lunes, 13 de noviembre de 2017

Catalanes: ¿Hemos aprendido algo?

Las consecuencias de declarar la independencia de Catalunya el 27 de Octubre de 2017 son conocidas y tristes: intervención del autogobierno, Parlament disuelto, algunos consellers en prisión, President de la Generalitat y otros consellers en libertad provisional. Eso tiene efectos colectivos terribles, también personales: familias llorando a los encarcelados, patrimonios embargados, carreras políticas interrumpidas, relaciones interpersonales andrajosas. Cientos de miles de catalanes y también de españoles se han manifestado en varias ocasiones para que el Gobierno de España deje de judicializar la política y deje sin efecto la prisión preventiva para representantes o activistas políticos. También ha habido movilizaciones (muchísimo menos nutridas) que han conseguido cortar vías de comunicación (autopistas, autovías, carreteras y vías de tren), protestando contra la represión que según ellos el Gobierno de España ha practicado en Catalunya. Curiosa forma de hacer huelga: ¿perjudicando todavía más a los reprimidos, en lugar de perjudicar a aquellos a los que dirigen sus reivindicaciones o sus quejas?
¿Cómo han permitido (los más poderosos, más responsabilidad tienen) que se llegue a este punto? 

Sólo los que no quieren oír ni ver pueden disculpar el radical anticatalanismo que ha inspirado las políticas de los principales partidos españoles durante los últimos años. Ha quedado acreditado sin lugar a dudas el inmovilismo del presidente Rajoy, de su gobierno y de los que les dan apoyo, incapaces de explicar ni en una sola ocasión cuál era su plan para Catalunya. 
Está claro que los incumplimientos de los pactos y de los presupuestos generales del Estado en Catalunya han supuesto un freno para el desarrollo económico de nuestra nación, desatendiendo las infraestructuras y manteniendo durante años un déficit fiscal de Catalunya con el resto del Estado español, demasiado grande. Las actuaciones del Gobierno de España han supuesto un freno para Catalunya, al no permitir la adopción de políticas sociales. También ha sido un muro permanente contra el que ha chocado permanentemente el Govern catalán y que ha impedido que se pudiera preguntar a los catalanes si querían tener un proyecto propio para el futuro: ser independientes o tener un estado confederado con España.
También hay catalanes que no se creen los estudios publicados por la Generalitat o simplemente prefieren seguir dependiendo del Gobierno de España que de un posible Gobierno Catalán que no se ha ganado su confianza con sus actuaciones. 
No podemos engañarnos a nosotros mismos. El Gobierno del PP y los que le dan apoyo no tienen toda la responsabilidad de que estemos donde estamos. Una buena parte de la responsabilidad también la tienen el Gobierno y los diputados de Junts pel Si y de la CUP. ¿Cómo puede actuar la CUP tan incongruentemente diciendo que sólo obedecen las legalidad catalana y presentarse a las elecciones impuestas por el Presidente del Gobierno de un país extranjero? ¿Como puede Junts del Si tener el cinismo y la caradura de declarar, solo después de que se haya descubierto su mentira, que “no estaban preparados para hacer efectiva la independencia después de declararla y que no tenían ningún plan B”? Esto lo han dicho incluso los “purísimos de ERC”, los pata negra de la independencia de toda la vida. Y se quedan tan panchos. ¡Votadme otra vez y las veces que haga falta!. Nosotros somos los más puros, aunque sean los del PdeCat (sus compañeros de Junts pel Si) los que tienen más querellas judiciales, los que han hecho más sacrificios personales, aportado las fianzas más altas y mayor desgaste de partido para conseguir la independencia.
Los partidos de la oposición se han opuesto a todo lo que han propuesto los partidos independentistas pero no han sido capaces de dibujar ningún horizonte de esperanza para las reivindicaciones de millones de catalanes. Algunos, como Ciudadanos, han ido más allá en fomentar el odio hacia los catalanes que hablan catalán, por calificarlos de alguna forma, y se han esforzado en desmontar la exitosa e inclusiva escuela catalana, que tan gran consenso había conseguido en Catalunya hasta la llegada a la escena política de esta marca blanca de la oligarquía española. 
