martes, 12 de enero de 2016

La voluntad de un pueblo

En España llevamos cuarenta años de "política” sin hacer política. Desde la Transición, todos los gobiernos han disfrutado de mayorías absolutas o de mayorías simples en las que bastaba un pacto al inicio de la legislatura, a cambio de concesiones, para "gobernar tranquilos" durante cuatro años.
El 20D fue la primera vez que la aritmética parlamentaria ha puesto muy difícil la formación de gobiernos. El partido mas votado (PP en España y Junts x Si en Catalunya) ha tenido que negociar para tratar de llegar a un acuerdo o solución que beneficie a todos. Las partes deberían tener un talante cooperativo para buscar un marco mejor que el que se obtendría si no se adoptara ese nuevo marco. Para este desarrollo se necesita experiencia, conocimientos y voluntad y de todo ello carecen nuestros políticos. Unos más que otros, cierto. Los más acostumbrados al “ordeno y mando”, a conquistar más que a colaborar, reclaman “responsabilidad” para que los demás faciliten un “Gobierno fuerte" (el suyo) y "estabilidad parlamentaria". Eso demuestra que llevan toda una vida sin hacer política entendida como tal. Muchas de estas personas se enrolaron en las juventudes de su partido, medraron en un esquema de culto al líder, y terminaron, por escalafón pasivo, alcanzando un cargo que les proporcionaba cuota de poder y un buen sueldo. Todo ello les ha permitido llevar un nivel de vida mucho más alto que si hubieran continuado con su profesión, si es que alguna vez llegaron a ejercer alguna. Estos personajes están tan alejados de la gestión, de la negociación y de la verdadera política, que da vértigo comprobar que nuestro destino como país depende de personas tan mediocres. 


Se llama política a la "actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Un quehacer ordenado al bien común que promueve la participación ciudadana al poseer la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para garantizar el bien común en la sociedad. La política implica negociación; convencer a otros para que secunden tus propuestas porque es lo mejor para el país, o abrazar las suyas si pueden ser un mal menor o una renuncia necesaria para alcanzar otro fin más importante. 
En los últimos decenios hemos podido comprobar fehacientemente que entregar mayorías absolutas a los partidos es negativo, porqué además de atrofiar de la capacidad de diálogo y negociación, ha engendrado corrupción, nepotismo y clientelismo. Las pruebas se acumulan en los juzgados sin contar las muchas que han prescrito y las que no han visto la luz.
Todos los partidos que han alcanzado el gobierno, dicen que han interpretado la voluntad del pueblo; no como castigo para nadie, sino como oportunidad de comenzar un nuevo tipo de política. La realidad es que las fuerzas políticas tradicionales han demostrado su incapacidad de plantearse nada que no sea la política del rodillo y por ello han implantado su voluntad a fuerza de decreto, despreciando cualquier aportación de la oposición.
En Catalunya, aquella “Voluntat d'un poble”, adornada por aquella figura bíblica que representaba a Artur Mas en su cartel electoral, que nos permitiría refundar la condición humana y los sentimientos colectivos para convertirlos en algo mejor de lo que ha sido hasta ahora no ha producido los resultados que se buscaban. Todo es muy viejo y lo nuevo se vuelve rápidamente viejo en cuanto se ve forzado a pasar de la propaganda a la gestión real. 
Se confundió la voluntad del pueblo, siempre variada y plural, con una voluntad unitaria para alcanzar un objetivo legítimo pero imposible de obtener sin una mayoría amplia de catalanes y sin una pregunta clara y concisa en un hipotético referéndum que se tendría que celebrar en el ámbito de la legalidad democrática y que ninguno de los grandes partidos nacionales quiere afrontar.
Ha habido un exceso de ardor mesiánico en el proceso voluntarista hacia la construcción de un Estado nuevo. Un proceso rápido, sin madurarlo mucho, basado en movilizaciones millonarias en las últimas cuatro Diadas y con una organización de las concentraciones casi científica. Ha faltado más escepticismo culto, realista, un calendario realizable y tejer más alianzas internas y, sobre todo, buscar y encontrar poderosos amigos en la comunidad política internacional.
