domingo, 20 de noviembre de 2011

La plaga de la impunidad

En contra de lo esperable, y de lo que debiera suceder, la justicia parece cada vez más impotente, o más indolente, o más corrupta, o más cobarde, o más manipulable, o más susceptible de tergiversación y de perversión. Las triquiñuelas para burlarla se multiplican y hay políticos y empresarios -en España, en Italia o Grecia no digamos- que celebran como un triunfo y una exoneración que el delito del que se los acusa haya prescrito, siempre conveniente o incluso calculadamente, cuando una prescripción en modo alguno equivale a una absolución, sino a una declaración de culpabilidad que sin embargo no se puede materializar. Sí, a eso equivale las más de las veces. Las dificultades de la justicia siempre han existido y basta fijarse, para comprobarlo, en los poquísimos verdugos nazis que sufrieron condena. No nos engañemos: por un motivo o por otro, la inmensa mayoría se salió con la suya, se libró de todo castigo, incluso de toda amonestación y vergüenza.
En tono comparativamente menor, los principales causantes de la actual crisis económica mundial siguen en sus puestos y además dando órdenes, pese al inmenso daño ocasionado. Otros cambiados de puesto, no inhabilitados, cobrando indemnizaciones millonarias y algunos, para regodeo del personal, apuntados al paro y cobrando subsidio de desempleo.
O bien Bush Jr, Blair y Aznar, que desencadenaron una guerra ilegal e innecesaria que se ha cobrado más de cien mil víctimas, muchas evitables, se pasean tranquilamente por el mundo, con frecuencia aclamados y embolsándose grandes sumas de dinero por sus libros, conferencias y "consejos" a grandes empresas (nadie fuera de sospecha puede requerir a semejantes consejeros).
La sensación de que la impunidad domina es inevitable en nuestras sociedades, y eso las lleva, gradual pero indefectiblemente, a tener una cada vez mayor tolerancia hacia ella; a juzgar que a los individuos particulares no les compete intervenir ni poner remedio, cuando ni siquiera lo hacen los jueces, y a considerar que dejar pasar un delito más, del que tengan conocimiento o hayan sido objeto, un crimen aislado de la vida civil, no tiene mayor importancia ni cambia nada en esencia, ante la superabundancia de los crímenes públicos, económicos y políticos, que quedan y quedarán siempre impunes. Se trata de una de las más grandes desmoralizaciones de nuestro tiempo.
Como ejemplo podemos citar esta noticia “El Gobierno indulta a Alfredo Sáenz, consejero del Santander, por la condena a tres meses de prisión e inhabilitación por un delito de acusación falsa cometido en 1994 contra unos acreedores de Banesto cuando era presidente de la entidad. De esta forma, el consejero delegado del Santander seguirá cumpliendo los requisitos de honorabilidad que exige el Banco de España para los ejecutivos del sector financero”.
La justicia se representa ciega, del olfato no aclara nada, por eso no debe ser imparcial cuando del olor del dinero se trata. Es la única explicación plausible al indulto concedido a Alfredo Sáez, gracias al cual puede seguir siendo banquero. ¿Qué urgencia podría haber para que lo indulten en el último minuto del partido? Si teníamos algunas esperanzas en sentar en el banquillo a algunos responsables de la crisis, podemos abandonarla. Que no se quejen de la desafección ciudadana, el indulto no convierte en honestos a las tantas veces juzgados y declarados culpables en los tribunales.
Algunos hechos presuntamente delictivos, puede que lleguen a juzgarse y hasta se condenen. Si eres rico y/o tienes suficiente poder, no pasa nada. Puedes recurrir cualquier sentencia desfavorable, cada vez a una instancia más alta, aplazando el cumplimiento de la condena hasta 20 años o más. En ese momento, si todavía hay alguien que se acuerda de algo o le quedan ganas o fuerzas para castigar al culpable, va el gobierno y le perdona. Además su “hoja de servicios” queda totalmente impoluta para que siga haciendo de las suyas.

Este es sólo un ejemplo que ha sido publicado en todos los periódicos, pero estos temas, pese a ser importantes y cruciales para nuestra sociedad, no están de moda. El personal está somatizado y abducido por los programas tabloides televisivos y parece que no tiene tiempo para pensar. Muchas veces no tiene ganas de hacerlo. Se vive más tranquilo en la ignorancia.
Espero que si algún día despertamos social y políticamente, no sea demasiado tarde.

©JAS 20/11/11
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