jueves, 28 de junio de 2018

La diferencia entre empezar pronto a “invertir” o pasar de ahorrar

Alicia y Leticia se conocen desde pequeñas y son amigas inseparables. Lo único que les separa es la diferencia entre cómo han gestionado cada una sus ahorros. Cada una ha seguido el ejemplo de sus respectivas familias, lo que ha visto hacer a sus padres y abuelos desde que nació.
Alicia empezó a invertir con 23 años. Cuando consiguió su primer trabajo, sus padres le regalaron 1.000 euros para que empezara a ahorrar. Desde su primer sueldo y aconsejada por sus padres, guardó 200€ cada mes para poder “invertir” 2400€ al año. Lo hizo durante los próximos 10 años. A los 33 formó una familia y aumentaron los gastos. No ahorró más pero mantuvo la inversión conseguida hasta el momento sin tocarla para tener un dinero adicional cuando se jubilara, previsiblemente a los 67 años.
Leticia también empezó a trabajar con 23 años y siguiendo el ejemplo de sus padres, al verse con el dinerito fresco de su sueldo, empezó a “vivir la vida” gastándolo en lo que le apetecía. El dinero era suyo y sus padres le permitían seguir viviendo en casa. A los 33 años, después de unos años de casada y a la vista de lo que tenía ahorrado su amiga Alicia —ella no tenía nada—, decidió invertir 1000€ y guardar 200€ cada mes para invertir 2400€ cada año (como había hecho su amiga Alicia, sólo que 10 años más tarde y costándole más llegar a fin de mes). Diez años después, cuando las dos amigas ya habían pasado a barrera de los 40 años, 43 para ser exactos, Leticia decidió seguir guardando 200€ cada mes y seguir invirtiendo 2400€ cada año hasta que se jubilara a los 67 años. Alicia siguió sin ahorrar nada, pero mantuvo la inversión acumulada en los diez primeros años y no tocó ni un céntimo de la misma.
Cuando las dos amigas se jubilen, Alicia habrá aportado 22.600€ a su plan de ahorro y Leticia 82.600€ (casi cuatro veces más). Como las dos han practicado estilos diferentes de inversión las dos amigas obtendrán resultados diferentes. Sin embargo, para hacer más fácil el ejemplo supongamos que han obtenido la misma rentabilidad anual y lo único que cambia es la cantidad separada de su sueldo cada mes para ahorrar y el “momento” y periodo en el que han ahorrado y mantenido dicho ahorro. En este supuesto…
¿Quién creen que tendrá más ahorros (una vez sumados los rendimientos de sus inversiones) cuando lleguen a los 67 años: Alicia o Leticia?
... /...
¡Intenten hacer sus cálculos antes de seguir con la lectura para ver la respuesta!
... /...

El dinero que invertimos genera intereses (también puede generar pérdidas, de ahí la necesidad de adquirir ciertos conocimientos sobre inversiones) y estos intereses, sumados al capital, generan más intereses mientras no retiremos las ganancias que vamos teniendo ni el capital. De ahí que cuanto antes empecemos a invertir y más tiempo mantengamos la inversión, mayor será el ahorro conseguido.
Aunque Leticia haya hecho un mayor esfuerzo ahorrando más dinero (casi cuatro veces más que Alicia), su dinero ha "trabajado" menos años.
Pero ¿y si en lugar de conseguir un 10% TAE anual hubieran conseguido sólo un 3% de rentabilidad? 
Alicia conseguiría menos ahorro que Leticia (74703 frente a 145523). Pero si tenemos en cuenta lo que ha aportado cada una y cuando (2400€ durante los primeros 10 años y 2400€ durante los últimos 34 años) Alicia multiplicaría su aportación por 3,3 veces y Leticia sólo la multiplicaría por 1,76 veces.

Es solo un ejemplo ilustrativo, porqué en la vida real deberían tenerse en cuenta varios condicionantes adicionales: que demos con un buen producto que ofrezca rentabilidades de manera recurrente (no es lo mismo ahorrar en una CC, cuenta de ahorro a LP, FIM, Acciones, etc), que tengamos la voluntad de empezar pronto a invertir, los impuestos dependiendo de los políticos que gobiernen, etc... 
Aún así este ejemplo puede servir como aliciente para empezar a ahorrar pronto para los que no conocen la gran importancia de mantener una inversión el mayor tiempo posible, aprovechándose de a magia del interés compuesto. 
Adelantar el “momento del esfuerzo de ahorro” y mantenerlo en el tiempo es muy importante para que los ahorrillos nos ayuden a vivir mejor cuando nos falte el trabajo o nos jubilemos.
Esta afirmación se comprueba cierta con un sencillo cálculo (sólo sumas y multiplicaciones) y lo pueden atestiguar, si las estadísticas son ciertas, las pocas personas que lo han seguido. Porque, como muchas cosas simples que son muy fáciles de aconsejar, suele faltar la determinación y la falta de voluntad para seguirlo y llevarlo a la práctica.
Y si Alicia y Leticia convencen a sus parejas de que aporten también cada mes 300€ más...

Para muchos es muy difícil de entender que no sólo trabajamos las personas, el dinero (capital) bien invertido y mantenido en el tiempo, también puede trabajar para nosotros. Un consejo que todos los padres y los abuelos deberían dar a sus nietos y estimularles a que lo siguieran. 
¿Cuanto piensan que podrían conseguir si cuando nace un niño, al tiempo que le hacen socio de su equipo de futbol preferido, les abrieran una inversión con la condición de que no la tocaran hasta el momento de la jubilación? 
No sean perezosos, hagan el cálculo y sorpréndanse del legado que les pueden dejar en herencia. Tal vez eso les anime a cambiar su paradigma.


Respuesta:
Consiguiendo una rentabilidad anual media durante los 67 años, de sólo el 6%; cuando el niño se jubilara tendría más de un millón de euros, habiendo invertido sólo 100€ cada mes.
La magia del interés compuesto es la responsable de este sorprendente resultado. Bueno, también la fuerza de voluntad para aportar cada mes 100€ y mantener la inversión sin tocarla hasta los 67 años.

martes, 12 de junio de 2018

Un “golpe de efecto” por razones humanitarias

España ha decidido acoger a los 629 inmigrantes del buque Aquarius, propiedad de la ONG Médicos sin Fronteras. El ministro de Exteriores dijo que solo se trata de un "acto simbólico"; un 'golpe de efecto' para llamar la atención en toda Europa y suscitar de nuevo un debate que, desde hace años, nunca llega a ninguna parte. 