El proceso se ha ido empequeñeciendo en la misma proporción que se acentuaban las voluntades para llevarlo a cabo sin contar con la mayoría suficiente. Hay que sumar y no restar y hay que votar y no vetar, decía Artur Mas. ¡Quien puede negar que ello no sea cierto!. 
Debido a los pobres resultados de las elecciones del 2012 en las que CIU perdió 12 escaños, Mas ha tenido que navegar con los vientos que soplaban desde la nave de Oriol Junqueras, que es el único político catalán que no ha sufrido ni un rasguño en los últimos tres años. El líder de ERC riñó a propios y extraños con una voz muy potente instando a que se reanudaran las negociaciones con la CUP hasta el último minuto. Como si él no formara parte principal de los que se debía reunir.
Parece que los jefes carismáticos que dirigen algunos partidos provocan la deshumanización del séquito. Tal vez por ello las CUP y todos los “unionistas” han concentrado en Artur Mas, a base de repetir el mismo mantra continuamente, toda la inquina que realmente les tienen a las personas que simpatizan y votan a la opción política que lidera. Si conseguir la “independencia de Catalunya” fuera tan prioritario, la CUP podría haber ayudado a invertir a Mas como Presidente de la Generalitat. 
Una vez más, a última hora, se ha llegado a un acuerdo para investir President de la Generalitat y formar gobierno. Sólo unos pocos saben el porqué se ha llegado a esa solución y por tanto cualquiera puede elucubrar sobre el tema del modo que quiera, pero con ninguna validez. Al margen del desenlace que pueda tener el “procès” soy partidario de que se repiense la estrategia por parte de todos a corto y a medio plazo. Ni los catalanes ni los españoles se merecen estos espectáculos provocados por rencillas y ambiciones personales. Aunque se haya pisado varias veces la línea vergonzosa del ridículo siempre se puede actuar con más seriedad y recuperar el respeto que todos merecemos, al margen de nuestras opiniones personales. La mayoría de catalanes y también de españoles hemos demostrado estar hartos de rodillo, mayorías absolutas y turnismo. Mientras, la vieja política se estremece y horroriza ante la necesidad de negociar para llegar a consensos.
En estos últimos años han entrado en el juego electoral toda una generación de jóvenes, de 18 a treinta y pico años, que en su día tocaron el cielo con una muy buena educación y nivel de vida, que lo tuvieron todo, en una época de bonanza y a quienes la crisis posteriormente les ha negado ese futuro que tan bien se les prometía. Es natural que emitan un voto de castigo generacional, que creo que no se está valorando cómo se debe. Ese castigo va dirigido sobre todo al PP, al PSOE y a CIU e incluso -en menor medida- a IU y a los sindicatos, a los que esta nueva generación ve como antiguallas que se han demostrado incapaces para resolver sus problemas. El bipartidismo tardará en volver a repetir sus gestas. Los jóvenes son el futuro, y tiene lógica que lo quieran construir a su modo cuando los gobernantes clásicos les han dejado sin esperanza. Ahora bien, lo que deberían distinguir, no es fácil, son los cantos de sirena y los populismos que prometen mucho y por ello son muy amables al oído pero que no suelen acabar bien. Previsiblemente los jóvenes hayan votado al centro-derecha de Ciudadanos o a la izquierda de Podemos, aunque no serán tan fieles a esos partidos como lo han sido las generaciones anteriores. Los candidatos no podrán permitirse muchos fallos porqué los jóvenes tienen poco aguante y menos paciencia con nadie. Según perciban su situación antes de cada elección, votarán a una ideología o a la contraria.
En las campañas electorales, la imagen y la venta del partido político a través de las redes sociales ha sido esencial. Lo deseable sería que en lugar de emplear los instrumentos digitales de comunicación sólo como herramientas propagandísticas, se usen en el futuro para que las instituciones proporcionen información de manera inmediata y sencilla directamente —sin que los grandes lobbies de la comunicación las cocinen previamente— a los ciudadanos. 
