sábado, 7 de septiembre de 2019

Somos los campeones de las manifestaciones multitudinarias: ¡Ya van 10!

Ya van nueve manifestaciones multitudinarias reivindicando que “somos una nación y queremos decidir nosotros”. La semana próxima está prevista la décima.
  • 10/07/2010: “Som una nació. Nosaltres decidim”
  • 11/09/2011: En defensa de la immersió lingüística
  • 11/09/2012: “Catalunya, nou estat d’Europa”
  • 11/09/2013: Via Catalana
  • 11/09/2014: V a la Diagonal i la Gran Via
  • 11/09/2015: Via Lliure 
  •  11/09/2016: “A punt”
  • 11/09/2017: La Diada del Sí
  • 11/09/2018: La gran onada
  • 11/09/2019: Objectiu independència
A todas ellas han asistido una gran representación de catalanes con muchas pancartas, carteles y mensajes para hacer oír su voz y sus deseos resumidos en “Som una nació y volem decidir el nostre futur”. 
Después de estás espectaculares manifestaciones y de diez años de gobiernos pro-independentistas, el encaje de Catalunya en la España del siglo XXI sigue siendo un tema por resolver.
Todos los presidentes de la Generalitat de Catalunya han pedido al gobierno español y al resto de comunidades que “España les escuchara”. Que escuchara sus reivindicaciones en representación de los catalanes: 
  • Jordi Pujol, en 1996, pidió que se aceptara el hecho diferencial catalán; 
  • Pascual Maragall en el 2004, pidió redefinir la relación con España para... no abandonarla; 
  • José Montilla, en el 2007, avisó de la creciente “desafección” del pueblo catalán; 
  • Artur Mas en el 2012, planteó la dualidad “pacto fiscal o Estado propio”; 
  • Carles Puigdemont, en el 2017, recordó que “la paciencia no es infinita” y reclamó un referéndum; 
  • Quim Torra, ha recordado que “no nos quedaremos de brazos cruzados y actuaremos de acuerdo a la voluntad popular”... 
Seis presidentes de partidos y sen­sibilidades distintas, todos ellos con voluntad pedagógica y espíritu pactista, y todos ellos se han enfrentado a un muro de hormigón. El “escolta Espanya” del abuelo Maragall se ha repetido en toda boca catalana que ha ido a los Madriles a explicar las razones de Catalunya.
Desde 1714 los representantes de Catalunya no han dejado de pedir a España que escuchara, y desde ese mismo día, España se ha mostrado sorda y ha dado a entender que “el problema catalán, no se re­suelve, se conlleva”. Como si fuera un grano, un incordio, una enfermedad inevitable. Esa es una de las cuestiones que quiebran todos los puentes imaginarios. Parece que lo que se quiere los gobiernos de España quieren de Catalunya no es diálogo, es rendición. Los extremos falangistas lo exigen con términos abruptos, la derecha clásica con autoritarismo y los socialistas con guante de seda; pero ni uno de ellos tiene ninguna solución para con Catalunya que no pase por esa rendición.
La sociedad catalana sufre también las consecuencias de la acción política desplegada por los partidos independentistas, que han gobernado Catalunya en los últimos años, en términos de convivencia y en los económicos que afectan y seguirán afectando en su desarrollo. Mientras algunas fuerzas independentistas parecen analizar ahora la situación con más serenidad y pragmatismo, otras anuncian que repetirían los intentos fallidos del pasado e invitan a reiterar acciones que han resultado ser improductivas y lesivas para Catalunya.
Hace unas semanas que circula por las redes sociales la etiqueta #EnsVeiemAlParlament, para convocar una concentración a las puertas del Parlamento de Cataluña durante la Diada, coincidiendo con la manifestación organizada por el ANC. Los promotores dicen que la razón de esta concentración paralela es la voluntad de hacer una protesta pública “contra todos los partidos políticos independentistas, pero también contra las entidades”, porque consideran que han fallado a los ciudadanos por no haber aprovechado el capital político de la victoria conseguida el 21 de diciembre de 2017. Lejos de ampliar las bases, los independentistas son cada vez menos, no los suficientes, y mal avenidos. Así es muy difícil conseguir ningún objetivo, por necesario y justo que sea.
Los partidos no independentistas no se han portado mejor. Ciudadanos obtuvo la victoria electoral en las pasadas elecciones a la Generalitat y lejos de proponer soluciones viables al conflicto ha preferido enrocarse en las hostilidades, en las descalificaciones y siempre con un tono desabrido. Han sido totalmente estériles a la hora de urdir soluciones que mejoren la convivencia y la economía. Al contrario, han montado shows para provocar a los que no piensan como ellos, intentando demostrar la violencia de los “aborígenes” catalanes contra los que no piensan ni actúan como ellos, y evitando cualquier diálogo con los partidos independentistas, aunque pudieran haber contribuido a la solución del conflicto. No contentos con ello, sus líderes, primero Rivera y después Arrimadas, han saltado a la política nacional, dejando atrás Catalunya, y han creído que cumplían con su deber limitándose a desplegar un juego bronco, afeando a otros partidos si mostraban alguna intención de buscar una solución pactada al conflicto catalán. Podían haberlo hecho mejor, porque la firmeza no es incompatible con la cintura política y para convencer y adicionar simpatizantes hay que dar muestras reales de diálogo que permita que los ciudadanos puedan progresar en lugar de retroceder o abjurar de sus ideas como en tiempos de la inquisición.
Hace meses que solo se oyen discursos electoralistas, aplaudidos por los simpatizantes de turno y amplificados por las redes y las TV’s, en los que se publicitan ensoñaciones bienintencionadas prometiendo maná y tierra libre, sin ningún diagnóstico serio de la situación en que nos encontramos y sin tener en cuenta como se hará la financiación para hacer realidad las promesas. Parece que nadie se ha enterado de que los problemas sociales no se resuelven simplemente con un entusiasta ejercicio de voluntad política y menos en un entorno de turbulencias económicas y falta de financiación e inversión como la actual. O sí se han enterado; pero como su prioridad es el poder, basta con exaltar sentimientos con políticas ideologizadas para intentar reducir el campo de acción de los contrarios. Del empeoramiento que padecerán los ciudadanos ya culparán a los otros.
Con estos procederes, la incertidumbre se apodera de los ciudadanos, que inmersos en una densa niebla política, no podemos anticipar lo que puede ocurrir. Esta incertidumbre que frena las decisiones de inversión y emprendimiento, también frena las decisiones de consumo, y todo ello lleva a la economía a la recesión. 
En fin, nosotros sigamos manifestándonos con alegría, cada vez con menos, la verdad. Tal vez algún día alguien nos haga caso por agotamiento o nos tengamos que contentar con ganar el premio Guinness de manifestaciones multitudinarias.
Sin pretender frivolizar con un tema tan importante, lo que no debe faltar nunca es el sentido del humor y por ello recordaré aquello de que el que no se contenta es porque no quiere. Cada uno que celebre la “Diada nacional de Catalunya” como le plazca, aunque muchos no sepan ni lo que es Catalunya y otros no la reconozcan a como la recuerdan de hace algunas décadas.

