes de atreverme a lanzar opiniones en cualquier sentido prefiero leer críticamente lo que publican algunos analistas.
Aunque el mundo globalmente considerado continúa progresando, los grandes medios de comunicación nos inundan diariamente con titulares y noticias negativas que alimentan nuestra propensión a valorar las pérdidas por encima de los logros.
La curiosidad es la propensión a conocer que la biología evolutiva favorece para aumentar nuestras oportunidades de supervivencia. La mayoría somos cotillas porque estamos programados para ello. Nacemos y crecemos con una curiosidad, neofilia, que debe estar balanceada con la prudencia, neofobia. Unos somos más curiosos y otros más prudentes. Los neurotransmisores que nos estimulan mediante el deseo y nos recompensan mediante el placer colaboran a que los más curiosos se atrevan a explorar nuevos lugares. En esos lugares encontrarán oportunidades y también amenazas. En el entorno salvaje los frutos, bayas, setas, raíces y tubérculos no traen etiqueta de composición nutricional. La única manera de saber si son comestibles/venenosos es probándolos. El olor, el sabor y la astringencia nos darán buenas pistas, pero no podremos estar seguros de que lo que comamos no nos resultará tóxico hasta horas después de haberlo comido… Y entonces puede ser ya demasiado tarde. Fatal para el individuo más curioso y atrevido o el descubrimiento de una nueva fuente de alimento para todo el grupo, cobardes incluidos. Una nueva fuente para combinar con otras, buscando aquel equilibrio nutricional que todo buen omnívoro necesita.
Todos hemos aprendido no sólo de lo que percibimos directamente, también de nuestros vecinos mediante el conocimiento codificado, porque somos capaces de desarrollar pensamientos abstractos y transmitirlos, con lo que multiplicamos nuestra capacidad para conocer y nuestro conocimiento para crear transformando nuestro entorno sin cesar.
El ser humano es el único inteligente en sentido pleno; el único realmente consciente; el único que pinta, compone, escribe o cocina con mayúsculas. El único que inventa y diseña máquinas.
A lo largo de la historia, la curiosidad a animado a las personas a explorar y probar, también a experimentar con los materiales y transformarlos para hacer realidad una idea. Una cosa que hacemos todos, varias veces al día, es comer y en la cocina se combinan productos y se transforman para crear alimentos comestibles. 
En esta época de mi vida tengo la suerte de poder comer en casa donde mi mujer cocina una comida sana y sabrosa, preservando las diferentes tradiciones gastronómicas y su biodiversidad con productos de proximidad. De vez en cuando salimos a comer fuera eligiendo un restaurante creativo que aporte ideas valiosas para disfrutar descubriendo nuevas texturas y sabores y tal vez aprender para mejorar nuestra alimentación.
Actualmente algunas máquinas ya son capaces de aprender y algunos predicen que lograran pensar algún día. Hay ordenadores que, a partir de ciertos algoritmos, pintan cuadros, escriben artículos, recetas y canciones y, como vi hace unos días en “Llum BCN” tocan partituras de Mozart al piano. Dicen que un día algunas máquinas serán capaces de diseñar, por si solas, nuevas máquinas, más inteligentes que ellas mismas, hasta que la inteligencia artificial supere infinitamente a la natural.
Y hay quien, neofóbico, teme que el mundo se nos escape de las manos como si esto no estuviera ya pasando sin necesidad de ninguna distopía de robots como los que salen en “Blade Runner 2049”, que nos releven como reyes de la creación y nos releguen a animales inferiores. Y hay quien, neofílico, ya se imagina convertido en un ciborg transhumano, casi un semidiós capaz de acercarse, de fundirse con el nuevo tótem creativo en el que se ha convertido el desarrollo informático y sus posibilidades.
Hay quien asegura que los ordenadores nunca serán realmente creativos. Puede que sean capaces de realizar cálculos gigantescos, imitar canciones de los Beatles, escribir párrafos con sentido aparente recombinando datos de millones de textos o proponer recetas a partir de infinidad de platos tradicionales que previamente se les hayan introducido en su banco de datos; pero otra cosa es que inventen de verdad, que sean disruptivos, que creen paradigmas científicos o artísticos de la brillantez, la genialidad y la belleza de Einstein o Leonardo da Vinci.
Los robots ya nos ayudan a fabricar la comida y probablemente los macrodatos y el aprendizaje automático contribuirán a diseñar nuevos alimentos. Gracias a ellos el panorama futuro de nuestra alimentación, desde la agricultura de precisión a la nutrición personalizada pasando por la gastronomía recreativa, será mucho mas diáfano. Siempre y cuando, eso sí, la ética humana gobierne el uso de todas estas herramientas para el bien común. Por ello deberíamos cuidar de no eludir nuestra particular responsabilidad culpabilizando al silicio o al grafeno de lo que siempre continuará siendo cosa nuestra. Procuremos tener unos productores dignamente considerados, trabajadores que ejerzan su profesión con las mejores condiciones laborales y sociales, una industria responsable y que nos permita disfrutar a todos de un planeta bien alimentado, limpio y feliz.
Sintiéndolo mucho parece que Keynes se equivocó y la generación Z lo tendrá peor que nosotros porque en lugar de llegar al estadio predicho por el genial economista en el que tendríamos nuestras necesidades cubiertas y una sociedad en la que el progreso nos permita liberarnos del trabajo para dedicarnos a tareas más creativas, nos encontramos ante la perspectiva del estancamiento de salarios y una tremenda crisis ecológica y, como intuyó Karl Marx, con una sobre-explotación de los suelos.
Seguramente los próximos años traerán nuevas desgracias, crisis y problemas porque la fatalidad existe y porque la naturaleza humana dista mucho de ser perfecta, pero la mayoría de los problemas son solucionables aplicando la inteligencia y sobre todo la “conciencia”. Cada vez que una máquina sea capaz de desarrollar un nuevo cálculo, un nuevo razonamiento, un nuevo algoritmo, obligará a redefinir los límites de la inteligencia porque ésta nunca podrá ser artificial. Seguramente que en los próximos años veremos como los robots serán capaces de preparar unas pizzas deliciosas, imprimirán sushis personalizados en 3D y hasta nos servirán la sopa calentita soplando automáticamente la cuchara hasta templarla a la temperatura adecuada para que no nos queme en nuestra boca, porque un sensor subcutáneo le informará de nuestra temperatura corporal; pero si cocinar nos hace humanos, ninguna máquina podrá realmente cocinar y menos como lo hace mi mujer. Ya le gustaría a ella poder tener un robot que la sustituyera en algunos momentos pero siempre vaticina que ella no lo verá.
Falta mucha “conciencia”, voluntad real, verdadero compromiso personal que trascienda las palabras y los gestos, y mucha capacidad de trabajo para seguir intentando llenar el vaso medio vacío cada día. En teoría parece fácil conseguirlo, pero no sé si en la práctica lo lograremos.
¿Ustedes que piensan?

