martes, 16 de julio de 2019

La filosofía enseña a desarrollar el pensamiento crítico

Ortega dijo: Lo que hoy se dice en las cátedras, mañana se dice en las plazuelas, pero mal. El problema es que hoy en día los medios digitales nos cuentan si un participante de Supervivientes a espantado una mariposa en Cayos Cochinos (Honduras) y poco o nada  nos dicen de lo que pasa en las cátedras; ni cercanas ni lejanas.
La educación que se proporciona a los jóvenes está dejando de servir como una herramienta creativa de ciudadanos críticos y cívicos; y… si no tenemos instrumentos para defendernos es muy difícil que podamos pensar y cambiar las cosas.
En los medios de comunicación y en las redes sociales se fomenta un descrédito de la verdad y se glorifica la opinión. No hay historia; sólo hay relatos y realidades alternativas. Y esto le viene estupendamente a algunos políticos.
Estamos rodeados de políticos, influencers y comunicadores que piensan y pregonan: “Si los hechos no están de acuerdo con lo que yo digo, que cambien los hechos”. 
El personaje que más se sirve de las redes sociales para ejemplarizar lo dicho es Donald Trump. Un personaje que usa hábilmente Twitter como una herramienta para formar opinión. El primer Presidente de un gran país que manda, a sus simpatizantes, muchos mensajes cortos que excitan sus sentimientos. En esos mensajes cortos no tienen cabida los argumentos y por tanto las personas reciben mensajes sin razonamientos coherentes que demuestren las afirmaciones que propaga desde su tribuna no ayudan a razonar, sino a reaccionar emotiva e impulsivamente.
El filosofo Popper decía: Conviene que combatan nuestros argumentos para que no tengan que combatir las personas.
Con esta técnica, que emplea magistralmente Trump y muchas otras personas, dirigidas a las cada vez más personas que no tienen tiempo para leer y menos para razonar, ganan las posturas poco matizadas. 
Puede que Trump no sea muy inteligente. No conozco su historial académico ni los tests de inteligencia o psicológicos que pueda haber pasado, pero si pienso que es muy listo. Ha demostrado ser sagaz y muy hábil para sacar beneficio o ventaja de su situación política. Una de ls primeras cosas que hizo Trump al lugar al poder fue empezar una campaña feroz en contra del periodismo serio. No ha parado de intentar devaluar las fuentes rigurosas y críticas de la información e incluso ha negado lo que afirman prestigiosos científicos. Todo ello le permite dirigir a la gente mensajes sesgados hacia su interés. Es lógico que cuando un ciudadano con relativa poca instrucción y sin tiempo ni ganas para analizar críticamente recibe un mensaje del Presidente de USA en su móvil, tienda a actuar impulsivamente sin hacer el esfuerzo de informarse e investigar antes de reaccionar. Actúa con lo que le dice su Presidente casi como los creyentes de la Edad Media seguían a quien repartía la “palabra de Dios”.
Cada vez hay más gente que tiene convicciones muy firmes y resulta, que las suyas se oponen a las convicciones de otros, que también las tienen muy firmes. Así es imposible dialogar y por tanto no se llega a ningún acuerdo que permita que la sociedad, y todos nosotros, “progresemos” de verdad. 
Hace tiempo en que reina el imperio de la “posverdad”. Ello permite que haya mucha gente que cuando, después de algún tiempo, han comprobado que les engañaron con datos falsos, o al menos no totalmente ciertos, parece que les da igual. Pongamos por ejemplo el caso del Referéndum del Brexit. Aún habiendo comprobado que les mintieron durante la campaña antes del referéndum con datos falsos y escenarios ilusionares que se han demostrado irrealizables, siguen defendiendo obsesivamente el resultado del Referéndum, que tal vez hubiera sido distinto si se hubieran dicho menos mentiras antes de votar.   
Antes de tomar decisiones, necesitamos comprender las cosas que vemos, leemos y oímos y asegurarnos de que no son falacias o falsas ilusiones. También sería bueno que aprendiéramos a no descalificar a alguien sin primero “escuchar con intención de comprender lo que dice”, porque lo hace y que consecuencias me reportarán si le hago caso. 
Todos esos hábiles manipuladores de la era de la posverdad no se cansan de repetirnos:  Todas las opiniones son respetables”. Y esa es otra gran mentira. Lo que son respetables son “todas las personas que opinan”, pero “las opiniones que transmiten a los demás”, independientemente del cargo que ostentan o estamento social al que pertenezcan, pueden ser entupidas, disparatadas, ofensivas, tontas, etc. Por tanto, “NO todas las opiniones son respetables”. Hay que reivindicar la verdad y restar crédito a las opiniones que unos pocos nos vierten machaconamente a través de los medios de comunicación de masas.
Es un hecho que muchas personas no tienen deseos reales de informarse o les da pereza hacerlo. Por que informarse, estudiar los argumentos (si es que recibimos alguno) y razonar cuesta tiempo y esfuerzo. Por ello la mayoría de personas solo se leen o escuchan a los que les dan la razón; a los que les reafirman en sus opiniones, muchas veces viscerales y faltas de argumentos y de razón. 
No es verdad que “El que no está de acuerdo con nosotros es tonto o loco”. Los políticos y mucha gente dan por sentado que los receptores de sus mensajes somos imbéciles. Si queremos dejar de parecer a sus ojos, tontos o faltos de inteligencia, cuando nos suelten su discurso o nos den su opinión escueta sobre algún tema, debemos aprender a preguntarles: y tú, ¿Cómo lo sabes? Si no quiere o no puede darnos una respuesta razonada y rigurosa y, se limita a repetir una y otra fez su manido argumentario, debemos negarnos a comulgar con ruedas de molino y debemos decirle directamente: “No te voy a volver a votar porque… Nuestros argumentos para no hacerlo pueden ser: sus incumplimientos, sus falacias, su mala praxis, su inoperancia, etc.
Recordemos que podemos votar en las elecciones y también de otras formas:
1- Voto en elecciones.
Nuestro voto de las elecciones generales, autonómicas y locales es para delegar nuestra autoridad en los políticos, para que ellos tomen en nuestro nombre decisiones que afectan al país, comunidad y municipio. Por mucho que a algunos les gustaría, recordemos que en nuestro país, el voto a los políticos no es mandatario. La democracia no es directa y por tanto los políticos electos no tienen ninguna obligación de hacer lo que nosotros los votantes les digamos que hagan. Los votantes sólo los elegimos para que ellos con sus “supuestos” conocimientos, los consejos de sus muchos asesores y de la supuesta “información” de la que disponen, tomen decisiones en nuestro nombre para que la sociedad progrese o al menos empeore lo mínimo.
Un caso en el que se olvidó que el voto era delegado, y no directo, fue cuando en Grecia se consultó al pueblo y votó no aceptar el rescate europeo, dejar de pagar la deuda y salir del Euro. Los políticos electos, Tsipras a la cabeza, hicieron otra cosa… No quisieron seguir el mandato que recibieron de la mayoría que votó en referéndum, no pudieron hacer otra cosa, fueron unos ilusos al pensar que podrían, engañaron al pueblo… No tengo información para saber la causa, sólo se lo que pasó, que el pueblo no lo entendió y que votó a otra formación política en la siguiente oportunidad que se le presentó. 
2- Voto del prestigio.
Hace años que damos voz, amplificada y difundida con los correspondientes altavoces mediáticos que pagamos públicamente, a gente que no merecen tener el ascendente que se les otorga. Ni por el valor de sus ideas ni por los resultados que consiguen con su gestión. Han demostrado que son incapaces de dialogar, de negociar y sólo se dedican a insultar y descalificar a sus adversarios. No paran de soltar simplezas por su boca y sus acciones van encaminadas a mantener su modus vivendi presente y futuro: puertas giratorias, créditos personales/hipotecas a 30 años cuya concesión es difícil de justificar, etc. 
3- Voto económico: 
De la misma forma que particularmente no compramos todo lo que nos recomienda la publicidad, deberíamos pedir responsabilidades a los políticos por las compras públicas que se hacen y por las gestiones económicas improductivas y despilfarradoras que sólo benefician a los amiguetes o a quienes subvencionan el poder político. Ojalá tuviéramos en España un IBEX 100 de grandes empresas en lugar de un IBEX 35 de medianas y pequeñas empresas acostumbradas a practicar el “capitalismo castizo de amiguetes”. El problema no son las grandes empresas. El problema es el grado (adecuado o no) de “regulación política” que impide la competitividad y la falta de transparencia que dificulta saber a ciencia cierta ¿porqué son "grandes" esas empresas? ¿Lo son por su buen hacer y su know-how, o por influencias y corruptelas políticas? ¿En que condiciones de competencia, impuestos razonables y competitivos con el resto de países de la UE, etc. operan? 
Hace poco oí al filósofo, ensayista y pedagogo José Antonio Marina decir en un programa de radio: “Cada vez más personas sufren el SIC (Síndrome de inmunodeficiencia social)”. 
Se refería a esas personas que no responden a las agresiones sociales, a las mentiras y los incumplimientos. Esas personas, cada vez más numerosas, al no ejercitar el pensamiento crítico, paulatinamente se vuelven más vulnerables. En esta situación, mas pronto que tarde, alguien listo, avispado y algo psicópata se aprovechará fácilmente de ellas. 
Recordemos que la historia de la humanidad está plagada de potentísimas emociones humanas y que las ideologías ciegas pueden separar a las personas y a las comunidades hasta extremos insospechados. Si no aprendemos a enfrentarnos a los conflictos dialogando educadamente hasta encontrar una solución aceptable o la menos mala, solo nos quedará resolverlos al estilo del lejano oeste: con pistolas, a cuchilladas, con escarches, pintadas o bombas. Retornar a ese pasado no sería bueno para nadie, y menos para los que tienen menos munición o apoyos de quien la tiene.