domingo, 25 de agosto de 2019

Los Migrantes: deseos y realidad

Hace muchos años que los medios de comunicación se llenan noticias relacionados con los “migrantes”. Algunas noticias las repiten muchas veces al día, la misma noticia. Otras cosas que suceden, tanto o más importantes, no encuentran hueco en las columnas o las pantallas. 
Los artículos de opinión se multiplican. Casi todos condenan el proceder de los responsables políticos, loan las acciones de las ONG’s y los califican de ángeles. Nadie pregunta de una forma seria lo que piensan los ciudadanos y por muchas voces discordantes con el proceder de autoridades u ONG’s que se oigan a nivel particular, ninguno de estos cientos de opinadores propone la más mínima solución a medio y largo plazo. Como viene siendo habitual, se limitan descalificar a los que opinan en su contra, llamándolos nazis, racistas o cualquier otro calificativo similar, y dan patadas hacia adelante sin preguntarse si avanzan hacia la portería contraria, o acrecientan el peligro de meter gol en la propia.
He leído a un reputado periodista que opina que “La Unión Europea nació inspirándose en la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona, así como la libertad, la democracia, la igualdad y el estado de derecho“. ¡Ya está dicho!, pero… ¿es esa la verdad?. 
¡¿Toda la verdad?! ¿Evitar a corto o a medio plazo una “tercera guerra mundial” no tuvo nada que ver en el invento?
Simplificar es muy fácil y narrar la realidad tamizada con el color del cristal de las “gafas” del opinador es siempre demasiado tentador.
Sigue escribiendo ese reputado columnista: “La magnitud del fenómeno de tanta gente que huye de su casa porque no tiene más alternativa para sobrevivir, requiere una gestión regulada pero solidaria”. 
Estas pocas palabras dan mucho que pensar:
Cuando se habla en general siempre somos inexactos. ¿Todos huyen de sus casas?. Alguno emigrará para intentar una vida mejor, otro para ayudar económicamente a sus familias, otros serán delincuentes perseguidos o terroristas, otros serán mafiosos, otros serán menores a los que sus familias pagan el “pasaje” para ver si les devuelven la ayuda desde la tierra prometida y otros ni siquiera serán menores aunque digan que si lo son. ¿Alguien hace alguna prueba física, ósea, radiológica dental o morfológica a esos indocumentados?. Cada persona tendrá su propia motivación personal-familiar y no se puede generalizar.
Hemos llegado a un punto que hace casi imposible distinguir entre los que huyen de la guerra, de la persecución, de la miseria o de la ley. Algunos piensan que tanto si son refugiados o simples inmigrantes todos buscan refugio y los estados que se llaman democráticos deberían responder de acuerdo con los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de las personas. Parecen no entender que una cosa es querer y otra poder. Por ejemplo a quien no le gustaría tener una casa bonita en el centro, pero no puedo comprársela y tiene que conformarse con un piso normalito a las afueras. 
Aunque no nos lo enseñen por la TV, los migrantes llegan de todas partes: por mar (pateras y barcos de rescate), por aire (aeropuertos) y por tierra (pasando aduanas, aunque no sea legalmente). Aunque las TV ocupen durante días la parrilla de salida de los telediarios, los que están en el mar a punto de ahogarse no son los únicos migrantes. Está claro que salvar la vida de los náufragos en el mar es una obligación legal, el incumplimiento de la cual constituye un delito grave pero la realidad es que cada vez viene más gente a España y emigran menos, por lo que el saldo migratorio va creciendo de una manera bastante fuerte. Además los que emigran suelen tener buena calificación laboral y lo hacen con contrato de trabajo. En cambio la mayor parte de los que entran en España (a diferencia de los que acogió Alemania) lo hacen sin contrato de trabajo y con baja cualificación laboral para encontrarlo.

