martes, 2 de septiembre de 2014

RELACIONES DE PAREJA: DEL ROMANTICISMO AL PRAGMATISMO


Las rupturas y separaciones en las parejas, aunque aletargadas últimamente a causa de la crisis económica, han provocado la reducción del tiempo medio que duran las parejas y que el amor romántico pierda fuelle. 
No sólo los jóvenes han cambiado sino que también lo han hecho los mayores. Los “clubes sociales” de todo tipo están llenos de prejubilados que “buscan”. La moral social ha dejado de poner reparos a mantener encuentros esporádicos con personas que se atraigan y cada vez más personas tienden a tener relaciones con otras, a las que acababan de conocer. Llegar a construir con ellas una relación seria es un aspecto residual que en principio no se valora y si llega a producirse, es por casualidad.
Cuando Helen Croydon, autora de “Una guía de sexo y amor para la chica moderna”, escribió que no tenía ningún deseo de convivencia en una pareja convencional, muchos medios se han escandalizado. La hipocresía social está muy extendida porqué a nadie se le escapa que estas declaraciones, tildadas por ciertos sectores de la sociedad de provocadoras, han calado en gran parte de los jóvenes y aunque parezca mentira, también en muchos que ya han pasado los cincuenta. Cada uno tendrá su opinión y sus creencias. Algunos actuarán de forma coherente con ellas y otros se harán trampas al solitario, pero es inútil negar una evidencia. 
Está claro que secularmente los hombres han impuesto a la sociedad unas normas y formas aceptadas a regañadientes por las mujeres. Cuando las mujeres han tenido la posibilidad de liberarse del yugo y han podido decidir cuando y como aceptaban una “relación”, han variado mucho los protocolarios rituales del arte de la seducción dirigidos por los hombres. Ni el cortejo se basa ya en la reproducción de solemnes actos ceremoniales ni el que tiene que llevar la iniciativa es el hombre. Cada vez más, las mujeres independientes y modernas son las que se lanzan y marcan las pautas para ligar y escoger su “pareja”, caracterizadas por un pragmatismo mucho mayor que el de los hombres. El paso adelante de las mujeres parece que tiene más que ver con el suspenso de los hombres en materia de cortejo que con la liberación femenina. Lo fácil para una mujer es ligar en general, aunque muchas no consiguen que la otra persona se percate de sus intenciones y menos aún muestran la habilidad de llamar la atención del hombre que verdaderamente les interesa.
Es cierto que todavía quedan muchas mujeres que no se esfuerzan con su inteligencia, trabajo y desempeño por ser independientes, en el sentido de dejar de depender de ningún hombre para que las “mantenga”. Todavía quedan muchas mujeres que siguen siendo las más machistas de la familia y se comportan en muchos aspectos a la usanza tradicional. A muchas mujeres les cuesta renunciar a “privilegios” ancestrales y la mayoría de los hombres están completamente descolocados desde el momento en que la sociedad y las mujeres en particular, les han dejado de “suponer” prerrogativas de género y les han empezado a exigir igualdad y “eficiencia” en todos los aspectos, cuando y donde ellas quieren. En estas circunstancias, los hombres no se atreven a ligar de forma obvia porque no quieren ser avergonzados y por ello cada vez más pierden la iniciativa, en casi todo.
El sentimiento amoroso está asociado, inevitablemente, a episodios pasajeros de frustración y soledad. Unas contrapartidas difícilmente asumibles en nuestra sociedad donde se exige la satisfacción rápida cuando interesa, el confort absoluto y el hedonismo constante.
En un reciente artículo publicado en Metro, Croydon señalaba cuáles son las cinco tendencias más importantes que están surgiendo en el amor y en el sexo, y que dejan a la monogamia como un reducto del pasado:
· Las parejas flexisexuales: una especie de paso previo a las relaciones completamente abiertas. Su tendencia creciente viene demostrada por el significativo aumento del porcentaje de mujeres que han mantenido relaciones con personas de su mismo sexo en los últimos años.
· Las relaciones híbridas: uno de los miembros de la pareja se contenta con su monogamia mientras que el otro tiene la libertad para relacionarse con terceras personas.
· Las “citas múltiples”: El equivalente a “pruebe antes de comprarlo”. Las redes sociales y las páginas de contactos han permitido que hoy en día cada vez más hombres y mujeres mantengan múltiples frentes abiertos tanto con el objetivo de divertirse como de elegir al candidato más apropiado para una relación a largo plazo.
· Los swingers pijos: Los clubes de intercambio de parejas han abandonado los locales oscuros para instalarse en los pisos más exclusivos de las grandes ciudades. No se trata únicamente de treintañeros liberales, sino también, de aburridos cincuentones, separados, viudos y parejas cuyos hijos han abandonado el hogar y dejado el nido vacío, que deciden probar qué pasa cuando se acuestan otra persona.
· El poliamor: Sinónimo de amar a varias personas. Si se piensa que “El amor no es un recurso finito”, este no tiene por qué estar limitado a una única persona, aunque en algunos casos haya un “amor primario” y otros de menor jerarquía.
· Etc.
Si sumamos a todo este galimatías el miedo al compromiso y la falta de resiliencia en el amor, el cocktail está servido y su efecto es difícil de prever y más de cuantificar.
Resumiendo, sólo una minoría selecta de parejas privilegiadas pueden disfrutar del amor verdadero, para toda la vida. Por ello y como parodiando la canción de Gigliola Cinquetti: “el que tenga un amor, ¡que lo cuide!, ¡que lo cuide!”, porque vivirá posiblemente feliz y seguramente libre de preocupaciones.
©JuanJAS
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