martes, 11 de julio de 2017

REGALOS ANÓNIMOS SI, REGALOS ENVENENADOS DE RICOS NO

“Quien alguien regala o bien vende, el que lo recibe lo entiende” Dicho popular.
La fundación de Amancio Ortega, creador y máximo accionista del grupo Inditex (propietario de cadenas como  Zara, Zara Home, Massimo Dutti, Pull & Bear, Bershka, Oysho, Uterqüe, Lefties y Stradivarius), desde su creación en 2001 ha donado más de 500 millones de euros en obras sociales en España.

Hace unos meses ofreció donar 320 millones de euros para que hospitales públicos de toda España pudieran comprar más de 290 equipos de última generación para el diagnóstico y tratamiento radioterápico del cáncer. Esos 320 millones incluyen los convenios alcanzados en 2015 y 2016 con los Gobiernos de Galicia y Andalucía, valorados en 17 y 40 millones de euros, respectivamente.
Cada año se diagnostican en España más de 200.000 nuevos casos de cáncer. El 60% precisa tratamiento por radioterapia en algún momento de su evolución. Por ello la incorporación de equipamientos de última generación, tales como la mamografía digital con tomosíntesis o los aceleradores lineales avanzados, permite realizar diagnósticos más precisos y proporcionar a los pacientes tratamientos más eficaces, menos agresivos y de menor duración.
Algunos de los hospitales públicos candidatos a recibir estos equipamientos —desconozco la letra pequeña del acuerdo de donación— argumentando que no deseaban esa donación porque no necesitaban limosnas para adquirir unos materiales que el gobierno tenía obligación de proporcionarles, y que la cooperación del sector privado no les parecía necesaria ni oportuna para hacer frente a algo que formaba parte del derecho de los ciudadanos a una atención médica adecuada, moderna y, por supuesto, pública.
Este tema ha originado grandes controversias y en realidad todas las partes tienen su porción de razón. Siempre he pensado que de biennacidos es ser agradecidos y si un empresario decide donar parte de su dinero a la sanidad o a las becas a estudiantes, sin entrar en cuanto le desgrava o como sale la cuenta al final, es bueno reconocer su aportación a la sociedad que muy pocos hacen.
Pero por otro lado, no se puede dejar que un bien social dependa de donativos privados en un país como el nuestro, con una economía del primer mundo. Mediante una justicia fiscal progresiva y redistributiva seríamos capaces de dotar a nuestro sistema sanitario de recursos suficientes, sin necesidad de recurrir a este tipo de donaciones, que siguen desgravando al donante. El tema de la fiscalidad adecuada y progresiva es un tema de ámbito europeo e incluso mundial porque más del 75% de la facturación de Inditex se hace fuera de España.
El Gobierno debería tomar la decisión de en qué invertir según las necesidades y la eficiencia de las acciones, según estudios científicos, no a lo que a un particular le parezca oportuno en un momento dado, porque a lo mejor no es lo que más se necesita o lo más conveniente a largo plazo.
Algo similar podría decirse de los más de 15 mil millones de euros que maneja el “tercer sector” (datos de 2013) procedentes de fondos cedidos por el Gobierno y procedentes de los impuestos recaudados de los contribuyentes que los pagan. Ayudar a los menos desfavorecidos es deber del Estado y de su Gobierno y por tanto sobrarían toda la constelación de ONG’s y demás asociaciones de “voluntarios” que se nutren en parte (porcentajes variables) de los fondos del Estado. ¿Para que donar tantos millones de euros a estas ONG si debería ser labor del Estado cuidar de los menos favorecidos?
Está bastante extendida en nuestra sociedad la idea de que ciertos derechos de los ciudadanos deben ser atendidos, sí o sí por los fondos públicos, no por la limosna privada, y atendidos por funcionarios públicos, los cuales cabria preguntarse si ¿pertenecen a otra raza distinta o les adornan cualidades más aptas para el servicio que si fueran trabajadores privados?. Por cierto, este criterio no se sigue cuando se trata de ayudar a los “pobres”; en los que parece que los trabajadores de las ONG’s son los poseedores de las máximas virtudes y los más dotados para atender eficazmente a los desamparados. En este caso, los donativos privados son bienvenidos sin importar quien los manda. Ya vemos que los criterios son distintos en los dos casos.
Aparte de que aceptar donaciones, (cuantas más mejor) no está reñido con exigir a los legisladores que aprueben leyes más justas en el ámbito económico, fiscal y redistributivo y a la AEAT que persiga eficazmente a los defraudadores. 
¿A que viene tanto "orgullo" en algunos casos y tan poco en otros?
¿Han pensado que los fondos públicos para los servicios públicos no provienen de los bolsillos de todos los españoles, sino sólo de los bolsillos privados que pagan impuestos (pocos o muchos, en todo caso los legalmente establecidos—, por la vía coactiva?.
Hay gente que no se deja querer porque piensan que hay amores que matan, de modo que quizás hacen bien. En el caso de la donación de Amancio Ortega no se si han rechazado más la donación o a lo que para ellos representa el donante que la hace. En todo caso, rechazar el don tiene mayores consecuencias, porque lo convierte en algo indiferente, e incluso molesto, de modo que el que da se siente menospreciado, el que recibe se cierra y todos perdemos (los que tienen la piel muy fina y los que la tienen más gruesa y tal vez necesitan un buen diagnóstico urgente y un buen tratamiento mientras los fondos del Estado llegan o no). Todos tenemos todo el derecho del mundo a negarnos a recibir los regalos de otros, pero cuando otras personas, muchas personas, pueden disfrutar esos regalos, quizás vale la pena que se lo pensaran dos veces.
¿Quién son esos “decisores” para negar a los demás la posibilidad de recibir el mejor tratamiento?
¿Está derivando nuestra sociedad hacia un individualismo desmedido y peligroso?
Hay muchas comportamientos que parecen indicar que si.
Una vez vi una escena callejera: Un anciano paseaba por un parque y se encontró a un niño pequeño con su madre/padre. El anciano y el niño se sonrieron mutuamente y el viejo le dio un caramelo y lo intentó acariciar. Se llevó un buen chasco. La madre le reprendió y tal vez pensó que el anciano era un pederasta o que tenía intenciones perversas. Tal vez la madre pudiera tener razón, pero no puedo dejar de pensar que esa es una de las muchas manifestaciones de que deseamos vivir nuestra vida ajenos a los demás, con el mínimo de contacto posible… Nos estamos volviendo cada vez más ¡Individualistas!
¿Dónde radica la cohesión de esa sociedad? En el intercambio de bienes y derechos, en el mercado o fuera de él, pero no en bienes comunes compartidos. ¡Vaya!
Es un tema muy complicado con muchos puntos de vista, tantos como personas, en el que como en muchos otros es muy difícil ser pragmáticos y emplear la misma vara de medir para todos.
La mayoría de la gente suspira por recibir regalos y donaciones… Si, tantos como sea posible, pero sin que “conste que se los han hecho”. Así no hará falta reconocer el buen acto del donante, ni sentirse en deuda con él, ni por supuesto agradecer, de la forma en que cada uno pueda, el regalo recibido. Grandes dosis de individualismo y egoísmo son las que imperan en nuestra sociedad.
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