Los jóvenes han vivido desde su nacimiento en un sistema socio-económico capitalista y para decidir que tipo de sociedad desean tendrían que informarse sobre las consecuencias de las opciones políticas que se les ofrecen. Puede que la sociedad capitalista tal como la conocen no les guste, pero han de aclarar que tipo de gobernanza quieren construir y el modelo de vida que ello implicará. Lo ideal sería que pudieran experimentarlo viviendo una larga temporada en un país que tenga en marcha el tipo de sociedad que desean, si es que existe. Ir de asamblea en asamblea y seguir viviendo bajo el paragua de los “papas ricos” da una imagen equivocada.
Pensemos: Si un diputado, un servidor público, se reduce el sueldo ¿Qué debería hacer un empleado público que gana 3000 euros o más? ¿Dar parte de su sueldo para que el estado pueda dedicar más dinero a acciones sociales? Puede ser una solución, generosa y solidaria… El mensaje es que la gente gana demasiado dinero a partir de sueldos de 3000 euros, de facto los están llamando ricos. Esto sólo puede entenderse desde un populismo infantil, ya que se puede vivir con austeridad pero la opción ha de ser libre. El puritanismo es de origen religioso, ser franciscanos sería una forma de mejorar la sociedad pero hace falta un grado de espiritualidad que, a la hora de la verdad, cuando hay que auto aplicársela, pocos tienen.

Uno de los rasgos de la modernidad es la inédita confianza en que podemos conseguirlo todo pulsando una tecla y, por lo tanto, lo vamos a conseguir ya mismo; nada ni nadie lo puede impedir. Parece que basta con la voluntad cuando se traduce en ilusión y optimismo. Ayudan, a la corriente voluntarista para cambiar la realidad, los discursos que alcanzan audiencias millonarias en radios y televisiones. Las imágenes y la gestualidad importan mucho. Pero el impacto de la palabra es definitivo. Sin palabras sería imposible construir relatos políticos. No existirían la crítica ni el halago. Un debate sin palabras es imposible. Todo esto ha afectado mucho a lo que pasa en Catalunya, donde nadie ha variado su criterio sobre quien No/Si debía ser el próximo Presidente de la Generalitat. Muchas voces valoran positivamente la “gran coherencia” de la CUP y negativamente la “coherencia” de Junts x Si que, en este tema también ha seguido defendiendo lo mismo que firmó en su pacto de constitución. Cierto que los de ERC con la boca muy pequeña. ¡Sigue presente la diferente vara de medir!
Todos los partidos han salido con la carrocería mas o menos arañados de este guirigay (confusión de muchos que hablan al mismo tiempo sin escucharse), menos ERC que ha estado levitando como un alma ausente estando sin que se notara que estaba. Casualmente, Oriol Junqueras ha dimitido de alcalde de su municipio hace un par de semanas cuando no se sabía siquiera si habría gobierno del que entrar a formar parte.
Para algunos las actuaciones de los políticos lejos de coherentes han sido todo lo contrario: 
1) Antonio Baños se pasó toda la campaña jurando que nunca, nunca y nunca investiría a Artur Mas. Por cierto Ana Gabriel también dijo que “Nos da igual el nombre del presidente si quiere declarar la independencia”. ¡Viva la ambigüedad!.
Tras deliberar larga e intensamente, la CUP resolvió ser más fiel a su talante antisistema que a su voluntad soberanista. Inmediatamente el Sr. Baños dimitió porque no se sentía cómodo defendiendo esa postura. 
2) Artur Mas se pasó todo la campaña diciendo que él nunca sería un obstáculo para el “procés”. Se resistió hasta el último día a hacerse a un lado para facilitar la investidura y la composición de un gobierno. Declaraba en numerosas entrevistas televisivas que la decisión de un grupo minoritario y dividido no podía forzar la opinión de una mayoría diez veces más grande de ciudadanos. ¡El mundo al revés!