miércoles, 19 de febrero de 2020

El mundo agrario sigue cambiando a peor

Las protestas de los agricultores son totalmente justificadas porque con los precios que reciben por los productos que cultivan no salvan ni sus costes, los márgenes con los que trabajan son ruinosos y su actividad es cada día mas complicada. Que yo recuerde, hace 40 años los agricultores tenían similares quejas y exigencias y si los impuestos eran menores que los actuales se lo quitaban en inflación, el impuesto de los pobres, que disparaba sus costes pero no se reflejaba en los precios finales. 
Con los años el número de agricultores ha mermando escandalosamente, la superficie de terrenos cultivados se ha reducido al mínimo (solo permanecen algunas producciones mecanizadas) y la España interior se ha vaciado.
El problema viene de lejos. En Catalunya, con la industrialización en el siglo XIX ya hubo la primera emigración del campo a las colonias industriales y a las ciudades. Durante la posguerra hubo la segunda gran emigración de los pueblos a las ciudades porque el trabajo en el campo era muy esclavo y la mayoría de los obreros en las ciudades vivían mejor, ganaban más que los campesinos y sus hijos tenían más posibilidades de ascender en la escala social. Por ello los padres les recomendaban que dejaran el campo, estudiaran y se buscaran una vida mejor aunque fuera lejos de ellos y de su casa.
Con el tiempo entramos en la UE y el tratado de Maastricht facilitó las subvenciones al “Campo” para que no produjeran determinados cultivos. Los grandes terratenientes se enriquecieron (recibían subvención por árbol plantado, no por la cantidad de producto recogido después de cultivarlo dando trabajo a los jornaleros) y los pequeños propietarios agrícolas se aprovecharon de las migajas de las subvenciones que pudieron recoger, para disfrazar los malos resultados de sus pequeñas explotaciones agrarias. Ninguno de los dos usó el dinero recibido para reconvertirse y sembrar/aclimatar otro tipo de cultivos o adaptarlos para hacerlos competitivos.

Una cosa de la que los periódicos no hablan pero que también ha ayudado a la degradación del campesinado es que pese a lo deprimido del sector agrícola, todos los gobiernos llevan décadas exprimiendo a los agricultores, incrementando los costes fijos de sus explotaciones vía impuestos con la excusa de que todos tienen margen menos el gobierno. Piensen en un pequeño agricultor que deba contratar a un temporero. Le cuesta 1.450 euros aproximadamente (el temporero recibe 950 euros) gracias a la subida brutal de impuestos al trabajo escondida bajo el SMI. Si el agricultor necesita electricidad para su producción, el 60% de la factura son impuestos, subvenciones y costes fijos regulados y, por si fuera poco, soporta un IVA de producto de lujo. 

En toda la cadena de valor agrícola se genera un verdadero expolio fiscal. Seguro que habrán oido que “España es uno de los países más ricos del mundo, porque a pesar de lo que nos roban, todavía nos queda dinero”. Y cuando nos agotan, basta con que nos expriman un poco mas y seguimos dando néctar”.

Los grandes medios de comunicación nos cuentan que los crueles de la película son los “intermediarios” que incluso venden por debajo de coste. Es cierto que los intermediarios tienen mejores márgenes que los agricultores; también tienen mejores lobbies capaces de presionar al Gobierno de turno. Lo que todos se olvidan de contarnos es que entre las grandes cadenas de distribución figura la empresa pública Mercasa que controla la compraventa del 65% de las frutas y hortalizas de España. Los Ayuntamientos son los mayores accionistas de los “Mercas” (Mercamadrid, Mercasevilla, Mercabarna, etc.), siempre acompañados de una gran cohorte de lobbies, asesores, etc. Por el mero hecho de venderlos a través de los “mercas” ya suben los productos un buen porcentaje. ¿Alguien ha visto a un funcionario de un Ayuntamiento destinado en un Merca pagar algo d Elo que allí se traspasa…?.
Seguro que los intermediarios y grandes superficies podrían reducir sus márgenes, pero al menos crean empleo (trabajo mejor o peor remunerado) cosa que no hacen los “estamentos extractivos”. Por ejemplo, nadie nos recuerda que, del precio que nos cuesta un kilo de tomates, Hacienda se lleva alrededor del 40% del precio (IVA y los principales impuestos directos e indirectos). No existe ningún operador en la cadena que tenga márgenes relevantes, y si miramos su coste de capital, menos. 
En la cadena de producción Hacienda ya se ha llevado en impuestos totales el 41% del beneficio y el 19% del precio. En transporte, Hacienda también detrae (impuestos totales) un 38% del beneficio y casi un 18% del precio. En distribución y comercialización, Hacienda aumenta su porcentaje de manera muy importante al ser empresas con mayor cantidad de empleados, bienes inmuebles, activos cautivos e impuestos indirectos; los impuestos totales llegan al 45%. En agregado, incluido el IVA y los principales impuestos directos e indirectos, Hacienda supone alrededor del 40% del precio del kilo de tomates.
Nos encontramos ante una cadena de valor donde se evidencia la amenaza de muerte por decenas de cuchillos: lo que al Gobierno le parece “muy poco aumento de impuestos” en muchas cosas es mucho cuando se agrega la carga tributaria en gasóleo, electricidad, salarios, impuestos directos e indirectos. No es casualidad que casi la mitad de las empresas en la cadena agroalimentaria estén en pérdidas, aunque algunos cínicos ministros digan :”apretad, apretad”, como si la cosa no fuera con ellos.
Ahora bien, si el agricultor espera que se elimine su problema vía aranceles o imposiciones al producto de menor coste, el Estado se va a encontrar un efecto boomerang y exponencialmente negativo en cuotas de pesca, exportaciones y tratados bilaterales con nuestros socios comerciales.
La realidad del campo es que los márgenes son exiguos en toda la cadena (el sector primario el mas perjudicado), los impuestos son muy altos y la carga fiscal penaliza la des-agregación de una cadena plagada de microempresas asfixiadas a costes fijos. Si los agricultores lograran unirse en cooperativas y empresas, agregando su producción, y se acercaran al transporte, distribución y comercialización serían más capaces de ser más eficientes, más productivos, tener mejor poder de negociación y ganar más margen. Si de verdad queremos que nuestro Gobierno central y Gobiernos autonómicos defiendan el campo, lo que hay que hacer es exigirles que reduzcan la carga fiscal, no disparar las bases imponibles y menos dar favores clientelares. Los agricultores no necesitan que les pongan la zancadilla y luego les ofrezcan limosnas para ayudarles. Lo que necesitan es que no les pongan escollos.
La oportunidad del campo es salir de un modelo de venta de grandes volúmenes a precios muy bajos por la necesidad de colocar mercancía a casi cualquier precio, a desarrollar un modelo competitivo, eficiente, integrado en cadena y a la vez, que atienda a las necesidades de los clientes.
Nadie puede depender de por vida de intervenciones de precios, proteccionismo, subvenciones ni favores temporales del mismo sistema fiscal que se lucra de la desagregación de la cadena porque esto es mendrugo para hoy y hambre para mañana. Pero esto que es tan obvio (aunque no fácil de implementar) no es el verdadero interés de los políticos que siempre tiran pelotas fuera en su propio beneficio. ¡Es lo que hay!