Nadie debería jugar con la inmigración. La inmigración no debería usarse para cálculos electorales ni para la demagogia política, porque esa es una bomba que tarde o temprano nos estallará en la cara. Y menos aún en España, frontera del hambre subsahariana.
Como tenemos memoria de pez y solo hablamos y nos acordamos unas pocas horas de lo que publican los medios de comunicación, olvidamos que, hace menos de quince días, España impidió, en una acción conjunta con Marruecos, la entrada por la frontera de Ceuta de unos 400 inmigrantes. La avalancha, como tantas otras, se produjo a primera hora de la mañana; de repente un centenar de inmigrantes se encaramaron a la valla y … También eran inmigrantes hambrientos, desesperados, desahuciados de eso que llamamos vida aquellos que vivimos en países ricos como España. Sólo el año pasado, el Frontex (la agencia de control de fronteras de la Unión Europea), publicó que la presión migratoria aumentó en un 124% en España: casi 23.000 personas intentaron entrar de forma irregular. No se cuantos lo consiguieron.
Dediquemos un poco de tiempo a pensar la respuesta a algunas preguntas relacionadas con este tema:
¿Qué puede ocurrir si el 'gesto simbólico' del Gobierno español se interpreta como un cambio de política en España ante la inmigración?
¿Estamos dispuestos a ver como nuestra sociedad, con todas su deficiencias y aún así, la más próspera, igualitaria y abierta de toda la Historia de la Humanidad, se diluye por la llegada masiva de personas con otra cultura y forma de entender la vida?.
¿Estamos dispuestos a poner algún límite o aceptaremos a todos los que vengan, sea la cantidad que sea, sea por el tiempo que sea?. ¿Estamos capacitados para hacerlo?
¿En que se diferencian los 629 de los 5000 que esperan frente a la valla de Melilla?
¿Y los próximos 600? ¿Como se les va a negar la acogida a los siguientes cargamentos humanos?
Desde que las mafias, salvajes e indeseables, que trafican con personas tienen la certeza de que siempre habrá un barco que rescate a inmigrantes en el Mediterráneo, han abaratado el coste de la embarcaciones que utilizan en su tráfico. Ahora, la mayoría son botes neumáticos mucho más baratos que los barcos de pesca que se utilizaban anteriormente. Esas escuálidas embarcaciones, en las que se agolpan decenas de personas, sólo aguantanla navegación durante unos pocos kilómetros al norte de la costa de Libia.
¿Quid pro quo? (¿Algo a cambio de algo?) Algunos piensan que las ONG’s no encuentran por casualidad a las embarcaciones llenas de inmigrantes cuando están a punto de naufragar, sino que lo hacen en cuanto tienen conocimiento —las propias mafias se lo comunican— de que han salido de la costa de Libia. Simplemente esperan en el límite de la aguas jurisdiccionales libias y, en cuanto los ven aparecer en la pantalla del radar, van a por ellos. Parece que el "Aquarius" había recogido a estas 629 personas después de varios rescates en cadena, moviéndose de un lado a otro hasta llenar las bodegas y entonces dirigirse a Europa; mucho más lejos que Libia. ¿Porqué no devolverles a la costa africana, que también cumpliría el objetivo de ayuda humanitaria por salvarlos de morir ahogados? Al llevarlos a un puerto europeo, en lugar de ponerlos a salvo en la tierra firme más cercana, hacen que las “mafias” cumplan la promesa que les hicieron cuando les vendieron, a precio de oro, un miserable hueco en una patera masificada.
El resultado es un círculo vicioso infernal, del que no se puede salir: cuanto más eficientes sean las ONG que rescatan inmigrantes y las llevan a Europa, más crueles serán las 'ofertas' de las mafias de inmigrantes para los centenares de miles de personas, hombres, mujeres y niños, que esperan uno de esos 'pasajes' para llegar a la supuesta “tierra prometida” que les venden los mafiosos. 
Cada vez que alguien de una ONG plantea el dilema al que se enfrentan —o rescatar a los inmigrantes o dejarlos morir ahogados—está claro que no existe más que una respuesta: rescate siempre. Pero todos tendríamos que ser conscientes de que esa no puede ser nunca una solución definitiva, porque lo único que conseguirá a largo plazo es aumentar exponencialmente el problema de la inmigración, cada vez con más réditos para las mafias y más riesgo para los inmigrantes. Nadie puede ser tan osado como para pensar que conoce cuál es la solución del problema de la inmigración en este siglo XXI, de los avances científicos y de las miserias humanas, pero, al menos, deberíamos aspirar a no empeorarlo.
Personalmente desconozco el modus operandi de las ONG’s con barcos de salvamento, aunque sería bueno que hubiera transparencia al respecto. Si fuera como se ha descrito antes, los responsables de dichas ONG`s deberían ser detenidos en el acto, imputados y pasados a custodia judicial como cómplices necesarios para el trato esclavista de personas por parte de las mafias. Tal vez así se conseguiría desarticular a las organizaciones mafiosas que se benefician, directa o indirectamente y siempre desaprensivamente, de los aterrorizados emigrantes.
El Mediterráneo separa dos áreas geográficas, Europa (600M de habitantes, sin Rusia y descendiendo) y África (1200M de habitantes en fuerte crecimiento), con una de las mayores diferencias sociales y económicas del mundo. Por ello la inmigración no se va a acabar hasta que desaparezcan los “dictadores locales”, los “intermediarios” que se benefician directa y/o indirectamente de este tráfico humano, y las sociedades africanas puedan progresar (con ayuda) y mejorar su modus vivendi. 
También hay que tener en cuenta que los inmigrantes no solo vienen a Europa para mejorar su nivel económico de vida, sino para huir de la inestabilidad en los países donde nacieron. Resultado: sus problemas se dirigen hacia los europeos al tiempo que rebajan la presión a los dictadores locales que siguen destrozando y esquilmando sus países y a sus habitantes. 
La vía de ingreso a Europa por el este (Turquía y Grecia) hace tiempo que está cerrada. La vía central (Malta, Italia, Croacia) se ha empezado a cerrar y ya solo queda la vía Suroccidental (España) como vía de ingreso. Los franceses, que también tienen costa en el Mediterráneo (Marsella su gran puerto), están calladitos. ¿Se imaginan, en plena Côte d’Azur el Boulevard de la Croisette o La Promenade des Anglais llenos de Top Mantas?. El resto de países de Europa hablan mucho de fronteras abiertas, pero las cierran a cal y canto para según quienes y de solidaridad… sólo palabras. Cada cual debe lidiar con su problema porque los “hechos solidarios” procedentes del centro-norte europeo brillan pos su ausencia. 
Los europeos tenemos un gran problema que solo puede resolverse en su origen. Las buenas intenciones valen para poco y la inmensidad del problema nos desbordará más temprano que tarde si no se habla en serio entre todos. El problema es que el que está endeudado (los países PIGS dependen de los préstamos de los centroeuropeos) no es libre para decidir.
Una pregunta más para que ustedes intenten respondérsela ahora mismo:
¿Estamos dispuestos a compartir nuestra riqueza (poca o mucha según quien hable) con un número cada vez mayor de personas que vienen sin nada y temen por sus vidas?. Pregúntense por SU riqueza personal: su casa, sus ahorros, los cuidados médicos que reciben ustedes, la educación que reciben sus hijos, sus calles, sus parques, sus playas, SUS…etc. No lo de los demás, lo suyo propio ¿De verdad están dispuestos a compartirlos? ¿Hasta cuanto o durante cuanto tiempo? ¿Han empezado a compartirlo ya? ¿Qué y con quien lo han compartido?
Recuerden que llevamos casi una década con la Guardia Civil empleándose a fondo para que los subsaharianos y otros “sin papeles” no consigan saltar “la verja” de Ceuta y Melilla. A los que logran pasar los persigue la Policía Municipal de Madrid o Barcelona (poco o mucho depende de quien lo juzgue) porque son ilegales y venden, para poder comer, artículos ilegales en el Top Manta. Los comerciantes que pagan sus impuestos están hasta la coronilla de la competencia ilegal de los Top Manta y de los talleres clandestinos. Los que tienen a personas sin papeles malviviendo en su vecindario y creando conflictividad social también están hasta la coronilla. Los ciudadanos que ven como les rebajan su atención médica en cantidad y calidad porque hay que atender muchos más pacientes inmigrantes, que hacen un uso intensivo de la sanidad desde el mismo momento en que se empadronan, empiezan a impacientarse. Los trabajadores del tercer sector se quejan porque no se les transfieren suficientes fondos para atender a toda la riada de inmigrantes como y cuando les gustaría y reclaman más generosidad de los contribuyentes. Demasiada gente está hasta la coronilla y aún así, no se atisba que ningún dirigente proponga algún plan global para paliar o al menos atenuar el problema.
Cabría plantearse dudas si no pudiéramos comprobar, sobre el terreno, como en muchísimas zonas de Europa la convivencia se ha empezado a degradar alarmantemente; y como los partidos populistas y xenófobos captan votos alarmantemente. Y eso que solo llevamos menos de una década soportando grandes tasas de inmigración. Cuanta mayor inmigración haya, recordemos el “efecto llamada” de hace unos años, mayores tensiones soportaremos previsiblemente.
El problema de África no tendrá solución hasta que los propios africanos no decidan dársela. Como les falta el conocimiento y las estructuras sociales para ello y sigue habiendo un montón de empresas y lobbies poderosos que presionan y facilitan que nada cambie, es de prever que su crisis social va a durar muchísimos años. La única apuesta de futuro que ven factible actualmente es la huida a Europa, donde ya existe todo lo que ellos no han creado. Así que el problema no lo tienen los africanos, lo tenemos los europeos y entre ellos los que vivimos más cerca de la “frontera”: nosotros los españoles.
Que cada cual piense en el problema que tenemos y decida su posición. Ojalá que pudiéramos expresar nuestra decisión en un referéndum; que la inmigración, como tantas otras cuestiones importantísimas de presente y por supuesto de futuro; no debería quedar exclusivamente en manos de ningún político populista.

