viernes, 7 de febrero de 2020

¿Para qué deberían servir los impuestos?

Tengo edad de preocuparme por quién me ayudará a sostenerme en mi vejez con los impuestos que recauden los gobiernos futuros de mi pais. No quiero engañarme a mi mismo y reconozco he pagado siempre los impuestos que me corresponden y sigo pagándolos por miedo a que Hacienda me pille. Lo de la solidaridad lo dejo para los buenistas porque conozco a demasiadas personas que son muy solidarias de boquilla y defraudan todo lo que pueden en las cosas mas nimias.
Dicen que un país es lo que hacen de él sus impuestos, pero… 
¿Para qué deberían servir los impuestos?
Los impuestos no son para que no haya ricos, sino para que no haya pobres.
Los impuestos no deberían ser para el Estado, un ente abstracto y perverso, que se apropia del esfuerzo de empresas y trabajadores. Los impuestos deberían emplearse en pagar pensiones, educación, sanidad, servicios sociales y demás servicios públicos. Esto que suena a obviedad fiscal no forma parte del pensamiento dominante. Explicaré mi punto de vista.
Por una parte los de izquierdas/progresistas/pobres opinan que se ha sacralizado la idea de que los impuestos van contra la actividad económica y dificultan la creación de empleo. Los de derechas/emprendedores/ricos demonizan los impuestos y si pudieran los eliminarían todos.
Actualmente muchas personas abominan de los ricos como a finales de la edad media se perseguía a los judíos. En nuestros días muchas personas aún siguen odiando a los ricos y cuentan pestes de ellos aunque regalen equipamiento médico a los hospitales públicos. También leemos entrevistas a super-ricos donde declaran que deberían pagar más impuestos de los que pagan, pero ninguno de ellos extiende un cheque adicional a Hacienda. ¿Se puede ser más cínico?. De forma igualmente cínica actúan muchas personas que piden más inmigrantes y más dinero público para ONG’s etc. mientras eluden personalmente todo lo que pueden en el pago de impuestos directos e indirectos. Si no entra en la caja difícilmente podrá salir y si se pide que paguen sólo los demás es totalmente injusto.
Pienso que nadie debería odiar a los ricos mientras paguen suficientes impuestos y el sistema fiscal sea lo suficientemente eficiente para que los ciudadanos tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas (no haya pobres).
Tengamos en cuenta que los impuestos son un instrumento poderoso para modificar la cultura, el carácter, la vida de la gente y hasta la muerte... 
Mirando hacia atrás sabemos que los impuestos nos han hecho como somos: la arquitectura en cada país es como es porque antaño se tributaba por la superficie que ocupaban sus cimientos (por ello las casas en el norte de Europa tienen más superficie en las plantas altas que en las bajas), o por cada chimenea o ventana, por ejemplo en RU. En los pueblos del sur de Marruecos se mantienen un altísimo porcentaje de casas durante décadas con las columnas y sus hierros al aire dando a entender que la casa no está terminada y así no pagar el impuesto correspondiente. En los coches se fiscalizan los caballos... Y hasta las barbas pagaban impuestos en la Rusia de Pedro el Grande. El zar admiraba la modernidad bien afeitada de París y abominaba de las piojosas barbas moscovitas. Así que creó un impuesto sobre cada barba y la obligación de que todo barbudo portara una medalla en la que por una cara se leía: “He pagado mi impuesto sobre la barba”. Y por la otra: “La barba es una carga innecesaria”.
Los filósofos, sociólogos, ideólogos y políticos deberían debatir si el objetivo del Estado debería ser diseñar unos impuestos para reducir la desigualdad o si la progresividad es verdaderamente progresista. Una vez llegado a un acuerdo, se deberían aplicar sistemas fiscales lo bastante eficientes como para proveer de recursos a nuestro Estado de Bienestar: sanidad, educación, infraestructuras, subsidios… que es lo que realmente nos interesa a los ciudadanos.
En principio los impuestos redistribuyen la riqueza que se genera en el país y los pagadores han intentado siempre sortearlos. En el siglo XVI, lo recaudado sólo era para la corte. El rey ordenó un impuesto por cada chimenea, porque las casas grandes tenían más; pero los propietarios empezaron a taparlas y a engañar al recaudador para no pagarlo. Así que entonces gravaron las ventanas… Por eso, los arquitectos empezaron a construir edificios con una sola ventana en la esquina que servía para dos habitaciones.
Para recaudar mas no basta con tener los votos y el poder para legislar y ordenar más impuestos hasta límites confiscatorios; es imprescindible dotar a la autoridad fiscal de los recursos para que pueda ser más eficiente recaudando. 
El dinero no sale de la nada ni aparece por generación espontánea. Si existe el fraude y el robo es sencillamente porque los gobiernos lo permiten o no lo persiguen adecuadamente. Cualquier actividad que produzca dinero deja rastro. La gasolina que se desgrava un taxista, o los km de su taxi, la electricidad de una peluquería, o los botes de laca que compra. Los materiales que compra un autónomo para hacer obras, las cervezas que compra un bar… Hay mil forma de medir la actividad comercial sin ser muy creativo. Si ponemos medios para reducir la corrupción/malgasto y conseguimos que al que se le pille robando, devuelva lo robado más intereses, que al que malgaste o use mal el dinero público deba pagar la multa correspondiente y se inhabilite para cargo público se conseguirá que todos aceptemos mas fácilmente el pago de impuestos.
Cuanto más se quiera subir los impuestos y más se quiera recaudar, más recursos se deberían destinar a recaudarlos eficientemente. Si el Gobierno sube mucho los impuestos, incentiva también la evasión a paraísos fiscales y a asesorarse para eludirlos y entonces, o eres un paraíso fiscal o eres lo bastante poderoso para evitar que los contribuyentes evadan a uno. El resultado es que los ricos siguen sin pagar lo que deberían y sólo pagan las clases medias que trabajan y ahorran y no tienen suficientes recursos para eludir el pago de impuestos como si hacen los super-ricos y las grandes corporaciones. ¿Recuerdan la “Lista Falciani”? Teniendo la lista de las personas que están evadiendo impuestos, ¿Que han hecho las autoridades con esos delincuentes? ¿Se han hecho eco los periódicos?
Parece que está todo montado para que la carga impositiva directa recaiga sobre la clase media. Además, los impuestos indirectos no dependen de cuánto dinero tengas porque pagas los mismos impuestos seas rico o pobre.
Se habla mucho de que hay que pagar impuestos, y muy poco de que los gobiernos deben dar cuenta en qué y cómo se han gastado los impuestos recaudados. Quién defrauda debería pagar sanción y quien malgasta los impuestos, por ejemplo en aeropuertos vacíos, en subvenciones clientelares, en inversiones públicas inadecuadas, también. La mala gestión de los políticos ha hecho que todos nosotros debamos afrontar agujeros extraordinarios de deuda (por ejemplo 18.000 millones anuales en pensiones), que no pueden seguir cubriéndose de manera irresponsable con más deuda a cuenta de la próxima generación.
Sucede también que por un lado los Gobiernos de cada Estado no quieren pactar una verdadera unión política y fiscal dentro de la UE, para mantener su independencia, y por otro no pueden ejercerla porqué son cada vez más impotentes ante las grandes multinacionales que aprovechan los territorios de menor fiscalidad para no pagar impuestos. El resultado es que la lucha contra el fraude fiscal se mantiene completamente insuficiente e infructuosa mientras se estrangula a las pequeñas empresas, a los autónomos, trabajadores y pequeños ahorradores.
Es un tema que siempre se mira de forma sesgada y nunca se analiza de forma completa: ¿Cuál es la forma más justa y eficiente de recaudar impuestos y también de retornarlos en servicios y bienes públicos a la sociedad?
¡Piensen y cuéntenos! 
El cuento completo por favor. No solo el de siempre que se resume en: ¡Que paguen “otros” sean quienes sean, para que yo viva mejor”.