viernes, 7 de febrero de 2020

¿Para qué deberían servir los impuestos?

Tengo edad de preocuparme por quién me ayudará a sostenerme en mi vejez con los impuestos que recauden los gobiernos futuros de mi pais. No quiero engañarme a mi mismo y reconozco he pagado siempre los impuestos que me corresponden y sigo pagándolos por miedo a que Hacienda me pille. Lo de la solidaridad lo dejo para los buenistas porque conozco a demasiadas personas que son muy solidarias de boquilla y defraudan todo lo que pueden en las cosas mas nimias.
Dicen que un país es lo que hacen de él sus impuestos, pero… 
¿Para qué deberían servir los impuestos?
Los impuestos no son para que no haya ricos, sino para que no haya pobres.
Los impuestos no deberían ser para el Estado, un ente abstracto y perverso, que se apropia del esfuerzo de empresas y trabajadores. Los impuestos deberían emplearse en pagar pensiones, educación, sanidad, servicios sociales y demás servicios públicos. Esto que suena a obviedad fiscal no forma parte del pensamiento dominante. Explicaré mi punto de vista.
Por una parte los de izquierdas/progresistas/pobres opinan que se ha sacralizado la idea de que los impuestos van contra la actividad económica y dificultan la creación de empleo. Los de derechas/emprendedores/ricos demonizan los impuestos y si pudieran los eliminarían todos.
Actualmente muchas personas abominan de los ricos como a finales de la edad media se perseguía a los judíos. En nuestros días muchas personas aún siguen odiando a los ricos y cuentan pestes de ellos aunque regalen equipamiento médico a los hospitales públicos. También leemos entrevistas a super-ricos donde declaran que deberían pagar más impuestos de los que pagan, pero ninguno de ellos extiende un cheque adicional a Hacienda. ¿Se puede ser más cínico?. De forma igualmente cínica actúan muchas personas que piden más inmigrantes y más dinero público para ONG’s etc. mientras eluden personalmente todo lo que pueden en el pago de impuestos directos e indirectos. Si no entra en la caja difícilmente podrá salir y si se pide que paguen sólo los demás es totalmente injusto.
Pienso que nadie debería odiar a los ricos mientras paguen suficientes impuestos y el sistema fiscal sea lo suficientemente eficiente para que los ciudadanos tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas (no haya pobres).
Tengamos en cuenta que los impuestos son un instrumento poderoso para modificar la cultura, el carácter, la vida de la gente y hasta la muerte... 
Mirando hacia atrás sabemos que los impuestos nos han hecho como somos: la arquitectura en cada país es como es porque antaño se tributaba por la superficie que ocupaban sus cimientos (por ello las casas en el norte de Europa tienen más superficie en las plantas altas que en las bajas), o por cada chimenea o ventana, por ejemplo en RU. En los pueblos del sur de Marruecos se mantienen un altísimo porcentaje de casas durante décadas con las columnas y sus hierros al aire dando a entender que la casa no está terminada y así no pagar el impuesto correspondiente. En los coches se fiscalizan los caballos... Y hasta las barbas pagaban impuestos en la Rusia de Pedro el Grande. El zar admiraba la modernidad bien afeitada de París y abominaba de las piojosas barbas moscovitas. Así que creó un impuesto sobre cada barba y la obligación de que todo barbudo portara una medalla en la que por una cara se leía: “He pagado mi impuesto sobre la barba”. Y por la otra: “La barba es una carga innecesaria”.
Los filósofos, sociólogos, ideólogos y políticos deberían debatir si el objetivo del Estado debería ser diseñar unos impuestos para reducir la desigualdad o si la progresividad es verdaderamente progresista. Una vez llegado a un acuerdo, se deberían aplicar sistemas fiscales lo bastante eficientes como para proveer de recursos a nuestro Estado de Bienestar: sanidad, educación, infraestructuras, subsidios… que es lo que realmente nos interesa a los ciudadanos.
En principio los impuestos redistribuyen la riqueza que se genera en el país y los pagadores han intentado siempre sortearlos. En el siglo XVI, lo recaudado sólo era para la corte. El rey ordenó un impuesto por cada chimenea, porque las casas grandes tenían más; pero los propietarios empezaron a taparlas y a engañar al recaudador para no pagarlo. Así que entonces gravaron las ventanas… Por eso, los arquitectos empezaron a construir edificios con una sola ventana en la esquina que servía para dos habitaciones.
Para recaudar mas no basta con tener los votos y el poder para legislar y ordenar más impuestos hasta límites confiscatorios; es imprescindible dotar a la autoridad fiscal de los recursos para que pueda ser más eficiente recaudando. 
El dinero no sale de la nada ni aparece por generación espontánea. Si existe el fraude y el robo es sencillamente porque los gobiernos lo permiten o no lo persiguen adecuadamente. Cualquier actividad que produzca dinero deja rastro. La gasolina que se desgrava un taxista, o los km de su taxi, la electricidad de una peluquería, o los botes de laca que compra. Los materiales que compra un autónomo para hacer obras, las cervezas que compra un bar… Hay mil forma de medir la actividad comercial sin ser muy creativo. Si ponemos medios para reducir la corrupción/malgasto y conseguimos que al que se le pille robando, devuelva lo robado más intereses, que al que malgaste o use mal el dinero público deba pagar la multa correspondiente y se inhabilite para cargo público se conseguirá que todos aceptemos mas fácilmente el pago de impuestos.
Cuanto más se quiera subir los impuestos y más se quiera recaudar, más recursos se deberían destinar a recaudarlos eficientemente. Si el Gobierno sube mucho los impuestos, incentiva también la evasión a paraísos fiscales y a asesorarse para eludirlos y entonces, o eres un paraíso fiscal o eres lo bastante poderoso para evitar que los contribuyentes evadan a uno. El resultado es que los ricos siguen sin pagar lo que deberían y sólo pagan las clases medias que trabajan y ahorran y no tienen suficientes recursos para eludir el pago de impuestos como si hacen los super-ricos y las grandes corporaciones. ¿Recuerdan la “Lista Falciani”? Teniendo la lista de las personas que están evadiendo impuestos, ¿Que han hecho las autoridades con esos delincuentes? ¿Se han hecho eco los periódicos?
Parece que está todo montado para que la carga impositiva directa recaiga sobre la clase media. Además, los impuestos indirectos no dependen de cuánto dinero tengas porque pagas los mismos impuestos seas rico o pobre.
Se habla mucho de que hay que pagar impuestos, y muy poco de que los gobiernos deben dar cuenta en qué y cómo se han gastado los impuestos recaudados. Quién defrauda debería pagar sanción y quien malgasta los impuestos, por ejemplo en aeropuertos vacíos, en subvenciones clientelares, en inversiones públicas inadecuadas, también. La mala gestión de los políticos ha hecho que todos nosotros debamos afrontar agujeros extraordinarios de deuda (por ejemplo 18.000 millones anuales en pensiones), que no pueden seguir cubriéndose de manera irresponsable con más deuda a cuenta de la próxima generación.
Sucede también que por un lado los Gobiernos de cada Estado no quieren pactar una verdadera unión política y fiscal dentro de la UE, para mantener su independencia, y por otro no pueden ejercerla porqué son cada vez más impotentes ante las grandes multinacionales que aprovechan los territorios de menor fiscalidad para no pagar impuestos. El resultado es que la lucha contra el fraude fiscal se mantiene completamente insuficiente e infructuosa mientras se estrangula a las pequeñas empresas, a los autónomos, trabajadores y pequeños ahorradores.
Es un tema que siempre se mira de forma sesgada y nunca se analiza de forma completa: ¿Cuál es la forma más justa y eficiente de recaudar impuestos y también de retornarlos en servicios y bienes públicos a la sociedad?
¡Piensen y cuéntenos! 
El cuento completo por favor. No solo el de siempre que se resume en: ¡Que paguen “otros” sean quienes sean, para que yo viva mejor”.

