sábado, 19 de marzo de 2016

¿Quién acabará con el capitalismo?


Muchos grupos políticos y su simpatizantes anticapitalistas despotrican día si y día también sobre las maldades del sistema económico imperante en nuestra sociedad occidental y la necesidad urgente de abandonarlo. La principal medida que proponen es “repartir” el dinero y las propiedades privadas de todo el que tenga alguna. Todos los que tienen muchas deudas y pocos ahorros defienden esta propuesta que los que se han esforzado en no tener deudas y si algunos ahorros tildan de populistas. Lo cierto es que los defensores de estas corrientes anticapitalistas hacen mucho ruido mediático y en la calle, pero no han conseguido su ansiado “reparto de la riqueza”; porqué el que tiene el dinero y la propiedad tiene el poder y poderosas armas defender su estatus, creencias y modo de vida. 
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Puede que el sistema económico capitalista desaparezca algún día, per me temo que no será porqué los que así piensen ganen la batalla. Más bien pienso que si desaparece será más bien por un “exceso de éxito”. Me explico…
A principio de siglo la FDA aprobó el Sistema Quirúrgico Da Vinci que era capaz de operar con precisión a los pacientes. En el sector jurídico hay programas informáticos que analizan un caso y en segundos sugieren las leyes aplicables a éste. En contabilidad, programas informáticos se encargan de hacer la parte mecánica (introducción de asientos). En la industria del automóvil se utilizan brazos robóticos. En restaurantes o bares en Japón pronto se utilizarán robots para atender a los clientes y llevar la comida a la mesa. El granjero recibe un aviso en su móvil cuando es el mejor momento para aparear su vaca o cuando debe ir a atenderla en el parto. Cualquier tarea, a excepción de aquellos trabajos en los que la creatividad o el contacto humano sea necesario, podrá ser sustituida por una máquina o programa informático. Solamente se necesitará un emprendedor que detecte la necesidad y la posibilidad de hacer negocio con su atención, e invierta el capital necesario para que un equipo de científicos e ingenieros diseñen y construyan el robot o la aplicación adecuada. 
Con la primera etapa del capitalismo industrial, la vivienda familiar se transformó en un lugar de consumo, y con la producción en masa de bienes materiales, los derechos de propiedad eran lo más importante en una era en la que la acumulación de capital físico, definía los términos del comercio y los bienes de consumo marcaban el estatus y el bienestar de millones de consumidores.
Actualmente y en el futuro, cualquier empresa, con tal de mantener su ventaja competitiva, si puede reducir costes o incrementar la productividad con una máquina o programa informático, lo hará, por una cuestión de "supervivencia".
Por tanto, llegará un momento en que cuando la mayoría de trabajos realizados por una persona puedan ser sustituidos por máquinas o programas informáticos. ¿Se producirá entonces, una contradicción del sistema capitalista?. 
En la última década, progresivamente se ha acrecentado el porcentaje de desempleados y también de subempleados y esa mayoritaria masa de población no es capaz de “comprar” la inmensa cantidad de los bienes y servicios producidos. Se ha acrecentado el gap entre muy ricos y el resto porque la clase medio asolado por los impuestos para atender solidariamente a los pobres ha laminado tanto sus recursos que en realidad cada vez se parecen más a los pobres que a los ricos.
Durante algunas décadas los subsistemas robotizados de altísima productividad, permitirán derrumbar los costes de producción y reducir en vertical los precios de venta para que la empobrecida población pueda consumir esos bienes y pagarlos con la renta básica que inevitablemente, el Estado o algún organismo supranacional, terminará por proporcionarnos. Aún así, este recorrido es limitado porque, ¿quién va a querer acceder a la propiedad de algo si puede disponer de ello según necesidad? 
En una economía Red Global la propiedad, a largo plazo se hace muchos menos atractiva, mientras que, por el contrario, la opción más frecuente es la del acceso a corto plazo. El intervalo existente entre el deseo y la satisfacción se acorta cada vez más y el acceso a corto plazo a los bienes y servicios se convierte de manera creciente en una alternativa atractiva a la compra y propiedad a largo plazo. En ese momento se alcanzará una distinción supernítida entre hiper ricos y el resto que sobrevivirá gracias a la renta básica.
Entiendo que para llegar a este escenario debe pasar mucho tiempo, pero ¿no es esa la tendencia que está marcando el propio progreso de la ciencia y la tecnología?
La economía capitalista se fundó precisamente sobre la idea del intercambio de propiedad en el mercado. Por ello, la contradicción fundamental del Sistema Capitalista que pienso lo llevará a su fin, será la innecesariedad de ser propietario de nada porque podrá accederse al uso de lo que se necesite, cuando se necesite, donde se necesite, y durante el tiempo que se necesite, y pagando tan sólo por tal uso. Algo similar a lo que ya nos pasa con la música o las películas.
La metamorfosis en la organización de las relaciones humanas a partir de la producción y el intercambio comercial de los bienes hasta convertirse en el acceso a las relaciones de servicios, entendidos como mercancías, supone un vuelco fundamental. Los mismos bienes se transforman en puros servicios, señalando el fin de la propiedad como un concepto definitorio de la vida social.
Los servicios no tienen el carácter de propiedad, solamente existen en el momento en que se prestan, no se pueden retener, acumular ni heredar, los productos se compran pero los servicios se ponen a disposición.
En una economía de servicios, los lugares y las cosas no se transforman en mercancías; quien lo hace es el tiempo humano mismo. Los servicios suponen siempre una relación entre seres humanos y no una relación entre una persona y una cosa.
Dado que el Capitalismo se basa en la acumulación de propiedades sean utilizadas o no, lo que es ultra ineficiente en un mundo de recursos escasos. Superado el principio en que el sistema se basa, se acabó el sistema. 
¿Qué sistema vendrá luego? Ni idea, yo ya no estaré ni para verlo ni para contarlo.
©JuanJAS

PD.-
Le sugiero la lectura de “La Era del Acceso”, de Jeremy Rifkin (Ed. Paidós, 2000). Con una anticipación y una claridad meridianas plantea lo que podía ser el futuro visto desde el 2000: nuestro presente.
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