jueves, 6 de febrero de 2020

La digitalización de procesos ya está aquí

Las empresas que antes se “digitalicen” podrán aprovechar sus ventajas para fidelizar a sus clientes que pasarán a ser “suscriptores de servicios”. Por ejemplo, cuando deseemos realizar un viaje, podremos recibir resueltos todos los pasos del desarrollo de nuestro viaje soñado. La idea es que una “app” en nuestro móvil nos vaya avisando en tiempo real, mientras estemos realizando nuestro viaje cuando debemos dirigirnos a la puerta de embarque para embarcar, la cinta en que deberemos recoger nuestro equipaje, la accesibilidad del hotel… Toda la información y los servicios que componen nuestro trayecto para que este se desarrolle con toda facilidad estarán disponibles de forma unificada y a nuestro alcance en tiempo real en nuestro smartphone.
En cuanto estén disponibles las “gafas de Realidad Virtual/Aumentada” cada uno de nosotros podremos viajar libremente por nuestro destino vacacional y recibir indicaciones a demanda de los trayectos que debamos recorrer para ver los sitios deseados y recibir las explicaciones a la carta de lo que estamos viendo de forma totalmente autónoma sin depender de un guía, un grupo o un horario, ni siquiera tener que desviar la mirada para consultar nuestro móvil en todo momento. 
Para esto faltan unos pocos años, muy poquitos; pero por el momento, la “digitalización de los procesos” hace muchísimo mas ágiles los procesos administrativos relacionados con el turismo (hoteles, viajes, experiencias, etc.): 
  • El check-in online reduce considerablemente e incluso puede eliminar la necesidad de pasar por la recepción para hacer nuestro registro en el hotel. Los hoteleros, al tener un registro único de la información de sus huéspedes, pueden prever qué clase de preferencias tendrá cada uno de nosotros durante nuestra estancia: Ya sea si preferimos piso alto/bajo, vistas al mar/jardín, que almohada o ropa de cama preferimos, qué periódico deseamos recibir cada mañana, desayuno, comida, y demás elementos que nos permiten mejorar nuestra experiencia en el hotel. El siguiente paso será el reconocimiento facial en la puerta del hotel que desencadenará toda una serie de procesos para personalizar nuestra estancia. Esto permitirá ofrecer servicios que hasta ahora sólo estaban disponibles en establecimientos super-lujosos para clientes super-exclusivos. 
  • Con «Choose your room» el cliente puede elegir la habitación sobre el plano, de una manera similar a como ocurre en la facturación de un vuelo. La “domótica” en la habitación permite a los clientes interactuar con diferentes elementos a través de una tableta o un dispositivo móvil: podemos variar la iluminación, la temperatura, la música ambiente, el acceso a internet, etc. Cada vez será más frecuente usar la tecnología holográfica en eventos y reuniones. Una tecnología que permite proyectar toda clase de contenidos en tres dimensiones e incluso permitiendo a cualquier persona estar presente en el mismo evento en varias ciudades o emplazamientos simultáneamente. 
  • Gracias al “Check-out exprés”, el cliente puede dejar el hotel a cualquier hora, no sin pagar, pero al menos sí sin necesidad de pasar por la recepción. 
Además, con la integración electrónica de procesos y al disponer de información fiable obtenida en tiempo real se puede gestionar mucho mejor el área de los recursos humanos, desde el reclutamiento a cualquier otro de los procesos que se producen a lo largo del ciclo de vida de los empleados. También optimiza todo el flujo de compras con los proveedores, desde la orden de pedido hasta la recepción de la mercancía y finalmente, la recepción y contabilización de la factura y el pago posterior. La transformación digital mejora también la gestión del «cash flow». Dado que en el mundo hotelero están acostumbrados a trabajar siempre con precios escalados mediante determinados rangos (el precio no es más que la intersección entre la oferta y la demanda existente en un momento dado), con la digitalización esto podrá optimizare en tiempo real e incluso disponer de un “precio abierto superajustado” temporalmente.
El futuro es ilusionante y la tegnología puede depararnos grandes oportunidades en los próximos años si tenemos salud y sentido común para emplearlos en nuestro beneficio.

martes, 21 de enero de 2020

Ni pasividad, ni agresividad. Mejor asertividad.