sábado, 9 de junio de 2018

Menos postureos y más dialogo

Hoy cumplo años, empiezan a ser demasiados, y ya me va cansando ver a mi alrededor tanto postureo y tan poco diálogo. Ojalá que el nuevo Gobierno sea ágil y que, teniendo en cuenta que la corrupción le ha costado finalmente el puesto a Don Tancredo, hagan también limpieza de corruptos en su partido, que pocos o muchos, también los hay, se dejen de postureos y empiecen a trabajar pronto. 
Aunque en el nuevo ejecutivo, el Presidente del Gobierno se ha rodeado de una mayoría de mujeres —ha roto la igualdad , pero al revés de como venía sucediendo en el pasado—, por desgracia, la imprescindible estabilidad gubernamental sigue cotizando a la baja. Los medios de comunicación siguen encargándose de excitarnos con las dos grandes cuestiones que agitan nuestros días: la disputa territorial y los recurrentes fenómenos de corrupción. Parece que nadie quiere ser consciente de que cuanto más se enroquen los políticos en sus particulares posiciones, menos capaces seremos de superar este perverso escenario. O tal vez, ¿es eso lo que algunos quieren?: atender ciertos intereses partidistas al tiempo que, sumidos progresivamente en una dinámica de desconcierto e inoperancia, descuidan el interés general de la mayoría de ciudadanos. No tienen ningún escrúpulo en condenarnos a un debate meramente ideológico sobre escenarios nacionales. Si solo hablan de eso y dejan de lado cualquier otro debate, están cometiendo un grave atentado contra la solución de los problemas que los catalanes (y los españoles) padecemos día a día. 
No quieren ser conscientes de que necesitamos más políticas concretas que nunca. La trayectoria política de los últimos años está llena de promesas incumplidas, escenificaciones ridículas y presenta un saldo pobrísimo de realizaciones. Los catalanes necesitamos respuestas políticas de alcance consensuadas con el Gobierno de España. Es imprescindible volver a hablar de todo aquello que nos permitirá crecer con prosperidad: Talento, innovación, liderazgo, empresa, comercio y compromiso para poder lograr que nuestros puntos fuertes como nación funcionen como instrumentos de modernidad al servicio de todos los catalanes. Celebrar un diálogo sincero y leal con el Gobierno de España es una tarea impostergable que hay que empezar cuanto antes. Barcelona podría ayudar a este cometido si contáramos con un Gobierno municipal que, al margen de las pretensiones ideologizadas de todos, pusiera en el centro de su actividad hacer, de la capital de Catalunya, una apuesta por la modernidad, prosperidad, crecimiento sensato y civismo.
Parece que Pedro Sánchez llevaba los deberes bien hechos y ha empezado con buen pie. Ahora falta que continúe así, dejando de gobernar “en contra de alguien”, y velando porque las reuniones no se alarguen innecesariamente. Así, las decisiones que no se tomaron en el pasado, se deben tomar urgentemente o al menos con el mínimo retraso posible. Todos, el Gobierno, los simpatizantes que le apoyan y la ciudadanía en general deberíamos recordar que a la perfección no siempre le salen muy bien las cosas. Pruebas tenemos todos, y recientes.
Esperaré impaciente que unos y otros empiecen a hablar. Ya vemos que los “antiguos extremistas” buscan cualquier excusa peregrina para seguir sin hacerlo, pero, a los “nuevos”, hay que darles un voto de confianza, al menos hasta el verano y facilitarles el apoyo necesario para que lo hagan. Cuando digo que “espero a que hablen” me refiero a que hablen y escuchen: Tú dices algo; yo, callo y te escucho intentando comprender tu punto de vista; yo digo algo; tú, callado, me escuchas intentando también comprenderme. Y así, poco a poco, hablas, te escucho; hablo, me escuchas... y llegamos a un acuerdo beneficioso para los dos o no llegamos; pero explicando claramente, por qué no han encontrado ninguna solución progresista, a todos los ciudadanos. Personalmente quiero entender a todos los expertos y a todos los políticos, porque cuando no entendemos a los que negocian en nuestro nombre, a menudo tendemos a pensar que hablan raro (pocos hechos y demasiados sentimientos excitados) para que los ciudadanos nos quedemos 'in albis'. Y ya empezamos a estar muy artos de que esta película nunca termine y cada vez nos lleve por caminos más peligrosos.