Para la gente normal la decencia es consustancial con su condición humana. Puede que para abarcar un lugar en la clase dirigente institucional sea necesario desprenderse de la decencia y tal vez por eso los políticos del primer mundo dan pruebas continuas de inhumanidad, crueldad, miserabilidad, impiedad, indecencia y falta de vergüenza en muchos temas y también en este de los migrantes ... ¿Nos gobierna mala gente o simplemente son unos irresponsables?
Cuando estados democráticos de Europa se niegan a ejercer el deber de socorro o ante la tragedia humanitaria y miran hacia otro lado, cuando los que intentan salvar vidas se llaman significativamente "organizaciones no gubernamentales" y deben enfrentarse a los gobiernos para ejercer el deber de socorro, podemos llegar a la conclusión de que ahora, para los gobernantes, los valores han convertido un estorbo.
Si a cualquier autoridad de la costa norte del Mediterráneo les llega la noticia de que un “crucero” cargado con tres mil personas, o un Ferry con algunos cientos, tuviera un accidente que pusiera en peligro la vida de los pasajeros, inmediatamente pondrían en marcha una operación de salvamento y el resto de países ofrecerían su ayuda. Lógico, puesto que el deber de socorro es inherente a la solidaridad humana, la solidaridad humana es un valor universal y por tanto no puede distinguir entre unas personas y otras.
Cuando los gobernantes y líderes políticos se oponen a las tareas de rescate de algún barco de alguna ONG, están diciendo que es mejor que los náufragos de las pateras se ahoguen y que su muerte disuada sus compatriotas de intentarlo después.
¿Porque esta diferencia de criterio en el caso de los cruceros y de las pateras?
¿Porqué la mayoría de personas del primer mundo cruzaría el Mediterráneo en un “crucero” y no lo harían en una “patera”?
Piensen en sus motivaciones. En general se supone que los pasajeros de crucero se embarcan libremente, buscan placer, experiencias nuevas, tienen seguridad y confianza en la calidad de la embarcación y sus servicios, han trabajado y ahorrado (o pedido un crédito que tienen que devolver) para pagar el flete, han contratado seguros médicos, cumplen la legalidad internacional, van perfectamente identificados y asumen cualquier responsabilidad legal y económica por los incidentes que puedan causar en el Pais donde desembarquen, tienen confianza de poder volver al punto de origen, etc.
Los migrantes que se aventuran en el mediterráneo en pateras o cayucos… No aventuraré sus motivaciones porque no quiero escribir una tanda de “buenismos” o suposiciones y no dispongo de los conocimientos reales necesarios para hacerlo con un mínimo de honradez.
No sirve decir que algunos políticos o algunas personas digan: “¡queremos acoger!”. Eso sólo es una voluntad. Todos podemos querer muchas cosas materiales o inmateriales, pero además de decirlo en voz alta tenemos que pensar si podemos hacerlo/tenerlo y en que condiciones, que necesitamos para hacerlo/tenerlo, que implicaciones tendrá para nosotros, para nuestra familia, para nuestros conciudadanos, etc.
En el caso de los migrantes los que gritan “queremos acoger” deberían pensar y resolver que harán con los migrantes una vez que llegan a alguno de nuestros “puertos seguros”, a alguna playa, a algún aeropuerto o saltan la valla de la frontera en grandes manadas, incluso agrediendo a los guardias fronterizos.
¿Se les internará en "campos de acogida” (hace llorar el nombre)? ¿Durante cuánto tiempo y en que condiciones? ¿Se les redistribuirá a diferentes zonas del territorio? ¿Con que criterio?
Parece que nadie tiene claro qué hacer con los que vienen "de fuera”. Traerlos y que se busquen la vida. Y, ¿cómo se buscan la vida?
¿Hay que acoger a todo el que quiera vivir en nuestro país? ¿Que límite de población podemos absorber con los medios que generan los que pagan impuestos? Si ese número no es infinito, ¿qué requisitos deben establecerse para garantizar la convivencia y el progreso de todos?
Los recién llegados provocan costes sociales y económicos extras en nuestra sociedad. ¿Cómo se atienden esos costes?. Me viene a la memoria la Ley de Dependencia que hace ya muchos años aprobó nuestro gobierno y todavía sigue incumpliendo porque en su día no se planificaron los medios necesarios y todavía no los han encontrado.
La mayoría de los migrantes son gente con unas culturas en conflicto con la nuestra. Esos migrantes no quieren, o no pueden, o no se les facilita suficientemente su inserción en nuestra sociedad. Muchos son migrantes por razones económicas y al no encontrar en España la facilidad de mejorar su vida, tal como se imaginaban, se la buscan como pueden. Tal vez lo que vieron por la televisión, internet o les explicaron los que les vendieron el billete a precio de oro era mentira. El resultado es que aumentan los hurtos, los disturbios, los problemas de convivencia, las ocupaciones ilegales de propiedades privadas, la ocupación de los espacios públicos con problemas de seguridad y salubridad etc. Todas estas cosas causan malestar entre los habitante que acogen, aunque nadie les haya preguntado si querían hacerlo o porque penaban que todo iría de otra forma menos problemática. Y todo eso a pesar de que los medios silencian o disimulan muchos de estos temas.
También hay costes económicos. La acogida cuesta dinero: transporte, avituallamiento, residencias, mantenimiento, sanidad, medicinas, subsidios, ayudas a las personas, a las familias y a los niños. Muchos residentes ven como algunos de estos migrados reciben tantas ayudas publicas que llegan vivir mejor que ellos. Sin ofrecer nada a cambio, ni voluntaria ni obligadamente, y encima hacen huelgas y protestas quejándose de las carencias en las ayudas que reciben, que dicho sea de paso son infinitamente superiores a las que recibían en su anterior lugar de residencia e iguales a las que recibe cualquier ciudadano español que durante toda su vida ha pagado sus impuestos. Esta realidad, exagerada por algunos grupos de ultraderecha, hace crecer las actitudes racistas y xenófobas entre la “ciudadanía silenciosa”.
El tema es muy complejo y no se resolverá posicionándose a favor o en contra de las ONG’s, de los migrados o exhibiendo posicionamientos parciales en favor de unos y criminalizando a los otros.
Se podrá intentar resolverlo respondiéndose, lo más racionalmente posible, a algunas preguntas como estas:
1. ¿Quién protege/ayuda a las "mafias" que proveen el "inicio" del transporte, dentro y fuera de África?
2. ¿Qué hacen o no los gobiernos africanos al respecto, y por qué? 
3. ¿De que fondos se alimentan las ONG’s (y su personal-medios) que acuden en ayuda de las deficientes barcazas cerca de las costas de embarque para trasladarlos hasta el puerto europeo que les autorice a desembarcar? 
3. ¿Qué sucede con los “trasladados” que llegan a España?: Después del desembarque, ¿a que territorios/ciudades se redistribuyen, con que criterios y medios para posibilitar su inserción?. ¿Cuales son los datos estadísticos y los presupuestos necesarios para atenderlos?
4. ¿Que pasa con los lugareños, esa mayoría de gente, de quienes nunca se habla, a los que se les impone una “solidaridad obligada” en virtud de la cual debe "acogerlos" por decreto, les guste o no, y cargar con cualquier conflictividad derivada. 
5. ¿Cuál es el límite o techo para todo esto?
6. ¿A quién beneficia toda esta “violencia demográfica”, que para algunos es un golpe de estado camuflado de otra cultura/incultura y una insensatez (disfrazada de buenismo) que lejos de resolver nada, sólo perjudica?
7. ¿Se puede hacer algo más para ayudar a los que sufren, aplicar la ley a los delincuentes y perjudicar lo menos posible a los autóctonos?
Seguro que las respuestas son complejas y como la inmensa mayoría no conocemos todas las premisas es muy improbable que seamos capaces, descartando populismos y generalidades, de señalar alguna respuesta sensata. 
Reconocer esto nos ayudará a no posicionarnos alegremente a favor de “unos u otros” en estos complicados temas y abogar, como en muchos otras cosas, para que los políticos trabajen más buscando soluciones permanentes, en lugar de dar bandazos para intentar ganar popularidad en las encuestas sin resolver (o agravar) los problemas de todos.
Sobra mucha “emocionalidad” y hace falta mucha “objetividad” y no dejarse llevar por prejuicios o ideas preconcebidas. Es preciso adoptar una actitud crítica y abierta a las propuestas innovadoras. Todos los paises implicados deben aportar sus ideas y sus medios para resolver la situación. Hace falta organización en todos los ámbitos y mucha “responsabilidad” para no querer que resuelvan los demás lo que nos corresponde resolver a nosotros. Hay muchos Organismos nacionales e internacionales con presupuestos. Lo que hace falta es que sean eficientes en su labor y todos los ciudadanos nos impliquemos responsablemente y asumamos cada uno nuestra responsabilidad personal. 
¡Ya está dicho!. Falta hacerlo.

