jueves, 30 de junio de 2016

EL NEGOCIO DE LA DEUDA ESTABA EN LOS INTERESES

Ya son legión los bonos que rinden intereses negativos. 
Pienso que la razón principal de tal sin sentido –El que presta dinero, encima tiene que pagar por prestarlo– radica en la monstruosa incertidumbre total que se ha instalado en el sistema económico, lógica, por otra parte, teniendo en cuenta que nos hallamos en una crisis sistémica en la que se está produciendo un cambio de modelo.
Una incertidumbre que lleva a pagar para que te guarden el dinero debido a que, se supone que, colocado en cualquier otro sitio –invertido en cualquier otra inversión– el riesgo que correría sería muy superior a lo que se va a perder pagando por prestarlo. ¡Alucinante!.
Como de mal deben estar las cosas, para que un inversor inteligente piense así. (Y lo de los diferenciales de precio entre lo que se paga al Estado de turno y lo que paga el BCE, influye, pero si no fuese por el pavor existente…).
La realidad es que en el planeta sobra dinero y sobra capital, el problema es que hay escasísimas inversiones que den una rentabilidad aceptable y que, a la vez, sean seguras. Y se complica con una situación de sobreoferta de todo y una de consumo insuficiente para absorber esa oferta, en parte por el mega endeudamiento de los consumidores (un bien de capital también es consumo), en parte por la saturación de bienes ofertados. Y aún se complica más porque una tecnología crecientemente sofisticada, cada vez más barata, más fácil de utilizar y con un mantenimiento muy automatizado produce un hundimiento en la demanda de trabajo, lo que repercute en la recaudación fiscal y en los ingresos de la Seguridad Social. Un esquema que se repite en todas partes.
La inflación no sube, porque se ha llegado a una situación de sobreoferta de todo combinada con una incapacidad de consumo por falta de renta –salarial, fundamentalmente– y de crédito; es decir, sobra de todo y ese todo no se puede adquirir. Y así, por mucho que bajen los tipos… Basta con visitar cualquier edificio de un centro comercial de referencia para las clases medias altas, y ver la poca cantidad de gente que mira y menos compra, a pesar de las importantes rebajas para celebrar que “estamos de aniversario…”
A todo esto añadan las toneladas de dinero inyectadas por los Bancos centrales que algún día habrá que empezar a reabsorber.
En esta situación prolongada de tipos de interés reales bajísimos o incluso negativos —un informe encargado por el BCE para su conferencia anual en Sintra augura que al menos durará hasta 2021— los que pudieron ahorrar y los jubilados, que se fabricaron un rincón para cuando pintaran canas, seguirán perjudicados al obtener rendimientos solo simbólicos de su hucha. ¿Qué cliente está dispuesto a pagar un porcentaje del 1,5% por los servicios de los bancos, cuando ni siquiera los recupera con los intereses bajísimos que le ofrecen a cambio?.
Mientras los sacrificados ahorradores profieren maldiciones, los usuarios del crédito alocado respiran aligerados, cuando no pintan albricias.
La crisis ha posibilitado un cierto desapalancamiento, las familias y empresas responsables han aprovechado para desendeudarse, consumen menos, los Estados reducen su gasto; todos se dedican a ahorrar lo que pueden; la demanda de activos financieros flojea, y su rentabilidad cae por los suelos.
Los balances de nuestros principales bancos están a tope de bonos nacionales y esto concentra riesgo, consolida el peligroso bucle entre deuda privada y pública y facilita muy poco el surgimiento de un sistema financiero europeo transnacional.
¿Porqué no se crean eurobonos y se sustituye buena parte de los bonos nacionales por los europeos?. Con ello existiría ese activo seguro, libre de riesgo, por el que tantos clamamos y que beneficiaría igual a la Europa rubia que a la morena. Así todos los bancos podrían comprar eurobonos, pero no bonos nacionales. Estos quedarían como activos locales con riesgo, aptos para ricos y ahorradores valientes. Cada cual es libre de tomar el riesgo que quiera pero el que no…
El Gobierno en funciones nos repite que España va bien y que con ellos irá mejor. Si interpretamos su mensaje en el sentido de que los tipos volverán a ser positivos, que el crédito volverá a fluir, que los consumidores volveremos a darnos tortas para entrar en las tiendas y que los plazos de entrega de las fábricas se alargarán por acumulación de pedidos, algún súper gurú tendrá que explicarme como, porqué yo no lo veo. Otra cosa sería que propusieran utilizar otro modelo con otra asignación de recursos, otra forma de financiación, otra estructura productiva, … y no veo quién pueda liderar ese cambio en España.