Ojalá aprendamos que debemos gritar, despreciar e insultar menos y, en cambio, escuchar más para saber y meditar para entender.

viernes, 21 de junio de 2019

Quo vadis Barcelona

Los jóvenes tal vez buscarán el título de este escrito en Google y después se sentirán desilusionados al no encontrar ninguna relación con lo que trato más adelante. 
Quo Vadis es un restaurante que cumple más de medio siglo en el panorama gastronómico bercelonés. Representa el clasicismo en su máximo esplendor, tanto en términos de cocina como de estilo. Sirve platos tradicionales catalanes con un toque francés en un entorno lujoso muy ligado al Gran Teatre del Liceu. No, no sueño con nostalgia en sofisticadas y caras comilonas sino que he sacado a pasear un latinajo, de los que nos enseñaban en el bachillerato elemental, para preguntarme ¿A dónde vas Barcelona?

Después de tantos años de ruido, de medias verdades y mentiras, de no política, siempre con las palabras pueblo y libertad inundando la boca de todos, esperábamos que las diferentes partes en conflicto se entendieran (ilusa esperanza: a las partes parece que no les interesamos). Los que no creemos en la Tierra Prometida, porque en una Tierra Prometida gobernada por ultraortodoxos estaríamos en el exilio, contemplamos, atónitos, una pantomima que vemos destinada a un final más trágico que cómico. Los que no dudamos de los funestos pronósticos de analistas y pensadores, con conocimientos fundados y demostrados aunque a menudo vilipendiados por sonar a pesimistas y agoreros, nos disgusta ver el rumbo que toman las cosas. Y más porque unos lo advirtieron numerosas veces y otros lo negaron otras tantas.

Barcelona, un día fue una gran ciudad Europea y lo fué gracias a los empresarios, industriales, hoteleros, y a todos los trabajadores y emprendedores que trabajaron mucho, bien y con pocas ayudas públicas haciendo crecer su economía particular, la de su ciudad y la de su país; sin priorizar ningún frentismo político. Barcelona atrajo mayoritariamente gentes de todas partes de Catalunya y del resto de España. Aquí encontraron la posibilidad de desarrollar sus proyectos personales, mejorar la calidad de vida de sus familias, al tiempo que colaboraban a aumentar el prestigio de la ciudad y convertirla en referente a nivel español y más allá, después de conseguir celebrar los Juegos Olímpicos de 1992 con éxito.

Hoy en día, la imagen y el prestigio de Barcelona ha cambiado a peor. Tenemos una crisis económica brutal, la corrupción no está controlada (poco se hace por controlarla) y los políticos, sólo preocupados por su silla y por como poder retener su modus vivendi, se están cargando la economía de la ciudad de Barcelona: el comercio-tiendas están en crisis, la venta de viviendas se ha estancado….. Todo está paralizado, hasta las obras públicas, que hacen un calvario circular por Barcelona. Obtener un permiso o licencia para cualquier actividad es un largo, costoso y cada vez más complicado proceso…

Eso si, las calles están llenas de vendedores ambulantes y de gente pidiendo limosna o recogiendo trastos de los containers. Parece que no exista orden y que cada uno se crea su propia ley sin tener en cuenta a los demás. Cada vez hay mas inseguridad y menos civismo en el uso de los espacios y mobiliarios públicos. Los servicios médicos tardan cada vez más en atender a sus usuarios y en este escenario, lo único que se les ocurre a algunos políticos es proclamar que “volem acollir”… ¿A quién y de que manera quieren acoger ni no son capaces ni de cuidar de los suyos y la ciudad-servicios públicos cada vez se degrada más?. A tenor de lo que declaran como patrimonio personal al entrar en los parlamentos, parece que no saben cuidar ni de ellos mismos. ¿Cómo una persona que no entiende o al menos no tiene interioridades para aplicarlos en su día a día, los valores del trabajo, la emprendeduría, la inversión y el ahorro, el consumo responsable, etc. puede pretender gestionar la cosa pública, si a tenor de lo que declaran demuestran que no saben gestionar ni su propia casa?.

Saben colgar muchas pancartas y repartir el dinero que previamente han extraído de otros trabajadores y ahorradores, pero no demuestran ninguna capacitación para diseñar un presupuesto público y ejecutarlo eficientemente. Por ello cada vez mas ciudadanos se van hartando de los políticos….de aquí, de allá y de más allá.

Salvo honrosas excepciones, que confirman la regla general, los políticos sólo se dedican a fidelizar con subvenciones a su corte de votantes pesebristas. Los empresarios, los industriales, los emprendedores honrados (no los que viven exclusivamente del establishment) son los que pueden crear valor y trabajo a medio y largo plazo, y harían bien los medios de comunicación en investigar sus proyectos y ponerlos en conocimiento de la ciudadanía para que dejáramos de estar aducidos y asqueados por el mismo rollo político de todos los días, que sólo conduce a enfrentamientos viscerales de unos ciudadanos contra otros y a nada positivo.

Destrozar las vidas de unos líderes (y sus familias) seguidos-votados por millones de personas es algo que no tiene marcha atrás, como tampoco pueden dar marcha atrás los que, ocupados en perseguir ciegamente la Tierra Prometida, se despreocuparon de las responsabilidades de gobierno que debía gestionar bien lo público para que progresaran, cada uno según sus posibilidades, más de siete millones de catalanes.

A nosotros, los que estamos en medio (pero abajo, o al menos fuera del núcleo político), ¿qué papel nos queda? Por un lado, el del iluso: triste papel, seguir esperando que algún día dialoguen de verdad y se entiendan. Por otro el de espec­tadores: Fácil papel de no ser porque tener que asistir primero a la pantomima procesista y después a la pantomima procesal, todos los días y a todas horas, es más de lo que puede soportar un espectador deseoso de mantener cierto interés en la calidad del espectáculo. Una tragicomedia penosa que no habría tenido que ver nunca la luz y así nos hubiéramos ahorrado perder tanto tiempo, dinero y esfuerzo en temas que deberían haberse resuelto dialogando y pactando en el ámbito político.

