martes, 4 de septiembre de 2012

¿Cuantos años durará Rajoy? (9 meses después)

El 21 de noviembre del año pasado, recién ganadas las elecciones por el PP, escribí una entrada con este mismo título. Nueve meses después del nacimiento del nuevo gobierno, vuelvo a pensar aquella entrada y en la respuesta que en aquel momento di a la pregunta. Confieso que entonces tenía mejores expectativas que ahora. No pensaba que el nuevo gobierno fuera capaz de hacer lo que ha hecho. De traicionar tanto a sus electores.
“Quien me ha impedido cumplir mi programa electoral es la realidad” suele disculparse Rajoy.

Después de 9 meses de tomar decisiones, casi todas opuestas a lo que había dicho años antes que haría si llegaba al poder y a lo que se había comprometido en su programa electoral. Prácticamente todas van en sentido contrario a lo que necesita España. Mariano Rajoy decide superar los límites de lo tolerable y, de una manera tan vil como irresponsable, esta llevando a sectores enteros de población, a millones de españoles, a una situación de pobreza y exclusión social intolerables. Y todo ello no para salir de la crisis, ya que estas medidas hundirán aún más el crecimiento y el empleo, sino para mantener los privilegios de una casta política incompetente y corrupta que no está dispuesta a sacrificio alguno. 
Dice no tener la libertad para decidir, pero sí para llevar a la ruina a la nación. Si es cierto que no la tiene porque es un cobarde y los barones no le dejan, debe dimitir. Que no diga que es una imposición de Bruselas, porque Draghi se lo dejó bien claro: “Menos impuestos y más recortes de gasto”.
Rajoy, al igual que cuando estaba en la oposición -cuando Valencia, Murcia o Madrid capital estaban a la cabeza del despilfarro sin que moviera un dedo para evitarlo- es incapaz de recortar nada de las partes inútiles del "aparato central". Su ineptitud, elevada a escala nacional, no sólo está llevando a la miseria y a la exclusión social a millones de personas, está arruinando a varias generaciones de españoles con unos tipos de interés tan altos que pronto será imposible pagar la deuda. El número de familias españolas que vive por debajo del umbral de la pobreza asciende ya a más del 26%. Y la opción de Rajoy es empobrecernos todavía más.
Con una cobardía poco común, elude su compromiso más esencial, el de gobernar y lanza la mentira más escandalosa de toda su amplia trayectoria de embustes y falsas promesas: “Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad”. 
Es decir, que los españoles no podemos elegir entre que nos arruinen a impuestos y nos recorten salarios y prestaciones o acabar con el despilfarro de 120.000 millones de euros anuales que supone, en conjunto, el modelo de Estado impuesto por ¿?
Si "impuesto" porqué el modelo de estado, ni la pertenencia al mismo, no ha sido votada por los ciudadanos ni se permite que se vote. Aquí no se permite que nadie se "divorcie" de España. (Esperemos que no se cambie el "de España" por un "EN España"). Aunque un territorio no sea entendido por el estado, le cause continuamente problemas y lo acuse continuamente de "insolidario", no hay la más mínima voluntad de entendimiento y tolerancia cero para celebrar un referéndum y conocer la voluntad de autodeterminación de ese pueblo. Dos personas civilizadas que no pueden vivir juntas, se separan y dejan de hacer sufrir a los de su alrededor. Esto no se entiende y menos se practica en las mentes del gobierno ni de muchos españoles.
España no puede seguir siendo el cortijo de una casta política parasitaria, cuyo pensamiento real sobre el conjunto de los ciudadanos es el expresado por la indigna diputada del PP, Andrea Fabra: “¡Que se jodan!”. Ella lo expresó sin tapujos en el congreso, pero con sus actos, parece que es lo que piensan la mayoría de los presidentes autonómicos y su inmensa corte de parásitos sociales, es lo que piensan los más de 8000 alcaldes y casi 70000 concejales, los miles de presidentes de empresas públicas y los miles de diputados, senadores, asesores o sindicalistas de pesebre completamente inútiles. ¿Acaso alguno de ellos, o de los casi dos millones de "cargos de confianza" (empleados públicos nombrados a dedo sin capacitación adecuada más que para ser la fiel "voz de su amo") estaría dispuesto de renunciar a su prebendas para evitar la ruina de los españoles? 