Las malas noticias son omnipresentes en las televisiones, los periódicos y las conversaciones. Esta semana, bajo el influjo de las previsiones meteorológicas que nos vaticinaba grandes ventoleras, fríos polares lluvias torrenciales y nevadas polares, la gente no se atrevía a salir de casa y los que lo hacían iban tapados como esquimales (visto esta semana en Barcelona, donde solemos disfrutar de temperaturas muy apacibles durante todo el año).
Sea por razones económicas, políticas o debido a catástrofes naturales, parece que nuestro mundo va cada vez peor. Sin embargo, eso no es cierto. El progreso que la humanidad ha experimentado en las últimas décadas ha sido asombroso y no tiene precedentes según las cifras oficiales de organizaciones internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial o la Organización Mundial de la Salud.
Nuestra percepción puede decirnos que todo va mal. Las televisiones se encargan de suministrarnos dosis diarias de fatalidades (será por aquello que dicen que las buenas noticias no son noticias). Repiten la mala noticia varias veces y la acompañan de otras similares para dar la sensación de que todo está podrido y va mal, pero los datos indican que el mundo mejora y que lo hace, en muchas ocasiones, para aquellos que se encuentran en un peor punto de partida: en casi todos los rincones del mundo la gente vive más años, con mayor prosperidad, más seguridad y mejor salud.
Preguntemos a nuestros abuelos como vivían en sus casas en su infancia. Comprenderemos rápidamente que no es desacertado decir que vivimos en la mejor época de la humanidad conocida hasta el momento.
Por supuesto, ni todos los problemas han sido resueltos ni todas las partes del mundo pueden compartir este optimismo, ni todas las familias han conseguido la misma prosperidad y bienestar. Pero en la mayoría de los casos sabemos, al menos, qué herramientas pueden ayudarnos; muchas veces, una tecnología tan simple como la que permite el acceso al agua potable y sistemas de fontanería domésticos puede marcar una enorme diferencia. La educación y la nutrición son también claves y constituyen indicadores que mejoran. Nada debería hacernos pensar, en consecuencia, que el mundo del futuro va a ser peor que el actual. 
En nuestro paso por la vida debemos enfrentarnos a diferentes tipos de engaños, tanto en lo personal como en lo profesional. Una trampa puede ser pública o privada, darse a conocer o quedar en secreto, afectar a sólo una persona o a muchas. Nietzsche dijo que “La mentira más común es aquella con la que una persona se engaña a sí misma. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano”
Hay ocasiones en que somos conscientes de que nos intentan engañar (léase el que te pide algo de dinero mientras le asoma un móvil de más de 600€ por el bolsillo trasero del pantalón). Lo comprendemos y lo aceptamos con benevolencia o resignación.
Con los políticos damos también por descontado que nos tocará sufrir buenas dosis de engaño, porque en eso consiste su profesión. Unos más que otros, lo hacen regularmente:
Prometen e incumplen, anuncian y postergan, ocultan sus intenciones y juran en falso. Pero, claro, todo tiene su límite, del mismo modo que a la quinta vez que el pedigüeño nos suelta la misma trola con la botella de vino a su vera, es probable que le neguemos la ayuda y le pidamos que se invente otra historia que ya estamos artos de pasar por tontos. El límite también depende de la magnitud del engaño, de la reiteración, de cuán innecesario sea y de que se ofrezcan o no explicaciones, aunque éstas no sean del todo convincentes.
En política todo puede cambiar, pero el cambio ha de verse y explicarse, a ser posible sin que sea demasiado obvio que te están engañando descaradamente.
El problema es que las hemerotecas andan perdidas a la hora de pedir explicaciones a los que alegre o descaradamente cambian tan radicalmente de parecer. 
Resumiendo:
Procuremos que no nos influyan demasiado las visiones negativistas de los medios que practican aquello de que “las buenas noticias no son noticias” y asegurémonos de mirar, escuchar y entender. Procuremos no detenernos cuando una de las puertas metafóricas de la vida se cierre de golpe y seguir avanzando. Como parece que dijo Gandhi: “Si pudiéramos cambiar nosotros mismos, las tendencias en el mundo también cambiarían. A medida que un hombre cambia su propia naturaleza, también cambia la actitud del mundo hacia él”. Menos quejarse, mantener las expectativas a niveles prudentes y más actuar personalmente para conseguir lo que pretendemos.

viernes, 10 de enero de 2020

¡Habemus Presidente! ¿Tendremos Gobierno?

¡Habemus Presidente! ¿Tendremos Gobierno?
¡No hay prisa!. Seguro que sí, muchos ministros, secretarios, subsecretarios, ayudantes y numerosos cargos de confianza. Grandes sueldos y dietas, algunos vitalicios.
Del programa, del presupuesto que lo avala, de como se conseguirán los medios económicos y humanos que trabajen de verdad, nada de nada. Nadie cuenta nada y no se si alguien pregunta algo al respecto. Sólo mucho espectáculo televisivo. Los comentaristas están haciendo su agosto, hablando sin parar de lo que saben y de lo que no y por supuesto llenando sus bolsillos.
En el congreso, los enemigos de fuera han empezado a plantear un frente sin tregua ni mesura desde la oposición que no muestra ni un ápice de respeto, ni un gramo de elegancia, ni un destello de inteligencia civilizada; banalizando los más graves insultos hasta la extenuación. Han empezado por convertir el debate de investidura en un espectáculo de zafiedad que será difícil olvidar (abandonos del hemiciclo incluidos, al estilo de los que protagonizaba Ciudadanos en el Parlament de Catalunya).
Pero no hay que olvidar los “enemigos internos”. El fuego amigo hace mucho daño, sobre todo cuando es intencionado.
En una coalición, los que votan o se abstienen pretenden marcar espacios propios y piden la recompensa por haber hecho posible el gobierno. El escorpión pronto muestra su naturaleza y, sin llegar a traicionar, ha quedado claro que los ministros de Unidas Podemos los nombra directamente su jefe y no el Presidente del Gobierno investido a la tercera.
En los gobiernos de coalición cohabitan distintas maneras de ver las cosas y de solucionar los problemas. Tanto por cuestiones ideológicas como prácticas, aunque de puertas afuera se hayan firmado amplios protocolos para que exista sólo una voz, un discurso y un máximo responsable. En lo único que están todos de acuerdo es en olvidar las promesas electorales. Ni siquiera la hemeroteca que pone de manifiesto sus contradicciones y falta de ética consigue sacarles los colores: Gritan más, vociferan ¡“tu peor”!, mienten, simplifican y, se envuelven en sus respectivas banderas mientras se reparten puestos, carteras y buscan afanosamente “recursos” para repartir a sus amigos pesebristas.
No quieren entender que el endurecimiento cambiante de los discursos políticos ahuyenta a los sectores templados, huérfanos en medio del frentismo entre “extremos”.
El centro es tolerancia, mano tendida, apuesta por el diálogo, busca de consenso, y cualquier líder que quiera ser de centro no debería dejarse arrastrar por la crítica descarnada y nega­tiva, sin dejar un hueco a la oferta de entendimiento. Un líder democrático y de centro no insulta, no utiliza conceptos agresivos como traición, terrorista o verdugo contra sus compañeros elegidos democraticamente. Quién así actúa no puede pedir que no lo incluyan dentro de las “extremas”, ambas igual de malas independientemente del sentido en el que escore.
Una cosa es ejercer un marcaje estricto y exigente sobre las políticas de gobierno, y otra abroncar al que piensa distinto con discursos apocalípticos. Parece que los que así actúan no quieren entender que lo único que consiguen es fortalecer y unir a los que quieren combatir. Actuando así, no se resuelve nada a gusto de nadie y la gente se desencanta y pierde la confianza y hasta el respeto hacia quienes dirigen los estamentos públicos del país.
Cada vez es más difícil ser tolerante y tener la templanza necesaria para votar en positivo, porqué el “menú” es muy deficiente y lo peor de todo es que los “ingredientes” cada vez son más volubles y no tienen ninguna gana de mejorar ni de procurar el bienestar de los ciudadanos en general. Les basta con mejorar el suyo propio y el de sus protegidos. 
La opinión de la gente solo les interesa si es un parámetro que se puede manejar en las encuestas electorales. El problema de la democracia es que los tres poderes del Estado actúen correctamente, porque de lo contrario se deslegitiman. Los gobernantes no deberían poder engañar a los gobernados ni manipular sus deseos creándoles falsas ilusiones. Cuando los gobiernos controlan los grandes medios de comunicación, el problema de la fidelidad y de la verdad pasa a ser un problema político fundamental porque esas son piezas fundamentales de cualquier sistema político. Si perdemos su referencia la política deja de existir y pasa a ser sustituida por otros medios.
Que lejos quedan los tiempos en que Felipe II, siendo todavía príncipe, juró ante el Altar Mayor de la Catedral de la Seo de Zaragoza los Fueros de Aragón y los aragoneses utilizaron la siguiente fórmula para manifestar su aceptación de la autoridad del príncipe: «Nos, que valemos tanto como vos, os hacemos nuestro Rey y Señor con tal de que guardéis nuestros fueros y libertades, y si no, no». Cualquiera puede darse cuenta de que en ese juramento de fidelidad se reconocía la dignidad y la plenitud de los derechos de los súbditos, que nunca podían ser anuladas por el poder político.
Para el común de los mortales la democracia no debería ser solo votar, debería ser la conquista del derecho de todos los ciudadanos y el correcto cumplimiento de sus deberes.