Barcelona se merece personas y alternativas de más categoría y mayor envergadura que trabajen para conseguir recuperar su prestigio y la calidad de vida de sus habitantes en el medio y largo plazo.

lunes, 17 de junio de 2019

Un panorama desolador

Sigue vigente la pretensión aznariana de convertir España en Francia, lo que implica la construcción de una gran capital central (Madrid) que, además de vaciar la España interior, consiguiera provincianizar cualquier capital que pretenda hacerle sombra (incluida Barcelona).
Desde el punto de vista económico, la forma en que las élites españolas han enfocado el problema territorial no puede ser más irracional y grosera. Han conseguido perjudicar el tejido industrial catalán, pero no han logrado trasladado a la macro-urbe. Por mucho que se empeñen no tienen mar y por tanto tampoco un gran puerto, ni tampoco el clima ni la situación geográfica de Catalunya.
Durante décadas, las burlas, requisitorias y críticas fueron sólo en una dirección: el nacionalismo catalán era el diablo personificado. Ahora que el diablo comienza a supurar azufre es fácil señalarlo y lo hacen sin tregua magnificando cualquier trapo sucio (que no faltan). Pero, en el análisis de las responsabilidades, no es honesto silenciar que los poderes políticos, económicos y mediáticos españoles ha bloqueado y bloquean desde hace muchos años cualquier salida al conflicto catalán, hasta la más moderada.
La escalada independentista que nos ha conducido al callejón sin salida es, sin lugar a dudas, un error capital del nacionalismo catalán, incapaz de entender que en estos momentos la “pluralidad interna catalana” es el verdadero límite del sueño con que ilusionaron a la mayoría de catalanes. No contaron con la reacción pendular que animó con éxito el nacionalismo español que permanecía aletargado en muchos de los “catalanes que viven y trabajan en Catalunya”. Las emociones y falsedades fabricadas durante el procés merecían un castigo político, pero la prisión y el juicio por rebelión siguen bloqueando la política y frenando la autocrítica. Una sentencia dura del “Juicio” lo dejará todo hecho trizas y los nacionalistas españoles no admitirán otra cosa.
La “derrota colectiva” es un hecho. Sólo una sentencia inteligente podría salvarnos a todos. Pero la disputa es entre dos fanatismos. Dos sueños: España a la francesa, Catalunya a la danesa. Con gran entusiasmo, unos y otros nos han empujado al precipicio. Insensatos, creen que su sueño fructificará después de un gran desastre, inconscientes de que después del desastre no queda nada.
Mientras, estamos atrapados en el lío y no se muestra ninguna inteligencia emocional ni artificial: el talento, la innovación, el emprendimiento, el liderazgo, la competitividad y la autodependencia brillan por su ausencia. Tampoco se encuentra ninguna muestra de creatividad, cuidado, solidaridad, compasión, empatía, resiliencia. Nada de motivación, asertividad, autoestima ni colaboración para no perder lo poco (o mucho según se mire) que teníamos y volver a progresar; para ser más y poder seguir ayudando más a que el resto de España también progrese. 
Tenemos ante nosotros un panorama desolador para los ciudadanos que tuvimos la suerte de nacer en Catalunya; este gran país, que lo fué, pero que cada vez lo es menos. Y menos lo será si tenemos en cuenta el cambio que experimenta la población catalana: envejecimiento de la población autóctona sustituida por otras que tienen otras culturas y lenguas, que trabajan en sectores de baja cualificación tecnológica y menores salarios, relacionados con el turismo, la hostelería, el pequeño comercio, los servicios domiciliarios, etc. Un escenario que evoluciona rápidamente hacia un territorio, Barcelona a la cabeza, habitado por una gran mayoría de personas con ingresos bajos, en buena medida procedente de la inmigración (sin pretensiones de arraigo), y una población autóctona sénior de renta decreciente que aumenta velozmente. Y este escenario no cambiará por el carácter tecnológicamente emergente de la ciudad, porque a pesar de ser un factor cualitativamente importante, su peso en el empleo (y en las urnas) significa como mucho un tercio de los puestos de trabajo.
¿Estamos preparados para las consecuencias de esta transformación?. A los que mandan les encanta centrarse en los brillos pero ¿no creen que ya va siendo hora de que nos ocupemos de resolver los problemas que se ocultan en las sombras?.

viernes, 24 de mayo de 2019

Pensando en voz alta

Los loros mediáticos saben que una mentira repetida muchas veces acaba por convertirse en verdad, especialmente para aquellas personas acríticas que sólo leen titulares de los periódicos o las informaciones que les llegan de los grupos de WhatsApp a los que están suscritos.

