lunes, 26 de noviembre de 2012

Al principio fue la crisis...

En 2007 estalló la burbuja de la subprime y el castillo de naipes se derrumbó. A partir de entonces se inició un gran cambio, tanto en los sistemas de producción como en los de transmisión del conocimiento. 
Entramos en un mundo de “conectividad extrema” en el que hay tal sobrecarga de datos, que la mayoría de las veces nos sobrepasan. Recibimos tanta información que es complicada de absorber y que hace que seamos menos reflexivos y que hagamos las cosas simplemente porque seguimos una tendencia de opinión. 
El “modelo” ha cambiado para siempre y esforzarse por recuperar algo acabado, no suele conducir a nada. Aprender de los errores, utilizar el pensamiento lateral, darse un baño de modestia para poder encontrar coincidencias y sumar, pensar en común y aprender a trabajar en equipo, es algo que se puede hacer de manera aterritorial y atemporal. Por ello es deseable y necesario un intercambio de ideas y lograr que nuestra sociedad sea cada día mejor. Estos cambios sólo pueden surgir de la colaboración de amplias bases de inteligencia colectiva. 
Es hora de dejar de hacer castillos en el aire. Parece que algunos pensaban que si se conseguía la independencia, nuestra actividad económica sería la de Alemania, nuestro nivel del vida sería el de Miami y que nuestro nivel de Ocio sería el de Hawái. Otros vaticinaban todo lo contrario. Hay que tener menos mala uva y más sentido común. 
Después de todas las elecciones, los perdedores ocultan sus pérdidas y tratan de comportarse como si fueran ganadores. Sin embargo, están llenos de dudas. 
Hoy 26/11/12, en los titulares de los periódicos, los del PP acusan a Mas de no saber leer la voluntad de los catalanes e interpretar mal la manifestación de la Diada, celebran el resultado como una victoria y dan por abortado el plan soberanista. Los de ICV no quieren que las izquierdas invistan a Mas, los del PSC no quieren pactar con Mas, los de Ciutadans instan a CIU a cambiar su candidato a la investidura, las CUP prometen ser el caballo de Troya de las clases populares y los de ERC dicen si a la independencia pero no tienen prisa por entrar en el Govern. Todos siguen enrocados en sus discursos y así ¡No vamos bien! Seguirán pagando los mismos de siempre: las cada vez más residuales clases medias catalanas. 
Seguimos sin darnos cuenta de nuestra tendencia a sabotearnos a nosotros mismos. Seguimos echando la culpa a los demás o a la mala suerte, por nuestras pérdidas en lugar de asumir, cada uno de nosotros, la responsabilidad de nuestras acciones y recordar que quien no aprende del pasado está condenado al fracaso. 

Lo que separa a los ganadores de los perdedores no es tanto la inteligencia ni los conocimientos secretos, ni tampoco su educación. Suelen ser sus emociones que tienen un impacto directo en los resultados de sus decisiones. 
Muchas veces los árboles no nos dejan ver el bosque. El miedo o la excesiva euforia, al contaminar nuestra mente, paralizan nuestro raciocinio. Si los que nos pretenden conducir a una sociedad mejor, más justa y más próspera, no están en sintonía con nuestra sociedad que es muy plural, dispersa e influenciable y siguen ignorando los fundamentos de la Psicología de Masas, entonces nunca tendrán ninguna opción de conseguir la sociedad mejor que la gran mayoría anhela. 
Uno de los efectos de la ilusión es que te hace confundir el deseo con la realidad y pienso que muchos idealistas catalanes, han sufrido este efecto en los últimos dos meses. Ayer nos dimos todos un baño de realidad. Ninguna previsión se cumplió. Muchos despertaron de golpe del sueño, como en el cuento de la Lechera. ¡Es lo que hay! 
En la película “Veredicto final”, Jack Warden le dice a Paul Newman como es tan iluso de formular una pregunta sin conocer de antemano cual va a ser la respuesta que recibirá. 
A la vista de los resultados, está claro que ni Mas ni sus asesores habían visto esa película o al menos no aprendieron nada de la escena. Mas y sus socios puede que actuaran muy democráticamente al escuchar su interpretación de la petición popular en la manifestación del pasado 11 de septiembre, pero poco hábiles en su decisión estratégica de convocar elecciones adelantadas, para que esta misma masa ratificara en las urnas lo mismo que parecían haber expresado durante esa jornada reivindicativa. Definitivamente ni todos los que eran siguieron a la pancarta ni todos los que la siguieron interpretaban lo mismo al seguirla. 
Dicho esto y sabiendo que hasta el menos listo de la clase es capaz de acertar las apuestas a toro pasado, debemos seguir adelante y parece que debemos hacerlo aparcando nuestra ansiedad, controlando nuestros sentimientos y aplicando más la razón y la estrategia. 
Esperemos que nuestros dirigentes se den cuenta que ha llegado la hora en que deben estar a la altura de las circunstancias. Esperemos que aparquen de una vez sus mezquindades personales y partidistas. Esperemos que dejen de preocuparse por su “silla” y la de sus amiguetes. Esperemos que dejen de decir lo que no quieren y lo que deben cambiar “los otros”. Esperemos que empiecen de una vez a hacer propuestas constructivas y esperemos que empiecen a colaborar por el bien de la sociedad. Esperemos que estén a la altura de las circunstancias y esperemos que trabajen conjuntamente para conseguir desarrollar nuestra sociedad, a favor de la mayoría. 
¿Les parece que es mucho esperar de los políticos que tendremos en el Parlament? 
No es lo mismos criticar al vecino, que tomar decisiones y pensar, buscar alternativas, tomar decisiones y asumir las consecuencias de los propios actos.
Los ciudadanos precisamos grandes dosis de información continua y contrastada. Precisamos que nos den voz, que nos escuchen, que sepan entender todas las sensibilidades y comprender que no todo el mundo tiene la misma capacidad de diálogo, de esfuerzo, de sacrificio, de colaboración, etc. Comprender que estas personas también votan, opinan, ocupan cargos públicos o no, etc. Disfrutamos de libertad de opinión y todas ellas deben escucharse con respeto aunque críticamente ya que no todas están igualmente documentadas ni son veraces. La sociedad es como es y por ello hay que ser consecuente con su composición y hacer mucha pedagogía. Hay que recordar, defender y respetar los derechos humanos de todos y por ello tener tolerancia cero para las calumnias y difamaciones. 
Concentrémonos en nuestras habilidades, seamos educados, responsables y muy asertivos y ojalá que el inmenso ruido que hay, y seguramente seguirá habiendo en el ambiente, no nos desvíe de nuestro camino. 
©JAS2012
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