lunes, 6 de enero de 2020

Cuando perdemos la conciencia de las cosas, no sabemos qué estamos haciendo

“Las cosas tienen un valor y conseguirlas requiere un esfuerzo”.

Cuando los niños son más inocentes es difícil explicárselo, pero cuando ya son mayores ya saben quien es el “Tió”, el “Papa Noël” y los “Reyes Magos”, y si siguen recibiendo regalos, deberían ser conscientes de que el dinero no cae del cielo. Cuando los mismos padres dicen: «No les compres nada porque tienen de todo», sería bueno ser más moderados y coherentes, ya que a muchos niños se les acumulan tantos regalos que ni los miran una vez abierto el paquete. ¿Por qué tanto dispendio?
¿Hay una parte de mala conciencia de los padres?, de los que han vivido la escasez de pequeños y de los que no paran mucho por casa…
Los hijos/nietos deberían aprender a ser felices porque sus padres vivan experiencias con ellos compartiendo tiempo de calidad, en lugar de dedicarse a jugar con su móvil.
Si tienes unos padres que se gastan más de lo que tienen y para los que es muy normal pedir créditos o préstamos (a bancos o a familiares) y estar endeudados hasta las cejas, es muy fácil que los hijos repliquen este comportamiento. La cultura financiera de unos padres es muy inferior a la de otros, y un conocimiento que no se tiene (a veces incluso se desprecia) en una familia es difícil trasladarlo a los descendientes. 
Vivimos en un sistema económico determinado (capitalismo), que no es el único. Desde la izquierda más izquierdista se ha criticado la educación financiera en la escuela porque la consideran adoctrinamiento, pero el dinero no es malo en si mismo. Existe la creencia limitadora según la cual una persona que tiene mucho dinero es porque se ha aprovechado de los demás y es avariciosa. Hay personas así y no se debería alabar esta conducta, como tampoco debería hacerse con los “influencers-estrellas” poco éticos que se aprovechan de los estudios de mercado para “sacarles” el dinero a algunos de sus incautos e influenciables seguidores.
Hay buenas y malas personas, pobres y ricas. Si tienes una buena cultura financiera y una buena formación, el hecho de ser rico no necesariamente significa que explotarás la gente sino que puedes haber ganado dinero con tu inteligencia, trabajo legal, voluntad de ahorro y cultura financiera. Para fomentar estos buenos hábitos es por lo que las escuelas deberían introducir temas financieros. La principal limitación es que no se ha formado financieramente a los maestros y difícilmente uno puede enseñar lo que no sabe.
Todos los pequeños han nacido para ser millonarios en besos, abrazos y cuidados, pero no en billetes de 500€. 
Madonna dice en su famosa canción: "You know that we are living in a material world" (sabes que vivimos en un mundo material) y eso quiere decir que los pequeños entrarán en contacto, tarde o temprano, con el dinero y con la economía en general.
En buena medida, los padres son responsables que no crezcan con el signo del € en la mente, sino con el convencimiento de que, en la vida, lo que de verdad no tiene precio es su valía como persona. Deben explicar a los pequeños que no se puede comprar todo lo que se vende en todas las tiendas por donde se pasan ni todo lo que ven en el móvil, tablet o TV; y que las cosas tienen un valor, y que conseguirlas requiere trabajo y voluntad, y que no hacerlo conlleva frustración y eso se lo hará pasar muy mal. 
No se puede vivir como si los billetes cayeran del cielo porque del cielo solo cae la lluvia de vez en cuando y a veces mancha/contamina por las partículas que hay en suspensión atmosférica.
Las nuevas generaciones, se mueven en un entorno muy digital, que los lleva a un entorno de inmediatez: Todos vimos como gritan: ¡«Quiero las cosas y las quiero ya»! o ¿“Para que voy a esperar a Reyes si Amazón Prime me lo trae en un día y además gratis”?. Perdemos la conciencia de lo que estamos gastando y de lo que estamos comprando porque ya no tocamos las compras ni tocamos el dinero y así el ahorro desaparece completamente de nuestras vidas.
En medio de la euforia comercial navideña, deberíamos regalar a los mayores y a los jóvenes formación en consumo responsable, en cultura del esfuerzo, en educación financiera, en ahorro precoz ...
¡Para meditar y actuar!