jueves, 6 de febrero de 2020

La digitalización de procesos ya está aquí

Las empresas que antes se “digitalicen” podrán aprovechar sus ventajas para fidelizar a sus clientes que pasarán a ser “suscriptores de servicios”. Por ejemplo, cuando deseemos realizar un viaje, podremos recibir resueltos todos los pasos del desarrollo de nuestro viaje soñado. La idea es que una “app” en nuestro móvil nos vaya avisando en tiempo real, mientras estemos realizando nuestro viaje cuando debemos dirigirnos a la puerta de embarque para embarcar, la cinta en que deberemos recoger nuestro equipaje, la accesibilidad del hotel… Toda la información y los servicios que componen nuestro trayecto para que este se desarrolle con toda facilidad estarán disponibles de forma unificada y a nuestro alcance en tiempo real en nuestro smartphone.
En cuanto estén disponibles las “gafas de Realidad Virtual/Aumentada” cada uno de nosotros podremos viajar libremente por nuestro destino vacacional y recibir indicaciones a demanda de los trayectos que debamos recorrer para ver los sitios deseados y recibir las explicaciones a la carta de lo que estamos viendo de forma totalmente autónoma sin depender de un guía, un grupo o un horario, ni siquiera tener que desviar la mirada para consultar nuestro móvil en todo momento. 
Para esto faltan unos pocos años, muy poquitos; pero por el momento, la “digitalización de los procesos” hace muchísimo mas ágiles los procesos administrativos relacionados con el turismo (hoteles, viajes, experiencias, etc.): 
  • El check-in online reduce considerablemente e incluso puede eliminar la necesidad de pasar por la recepción para hacer nuestro registro en el hotel. Los hoteleros, al tener un registro único de la información de sus huéspedes, pueden prever qué clase de preferencias tendrá cada uno de nosotros durante nuestra estancia: Ya sea si preferimos piso alto/bajo, vistas al mar/jardín, que almohada o ropa de cama preferimos, qué periódico deseamos recibir cada mañana, desayuno, comida, y demás elementos que nos permiten mejorar nuestra experiencia en el hotel. El siguiente paso será el reconocimiento facial en la puerta del hotel que desencadenará toda una serie de procesos para personalizar nuestra estancia. Esto permitirá ofrecer servicios que hasta ahora sólo estaban disponibles en establecimientos super-lujosos para clientes super-exclusivos. 
  • Con «Choose your room» el cliente puede elegir la habitación sobre el plano, de una manera similar a como ocurre en la facturación de un vuelo. La “domótica” en la habitación permite a los clientes interactuar con diferentes elementos a través de una tableta o un dispositivo móvil: podemos variar la iluminación, la temperatura, la música ambiente, el acceso a internet, etc. Cada vez será más frecuente usar la tecnología holográfica en eventos y reuniones. Una tecnología que permite proyectar toda clase de contenidos en tres dimensiones e incluso permitiendo a cualquier persona estar presente en el mismo evento en varias ciudades o emplazamientos simultáneamente. 
  • Gracias al “Check-out exprés”, el cliente puede dejar el hotel a cualquier hora, no sin pagar, pero al menos sí sin necesidad de pasar por la recepción. 
Además, con la integración electrónica de procesos y al disponer de información fiable obtenida en tiempo real se puede gestionar mucho mejor el área de los recursos humanos, desde el reclutamiento a cualquier otro de los procesos que se producen a lo largo del ciclo de vida de los empleados. También optimiza todo el flujo de compras con los proveedores, desde la orden de pedido hasta la recepción de la mercancía y finalmente, la recepción y contabilización de la factura y el pago posterior. La transformación digital mejora también la gestión del «cash flow». Dado que en el mundo hotelero están acostumbrados a trabajar siempre con precios escalados mediante determinados rangos (el precio no es más que la intersección entre la oferta y la demanda existente en un momento dado), con la digitalización esto podrá optimizare en tiempo real e incluso disponer de un “precio abierto superajustado” temporalmente.
El futuro es ilusionante y la tegnología puede depararnos grandes oportunidades en los próximos años si tenemos salud y sentido común para emplearlos en nuestro beneficio.