jueves, 7 de junio de 2018

Redes sociales

Hace unos años, si no te dejabas ver en los “lugares de moda” no existías. Los jóvenes se daban el teléfono para quedar y encontrarse en la plaza, en el paseo o en el centro de reunión y encuentro. La reputación se labraba en vivo y en directo interactuando con el grupo. En estos tiempos digitales, para existir tienes que tener un perfil social en alguna (o varias) redes sociales. Lo del contacto presencial ha pasado a un segundo plano y antes de quedar con nadie, todo el mundo investiga su perfil/ reputación en las Redes Sociales (RS).
Para los usuarios de las RS, “existir” significa:
  1. Tener una “Identidad” en la RS que les permita a los demás hacerse una idea (real o no) de quién eres. Si apareces con buen aspecto y derrochando felicidad, mejor que mejor.
  2. Buscar y obtener “Reconocimiento”: Que los otros sepan quién eres, que cualidades tienes o al menos que aparentas. Para muchos, aquí entra el márquetin personal y el “postureo”.
  3. Saber a donde vas: Tener un cuaderno de bitácora con tus pensamientos, algunas para recordatorio privado y otras compartidas con el grupo de amigos y la mayoría de acceso público.
Las Redes Sociales se caracterizan por ser:
  1. Un “Laboratorio de identidades”. Cada RS es un ecosistema diferente en el que cada uno se siente más o menos a gusto y en el que se comporta de forma diferente atendiendo a lo que quiere compartir, cotillear o “pescar”.
  2. Un “escaparate” permanente: Un espacio público, con una audiencia sin límites, donde controlar, comparar y hacer seguimiento de uno mismo o de los otros con diversos fines.
  3. Herramientas de información masiva que sirven para comunicar lo que se desea o interesa en directo y para todo el mundo. 
  4. Un entorno donde se puede gozar de una cierta “intimidad pública”, ya que es posible decidir que compartir y con quien hacerlo. Incluso es posible utilizar unas normas de comportamiento o ciertos “argots” que te permitan pasar desapercibido para la mayoría y comunicarte de forma clarividente para una minoría escogida que conoce el “código” adecuado.
  5. Un ecosistema donde la “felicidad” es norma social en alza, que gana valor cuando los demás la ven en las redes y más aún, si le dan "Me gusta". Está comprobado estadísticamente que cuanto más morbo tienen las fotos o las publicaciones más gustan a los adictos a las RS.
Las Redes Sociales son "RECURSOS para visibilizar nuestras IDEAS" que unas empresas (con ánimo de lucro) ponen a nuestra disposición. Los usuarios podemos beneficiarnos de ello y lo que necesitamos son ideas INTERESANTES que visibilizar. Los KPI miden el nº de fans, de likes, comentarios, etc. y los gestores las RS tienen sus algoritmos para favorecer ciertos contenidos y ciertos perfiles de usuarios.
Es interesante ver como en la serie BLACK MIRROR (Netflix) describen un futuro en el que el valor reputacional de los individuos en las RS se utiliza para conseguir muchas cosas hoy impensables.
Las Redes Sociales se utilizan para relacionarse con otros individuos cercanos o lejanos geográficamente y que ni siquiera “conocemos” personalmente. Entre todos formamos un mundo hiperconectado donde podemos interactuar a cualquier hora, con cualquiera y en el que también podemos sentirnos muy solos. En realidad, podemos tener contactos razonables con un máximo de 150 "amigos virtuales”. Todo lo que supere esta cifra, sirve para poco más que para engordar la cifra de seguidores y crear la falsa impresión de “popularidad”.
Hablando de “falsas impresiones”. El postureo (felicidad impostada) es moda en las redes sociales; sobre todo para los que intentan maximizar su marketing personal aparentando histriónicamente ser muy exitosos y felices. Con el fin de conseguirlo suelen seguir estas reglas cuando publican fotos:
  • #travelers: se muestran estando de viaje en lugares exóticos pasándoselo de maravilla.
  • #foodie: Muestran fotos de comida: platos suculentos, exóticos o caros que se supone están disfrutando en el momento de la publicación. Si se junta con el punto anterior crecen los “likes”.
  • #lovelypet: Se hinchan de publicar fotos de sus mascotas en las posturas y entornos lo más variados posibles. Como ellas no pueden quejarse de las perrerías que les hacen, no tienen ninguna excusa para experimentar…
  • #selfie: Chic@s sonriendo mientras sacan la lengua o hacen morritos de culo, saltan, cruzan la cara con los dedos en forma de V, etc.
En “Instagram”, cada vez más masificado, se cumplen las cuatro reglas anteriores en más del 80% de las fotos publicadas. Los usuarios que se cansan de ver esta acumulación de fotos similares y de moda, les gustaría tener un “club digital” donde compartir “fotos más creativas”, mezcla de Pinterest e Instagram,sin lo malo de ninguna de las dos. Durante un tiempo pudieron usar la app VSCO que ayuda a obtener buenas fotografías y permite retocar/aplicar filtros con buenos resultados. No sabemos cuanto durará porque cuanto más eco se haga la gente de sus bondades y de sus diferencias con Instagram, se supone que más usuarios tendrá y peor contenido recalará en su comunidad de “fotógrafos y gente creativa”. Así es la vida, hay que estar siempre aprendiendo y renovándose si uno no quiere consumir siempre lo mismo que la mayoría.
Aprovechando las posibilidades que brindan las RS hay empresas que utilizan como prescriptores a gente que tiene una amplia comunidad creada que los utilizan como una especie de ídolos. Con el tiempo la gente hará cada vez menos caso de los “influencers”, pero mientras dure la moda o haya personas crédulas por vagancia o desconocimiento, seguirán haciendo su agosto.
Hay plataformas para compartir contenidos (como https://issuu.com) y allí podemos expresar nuestra creatividad, compartirla y aprender unos de otros. También hay que ser conscientes de que no todos los estudios son contrastados y de que hoy en día demasiada gente banaliza el engaño (fake news), a algunos se les permite mentir y delinquir con cierta impunidad y asistimos a una devaluación escandalosa del valor de la “palabra dada” y de la verdad. El deseo de escapar de la propia realidad siempre ha existido y por ello hay una moral aceptada mayoritariamente por nuestra comunidad latina que pronto olvida las mentiras y disculpa las irresponsabilidades. La intencionalidad y los límites que se traspasan en cada caso marcan la diferencia.
Otro tema que nos debe mantener alerta es la seguridad con la que las compañías propietarias de las RS guardan nuestros datos y la finalidad con la que las utilizan.
Los límites de las comunidades en las RS ya no son físicos y los usuarios podemos formar “Comunidades de interés” donde las personas podemos conectar, incluso si hablan diferentes lenguas. Por otra parte, los propietarios de las RS comercian con nuestros datos y utilizan algoritmos para decidir que tipo de información vemos en primer lugar, o si la vemos o no. Ello facilita un riesgo de polarización de los usuarios que recibimos noticias similares y obviamos contenidos que “supuestamente según los algoritmos” no son de nuestro interés. Como particularmente desconocemos que tienen en cuenta los algoritmos para facilitarnos los contenidos, se generan “cámaras de eco” donde sólo se habla de unos temas de interés (¿Para quién?) y se retroalimentan nuestros supuestos intereses o querencias. Le damos likes a los que comentan apoyando lo que pensamos y/o publicamos. Nos acomodamos tanto que, con el tiempo, perdemos la habilidad para contrastar ideas y dialogar con educación y respeto con quienes piensan diferente, y terminamos por discutir acaloradamente sin escuchar ni respetar las ideas de los demás. 
Los gestores de las redes sociales también investigan sobre como manipularnos emocionalmente, crean algoritmos que refuerzan las “cámaras de eco” volviéndonos esclavos de nuestro propio yo. Nos segregamos social y digitalmente hasta llegar a pensar que no existen otros puntos de vista diferentes a los nuestros. Los usuarios de las RS debemos tener en cuenta esta circunstancia y tratar de identificar “amigos virtuales” con diferentes sensibilidades e intereses para intentar obtener la visión más real posible.
Como ni todo es sólo bueno ni totalmente malo, también las RS permiten que se formen “comunidades de interés” que son grupos de apoyo y funcionan como un club privado donde se controla el derecho de admisión, asegurando que los partícipes puedan hablar con libertad y a salvo de los temas que les interesan. Pensemos por ejemplo en “victimas de maltratos” que pueden dialogar y ayudarse a salvo de sus maltratadores…
No deberíamos despreciar herramientas como las RS que nos permiten crear y compartir, ni dejar de usarlas por miedo. Eso si debemos cuidarnos activa y continuamente de encontrar el “ecosistema” que ayude a colmar nuestras expectativas de relación, crecimiento, aprendizaje, diversión o lo que cada uno busquemos en las RS.
Os deseo todo el éxito en esta empresa, si os ponéis manos a la obra para emprenderla.

