jueves, 16 de agosto de 2012

No mire hacia otro lado. ¡No hay excusas!

Con el paso de los años, los partidos políticos, sobre todo los mayoritarios y los que no lo son porque no han podido, se han convertido en máquinas colosales. Estructuras gigantescas que garantizan, una vez en el poder, decenas de miles de puestos de trabajo a sus militantes y seguidores, unas personas que, en algunos casos, se han hecho militantes precisamente para conseguir un sueldo, sin tener que estudiar para ganar una oposición. Hay miles de personas en España que no han trabajado nunca antes de sentarse en un escaño, es decir, hacen de políticos profesionales sin ningún tipo de experiencia previa en casi nada. Y de la vida aprenden poco más que no sea medrar en la estructura política de su partido o cambiando la chaqueta cuando es necesario. 
Poco a poco, la partidocracia se ha impuesto y ha ido ahogando los espacios de debate y de implicación responsable de buena parte de la ciudadanía en la "cosa pública". Este hecho, los constantes incumplimientos de los programas electorales, las listas cerradas, un sistema electoral que hace difícil el contacto directo entre electos y electores, la financiación de los partidos, la corrupción y las campañas de los aparatos políticos ha alejado los representantes de los representados, los cuales acaban despreciando todos los políticos y la política y mayoritariamente declinan el ejercicio de sus derechos democráticos de voto, denuncia y reclamación. Total, no sirve para nada. 
Hace menos de 10 años, "España era un milagro". Parecía como si se hubiera ganado a la historia y que, España, a pesar de su atraso cultural, conceptual y económico hubiera conseguido entrar en el club de los países más prósperos de la Tierra. Daba fe de todo ello la foto del presidente Aznar fumando un puro con Bush en su rancho tejano y hablando inglés con los socios del G8. ¡Hasta hablaba catalán en la intimidad!. 
¡Qué tiempos aquellos!
Muchas promesas se cumplieron y algunos vivieron su sueño americano pero para la mayoría, desgraciadamente, el milagro era sólo un doloroso espejismo. Una estafa descomunal que nos ha llevado aquí: sin milagro, desnudos y amenazados, víctimas de una estafa con complicidad política, ya sea por acción o por omisión. Porque nada de lo hecho se habría podido perpetrar sin su consentimiento. Ahora mismo, hay muchos ciudadanos que, si les propusieran elegir entre un tecnócrata y un político, no lo dudarían: un tecnócrata, como si este técnico pudiera cocinar los balances de la misma manera que lo hacen los bancos. 
En el colmo de la desesperación pesimista a la que hemos llegado podríamos comentar con nuestros amigos…… No hemos tenido nunca democracia. La democracia es una utopía. Los políticos son una casta, unos vividores y unos corruptos. Los banqueros, unos delincuentes. Los economistas, unos fanáticos. Los empresarios, unos negreros. Los tenderos, unos estafadores. Los americanos, unos asesinos. Los españoles, unos vagos y unos ladrones. Los periodistas, unos vendidos al sistema. La independencia nos traerá una nueva sociedad donde seremos libres para decidir lo que queramos….¿Quienes? y por cierto, ¿Qué queremos?
El clima actual también es propicio al advenimiento de los salvapatrias, lobos con piel de cordero que prometen la extirpación del mal provocado por los “otros”. Por los villanos que nos tienen secularmente machacados. 
El pacto fiscal (antes concert econòmic) es el primer y casi único sueño compartido por una posible mayoría de catalanes de solucionarlo todo sin romper nada. El catalanismo vigente ha construido su hegemonía a partir del reparto del poder y los recursos que conseguía arrebatar o mendigar, según se mire, al gobierno central. Visto desde la meseta, la utilidad del catalanismo era administrar el equilibrio y la contención de los pocos exaltados y poco peligrosos independentistas catalanes. 
Este equilibrio es muy frágil. Un aumento de la exaltación en cualquiera de los dos bandos, catalanista o centralista, lo hace tambalear. De las clases trabajadoras a las élites, todo el mundo depende del sistema. Mientras unos han cambiado paz social por bienestar a la europea, los otros han ofrecido ambigüedad nacional a cambio de una cierta barra libre con los negocios. En general, ha emergido un estilo informal de relacionarse con la administración, y la administración catalana gestiona las lealtades gracias a concesiones hechas con poca luz y menos taquígrafos. Todos, más o menos, tenían su plato en la mesa y miraban para otro lado si era necesario. Sólo una pequeña punta del iceberg de este sistema de lealtades sale a la luz de forma explícita informando de corrupciones aquí y allá. Salpica a todos, pero pocos pagan los platos rotos y prácticamente nadie devuelve el dinero robado o repara la injusticia cometida. 
El objetivo aparente de este entramado ha sido el progreso general y la construcción nacional de Catalunya. Nos han dicho durante décadas que había que ganar tiempo para trabajar. La inmersión, los hospitales comarcales, el aumento de las exportaciones. El sistema informal era el coste y el progreso material y espiritual el beneficio. Pero ya no funciona. El equilibrio se ha roto. 
En parte, se ha roto porque era imposible que funcionara mucho tiempo, el déficit fiscal nos ha obligado a vivir del crédito y del grosor histórico del país (tonto el último) y todo se acaba. Una vez ha llegado la crisis y los recursos han escaseado, el reparto que estaba en la base del sistema ya no pudo contentar a nadie: ni los de arriba ni a los de abajo. Además, desde la era Aznar, hay una España centralista que ha visto la oportunidad de quedarse todo el botín, porque han descubierto la debilidad real del catalanismo. En según que sociedades es malo tener tanto “seny”.
