martes, 11 de noviembre de 2014

Nada es lo que parece

En los días previos al 9N, mientras el aparato del Estado español amenazaba al Gobierno de Cataluña por n-sima vez con las siete plagas bíblicas, el presidente Mas empleó el símil de David y Goliat del primer libro de Samuel en el Antiguo Testamento de la Sagrada Biblia. Equiparó a España con Goliat y a Cataluña con David.
Ni en tiempos arcaicos ni en los actuales, al parecer, ni Goliat era tan fuerte, ni David tan débil como aparentaban. 
En todo caso se ha vuelto a ver que nunca es razonable decidir por las apariencias ni actuar basado en ellas. Nunca se tiene que despreciar a nadie y menos menospreciar sus habilidades y sus razones.
Todos tenemos que escuchar mucho a los demás. Por su parte los políticos deben perder menos tiempo de discursos, declaración y propaganda y usar más tiempo en dialogo y trabajar. El no hacerlo así, empuja a todos hacia escenarios peligrosos. 
En cualquier confrontación de este tipo, más que quien gana o pierde, lo que más importa  es cuanto está dispuesto a arriesgar o sufrir cada uno.
Lo que pasó el 9N nos debería hacer pensar que quizás esta España, armada con su Constitución, sus tribunales y su prensa fiel, no es ni tan poderosa ni tan temible como pregona su corte y muchos creen: la manipulación partidista de las instituciones del Estado (el Ministerio del Interior, la Policía, la Fiscalía o el TC), el deterioro institucional generalizado o la incapacidad del gobierno de ver y solucionar problemas, demuestran la debilidad típica de un régimen que está implosión. No sólo a causa del “problema catalán” sino también a causa de la corrupción que invade el partido del gobierno y en general de todos los que tocan poder y de su inoperancia, rigidez y falta de respeto por los ciudadanos de los diferentes pueblos de España.
Muchas amenazas chulescas de los dirigentes del PP son un farol para dar tanto miedo que llegue a actuar como disuasorio de protestas, reivindicaciones legítimas o incluso de un enfrentamiento político real. España, como el gigante filisteo, no es un país fuerte económicamente ni respetado a nivel mundial y parece que sus dirigentes estén ciegos o faltos de sentido común.
Por otra parte, quizás Cataluña no es tan débil como muchos piensan y muchos otros quieren hacer creer. Cataluña es una nación con capacidad económica y tiene un arma muy potente: la voluntad de ser de sus ciudadanos y la determinación y la ilusión continuada que vienen mostrando muchos cientos de miles de personas en los últimos 11 de Septiembre.
Más de dos millones de ciudadanos volvieron a exhibir sus ideas el pasado 9N. En la "manifestación contada", unos se emocionaron recordando a sus antepasados, otros lo hicieron por un puro sentido pragmático y otros porque no les gusta tanta negativa y falta de diálogo y propuestas por parte del gobierno del Estado Español. Esa emoción, esa ilusión y esa determinación para construir un nuevo estado más justo y más conveniente para los catalanes dan una gran fuerza. Algo que nadie responsable debería olvidar y menos menospreciar.
©JuanJAS
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