El último día , donde dije, digo Diego y da un paso al lado como un buen experto bailador de la Yenka. Todos menos los de su grupo le habían condecorado con el título de “el hombre más odiado y esponsable de la rotura de España”. Con su decisión de última hora, todos los acusadores se quedan sin poder esgrimir más esta baza. Sin embargo el proces parece que continúa. ¿Tal vez estaban todos equivocados y no era el, al que todos acusaban incansablemente el responsable?.
Artur Mas se muestra ante los catalanes favorables a la independencia como el gran salvador del “procès”. ¡Un héroe! Porqué permite formar un gobierno y “sobre el papel” consigue estabilidad y mayoría absoluta para que pueda legislar y aprobar todas las leyes que se proponga. 
Europa y el mundo occidental se gobierna con un sistema político de “democracias representativas” y por ello no puede pertenecer a este grupo un país que pretenda dirigirse desde las asambleas, ni siquiera que tenga que recurrir a las mismas cada vez que quiera tomarse alguna decisión. No se de ninguna empresa ni institución que lo haga. Siempre hay alguien que, en última instancia, debe tomar la última decisión y asumir las responsabilidades correspondientes. Debido a la “volatilidad de las asambleas” y a la “representación camaleónica” de los representantes de la CUP no le veo mucho recorrido al acuerdo de estabilidad acordado con la CUP.
En España partidos políticos de la autodenominada ‘izquierda’ como Podemos, PSOE, IU y también PSC, ERC, CUP, EHBildu, etc., tendrán un papel relevante en el escenario estatal. Se podría realizar una lectura urbana en lo referente a una supuesta emergente ‘plurinacionalidad de izquierdas’, pero…
¿Qué posibilidades tiene la izquierda, en el contexto mundial actual, de aplicar realmente sus políticas y conseguir sus objetivos? 
Tal vez puedan llegar de forma limitada a mejorar con matices la defensa de los más pobres. Lástima que esto requiera aumentar los impuestos; una opción lícita pero no popular para una parte poderosa de la sociedad. Los inversores internacionales tienen la sartén por le mango. Ante este hecho un partido de izquierda (no socialdemócrata) solo tiene la opción de la revolución: destruir las opciones de centro y derecha (clases burguesa y media), tomar el poder a continuación, cambiar las leyes y salirse del sistema económico internacional. No veo a ningún periodista que les pregunte a los líderes de Podemos o de la CUP sobre su reciente ídolo Alexis Tsipras que hizo lo contrario de lo que votaron los griegos en referéndum. 
El panorama sigue muy confuso, muy inestable y como siempre ocurre, serán los más débiles los que pagaran toda esta política de salón. 
¿Dónde y quién tiene el poder? ¿Quién quiere poseerlo y para qué?
Poderoso caballero es don dinero y si no que se lo pregunten al influyente Gobierno Chino que ha tenido que derogar su ley de control del capital en la bolsa china, a solo 3 días de ponerla en práctica.
Mientras, los periodistas nacionales y locales sólo se ufanan en augurar la pronta e irremediable “¿muerte del Procés?” y de la irremediable muerte política de su líder Artur Mas. 
Haríamos bien en abrir una gran reflexión sobre las consecuencias reales de las actitudes, poses ideológicas, mayorías/minorías, democracia interna/demagogia, personalismos, cálculos políticos, tácticas/estrategias políticas…bien común de una comunidad,…movilización ciudadana, descarrilamiento, inteligencia colectiva, partidocracia, ley de la oligarquía de hierro, asamblearismo,…Unos defendiendo una postura, otros la contraria. Nuestros políticos no deberían en tensionarnos tanto porqué al final …
Supongo que en las tácticas que presumiblemente siguen los partidos han influido cuestiones políticas, económicas, las cuestiones de Europa y los apoyos empresariales y financieros. Sin embargo, se han puesto en evidencia muchos errores por ambos lados que han dejado el país tan en precario que lo ideal seria que todos dimitieran y dejaran paso a estadistas verdaderos con los temas claros y con las personas con quien pactar. Pero ¿dónde encontrarlos? El nuevo gobierno conseguido in extremis en Catalunya ya está consensuado y repartidas las cuotas de poder.