martes, 10 de diciembre de 2019

No todos los casos son iguales: El caso Brexit

Después de la votación sobre el Brexit se impuso en UK una incertidumbre económica que tuvo un precio elevado: bajada del empleo, de la inversión de las principales empresas y también de su productividad. Desde entonces, a los directivos de las empresas les ha tocado dedicar parte de la jornada a prever qué ocurrirá el día después.
Pero la sensación de incertidumbre, con el tiempo, se ha ido apaciguando. El Brexit, que es la manifestación institucional más inequívoca de la crisis que sufre la gobernanza multilateral, ha tenido la capacidad de crear un mito identitario para un país que se había quedado sin "proyecto colectivo". Pero la posibilidad de que este mito no fuera sólo una utopía dependía y depende, ante todo, de algo que apenas tiene otro país: una capital global como Londres. 
Se mintió hace dos años a los votantes sobre las consecuencias del Brexit y parece que Boris Jhonson suele faltar a menudo a la verdad en sus declaraciones, pero sus contrincantes no han sido capaces de pactar para llevar a cabo un proyecto mejor que el que él propone. Así las cosas, el mentiroso/incapaz sale reforzado porque los otros no consiguen cristalizar nada positivo. Eso pasa en otros lugares más cercanos, con la diferencia de que el Reino Unido tiene un GranLondres con sus casi 9 millones de personas.
El 44.9% son blancos-británicos, el 2.2% de blancos irlandeses y el 12.2% de blancos de varias partes del mundo. Los asiáticos son el 20.9% (6.6% indios, el 2.7% de Pakistán, el 2.7% de Bangladesh, 1,5% chinos, 1,3% de los árabes...). El 13.3% tienen ancestros negros absolutos y solo el 2.3% de ellos son de ascendencia negra mixta. (El 7,0% africanos negros, el 4,2% del Caribe negro)
Londres es una ciudad multirracial donde el 52% son mujeres y el 48% hombres. La edad estándar es de unos 40 años y el 37% de la población de Londres se basa en inmigrantes. La densidad de población en Londres es de 5.590 personas por metro cuadrado.
En Londres, se hablan más de 300 idiomas, entre los cuales el 77.9 por ciento de la población habla inglés como primer idioma. Parte de la población no sabe hablar inglés o prefirieren hablar sus idiomas maternos (1.9% hablan polaco, 1.5% bengalí, 1.3% Gujarati, etc.)
La gente de Londres tiene religiones variadas. El cristianismo 58.23% la segunda religión más alta que se sigue en Londres son los ateos. La tercera los musulmanes, 12,39%. Las religiones restantes que se siguen son el hinduismo, el judaísmo, el sijismo, el budismo, etc.
Y este conglomerado de personas son las que contribuyen a hacer de Londres un gran centro económico y la quinta área más grande del mundo, de acuerdo con su PIB.
Londres es la primera ciudad en la que se celebraron tres veces los modernos Juegos Olímpicos de verano, tiene 6 aeropuertos (Heathrow, Gatwick, Stansted, Luton, London City y Southend), el primer sistema ferroviario del mundo, que la conecta con otras ciudades prominentes y los conductores de taxis memorizan todas y cada una de las calles y rutas de edificios destacados.
Cuando llegue el día en el que las ciudades gobiernen el mundo, Londres se consolidará todavía más como uno de los centros de poder de nuestra civilización.
Wall Street y la City of London son las plazas financieras más preeminentes del mundo por la riqueza que despliegan cada día a través de los centenares de infraestructuras culturales de primer nivel que captan y acogen. Basta con vivir unos días en Londres, visitando más allá de los circuitos turísticos y mezclándoselo con sus gentes, para darse cuenta de que no hay otra ciudad europea, ni París ni Berlín, con una “potencia” comparable. Y esta es la principal fortaleza del país a la hora de encarar el punto y aparte del Brexit.
Una fortaleza clave sobre la que no se suele hacer el suficiente hincapié y que no tienen otros “paises”.
Ultimamente, los medios de comunicación nos insisten en que a la hora de votar, las emociones se acaban imponiendo a la razón y que es bueno que así sea. Yo discrepo totalmente, porque las emociones son muy importantes y necesarias, pero no hay que despreciar la razón; y antes de emprender un proyecto, sería bueno preguntarse o que los líderes/expertos nos explicaran de forma que todos pudiéramos entender:
¿Tenemos las capacidades, experiencia y habilidades necesarias para llevar a cabo nuestro proyecto? 
¿Cuáles son nuestras debilidades, amenazas, fortalezas, oportunidades y ventajas competitivas?
¿Es el momento adecuado para llevarlo a cabo, la gente y los medios me apoyan y cuento con la técnica y la financiación necesaria?
¿Demuestran los números (no los sentimientos) que el proyecto es factible y rentable para los accionistas/ciudadanos?
¿Cómo evolucionará el proyecto a partir de la nueva época? ¿Tiene opciones de viabilidad teniendo en cuenta los detractores (internos y externos) con los que tendrá que competir/luchar?
¿Cuáles son mis alternativas en caso de que el pruyecto no dé los frutos esperados?
Si esto es fundamental para que un simple negocio tenga éxito, ¿Cuanto más necesario será tener una respuesta clara a estas preguntas cuando el proyecto es un “nuevo estado”?
Mediten, que falta hace.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

¿Cuándo empezaremos a hablar de lo importante?

Hace más de 30 años Ernest Lluch impulsó la Ley General de Sanidad. En sus desarrollos posteriores hizo posible que todas las personas pudieran ser atendidas médicamente independientemente de sus circunstancias personales.
¿Cuánto tiempo se podrá mantener este ritmo de atención universal en sanidad y educación si no se dedican más recursos y si no se atienden las quejas y denuncias de los sindicatos de médicos?
Hay encuestas que cifran en el 96 por ciento los médicos que sufren sobrecarga crónica. La sanidad pública es más que aceptable gracias al esfuerzo sacrificado, responsable, de muchos profesionales que suplen los recortes que se han practicado.
Parece que los compromisos después de la huelga del 2018 no se han cumplido o su aplicación es “lenta y desigual”. Una mitad aproximada del personal sanitario dice que ha disminuido la presión, pero los indicadores son preocupantes. El 52% de los centros no cubren bajas nunca. Se pierden profesionales que se jubilan o emigran. 
¿Cómo puede ser que falte dinero para sanidad (atención a la tercera edad y educación) si la presión fiscal no ha disminuido?