miércoles, 6 de junio de 2018

Hay cosas que nunca cambian



¿Cuando tendremos un Gobierno que ponga una vicepresidencia encargada de fomentar el “capital educativo, cultural y social” de nuestro país, además de la destinada a fomentar el “capital económico y tecnológico”?
La educación y la economía mantienen una causalidad circular. Ambas se necesitan mutuamente. 
El 'capital' es el conjunto de recursos acumulados que amplían las posibilidades de acción, de producción o de calidad de vida de una persona o de una colectividad. A su vez, "Capital social", designa las condiciones necesarias para que las instituciones democráticas funcionen justa y eficientemente.
Aunque tengamos nuevos gobernantes en España y en Catalunya, la complejidad de los problemas pendientes de resolver exige que la 'innovación' no se dé solo es el campo tecnológico-científico, sino también en el campo social.
La educación, la formación, el aprendizaje, la generación de talento, la ampliación de la inteligencia son factores personales que hacen posible la investigación, el desarrollo y la innovación. Para investigar, para desarrollarse, para innovar, hace falta capacitación previa. Ninguno de esos fenómenos aparece por generación espontánea. Toda persona, toda institución y toda sociedad, para sobrevivir, necesita aprender al menos a la misma velocidad con que cambia el entorno; y si quiere progresar, ha de hacerlo a más velocidad.
Deberíamos apoyar a los que reclaman al Gobierno que trabaje para fomentar la pasión por el aprendizaje, en todos los niveles: en los alumnos, en los docentes, en los empresarios, en los empleados, en los políticos,... porque si bien es verdad que España se enfrenta al problema de la deuda, del déficit y del sector financiero, también debería solucionar los gravísimos problemas de nuestro sistema educativo que seguirán reduciendo el crecimiento económico de nuestro país. Algo que necesitamos urgentemente, entre otras cosas para mantener y mejorar el estado del bienestar.
Cinco premios Nobel de Economía recientes —Stiglitz, Thaler, Kahnemann, Deaton y Tirole— han insistido en la importancia de la EDUCACIÓN para tomar “buenas decisiones económicas” y nuestros gobiernos no siguen su consejo. 
¿Se han preguntado de que sirve tener libertad de expresión/decisión si no tenemos la educación necesaria para tomar buenas decisiones ni libertad financiera para poder llevarlas a cabo?
Tenemos muchos grandes problemas que no sabemos solucionar: el problema de las desigualdades, de las migraciones, del respeto a las minorías, de la economía sostenible, del cambio climático, de la violencia doméstica, de la discriminación de la mujer, de la crisis de confianza en los sistemas políticos, del futuro del trabajo y tenemos que esforzarnos en APRENDER, para poder buscar soluciones factibles a esos grandes problemas. Ni enrocándonos en nuestras particulares posiciones, ni escondiendo la cabeza debajo del ala, ni haciendo lo mismo que hasta ahora lo conseguiremos. 
La educación, la innovación y el progreso se basan en nuestra capacidad de aprender. La política española está empantanada porque nuestros políticos reiteran en sus actuaciones, tiran hacia los extremos y cronifican los problemas. Sirve de poco bueno cambiar caras si seguimos con las mismas estrategias y formas de pensar. La única oportunidad es que aprendamos a descubrir POSIBILIDADES en la realidad que tenemos que vivir. 
¿Es demasiado pedir a nuestros políticos que dejen de contar escaños y repartirse poder, y que se esfuercen en ilusionarse por aprender a “buscar posibilidades de acuerdo”, que nos brinden alguna posibilidad de salir del laberinto?

sábado, 19 de mayo de 2018

Un buen político, ¿debe ser pobre o sólo parecerlo?

Si el objetivo de la mayoría de los políticos fuera prosperar cooperando pacíficamente con los ciudadanos —en lugar de extraerles coactivamente la máxima renta posible—, todos podríamos mejorar simultáneamente. Bastaría con que esos políticos buscaran crear el marco institucional dentro del que toda persona pudiera prosperar individual o asociativamente.
Para ser un buen gobernante es necesario —aunque no suficiente— ser inteligente y estar bien formado. ¿Cuántos políticos españoles en activo tienen, al menos, estas cualidades?
Si tenemos en cuenta que la riqueza (conseguida por méritos propios, sin estafar, robar o explotar a otros) es, en muchas ocasiones, un síntoma del grado de habilidad de una persona (idealmente, habilidad para satisfacer necesidades ajenas; tristemente, habilidad para parasitar a otros), siempre será mejor que nos gobiernen un equipo de políticos con suficientes bienes personales que un equipo en el que la divisa es ser pobre y administrar sus ingresos de forma que les resulte difícil llegar a fin de mes. 
Los que han leído “Padre Rico, Padre Pobre” de Kiyosaki lo entenderán perfectamente. 