viernes, 9 de agosto de 2019

Soñando una España-Estado de naciones libres

El horizonte político de los partidos radicales (tanto a la izquierda como a la derecha) viene definido por una enmienda a la totalidad del sistema. Uno de sus objetivos es la desestabi­lización del Estado mediante su progresiva erosión.
Los defensores de la “continuidad”, del “mejor lo malo conocido que lo posible bueno por conocer”, temen que si representantes de estos partidos entraran en algún “Gobierno” de coalición, cuando se presentara cualquier crisis, serían inevitables las confrontaciones ideológicas sobre la estructura del sis­tema.
Los amantes de permitir pequeños cambios para que todo siga como está y sin sobresaltos, en teoría reconocen que en democracia, es perfectamente lícito el cuestionamiento frontal del sistema siempre que se produzca dentro del marco normativo y que debe aceptarse incluso la crítica total y radical como buena prueba del normal funcionamiento de las instituciones. Sueñan con que antes de convocar nuevas elecciones se pueda formar un “Gobierno monocolor” con apoyos parlamentarios para llevar adelante el programa de gobierno. El problema es que algo así solo se podrá conseguir ­tras una negociación exhaustiva de un programa de gobierno innovador, ambicioso y de­­tallado, que satisfaga las expectativas de progreso, y los políticos que se llenan la boca de decir que se preocupan por el bien de los españoles, por el momento no han sido capaces de alcanzar un pacto de legislatura.
Por el otro lado, la derecha española es integrista. Su concepción de la “nación una y unívoca” está enrocada hasta el tuétano de ciertas élites miopes que aborrecen a cualquiera que ose discutir su doctrina, la cual anhela conseguir una única nación grande y libre de separatistas y rojos. Ya nada queda de esa rica visión confederal de las derechas autónomas y aborígenes que campaba a gusto en la dificultosa etapa postfranquista. Estas intentaban consolidar una España plural y diversa, crisol de identidades propias y particulares que optaban por caminar de la mano en aras de compartir un Estado sólido y moderno.
La política de bloques que se ha impuesto a lo largo de los últimos años hace que la derecha bascule hacia el integrismo uniformista con discursivas panfletarias y segadoras del autogobierno. La veleta pseudoliberal que todo lo fía al tracking electoral del momento y la derechona decimonónica revitalizada y con ganas de armarla.
La derecha de este país se ha caído del caballo y sólo ve la luz de la solución centralizadora. Ni lenguas cooficiales, ni respecto por las identidades, ni promoción de las diferentes culturas, ni concepción de un estado completo, global y circular dónde el diseño estratégico de las inversiones beneficie a la totalidad del territorio. Desde Madrid cometen el sacro error de confundir España con Castilla y lo/el español con lo/el castellano. Esta lectura tan pobre y maniquea hace que todo aquel que no comulgue con esta entelequia remozada sea tildado de peligroso secesionista, insolidario y antiespañol. No hay otra opción en la derecha, o españolismo (castellanismo) o caos. O tildar al estado autonómico, a la consolidación del autogobierno, a la concepción de un país plural y diverso, al respeto y conocimiento de las distintas identidades que conforman la personalidad española, como delito de alta traición y lesa patria. Esa patria que el derechismo castizo e inmisericorde ha convertido en conflicto y enfrentamiento, también como reacción pendular al independentismo y a la desafección de las periferias. ¿Quién fue primero, el huevo o la gallina?
Todos pertenecemos a una comunidad y el anhelo de pertenencia/trascendencia es algo muy profundo. En las sociedades antiguas uno era miembro de su familia, luego del clan y de la polis que le conferían su identidad y le asignaban una función que desempeñar. Luego venían la raza y la nación. El sentimiento nacional forma una parte importante de la identidad de muchos y por ello antiguamente la sanción más grave que podía serle impuesta a uno era el exilio y actualmente sentirse (o que le hagan sentir) huérfano de la que el considera su propia nación. Eso sucede cuando desde el gobierno central niegan que el Estado español (un ente político) esté formado por varias naciones (ente social).
Intentar que cambie de opinión un nacionalista obstinado poniendo en evidencia las incoherencias de su argumentación, sus inexactitudes de hecho, su interpretación de la historia es perder el tiempo. Nada importa que ambos sean personas de una inteligencia, cultura y ho­nestidad intelectual perfectamente respetables; las discusiones con un independentista o con un nacionalista del bando opuesto (amenudo se le confunde con un unionista) nos revelan que sus convicciones son invulnerables. Unos y otros parten de premisas distintas y tratan, no de aprender, sino de resistir en sus trincheras mentales. Reflexión y experiencia, prudencia y sabiduría modifican esas premisas, pero esos cambios suelen ser el resultado de una crisis o de una repentina intuición. Poco puede por sí solo un ataque frontal con la artillería de la lógica o la infantería de los hechos. En la práctica, lo que hay que hacer con todo nacionalismo es canalizarlo, recuperando su esencia, que es el deseo de pertenecer a una comunidad que da sentido a la existencia individual, y despojarlo de adherencias como el afán de poder. Aquí es cuando comprendemos que “con la Iglesia hemos tomado amigo Sancho”.
El motor del conflicto actual puede ser el miedo a ­vernos obligados a cambiar lo que, quizá sólo por inercia, tomamos por nuestra identidad; a revisar esas premisas que consideramos inmutables. El fruto inevitable de ese miedo es la agresividad, que agria nuestros debates por mucho que prediquemos el diálogo. La solución pide que nos atre­vamos a mirar de frente nuestros fantasmas para ver cómo se desvanecen, comprobar que nuestro anhelo es, en realidad, el mismo, y dejar que nos una en lugar de enfrentarnos.
Lo ideal sería formar una sociedad fruto de la libre asociación de individuos autónomos, dictada por motivos de conveniencia, pero parece que conseguirlo es utópico.
Aquellos que no participamos de las concepciones ideológicas extremistas, y optamos por la moderación y el consenso, esperamos con impaciencia que aflore algún actor político viable. Un partido vertebrador de la sociedad, defensor a ultranza del autogobierno, los derechos sociales y las libertades personales conseguidas. Mimbres existen, ganas deberían. Que buen favor a la democracia española haría la conformación de una nueva liga de demócratas y autonomistas, defensores de profundizar el actual Estado Autonómico o federalizar los diferentes territorios dentro del Estado español.
Un estado representando a varias naciones donde la subsidiariedad, la cooperación justa y leal y el elogio a todas las identidades fueran los cimientos de ese país ilusionante y viable, donde todos nos viéramos identificados y representados. Un Estado con varias naciones confederadas que se autogobernaran en libertad y colaboraran equitativamente para engrandecer al Estado… 
¡Soñar es gratis!

martes, 6 de agosto de 2019

La "otra cara"

Todas las cosas tienen su “otra cara”. La más fea o problemática; la que cuesta de asumir, la mochila que pesa… 

¡Todo sería mejor si no llevara adosada la “parte oculta”! es un pensamiento vano, que irreflexivamente se nos viene a la cabeza una y otra vez.
Para la mayoría, las vacaciones son sinónimo de “¡viajes!”. En esta época estival, los muros de las redes sociales se llenan de imágenes “embellecidas” (y a menudo falsas) que procuran transmitir a los amigos, conocidos y a la multitud de amantes del fisgoneo lo bien que se lo están pasando “fuera”. Allí donde estén, siempre muy lejos de su residencia habitual.
Hasta hace dos décadas me gustaba ver fotos en papel o vídeos de los lugares visitados por mis amigos/conocidos para intentar hacerme una idea de si me gustaría visitar personalmente ese "fantástico lugar" que me contaban habían visitado. Desde hace unos años ni eso. Las nuevas "app" permiten trucar muy fácilmente cualquier foto mediocre que cualquiera ha tomado o ha copiado en algún Stock de fotos en línea.
En las redes sociales, nunca encontraremos ninguna referencia a las interminables colas, a las incómodas y ruidosas salas de espera, a los paneles informativos con letras minúsculas que se refrescan continuamente pero que parece que nunca cambian. Ninguna referencia a los vía-crucis para conseguir una ventanilla informativa, al cargamento de maletas que te desloman, a las carreras en pasillos llenos de gente, a los bochornosos desnudamientos antes de los controles, a los vuelos retrasados, a las cancelaciones. Ninguna referencia al calor, al sudor, a las picaduras de mosquitos, …

Nadie hablará de las interminables colas en las “atracciones”, monumentos, restaurantes o lavabos. Todo el que ha viajado en grupo sabe que la mitad del tiempo se desperdicia buscando un lugar para beber y miccionar. Antes lo uno y después lo otro. Es orden depende de la edad.
Si no soportas los grupos y prefieres viajar solo, para no desperdiciar tiempo en las salas de espera de las estaciones o esperando al retrasado de turno, deberás planificar el viaje: itinerario de los lugares de visita y selfie obligada, compra de entradas por internet, búsqueda de restaurantes, cálculo de horarios para evitar aglomeraciones, etcétera. Una tarea incluso más ardua que organizar un día de trabajo, a no ser que te baste con sacarte una selfie en el lugar más emblemático de cada lugar para dar envidia a los que se han quedado en casa, después de haberla trucado convenientemente, ¡claro!.
Si vas a la montaña puedes hacer competiciones para ver quién ha subido más alto, ido más lejos o recorrido el camino más difícil en menos tiempo. Si prefieres la playa prepárate a convivir con masas de carne aceitosa exhibiendo los más horrorosos colgajos y las barrigas más voluminosas (hoy en día ya no está d moda el top less entre las jóvenes), tragando la arena que amablemente te ofrecen unos jóvenes que juegan al fútbol o los grupos de niños enloquecidos que juegan a tu alrededor. Si te quedas sobre la arena te arrullarán las voces de los “aguadores modernos” que te ofrecen refrescos de cloaca preparados al momento o de los masajistas portátiles, y si te aventuras al agua, reza para que no te rocen las medusas, te arrolle alguna moto de agua o te golpee algún patín.
Después de estar agotados de solventar los retos laborales, las vacaciones también suelen ser estresantes. Tenemos tantas posibilidades de diversión, tanta información, tantos estímulos, tantos ­incentivos, tanto por ver que todavía no hemos visto, tanto que sentir o degustar;… Disponemos de tantas ofertas vitales, que nos lanzamos a abrazarlas compulsivamente y más cuando sentimos que se nos acaba el tiempo de estar en este mundo y vemos la infinita lista de posibilidades que tenemos pendiente de completar.
No es la certeza o la vocación lo que nos empuja a actuar, sino una competitividad consumista inducida, fabricada socialmente, que aceptamos como si respondiera al deseo más íntimo. ¿Cuántas veces os han preguntado: “¿No sales fuera de vacaciones este año?”?
Está prohibido no tener nada en concreto que hacer, porque eso sería aburrirse; y aburrirse está socialmente muy mal visto; sobre todo por los niños que practican el “movimiento continuo”, aunque no sepan ni adónde van ni porqué lo hacen. Los mayores también lo hacemos cada vez más.
Recuerdo, antes del boom de Google y las redes sociales, un conocido que me decía (y lo practicaba): “Yo como verdaderamente disfruto es viendo fotos o vídeos de viajes completamente relajado en la terraza de mi piso, sin haber tenido que sufrir lo más mínimo para conseguirlas”. También me viene a la mente una amiga que me confesaba que lo que más deseaba era que la dejaran tranquila para hacer lo que quisiera, aunque simplemente fuera perder la mirada en el cielo viendo pasar las nubes.
Todo un elogio a la relajación como contrapeso a tanto estímulo y distracción que nos proporcionan los medios que nos estresan. Ah! Y que conste que relajarse no es lo mismo que “aburrirse”.