También, para muchos, su posición en el sistema (tal vez parte del problema) ha pasado a ser prioritaria, y el progreso secundario. El país ha quedado dividido, pero el pacto fiscal conjura los entusiasmos de todos para que teóricamente solucione los problemas. El maná continuaría manando y la esperanza continuaría intacta. 
El aumento del independentismo es, de momento, útil: porque tensa la negociación. Cuando fracase el pacto fiscal, pero, habrá que ver si el catalanismo es comandado por los que viven, de este sistema o los que quieren un cambio. Aparecerá la encrucijada: vender la cultura y la lengua o jugársela a riesgo de perder el status. 
La atmósfera que nos rodea es suficientemente pesimista de por sí, como para que encima la política que desarrollan nuestros dirigentes nos desilusione todavía más. Supongamos que un mago toca con su supervarita a Rajoy y concede el “concert econòmic” a Catalunya.…. 
¿Con que “mimbres” contamos para desarrollar con éxito nuestro sueño? 
Tenemos que hacer examen de conciencia y percatarnos que el problema no es sólo la legalidad vigente. No son sólo nuestros políticos poco eficientes e incapaces de motivarnos. Ni siquiera toda la culpa la tienen aquellos políticos españoles dominadores y poco demócratas, que durante décadas han provocado división y discordia, entre los pueblos de España y entre los catalanes mismos, impidiendo nuestro avance y progreso que nos ha relegado a la cola de Europa salvo en algunos espacios testimoniales. El problema tiene mucho que ver con cada uno de nosotros. Con nuestra moral, con nuestros valores, con nuestra ética personal…. 
Por mucha independencia financiera que tuviera nuestro flamante estado, sería preciso un cambio de actitud muy importante de las personas que viven en Catalunya. 
Dejémonos de tópicos como el “catalán de la roca saca pan”. El catalán al que se refiere este refrán era de otra época y me temo que poco tiene que ver con el ciudadano medio que reside actualmente en Catalunya. Hay que tener una radiografía clara de los “catalanes actuales” ¿Cómo son, que piensan respecto a la nación catalana, que anhelan, que valores seculares de la nación catalana comparten estas personas, como usan el idioma propio de Catalunya, que derechos se otorgan y que deberes están dispuestos a compartir con sus conciudadanos?....i tantas y tantas preguntas. 
Además de los temas históricos y particulares de Catalunya lo que hace falta en esta y en cualquier sociedad progresista es una base social, educada con sólidos valores y motivada para implicarse socialmente. 
No basta con que sean capaces de denunciar los abusos e incompetencias de nuestros dirigentes, sino que es preciso que cada uno de nosotros, con nuestro comportamiento diario propaguemos los valores que creemos justos y adecuados para la sociedad en la que queremos vivir. 
A modo de ejemplo podríamos convenir que en nuestro país una gran base social opina que: 
  • Está socialmente bien valorado burlar al fisco. Quien no defrauda al fisco y no lo hace más porqué no sabe o no puede. 
  • Políticos, funcionarios vividores y gente del pueblo se aprovecha del sistema para robar, defraudar o abusar de medicinas, de los servicios sanitarios, de enseñanza, etc y vivir de subvenciones que no se merecen. Unos roban muchísimo y otros un poquito, pero culturalmente se ve normal robar todo lo que se pueda. 
  • Es normal que muchos políticos lo sean de “oficio” y no aporten la capacidad suficiente para hacer su trabajo, más que “don de gentes”, mucha caradura y pocos escrúpulos para ganarse la vida medrando en las estructuras políticas aportando poco valor añadido. 
  • La mayoría decide no decir ni hacer nada cuando ve a alguien que muestra un comportamiento incívico en su calle-barrio-ciudad. Nos solemos defender aduciendo que educar no es cosa nuestra. Que para educar está la escuela y para castigar la policía y abdicando continuamente de nuestros deberes como ciudadanos así nos va. 
  • Al que no “grita” no se le penaliza, aunque muestre una conducta antisocial encubierta como competir des-lealmente al vender productos fabricados por personal sin estar debidamente “legalizado” en régimen de semiesclavitud, incumpliendo la “normativa”, en comercios que incumplen la “normativa” en horarios que incumplen la “normativa” y en los que ni siquiera hablan nuestro idioma, sólo porqué son “baratos”. Los marroquíes y sudamericanos muestran unas formas sociales más beligerantes que los chinos y los paquistaníes que “nunca saben nada” y por ello están peor vistos que los segundos. 
  • Etc 
No pongo más ejemplos porqué la lista podría ser muy extensa. 
La buena noticia es que la solución de la mayoría de estos temas está en nuestra mano y al mismo tiempo que denunciamos las pajas en ojo ajeno, estaría bien que nos preocupáramos de ver la viga en el nuestro. Si no somos capaces de reeducarnos a nosotros mismos y principalmente a nuestros jóvenes para resolver estos temas básicos, pienso que pensar en el día después del “milagro”, cualquiera que sea la forma en la que se produzca (pacto fiscal, concert econòmic o independencia) sería una mala copia de “El día de la marmota”. Importa mucho el dinero que se gana, pero importa más como se administra y en este tema hay mucho que pensar, consultar y pactar.
©JAS2012 


PD.-
Como en todos sitios cuecen habas, les dejo este video en el que un ciudadano mejicano reflexiona sobre la sociedad en su país.
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