martes, 21 de enero de 2020

Ni pasividad, ni agresividad. Mejor asertividad.

Las malas noticias son omnipresentes en las televisiones, los periódicos y las conversaciones. Esta semana, bajo el influjo de las previsiones meteorológicas que nos vaticinaba grandes ventoleras, fríos polares lluvias torrenciales y nevadas polares, la gente no se atrevía a salir de casa y los que lo hacían iban tapados como esquimales (visto esta semana en Barcelona, donde solemos disfrutar de temperaturas muy apacibles durante todo el año).
Sea por razones económicas, políticas o debido a catástrofes naturales, parece que nuestro mundo va cada vez peor. Sin embargo, eso no es cierto. El progreso que la humanidad ha experimentado en las últimas décadas ha sido asombroso y no tiene precedentes según las cifras oficiales de organizaciones internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial o la Organización Mundial de la Salud.
Nuestra percepción puede decirnos que todo va mal. Las televisiones se encargan de suministrarnos dosis diarias de fatalidades (será por aquello que dicen que las buenas noticias no son noticias). Repiten la mala noticia varias veces y la acompañan de otras similares para dar la sensación de que todo está podrido y va mal, pero los datos indican que el mundo mejora y que lo hace, en muchas ocasiones, para aquellos que se encuentran en un peor punto de partida: en casi todos los rincones del mundo la gente vive más años, con mayor prosperidad, más seguridad y mejor salud.
Preguntemos a nuestros abuelos como vivían en sus casas en su infancia. Comprenderemos rápidamente que no es desacertado decir que vivimos en la mejor época de la humanidad conocida hasta el momento.
Por supuesto, ni todos los problemas han sido resueltos ni todas las partes del mundo pueden compartir este optimismo, ni todas las familias han conseguido la misma prosperidad y bienestar. Pero en la mayoría de los casos sabemos, al menos, qué herramientas pueden ayudarnos; muchas veces, una tecnología tan simple como la que permite el acceso al agua potable y sistemas de fontanería domésticos puede marcar una enorme diferencia. La educación y la nutrición son también claves y constituyen indicadores que mejoran. Nada debería hacernos pensar, en consecuencia, que el mundo del futuro va a ser peor que el actual. 
En nuestro paso por la vida debemos enfrentarnos a diferentes tipos de engaños, tanto en lo personal como en lo profesional. Una trampa puede ser pública o privada, darse a conocer o quedar en secreto, afectar a sólo una persona o a muchas. Nietzsche dijo que “La mentira más común es aquella con la que una persona se engaña a sí misma. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano”…
Hay ocasiones en que somos conscientes de que nos intentan engañar (léase el que te pide algo de dinero mientras le asoma un móvil de más de 600€ por el bolsillo trasero del pantalón). Lo comprendemos y lo aceptamos con benevolencia o resignación.
Con los políticos damos también por descontado que nos tocará sufrir buenas dosis de engaño, porque en eso consiste su profesión. Unos más que otros, lo hacen regularmente:
Prometen e incumplen, anuncian y postergan, ocultan sus intenciones y juran en falso. Pero, claro, todo tiene su límite, del mismo modo que a la quinta vez que el pedigüeño nos suelta la misma trola con la botella de vino a su vera, es probable que le neguemos la ayuda y le pidamos que se invente otra historia que ya estamos artos de pasar por tontos. El límite también depende de la magnitud del engaño, de la reiteración, de cuán innecesario sea y de que se ofrezcan o no explicaciones, aunque éstas no sean del todo convincentes.
En política todo puede cambiar, pero el cambio ha de verse y explicarse, a ser posible sin que sea demasiado obvio que te están engañando descaradamente.
El problema es que las hemerotecas andan perdidas a la hora de pedir explicaciones a los que alegre o descaradamente cambian tan radicalmente de parecer. 
Resumiendo:
Procuremos que no nos influyan demasiado las visiones negativistas de los medios que practican aquello de que “las buenas noticias no son noticias” y asegurémonos de mirar, escuchar y entender. Procuremos no detenernos cuando una de las puertas metafóricas de la vida se cierre de golpe y seguir avanzando. Como parece que dijo Gandhi: “Si pudiéramos cambiar nosotros mismos, las tendencias en el mundo también cambiarían. A medida que un hombre cambia su propia naturaleza, también cambia la actitud del mundo hacia él”. Menos quejarse, mantener las expectativas a niveles prudentes y más actuar personalmente para conseguir lo que pretendemos.

viernes, 10 de enero de 2020

¡Habemus Presidente! ¿Tendremos Gobierno?

