jueves, 10 de noviembre de 2016

President Donald Trump...¿Que podría ir mal?

Han fallado todos los pronósticos, las encuestas, las opiniones de la mayoría de académicos, periodistas, tertulianos y la opinión pública adoctrinada por los anteriores: Donald Trump es presidente electo de Estados Unidos.
¿Qué confianza podemos tener en todos estos personajes y medios que nos sirven la información que, según ellos, debemos conocer?. ¿Cuándo haremos el esfuerzo de buscar variadas informaciones en origen y hacer lectura crítica de las mismas?
Es cierto que Trump nunca había sido elegido para cargo público alguno. Tampoco sirvió en el ejército ni trabajó en la Administración pública. Sin embargo, Trump no sólo será presidente de USA; se ha llevado también la Cámara de Representantes, el Senado y podrá nombrar a un miembro del Tribunal Supremo y, posiblemente, a otros dos que por razones de edad podrían dejar dos sedes vacantes en los próximos años.
Aunque puede que la mayoría de votantes lo han hecho “no a favor de Trump” —un multimillonario que no ha pagado todos los impuestos que debía, sin experiencia en las tareas de gobierno y que nos proyectaron en los medios como misógino, xenófobo, mentiroso, nacionalista a ultranza, y muy desconfiado de los medios de comunicación—  si han votado contra la política del establishment de Washington, han rechazado a las elites y a la globalización.
En los medios españoles, de Mr. Trump se ha dicho casi todo, y casi todo negativo. Resumiendo: El país más importante del mundo ha puesto al mando a un auténtico psicópata, a la persona que debería salir en las enciclopedias cuando buscas la definición de “populismo“ y a alguien que muchos pensamos que sería un mal chiste, que olvidaríamos en poco tiempo. Además, el resultado de las elecciones le ha conferido un poder prácticamente omnímodo: no solo será el presidente de USA, sino que además, tiene al Partido Republicano, que si no es su partido, sí ha funcionado como su “partner in crime” y ha mostrado un utilitarismo verdaderamente preocupante, con mayoría tanto en el Congreso como en el Senado. Poca broma: este psicópata populista, machista, homófobo, racista, chulesco e inmoral que ridiculiza el problema más importante de nuestro tiempo, el cambio climático, y que asegura que revisará todos los tratados internacionales de su país tiene ahora, entre otras muchas cosas, el control del botón nuclear. Y no solo lo tiene: es que ya se ha interesado por él.

Queridos americanos.
Adelante, vote por el tipo con la voz fuerte que odia
a las minorías, amenaza con encarcelar a
sus oponentes, no le importa la democracia,
y afirma que solo él puede arreglarlo todo.
¿Qué podría salir mal?
Es muy triste caer en la ley de Godwin, pero este anuncio alemán se ha convertido posiblemente en uno de los mejores de todos los tiempos. Esto es como cuando ves a alguien que se equivoca terriblemente, lo sabes, estás plenamente seguro de ello, lo has visto antes… y ahora vas, y lo multiplicas por 324 millones. Hillary Clinton, la que descabalgó a un Bernie Sanders que posiblemente podría haber tenido muchas mejores posibilidades de ganar, solo ganó, por muy poco, en voto popular: gran consolación, como cuando un equipo pierde un partido de fútbol, pero ganó en posesión de balón…
En muy poco tiempo, el mundo anglosajón ha ¿cometido dos enormes errores?, uno a cada lado del charco: el Brexit y la elección de Donald Trump. Ambos van a tener consecuencias muy importantes sobre el mundo que conocemos, ambos cuestionan el funcionamiento de la democracia y demuestran que el populismo es su auténtico cáncer, y ambos pueden ser considerados auténticos pasos atrás en el progreso, síntomas preocupantes del mundo que se nos viene encima. De verdad… no es para tomárselo a la ligera.
La inmensa mayoría de lo que hemos leído, escuchado y visto en los medios de comunicación españoles ha sido totalmente tendencioso en contra de Donald Trump; incluso lo que de él se ha dicho de positivo está cargado de negatividad, como por ejemplo que sólo ha atraído a los trabajadores subempleados blancos o a los blancos que trabajan, pero que ven peligrar su empleo.
¿Porqué no vamos algo más allá de este análisis?.
¿Alguien ha seguido la larguísima campaña electoral norteamericana directamente en medios de comunicación americanos?.
Fox ha apoyado a Trump y CNN (Clinton News Network, según la han calificado algunos), New York Times, Washington Post, han apoyado tradicionalmente a los demócratas. Trump ha colgado en Internet todos sus discursos, cosa que Hillary no ha hecho.