jueves, 25 de julio de 2019

Ante el desconcierto general… un buen “informateur” ayudaría

Vivimos en una época en que unos políticos que no saben ni quieren pactar. Al intentar ­alcanzar un gobierno sin repartir el poder, niegan la política y se limitan a recubrir con palabras ásperas una inconcreta voluntad de sumar con los mismos a los que se desprecian.
Se habla mucho de corrupción política y pensamos únicamente en lo que ocurre cuando los intereses privados y los cargos públicos fabrican una forma u otra de delito, pero corrupción política es también la quiebra premeditada y consciente de las expectativas generadas, a partir de justificaciones que prescinden de la inteligencia del público y aterrizan en esa zona gris donde la falacia y el capricho levantan muros verbales de tipo recursivo.
La política ininteligible se consume a sí misma como un juego exclusivo para iniciados a los que –con pesar y con irritación– asignamos la gestión de unas esperanzas modestas que se diluyen en astucias de medio pelo.
Comparecen en el hemiciclo, en los pasillos o allí donde ven un micrófono conscientes de que necesitan ser lo bastante ambiguos para dejar abiertas todas las puertas. Los discursos se centran en nuevos repertorios de posibles reformas susceptibles de ser impunemente incumplidas. Igual que el salario mínimo de 900 euros o la ley de Dependencia. La tentación de oficializar por decreto promesas imposibles es perenne y, algo fructificar nunca las llamadas a la responsabilidad y al sentido de Estado, cada vez más gente siente la tentación de no asistir a las próximas votaciones o si lo hace, dar un voto de castigo a estos inútiles que parece que van al Parlamento a hacer lo mismo que aquellos malos estudiantes que iban al colegio a calentar la silla mientras se aseguraban la paga de fin de mes.
Tal vez deberíamos aprender algo del sistema holandés: ningún partido ha conseguido nunca la mitad de los votos, pero siempre han logrado ponerse de acuerdo y gobernar en coalición. La figura del “informateur” ha ayudado.
Lluis Amiguet en La Vanguardia explica como lo consiguió el "Informateur holandés":
“Empecé por los principios: pregunté a los dirigentes por qué estaban en política, y respondieron uno tras otro que para servir a los ciudadanos; después redacté propuestas concretas extraídas de los programas de los tres partidos. Los políticos señalaban sus diferencias, y yo proponía modos de conciliarlas”. Pero no se habló de nombres y cargos hasta que se dio por redactado el programa de gobierno, y fueron elegidos según su idoneidad para ejecutarlo”. 
Que a España le iría bien una institución parecida lo dice Wijffels y lo repiten en Bruselas. 
Tal vez se podría pedir a algún “padre de la Constitución” que tomara la responsabilidad de actuar como “informateur”. Algo así como un “relator-notario-mediador”.
Ya se que estas figuras no están bien vistas por los soberbios, altivos y testosterónicos políticos españoles, pero…

miércoles, 24 de julio de 2019

Economía al servicio de la sociedad

Siempre que leo algún escrito de alguno de estos expertos que pontifican sobre lo que “debe hacerse para vivir en una sociedad más justa e igualitaria” me siguen quedando las mismas dudas por resolver. Me pregunto si es que estos expertos no se plantean estas preguntas o si no tienen respuestas para ellas; y por eso ni las mencionan.
¿Cuáles deberían ser las prioridades de los nuevos gobiernos para que nuestra sociedad no se limite a repartir la pobreza (igualdad) sino que progrese de verdad?
¿Que hacer para acabar con el resentimiento y la ira entre ciudadanos o al menos mitigarlo?
¿Que hacer para desarrollar una economía amable con el clima a nivel global? (Soluciones locales o parciales que penalicen a unos manteniendo el beneficio de otros, que no respetan las normas, solo sirven para causar injusticia y conflictos).
Cita a Margaret Thatcher (“No existe la sociedad, sólo existen los individuos”) como inicio del experimento ­neoliberal que parece considerar causante de muchos males que acechan a nuestra sociedad. Es su opinión, pero… ¿Que propone para conseguir la “igualdad” si todos los integrantes de la sociedad somos diferentes y queremos preservar la individualidad y la libertad personal? Es sabido que no todos somos igual de inteligentes ni todos tenemos la misma capacidad/voluntad para aprender, trabajar, generar riqueza, invertirla o ahorrar… Aunque partamos con las mismas oportunidades, pronto seremos diferentes unos de otros.
Este catedráticos considera que la autoridad es malísima, pero no dice que piensa del “despilfarro de recursos” incluida la corrupción de las clases dirigentes.
Denuncia que estamos ante una emergencia social porque:
- Las clases medias se han jibarizado. ¿Que propuesta hace para que se revierta la situación?, ¿Subir impuestos a esas mismas clases medias jibarizadas.; las únicas que pagarán esos nuevos impuestos?.
- La pobreza juvenil im­pide a los jóvenes emanciparse. ¿Cómo creará puestos de trabajo o hará que sientan el anhelo de emprender, en lugar de soñar con ganar dinero en concursos televisivos o medrando en partidos políticos? 
- La obesidad infantil, una de las patologías sociales de la pobreza, aumenta. Esto quiere decir comer inadecuadamente y hacer poco ejercicio. ¿Que planes propone para enseñar a las familias a alimentar correctamente y con pocos recursos a esos niños obesos además de fomentar el ejercicio físico? 
Lo único que propone es “¡más recursos para el estado!”. Ni una propuesta sobre como los “gestores” deberían utilizar los recursos existentes para que los individuos progresen, ni de como aumentar la productividad para que mejore el bienestar de todos los ciudadanos. Ninguna propuesta sobre como aumentar la “confianza” de los individuos para que actúen cívicamente, cumplan con sus obligaciones (deberes) solidariamente y se evite la desafección y los resentimientos.
Para enumerar lo que está mal y lo que debe mejorarse no necesitamos “expertos”; ya vamos servidos con las abundantes terrazas de los bares y las tertulias televisivas. Lo que necesitamos son formación, reflexión, propuestas factibles que permitan volver a confiar en los dirigentes y conseguir el compromiso de todos en su quehacer diario.