Hace unos tres cuartos de siglo Orwell usó políticamente palabras nobles para intereses que eran precisamente los antónimos del término en cuestión. Creó el “ministerio de la Paz” para ocuparse de la guerra, el “ministerio de la Verdad” para emitir propaganda y el “ministerio de la Abundancia” para gestionar la miseria. Poco ha cambiado hoy en día y muchos comentaristas e influencers nos lanzan juegos de palabras muy poco ingeniosos que tocan nuestros sentimientos y exaltan pasiones, pero que distan mucho de describir la realidad. Así mismo, los políticos usan grandilocuentes palabras para denunciar el comportamiento de los que defienden tesis opuestas a las suyas, mientras en su vida diaria, privada y pública, hacen lo contrario de lo que predican. Por supuesto, sus seguidores no se lo tienen en cuenta; posiblemente ni siquiera se aperciben de ello.
Luego están los activistas que han promocionado a políticos. Sus seguidores no entienden que un activista es como la cuchara que remueve el cocido. Si el cocido se hace con buenos ingredientes, criterio y sentido, el activista ayuda a difundirlo y la sociedad sale beneficiada; pero si el activista “remueve algo sin valor” el perjuicio es para todos. Lo más importante es la calidad del proyecto y el activista es solo una herramienta que ayuda a difundirlo y captar apoyos entre la ciudadanía para que el proyecto (bueno o malo) se materialice.
La convivencia es cosa de todos, pero hay que entender que no todos pueden dar lecciones; por falta de conocimiento unos y por falta de experiencia y maestría en su ejecución otros. Todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera, pero no todos están igual de capacitados para hacerlo ni tienen las mismas posibilidades de conseguir buenos resultados. 
Algunos jóvenes activistas que defienden con vehemencia a las mujeres, a los homosexuales y LGTBI, a los negros, gitanos o musulmanes, a los discapacitados y a cualquier minoría vulnerable, y que sólo abominan del capital (los judíos modernos), en cambio se permiten atacar y lanzar toda clase de comentarios despreciativos y fuera de lugar contra los que pasan de cierta edad. La ignorancia es muy atrevida y parece que no se han enterado de que cuando las personas se hacen mayores les van fallando los músculos, pero no la inteligencia, ni las ganas de trabajar, ni la creatividad ni muchas otras cualidades que potencian con su sabiduría y experiencia acumuladas a lo largo de su vida. En nuestro entorno, se ha perdido el respeto a las personas mayores, incluso cuando han demostrado ser capaces de hacer grandes cosas a lo largo de su vida y están preparados y dispuestos a seguir haciéndolas. Parece que no comprendan que las buenas ideas son necesarias, y que las actitudes para materializarlas importan aún más. Algunos de esos viejos, como ellos les llaman con desdén, han dirigido proyectos y conseguido unos resultados que estos jovencitos, que se comunican por twit y las redes sociales con frases manidas y vocabulario exiguo, nunca han demostrado que son capaces de realizar. ¿Que éxitos demostrables pueden listar en su curriculum? Tal vez algún día lleguen a conseguir algo parecido a lo que han conseguido esas personas mayores que minusvaloran, pero por el momento harían bien en tratarles con respeto, aprender lo positivo que hayan logrado en sus carreras para poder emularlo y mejorarlo si son capaces. 
Es curioso que con lo expertos que son despreciando a otros y el gran ego que afloran no se ruboricen lo más mínimo a la hora de pedir/exigir a esos que desprecian, que repartan con ellos lo que han conseguido. Mayormente codician sus bienes materiales y supongo que como piensan que ya lo saben todo, no precisan pedir experiencia o consejo para aprender a crear riqueza por si mismos. 
El odio a los ricos siempre ha sido un sentimiento muy explotado por los populistas para hacerse con el poder, y con la disculpa de distribuir esa “riqueza robada” al resto de la comunidad, viven a cuerpo de rey como nunca habían logrado vivir en el pasado, con los medios que fueron capaces de generar, y hasta se hacen ricos. Demasiados incautos se creen sus cuentos y les votan, y con el tiempo los recursos que roban (perdón, redistribuyen) a los trabajadores y ahorradores se acaban y llevan a toda comunidad a la ruina completa. El punto de partida de tal odio a los ricos está en la concepción de que los ricos consiguen su riqueza quitándosela al resto de sus congéneres, y que por eso hay ricos y pobres. No se les ocurre pensar que con los mismos medios de partida e igualdad de oportunidades, dos personas, dependiendo de su inteligencia, de su capacidad de trabajo, de su creatividad y de cómo utilicen otras cualidades, llegarán a situaciones distintas a lo largo de su vida. No aciertan a comprender que gracias a Amancio Ortega (Inditex-Zara) podemos vestir variado, bonito y barato. Que gracias a Steve Jobs (Apple) podemos usar unos ordenadores robustos que se comunican eficientemente con unos smartphones fabulosos y podemos comunicarnos desde cualquier lugar del mundo. Que gracias a Larry Page y Sergey Brin (Google) podemos tener a nuestra disposición multitud de información gratuita cuando la necesitamos. Que gracias a John Deere (inventor del tractor) podemos comer más cereales y mas baratos… Así podríamos continuar con una gran lista de personas que han aportado mucho a la sociedad y por supuesto se han enriquecido muchísimo. ¿Podría alguien decirnos qué y cuánto han aportado estos activistas que se dedican a denostarlos? 
El intercambio económico no es un juego de suma cero, sino que todos los que producen e intercambian algo en un mercado de libre comercio pueden ganar. Otra cosa es lo que sucede cuando las transacciones están “reguladas injustamente” y cuando los que no producen nada sólo piden que otros les den bienes y dinero a cambio de nada. Por ejemplo, haber nacido donde lo hemos hecho es un privilegio que es posible porque nuestros padres, abuelos y antepasados trabajaron y colaboraron para posibilitar que nosotros y los que vienen desde otros países (cuyos antepasados no han hecho lo mismo que los nuestros) podamos disfrutar de este privilegio. Los que se benefician del estado de bienestar en nuestras comunidades y no pagan/contribuyen con nada (ni dinero, ni trabajo, ni nada valioso) por los privilegios que reciben, nunca los apreciarán y cada vez pedirán más y más. Todo les parecerá poco. Las personas que así actúen y las que les alienten a que sigan comportándose así, nunca se ganarán el respeto ni el aprecio de los que si han contribuido y siguen contribuyendo al mantenimiento público de nuestra sociedad. 
Si dejamos la envidia aparte y entendemos de una vez por todas que para consumir antes hay que producir, lo único que deberíamos pedir firmemente a nuestros políticos es que eliminaran todos los “privilegios legales” para que todas las transacciones fueran libres. Así podríamos asegurarnos de que los ricos fueran siempre ricos “justos” y por tanto queridos y respetados. Mientras no se eliminen TODOS esos “privilegios legales” que permite nuestra legislación vigente, seguiremos teniendo “ricos sospechosos y criminales”, indistinguibles de los ricos “justos” para la mayor parte de la gente, y caldo de cultivo para todos los populismos. Y, a la vista de los resultados de las últimas elecciones en España, parece que nos va llegando el turno de pagar el precio por los ricos sospechosos y políticos corruptos que tenemos. Porque, no nos engañemos, los ricos injustos nunca han redistribuido via impuestos su riqueza injusta y no veo porqué iban a cambiar ahora. Lo pagaremos los de siempre, los individuos normales y corrientes que trabajamos, consumimos y ahorramos. 
Elegir razonadamente a quién votamos es cada vez más difícil. Las personas cada vez pensamos menos, en parte porqué se nos repite machaconamente desde los medios que basta con sentir. Por doquier afloran innumerables sentimientos y muy pocas ideas o proyectos realizables. Basta ver los debates televisivos de los políticos. 
(Ignorancia es fuerza - Libertad es esclavitud - La guerra es paz) 
Los que hemos nacido aquí, sabemos que en este país nos gusta la polémica, pero resulta ridículo descubrir que la clase política se enreda en discusiones que sólo les benefician a ellos, al tiempo que la falta de proyectos realistas hace tiempo que causan un grave perjuicio a la sociedad, y peor será cuanto más se tarde en corregir esta situación. No podemos convertir España en una gran tertulia de bar, donde, en lugar de contribuir a solucionar los problemas de la gente (que tenemos muchos y necesitan resolverse a diario), los agravemos por consideraciones meramente ideológicas y sueños idílicos de futuro. 
Esta semana Isabel Serra, candidata de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid, criticaba las donaciones que la Fundación Amancio Ortega viene realizando a la sanidad pública, con el ar­gumento de que esta no debía aceptar ayudas porque se tendría que poder financiar con impuestos y que la sanidad pública no puede depender de la solidaridad de ningún millonario. ¡Cierto!. ¡Estoy totalmente de acuerdo! 
Los contribuyentes cumplimos la legalidad fiscal que nuestros políticos han legislado y pagamos religiosamente nuestros impuestos. Estos deberían servir para financiar la sanidad y también la educación y la investigación, los servicios sociales, el transporte, etc. Según esta tesis, estos mismos políticos y todos los contribuyentes deberíamos quejarnos de que parte de nuestros impuestos se dediquen a subvencionar a todas las ONG’s, asociaciones sin ánimo de lucro y otros organizaciones filantrópicas. Debería ser el propio Estado, a través de su red de funcionarios y empresas públicas, el encargado de garantizar a la sociedad sus necesidades de forma igualitaria sin que se dedicara recursos a financiar a terceros (subcontrats) para que hagan esta labor. Deberíamos repudiar las “maratones televisivas” para apoyar la investigación de enfermedades, los bancos de alimentos, medicinas, libros juguetes, etc. porque estas necesidades tan importantes deberían financiarse y dirigirse directamente desde el Estado y no subcontratarlas-externalizarlas en organizaciones paraestatales. De la misma forma que estos políticos critican las privatizaciones, las escuelas concertadas, las compras descentralizadas y todo lo que represente ceder poder del Estado, también deberían criticar al “tercer sector”. ¿Es que los intereses sociales de la ciudadanía y específicamente los de las personas en situación de pobreza o riesgo de exclusión, no tienen derecho a que el Estado se ocupe directamente de ellos? ¿Por qué no quieren limosnas o solidaridad de los muy ricos y si la quieren de todo el resto de ciudadanos?. Al menos en las grandes ciudades, todos podemos comprobar que no se puede andar diez metros en la calle sin que alguien te pida ayuda económica. 
El odio a los ricos ya nos viene en España, y en otros países europeos, de muchos siglos atrás y todo sigue igual. Si alguien no cumple con sus obligaciones tributarias o de cualquier otro tipo (no importa que sea rico o pobre) los inspectores de Hacienda y la ley deberían actuar con rapidez, eficiencia y firmeza. Si hay resquicios legales que permitan “eludir impuestos” los políticos deberían corregirlos, pero no debemos confundir las cosas. 
Ante esta situación que vivimos, las personas responsables, trabajadoras y ahorradoras, que también pueden ser sensibles y solidarias, sufren mucho; cada día comprobamos que la “clase media” es más clase pobre. A menudo envidian a la gente fría, egocéntrica, cínica o despreocupada que parece que saben disfrutar de la vida y ser felices en esta situación. Se “buscan la vida”, piden todo el día y a todo el mundo, se gastan todo lo que ganan o reciben y vuelven a quejarse y a pedir, sin que les importe lo más mínimo cuanto puedan hacer sufrir a los demás. Sabemos que la vida no es lo que parece y que no todas esas personas son tan felices como aparentan en sus redes sociales, y seguramente también deben sufrir o se preocupan a su manera; pero parece que demasiada gente solo reclama derechos sin querer oír hablar de deberes, obligaciones ni de responsabilizarse de su futuro. 
El verdadero coraje es ser honesto con uno mismo; el problema es que es difícil llevarlo a la práctica. Mucha gente, hastiada de tanta mentira y tanto postureo a su alrededor, han decidido o están a punto de decidir que prefieren no pensar, no sufrir, no expresar sus razonamientos y no actuar con sentido común. Cuando se comunican públicamente muchos han decidido auto-censurarse cada vez mas temas, no opinar o subirse al carro de lo políticamente correcto. Con el tiempo dejan de pensar y de actuar con sentido común. Se limitan a vivir el día a día y a manifestar su descontento por su mala suerte. Por suerte aún quedan personas incombustibles que se niegan a tirar la toalla y a aletargar su intelecto. Tienen curiosidad por aprender, por entender, por buscar la verdad y se hacen preguntas… 
Si es verdad que hay una verdad, ¿mejorará algo conocerla? ¿me va a doler cuando la encuentre?, ¿me va a costar demasiado esfuerzo y dinero buscarla?, ¿significa eso que cuando sepa la verdad comprenderé que estaba engañado? ¿Estoy equivocado? 
Espero que lo comentado anteriormente y estas últimas preguntas les hayan dejado con la mosca detrás de la oreja y les animen a salir fuera de su “círculo de comodidad”. Tal vez encuentren algo útil, interesante y hasta placentero hacerlo. Recuerden vigilar sus hábitos, porque con el tiempo estos se convertirán en su carácter y su carácter determinará su destino.





martes, 21 de mayo de 2019

Elecciones europeas 2019

El próximo domingo más de 400 millones de ciudadanos de 28 países podremos votar un nuevo Parlamento Europeo. Los medios hablan poco de las mismas. A lo sumo nos muestran los parlamentarios que presenta cada partido, pero no sabemos cual es su programa, a que grupo se adscribirán en el Parlamento europeo, que políticas defenderán y como nos afectará a los ciudadanos. Por no saber no sabemos ni que la UE, tal como la conocemos, puede variar mucho en los próximos años. Si son muchos los factores que amenazan la supervivencia de la UE tal como la conocemos. Por citar algunos:

FACTORES INTERNOS:
La inesperada decisión del Brexit en junio de 2016 no era sólo una cuestión que afectaba a los británicos sino que fue el comienzo de una corriente disgregadora que ha sido arraigando en todos los miembros de la UE. En países con España también hay esta corriente, pero se niega y ni siquiera se quiere hablar del tema. Aunque la Constitución española en su artículo 149-32 lo permite, el Estado central no se está por la labor ni siquiera de conceder la celebración de un Referéndum para decidir el futuro político separado del Estado central. 
A pesar de que los ingleses en Referéndum decidieron que UK saliera de la UE y el Gobierno de UK negociara con el Europeo la salida acordada de ls UE, el Gobierno del Reino Unido ha entrado en crisis y no ha podido ratificar la salida de la UE en la fecha acordada. Hay predicciones negativas sobre la economía del Reino Unido y cuesta entender como un pueblo que se ha guiado siempre más por el beneficio de las cosas concretas que por las ideologías de cualquier tipo haya entrado en un laberinto del que no sabe cómo salir .
El Brexit ha alertado al grueso de las sociedades europeas sobre posibles aventuras de ruptura con Europa. Sin embargo, los partidos euroescépticos ganando posiciones y empiezan a ser determinantes en el gobierno europeo. ¿Porqué?
La crisis económica y la entrada de inmigrantes ha provocado una fuerte corriente de insatisfacción en los ciudadanos que ha hecho reavivar los sentimientos nacionalistas en casi toda la UE. La política integradora que hizo caer fronteras económicas, comerciales, humanas y algunas políticas en los últimos treinta años se puede ver modificada si los partidos que muchos llaman xenofogos y populistas ganan votos y parlamentarios.

ACTORES EXTERNOS:
Los movimientos ultranacionalistas que surgen en prácticamente toda Europa convienen a Rusia, a Estados Unidos y a China. A cada uno por varias razones.
Vladimir Putin quiere una Europa débil y, a ser posible, lo más fragmentada posible para poder restablecer la influencia del Kremlin en las repúblicas independizadas tras el desmembramiento de la Unión Soviética en 1991 y así volver a ejercer su influencia sobre los estados que hasta hace unos años estaban bajo el paraguas protector de Rusia.
China tiene más intereses económicos y comerciales que políticos en Europa. En todo caso no le interesa un competidor industrial fuerte como la Unión Europea.
Estados Unidos y su actual presidente Donald Trump ha dejado de creer en la importancia de las relaciones transatlánticas que han condicionado la política internacional en los últimos setenta años. Trump ha hecho críticas a la Unión Europea y hasta felicitó a los británicos por la decisión de votar el Brexit. Su proteccionismo económico y un nacionalismo que rompe con la tradición abierta de los Estados Unidos es una amenaza para Europa aunque también para el resto del mundo.

¿PORQUE PASA ESTO?
Cuánto se creó la UE creo que no se pretendía que a la larga tan sólo fuera un “mercado comercial” ... (lo que es actualmente).
Adenauer y posteriormente otros como Mitterrand, quiero creer que pretendían una UE unida para ser más fuertes. Tal vez no contaban con la reunificación de las dos Alemanias que todos celebramos, y que ésta, Alemania aprovecharía para precipitarse y unificar de repente la Oriental con la Occidental ... con una mochila bien escondida y sin negociación.
Creo que todos eran conscientes de que hacía falta una UE POLÍTICA, que aún no se da, supongo porque ninguno de los Estados que la forman quiere perder poder y menos los Super Estados.
Paris es muy chauvinista y centralista (en Francia no hay ninguna gran capital que le haga ni tan solo una pequeña sombra a Paris. España (Borbones) ha querido siempre hacer lo mismo potenciando Madrid y poniendo palos en las ruedas al desarrollo de Barcelona y al arco Mediterráneo, aunque no lo haya conseguido tan bien como París. Alemania con Frankfurt, Hamburgo, Colonia, Milan a Italia o Porto en Portugal ya son otra cosa.
Si bien parte de la subida de las extremas derechas puede deberse a diferentes errores políticos de la UE, espero que los grandes estados se coman el ego y formen antes de que sea demasiado tarde la Unión Federal Europea. Es el único camino de supervivencia ante el imperialismo ruso, la superpotencia de los USA con aspiraciones de gendarme mundial y la “paciente" pero no menos peligrosa China ... que ya nos están invadiendo y nadie dice nada de nada. No sólo comprando deuda de todos los paises (incluida la de USA), copiando tecnología occidental y usando el Big Data que recopilan con los productos baratos que venden sus empresas tecnológicas a usuarios occidentales. Sus emigrantes son miles de hormiguitas que se auto abastecen allí donde se establecen y no tienen ningún interés por integrarse. Sólo hacen negocio con los locales, pagando los mínimos impuestos posibles al tiempo que se aprovechan de todos los servicios y bienestar que encuentran en Europa y no tenían en su país.
Y no he dicho nada de Sudamérica ni de África ...
Puede parecer que Europa nos queda muy lejos, pero sus decisiones nos influirán mucho y no sólo porque estamos endeudados con la UE con todo nuestro PIB. 
Nos quedan unos pocos días para informarse, pensar y tomar una decisión de voto.

lunes, 20 de mayo de 2019

La vida no es un viaje organizado, es una aventura

Hace tiempo que las autoridades decidieron que las ciudades ya no eran para sus habitantes, y la cosa va a más y más, a toda velocidad. Las han convertido en negocio, en decorado, en discoteca, en parque temático, en estadio para actividades “lúdicas” de una parte de la población, en terreno que el codicioso sector hostelero y de la restauración usa para su provecho. Las hordas de turistas invaden las calles sin freno y privan de espacio a los ciudadanos. Demasiados caseros, poco previsores, convierten sus pisos en “turísticos” alquilados temporalmente a una barahúnda de cambiantes grupos etílicos y sin sentido de la conservación y echan a los antiguos residentes fijos y cumplidores que cuidaban sus pisos como si fueran propios porque era en ellos donde vivían. Estas hordas “low cost” arrasan y destruyen nuestras ciudades como una plaga de langostas.