Para muchos, empezar a trabajar para conseguir un Estado catalán propio sólo tiene sentido dentro de la UE y del Euro y por ello es una tarea para la que se necesitan todas las sensibilidades y de ninguna manera se puede excluir ninguna. Por muchas ganas que algunos tengan de construir una gran alianza de izquierdas, piensan que ¿llegarían muy lejos sin el apoyo de los ciudadanos que apoyan al centro derecha catalán, que históricamente ha dado confianza a la clase media, social, económica, cultural, ...?.
Hay una mayoría que defiende un mejor trato fiscal del Estado para Catalunya y si no se puede, algunos apuestan por arriesgarse a intentar formar un Estado propio independiente del Estado español, sin que esto suponga en ningún caso, defender la revolución. 

Para llegar a esta conclusión debemos conocer: ¿Qué hacemos bien los catalanes? ¿Cuáles son nuestras fortalezas? ¿Cuáles son nuestros recursos? ¿Cuáles son nuestras capacidades para enfrentarnos a los problemas y resolverlos? 
La economía catalana es de las más eficientes de España. Todos podemos comprobar datos como el PIB, Exportaciones, aportación a la Seguridad Social, a Hacienda etc.. per cápita por autonomías.
El paro es mas bajo en Catalunya que la media Española. El índice de pobreza es difícil de cuantificar y mas de comparar.
Tengamos también en cuenta que estamos en Europa. Holanda ha pasado del 4% de paro a mas del 9%.
Asumamos que no todo es culpa del Gobierno central en Madrid y reconozcamos también que no tiene ninguna actitud ni proactiva ni brillante, sino todo lo contrario, cuando se trata de facilitar el desarrollo de la actividad productiva en Catalunya: Retrasar y entorpecer la construcción del Eje Mediterráneo, Accesos al Puerto, Carreteras, si carreteras no Autovías, entre Lleida, Zaragoza, Tarragona, Girona, Vall d´Arán, Rodalías, ferrocarrieles de medias distancias (Tren a Puigcerdá), Tramos de vía única entre Tarragona y Valencia. No cumple los plazos de licitación para construcción de infraestructuras —la Autovía Tarragona-Valls acumula ya 7 años de retraso y aun no han empezado el túnel de Lilla—. Los retrasos en este tipo de construcciones son la tónica general. 
¿Donde va a parar el dinero del Presupuesto adjudicado a las infraestructuras catalanas, que no se ejecuta? En los años pasados nunca se superó la ejecución del 60%.
Aún cuando Catalunya tiene el 16% de los habitantes de España, el 21% del PIB, mas del 24% de la exportación y es una de las autonomías que más aporta a Hacienda y a la Seguridad Social, para este año 2016 el Gobierno Español presupuestó para infraestructuras en Catalunya sólo el 9% del total del Estado.
Podemos comprobar la diferencia en la Tasa de Paro, Índice de pobreza, Impuestos, etc.… del País Vasco con Concierto Económico. 
También debemos tener en cuenta el tipo de Impuestos a las Empresas en Irlanda —también pertenece a la UE— muchísimo más competitivo que el que podemos aplicar en España y por ende en Catalunya y causante que empresas se domiciñien en ese país dejando de aportar impuestos en el nuestro..
El debate Derechas-Izquierdas, Socialdemocracia-Liberales, etc., tienen matices diferentes en cada país.
Para poder continuar progresando y mantener el Estado del Bienestar, es imprescindible ayudar a que crezca la Economía Real productiva, porque es la que lo financia a través d elos impuestos. 

