martes, 11 de agosto de 2015

¿Quién es catalán?

¿Quién es catalán?
Una definición que me parece suficientemente buena, por comprensiblemente realista, es la que a dado Antonio Baños: “De todos los pueblos y personas que han pasado por Catalunya, es catalana la persona que decide quedarse en esta tierra y formar y desarrollar su familia en ella”.
Todos hemos oído a personas que afirman con contundencia: “Yo me siento catalán, murciano, aragonés, andaluz, gallego, etc.”
Todos los sentimientos personales son respetables y variados; incluidos los sentimientos de pertenencia a uno u otro país o comunidad. Sin embargo lo que es cierto es que todos los que hemos decidido vivir en Catalunya, principalmente los que no hemos nacido aquí y hemos venido desde otras regiones o países, lo hemos decidido libremente por múltiples y variadísimas razones. El hecho de haber decidido vivir aquí, en tierras catalanas, hace que nos guste vivir juntos de la forma más armónica y próspera posible y por ello tenemos la necesidad y la obligación de construir democráticamente instituciones, leyes, formas de repartir la riqueza, etc. y así poder darnos los servicios (sanidad, educación, infraestructuras, etc.) que utilizamos todos, en forma lo más solidaria y justa posible.
A nadie le gusta arriesgarse, pero en la vida la suerte no llega sola. Infinidad de veces en los últimos decenios hemos pedido lo que es nuestro. Tal vez con poca contundencia, con poca perseverancia, con poca pedagogía. Para gustos colores. Lo cierto es que los diferentes partidos que han formado los gobiernos de España han practicado la sensación de “oídos sordos”, sobre todo cuando han tenido mayoría absoluta y no han tenido que pactar con nadie. Esta experiencia negativa sostenida en el tiempo, nos lleva a pensar que ha llegado el momento de implicarse para aprovechar la ocasión que se presenta y hacer lo necesario para construir un nuevo país, con unas leyes mejores que posibiliten que los catalanes podamos recibir lo que es nuestro, en base a la riqueza que aportamos a la nación. 
La élite, las oligarquías y todos los que tienen mucho que perder nunca quieren cambiar nada y utilizan los medios de comunicación para provocar el miedo en las otras personas. Estas, aunque realmente les convendría trabajar por cambiar y mejorar su actual situación, dudan y finalmente algunos deciden oponerse al “cambio”. Caen en la trampa que les tienden los que realmente les beneficia el estatus actual, en contra de sus propios intereses. 
Es bueno que todos recordemos un fenómeno muy estudiado a la teoría de los juegos llamado “Inconsistencia temporal”: “Lo qué es óptimo antes de que se tome la decisión, deja de ser óptimo una vez se toma con carácter irreversible”. Podemos ilustrarlo con la estrategia del padre que primero, le niega al hijo, con ingresos propios suficientes para mantenerse, su derecho a marcharse y le amenaza con todo tipo de catástrofes porque, en este primer estadio del juego, el objetivo del padre es que al niño le entre tanto miedo que él mismo decida no marcharse. Pero si su estrategia amedrentadora y de boicot, no tiene éxito y el hijo se atreve a tomar la decisión irreversible y se marcha, lo mejor que puede hacer el padre es cambiar la estrategia e intentar ayudar al hijo. Al fin y al cabo, si no le ayuda, el hijo romperá relaciones con la familia y quienes saldrán más perjudicados serán los padres, que no verán a sus hijos ni recibirán su ayuda, ni tan sólo para hacer la paella de los domingos.
Cuando se afronta un cambio o cundo se aborda una nueva empresa, existe un cierto riesgo. Hay que vencer resistencias, a veces viscerales, hay que tomar muchas decisiones difíciles, hay que negocias, ceder y exigir y también mucha ilusión por construir mejorar las cosas y la satisfacción posterior que ello conlleva para uno mismo y para las generaciones futuras. Hay que valorar uno y otro extremo de la balanza e implicarse en el intento. ¡Implicarse conscientemente!.
©JuanJAS

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