Es sabido que disponer de un buen nivel económico facilita los medios para poder adquirir una buena formación. Del mismo modo, tener un futuro garantizado, al disponer de unas buenas rentas o por la posibilidad de retomar una buena carrera profesional independiente cuando se deje la política, puede ser un obstáculo al estimulo-esfuerzo necesario para encontrar ideas creativas en el ejercicio de su trabajo político. Hay que tener también en cuenta que una adecuada “inteligencia emocional” del político puede mejorar su desempeño o entorpecerlo.
La suficiencia financiera (pedir un crédito o una hipoteca no ayuda a conseguirla) otorga a una persona un mayor grado de independencia frente a las presiones y tentaciones que le planteen los poderes económicos. De hecho, una de las justificaciones de la renta básica por parte del republicanismo de izquierdas es proteger la autonomía ideológica y política de cada ciudadano al eliminar sus dependencias económicas.
Contar con la suficiente riqueza personal alinea parte de los intereses personales del gobernante con el interés general (facilitar la creación y el florecimiento de la riqueza) del conjunto de los ciudadanos. Por ejemplo, un político con patrimonio será menos propenso a gravar brutalmente el ahorro que uno pobre de solemnidad (incluidos aquellos que se gastan todo o más de lo que ingresan).
Ahora bien, y en contraposición a lo anterior, los políticos “ricos” pueden sentir la tentación de ejercer un gran “poder regulatorio” sobre aquellos sectores en los que ellos tienen intereses económicos directos y, adecuar la regulación sobre esos sectores para poder lucrarse mejor a costa del resto de la población. Los que no tienen patrimonio también pueden sentir la tentación de ejercer un gran “poder regulatorio” sobre todos los sectores porque suelen tener necesidades desmedidas de recaudar dinero para acciones clientelares y dar a los suyos “pan para hoy”, y para mañana… ya se verá.
Según estos criterios, el progresivo ascenso de Pablo Iglesias y de cualquier otro político joven y “progresista” a la élite económica de España (al 'top 1%' de la ciudadanía más rica con progresiva acumulación patrimonial) no lo inhabilita para ser un buen gobernante, siempre que cuente con otros valores que le ayuden en su cometido. 
Las ideas sesgadas sobre cómo funciona el mundo —extrema izquierda (lo mío es mío, y lo tuyo es de los dos) / extrema derecha (todo lo tuyo y también lo mío es de los que mandan)— resultan mucho más peligrosas para el bienestar de la ciudadanía que las malas intenciones que podrían derivarse del incremento del estatus financiero de cualquier político, por muy de izquierdas que se considere. 
Recordemos que el mundo está lleno de falsospredicadores que hacen gala de una oratoria prodigiosa, pero que pocas veces dan ejemplo de lo que predican: “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. 
Hay que reconocer que el dinero es una vianda que nunca sacia. La inmensa mayoría deseamos poder ser ricos. Da igual nuestros orígenes o nuestras ideas; a la hora de la verdad, el dinero y el poder corrompen al poseedor de los valores éticos más puros. “Todo el mundo tiene su precio”, se suele decir.
¿Se han percatado de cuantos políticos de izquierdas prefieren gastar su dinero (presente y futuro) en casas (muchas veces por encima de sus posibilidades) para disfrute propio y no en desarrollar nuevas iniciativas empresariales innovadoras que contraten a trabajadores fijos, con buenos sueldos, en lugar de a colaboradores voluntarios o con sueldos precarios con los que difícilmente logran sobrevivir?. 
¿Se acuerdan del “asistente sin contrato y sin cotizar a la Seguridad Social” que tenía Echenique, Secretario de Organización de Podemos? Si así es como pretende organizar el Gobierno, el día al que lleguen al mismo…
En estos momentos debe haber mucha gente honesta y consecuente con su ideología que están desencantados con la noticia de la “mansión” del líder de Podemos porque denota una cierta incoherencia entre sus teorías y su praxis personal; por otra parte no tan extraña, ya a sus padres y abuelos ideológicos se les llamaba la izquierda caviar o la ‘gauche divine’ por similares motivos.
Además, aunque algunos consideren que Pablo Iglesias es el político mas currante de España y por tanto con mas ingresos legales merecidos, no entiendo como podrá pagar una vivienda tan cara con una hipoteca a 30 años. 
Tampoco entiendo como la misma entidad que ha concedido la hipoteca a la pareja Iglesias-Montero no se la concedería a un ciudadano anónimo. Usted puede comprobarlo si acude al “simulador de hipotecas de la Caja de Ingenieros” para pedir una hipoteca de 540000€ sobre una vivienda que vale 660000€. Le responden que NO se la conceden porque “el importe de la hipoteca no puede superar el 80% del valor del inmueble”. ¡Hagan la prueba!
Por supuesto que cada uno tiene derecho a disfrutar de su dinero como quiera. La duda está en conocer “la letra pequeña” de los acuerdos de financiación que las respectivas entidades han acordado con el Sr. Rivera (un millón de euros) con el Sr. Iglesias (más de medio millón de euros) y con otros políticos que compran con hipoteca valores inmobiliarios, que otros profesionales liberales o autónomos de similares ingresos no se pueden permitir. Recordemos que los tipos de interés de la hipoteca son variables y que aunque ahora la pareja Iglesias-Montero puedan pagar 1600€ al mes, en los próximos 30 años seguro que el Euribor no se mantendrá a los bajos niveles actuales y ello dificultará el pago de la misma. Todo ello contando con que el nivel adquisitivo de los ingresos de la pareja Iglesias-Montero se mantenga al nivel actual, que ya es mucho suponer; y olvidándose de los “gastos de mantenimiento” crecientes de una propiedad como la que van a empezar a disfrutar, con amplio jardín, piscina y hasta huerto. Todos tenemos “derecho” a… lo que nos haga ilusión, pero si no tenemos dinero para comprar ciertos lujazos, nunca deberíamos pretender disfrutarlos si no podemos asegurar su pago ni pretender que otros lo paguen por nosotros.
Respecto a la hemeroteca que recuerda como Pablo Iglesias criticó en su día a Luis de Guindos su adquisición de un ático de valor similar, podemos leer el artículo de El Plural.com que expone “cuatro diferencias entre el chalet de Iglesias y el ático de Guindos”. Es fácil concluir que Guindos hizo una buena inversión (no se si dispuso de información privilegiada) y que Iglesias-Montero han asumido un gasto excesivo (2.000m2 y 660.000€), posiblemente fuera de sus posibilidades. Todos conocemos a familias de 4 miembros que viven decentemente en viviendas de superficie y coste muy inferior. El ejemplo que se desprende de un líder, de un partido de izquierdas como Podemos, a sus seguidores es que esta adquisición es onerosa y pone de relieve la poca cultura financiera que tenemos los ciudadanos españoles (incluidos los políticos que dirigen o pretenden dirigir el país) y la dificultad de saber diferenciar entre inversión y gasto. Que no es lo mimo. 
Volviendo al terreno político, y a la hora de contestar a la pregunta de si una persona “rica” puede ser buen político hay que tener en cuenta que, en un Estado con un poder tan gigantesco sobre toda la economía como es el español, los gobernantes acaudalados necesariamente tendrán que enfrentarse a un fortísimo conflicto de intereses cada vez que tomen cualquier decisión.
Incluso para los muy ricos y ambiciosos, el precio del poder sigue necesitando del lubricante monetario para mantener e incrementar ese "producto" en el que el dinero no es un fin, pero sigue siendo un medio. Los muy ricos y más a sus avanzadas edades, tienen capital para vivir ellos y sus familias mil vidas sin una sola privación material. Ahora bien, siguen amasando dinero porque aunque tengan sus necesidades materiales cubiertas, el mantener la influencia, el poderío y la capacidad de permanecer independientes a presiones y tentaciones, exige un caudal monetario contínuo y permanente; ya que hay que proveer a los “colaboradores/facilitadores” de vías de ingresos contínuas y sustanciales para que les sigan siendo fieles. Asumamos que gran parte de la corrupción política para aumentar el poder no consiste en robar para uno mismo, si no en permitir que roben otros y todo parezca que cambie para que todo siga igual.
Todos conocemos casos de políticos (comunistas o no) que cuando se incorporan a la política critican a quien vive en lujosos chalets y más aún si tienen propiedades de más de 1millón de euros. Afirman que estos “ricos”, al ser diferentes de la mayoría de los ciudadanos, viven aislados de las clases medias-bajas y no saben cuanto vale un café (sin varios cafés al día y tomados en el bar, no somos nadie). Los “puros” aseguran que para comprender los problemas de los ciudadanos deben estar cerca de ellos: vivir donde ellos, actuar como ellos, gastar como ellos,… ¿ganar como ellos?. Cierto es que para entender mejor a otro es bueno calzarse sus zapatos cada día y recorrer su camino. El problema es que, más pronto que tarde, la mayoría de esos políticos “progresistas” comprenden que vivir bien y con lujos es algo bueno que los humanos podemos disfrutar. Les pasa como a los rusos o los chinos: en cuanto entran de lleno en la aventura capitalista, pronto les encanta la experiencia. ¡Cuánta envidia escondida parecen llevar dentro! Envidiar las propiedades de los demás puede que no sea bueno (porque nadie envidia el esfuerzo que han tenido que hacer para conseguir y saber conservar lo conseguido) pero es lo más normal del mundo.
Los que suelen defender la “igualdad a la baja”, condenando el esfuerzo que todos tenemos que hacer si queremos poseer más bienes y progresar en la vida en el ambiente de ¿libre? mercado que tenemos, pronto descubren que el sistema funciona de forma diferente a como les decían sólo hace unos años a sus esperanzados votantes. Nos han repetido hasta la saciedad que ellos forman parte del pueblo, “pueblo verdadero”; y que por eso residían en barrios obreros y usaban el transporte público o el ecológico, y que frente a ellos, estaba la “casta” que siempre ha vivido muy bien, en buenos pisos y chalets, sin importarles los problemas de los más humildes. 
Para corroborarlo, todos recordamos el sonoro “¡Qué se jodan!” que gritó una política de la casta en el Parlament valencià. Pero si fueran coherentes y tuvieran un poco de honestidad, la pareja Iglesias-Montero, se daría de baja en el partido porque se han reído (y pretenden seguir riéndose para poder pagar la hipoteca durante los próximos 30 años, 30) de muchas pobres gentes aplicando el viejo truco de “hacerse rico defendiendo a los pobres”. Si esos jóvenes que les votan, algunos sin trabajo y otros con sueldos tan miserables que no pueden pagar más que un mísero alquiler de un pisillo de 70 m2 en un barrio marginal, fueran capaces de pensar a quien admiran y lo que han votado, les correrían a gorrazos por hipócritas y cínicos. La pareja Iglesias-Montero parece que tienen bastante en común con los demás políticos del establishment: dicen una cosa para conseguir votos y así engañar a las almas cándidas hasta conseguir el poder, y luego todos hacen lo mejor para ellos mismos. 
Los humanos se han comportado así durante miles de años y no me consta que se haya encontrado aún la forma de cambiarlo. Una posible solución tal vez sea que los ciudadanos no les facilitemos a los políticos, con nuestro voto y nuestro comportamiento personal, que legislen para aumentar cada vez más su poder sobre temas cuya decisión sólo debería correspondernos a cada uno de nosotros. Cuantos más pescadores en rio revuelto, más probabilidades de que los peces se agoten antes para todos, aunque no para ellos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Hasta Shakespeare tenía mucho que decir acerca del dinero