jueves, 18 de julio de 2019

Festina lente

Siempre ha sido bueno ser resolutivo. Siempre ha sido bueno ser mentalmente ágil, tener buenos reflejos y fluidez de movimientos. El problema es que en los últimos años demasiadas personas confunden ser eficiente con ser hiperactivo y llevar un ritmo frenético.
Como ahora ya no se transmite el conocimiento con dichos, refranes ni frases hechas, los jóvenes carecen de este conocimiento que tan útil ha sido a los humanos durante los últimos siglos. Los que peinan canas recordarán aquello que seguro les recomendaron, cuando eran jóvenes y aprendices, más de una vez: “Vísteme despacio que tengo prisa”. 
Los latinos decían “Festina lente”: "Apresúrate despacio"; un oxímoron que viene a significar lo mismo. 
Cuando se elogiaba el trabajo lento y bien hecho con mucha paciencia, esta frase tenía todo su significado. Ahora, todo el mundo tiene prisa, aunque no tengan demasiado claro a dónde quieren llegar ni cual es el fin que persiguen con tanta impaciencia.
Montaigne advertía que “quien quiere estar en todas partes no está en ninguna”. Tal vez la multitarea, el picar titulares o bocaditos de comida cuando las tripas rugen, todo ello sin profundizar en contenidos, nos ayuda a evadirnos de la realidad; a intentar estar en otro sitio diferente al que me hace sentir incómodo. No importa cual, con tal de que no sea donde estoy ahora, porque no me gusta lo que hago, donde trabajo, donde ni como vivo… 
Al acercarse el verano muchos preguntan: ¿Cuando te vas? Como si “irse” fuera imperioso en estos días. ¿Dónde va la gente?. ¡Dónde va Vicente! 
Lo importante es “cambiar de lugar”. No importa a donde ir, ni porqué ir a ese lugar y no a otro, en este momento u en otro, … Muchos están impacientes por “irse” sin pensar que allá donde vayan siempre continuarán estando “ellos y sus problemas no resueltos”.
Demasiada gente llevan tanto tiempo corriendo estresados que no tienen tiempo para pensar que quieren y como conseguirlo; y menos para ponerse a hacer lo que deben, si algún día quieren llegar a conseguir lo que una vez creyeron que querían. Ni siquiera aciertan a buscar un mentor ni ha investigar como otros han conseguido lo que ellos piensan que quieren tener o llegar a ser. Claro que ningún viento es favorable ni no se sabe a donde se quiere ir. Solo aciertan a mantenerse activos y así tener una disculpa para no enfrentarse a su realidad.
La vana impaciencia reina en estos tiempos: “¡Tengo prisa!”. 
¿Para hacer que? ¿Para conseguir que? ¿Para llegar a dónde? 
¡Vísteme despacio que tengo prisa!

martes, 16 de julio de 2019

La filosofía enseña a desarrollar el pensamiento crítico

Ortega dijo: Lo que hoy se dice en las cátedras, mañana se dice en las plazuelas, pero mal. El problema es que hoy en día los medios digitales nos cuentan si un participante de Supervivientes a espantado una mariposa en Cayos Cochinos (Honduras) y poco o nada  nos dicen de lo que pasa en las cátedras; ni cercanas ni lejanas.
La educación que se proporciona a los jóvenes está dejando de servir como una herramienta creativa de ciudadanos críticos y cívicos; y… si no tenemos instrumentos para defendernos es muy difícil que podamos pensar y cambiar las cosas.
En los medios de comunicación y en las redes sociales se fomenta un descrédito de la verdad y se glorifica la opinión. No hay historia; sólo hay relatos y realidades alternativas. Y esto le viene estupendamente a algunos políticos.
Estamos rodeados de políticos, influencers y comunicadores que piensan y pregonan: “Si los hechos no están de acuerdo con lo que yo digo, que cambien los hechos”. 
El personaje que más se sirve de las redes sociales para ejemplarizar lo dicho es Donald Trump. Un personaje que usa hábilmente Twitter como una herramienta para formar opinión. El primer Presidente de un gran país que manda, a sus simpatizantes, muchos mensajes cortos que excitan sus sentimientos. En esos mensajes cortos no tienen cabida los argumentos y por tanto las personas reciben mensajes sin razonamientos coherentes que demuestren las afirmaciones que propaga desde su tribuna no ayudan a razonar, sino a reaccionar emotiva e impulsivamente.
El filosofo Popper decía: Conviene que combatan nuestros argumentos para que no tengan que combatir las personas.
Con esta técnica, que emplea magistralmente Trump y muchas otras personas, dirigidas a las cada vez más personas que no tienen tiempo para leer y menos para razonar, ganan las posturas poco matizadas. 
Puede que Trump no sea muy inteligente. No conozco su historial académico ni los tests de inteligencia o psicológicos que pueda haber pasado, pero si pienso que es muy listo. Ha demostrado ser sagaz y muy hábil para sacar beneficio o ventaja de su situación política. Una de ls primeras cosas que hizo Trump al lugar al poder fue empezar una campaña feroz en contra del periodismo serio. No ha parado de intentar devaluar las fuentes rigurosas y críticas de la información e incluso ha negado lo que afirman prestigiosos científicos. Todo ello le permite dirigir a la gente mensajes sesgados hacia su interés. Es lógico que cuando un ciudadano con relativa poca instrucción y sin tiempo ni ganas para analizar críticamente recibe un mensaje del Presidente de USA en su móvil, tienda a actuar impulsivamente sin hacer el esfuerzo de informarse e investigar antes de reaccionar. Actúa con lo que le dice su Presidente casi como los creyentes de la Edad Media seguían a quien repartía la “palabra de Dios”.
Cada vez hay más gente que tiene convicciones muy firmes y resulta, que las suyas se oponen a las convicciones de otros, que también las tienen muy firmes. Así es imposible dialogar y por tanto no se llega a ningún acuerdo que permita que la sociedad, y todos nosotros, “progresemos” de verdad. 
Hace tiempo en que reina el imperio de la “posverdad”. Ello permite que haya mucha gente que cuando, después de algún tiempo, han comprobado que les engañaron con datos falsos, o al menos no totalmente ciertos, parece que les da igual. Pongamos por ejemplo el caso del Referéndum del Brexit. Aún habiendo comprobado que les mintieron durante la campaña antes del referéndum con datos falsos y escenarios ilusionares que se han demostrado irrealizables, siguen defendiendo obsesivamente el resultado del Referéndum, que tal vez hubiera sido distinto si se hubieran dicho menos mentiras antes de votar.   
Antes de tomar decisiones, necesitamos comprender las cosas que vemos, leemos y oímos y asegurarnos de que no son falacias o falsas ilusiones. También sería bueno que aprendiéramos a no descalificar a alguien sin primero “escuchar con intención de comprender lo que dice”, porque lo hace y que consecuencias me reportarán si le hago caso. 
Todos esos hábiles manipuladores de la era de la posverdad no se cansan de repetirnos:  Todas las opiniones son respetables”. Y esa es otra gran mentira. Lo que son respetables son “todas las personas que opinan”, pero “las opiniones que transmiten a los demás”, independientemente del cargo que ostentan o estamento social al que pertenezcan, pueden ser entupidas, disparatadas, ofensivas, tontas, etc. Por tanto, “NO todas las opiniones son respetables”. Hay que reivindicar la verdad y restar crédito a las opiniones que unos pocos nos vierten machaconamente a través de los medios de comunicación de masas.
Es un hecho que muchas personas no tienen deseos reales de informarse o les da pereza hacerlo. Por que informarse, estudiar los argumentos (si es que recibimos alguno) y razonar cuesta tiempo y esfuerzo. Por ello la mayoría de personas solo se leen o escuchan a los que les dan la razón; a los que les reafirman en sus opiniones, muchas veces viscerales y faltas de argumentos y de razón. 
No es verdad que “El que no está de acuerdo con nosotros es tonto o loco”. Los políticos y mucha gente dan por sentado que los receptores de sus mensajes somos imbéciles. Si queremos dejar de parecer a sus ojos, tontos o faltos de inteligencia, cuando nos suelten su discurso o nos den su opinión escueta sobre algún tema, debemos aprender a preguntarles: y tú, ¿Cómo lo sabes? Si no quiere o no puede darnos una respuesta razonada y rigurosa y, se limita a repetir una y otra fez su manido argumentario, debemos negarnos a comulgar con ruedas de molino y debemos decirle directamente: “No te voy a volver a votar porque… Nuestros argumentos para no hacerlo pueden ser: sus incumplimientos, sus falacias, su mala praxis, su inoperancia, etc.
Recordemos que podemos votar en las elecciones y también de otras formas:
1- Voto en elecciones.
Nuestro voto de las elecciones generales, autonómicas y locales es para delegar nuestra autoridad en los políticos, para que ellos tomen en nuestro nombre decisiones que afectan al país, comunidad y municipio. Por mucho que a algunos les gustaría, recordemos que en nuestro país, el voto a los políticos no es mandatario. La democracia no es directa y por tanto los políticos electos no tienen ninguna obligación de hacer lo que nosotros los votantes les digamos que hagan. Los votantes sólo los elegimos para que ellos con sus “supuestos” conocimientos, los consejos de sus muchos asesores y de la supuesta “información” de la que disponen, tomen decisiones en nuestro nombre para que la sociedad progrese o al menos empeore lo mínimo.
Un caso en el que se olvidó que el voto era delegado, y no directo, fue cuando en Grecia se consultó al pueblo y votó no aceptar el rescate europeo, dejar de pagar la deuda y salir del Euro. Los políticos electos, Tsipras a la cabeza, hicieron otra cosa… No quisieron seguir el mandato que recibieron de la mayoría que votó en referéndum, no pudieron hacer otra cosa, fueron unos ilusos al pensar que podrían, engañaron al pueblo… No tengo información para saber la causa, sólo se lo que pasó, que el pueblo no lo entendió y que votó a otra formación política en la siguiente oportunidad que se le presentó. 
2- Voto del prestigio.
Hace años que damos voz, amplificada y difundida con los correspondientes altavoces mediáticos que pagamos públicamente, a gente que no merecen tener el ascendente que se les otorga. Ni por el valor de sus ideas ni por los resultados que consiguen con su gestión. Han demostrado que son incapaces de dialogar, de negociar y sólo se dedican a insultar y descalificar a sus adversarios. No paran de soltar simplezas por su boca y sus acciones van encaminadas a mantener su modus vivendi presente y futuro: puertas giratorias, créditos personales/hipotecas a 30 años cuya concesión es difícil de justificar, etc. 
3- Voto económico: 
De la misma forma que particularmente no compramos todo lo que nos recomienda la publicidad, deberíamos pedir responsabilidades a los políticos por las compras públicas que se hacen y por las gestiones económicas improductivas y despilfarradoras que sólo benefician a los amiguetes o a quienes subvencionan el poder político. Ojalá tuviéramos en España un IBEX 100 de grandes empresas en lugar de un IBEX 35 de medianas y pequeñas empresas acostumbradas a practicar el “capitalismo castizo de amiguetes”. El problema no son las grandes empresas. El problema es el grado (adecuado o no) de “regulación política” que impide la competitividad y la falta de transparencia que dificulta saber a ciencia cierta ¿porqué son "grandes" esas empresas? ¿Lo son por su buen hacer y su know-how, o por influencias y corruptelas políticas? ¿En que condiciones de competencia, impuestos razonables y competitivos con el resto de países de la UE, etc. operan? 
Hace poco oí al filósofo, ensayista y pedagogo José Antonio Marina decir en un programa de radio: “Cada vez más personas sufren el SIC (Síndrome de inmunodeficiencia social)”. 
Se refería a esas personas que no responden a las agresiones sociales, a las mentiras y los incumplimientos. Esas personas, cada vez más numerosas, al no ejercitar el pensamiento crítico, paulatinamente se vuelven más vulnerables. En esta situación, mas pronto que tarde, alguien listo, avispado y algo psicópata se aprovechará fácilmente de ellas. 
Recordemos que la historia de la humanidad está plagada de potentísimas emociones humanas y que las ideologías ciegas pueden separar a las personas y a las comunidades hasta extremos insospechados. Si no aprendemos a enfrentarnos a los conflictos dialogando educadamente hasta encontrar una solución aceptable o la menos mala, solo nos quedará resolverlos al estilo del lejano oeste: con pistolas, a cuchilladas, con escarches, pintadas o bombas. Retornar a ese pasado no sería bueno para nadie, y menos para los que tienen menos munición o apoyos de quien la tiene.