Es verdad que hay personal de la administración central que supuestamente realiza funciones transferidas a las CCAA y que por tanto sobra. Es esa “grasa” inútil la que se hubiera tenido que adelgazar hace muchos años. 
Nadie puede asegurar que lo que han gestionado mal las CCAA lo hubiera gestionado mejor la administración central del estado. 
Las nuevas medidas no sólo son una chapuza absoluta, son un expolio sin precedentes a las clases medias y trabajadoras, mientras la casta política se niega a aplicarse a sí misma el menor recorte. 
Es verdad que lo importante es lo que se gasta, pero más aún la decisión de “en qué se gasta” y "como". No debe nunca olvidarse que para poder gastar, primero hay que ingresar, porque de ahí se deriva lo que puede ahorrarse y guardar para tiempos difíciles. Prácticamente ninguna de las medidas de austeridad que nos han aplicado se acuerda de este término tan básico.
Hay CCAA que han despilfarrado grandes cantidades de dinero en obras faraónicas inútiles, que sólo han beneficiado a los "adjuntos al poder". Hay otras, las menos, en que sus dirigentes no han dejado de despilfarrar e incluso se han endeudado irresponsablemente, pero el estado ha recaudado los impuestos que han pagado sus contribuyentes para ayudar al mantenimiento de la maquinaria central del estado y soportar muchos recursos inútiles. Es grotesco que ahora ese gobierno y sus adláteres acuse a las CCAA, a todas por igual, de todos los males de España. Todas son culpables de despilfarro de recursos públicos, pero unas mucho más que otras y el “aparato central” mucho más que todas las CCAA juntas.
“Es obvio que ningún gobierno del mundo tiene derecho a empobrecer de ese modo a los ciudadanos si tiene alternativas de reducción de gasto tan claras, pero ni el FMI ni la UE pueden imponer un cambio del modelo de Estado. Nos corresponde hacerlo a los españoles. 
Hay autonomías como la nación catalana donde cada vez más se oyen voces independentistas. La gente está harta de que la vampirice el estado central y encima la llame "malgastadora y derrochadora", obligando a su gobierno a pedir "prestado con condiciones"  sólo una parte de aquello que sus ciudadanos han pagado con impuestos derivados de su trabajo e inversiones. El estado central no protege ni ayuda a los territorios que pueden servir de motores productivos, para beneficiar a sus ciudadanos y ayudar al resto de regiones de España, que no pueden valerse por si solas. Al contrario, se dedica a estrangular, debilitar y ponerles las cosas tan difíciles que pronto no serán capaces de producir nada y por tanto de seguir ayudando. Prefieren quedarse ciegos para que el otro se quede tuerto. Esto no es bueno para nadie, ni para las regiones "motoras" ni para España como estado. El problema es que España no es una democracia formal, algo que requiere un sistema representativo del electorado y la separación de poderes. Los españoles carecemos de cauce legal para cambiar el modelo de Estado. Ni diez millones de firmas servirían para ello. Por si acaso resurgen rancias amenazas de militares al estilo "por encima de mi cadáver".
Sin embargo, lo que no deja de planear por el horizonte es la amenaza real de un rescate (blando, parcial, por etapas, etc). El rescate con "condiciones económicas y políticas" parece inevitable y eso debería obligar a cambiar el modelo de Estado o algo equivalente.
Continuamente los medios de comunicación nos alertan de la llegada de los "hombres de negro" como si del lobo se tratara. Visto lo que tenemos y el efecto que produce en los ciudadanos trabajadores y ahorradores, estrujados hasta no poder dar ya ni gota, el control de estos "irresponsables" que gobiernan el estado, por acción o por omisión, por otros "profesionales" que han demostrado tener mejor tino en conducir a sus paises, no parece ser tan mala solución.
Con un poco de suerte y ayuda externa, puede llegar a ser nuestra única posibilidad de salvación.
©JAS2012
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