“Neither a borrower nor a lender be”. William Shakespeare
Si pasean por las callejuelas de Stratford-upon-Avon (ahí nació Shakespeare) pueden encontrar tazas con esta sentencia de Shakespere (Hamlet) para que la recuerden, cuando tomen cada día su café con leche en el desayuno. 
Shakespeare aconsejaba: "Ni un prestatario ni un prestamista sean. Si prestan, perderán el dinero y el amigo; y si toman prestado, perderán su hacienda”. Huyendo de los extremos, la clave es ser un consumidor racional (buscar la mejor relación calidad/presio en los bienes y servicios que adquiramos y nunca pedir préstamos para comprar cosas que no necesitemos) o un prestamista juicioso (asegurándose el retorno del principal más los intereses.
Burns, refiriéndose al dinero, decía que "No es para esconderlo en un agujero, ni para tirarlo por la ventana sino para usarlo para mantener la independencia”.  
Una de las mejores pruebas de la sabiduría práctica de una persona sigue siendo observar la forma en que usa el dinero: Cómo lo consigue, lo guarda y lo gasta.
Ya en 1859, Samuel Smiles publicó su libro “Self Help” del cual tomo el siguiente párrafo del capítulo IX: Money, —Use and abuse, traducido libremente:
“Aunque el dinero no debe de ninguna manera ser considerado como el fin principal de la vida del hombre, tampoco es un asunto trivial, que se lo tenga en desprecio filosófico, representando, en la medida de lo posible, los medios para conseguir comodidad física y bienestar social. De hecho, algunas de las mejores cualidades de la naturaleza humana están íntimamente relacionadas con el uso correcto del dinero, como la generosidad, la honestidad, la justicia y el autosacrificio; así como las virtudes prácticas de la economía y la providencia. 
Por otro lado, están sus contrapartidas de la avaricia, el fraude, la injusticia y el egoísmo, como se muestran por desmesurados amantes de la ganancia; y los vicios de la falta de fluidez, la extravagancia y la imprevisión de parte de aquellos que abusan y abusan de los medios que se les han confiado. Así que, como es sabiamente observado por Henry Taylor en su reflexivo "Notes from Life", "una medida y forma correcta de obtener, ahorrar, gastar, dar, tomar, prestar, tomar prestado y legar, casi argumentaría el buen talante de un perfecto caballero."
Hoy en día, para mucha gente, hablar de dinero es políticamente incorrecto: si uno carece del mismo se le considera un pobre desgraciado necesitado de acciones solidarias. Si tiene mucho se le considera un malvado rico y se piensa que debería repartirlo entre todos los demás. 
Muchos piensan que todos los ricos lo son porque depredan dinero de los sectores productivos; mientras los pobres están ansiosos para arrebatárselo, los que se autocalifican como buenos, solidarios y sensibles piensan que hay que aumentar los impuestos para repartir las ganancias de los primeros entre todos. Entre los dos extremos se sitúa la mayoría de la población que por prudencia, por miedo o por envidia procuran no mentar el tema del dinero en público y sólo de soslayo en privado. 
A los que invierten su dinero para obtener rendimientos se les llama despectivamente especuladores, y a los que con la excusa de que “hay que vivir la vida” se lo gastan todo, sin pensar en que puedan necesitarlo más adelante, se les reprocha su actitud inconsciente y se les califica de derrochadores. Nadie está contento con el dinero que tiene porque a casi nadie le basta el que tiene para comprar todo lo que quiere; y envidian-codician el que tienen los demás, aunque lo nieguen histriónicamente en público. 
Con el dinero sucede algo similar a lo que pasa con muchos otros temas. Todos lo usamos a diario, todos queremos tener más (quien no sueña con que le toque la lotería) y al mismo tiempo, al estar todo lo relacionado con las finanzas, lleno de mitos y falsas creencias, muchísima gente lo desprecia en público y considera incorrecto hablar de temas en los que el “vil metal” esté involucrado. 
Con el dinero mantenemos una eterna relación de amor-odio de la que pocos escapan. 
La mayoría de la gente usa el dinero y todo lo referente a las finanzas personales en función de lo que ha aprendido de sus padres. Por ese motivo, nos desempeñamos laboral y financieramente de acuerdo con esquemas que perpetúan patrones de conducta casi siempre perjudiciales en términos monetarios. Los padres pobres aconsejan a sus hijos que se apliquen y estudien, pero, por lo general, la escuela no prepara para lidiar con los asuntos relacionados con el dinero. 
Muchos “intelectuales progresistas”, profesores de humanidades, personas simpatizantes de partidos autodenominados “progresistas”, etc. se jactan de minusvalorar todo lo relacionado con el dinero, como si tener dinero implicara incultura o algún tipo d bajeza moral. La sociedad va cambiando continuamente, pero los consejos que dan los padres sobre temas financieros, en el fondo varían poco, porque poco bueno se puede aconsejar si no se tienen conocimientos y se evita instruirse y pensar, sin falsos tabúes, sobre el tema.
Lo cierto es que los universitarios de hoy en día (con Masters e idiomas incluidos) ganan menos dinero que los de hace tres décadas (sin Master y pocos idiomas). Tampoco pueden esperar mucha ayuda del Sistema de Seguridad y Bienestar Social para tiempos futuros. 
Por mucho que mantengamos los ojos cerrados ante el dinero y esperemos que el Estado nos resuelva los problemas cuando nos atenacen, nadie es capaz de imaginar como podrá hacerlo sin nuestra implicación personal. Todos sabemos que pedir es fácil, conseguir ya es más difícil.
Necesitamos reflexionar sobre el tema del dinero sin apriorismos y encontrar nuevas respuestas a los problemas de siempre. Los consejos del siglo pasado: “Ve a la Universidad, consigue títulos, aprende idiomas, encuentra un trabajo seguro y permanente que te asegure un confort de por vida”, ya no funcionan. Tal vez alguien piense que no hay para tanto, no obstante es bueno recordar que los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay. Por tanto, si no llega a fin de mes o piensa que “las cosas del dinero” están mal repartidas, deje de lamentarse y “pedir que le den”. Mírese al espejo y piense como puede revertir su situación, porque la persona que mejor puede cambiar su vida es usted mismo.

martes, 3 de abril de 2018

¿A quien beneficia/perjudica las acciones de los CDR?