Es importante el debade conexión-desconexión, pero no basta. Hay que atender y dedicarse a resolver a fondo los temas de interés general. Al mismo tiempo y en paralelo cada uno puede valorar el papel que cada uno ha representado en toda la trama de hipócritas, perdedores y mediocres que nos han traído hasta aquí, jugando con nuestros recursos, físicos, morales, sentimentales y materiales. Convendría que los titulares de la soberanía nacional fuéramos aprendiendo que uno de los actos de mayor responsabilidad y que define el concepto de ciudadano en una democracia es precisamente el voto. Somos los votantes los que dejamos un mapa post electoral u otro. La inmensa mayoría catalanes que ejercieron el voto en las elecciones del 27S sabían que los resultados se interpretarían en clave plebiscitaria. Todos tenían claro que partidos defendían el “No” con los diferentes matices y también cuales defendían el “Si”. También sabían que entre estos había un “hecho singular” que nunca antes se había producido y en estas elecciones si. Este hecho singular era que una sola candidatura se habían reunido muchos independientes, sin carné de partido pero con relevancia en el mundo social y cultural, junto con partidos políticos con ideologías de centro derecha, liberal, democristianos, izquierda socialdemócrata hasta llegar a las izquierdas más diversas, las que vienen del mundo de ERC, ICV, del PSC ... independentista. Toda esta gente tan diversa tenía un cierto tipo de país en mente y estaba dispuesta a sacrificar muchos temas cortoplacistas para llegar juntos al gran objetivo. Todos se habían puesto de acuerdo para avanzar en un “Procès” con una “Hoja de ruta”, con el fin de conseguir un Estado propio para Catalunya. Los que no habían suscrito este gran acuerdo de país para trabajar y conseguir este fin es que no lo consideraban fundamental y valoraban más su ideología antisistema que el “Procés per la Independencia”. Sabemos que el papel todo lo aguanta, pero el agua y el aceite, aunque pueden estar en el mismo recipiente, nunca podrán mezclarse; no importa el esfuerzo que se haga. Algunos votantes se arriesgaron a experimentar y votaron a la CUP porqué pensaron que impulsarían el “Procès”, tal vez por falta de previsión o tal vez porqué para ellos lo realmente importante era defender la presencia en el Parlament de sus ideología antisistema. El resultado fue un mapa electoral completamente envenenado. Si ponerse de acuerdo entre partidos y personas que entienden el funcionamiento democrático como representativo puede ser complicado y difícil pero factible, lo que es prácticamente imposible, es ponerse de acuerdo con aquellos que articulan el acto de pensar, razonar, argumentar y describir de manera completamente diferente, porque tienen su propio código de lenguaje que nadie más comparte con ellos.
Si alguna lección debemos aprender de todo lo sucedido estos últimos tres meses en Catalunya es a meditar las posibles implicaciones de nuestro voto, antes de emitirlo. Los experimentos con la ideología y los partidismos, tienen mucho riesgo, sobre todo cuando no se tiene experiencia sobre la forma en que una formación nueva utilizará nuestro voto. Dicen que los experimentos en temas importantes se deben hacer sólo con gaseosa y el tema fundamental que se votaba en las elecciones del 27S era de la máxima importancia para todos. 

Muchas personas que creían que podía formarse un país con mejores instituciones y gobernanza están desconcertados, desconsolados o incluso muestran ciertos sentimientos de rabia. Hay algunos que se alegran de que tanta emotividad haya destapado la autentica “realidad”. ¿Tal vez les molestaba la emotividad y la ilusión de algunos porque era señal de que el país estaba vivo?
Otros en cambio veían el “Procés” como la respuesta más racional a una hostilidad del Estado largamente manifestada, y respondía a una toma de conciencia adulta del problema. Muchos de estos catalanes se sienten frustrados porqué empiezan despertar de la euforia y a intuir lo hiperdificilísimo que va a ser construir algo mejor de lo que tenemos, a causa, no sólo de los problemas esperados desde el Gobierno Español y os lobbies que lo sustentan, sino de los problemas que internamente se generan. Aparece el cansancio, el miedo y las dudas: ¿Vale la pena este titánico esfuerzo? Se preguntan.
Cada vez más gente tiene la sensación que el camino para llegar a la meta será tan difícil que a muchos les disminuirá la fuerza del incentivo. A todos los que no son capaces de automotivarse, les será imprescindible motivación externa y que les expliquen lo que podemos llegar a conseguir con un Estado propio y como les afectará personalmente. La imprescindible ampliación de la base social para concluir el “Procès” con éxito requiere tener siempre presente que la fuerza del incentivo es directamente proporcional al placer anticipado e inversamente al esfuerzo necesario para conseguirlo.
