lunes, 14 de agosto de 2017

El principal peligro son las ideas



Desde la izquierda están en contra de la Regla de Laffer que asegura que bajar impuestos aumenta la actividad, la recaudación y reduce el déficit. Suelen inflar los multiplicadores fiscales para asegurar que los aumentos de gasto público salen gratis, ya que aumentan la actividad, la recaudación y no afectan al déficit. ¡Mentira!. Está comprobado que “No por elevar los tipos de los impuestos, necesariamente se va a recaudar más ni por bajarlos se va recaudar menos”.
En economía, la escuela de Harvard (con Hansen a la cabeza) lideró el concepto de “presupuesto equilibrado”. Su tesis, basándose en la Teoría General de Keynes, es que un aumento de impuestos y de gasto proporcional mantenía el déficit y aumentaba la actividad y el empleo ya que los multiplicadores de gasto son mayores que los de los ingresos, especialmente en una recesión y, en mayor medida, con restricción de crédito, tal y como sucedió en la Gran Recesión.
Desde 2013 no sólo no se ha hecho ajuste fiscal en España, sino que las bajadas de impuestos han aumentado el déficit estructural 1 punto de PIB hasta el 3%. Por lo tanto, Rajoy ha hecho una política fiscal expansiva que nos ha alejado de la senda de sostenibilidad de la deuda. Lamentablemente, desde muchos sectores de la izquierda siguen hablando de austeridad, compensado la falta de rigor de los análisis conservadores.
Si España hubiera seguido el consejo de Blanchard (como hizo el gobierno español en su senda de salida en el otoño de 2009) y hubiera tenido el apoyo del BCE, el déficit estructural sería el mismo pero tal vez nos habríamos ahorrado la recesión de 2012, la destrucción de un millón de empleos y la tasa de paro en España sería significativamente inferior, también la estructural.
Mario Centeno, doctor por Harvard, especializado en mercado de trabajo, como Blanchard, y actualmente ministro de Finanzas de Portugal defendió subidas de salarios mínimos vinculadas a productividad y a su relación con el salario medio de la economía. El gobierno socialista portugués subió el salario mínimo en 2017 un 5% y en España se subió un 8% por imposición del PSOE para evitar la sanción de Bruselas por incumplimiento de déficit. El efecto fue que el empleo creció más que el año pasado y sorprendentemente el efecto sobre el resto de salarios ha sido mínimo en ambos países.
Mario Centeno también es un defensor de la flexibilidad en el mercado de trabajo y contrario a muchas rigideces defendidas, entre otros, por los sindicatos, que lejos de defender al trabajador, acaban generando más problemas de los que ya existen. Algunos piensan que eso es la socialdemocracia y por ello los ultraliberales les acusan de planificadores a la vez que desde la extrema izquierda les tildan de ultraliberales.
Ahora que está de moda “la repulsa al turismo desbocado” se puede ver que la deflación salarial se concentra sorprendentemente en la hostelería, donde la demanda de empleo subió un 8%. Los empresarios del sector recogen beneficios sin repercutirlos minimamente en la mejora de los salarios de sus trabajadores.
La subida super-moderada del salario mínimo (SMI) ha obligado a los empresarios hoteleros a subir los salarios a sus empleados menos remunerados (camareras de piso), con coste cero para el resto de contribuyentes. Ha aumentado los ingresos del estado de manera estructural y nos han acercado un poco más a la senda de sostenibilidad.
¿Porqué no ahondar más por esa senda en el resto de sectores en los que somos competitivos y podemos serlo aún más, mejorando la productividad y el valor añadido?
Si se planifica para que TODOS ganemos, todo irá mejor. Si seguimos pensando sólo en nuestro ombligo, todo irá a peor. Y los que tienen que empezar por dar ejemplo son los políticos, los dirigentes, los empresarios y los demás a seguir y perfeccionar el ejemplo. No hay otra.
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