lunes, 29 de febrero de 2016

Cuanto más analizo, menos entiendo

¿Qué pasaría si la política extrema de las autoridades tuviera finalmente éxito en recuperar la economía y la inflación?. Sólo pensar en la subida de tipos de interés de la deuda en un contexto de máximo endeudamiento mundial me produce escalofríos. 
No menor inquietud me produce el hecho de ver que en los países que han tenido “éxito” en el saneamiento del sector financiero y recuperación económica la deuda pública no ha dejado de crecer superando continuamente récords pasados. La economía norteamericana, uno de ellos, plantea numerosos interrogantes a la Fed: más de cinco años en expansión, con expectativas de inflación bajas, stock de capital en niveles de los noventa y consumo limitado. Piensen ahora en este último componente de la demanda: empleo creciendo a ritmos del 2 %, salarios al alza por encima de este porcentaje, riqueza financiera con mercados financieros - precios de la vivienda al alza y especialmente el fuerte aumento de la renta disponible derivado de la caída de los precios del crudo…..
¿Por qué no aumenta más el consumo? 
Lejos de hacerlo, a finales del año pasado, el consumo de bienes duraderos decrecía de forma inesperada. 
¿Qué falla? 
¿Qué futuro tiene el sector financiero bajo unas condiciones financieras como las actuales?
¿Los bancos centrales realmente pueden controlar a los mercados financieros de forma indefinida?
¿Nos enfrentamos a una nueva burbuja en las rentabilidades de la renta fija en países desarrollados?
¿Son sostenibles los niveles actuales de deuda pública?
¿Qué consecuencias tendrá en el futuro la normalización monetaria de tipos y cantidades?
Pensemos en el próximo Referéndum británico que puede abrir la “caja de los truenos”, en la dificultad (o imposibilidad) de convertir el Euro en una zona monetaria óptima y pensemos especialmente en la geopolítica que copa las noticias desde hace meses. ¡Stop! Necesito parar de pensar...
El sábado por la tarde fuimos a bailar –cuando uno baila se olvida momentáneamente de los problemas mundanos– y después a cenar con unos amigos. Como siempre, no pudimos evitar elucubrar sobre el posible impacto del impasse político sobre la economía. Todos en la mesa admitimos que las cosas no iban bien y que ello afectaba al consumo y la inversión. 
Por cierto, el restaurante estaba completamente lleno –a cualquier sitio de ocio a donde vas está siempre lleno– y la carta no era precisamente barata. Algo se me escapa...
¿Me pueden ayudar a entenderlo? 
©JuanJAS
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