A bote pronto se me ocurren dos razones:

1.- En lo que parece que no se ha recortado NADA es en “cargos extractivos” que sólo perjudican el trabajo de los verdaderos profesionales y en el despilfarro en gastos superfluos que perjudican la atención que reciben los verdaderos enfermos. Algunos corruptos han sido juzgados (los juicios se alargan interminablemente en los juzgados) unos pocos condenados y… ¿CUANTO DINERO MALVERSADO SE HA RECUPERADO?. Si no se resuelve o al menos se controla el tema de la corrupción y de la malversación, no importa que se suban los impuestos y se continue desangrando a los elementos productivos de la sociedad. Nunca habrá suficiente.

2.- Despilfarro de los medios existentes. Una sociedad avanzada no debe permitir que ninguna persona muera o enferme por falta de atención médica o socorro social, pero debería cesar inmediatamente el despilfarro que se produce en “tratar síntomas de enfermedades que no son tales y en medicar problemas”. Hay demasiada gente que no entiende que los servicios médicos y sociales tienen un coste, que sufragan los que pagan impuestos, y que piensan que porqué a ellos no les cuesta nada, no tienen ningún valor y se pueden consumir sin freno.

Es inquietante que después de tantas elecciones y de tantos debates, de tanta tertulia superflua, de tantas promesas incumplidas, el discurso nacional pase por en­cima de las necesidades ciudadanas, todo vaya a peor y no se dedique más atención a las preocupaciones más perentorias de la sociedad. 
Los acuerdos para modificar las precariedades de un sistema que necesita reformas no podrán alcanzarse sin la compli­cidad de todas las fuerzas democráticas. Para ello es preciso que practiquen la generosidad todos los protagonistas. Los partidos se llaman partidos porque sólo ­representan una parte del todo. Por desgracia en lo único que logran acuerdos es en la manera de repartirse las “sillas” y el “pastel” y en pedir siempre más, mucho más. Panecillo para hoy y mucha hambre para mañana.
Mientras dediquemos tanta atención a hablar de banderillas, de lazos de colores varoios, de derechos etéreos insubvencionables y olvidemos debatir sobre los temas que verdaderamente nos interesan a TODOS no saldremos del atolladero y cada vez iremos a peor.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Los piquetes llegan a la universidad

Ayer empezó la huelga universitaria de duración indefinida impulsada por el SEPC. Parece que el mencionado piquete (menos de 200 ¿estudiantes?) bastó para materializar el paro en el campus de la UPF en la Ciutadella sobre un total de 15.000 matriculados en la UPF. En otras universidades catalanas, como la de Barcelona o la Autònoma, sin piquetes de por medio, el seguimiento del paro fue casi nulo.
Hace ya demasiados días que algunos estrategas del ¿independentismo? buscan relevancia internacional ocupando entidades, tratando de bloquear aeropuertos, puertos, estaciones, vías de comunicación… y, ahora, intentando paralizar y hasta los institutos.
Personalmente me gustaría más que la nación catalana obtuviera reconocimiento internacional porque tuviéramos excelentes profesionales que dirigieran grandes y exitosas empress, porque nuestras universidades lograran muchas patentes y algún premio Nobel investigara en sus dependencias, porque lograran ocupar puestos relevantes en el rango internacional de universidades, etc. Me encantaría que Catalunya alcanzara reconocimiento internacional por el elevado nivel de formación alcanzado por nuestros estudiantes. 
Estaría muy orgulloso de que Catalunya obtuviera reconocimiento internacional como el que obtuvimos en 1992 con los JJOO de Barcelona. Reconocimiento internacional por nuestra alta capacidad de trabajo, de organización, innovación y liderazgo. Admiración por nuestra alta renta per-cápita, por la alta calidad de nuestros servicios, etc.
Recibir reconocimiento internacional por acciones que alteran el normal funcionamiento del país y perjudica a la mayoría de ciudadanos que vivimos en Catalunya y estimamos el país en el que nacimos, no me parece el mejor modo de conseguirlo. Hay otras formas de hacer visible el conflicto sin incurrir en estos grandes costes presentes (y sobre todo futuros) para todos, que provocan estas acciones “antisistema” de una minoría.
Por poner sólo tres ejemplos, no me parece el mejor modo de conseguir reconocimiento internacional:
-El que las instituciones públicas dediquen el grueso de su esfuerzo a finalidades distintas de las que se pretendían lograr cuando fueron constituidas. 
-Cuando los ciudadanos no pueden desarrollar sus viajes, ya sean laborales, familiares o particulares, sin contratiempos, más allá de los derivados de las irregularidades del servicio.
-Cuando los estudiantes que esperan poder cursar sus estudios en la universidad, aquejada de problemas de infradotación que perjudican su eficiencia, ven peligrar la calidad de sus estudios y de sus becas para poder terminarlos con éxito.

Fomentar desconfianza y la desobediencia generalizada, que algunos alientan desde el Govern, lejos de conseguir desestabilizar la democracia española, erosiona los principios legales, de autoridad y de respeto a las normas de convivencia ciudadana que sustentan las sociedades democráticas, incluida la catalana. 
Desde el punto de vista político, las acciones vandálicas provocan un perjuicio, no para los organizadores de las protestas y para sus patrocinadores, sino para los que de forma pacífica reclaman que el Govern de la Generalitat “dialogue de todo” con el Gobierno español. Así no conseguirán nunca “ampliar la base de apoyos y simpatizantes” sino reducirla.
Por más que lo repita cierta propaganda extremista-independentista, ni todos los que no comulgan con su doctrina son fascistas, ni la desconsideración de los derechos del conjunto de los ciudadanos rendirá a medio o largo plazo los frutos soñados. La vulneración de la ley tampoco les llevará a la tierra prometida, Porqué ¿cómo será la vida en esa reclamada tierra maravillosa llena de ciudadanos que no respetan las normas sociales?.
TODOS deben cumplir la ley: los ciudadanos, los manifestantes, los policías y los gobiernos. Y se debe comprobar que la cumplen “TODOS ellos” sin disculpar ninguna mala praxis solo 
por el echo de colabora con los “mios”.
Por mucho que los sentimientos estén exaltados, debemos cuidar de que la confusión conceptual no nos nuble el entendimiento y, respetando la pluralidad trabajar para que la sabiduría nos ayude a que la razón prevalezca sobre los impulsos viscerales.
Tenía razón el rector de la UPF, Jaume Casals, cuando señaló que era injustificable la ocupación de la universidad por el reducido piquete de un sindicato que vanamente se arroga la representación del pueblo catalán para interrumpir la actividad académica. Ahora sólo falta que “se haga lo necesario” para que los estudiantes que van a la universidad a estudiar puedan seguir haciéndolo en las mejores condiciones posibles. De ellos depende el futuro de nuestro país.

viernes, 11 de octubre de 2019

¡No mas excusas!