Hace dos días, muchos pensaban que Catalunya había vuelto a la casilla de salida. Se frotan las manos por el “ridículo trompazo catalán” y habían abandonado cualquier idea, si alguna vez habían pensado en ella, de ofrecer algúna propuesta a la mayoría de catalanes que están descontentos con el trato fiscal que recibe Catalunya, con el recorte de competencias de nuestro autogobierno, con el desprecio de la lengua propia, con… la misma vieja mercancía averiada de siempre.
Parece que el “Procès” sigue más o menos hacia delante. Lo que no ha dejado de estar presente es el sentimiento de desafección en Catalunya. Este no desaparecerá, mientras algunos políticos y partidos se nieguen a reconocer que España es la unión de diferentes naciones. Esta plurinacionalidad sólo puede administrarse con una gran dosis de respeto hacia el derecho a decidir de las comunidades históricas que, a día de hoy convivimos (forzosa o gustosamente) en un Estado que se dice plurinacional y que en realidad no reconoce a sus naciones. 
Es el momento de llamar a cada cosa por su nombre y dejar fluir sin miedo la verdadera democracia. Mientras haya partidos que no quieran ni oír hablar de este tema seguiremos con un gran problema de desafección que nos complicará la vida a todos. Estos partidos que no quieren ni oír hablar de referéndum y que predican la unión e igualdad para todos los españoles, son los primeros que no la practican, porqué se da el caso de que por motivos políticos se despilfarran muchos recursos que a veces llevan a que viva mejor quien menos aporta.

En mi opinión, el principal problema de Cataluña es exactamente el mismo que tienen todas las demás zonas industriales de la economía productiva, creadora de artículos y servicios, puestos de trabajo, consumidores y cotizantes a las arcas del Estado y a la Seguridad Social de toda España…
Tal vez en Catalunya hay un problema añadido: la falta de respeto a la lengua catalana que hacen presuntamente, algunos españoles desde el resto de España. Pero la aplicación constante y extendida en el tiempo durante décadas de una fiscalidad excesivamente abusiva, que ahoga el sistema de economía de las empresas, a los ahorradores y a los trabajadores, es el principal problema de indignación, protesta y desapego de toda la ciudadanía que la padece y la vive. Tanto aquí como en toda la España productiva y cotizante. 
”La voluntad de un pueblo“… indignado, productivo y muy cotizante, que ve vaciados y ahogados sus sacrificados y difíciles ahorros por un sistema gubernamental del MANDO y ORDEÑO.
La inmensa mayoría de españoles anhelamos desesperadamente una cierta estabilidad política, económica y social, pero me da la impresión de que las políticas que se practican no nos ayudarán a alcanzarla.
Nuestra sociedad es plural, con opiniones diversas en los temas que afectan a nuestra forma de gestionar los recursos. Ello demanda un Parlamento también plural, en el que aprobar leyes requiera convencer a otros que actúan como contrapesos del poder y enriquecer las políticas de la mayoría con enmiendas propuestas por las minorías. Nadie debería calificar este Estado como “ingobernable", sino como una solución ideal, si se sabe y se quiere hacer política, puesto que esta situación obliga a dialogar, negociar, convencer, a adoptar posturas flexibles en lugar de sectarias... Mucho que pedir, me temo, a los políticos mediocres que nos han traído hasta aquí. Si finalmente deben convocarse nuevas elecciones tampoco será una catástrofe, pero será la más clara expresión de un fracaso. Del fracaso de la vieja política y de los políticos de siempre, que si quieren pervivir tendrán que volver a aprender y practicar las normas del diálogo y la buena convivencia. Nos costará más, pero si hay voluntad y algo de suerte, lograrán aprenderlo. Nosotros los electores: responsabilidad y sensatez para no volver a caer en los mismos errores.
©JuanJAS
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