Lo más decepcionante es que, después de todo lo que hemos vivido, parece que cientos de miles de personas no han aprendido nada. Siguen dando vueltas a la noria sin ver la necesidad de cambiar su estrategia lo más mínimo, para poder trabajar más eficientemente y lograr cumplir, algún día, sus legítimas aspiraciones.
La intransigencia, la incapacidad y los tics catalanófobos de algunos, son muy molestos y perjudiciales para el buen desarrollo de la nación catalana. Aún así, para los catalanes más moderados, ello no justifica las respuestas políticas que se ha comprobado que ponen en grave riesgo todo el progreso material y convivencial que hemos conseguido durante los últimos cuarenta años.
Ante la clara actitud de radical oposición mostrada por el Gobierno del Estado español, la única posibilidad de logar la independencia de Catalunya hubiera sido que la idea independentista —legítima en cualquier ordenamiento legal democrático— la hubieran votado, no un insuficiente y discutido 47%, sino una gran mayoría de catalanes; y que los líderes y “organizadores” del procés hubieran tenido a punto las estructuras de estado para hacerla efectiva. Si hubiera sido así, esa gran mayoría de catalanes hubiera hecho suya la "legalidad catalana  la hubiera respetado, atendido y defendido. Sin embargo, los políticos que han gobernado la Generalitat no han hecho bien sus deberes y algunos ciudadanos se han sentido engañados y lanzados al abismo con los ojos tapados. Salvo los antisistema, la mayoría de los pro-independentistas querían formar una República Catalana que pudiera autogobernarse mejor dentro de Europa, que no dentro de España. Cuando se ha comprobado que la UE, al defender los intereses de los estados que la conforman, no ha apoyado este anhelo de los independentistas catalanes; al menos en la forma en que se ha producido (menor del 50% en votos, sin un referéndum claro, con el más absoluto rechazo del Gobierno de España a la segregación de ninguna parte de su territorio, sin ninguna voluntad de realizar un Referéndum pactado y menos de negociar ningún tipo de separación amistosa, aunque fuera con la condición de una libre-asociación posterior) ha sido una completa temeridad seguir con el autoengaño y apretar el acelerador para llevarnos a todos al abismo. ¡Cuánto peor, mejor! gritan algunos henchidos de rauxa y sin ningún seny.
En este escenario “preautonómico” en el que estamos, parece que ni la mayoría de los políticos ni los votantes hemos aprendido nada de lo sucedido. Oigo poquísimas voces exigiendo “distensión”, “renuncia a decisiones unilaterales”, diálogo sincero, negociación sobre puntos concretos y acuerdo con las garantías pertinentes para su implementación.
Los extremos continúan tirando de la cinta elástica, que ha sufrido grandes daños en el centro. Los "unionistas" más extremistas quieren castigos ejemplares, humillación, exterminio de toda idea que implique decidir separarse de España. Los "indepes" más extremistas no soportan la dominación que sobre ellos ejerce el Gobierno español, enmascarado con sibilino cinismo al calificarles de catalanes victimistas y locos que persiguen imposibles. No asumirán nunca la derrota ni el seguir perteneciendo a un Estado por la fuerza, en el que no se sienten comprendidos ni valorados. 
Los intereses de los ciudadanos que aman Catalunya, por los valores de modernidad, tolerancia y convivencia que siempre han transmitido al mundo, que creen en la democracia liberal y en la economía social de mercado, como mejor garantía de progreso para todos los catalanes, se han quedado huérfanos para las próximas elecciones. 
En estos momentos de emociones a flor de piel parece que los líderes políticos no están por la labor de explicar  que "sin un país con activos que generen riqueza, no hay nada que repartir solidariamente y nada que mejorar" y sólo se puede lograr ir de mal a peor. Piensen en la central europea del Medicamento, piensen en el Mobile World Congress, piensen en el turismo de Barcelona incluidos cruceros, piensen un poco más allá de la “rauxa”. Piensen en los beneficios que suponen para nuestra nación, no solo en los perjuicios que, en parte también llevan asociados. Hace mucho frío en la indigencia y más que lo haría si se las arcas se quedan vacías y hubiera que reducir las ayudas sociales. No es miedo, sino pensar que para consumir antes hay que producir; que para gastar, antes hay que ganar y guardar.