Los lugares turísticos de las ciudades están siempre llenos de incontables grupos de turistas en cualquier mes del año; nuestro excelente clima ayuda. Vienen de todas partes del mundo y de todas las edades (no sólo jubilados o estudiantes). ¿Cómo es que tantos disponen de tantos días libres en cualquier estación? ¿No trabajan?¿Cómo pueden permitírselo?. No queda rincón libre de esa invasión. En las principales ciudades españolas llevamos años agonizando de éxito y el turismo se ha convertido en nuestra principal industria. Nos hemos convertido en un país de camareros, pinches y kellys. ¿Cómo es que, si las clases medias están empobrecidas, nos desplazamos sin parar?. Es cierto que los vuelos son cada vez más baratos, pero hay que sumarles las comidas, los aperitivos, cervezas y refrescos en las terrazas (siempre están a reventar), el alojamiento, el transporte y la compra de “recuerdos” que ni siquiera son autóctonos. Muchos no saben más que el nombre del lugar que pisan (Si hoy es lunes, esto será Barcelona), y algunos ni eso.
¿De dónde salen el tiempo y el dinero que se dilapida en estas escapadas? Y, sobre todo, ¿de dónde proviene este enloquecido afán por moverse de aquí para allá? Será que como mucha gente no está a gusto en “su sitio” se quiere escapar a cualquier otro lugar.
Sería estupendo que los que viajan lo hicieran porque desean ver otros lugares, conocer y “adquirir cultura”, por mal que suene esta expresión. Pero no parece que sea el caso. Casi ninguna de estas “termitas” o “langostas” (según la edad y tamaños) se ha informado antes de viajar y cuando pisan el lugar de destino, pocos miran alrededor del “foto-spot”. Pocos se han documentado previamente sobre la historia del lugar, la forma de vida de sus residentes, sus costumbres; y si alguno lee/escucha algo durante la estancia, lo olvida pronto. La gran mayoría se afana en sacarse una selfie que retransmiten al momento y se pasan el resto de la excursión comprobando los likes que reciben. Parece que a pocos les interesa contemplar un paisaje, observar un cuadro o una escultura en un museo. Sólo les interesa hacerse la selfie con el famoso o en el lugar que les ha recomendado el influencer de turno. El objetivo es conseguir una foto posando delante de la Sagrada Familia, las Meninas o la Puerta de la Feria de abril. Una vez enviada la selfie con los “morritos de culo” y “dedos en V”, ya pueden tachar el ítem de la lista y partir hacia otra ciudad. Para alimentarse no hace falta pensar mucho: algo rápido, de pie, mientras se consulta el WhatsApp y mientras se hace la cola para el helado, se aprovecha para fardar de que “yo esto ya lo había hecho hace muchos años, cuando todavía era auténtico” y seguir presumiendo de que se ha estado en Madrid, se ha paseado al lado del Sena en París y por el Puente de Carlos en Praga, se ha bañado en Bali, ha tomado un estupendo café en Danieli de Venecia,… Se repite la manía de presumir ante los conocidos colgando selfies en las redes: “¡Mirad dónde estoy!”, como si nadie mas hubiera estado nunca en ese mismo sitio porqué lo acabamos de descubrir nosotros.
Las ordas de turistas destructores no se dan cuenta de que hoy en día nada de lo que hacen tiene ya ningún mérito, nada puede ya dar envidia a nadie; nada es raro ni insólito, todo está trillado. Si hasta mi abuela, cuando hace muchos años sólo había dos canales en la TV y le mostraba algo que ella no había visto nunca ni siquiera sabía que existía, me decía “ahora hacen de todo”. Que no dirán nuestros receptores ahora que estamos inundados de toda clase de material audiovisual al alcance de nuestra TV, tableta o móviles. 
Viajar ha perdido el aura que alguna vez tuvo y a pasado a ser lo más vulgar que hoy se puede hacer. Los diarios, en sus versiones digitales, están plagados de imbecilidades del tipo: “Los diez pueblos de España que no se debe usted perder”. Los diez restaurantes/tascas/libros/iglesias/cervezas/playas/senderos/puentes/cascadas que debe visitar antes de morir, y así hasta el infinito. Lo mejor de todo es que hay multitud de rebaños que apuntan religiosamente todas estas arbitrariedades, piden créditos para poder presumir de haberlas consumado. Tanto mejor cuanto más corta sea la estancia y lejano sea el lugar. La gente se agolpa en lugares “que no se puede usted perder” para hacerse selfies a codazo limpio. ¡Yo también he estado allí!. No importa la experiencia real (agobio de multitudes, horas de caravanas, largas colas de espera, etc.) porque muchas veces no recuerdan donde estuvieron ni que vieron o sintieron; solo saben que estuvieron porqué tacharon el nombre del lugar de la lista que tomaron a partir de las recomendaciones de los correspondientes “advisers” digitales. 
Lo último que deseo es la destrucción de las ciudades, los pueblos y los paisajes, de las playas, los monumentos, los parques y las obras de arte. Si por lo menos fuera para contemplarlos, disfrutar de ellos y llevarse un buen recuerdo… Pero no, eso es lo que pocos hacen. La mayoría tan sólo tacha mentalmente: una cosa menos en mi interminable lista de “obligaciones” para estar al día y poder presumir de “cool” y “fancy”. Y otra y otra y otra; y otra más. Y en cuanto puede, más y más (los lugares turísticos son prácticamente infinitos para visitarlos en una vida). Es curioso que con lo que les ha costado hipotecarse durante décadas para conseguir una casa donde vivir, haya tanta gente que haga lo que sea para poder salir de su casa aparentando lo que no son/tienen, dar envidia a los demás y buscar la diversión y felicidad que no saben encontrar en el día a día. Cuesta aprender que aunque cambien de lugar, no cambian de cultura, hábitos ni forma de pensar y eso es lo más importante: si no te gusta tu entorno, cámbiate a ti mismo.

Si no te gusta tu entorno, no viajes a otro lugar; cámbiate a ti mismo y mejóralo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Trabajar menos para vivir mejor

¿Ha oído alguna vez?: "¡Solo vive para trabajar! Es mejor trabajar menos y vivir más". 
Tal vez sería mejor decir: "Trabajar menos y producir más". Porque no se es más feliz cuanto más tiempo libre se tiene sino cuando se vive el tiempo con mejor calidad. 
A todos se nos da el mismo tiempo gratuitamente y tal vez por ello no nos duele desperdiciarlo. Para algunos trabajar es horroroso, para otros una bendición y para la mayoría, trabajar es algo necesario para poder vivir y poder permitirse un ocio que le satisface.
Hay diferencias escandalosas entre número de horas trabajadas y el PIB per capita en cada país/región/comunidad porque la PRODUCTIVIDAD promedio de los ciudadanos de cada país/región/comunidad es diferente. Hay quien trabaja (o está en el trabajo leyendo el periódico o “arreglando el país/región/comunidad con los compañeros) un elevadísimo número de horas pero genera bienes y servicios de muy bajo valor, por lo que el PIB pc será reducido. Y al revés: el valor generado puede ser muy alto y obtenerse en un número de horas bajo porque la formación, la concentración y la productividad de los trabajadores es muy alta.

En el tema de la productividad influye el nivel de inversión con que se cuenta en cada país/región/comunidad y de la cualificación del personal productivo. También influye la estructura del PIB: si se sustenta en el bajo valor o el alto, y si el modelo productivo es muy intensivo en trabajo humano o en capital. También la tasa de actividad, la distribución del valor fabricado, el nivel de población y su concentración, la estructura del país y la distribución geográfica de sus unidades productivas.
El problema de España radica en que un español trabaja en promedio las mismas horas que un canadiense, pero en ese tiempo el canadiense genera por cada trabajador 1,5 veces más de PIB. Según esto podría pensarse que a los españoles, en promedio, no les sale a cuenta trabajar tantas horas. El problema es que si no lo hiciesen, su PIB sería aún menor de lo que es, porque su modelo es muy intensivo en factor trabajo.

Si seguimos pensando que “¡inventen los otros!” y sólo nos preocupamos por “captar recursos” esquilmando (via impuestos) a quienes los tienen (porqué se esfuerzan y trabajan para conseguirlos y guardarlos), para repartirlos entre los que menos tienen; cada vez iremos a peor. A nadie le gusta admitir que esto sea cierto y encuentra mil excusas para disimular, pero la realidad es que nos contentamos con decir “que me quiten lo bailado”, “a vivir que son dos días”, haber si consigo cobrar algo del Estado y… el que venga detrás ya se espabilará. 

Los recursos son finitos, cada vez las que se consideraban “clases medias” lo son menos y se van empobreciendo más, y por tanto, son menos los que contribuyen al erario público y más los que buscan su ayuda. Ningún político se atreve a afrontar los problemas reales (facilitar la labor a los que saben y pueden crear empleos y riqueza) y se dedican a sangrar a las mal llamadas clases medias que ya están quedando exhaustas. Al tiempo van engrosando la deuda internacional. Los acreedores avisan que si a alguien se le ocurre disminuir el pago mensual de los intereses de la deuda (¿se acuerdan de Varoufakis y Tsipras?), tomarán medidas.
Lo dicho, sigamos con lo nuestro (destrozando el planeta, poniendo todas las trabas inimaginables a los que saben y quieren generar empleo, aprovechándonos directa o indirectamente del trabajo de los que producen, no persiguiendo eficazmente el fraude ni a los monopolios, etc. ). Sigamos lamentando lo malos que son los otros y lo mal que se portan con nosotros. Dentro de poco, iremos otra vez a votar. Otra vez debates electorales y miles de opinadores a sueldo dando cada vez más circo a la audiencia. El pan, es otra cosa. Cada uno se lo deberá ganar como mejor sepa. Unos lo harán con el sudor de su frente y otros seguirán haciéndose las víctimas y votando al primero que les diga que van a hacer que los “ricos” paguen de una vez la fiesta. Todos sabemos que nunca lo han hecho, que defraudan todo lo que quieren y que los corruptos se lo permiten; pero la esperanza es lo último que se pierde y seguimos creyéndonos todas las mentiras que nos tocan el sentimiento y nos nubla la razón.

jueves, 25 de abril de 2019

¿Qué es peor, DESIGUALDAD o POBREZA?