¿Cuántos españoles hemos leído en fuente lo que ha dicho Trump, para poder opinar críticamente, lejos de quedarnos en la parte histriónica de la noticia difundida urbi et orbe por los medios españoles?
¿Cuantos hemos comentado con amigos, conocidos o saludados norteamericanos o que tengan familiares o compañeros de trabajo residentes en ese gran país que hayan recibido sus valoraciones sobre lo que estaba pasando en su país y sobre los distintos puntos de vista que cada uno expone?
¿Cuándo dejaremos de vocear, repetir y amplificar la voz que nuestro “amo” nos dicta por los medios que graciosa y gratuitamente pone a nuestro alcance, sin esforzarnos en contrastar nada?

Seguramente la aparición de personajes como Mr. Donald Trump en USA. Mme. Marine Le Pen en Francia, Herr Norbert Hofer en Austria, Frau Frauke Petry en Alemania, y sólo por citar algunos nombres, sean consecuencia de la combinación de una serie de factores con un denominador común: el retroceso en el estándar de vida de una parte creciente de la población junto a unas expectativas que, en el mejor de los casos, suponen el estancamiento cuando no el retroceso en esos estándares.
Lo que esos líderes políticos hacen es, por un lado, hablar sin medias tintas de esos problemas que afectan a personas de a pie; por otro, ofrecen soluciones sencillas y las comunican con un discurso fácil de seguir, siempre que se escuche o lea, claro. Además ponen sobre la mesa temas importantes que los demás políticos no han hecho y parece que no van a poder hacer; y por encima de todo, denuncian como nulo el papel que las instituciones nacionales e internacionales están desempeñando en la solución de la problemática que afecta al hombre de la calle.
Claro que existen diferencias entre Mr. Trump y Mme. Le Pen porque existen diferencias entre USA y Francia, y porque el escenario del día a día de USA y Francia es diferente; pero hoy cada vez son más las semejanzas que las diferencias entre los problemas de las ciudanías USA y francesa.
Pónganse en el lugar de un trabajador de la planta de Indianápolis que se entera que Carrier trasladará su producción a México. En mítines y debates, Trump menciona Carrier y promete castigar a esta empresa y a las que hagan como ella con un arancel del 35% para los aparatos de aire acondicionado que en el futuro fabrique en México.
Mr. Trump habló a una parte de la población que ha perdido lo que tenía o que puede perderlo y que sabe que seguramente no lo va a recuperar. Mr. Trump habló a esa trabajadora que sabe que va a dejar de percibir 22 $ por una hora de trabajo y un seguro médico porque la fábrica donde trabaja se va a ir a un lugar donde va a pagar entre 3$ y 6$: entre el 86% y el 72% menos. Y ¿qué expectativas tiene esa trabajadora?, desde luego no encontrará un empleo con las mismas condiciones que ahora.
Pueden decir que algo similar ya sucedió en los 80 y que entonces no apareció ningún Mr. Trump. Cierto, pero entonces las expectativas eran muy distintas y entonces los discursos patrióticos del Presidente Reagan tenía mucho más recorrido del que ahora podrían tener discursos semejantes. Ya entonces empezó a hablarse de los ‘trabajadores pobres’, de los working poor; pero ahora estos son legión.
¿Los errores del candidato Trump?, muchísimos, y de calado. De alguna forma su discurso dice pretender detener y revertir la globalización, y eso es imposible porque la globalización fue, en su momento, consecuencia de la evolución de la dinámica histórica; y parece que ignora que, desde el fin de su Guerra Civil, mucho de su PIB USA lo ha obtenido gracias a la globalización. Pero cuenta con una cosa a su favor: sabe que ninguno de los otros dos candidatos en el otro partido, ni nadie en el suyo, le va a decir a esa trabajadora de Carrier que sí, que eso va a pasar porque es imposible que pase otra cosa, porque cualquier medida orientada a evitar el cierre de la fábrica en la que esa trabajadora trabaja llevaría a un aumento de costes que reduciría la competitividad de esa fábrica lo que forzaría, bien a su cierre o bien a su robotización total, por lo que más temprano que tarde, esa trabajadora está condenada a perder su empleo. ¿Es demagógico lo que Mr. Trump dice? Si lo es, y también lo es lo que sus contendientes callan, aunque parece que la gente prefiere las mentiras piadosas; prefiere no saber, taparse los ojos para no ver la cruda realidad y quedarse inmóvil sin actuar porqué albergan la esperanza — dicen que es lo último que se pierde— que negando la realidad, las malas proyecciones no se materializarán. Como los niños que gritan “no me ves” mientras se tapan los ojos.
