jueves, 29 de diciembre de 2011

No me cuentes batallitas

Estas vacaciones navideñas es el periodo anual en que hay más posibilidades de que la familia y los amigos se reúnan y de que coincidan en un mismo espacio personas de diferentes generaciones. Las sobremesas se alargan y hay más posibilidades de mantener conversaciones que incluyan algo más que preguntas de los mayores y respuestas algo más largas que los clásicos monosílabos de los jóvenes. “XD”.
Un tema que este año no falta en ninguna sobremesa, es “la crisis”. A estas alturas y después de cuatro años, ya todo el mundo se ha enterado de que nuestra sociedad está en crisis y ha padecido algún efecto nocivo de la misma. Es cierto que unos más que otros y cuando se intenta diagnosticar las causas de la misma, se destapan cantidad de opciones. Cada uno ve el tema según como le afecta la situación. Es difícil oír un análisis pragmático. La mayoría se dejan influenciar según el modo en como les afecta personalmente la situación. Normalmente encuentran culpables a los demás y se compadecen de que, precisamente a ellos, les ha tocado sufrir la peor crisis y la peor época nunca antes vivida.
Cuando algún padre o abuelo, testigos vivos de la Historia Contemporánea, intenta explicar, respaldado por su experiencia que no es verdad, que cualquier tiempo pasado fuese mejor; los más jóvenes responden cortando inmediatamente cualquier argumentación del mayor. Se niegan categóricamente a escucharla y por tanto no aprenden nada de la experiencia de sus mayores. Les responden: ¡XD, no me cuentes batallitas! mientras no dejan de jugar con el Smartphone de última generación que les acaba de regalar por 0€ una operadora telefónica. ¡Qué acto más bonito de filantropía navideña!
Las altas facturas mensuales vendrán más tarde. Se sumarán a las cuotas mensuales de la hipoteca, de la asociación de vecinos, de la guardería, del tabaco y del café, cada vez más caros, y que además de perjudicar su salud, perjudica su bolsillo, etc. Se pasan el día pulsando botones, todos los que encuentran, buscando recibir del gadget algún sonido divertido o alguna foto espectacular,  pero se empeñan en pasar con los ojos cerrados por la vida, negándose la oportunidad de aprender y mejorar. Ya se sabe que no hay más lerdo que el que no sabe y al no querer reconocer que no sabe, se piensa que lo sabe todo. 
Se lamentan continuamente de la crisis, pero no han aprendido que su trabajo es, según su situación, estudiar, aprender, buscar incansablemente trabajo, ser eficientes en el mismo, seguir aprendiendo cada día, esforzarse, no malgastar, no pedir préstamos para comprar cosas innecesarias, ahorrar, incluso sacrificarse, si es necesario, para salir del bache. No han entendido que sus padres les dieron y ellos mismos aceptaron una vida regalada como si fueran ricos, abusando del crédito y comportándose como si vivieran en el paraíso. Sin darse cuenta que seguían siendo pobres y se llamaban Pérez en lugar de Borbón.
En estos tiempos es políticamente correcto decir que los jóvenes de ahora serán los primeros que vivirán peor que sus padres. A fuerza de repetirlo, los opinantes habituales en los medios, han hecho popular esta sentencia. Pero yo procuro no creerme nunca a pies juntillas lo que dice la mayoría, sólo por el hecho de sea la mayoría quien lo diga. Porqué pienso que este atributo no le infunde más credibilidad ni le asocia razón ni veracidad alguna. Antes, hay que tener en cuenta otros puntos de vista y revisar otros datos que nos aporta la historia.
A nuestros bisabuelos les dejaron una guerra en Cuba y una guerra en África.
A nuestros abuelos, les dejaron una guerra mundial y el crac de 1929.
A nuestros padres les dejaron una guerra civil, una guerra mundial y una dictadura fascista para toda su niñez, juventud y madurez. Falta de trabajo y de alimentos. Gente pasando hambre y emigraciones masivas a otras regiones de España porque en la tierra que les vio nacer no podían encontrar trabajo para poder sobrevivir. Y aún más lejos tuvieron que ir, a Francia y a Alemania para intentar dar de comer a sus familias.