A pesar de las facilidades que desde hace años tenemos todos los españoles para ir a la escuela y recibir formación y a pesar de que prácticamente todos mantenemos a nuestro lado un teléfono móvil inteligente (el teléfono que te permite acceder a grandes bases de datos e información susceptibles de convertir en conocimiento), cada vez hay más ignorantes o despreocupados por conocer la “verdad”. Cada vez hay más personas que gritan mucho pero ni oyen y menos escuchan; y faltos de todo rigor se sienten capaces de reinterpretar la historia para justificar sus bravatas.
En el siglo pasado muchos niños no pudieron ir a la escuela porqué sus padres los mandaban a trabajar para ayudar al mantenimiento de la familia. También es cierto que pasados los años, de mayores les faltaron ganas para esforzarse en aprender, remediando en parte lo que se les negó de niños. Lo imperdonable hoy en día es que, con millones de niños bien alimentados, a los que se les han dado todas las oportunidades (¿las han sabido aprovechar?), siga habiendo tanta gente que infravalora y hasta desprecia el conocimiento y el sentido común. Si no fuera así, se dificultaría mucho la nefasta labor a todos los que atentan contra la salud de la democracia y, con sus espectáculos mediáticos, pretenden que sigamos comulgando eternamente con ruedas de molino.
En las empresas pagan a los CEO’s para que elijan un buen equipo directivo y para debatir y tomar con ellos la mejor decisión. Así intentan conseguir que la empresa progrese y dé beneficios. De esas decisiones bien tomadas se benefician sus accionistas, sus clientes y sus trabajadores. No les pagan sueldos astronómicos para convocar a los trabajadores en asamblea y transferirles su responsabilidad cuando deba tomarse una decisión importante.
Eso tan lógico parecen no entenderlo algunos políticos que usan el recurso fácil (para ellos) de transferir a la calle la responsabilidad de tomar decisiones desde las instituciones, aunque sean sobre cuestiones de una complejidad técnica o política indiscutible. A veces puede entenderse porque, aún cobrando sueldos que nunca habrían conseguido en una empresa privada, ellos mismos han demostrado no tener la más mínima competencia para tomar esas decisiones con las mínimas garantías de éxito y progreso. 
Aun así está claro que los referéndums suelen simplificar problemas complejos. Organizar un referéndum no significa necesariamente respetar al pueblo. Al contrario, la intención que a menudo lo motiva no es otra que manipular a la ciudadanía. Se quiere dar la impresión de que con él se pretende fortalecer la democracia, cuando en realidad puede debilitarla. Sobre todo si las bases no están claras y si se actúa diferente a lo decidido en el referéndum.
Puede que la democracia di­recta y los referéndums sean las herramientas óptimas para asegurar que se oiga la “voz del pueblo” y los deseos de los ciudadanos se hagan realidad, pero la historia nos demuestra que en la mayoría de los casos el referéndum ha sido la expresión del ejercicio cínico de hacer ver que mandan unos para seguir mandando los otros. 
Los debates previos a los referéndums deberían estar exentos de populismos y demagogias, y los ciudadanos deberíamos tener la formación suficiente y hacer el esfuerzo necesario para detectar a los charlatanes y vendedores de humo. Además se precisaría que los ciudadanos utilizáramos las herramientas que nos permite la democracia con conocimiento y responsabilidad; y eso, sin educación, conocimiento, experiencia y voluntad es imposible que llegue a buen término. Así nos ha ido en el pasado.
Siempre olvidamos que el debate de un referéndum acostumbra a venir condicionado por el autor de la propuesta y las consecuencias políticas que para él y su grupo de presión pueda tener. Sin tener nada que ver con la propuesta que se plantea, no se da respuesta al contenido de la pregunta formulada (cuanto más compleja, más ignorada), sino que se responde en función del efecto político que su respuesta producirá. 
Es imprescindible un buen conocimiento de los asuntos debatidos por parte de los ciudadanos, necesidad mucho mayor que en el caso de la democracia representativa (donde son los representantes quienes deciden). Los referéndums simplifican, comprimen y reducen la verdad, lo que acaba deformándola y falseándola. 
Cuando lo sometido a consulta es profundo y complicado se crean falsas esperanzas de solución y se acaba por provocar decepción. Para darse cuenta de esto, basta con que les pregunten a sus conocidos que significa para ellos “república”, autonomía”, “estado independiente”, “independencia” y que “concreten” su respuesta. Que especifiquen las ventajas e inconvenientes que a ellos personalmente les reportarán si responden si o no a la pregunta. ¿Que representará para ellos si votan si o no una opción política concreta, si se suman a una protesta, manifestación, o acto reivindicativo concreto y qué si no lo hacen?. Comprobarán que hay tantas respuestas diferentes como personas interpeladas y que algunos de ellos ni siquiera saben contestar y sólo hacen lo que hace el vecino o su tertuliano favorito.
Sucede lo mismo con determinadas propuestas electorales: los políticos prometen porque prometer no empobrece. Prometen con todo descaro y sin vergüenza alguna. Eso sí, lo que venga después ya seremos los ciudadanos los que paguemos las consecuencias.
¡No mas excusas! 
¡Mediten! 
¡Ejerzan su libertad!: Mediten, tomen su decisión y actúen responsablemente.

viernes, 27 de septiembre de 2019

¿Cómo vamos a vivir en ­Catalunya en el futuro más próximo?