Ojalá aprendamos que debemos gritar, despreciar e insultar menos y, en cambio, escuchar más para saber y meditar para entender.

viernes, 21 de junio de 2019

Quo vadis Barcelona

Los jóvenes tal vez buscarán el título de este escrito en Google y después se sentirán desilusionados al no encontrar ninguna relación con lo que trato más adelante. 
Quo Vadis es un restaurante que cumple más de medio siglo en el panorama gastronómico bercelonés. Representa el clasicismo en su máximo esplendor, tanto en términos de cocina como de estilo. Sirve platos tradicionales catalanes con un toque francés en un entorno lujoso muy ligado al Gran Teatre del Liceu. No, no sueño con nostalgia en sofisticadas y caras comilonas sino que he sacado a pasear un latinajo, de los que nos enseñaban en el bachillerato elemental, para preguntarme ¿A dónde vas Barcelona?

Después de tantos años de ruido, de medias verdades y mentiras, de no política, siempre con las palabras pueblo y libertad inundando la boca de todos, esperábamos que las diferentes partes en conflicto se entendieran (ilusa esperanza: a las partes parece que no les interesamos). Los que no creemos en la Tierra Prometida, porque en una Tierra Prometida gobernada por ultraortodoxos estaríamos en el exilio, contemplamos, atónitos, una pantomima que vemos destinada a un final más trágico que cómico. Los que no dudamos de los funestos pronósticos de analistas y pensadores, con conocimientos fundados y demostrados aunque a menudo vilipendiados por sonar a pesimistas y agoreros, nos disgusta ver el rumbo que toman las cosas. Y más porque unos lo advirtieron numerosas veces y otros lo negaron otras tantas.

Barcelona, un día fue una gran ciudad Europea y lo fué gracias a los empresarios, industriales, hoteleros, y a todos los trabajadores y emprendedores que trabajaron mucho, bien y con pocas ayudas públicas haciendo crecer su economía particular, la de su ciudad y la de su país; sin priorizar ningún frentismo político. Barcelona atrajo mayoritariamente gentes de todas partes de Catalunya y del resto de España. Aquí encontraron la posibilidad de desarrollar sus proyectos personales, mejorar la calidad de vida de sus familias, al tiempo que colaboraban a aumentar el prestigio de la ciudad y convertirla en referente a nivel español y más allá, después de conseguir celebrar los Juegos Olímpicos de 1992 con éxito.