A los de mi generación nos dejaron la misma dictadura, la crisis del textil en la década de los 60 que dejó un paro de más del 30%. La crisis energética entre 1981 y 1984 con pérdidas de más de un millón de puestos de trabajo, un déficit público de más del 7% y las hipotecas a más del 14%. La crisis del ladrillo en 1993 con el IPC a más de un 5% y pérdidas de casi dos millones de puestos de trabajo, que tardó casi 10 años en remontar.
Los que tenían mucha suerte y podían dedicarse a estudiar, si querían aprender inglés, tenían que ir a Inglaterra a lavar platos o culitos de niño inglés haciendo de criado para una familia inglesa, ya que todavía no existían los programas Erasmus.
Los jóvenes actuales no han vivido todos estos temas en propia piel, pero podrían buscar los datos que están todos publicados, pero es más fácil quejarse. Por su parte, los mayores parece que han olvidado la historia. 

La crisis actual es una “crisis de rico” y si no, preguntad a los nacidos antes de los años treinta y escuchad sus vivencias. Por supuesto que estamos atravesando una crisis económica importante, pero también una crisis de valores, tal vez más importante que la económica. La causa de todo esto será motivo de otra entrada, pero hoy no toca. Hoy es hora de dimensionar sin histrionismos la crisis actual. De descubrir, entender y aceptar nuestra responsabilidad particular en la situación en la que estamos y pensar en ¿qué debemos hacer? y ¿cómo debemos comportarnos? para mejorar nuestra situación en el futuro.
Nuestra actual generación de jóvenes es la que, sin ninguna duda, ha dispuesto de los mejores medios y las mejores herramientas para adquirir conocimientos y formarse para salir al mundo a ganarse la vida. Por desgracia, muchos de ellos no los han aprovechado como debieran y han adquirido menos conocimientos que las generaciones pasadas; que sólo dispusieron de los tres tomos de la Enciclopedia Álvarez para toda la Enseñanza Básica. 
Lo que muchos no han adquirido y es al menos tan importante como los conocimientos, sino más, es la cultura del esfuerzo, del trabajo bien hecho y de la responsabilidad, que nosotros aprendimos en el seno de nuestras familias, consolidamos en la escuela y reafirmamos en sociedad. Unos valores y comportamientos que son fundamentales para poder aprender de la vida libremente, fuera del amparo del nido paterno; donde hay derechos, sí, pero también, no lo olvidemos nunca, muchos deberes y obligaciones. 
En esto consiste vivir en libertad. En tener la capacidad de poder obrar según nuestra propia voluntad, viviendo nuestra vida y siendo a la vez responsables de nuestros actos y decisiones.
No vale echar la culpa a los “otros” aunque sean políticos, banqueros o especuladores. La responsabilidad es personal de cada uno y si los jóvenes quieren hacer lo que se les antoje y no escuchar batallitas de sus progenitores, ni consejos de nadie con experiencia, es su responsabilidad. Los jóvenes han de crecer, abandonar el nido, emanciparse y formar una nueva familia. Esto significa dejar de comportarse como adolescentes y asumir responsabilidades. Toda crisis entraña peligro, sacrificio e incertidumbre ante el futuro, pero también es una oportunidad para reinventarse y redescubrir nuevos valores que nos ayuden a disfrutar de un futuro mejor. Pero recordemos siempre que NADA es GRATIS, aunque la publicidad de los poderosos nos lo vendan así.
©JAS 2011

PD.
Para empezar el nuevo año 2012, os dejo un vídeo, en dos partes, del juez de menores Emilio Calatayud. Unas opiniones a tener en cuenta para que los padres eduquen a sus hijos desde la cuna.
http://www.youtube.com/watch?v=ZfoAsNVkjAM
http://www.youtube.com/watch?v=ANvTDeyJ6_c&feature=related

Si os interesa el tema, en www.youtube.com podéis encontrar muchas aportaciones de este “polémico juez”, que os pueden dar ideas sobre cómo educar adecuadamente a nuestros menores y a no confundir las “gamberraditas” que haga un niño con gracias, por el sólo hecho de que sea niño quien las haga.
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