Escuchando las razones del independentismo con voluntad de entenderlas (aunque no se compartan), parece que la indignación es irreversible. Los agravios y chapuzas judiciales ­han colaborado a esa indignación y a generar estados de ánimo que instauran la descon­fianza, el descrédito de la verdad y anulan la ­presunción de inocencia, tanto de los acusados ­como de los acusadores. Es difícil preservar el derecho a unas garantías democráticas que no estén bajo sospecha. El clima político ­lleva años envenenándose y, a medida que se acerca la “Sentencia del Procés”, todos se distancian de cualquier racionalidad.
Amparados por grandes ­palabras, se apela a consignas preventivas que exigen ­absoluciones o culpabilidades por decreto. El malestar viene de tan lejos que ya ­forma parte de la vida cotidiana, y la amenaza del colapso ­civil sigue siendo una hipótesis tristemente ­factible, que se agravará cuando se acumulen las malas noticias económicas, que por mucho que se tapen, llegarán.
Hace tiempo que la indignación se transformó en una ilusión pacífica teniendo en cuenta las tensiones del contexto, basada en la evidencia de una capacidad de movilización histórica, que, en vez de ser asumida como síntoma de un malestar nada banal, fue tratada con ceguera a través del abuso de poder de una prisión preventiva que traiciona la interpretación más progresista de la Constitución. El problema viene cuando exaltamos las emociones y dejamos de lado los argumentos y los datos reales. Técnica que ha llevado a una frustración, tanto de quienes se sienten estafados por el incumplimiento de promesas incumplidas como de los que aspiran a una españolidad diversa, transigente y más democrática. Incluso en los círculos más “acostumbrados al diálogo y al raciocinio, y alejados de los extremismos”, la distancia que separa las posiciones de unos y otros en cuanto a la relación de Catalunya con el resto de España se refiere, no ha disminuido ni un milímetro. 
Entiendo que los indepentistas piensan que lo sucedido en los últimos años demuestra que España no es susceptible de reforma, y nunca dará a Catalunya el trato que esta merece. Piensan que sólo la independencia permitirá a Catalunya alcanzar su plenitud y alcanzar la independencia será posible si el independentismo no comete errores de bulto y deja constantemente en ridículo al Estado español. La técnica es ensalzar la ejemplaridad de las instituciones de la Generalitat y denigrar las del Estado. Aún si esto se consigue (con estos gobiernos negligentes y mediocres que no dejan de meter goles en propia portería), ello necesitará tiempo y requerirá paciencia, trabajo y perseverancia, (pero) si el independentismo juega bien sus cartas, pasará del 48 al 58 por ciento de votos a su favor y entonces será posible a independencia. Esta es la teoría, pero no la avala ninguna práctica puesta en marcha hasta el momento.
Los no independentistas rebaten los argumentos anteriores y ponen en duda sus pronósticos; y al hacerlo quedamos todos instaurados en un diálogo de sordos, incluso entre personas educadas y deseosas de llevarse bien, pero sordos al fin.
La conclusión es que sirve de poco argumentar para tratar de imaginar lo que puede ser el futuro inmediato de los habitantes de Catalunya. Saber si una acción favorece o no a la “causa” será un filtro por el que pasará toda iniciativa del Govern. Que ese filtro conduzca a una gestión política ágil, eficaz para progresar y justa es una utopía. Por otra parte, los españoles de Catalunya confían en que, los actos del Gobierno Central no les hagan sonrojar como ha ocurrido en ocasiones no muy lejanas; y soportarán mal la insistencia continuada tanto del Govern como de los medios afines en describir la acción del Estado del modo más negativo posible, sin reparos en faltar a la verdad cuando la “causa" lo requiera.
¿El resultado? Ahondar los fosos en lugar de ensanchar las bases; quizá lograr que el odio hacia España que anima a una parte del independentismo acabe por ser su único motor, y que se vea correspondido en los mismos términos por los que no comparten sus ideas. No olvidemos la “ley del péndulo”. 
Para mi, la única forma de desmentir la debilidad de las consignas de unos u otros es con la fuerza de los hechos, que libres de incompetencias muestren una prospera gestión de las finanzas públicas y del pais, y eliminen del discurso las medias verdades, la propaganda partidista y el victimismo sectario.
Sea como fuere, una sociedad enfrentada consigo misma no va a ninguna parte, sólo puede generar proyectos para unos pocos. No puede abordar pro­blemas que afectan a todos y requieren la participación de todos. Es una sociedad en la que cada vez es menos cómodo vivir, y que de seguir así, verá como se vacía de sus “más valiosos ­elementos”, que se irán, en silencio, a un ­lugar donde el aire sea más respirable. Nadie nos condena a vivir con estas tensiones. Aunque la tengan en parte, no es suficiente con echarle la culpa de todo a Madrid, de cuya contribución a la coyuntura actual ya hemos tomado sobrada nota. 
Todos los que nos gustaría que Catalunya fuera independiente hace tiempo que nos deberíamos haber formulado una pregunta incómoda y haber meditado la respuesta argumentaba, serena y sensata:
Una vez “valoradas con rigor” que libertades y cuantos recursos adicionales se conseguirían en cuanto se lograra la independencia y se estabilizara el pais, ¿Vale la pena luchar sin apoyos externos (porque nadie los ha ofrecido) por conseguir estas ventajas que conseguirían los habitantes de Catalunya con un Estado independiente; por el momento fuera de Europa, porque el Gobierno español así lo exige y la Unión ­Europea lo ha aceptado?
Ese ese empeño ¿justifica años de malvivir, de estancamiento y desánimo, que son el resultado ya comprobado de seguir por donde sugieren los lideres políticos y sociales independentistas? 
¿Desean infligir ese destino a cuantos viven permanentemente o temporalmente en Catalunya? 
Los líderes independentistas no nos han contestado nunca a estas preguntas, por lo que el paso a la madurez política hemos de darla cada uno de nosotros personalmente, teniendo en cuenta nuestra situación personal, edad, estado de salud, el grado de independencia económica personal, etc.
La decisión a tomar es lo suficientemente importante como para moderar los sentimientos y aplicar todo el “seny” de que seamos capaces y más. ¿Cómo vamos a vivir en ­Catalunya en el futuro más próximo?.
Dado que ni desde la represión ni desde la confrontación, nadie quiere renunciar a volver a hacer lo que ya se ha visto que no funciona, esta situación de “emociones a flor de piel” invita a algunos a que sigan cometiendo los mismos errores y a algunos (aunque sean pocos) a cometer errores que aún no se han cometido y que pueden dar al traste con la inestable paz social que tenemos y que puede ir a peor. 
No es tiempo de insensateces o bravuconas que siempre incumplen os que las lanzan y si es tiempo de practicar el “seny” y el trabajo emprendedor; valores que siempre distinguieron a las personas de nuestra tierra catalana y que hoy parece que brillan por su ausencia.