martes, 20 de enero de 2015

¿Es posible que Grecia se vea fuera del euro?

La respuesta sí. Depende de las políticas que decida adoptar el Gobierno griego tras las elecciones generales del 25 de enero.
El principal temor es Syriza, el partido de extrema izquierda liderado por Alexis Tsipras, que propone una restructuración pactada de la deuda, nacionalización de empresas públicas y combatir el paro creando empleo público. 
Una de las principales cesiones de soberanía que aceptaron los países de la zona euro fue la de crear dinero. Quien ahora manda en este asunto es el BCE, que delega ciertas funciones a los bancos centrales nacionales y se reserva el derecho último de supervisión.
Podría producirse una fuga a gran escala de depósitos bancarios, que llevaría al BCE a negarse a suministrar liquidez a las entidades financieras griegas. Esto obligaría a imponer controles de capitales [un corralito a la Argentina], que tendría un impacto terrible, se pararía el comercio internacional, los ciudadanos no podrían acceder a sus ahorros... La otra opción sería que Grecia decidiera hacer un impago de la deuda de forma unilateral [Atenas debe 240.000 millones a la eurozona y al FMI]. El resto de socios no lo consideraría un socio de confianza y el BCE diría, con razón, que no puede seguir confiando en el sistema bancario griego [que depende de la financiación de emergencia del BCE para operar] y entonces Grecia se encontraría de facto fuera del euro. Con una silla en el BCE, pero sin euros.
A partir de ese momento Grecia tendría que empezar a imprimir nuevos dracmas para poder pagar a sus funcionarios. Todo ocurriría de repente, seguramente con un anuncio durante un fin de semana en el que se impondrían controles de capitales.
Lo que vendría después, a corto plazo, no sería bonito: reconversión de depósitos bancarios y deudas a la nueva divisa, que se depreciaría inmediatamente en los mercados, se encarecerían las importanciones, aumentaría la inflación y se correría un claro riesgo de hiperinflación.
Uno de los principales pros que según los críticos de la moneda única tendría un Grexit, la recuperación de competitividad vía devaluación, tendría difícil aplicación en este caso: El argumento de que una nueva divisa es necesaria para recuperar competitividad ya no se puede aplicar, ya que los salarios ya han caído bastante. El hecho de que las exportaciones griegas no hayan subido sigue siendo un misterio, después de que los salarios y los costes hayan caído un 20% en términos relativos con Alemania y que hasta hace poco los principales mercados exportadores de Grecia en Oriente Medio estaban disparados. El problema pueden no ser los costes, sino el sistema político y económico griego. La troika ha hecho muy poco para abrir los mercados a una competencia libre, sana y transparente, para dar una oportunidad real a una nueva clase media.

La historia se repite
El asunto de Grexit es un viejo conocido de la zona euro. Lo primero que tuvo que hacer Olli Rehn nada más convertirse en comisario de Asuntos Económicos fue atender a una conferencia telefónica sobre Grecia. Era febrero de 2010, el país acababa de ser descubierto mintiendo (otra vez) sobre sus cifras de déficit y la necesidad de preparar el primer rescate se hacía evidente. Luego, en 2011, llegó un segundo y después una quita 'voluntaria' de la deuda pública en manos del sector privado. Y finalmente, el 17 de junio de 2012, unas elecciones generales en las que Syriza, que prometía incumplir los términos del rescate, tenía posibilidades reales de ganar.
Esa noche electoral Grecia estuvo realmente al borde de salir del euro. Una fuente que vivió de primera mano las negociaciones de Rehn lo recuerda como un cara o cruz: "En los meses previos ya había gente que hablaba de la necesidad de que Grecia saliera del euro, pero fue en ese momento [la noche electoral] cuando la moneda podría haber caído de cualquiera de las dos caras. Parecía que Syriza iba a ganar; o que incluso si ganaban Nueva Democracia y Pasok, rechazarían el programa. Afortunadamente no fue así".
Esta vez el futuro de Grecia vuelve estar ligado a unas elecciones. Faltan sólo 5 días y las encuestas dan a Syriza como ganador, pero por escaso margen sobre los conservadores de Nueva Democracia, el partido actual de Gobierno. Pero la salida de Grecia del euro no dependerá tanto de si gana Syriza o no, sino de las políticas que adopte una vez que llegue al poder. Seguro que, por el bien de todos, no será tan fiero el león como lo pintan.
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