¿Saben que Singapur es una sociedad mucho más desigual que España? ¿Saben que tiene una renta per capita mayor para todos los quintiles de la distribución de la renta?. En Singapur también hay pobres y ricos, pero “sus pobres” (muchos menos en porcentaje) son mucho menos pobres que “nuestros pobres”.
Los españoles nos enorgullecemos de ser muy solidarios y acogedores, sin embargo olvidamos que el objetivo primordial de cualquier persona preocupada por el bienestar ajeno debería ser el de incrementar los ingresos del conjunto de la población, no el de reducir los diferenciales entre esos ingresos. El bienestar de un individuo sabemos que sí está estrechamente relacionado con su nivel de renta: a mayor renta, mejor alimentación, mejor sanidad, mejor educación, mayor tiempo de ocio, etc.; El bienestar de las personas no debería guardar relación alguna con el grado de desigualdad de la sociedad en la que residen pero si lo hace. ¿Será porqué la “envidia” nos hace codiciar lo ajeno y en lugar de trabajar para superarnos, nos enfada que nuestro vecino tenga mas “XXX” que nosotros.
La evidencia apunta a que la desigualdad no perjudica al crecimiento económico y, por consiguiente, al aumento de los ingresos de todas las personas. Por ello, resulta claramente preferible una sociedad de rentas desigualmente elevadas a una sociedad de ingresos igualmente míseros. La política económica prioritaria debería ser la de relanzar el crecimiento económico inclusivo (un crecimiento que nos beneficie a todos, aunque lo haga en proporciones desiguales), no la de redistribuir la renta cada vez más mínima. Y esto no se consigue por decreto ley.
El principal problema económico al que se enfrenta una sociedad no es la desigualdad sino la pobreza. Es decir, el desempleo y el subempleo; los salarios estancados; el sobreendeudamiento familiar; la obsolescencia del capital humano en relación con las necesidades del mercado; el encarecimiento de los alquileres y del restante coste de la vida, etc. Todos ellos son factores que nos empobrecen y, sobre todo, que mantienen en la pobreza a una parte de los ciudadanos, pero no son factores que necesariamente generen desigualdad. Estos factores deberían evolucionar a mejor (más empleo; salarios crecientes; coste de la vida decreciente…), de tal manera que el conjunto de los ciudadanos se enriqueciera, pero ese enriquecimiento podría a su vez distribuirse de manera desigualitaria (de modo que unos se enriquecerían más que otros). Desde un punto de vista económico y social lo ideal es reducir la pobreza en lugar de empobrecer a la clase media para que todos seamos más igualmente pobres. Recordemos que las guerras o las epidemias devastan a toda la sociedad y sin embargo aumentan la igualdad.
La desigualdad se reduce si se crea empleo aunque no sea de optima calidad. Lo que no ayuda a reducir la pobreza es tomar medidas regresivas que además aumentan la desigualdad, como: 
-Aumento generalizado de las pensiones (los pensionistas son en términos medios el colectivo que ha mantenido su poder adquisitivo durante la crisis (a los pensionistas se les ha subido un poquito y a los trabajadores se les ha bajado mucho), de modo que aumentar sus ingresos a costa del resto de la población aumenta la desigualdad); 
-Incremento del salario mínimo y de las regulaciones laborales (que contribuyen a destruir empleo y por tanto a aumentar la desigualdad); 
-Aumentar los ingresos de los empleados públicos (al hallarse estos en la parte alta de la distribución de la renta, concentrar más renta en sus manos hace crecer la desigualdad), sin contar a los empleados públicos de libre designación que cobran mucho y producen poco; 
-Converger hacia el promedio de recaudación de la Unión Europea (lo que supone introducir figuras fiscales más regresivas dentro del sistema fiscal español), 
-Gratuidad del primer año de las matrículas universitarias (que supone transferir ingresos del conjunto de los contribuyentes no solo a los hijos de familias pobres sino también de familias de renta alta).
-etc.
Se que leer esto no habrá sido agradable para muchos. Se que a todos nos gusta recibir “regalos” o que nos “traten favorablemente” y por ello cuando algún político nos dice que nos tratará favorablemente o nos regalará algo nos alegra el día; pero deberíamos recordar que "el que regala y bien vende el que lo toma lo entiende” y pensar que recibir “prebendas” (injustas para los que tienen que pagarlas y no se benefician de las mismas) no resolverá nuestro problema de fondo: la pobreza.
Si queremos ser justos deberíamos entender que el principal problema de los españoles NO es la desigualdad y que cebar el tamaño del Estado a costa de la clase media, solo significará más poder para los políticos y menos para los ciudadanos, y no ayudará a reducir la desigualdad sino todo lo contrario. El Estado debería facilitar que los ciudadanos puedan ganarse la vida dignamente y no convertirse en un mal empresario en todas las facetas de la vida, fomentando el enchufismo y el despilfarro improductivo. Algunos insisten en que se crea riqueza de sobra pero se reparte injustamente. Es cierto que se crea riqueza, menos de lo que sería ideal, y que se puede repartir más justamente. Habría que empezar por eliminar muchos políticos insuficientemente preparados, algunos corruptos, burócratas, lobistas y resto de vagos y parásitos subvencionados con carné, a costa del expolio generalizado de quienes se desloman trabajando y se sacrifican ahorrando.
Quieren hacernos creer que la virtud es un vicio, que la aplicación, el esfuerzo y la austeridad generan envidias y desigualdades intolerables, pues nadie debe sobresalir de la mediocridad y hay que igualar por abajo, pero no es cierto. Las perversas sanguijuelas políticas que se nutren de provocar malestar y enfrentamiento también provocan diferencias y causan desigualdades.
Cuando se respeta el fruto del trabajo de las personas más honradas y diligentes sin arrebatárselo ni esclavizarlas, todo el mundo trata de emularlas y el éxito se generaliza en un entorno de sinergia, colaboración, mutuo apoyo, felicidad y recompensa. La fórmula es bien sencilla: escrupuloso respeto a las personas y a sus creaciones, a su propiedad, mediante iguales normas simétricas para todos sin ninguna clase de privilegio o discriminación falsamente positiva. Así es más probable que la riqueza general se dispare y se reduzca la desigualdad material, pues por un proceso de simple ejemplaridad e imitación, la sociedad tendería a homogeneizarse en la prosperidad de manera espontánea. Por el contrario, si nos afamamos deliberadamente en dividir la sociedad en ricos y pobres, solo conseguiremos un autosostenido círculo vicioso de rencillas y odios. 
Todos los que interfieren los acuerdos libres y voluntarios, frustran beneficiosos negocios para todos generando monopolios abusivos en exclusivo beneficio de unos pocos relativamente favorecidos por el poder, que, en medio de un empobrecimiento general, y merced a dicho monopolio logran vivir mejor que el resto. Al destruir los precios de libre mercado, eliminan la información indispensable para una eficaz coordinación productiva. Al confiscar buena parte de las ganancias, desincentivan el empeño y la laboriosidad, pero estimulan la molicie y la dependencia; al baremar méritos y ponderar derechos en función de clases e identidades colectivas y no de responsabilidades personales, nos retrotraen a épocas oscuras que parecían superadas pero a la vista está que no lo están en absoluto. Toda esa maldad está perfectamente estudiada y diseñada a fin de causar agravios, miseria y malestar de la que culpar a otros, a los chivos expiatorios oficiales -utilizando el control de medios y el totalitarismo de la corrección política- para justificar renovadas intervenciones que sostengan el malestar y sus poltronas, porque ellos sí que viven muy bien con sueldos astronómicos y prebendas variadas mientras los demás cada vez hemos de trabajar más, ahorrar y aguantar calificativos de insolidarios, para que ellos se lo gasten alegremente.
Lamentablemente, muchos políticos no han trabajado en su via en el sector privado y no tienen ni idea de cómo crear riqueza. En cambio, saben perfectamente cómo meter la mano en el bolsillo de los trabajadores de las clases medias en busca de “recursos” y, para ello, no dejan de inventar argumentos más o menos ramplones o torticeros. No tienen ningún escrúpulo en mentir, no se rinden ante la evidencia y aman tanto a los pobres que no cejan de aumentar su número para expandir su amor fraterno.
Si atendemos a las finanzas personales que declaran, demasiados políticos no saben nada acerca de la riqueza y por tanto son incapaces de establecer las bases para crearla y para que ésta empape y mejore las condiciones de todos los ciudadanos. Desgraciadamente son expertos en “buscar recursos” que otros han generado con su esfuerzo, dilapidarlos y repartírselos entre sus amigos próximos. Si este proceder se probara en ciudadanos normales seguramente irían a la cárcel por ladrones o serían despedidos de su trabajo por inútiles. Pero se han metido en política y lo enmascaran con el manto legal de la cosa publica. Como se da el caso de que somos un país con mucho vago, envidioso y poca formación económica, las palabras de estos aprovechados caen en terreno abonado y hacen las delicias de muchos que ya se ven viviendo a costa del sudor ajeno.
Después de haber metido el sobre en la urna, los políticos se aprestan a repartirse las poltronas y a ver que pueden con su cargo. Lo prometido queda rápidamente olvidado y los ciudadanos con un palmo de narices, no les queda otra que lamentarse y volver a preocuparse por lo suyo. 
Ya lo dicen, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y es que no aprendemos… Recuérdenlo el domingo que viene.