¡Habemus Presidente! ¿Tendremos Gobierno?
¡No hay prisa!. Seguro que sí, muchos ministros, secretarios, subsecretarios, ayudantes y numerosos cargos de confianza. Grandes sueldos y dietas, algunos vitalicios.
Del programa, del presupuesto que lo avala, de como se conseguirán los medios económicos y humanos que trabajen de verdad, nada de nada. Nadie cuenta nada y no se si alguien pregunta algo al respecto. Sólo mucho espectáculo televisivo. Los comentaristas están haciendo su agosto, hablando sin parar de lo que saben y de lo que no y por supuesto llenando sus bolsillos.
En el congreso, los enemigos de fuera han empezado a plantear un frente sin tregua ni mesura desde la oposición que no muestra ni un ápice de respeto, ni un gramo de elegancia, ni un destello de inteligencia civilizada; banalizando los más graves insultos hasta la extenuación. Han empezado por convertir el debate de investidura en un espectáculo de zafiedad que será difícil olvidar (abandonos del hemiciclo incluidos, al estilo de los que protagonizaba Ciudadanos en el Parlament de Catalunya).
Pero no hay que olvidar los “enemigos internos”. El fuego amigo hace mucho daño, sobre todo cuando es intencionado.
En una coalición, los que votan o se abstienen pretenden marcar espacios propios y piden la recompensa por haber hecho posible el gobierno. El escorpión pronto muestra su naturaleza y, sin llegar a traicionar, ha quedado claro que los ministros de Unidas Podemos los nombra directamente su jefe y no el Presidente del Gobierno investido a la tercera.
En los gobiernos de coalición cohabitan distintas maneras de ver las cosas y de solucionar los problemas. Tanto por cuestiones ideológicas como prácticas, aunque de puertas afuera se hayan firmado amplios protocolos para que exista sólo una voz, un discurso y un máximo responsable. En lo único que están todos de acuerdo es en olvidar las promesas electorales. Ni siquiera la hemeroteca que pone de manifiesto sus contradicciones y falta de ética consigue sacarles los colores: Gritan más, vociferan ¡“tu peor”!, mienten, simplifican y, se envuelven en sus respectivas banderas mientras se reparten puestos, carteras y buscan afanosamente “recursos” para repartir a sus amigos pesebristas.
No quieren entender que el endurecimiento cambiante de los discursos políticos ahuyenta a los sectores templados, huérfanos en medio del frentismo entre “extremos”.
El centro es tolerancia, mano tendida, apuesta por el diálogo, busca de consenso, y cualquier líder que quiera ser de centro no debería dejarse arrastrar por la crítica descarnada y nega­tiva, sin dejar un hueco a la oferta de entendimiento. Un líder democrático y de centro no insulta, no utiliza conceptos agresivos como traición, terrorista o verdugo contra sus compañeros elegidos democraticamente. Quién así actúa no puede pedir que no lo incluyan dentro de las “extremas”, ambas igual de malas independientemente del sentido en el que escore.
Una cosa es ejercer un marcaje estricto y exigente sobre las políticas de gobierno, y otra abroncar al que piensa distinto con discursos apocalípticos. Parece que los que así actúan no quieren entender que lo único que consiguen es fortalecer y unir a los que quieren combatir. Actuando así, no se resuelve nada a gusto de nadie y la gente se desencanta y pierde la confianza y hasta el respeto hacia quienes dirigen los estamentos públicos del país.
Cada vez es más difícil ser tolerante y tener la templanza necesaria para votar en positivo, porqué el “menú” es muy deficiente y lo peor de todo es que los “ingredientes” cada vez son más volubles y no tienen ninguna gana de mejorar ni de procurar el bienestar de los ciudadanos en general. Les basta con mejorar el suyo propio y el de sus protegidos. 
La opinión de la gente solo les interesa si es un parámetro que se puede manejar en las encuestas electorales. El problema de la democracia es que los tres poderes del Estado actúen correctamente, porque de lo contrario se deslegitiman. Los gobernantes no deberían poder engañar a los gobernados ni manipular sus deseos creándoles falsas ilusiones. Cuando los gobiernos controlan los grandes medios de comunicación, el problema de la fidelidad y de la verdad pasa a ser un problema político fundamental porque esas son piezas fundamentales de cualquier sistema político. Si perdemos su referencia la política deja de existir y pasa a ser sustituida por otros medios.
Que lejos quedan los tiempos en que Felipe II, siendo todavía príncipe, juró ante el Altar Mayor de la Catedral de la Seo de Zaragoza los Fueros de Aragón y los aragoneses utilizaron la siguiente fórmula para manifestar su aceptación de la autoridad del príncipe: «Nos, que valemos tanto como vos, os hacemos nuestro Rey y Señor con tal de que guardéis nuestros fueros y libertades, y si no, no». Cualquiera puede darse cuenta de que en ese juramento de fidelidad se reconocía la dignidad y la plenitud de los derechos de los súbditos, que nunca podían ser anuladas por el poder político.
Para el común de los mortales la democracia no debería ser solo votar, debería ser la conquista del derecho de todos los ciudadanos y el correcto cumplimiento de sus deberes.

lunes, 6 de enero de 2020

Cuando perdemos la conciencia de las cosas, no sabemos qué estamos haciendo

“Las cosas tienen un valor y conseguirlas requiere un esfuerzo”.