La “independencia” es una palabra que tiene diferentes significados para cada catalán. Los políticos y las asociaciones civiles no han hablado “claro”, con moderación, respeto y empatía con los que piensan diferente. No han expuesto sus propuestas concretas, para que todos podamos visualizar el camino a recorrer y a donde probablemente nos llevará ese camino con sus correspondientes baches y dificultades a superar. En este contexto, las masas, alimentadas en las Redes sociales y exasperadas a golpe de twitt o Whatsapp, puede que sigan desbocadas repitiendo ad infinitum los errores del pasado. 
Personalmente no me interesa que los grupos políticos, a través de sus medios-portavoces, me muestren periódicamente estadísticas cocinadas sobre tendencias de voto. No me interesa que se dediquen a informarme a todas horas de cuantas sillas tendrá cada partido; esto solo sirve para los implicados, sus familiares, amigos y pesebristas. No me interesa que los trolls me invadan el Twitter o el Facebook con sus consignas emocionales y vacías de cualquier pragmatismo. ¿Es que no se han enterado de que un twitt no equivale a un voto?. Un twitt lanzado por un oráculo-troll, que nadie ha legitimado, no representa ninguna mayoría parlamentaria. Por desgracia sí que influye en muchas personas modificando su corriente de pensamiento, tanto más cuanto mas escandaloso es lo que publica el tarado de turno y más retwits o likes recibe.
Hoy me decía un amigo que “se está cocinando algo”. ¡Seguro! Siempre se hace en secreto y sin mostrar los ingredientes empleados. Los ciudadanos sufriremos la intoxicación correspondiente y nosotros tendremos que soportar nuestros dolores. Ellos se lavarán las manos como Pilatos; eso si, sin ningún remordimiento, sobretodo si su competidor político ha salido peor librado.
Cuando los responsables no dan explicaciones de sus actos, los medios tienen barra libre para lanzar sus elucubraciones y mejorar audiencias:
  • Que si Rusia ayuda a los indepes porque está interesada en tener una gran base naval en Catalunya,
  • Que si los israelitas ayudan porqué la poderosa banca judía está interesada en “prestar el dinero que haga falta” a Catalunya para controlar su economía,
  • Que si Junqueras pactó con Soraya todo el “teatro” para que ERC ganara las elecciones (anulando al PdeCat), y gobernara coaligado o con acuerdos puntuales con Comúns, respetando las leyes generales del Estado y dejando lo de la “indepe” para tiempos mejores, etc.
¡Carnaza para las fieras!. Pan y circo y el país sin arreglar. 
En las elecciones del 21D habrá muchas papeletas. Muchas personas pretenderán que sirvan para decir sólo “Si” o “No”, aunque la realidad nos tendría que recordar, de eventos anteriores, que verlo "sólo así" es un gran error. Un gran error porqué el Govern no puede “perder más el tiempo” intentando crear “estructuras d’Estat” sin lograrlo, como ha hecho hasta el presente; y dejando los temas de calado para que Catalunya prospere y no retroceda aún más para perjuicio de Catalunya y también del resto de España. 
Dependiendo de quien gobierne la Generalitat y en la forma que lo haga, dejaremos el estado preautonómico, al que entre todos nos han llevado (unos porque han estado dispuestos a todo con tal de abortar el “procés” y otros por no haber sabido evitarlo), y nos hundiremos más en él. Según como gobiernen los que sean capaces de formar gobierno “autonómico” (este es el calificativo real, por mucho que nos moleste usarlo), con mucha dificultad recuperaremos la prosperidad (nunca la deseada), nos diluiremos en la mediocridad o nos engullirá la miseria, después de un espejismo de redistribución de pobreza.
Ojalá seamos capaces de controlar la visceralidad, analicemos la situación y decidamos nuestro voto con más racionalidad y menos sentimiento/arrebato, antes de escoger la papeleta y depositarla en la urna el próximo 21D.
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