martes, 12 de junio de 2018

Un “golpe de efecto” por razones humanitarias

España ha decidido acoger a los 629 inmigrantes del buque Aquarius, propiedad de la ONG Médicos sin Fronteras. El ministro de Exteriores dijo que solo se trata de un "acto simbólico"; un 'golpe de efecto' para llamar la atención en toda Europa y suscitar de nuevo un debate que, desde hace años, nunca llega a ninguna parte. 

Nadie debería jugar con la inmigración. La inmigración no debería usarse para cálculos electorales ni para la demagogia política, porque esa es una bomba que tarde o temprano nos estallará en la cara. Y menos aún en España, frontera del hambre subsahariana.
Como tenemos memoria de pez y solo hablamos y nos acordamos unas pocas horas de lo que publican los medios de comunicación, olvidamos que, hace menos de quince días, España impidió, en una acción conjunta con Marruecos, la entrada por la frontera de Ceuta de unos 400 inmigrantes. La avalancha, como tantas otras, se produjo a primera hora de la mañana; de repente un centenar de inmigrantes se encaramaron a la valla y … También eran inmigrantes hambrientos, desesperados, desahuciados de eso que llamamos vida aquellos que vivimos en países ricos como España. Sólo el año pasado, el Frontex (la agencia de control de fronteras de la Unión Europea), publicó que la presión migratoria aumentó en un 124% en España: casi 23.000 personas intentaron entrar de forma irregular. No se cuantos lo consiguieron.
Dediquemos un poco de tiempo a pensar la respuesta a algunas preguntas relacionadas con este tema:
¿Qué puede ocurrir si el 'gesto simbólico' del Gobierno español se interpreta como un cambio de política en España ante la inmigración?
¿Estamos dispuestos a ver como nuestra sociedad, con todas su deficiencias y aún así, la más próspera, igualitaria y abierta de toda la Historia de la Humanidad, se diluye por la llegada masiva de personas con otra cultura y forma de entender la vida?.
¿Estamos dispuestos a poner algún límite o aceptaremos a todos los que vengan, sea la cantidad que sea, sea por el tiempo que sea?. ¿Estamos capacitados para hacerlo?
¿En que se diferencian los 629 de los 5000 que esperan frente a la valla de Melilla?
¿Y los próximos 600? ¿Como se les va a negar la acogida a los siguientes cargamentos humanos?
Desde que las mafias, salvajes e indeseables, que trafican con personas tienen la certeza de que siempre habrá un barco que rescate a inmigrantes en el Mediterráneo, han abaratado el coste de la embarcaciones que utilizan en su tráfico. Ahora, la mayoría son botes neumáticos mucho más baratos que los barcos de pesca que se utilizaban anteriormente. Esas escuálidas embarcaciones, en las que se agolpan decenas de personas, sólo aguantanla navegación durante unos pocos kilómetros al norte de la costa de Libia.
¿Quid pro quo? (¿Algo a cambio de algo?) Algunos piensan que las ONG’s no encuentran por casualidad a las embarcaciones llenas de inmigrantes cuando están a punto de naufragar, sino que lo hacen en cuanto tienen conocimiento —las propias mafias se lo comunican— de que han salido de la costa de Libia. Simplemente esperan en el límite de la aguas jurisdiccionales libias y, en cuanto los ven aparecer en la pantalla del radar, van a por ellos. Parece que el "Aquarius" había recogido a estas 629 personas después de varios rescates en cadena, moviéndose de un lado a otro hasta llenar las bodegas y entonces dirigirse a Europa; mucho más lejos que Libia. ¿Porqué no devolverles a la costa africana, que también cumpliría el objetivo de ayuda humanitaria por salvarlos de morir ahogados? Al llevarlos a un puerto europeo, en lugar de ponerlos a salvo en la tierra firme más cercana, hacen que las “mafias” cumplan la promesa que les hicieron cuando les vendieron, a precio de oro, un miserable hueco en una patera masificada.
El resultado es un círculo vicioso infernal, del que no se puede salir: cuanto más eficientes sean las ONG que rescatan inmigrantes y las llevan a Europa, más crueles serán las 'ofertas' de las mafias de inmigrantes para los centenares de miles de personas, hombres, mujeres y niños, que esperan uno de esos 'pasajes' para llegar a la supuesta “tierra prometida” que les venden los mafiosos. 
Cada vez que alguien de una ONG plantea el dilema al que se enfrentan —o rescatar a los inmigrantes o dejarlos morir ahogados—está claro que no existe más que una respuesta: rescate siempre. Pero todos tendríamos que ser conscientes de que esa no puede ser nunca una solución definitiva, porque lo único que conseguirá a largo plazo es aumentar exponencialmente el problema de la inmigración, cada vez con más réditos para las mafias y más riesgo para los inmigrantes. Nadie puede ser tan osado como para pensar que conoce cuál es la solución del problema de la inmigración en este siglo XXI, de los avances científicos y de las miserias humanas, pero, al menos, deberíamos aspirar a no empeorarlo.
Personalmente desconozco el modus operandi de las ONG’s con barcos de salvamento, aunque sería bueno que hubiera transparencia al respecto. Si fuera como se ha descrito antes, los responsables de dichas ONG`s deberían ser detenidos en el acto, imputados y pasados a custodia judicial como cómplices necesarios para el trato esclavista de personas por parte de las mafias. Tal vez así se conseguiría desarticular a las organizaciones mafiosas que se benefician, directa o indirectamente y siempre desaprensivamente, de los aterrorizados emigrantes.