domingo, 21 de abril de 2019

La semana que viene… Debates electorales en las TV

La semana próxima, algunas TV nos obsequiarán con programas que llaman debates electorales. Tal vez nos hablarán sobre el fraude fiscal, la insuficiente productividad, la estructura del PIB sustentado en bajo valor añadido, la insostenibilidad de la deuda pública y de los compromisos de déficit que el nuevo gobierno habrá que cumplir si o si porqué lo impondrá la UE…. Mucho me temo que NO va a ser así. Más bien supongo que en lugar de Programas, propuestas y argumentaciones sobre política económica, fiscal, empleo, social, estado del bienestar, pensiones e igualdad y regeneración democrática nos machacarán con descalificaciones cruzadas e insultos a los que no están representados en el debate.
Dado que los “convencidos” ya saben a quién votarán y que para ayudar a que los indecisos o escépticos se decidan a ir a votar estos debates sirven poco, se podrían ahorrar estas emisiones y todos los minutos que ya llevan hablando de ellos los últimos días.

Como todos sabemos que para excitar los sentimientos de los ciudadanos los partidos políticos ya tienen los mítines, la propaganda electoral y multitud de sondeos precocinados, a mi me gustaría ver dos Grupos de “programas electorales”:

1er. grupo de programas sobre el “pasado reciente”.

El conductor del programa leería preguntas formuladas por todos los medios que quisieran formularlas, los representantes de los grupos políticos en el Parlamento saliente las responderían y un “sistema de Inteligencia Artificial” valoraría la veracidad de las respuestas y si cumplieron con las propuestas electorales que hicieron antes de ser elegidos. El sistema de IA daría una nota a cada participante. Los televidentes y escuchantes tendrían más claro quién gana o pierde el debate y la credibilidad de cada cual.

2º grupo de programas sobre las “Propuestas para el futuro”.

Participarían en el debate varias ternas representando cada una de ellas a cada una de las diferentes formaciones políticas que se presentarán a las próximas elecciones. Se formularían, a cada terna, las preguntas de los medios y de los ciudadanos y deberían explicar cómo y con que medios pensaban ejecutar sus programas. Un “Sistema de IA” analizaría la posibilidad de cumplimiento y detectaría posibles incongruencias.

¿Que les parece a ustedes?

lunes, 8 de abril de 2019

BREXIT, Catexit,... ¿Son galgos o podencos?

El Brexit responde a un movimiento supremacista y nacionalista de las élites conservadoras británicas que han influido en Europa y en el mundo durante más de dos siglos. Son una minoría que ha estudiado en las mejores escuelas y univer­sidades, es viajada, bien conectada entre ellos y con trabajo asegurado tanto si se dedican a la política, a las finanzas, al periodismo o a la empresa. Muchos pueden vivir de renta. Son cultos y hablan inglés académico y elitista.

Hay que abandonar la esperanza de que Gran Bretaña se comporte como un socio fiable de una Unión Europea que no puede controlar pero sí dividir y fragmentar, como siempre, para el servicio de sus propios intereses. 
Es lógico que la paciencia se vaya agotando en las instituciones europeas y que se exija a los británicos qué quieren exactamente, porque ni ellos, con las inacabables y lúcidas discusiones en la Cámara de los ­Comunes, acaban de ponerse de acuerdo.
Es insólito que un pueblo que pone por delante sus intereses, su sentido práctico de la vida y de la política, se encuentre ahora en un callejón sin salida que mantiene en vilo a las democracias liberales.
Todos los altos funcionarios de Bruselas admiten que los británicos son excelentes funcionarios y saben cómo administrar sus intereses en debates abiertos y civilizados.
Los sucesivos gobiernos de Londres no entraron en el euro ni tampoco en la libertad de fronteras establecida en el tratado de Schengen. Han estado en Europa a la carta, como han querido, se les han permitido todos sus caprichos y peticiones. Pensaban que la City seguiría siendo hegemónica y que el BCE, con sede en Frankfurt, no constituiría una amenaza al centro financiero de Londres.
La prensa popular, con millones de ejemplares vendidos, y los diarios de más calidad, a excepción del Financial Times, pusieron la proa contra Bruselas desde el comienzo. Sin embargo, la mayoría de los primeros mi­nistros británicos se han estrellado en los arrecifes de Europa.
Cameron no cumplió su promesa electoral de limitar la inmigración y tuvo la ocurrencia de convocar un referéndum. Pensaba que lo ganaría como el de Escocia y no contó con las sutiles y sibilinas prácticas de sus correligionarios, que recurrieron a mentiras gruesas para convencer a una mayoría de británicos de que la Pompa y circunstancia era acatada por todo el mundo.
Para convencer a casi un 52% de los británicos de la necesidad del Brexit no fueron a las ciudades y a los centros de la modernidad. Acudieron a la vieja Inglaterra, conservadora y rural, miedosa del futuro, nacionalista y tradicionalista, populista y puritana, más pobre también, exhausta y vencida de las guerras que ganó.
Los ingleses nunca han querido formar una familia europea y dotarla de una estructura bajo la que podamos todos prosperar en paz, en seguridad y en libertad. Nunca han querido ayudar a construir algo parecido a los Estados Unidos de Europa, ni siquiera para conseguir mantener a los americanos dentro, a los soviéticos fuera, y a los alemanes abajo. Los ingleses se siguen creyendo superiores a los continentales, sin querer admitir que las relaciones de poder han cambiado, que USA tiene otros socios y otros competidores más allá de Europa, que sus antiguas colonias en Asia miran más hacia la Asia Emergente que a la antigua Inglaterra y que por si solos ya no pueden seguir imponiendo su ley aprovechándose del gran mercado europeo sin corresponder con las ayudas pertinentes.
"LOS DOS CONEJOS" - Tomas de Iriarte .
Europa debería dar un paso hacia el futuro. Estamos anclados en las disputas de los siglos XVII y XVIII sobre las naciones y estados que forman Europa. Ahora, la pregunta podría ser: que países, regiones, naciones o estados quieren formar parte de una Federación Europea en la que la soberanía no resida en ningún antiguo pueblo europeo sino en los europeos, con un gobierno federal, leyes fiscales comunes, ejército común, impuestos a empresas comunes, sin paraísos fiscales internos y las mismas oportunidades sociales para todos sus ciudadanos. No me parece lógico que no comprendamos que los pequeños estado europeos, y me refiero a Alemania también, van a tener voz en el mundo actual. Cómo podemos fomentar un mundo más ético si hemos perdido la ética por disputas internas que desean volver a siglos pasados.
El continente está amenazado desde el punto de vista demográfico y, por tanto, abocado a un crecimiento lento. A medida que decaiga la cuota de Europa del PIB global, menos capacidad tendrá esta de determinar la naturaleza de las relaciones internacionales. Lo que deja a China como el candidato obvio a ocupar el espacio desalojado por Estados Unidos. Mientras Europa tiene que batallar en cien frentes, China avanza en sus alianzas, con sus proyectos de ferrocarril, su ruta de la seda, sus acuerdos con Italia (tela Italia como pasa de Europa, esto ya le pasara factura) no queremos aprender del pragmatismo y de la unión de los chinos(que duplican todo lo que inventa Silicon Valle, con su copia de Facebook controlado, su copia de Twiter , su copia de Amazon, su copia de tecnología de móviles, de WS, de satélites etc. 
China, en tanto principal socio comercial y fuente de inversión extranjera en un número creciente de países, ya posee cierta capacidad de influir en el orden económico internacional. La cuestión es ¿qué clase de orden tiene China en mente?.
Mientras, Londres sigue discutiendo con Bruselas si son galgos o podencos. El gobierno Catalán sigue haciendo algo similar a mucha menor escala con el Gobierno de España. Mientras, la ciudadanía seguimos absortos mirando nuestro ombliguito, sin ser conscientes de que estamos en un pequeño cascarón en medio de un amplísimo océano de intereses y que nos podemos ahogar en cualquier momento si no buscamos un socio-comunidad que nos permita enderezar el rumbo aleatorio con el que hace años que nos movemos.