domingo, 20 de noviembre de 2011

¡Pobres POLÍTICOS!

“¡Pobres políticos! No tienen la admiración de nadie; se les acusa de corruptos y de títeres del poder económico"

Entonces, los políticos….. ¿Por qué quieren ser políticos?

A nadie, más que a los propios políticos (bueno, a los más tontos), le ha podido sorprender, a estas alturas, la aversión que gran parte de la población siente hacia ellos y que se ha manifestado, por primera vez en la historia reciente a raíz de la ocupación de las plazas de toda España. Quienes intentan etiquetar a estas gentes están fracasando: no todas son "jóvenes", ni "anti-sistema", ni siquiera "de izquierdas" al modo tradicional del término. Los componentes del llamado "Movimiento 15-M" son sólo la punta del iceberg de los ciudadanos indignados. En su mayoría personas normales, con y sin estudios, de diferentes clases sociales y edades; más o menos como los ciudadanos que llevan ya tiempo señalando, en las encuestas, a los políticos como el segundo o tercer mayor problema de España. Con ser en sí mala la cosa, lo peor es que éstos, los políticos, no reaccionan ni hacen limpieza en sus filas. Más bien se les ve una tendencia a atrincherarse y a proclamarse "sacrosantos”.
Nuestros políticos gozan de muy mala fama desde hace mucho. Tan mala que lo que cabe preguntarse es por qué quieren serlo. No tienen las simpatías ni la admiración de nadie -quitando a los militantes ciegos de cada partido-; se les culpa de todos los males; reciben insultos constantes de sus rivales y últimamente y cada vez más, también de la ciudadanía; se les acusa de ladrones y corruptos con excesiva frecuencia; se les percibe como a individuos vagos, incompetentes o malvados, cuando no como a puros idiotas; se les reprocha procurar su propio beneficio o el de sus partidos y casi nunca el de sus gobernados; cada vez más se les considera títeres del poder económico. Tendría que traer tan poco a cuenta y tantos sinsabores ser hoy político, que no entiendo cómo es que hay tantos aspirantes a hacer de muñeco de las bofetadas. Claro que la mayoría son “virtuales” y como tienen la cara tan dura, les deben doler poco.

A mi modo de ver hay cinco grupos:
a) Personajillos mediocres, algunos bastante iletrados, que nunca podrían hacer carrera -ni tener un sueldo- si no fuera en un medio tan poco exigente como la política.
b) Oportunistas que ven, en el tinglado político, un modo de enriquecerse.
c) Sujetos que sólo ansían tener poder, es decir, mandar y que la gente les pida favores; tener potestad para denegar o dar y salir en televisión; en suma, ser "alguien". La vanidad no sabe de cálculos.
d) Fanáticos de sus ideas o metas que sólo aspiran a imponerlas.
e) Individuos con verdadera vocación política, con espíritu de servicio, buena fe y ganas de ser útiles al conjunto de la población y de mejorarle las condiciones de vida, de libertad y de justicia.
No hace falta decir que, de estos cinco grupos, el único que merece respeto, vale la pena y resulta beneficioso y necesario es el último, que quizá por eso sea el menos nutrido. Lo llamativo es que los votantes no parecen saber distinguir a los pertenecientes a cada grupo. Acaso no sea fácil, dado que los de los cuatro primeros fingen y engañan, copian y adoptan las maneras y los discursos de los del quinto, se presentan invariablemente como personas desinteresadas y abnegadas. Si en cada legislatura cambiaran las caras, podría entenderse que les diéramos siempre un voto de confianza y nos colaran gato por liebre. Pero esta ingenuidad no es admisible con los políticos veteranos, porque nadie es capaz de fingir bien durante mucho tiempo.
Fingir es difícil y cansa, y el zafio, el oportunista, el tonto, el bruto, el aprovechado, el ladino, el ladrón, el engreído, el fanático, el déspota, todos acaban por parecer lo que son, y sin tardanza. Eso si, saben mentir muy bien. No paran de acusar continuamente a sus rivales de sus propios pecados. Producen un lio monumental en la sesera de quien los escucha. Tal vez no dediquemos tiempo a analizar sus mensajes o mejor sus actos, pero algo de disculpa tiene;  porque ante tanta incongruencia y sinsentido, uno parece que se bloquea para no quedar saturado de tanta inmundicia.
¿Cómo es que no lo vemos año tras año, legislatura tras legislatura?
¿Cómo es que tenemos tan poca memoria?
¿Cómo es que no sabemos distinguir a los del quinto grupo -que los hay- ni eliminar poco a poco a los de los otros cuatro?
Tal vez sería algo a lo que se podrían aplicar los integrantes de movimientos como los del 15-M: no a descalificarlos a todos, que es lo que Franco hacía para justificar su prohibición de los partidos; sino a ir señalando, con nombres y apellidos si hace falta, a la enorme cantidad de mediocres, codiciosos, corruptos, fanáticos y engreídos que se han hecho con tanto poder en España.
Lo ideal sería exigirles transparencia, responsabilidad y honestidad, comenzando por nosotros mismos. Desgraciadamente, los que están en el quinto puesto son los menos, la mayoría pasan desapercibidos o no llegan a lo más alto porque las redes del maquiavelismo dentro de los partidos no dejan que salgan a flote.
Ahora bien, habría que presionar para que se cambiaran algunas leyes y artículos, de forma que la ciudadanía tuviera más representación y más poder de decisión a la hora de poner a todos los “indignos” de patitas en la calle, sin tener que esperar a las próximas elecciones.
Pero quien hizo la ley hizo la trampa, los de abajo seguirán abajo y los de arriba........
Para que haya un control y fiscalización al gobierno, tiene que haber una buena oposición. Mejor en el parlamento que fuera del mismo. Si el gobierno tiene mayoría absoluta, le salen las propuestas sin obstáculos, y de la oposición solo quiere escuchar la música del silencio, apurando al máximo los tiempos y abusando del micro cerrado. Se que atravesamos una crisis y ya lo dijo Ortega y Gasset «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo».
Al menos yo me quejo.  ¿Os quejáis vosotros?
Si no os gusta como os tratan…….¡Quejaos!
©JAS 20/11/11

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