Hace demasiado tiempo que la sociedad soberanista reclama a sus políticos “unidad”, para que hagan un gobierno soberanista que cese el 155. No hay forma de que se logre esa unidad y ese primer objetivo urgentísimo para que no se siga degradando la economía y la sociedad catalana. 
Jordi Turull, en su discurso de investidura reclamó dialogo dentro del “bloque soberanista que no se pone de acuerdo” y “los otros”. Por muchas “razones” (algunas fuera de la ley) que atesoren los independentistas, si no dialogan con “los otros” no se podrán recuperar las instituciones ni tampoco ir más allá consiguiendo la libertad de los presos ni el autogobierno perdido. Que nadie repita que está en otra pantalla porque la “independencia” no se ha conseguido ni siquiera en modo virtual ni con “realidad aumentada”.
Los grupos soberanistas no logran un acuerdo ni siquiera en lo “urgente”; y el “todo o nada” pinta fatal.
Y por si no tuviéramos suficiente, entran en juego los “CDR” (Comités Defensa de la República) que producen imágenes que los “unionistas” presentan como “violentos Kaleborrroca” para asimilar a todos los millones de pacíficos independentistas como “violentos terroristas” que ponen en peligro la paz pública y el orden constitucional.
Recordemos que el PNV siempre ha buscado su propio beneficio y no ha fallado nunca al Gobierno Español. Los políticos del PNV están “quedando bien”, estéticamente, con los independentistas, sabiendo que antes de que “realmente tengan que mojarse” habrá gobierno autonómico catalán o nuevas elecciones.
Por mucho que nos enfademos los catalanes (unos más que otros), estas acciones de los CDR no afectan nada ni a los jueces españoles ni a los alemanes, ni al Gobierno central. Basta con ver las TV’s y la inmensa mayoría de los periódicos generalistas de gran difusión, para que los lectores y televidentes se creen la idea de que el “país está en jaque” y de que es un lugar peligroso para los turistas y para los que quieren trabajar en la Catalunya de orden y próspera que siempre había sido y que “parece” (porqué así lo dan a entender) que ya no es. 
La mentira compulsiva y sistemática de los sectores afines a los “unionistas extremos” (quemar containers no presupone insurrección, rebelión o violencia) pretende crear el relato adecuado para asimilar independentismo con violencia. Los dirigentes unionistas extremos necesitan normalizar la imagen de que todos los independentistas son terroristas, para legitimar su actuación contra los que abrazan otra forma de pensamiento político que quiere huir de su dominación.
Mucha gente no entiende que los “actos de protesta” que organizan los CDR (y sus líderes políticos y sociales) (cortar carreteras por ejemplo) no se hagan donde puedan perjudicar a los “líderes unionistas extremos” y no aquí en Catalunya, donde perjudican, entre otros, a sus aliados y a la estabilidad económica catalana a la vez que dan armas a sus enemigos políticos. Una estrategia que cuesta mucho de entender y por no tildarla directamente de equivocada.

lunes, 26 de marzo de 2018

¿Porqué disculpan las mentiras?

Amigos que considero inteligentes, de vez en cuando publican noticias falsas en las redes sociales. Algunas son tan absurdas, tan fáciles de desmontar, que me queda la duda de si las comparten por error o conociendo su falsedad, simplemente porque refuerzan una realidad superior, la suya, que creen necesario difundir de todas maneras.
Investigadores del MIT han confirmado que la mentira viaja mucho más rápido y llega más lejos que la verdad. Hasta seis veces más en el caso de las redes sociales. Lo espectacular, sensacionalista y falsamente novedoso es más atractivo y genera más likes que cualquier otra cosa que se comparta; por ello no es de extrañar que mucha gente mienta y propague mentiras para “gustar más”. Parece haber algo irresistiblemente encantador en la mentira que nos hace propagarla, agrandarla, retorcerla y volver a compartirla sin que a menudo nos paremos a medir sus consecuencias o el daño que puede hacer a terceros. 
Todos tenemos nuestros propios prejuicios —somos favorables a unas cosas y contrarios a otras; con el tiempo olvidamos incluso el porqué— y ayudamos a divulgar informaciones u opiniones sin hacer un mínimo trabajo de verificación de “lo que compartimos”, demasiadas veces sesgadamente y sin leer todo el texto completo. A pocos le importan los hechos, los testigos, los avales, etc. lo único que importa es si lo divulgado “favorece a los míos” o “habla contra los otros”. Si sumamos a la escena el miedo, los infundios y falsos rumores alcanzan el nivel de verdades absolutas para las masas.
Las redes, los blogs y muchas publicaciones digitales van llenos de “fake news” (el bulo de toda la vida). Aunque se le cambie el nombre, la mentira es tan antigua como el lenguaje. No hay más mentirosos hoy que hace cinco, diez o cien años. Simplemente cuentan con aliados que hacen su trabajo mucho más fácil, incluida la tecnología para propagar falsedades y un periodismo, supuestamente el oficio encargado de desenmascararlas, que en países como el nuestro ha renunciado a hacer su trabajo.
Lo falso encuentra hoy una amplia cobertura incluso en los medios que se describen como “serios”. El sectarismo con el que la prensa nacional trata cualquier asunto, replicando una visión de la realidad donde los prejuicios tienen más peso que los hechos, hace que la verdad se esté quedando sin defensores. Los propietarios de los medios viven temerosos de enfadar a audiencias que exigen una reafirmación de sus creencias y sus trabajadores (¿periodistas? y otros) viven pendientes de un público al que hay que enganchar con noticias cada vez más llamativas, aunque no se ajusten a la realidad. Las crónicas de buenos reporteros, que todavía los hay, han pasado a ser medidas por su popularidad, no por su rigor o profundidad. El periodista que antes suspiraba por un Pulitzer hoy se conforma con un buen número de likes o comentarios aprobatorios de su buen hacer. Al fin y al cabo, ellos y todos nosotros (sus audiencias, también incluidos los jueces), vivimos en la misma.
Nuestra sociedad ha legitimado la mentira —igual que está bien visto estafar al “fisco” siempre que lo haga yo o los míos— y nadie se ruboriza, ni siquiera los periodistas, cuando a alguien le pillan soltando una, por escandalosa que sea. Y si los medios, los periodistas, los políticos mienten, roban, eluden y defraudan a Hacienda, … ¿porqué no debería hacerlo yo? Observando a nuestros representantes en cada campo, es fácil sentirse legitimado para mentir.
Uno solía ver la competencia entre verdad y mentira como la carrera entre la liebre y la tortuga: la primera tomaba ventaja rápidamente, pero poco a poco iba perdiendo terreno frente a la solidez y determinación de la segunda. El que así piensa comete el mismo error del principiante que afirma “el buen producto se vende solo”, porqué la liebre, empujada por las redes y el mal periodismo, toma a menudo una ventaja que la tortuga no alcanza nunca a recuperar. La mentira gana con frecuencia, mientras es aclamada desde la grada por un público entregado, que ensordece a las masas con su griterío persistente. Cansados de tanto luchar contra corriente, a los que persiguen la verdad, cada vez les quedan menos amigos sinceros; al menos, de los que se atreven a divulgar la verdad contrastada, aunque no sea políticamente correcta.