Cuando los niños son más inocentes es difícil explicárselo, pero cuando ya son mayores ya saben quien es el “Tió”, el “Papa Noël” y los “Reyes Magos”, y si siguen recibiendo regalos, deberían ser conscientes de que el dinero no cae del cielo. Cuando los mismos padres dicen: «No les compres nada porque tienen de todo», sería bueno ser más moderados y coherentes, ya que a muchos niños se les acumulan tantos regalos que ni los miran una vez abierto el paquete. ¿Por qué tanto dispendio?
¿Hay una parte de mala conciencia de los padres?, de los que han vivido la escasez de pequeños y de los que no paran mucho por casa…
Los hijos/nietos deberían aprender a ser felices porque sus padres vivan experiencias con ellos compartiendo tiempo de calidad, en lugar de dedicarse a jugar con su móvil.
Si tienes unos padres que se gastan más de lo que tienen y para los que es muy normal pedir créditos o préstamos (a bancos o a familiares) y estar endeudados hasta las cejas, es muy fácil que los hijos repliquen este comportamiento. La cultura financiera de unos padres es muy inferior a la de otros, y un conocimiento que no se tiene (a veces incluso se desprecia) en una familia es difícil trasladarlo a los descendientes. 
Vivimos en un sistema económico determinado (capitalismo), que no es el único. Desde la izquierda más izquierdista se ha criticado la educación financiera en la escuela porque la consideran adoctrinamiento, pero el dinero no es malo en si mismo. Existe la creencia limitadora según la cual una persona que tiene mucho dinero es porque se ha aprovechado de los demás y es avariciosa. Hay personas así y no se debería alabar esta conducta, como tampoco debería hacerse con los “influencers-estrellas” poco éticos que se aprovechan de los estudios de mercado para “sacarles” el dinero a algunos de sus incautos e influenciables seguidores.
Hay buenas y malas personas, pobres y ricas. Si tienes una buena cultura financiera y una buena formación, el hecho de ser rico no necesariamente significa que explotarás la gente sino que puedes haber ganado dinero con tu inteligencia, trabajo legal, voluntad de ahorro y cultura financiera. Para fomentar estos buenos hábitos es por lo que las escuelas deberían introducir temas financieros. La principal limitación es que no se ha formado financieramente a los maestros y difícilmente uno puede enseñar lo que no sabe.
Todos los pequeños han nacido para ser millonarios en besos, abrazos y cuidados, pero no en billetes de 500€. 
Madonna dice en su famosa canción: "You know that we are living in a material world" (sabes que vivimos en un mundo material) y eso quiere decir que los pequeños entrarán en contacto, tarde o temprano, con el dinero y con la economía en general.
En buena medida, los padres son responsables que no crezcan con el signo del € en la mente, sino con el convencimiento de que, en la vida, lo que de verdad no tiene precio es su valía como persona. Deben explicar a los pequeños que no se puede comprar todo lo que se vende en todas las tiendas por donde se pasan ni todo lo que ven en el móvil, tablet o TV; y que las cosas tienen un valor, y que conseguirlas requiere trabajo y voluntad, y que no hacerlo conlleva frustración y eso se lo hará pasar muy mal. 
No se puede vivir como si los billetes cayeran del cielo porque del cielo solo cae la lluvia de vez en cuando y a veces mancha/contamina por las partículas que hay en suspensión atmosférica.
Las nuevas generaciones, se mueven en un entorno muy digital, que los lleva a un entorno de inmediatez: Todos vimos como gritan: ¡«Quiero las cosas y las quiero ya»! o ¿“Para que voy a esperar a Reyes si Amazón Prime me lo trae en un día y además gratis”?. Perdemos la conciencia de lo que estamos gastando y de lo que estamos comprando porque ya no tocamos las compras ni tocamos el dinero y así el ahorro desaparece completamente de nuestras vidas.
En medio de la euforia comercial navideña, deberíamos regalar a los mayores y a los jóvenes formación en consumo responsable, en cultura del esfuerzo, en educación financiera, en ahorro precoz ...
¡Para meditar y actuar!