El Mediterráneo separa dos áreas geográficas, Europa (600M de habitantes, sin Rusia y descendiendo) y África (1200M de habitantes en fuerte crecimiento), con una de las mayores diferencias sociales y económicas del mundo. Por ello la inmigración no se va a acabar hasta que desaparezcan los “dictadores locales”, los “intermediarios” que se benefician directa y/o indirectamente de este tráfico humano, y las sociedades africanas puedan progresar (con ayuda) y mejorar su modus vivendi. 
También hay que tener en cuenta que los inmigrantes no solo vienen a Europa para mejorar su nivel económico de vida, sino para huir de la inestabilidad en los países donde nacieron. Resultado: sus problemas se dirigen hacia los europeos al tiempo que rebajan la presión a los dictadores locales que siguen destrozando y esquilmando sus países y a sus habitantes. 
La vía de ingreso a Europa por el este (Turquía y Grecia) hace tiempo que está cerrada. La vía central (Malta, Italia, Croacia) se ha empezado a cerrar y ya solo queda la vía Suroccidental (España) como vía de ingreso. Los franceses, que también tienen costa en el Mediterráneo (Marsella su gran puerto), están calladitos. ¿Se imaginan, en plena Côte d’Azur el Boulevard de la Croisette o La Promenade des Anglais llenos de Top Mantas?. El resto de países de Europa hablan mucho de fronteras abiertas, pero las cierran a cal y canto para según quienes y de solidaridad… sólo palabras. Cada cual debe lidiar con su problema porque los “hechos solidarios” procedentes del centro-norte europeo brillan pos su ausencia. 
Los europeos tenemos un gran problema que solo puede resolverse en su origen. Las buenas intenciones valen para poco y la inmensidad del problema nos desbordará más temprano que tarde si no se habla en serio entre todos. El problema es que el que está endeudado (los países PIGS dependen de los préstamos de los centroeuropeos) no es libre para decidir.
Una pregunta más para que ustedes intenten respondérsela ahora mismo:
¿Estamos dispuestos a compartir nuestra riqueza (poca o mucha según quien hable) con un número cada vez mayor de personas que vienen sin nada y temen por sus vidas?. Pregúntense por SU riqueza personal: su casa, sus ahorros, los cuidados médicos que reciben ustedes, la educación que reciben sus hijos, sus calles, sus parques, sus playas, SUS…etc. No lo de los demás, lo suyo propio ¿De verdad están dispuestos a compartirlos? ¿Hasta cuanto o durante cuanto tiempo? ¿Han empezado a compartirlo ya? ¿Qué y con quien lo han compartido?
Recuerden que llevamos casi una década con la Guardia Civil empleándose a fondo para que los subsaharianos y otros “sin papeles” no consigan saltar “la verja” de Ceuta y Melilla. A los que logran pasar los persigue la Policía Municipal de Madrid o Barcelona (poco o mucho depende de quien lo juzgue) porque son ilegales y venden, para poder comer, artículos ilegales en el Top Manta. Los comerciantes que pagan sus impuestos están hasta la coronilla de la competencia ilegal de los Top Manta y de los talleres clandestinos. Los que tienen a personas sin papeles malviviendo en su vecindario y creando conflictividad social también están hasta la coronilla. Los ciudadanos que ven como les rebajan su atención médica en cantidad y calidad porque hay que atender muchos más pacientes inmigrantes, que hacen un uso intensivo de la sanidad desde el mismo momento en que se empadronan, empiezan a impacientarse. Los trabajadores del tercer sector se quejan porque no se les transfieren suficientes fondos para atender a toda la riada de inmigrantes como y cuando les gustaría y reclaman más generosidad de los contribuyentes. Demasiada gente está hasta la coronilla y aún así, no se atisba que ningún dirigente proponga algún plan global para paliar o al menos atenuar el problema.
Cabría plantearse dudas si no pudiéramos comprobar, sobre el terreno, como en muchísimas zonas de Europa la convivencia se ha empezado a degradar alarmantemente; y como los partidos populistas y xenófobos captan votos alarmantemente. Y eso que solo llevamos menos de una década soportando grandes tasas de inmigración. Cuanta mayor inmigración haya, recordemos el “efecto llamada” de hace unos años, mayores tensiones soportaremos previsiblemente.
El problema de África no tendrá solución hasta que los propios africanos no decidan dársela. Como les falta el conocimiento y las estructuras sociales para ello y sigue habiendo un montón de empresas y lobbies poderosos que presionan y facilitan que nada cambie, es de prever que su crisis social va a durar muchísimos años. La única apuesta de futuro que ven factible actualmente es la huida a Europa, donde ya existe todo lo que ellos no han creado. Así que el problema no lo tienen los africanos, lo tenemos los europeos y entre ellos los que vivimos más cerca de la “frontera”: nosotros los españoles.
Que cada cual piense en el problema que tenemos y decida su posición. Ojalá que pudiéramos expresar nuestra decisión en un referéndum; que la inmigración, como tantas otras cuestiones importantísimas de presente y por supuesto de futuro; no debería quedar exclusivamente en manos de ningún político populista.
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