Algunos alertan que cuando analizan lo que los partidos políticos populistas proclaman, lo que sus líderes dicen hoy, ven algo similar a la Depresión y la situación en la que se hallaba la clase obrera que catapultó a la cima del Parlamento alemán a Adolf Hitler y al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Los USA del 2016 no son la Alemania de 1933, pero las carencias y las expectativas de la clase obrera alemana en 1933, extrapoladas y adaptadas al 2016 es posible que tengan bastantes semejanzas con lo que están sintiendo muchos trabajadores pobres estadounidenses, franceses, austríacos y alemanes; y eso no se disipa con un discurso de concordia, buenas palabras, verdades a medias y grandes promesas incumplidas que solo sirven para frustrar esperanzas.
El establishment está vendiendo que USA está de fábula, pero no es cierto, y bastantes personas están francamente mal. La tasa de desempleo que se está divulgando no es la verdadera, esta sí lo es: http://www.bls.gov/news.release/empsit.t15.htm y es bastante diferente a ‘la oficial’. Independiente de la política de la Administración que acompañe a esa Presidencia, la postración, la pobreza, la falta de expectativas de parte de la población USA va a seguir estando ahí.
Mr. Trump será el próximo presidente USA y supongo-espero que una cosa es lo que el candidato Trump dijo en sus mítines como parte de una brillante estrategia para ganar la carrera electoral y otra muy distinta lo que pueda firmar sentado en el despacho oval en la Casa Blanca. Ya vimos en su aceptación de la victoria, tras recibir la ritual llamada de la perdedora, que el discurso no tenía nada que ver con las continuas mentiras, procacidades, amenazas y proyectos para romper los compromisos norteamericanos en el mundo que resaltaron muchos medios pro-demócratas.
Puede que se demuestre, una vez más, que el fin puede justificar los medios y que se puede abusar en una campaña para ganar y, a continuación, lanzar un mensaje de unidad para curar las divisiones que han producido estas elecciones de manera bastante radical. Trump ha recibido el voto de la mayoría blanca que está perdiendo el poder gradualmente debido a la existencia de minorías cada vez más numerosas, pero en su discurso de madrugada dijo que servirá a todos los norteamericanos, de todas las razas, religiones y creencias. Las promesas fueron generosas y optimistas: Doblará el crecimiento económico, pondrá a trabajar a muchos ciudadanos para construir infraestructuras y los americanos estarán “orgullosos de su presidente en dos, cuatro u ocho años”.
Habrá que ver si sus ideas sobre la revisión de la existencia de la OTAN, su simpatía por los que pretenden disminuir la importancia de Europa, sus convicciones sobre el proteccionismo, su populismo y su xenofobia se traducen en una política de la primera potencia del mundo. Ha recibido el voto desencantado por la pérdida de puestos de trabajo en estados castigados por la crisis y también el voto nacionalista blanco para no perder la supremacía de los WASP, los “white anglosaxon protestants”, que no podían soportar a un presidente negro en la Casa Blanca y supongo que tampoco soportarían a una mujer gobernando la nación más poderosa del mundo.
La victoria de Trump tendrá consecuencias en la dirección que van a tomar los Estados Unidos y en las relaciones internacionales, pero el problema más gordo no es ese. El problema más gordo lo siguen teniendo el grueso de los americanos y por ello no es nada estrambótico que Mr. Trump haya obtenido casi los mismos votos y más compromisarios que Ms. Clinton: La mayoría de estadounidenses han tomado la decisión: “Mejor probar algo diferente aunque pueda conllevar daños colaterales exteriores, que aguantar más de lo mismo —grandes expectativas defraudadas— que les ha llevado a la mala situación en la que están”. Esperemos que la suerte nos acompañe a todos.

©JuanJAS
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