martes, 10 de diciembre de 2019

No todos los casos son iguales: El caso Brexit

Después de la votación sobre el Brexit se impuso en UK una incertidumbre económica que tuvo un precio elevado: bajada del empleo, de la inversión de las principales empresas y también de su productividad. Desde entonces, a los directivos de las empresas les ha tocado dedicar parte de la jornada a prever qué ocurrirá el día después.
Pero la sensación de incertidumbre, con el tiempo, se ha ido apaciguando. El Brexit, que es la manifestación institucional más inequívoca de la crisis que sufre la gobernanza multilateral, ha tenido la capacidad de crear un mito identitario para un país que se había quedado sin "proyecto colectivo". Pero la posibilidad de que este mito no fuera sólo una utopía dependía y depende, ante todo, de algo que apenas tiene otro país: una capital global como Londres. 
Se mintió hace dos años a los votantes sobre las consecuencias del Brexit y parece que Boris Jhonson suele faltar a menudo a la verdad en sus declaraciones, pero sus contrincantes no han sido capaces de pactar para llevar a cabo un proyecto mejor que el que él propone. Así las cosas, el mentiroso/incapaz sale reforzado porque los otros no consiguen cristalizar nada positivo. Eso pasa en otros lugares más cercanos, con la diferencia de que el Reino Unido tiene un GranLondres con sus casi 9 millones de personas.
El 44.9% son blancos-británicos, el 2.2% de blancos irlandeses y el 12.2% de blancos de varias partes del mundo. Los asiáticos son el 20.9% (6.6% indios, el 2.7% de Pakistán, el 2.7% de Bangladesh, 1,5% chinos, 1,3% de los árabes...). El 13.3% tienen ancestros negros absolutos y solo el 2.3% de ellos son de ascendencia negra mixta. (El 7,0% africanos negros, el 4,2% del Caribe negro)
Londres es una ciudad multirracial donde el 52% son mujeres y el 48% hombres. La edad estándar es de unos 40 años y el 37% de la población de Londres se basa en inmigrantes. La densidad de población en Londres es de 5.590 personas por metro cuadrado.
En Londres, se hablan más de 300 idiomas, entre los cuales el 77.9 por ciento de la población habla inglés como primer idioma. Parte de la población no sabe hablar inglés o prefirieren hablar sus idiomas maternos (1.9% hablan polaco, 1.5% bengalí, 1.3% Gujarati, etc.)
La gente de Londres tiene religiones variadas. El cristianismo 58.23% la segunda religión más alta que se sigue en Londres son los ateos. La tercera los musulmanes, 12,39%. Las religiones restantes que se siguen son el hinduismo, el judaísmo, el sijismo, el budismo, etc.
Y este conglomerado de personas son las que contribuyen a hacer de Londres un gran centro económico y la quinta área más grande del mundo, de acuerdo con su PIB.
Londres es la primera ciudad en la que se celebraron tres veces los modernos Juegos Olímpicos de verano, tiene 6 aeropuertos (Heathrow, Gatwick, Stansted, Luton, London City y Southend), el primer sistema ferroviario del mundo, que la conecta con otras ciudades prominentes y los conductores de taxis memorizan todas y cada una de las calles y rutas de edificios destacados.
Cuando llegue el día en el que las ciudades gobiernen el mundo, Londres se consolidará todavía más como uno de los centros de poder de nuestra civilización.
Wall Street y la City of London son las plazas financieras más preeminentes del mundo por la riqueza que despliegan cada día a través de los centenares de infraestructuras culturales de primer nivel que captan y acogen. Basta con vivir unos días en Londres, visitando más allá de los circuitos turísticos y mezclándoselo con sus gentes, para darse cuenta de que no hay otra ciudad europea, ni París ni Berlín, con una “potencia” comparable. Y esta es la principal fortaleza del país a la hora de encarar el punto y aparte del Brexit.
Una fortaleza clave sobre la que no se suele hacer el suficiente hincapié y que no tienen otros “paises”.
Ultimamente, los medios de comunicación nos insisten en que a la hora de votar, las emociones se acaban imponiendo a la razón y que es bueno que así sea. Yo discrepo totalmente, porque las emociones son muy importantes y necesarias, pero no hay que despreciar la razón; y antes de emprender un proyecto, sería bueno preguntarse o que los líderes/expertos nos explicaran de forma que todos pudiéramos entender:
¿Tenemos las capacidades, experiencia y habilidades necesarias para llevar a cabo nuestro proyecto? 
¿Cuáles son nuestras debilidades, amenazas, fortalezas, oportunidades y ventajas competitivas?
¿Es el momento adecuado para llevarlo a cabo, la gente y los medios me apoyan y cuento con la técnica y la financiación necesaria?
¿Demuestran los números (no los sentimientos) que el proyecto es factible y rentable para los accionistas/ciudadanos?
¿Cómo evolucionará el proyecto a partir de la nueva época? ¿Tiene opciones de viabilidad teniendo en cuenta los detractores (internos y externos) con los que tendrá que competir/luchar?
¿Cuáles son mis alternativas en caso de que el pruyecto no dé los frutos esperados?
Si esto es fundamental para que un simple negocio tenga éxito, ¿Cuanto más necesario será tener una respuesta clara a estas preguntas cuando el proyecto es un “nuevo estado”?
Mediten, que falta hace.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

¿Cuándo empezaremos a hablar de lo importante?

Hace más de 30 años Ernest Lluch impulsó la Ley General de Sanidad. En sus desarrollos posteriores hizo posible que todas las personas pudieran ser atendidas médicamente independientemente de sus circunstancias personales.
¿Cuánto tiempo se podrá mantener este ritmo de atención universal en sanidad y educación si no se dedican más recursos y si no se atienden las quejas y denuncias de los sindicatos de médicos?
Hay encuestas que cifran en el 96 por ciento los médicos que sufren sobrecarga crónica. La sanidad pública es más que aceptable gracias al esfuerzo sacrificado, responsable, de muchos profesionales que suplen los recortes que se han practicado.
Parece que los compromisos después de la huelga del 2018 no se han cumplido o su aplicación es “lenta y desigual”. Una mitad aproximada del personal sanitario dice que ha disminuido la presión, pero los indicadores son preocupantes. El 52% de los centros no cubren bajas nunca. Se pierden profesionales que se jubilan o emigran. 
¿Cómo puede ser que falte dinero para sanidad (atención a la tercera edad y educación) si la presión fiscal no ha disminuido?

A bote pronto se me ocurren dos razones:

1.- En lo que parece que no se ha recortado NADA es en “cargos extractivos” que sólo perjudican el trabajo de los verdaderos profesionales y en el despilfarro en gastos superfluos que perjudican la atención que reciben los verdaderos enfermos. Algunos corruptos han sido juzgados (los juicios se alargan interminablemente en los juzgados) unos pocos condenados y… ¿CUANTO DINERO MALVERSADO SE HA RECUPERADO?. Si no se resuelve o al menos se controla el tema de la corrupción y de la malversación, no importa que se suban los impuestos y se continue desangrando a los elementos productivos de la sociedad. Nunca habrá suficiente.

2.- Despilfarro de los medios existentes. Una sociedad avanzada no debe permitir que ninguna persona muera o enferme por falta de atención médica o socorro social, pero debería cesar inmediatamente el despilfarro que se produce en “tratar síntomas de enfermedades que no son tales y en medicar problemas”. Hay demasiada gente que no entiende que los servicios médicos y sociales tienen un coste, que sufragan los que pagan impuestos, y que piensan que porqué a ellos no les cuesta nada, no tienen ningún valor y se pueden consumir sin freno.

Es inquietante que después de tantas elecciones y de tantos debates, de tanta tertulia superflua, de tantas promesas incumplidas, el discurso nacional pase por en­cima de las necesidades ciudadanas, todo vaya a peor y no se dedique más atención a las preocupaciones más perentorias de la sociedad. 
Los acuerdos para modificar las precariedades de un sistema que necesita reformas no podrán alcanzarse sin la compli­cidad de todas las fuerzas democráticas. Para ello es preciso que practiquen la generosidad todos los protagonistas. Los partidos se llaman partidos porque sólo ­representan una parte del todo. Por desgracia en lo único que logran acuerdos es en la manera de repartirse las “sillas” y el “pastel” y en pedir siempre más, mucho más. Panecillo para hoy y mucha hambre para mañana.
Mientras dediquemos tanta atención a hablar de banderillas, de lazos de colores varoios, de derechos etéreos insubvencionables y olvidemos debatir sobre los temas que verdaderamente nos interesan a TODOS no saldremos del atolladero y cada vez iremos a peor.