Como seguramente repetirá mandato Don Tancredo y sus amigos y harán poco más de lo mismo de lo que han hecho hasta ahora, me pregunto ¿cómo conseguirán los gobiernos mantener la estabilidad cuando las masas tengan la certeza de que la época del “lo quiero => lo tengo” se ha terminado definitivamente?
Aunque pueda ser doloroso para algunos y más o menos injusto para los que siempre terminan pagando (no son los ricos), no quedan más que preparar compensaciones, quitas de deuda e instaurando una renta básica para todos.
Para eso todavía falta mucho. La cuerda es elástica. Por el momento se oyen muchas palabras, altisonantes, grandilocuentes, histriónicas, pero la sangre no llega al río. Son ejemplos de ello el aluvión de quejas, escritos y comentarios por el posible tongo en las elecciones del 26/6/16, que muchísima gente comparte en las redes sociales. En los periódicos digitales se ven menos y lo que no aparece en absoluto son las denuncias con pruebas en los juzgados interpuestas por todos los que denuncian actos delictivos durante las votaciones… ¡Ninguna!
Cameron es mudo y completamente inútil
En otro tema de actualidad como el Brexit sucede algo parecido: Los insultos, mofas y enfado contra Cameron y los ingleses (principalmente sus viejos) que votaron el Brexit llenan las redes y los discursos de los comentaristas en las redes y los medios. Parece que había gente en UK que necesitaba una serie de cosas que la UE no podía darle y votaron por irse.  Otros, como una mayoría de escoceses no pensaban igual y están intentando negociar con la UE para que en cuanto consigan independizarse de la UK tengan una transición fácil hacia la UE y no queden vagando por el espacio interestelar. Tal vez Irlanda del Norte intente unirse a la República de Irlanda.
Me es difícil pensar que Cameron por el simple hecho de agarrarse a su silla, pusiera en marcha el referéndum, él solo. Prefiero pensar en un plan muy meditado en el que el gran poder económico representado por las corporaciones ha tenido mucho que ver. ¿Porqué la propaganda institucional a favor de permanecer no fue muchísimo más intensa, penetrante y machacona?, como pasó en el referéndum en Escocia. Una Inglaterra –que no es una economía enana, tercermundista y de monocultivo– sin controles exteriores puede llegar a cualquier parte si cuenta con la bendición de ese poder económico. Y si ese es el plan, ¿el resto de países se va a enfrentar a ese poder transnacional del que son parte?.
Pienso que el Brexit ha iniciado la fase de definición y materialización de Áreas Compactas Económicamente Viables. Inglaterra posiblemente sea la primera; si es así, veremos cuál es la segunda. Todos estos affaires se diseñan en otros foros muy alejados de las masas, a las que pertenecemos la mayoría de mortales, y sus designios son opacos para la mayoría. A lo sumo podemos aspirar a entender a toro pasado lo sucedido, pero con muy pocas posibilidades de influir en el desarrollo de los planes, si es que tenemos alguna.
La inmensa mayoría de la sociedad, aunque nos califiquemos como “animales racionales”, en realidad somos seres emocionales con instintos básicos que a veces usamos la razón para justificar u ocultar las emociones que provocan nuestras acciones.
Esto me recuerda asimismo las famosas "Tres heridas narcisistas" de la Humanidad: la cosmológica, la biológica y la psicológica.

La primera nos la infligió Copérnico, cuando explicó a sus coetáneos que la Tierra no es el "centro del universo", sino un planeta insignificante de una estrella minúscula en una galaxia cualquiera de un mar de galaxias.
La segunda nos la causó Darwin, que nos humilló demostrando que el hombre no era la culminación de un proceso creativo de un ser superior, sino el fruto de un largo proceso de evolución, un descendiente de los ¡simios!