Hoy en día, la imagen y el prestigio de Barcelona ha cambiado a peor. Tenemos una crisis económica brutal, la corrupción no está controlada (poco se hace por controlarla) y los políticos, sólo preocupados por su silla y por como poder retener su modus vivendi, se están cargando la economía de la ciudad de Barcelona: el comercio-tiendas están en crisis, la venta de viviendas se ha estancado….. Todo está paralizado, hasta las obras públicas, que hacen un calvario circular por Barcelona. Obtener un permiso o licencia para cualquier actividad es un largo, costoso y cada vez más complicado proceso…

Eso si, las calles están llenas de vendedores ambulantes y de gente pidiendo limosna o recogiendo trastos de los containers. Parece que no exista orden y que cada uno se crea su propia ley sin tener en cuenta a los demás. Cada vez hay mas inseguridad y menos civismo en el uso de los espacios y mobiliarios públicos. Los servicios médicos tardan cada vez más en atender a sus usuarios y en este escenario, lo único que se les ocurre a algunos políticos es proclamar que “volem acollir”… ¿A quién y de que manera quieren acoger ni no son capaces ni de cuidar de los suyos y la ciudad-servicios públicos cada vez se degrada más?. A tenor de lo que declaran como patrimonio personal al entrar en los parlamentos, parece que no saben cuidar ni de ellos mismos. ¿Cómo una persona que no entiende o al menos no tiene interioridades para aplicarlos en su día a día, los valores del trabajo, la emprendeduría, la inversión y el ahorro, el consumo responsable, etc. puede pretender gestionar la cosa pública, si a tenor de lo que declaran demuestran que no saben gestionar ni su propia casa?.

Saben colgar muchas pancartas y repartir el dinero que previamente han extraído de otros trabajadores y ahorradores, pero no demuestran ninguna capacitación para diseñar un presupuesto público y ejecutarlo eficientemente. Por ello cada vez mas ciudadanos se van hartando de los políticos….de aquí, de allá y de más allá.

Salvo honrosas excepciones, que confirman la regla general, los políticos sólo se dedican a fidelizar con subvenciones a su corte de votantes pesebristas. Los empresarios, los industriales, los emprendedores honrados (no los que viven exclusivamente del establishment) son los que pueden crear valor y trabajo a medio y largo plazo, y harían bien los medios de comunicación en investigar sus proyectos y ponerlos en conocimiento de la ciudadanía para que dejáramos de estar aducidos y asqueados por el mismo rollo político de todos los días, que sólo conduce a enfrentamientos viscerales de unos ciudadanos contra otros y a nada positivo.

Destrozar las vidas de unos líderes (y sus familias) seguidos-votados por millones de personas es algo que no tiene marcha atrás, como tampoco pueden dar marcha atrás los que, ocupados en perseguir ciegamente la Tierra Prometida, se despreocuparon de las responsabilidades de gobierno que debía gestionar bien lo público para que progresaran, cada uno según sus posibilidades, más de siete millones de catalanes.

A nosotros, los que estamos en medio (pero abajo, o al menos fuera del núcleo político), ¿qué papel nos queda? Por un lado, el del iluso: triste papel, seguir esperando que algún día dialoguen de verdad y se entiendan. Por otro el de espec­tadores: Fácil papel de no ser porque tener que asistir primero a la pantomima procesista y después a la pantomima procesal, todos los días y a todas horas, es más de lo que puede soportar un espectador deseoso de mantener cierto interés en la calidad del espectáculo. Una tragicomedia penosa que no habría tenido que ver nunca la luz y así nos hubiéramos ahorrado perder tanto tiempo, dinero y esfuerzo en temas que deberían haberse resuelto dialogando y pactando en el ámbito político.

Barcelona se merece personas y alternativas de más categoría y mayor envergadura que trabajen para conseguir recuperar su prestigio y la calidad de vida de sus habitantes en el medio y largo plazo.

lunes, 17 de junio de 2019

Un panorama desolador

Sigue vigente la pretensión aznariana de convertir España en Francia, lo que implica la construcción de una gran capital central (Madrid) que, además de vaciar la España interior, consiguiera provincianizar cualquier capital que pretenda hacerle sombra (incluida Barcelona).
Desde el punto de vista económico, la forma en que las élites españolas han enfocado el problema territorial no puede ser más irracional y grosera. Han conseguido perjudicar el tejido industrial catalán, pero no han logrado trasladado a la macro-urbe. Por mucho que se empeñen no tienen mar y por tanto tampoco un gran puerto, ni tampoco el clima ni la situación geográfica de Catalunya.
Durante décadas, las burlas, requisitorias y críticas fueron sólo en una dirección: el nacionalismo catalán era el diablo personificado. Ahora que el diablo comienza a supurar azufre es fácil señalarlo y lo hacen sin tregua magnificando cualquier trapo sucio (que no faltan). Pero, en el análisis de las responsabilidades, no es honesto silenciar que los poderes políticos, económicos y mediáticos españoles ha bloqueado y bloquean desde hace muchos años cualquier salida al conflicto catalán, hasta la más moderada.
La escalada independentista que nos ha conducido al callejón sin salida es, sin lugar a dudas, un error capital del nacionalismo catalán, incapaz de entender que en estos momentos la “pluralidad interna catalana” es el verdadero límite del sueño con que ilusionaron a la mayoría de catalanes. No contaron con la reacción pendular que animó con éxito el nacionalismo español que permanecía aletargado en muchos de los “catalanes que viven y trabajan en Catalunya”. Las emociones y falsedades fabricadas durante el procés merecían un castigo político, pero la prisión y el juicio por rebelión siguen bloqueando la política y frenando la autocrítica. Una sentencia dura del “Juicio” lo dejará todo hecho trizas y los nacionalistas españoles no admitirán otra cosa.
La “derrota colectiva” es un hecho. Sólo una sentencia inteligente podría salvarnos a todos. Pero la disputa es entre dos fanatismos. Dos sueños: España a la francesa, Catalunya a la danesa. Con gran entusiasmo, unos y otros nos han empujado al precipicio. Insensatos, creen que su sueño fructificará después de un gran desastre, inconscientes de que después del desastre no queda nada.
Mientras, estamos atrapados en el lío y no se muestra ninguna inteligencia emocional ni artificial: el talento, la innovación, el emprendimiento, el liderazgo, la competitividad y la autodependencia brillan por su ausencia. Tampoco se encuentra ninguna muestra de creatividad, cuidado, solidaridad, compasión, empatía, resiliencia. Nada de motivación, asertividad, autoestima ni colaboración para no perder lo poco (o mucho según se mire) que teníamos y volver a progresar; para ser más y poder seguir ayudando más a que el resto de España también progrese. 
Tenemos ante nosotros un panorama desolador para los ciudadanos que tuvimos la suerte de nacer en Catalunya; este gran país, que lo fué, pero que cada vez lo es menos. Y menos lo será si tenemos en cuenta el cambio que experimenta la población catalana: envejecimiento de la población autóctona sustituida por otras que tienen otras culturas y lenguas, que trabajan en sectores de baja cualificación tecnológica y menores salarios, relacionados con el turismo, la hostelería, el pequeño comercio, los servicios domiciliarios, etc. Un escenario que evoluciona rápidamente hacia un territorio, Barcelona a la cabeza, habitado por una gran mayoría de personas con ingresos bajos, en buena medida procedente de la inmigración (sin pretensiones de arraigo), y una población autóctona sénior de renta decreciente que aumenta velozmente. Y este escenario no cambiará por el carácter tecnológicamente emergente de la ciudad, porque a pesar de ser un factor cualitativamente importante, su peso en el empleo (y en las urnas) significa como mucho un tercio de los puestos de trabajo.
¿Estamos preparados para las consecuencias de esta transformación?. A los que mandan les encanta centrarse en los brillos pero ¿no creen que ya va siendo hora de que nos ocupemos de resolver los problemas que se ocultan en las sombras?.