La tercera humillación para nuestro orgullo humano proviene de Freud, quien nos hizo ver que no somos dueños ni siquiera de nosotros mismos. No controlamos y ni siquiera conocemos las razones de nuestras acciones, pues estamos gobernados por poderosas fuerzas inconscientes de las que no tenemos (ni queremos tener) la menor noticia.
La gente de a pie no somos el eje del cosmos, no estamos en la "cima" de nada, ni fuimos "creados por Dios a su imagen y semejanza"; ni sabemos por qué nos sentimos continuamente compelidos, pese a nuestras mejores intenciones y esfuerzos, hacia toda clase de errores, pasiones y locuras.
No es lo mismo pensar que ser inteligente. Cualquier tonto también puede pensar y piensa; mientras que, para ser profundamente sabio hay que mostrar buen juicio, prudencia y madurez en nuestros actos y decisiones. No hace falta esforzarse mucho para encontrar pruebas de que la mayoría no actuamos inteligentemente.
Al menos los animales, aunque no los califiquemos de racionales, actúan con un instinto básico que sin mediar pensamiento alguno les permite funcionar de forma totalmente espontánea e inconsciente. La "racionalidad" humana, tan idolatrada por sus frutos (lógica, lenguaje, ciencia, tecnología...)  no es garantía para procurarnos más felicidad, ni siquiera de garantizarnos una supervivencia digna a largo plazo, junto al resto de “residentes” en la Tierra.
Somos organismos extremadamente vulnerables al sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Necesitamos comer, dormir, reproducirnos y luchar por nuestros territorios y pertenencias exactamente como los demás animales y plantas. Somos esclavos de nuestras ignorancias, egoísmos y neurosis. No sabemos amar ni cuidar bien ni siquiera a nuestros hijos o a nuestros mayores. Lo desconocemos prácticamente todo sobre nuestro pasado (en gran parte inventado), el complejo presente y el inimaginable futuro. Es posible que un “líder trastornado” pueda manipular las conciencias y voluntades de millones de personas ingenuas, o desintegrarnos fácilmente con sólo apretar un botón...
¿Que clase de "superioridad" o "inteligencia" puede haber en todo esto? ¿No nos habremos engañado a nosotros mismos? ¿No habremos deformado la realidad y el lenguaje hasta el punto de considerar superior, lo máximo de la evolución, todo aquello que, en rigor, no es sino locura?
Cuando alguien alcanza el poder y, desde sus egocéntricos delirios de grandeza, comete toda clase de disparates o incluso violencias, lo llamamos "psicótico"; pero cuando la masa se cree de una raza "superior", "dueña del mundo", y comete desde ahí toda clase de atrocidades, la consideramos racional e inteligente. El truco es achacar todas esas barbaridades a nuestra parte "animal", nuestros "bajos instintos" —¡como si los animales hiciesen tales cosas a otros animales y al medio ambiente en el que viven!— y no a nuestra propia demencia.
Cuando los trastornados-diferentes son pocos, los podemos detectar con facilidad. Pero si los que comparten la misma enajenación llegan a ser mayoría, entonces casi nadie se percata de ello, al contrario los raros que hay que llevar al orden son los que están fuera de la cueva y han visto la luz.
Por eso el antropocentrismo es un delirio paranoico y el mirarse el ombligo sin mas un grave error en el que muchos caen.
Se supone que la mente humana es la que posee conciencia de sus actos, la más desarrollada, y por ello la más indicada para crear entornos que se adapten a sus necesidades y comodidades. Los problemas políticos, económicos y ambientales que sufren millones de personas del mundo entero, crea una duda muy razonable de que las personas sean más civilizadas que los animales.
Mientras nos dicen que España va bien, que el mundo crece, que tenemos la juventud mejor formada de la historia, que todo es lo mejor que puede ser y que lo mejor que podemos hacer es dejarlo todo en manos de “los que saben” y la mayoría les hace caso.
He empezado con la deuda, los intereses negativos, la inflación, el “lo quiero-lo tengo”, he seguido con el Brexit y me he subido a las ramas filosóficas; claro síntoma de que necesito vacaciones o al menos un “kit-kat”. Ni un voto, ni un excrito cambian mucho.
A la vuelta,… ya veremos.

©JuanJAS
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