martes, 6 de septiembre de 2016

Los políticos pueden ayudar más, dejando de estorbar

Antes los padres responsables no permitían hijos vagos en su casa. No consentían hijos “NiNiNi” en sus familias: “Si no quieren estudiar, que trabajen” decían. Hoy en día no basta con ejercer esta política. Los padres que sigan diciendo sólo eso tienen un problema añadido. Porque para trabajar en algo, antes se precisa que el joven haya aprendido a desarrollar ese “algo” y el “trabajo no remunerado de aprendiz” ha pasado a la historia. Esto significa que, antes de entrar en el mundo laboral, los jóvenes deben “aprender” unos conocimientos mínimos que les permitan conseguir un empleo mínimamente remunerado y allí “seguir aprendiendo” para conservarlo —seguir siendo empleable—, mejorar dentro del mismo campo, o para migrar a otros con más futuro y por tanto con más posibilidades de empleo o mejor remunerados.
Hay que tener en cuenta que cada vez va a haber menos empleos para personas con baja cualificación. Los puestos que no han sido suplantados por los avances tecnológicos y la robotización, ya son ocupados —en régimen de semi-esclavaje y la mayoría remunerados en negro— por personas que están dispuestas —o no tienen más remedio— a cobrar míseros sueldos y hacer largos turnos. 
Piensen en los caballos que se quedaron sin trabajo cuando se inventó el automóvil. Piensen en los pueblos donde hace sólo menos de 50 años, prácticamente todas las casas acogían “burros” y “machos” en sus bajos. Todos se fueron al paro cuando se mecanizó el campo y hoy prácticamente sólo se usan en trabajos turísticos. Piensen en los miles de empleos de todo tipo que se perdieron, cuando se montaron grandes superficies como IKEA y otros al estilo de “háztelo tu mismo”.
Cuando pensamos en automatización y robots, nos imaginamos fábricas con sistemas más rápidos, baratos y eficientes que además no se cansan, no se quedan dormidos, no cometen errores humanos, no piden aumento de sueldo, ni se quejan ni se enfadan cuando se les o cambia de turno… Esto es sólo la punta del iceberg. La automatización-robótica-realidad aumentada, etc. pronto afectará ostensiblemente a más sectores y a más empresas. Por el momento, Costa Cruceros ya ha incorporado algunos robots a su tripulación y en menos de 10 años las principales empresas automovilísticas junto con Uber, Lyft, Google, Apple pondrán coches y camiones autónomos circulando por las vías públicas “sin conductor” y no necesitarán ningún chofer-taxista para llegar a su destino. La empresa Delphi Automotive lanzará en 2017 una flota de taxis autónomos en Singapur, consiguiendo para los usuarios transportes a menos de una tercera parte del coste actual. Estas pruebas iniciales, sin embargo, tienen la mira puesta en un servicio regular de autos sin chofer, sin volante ni pedales, para 2019, que estará consolidado y en plena operación a más tardar en 2022 (6 años).
Ford ha anunciado que tendrá en las calles vehículos completamente autónomos en menos de 5 años. Inversionistas de Wall Street han presionado a esa marca por tardar demasiado en desarrollar autos y camiones con dichas características, por lo que es de esperar que incluso los tengan en operación antes del 2021, que es su meta. Lanzarán primero un vehículo comercial que no tendrá volante ni pedales, que será usado en todo el planeta por compañías de transporte como Uber y Lyft, con las que mediante una aplicación se solicita un servicio. Parece que la automatización será relevante en el próximo decenio y que este cambio será irreversible, porque Ford ha duplicado a 300 el personal que tiene trabajando en Silicon Valley, y ampliará sus instalaciones en Palo Alto, California. Asimismo, se ha asociado con Baidu, el “Google” chino, que también dijo en junio pasado que estará produciendo en masa autos autónomos en cinco años.
¿Debemos pedir a los políticos legislaciones para impedir que esas tecnologías lleguen y así los taxistas y operadores de camiones no pierdan su trabajo? (y todos los demás consumidores sigan pagando un transporte más caro)
¿Alguien va a dejar de usar el metro porque va sin un conductor que lo guíe? 
Absurdo, ¿verdad? 
Gracias a estos avances, en centros urbanos grandes, el transporte público podrá evolucionar más rápido para ofrecer soluciones prontas y reales a los usuarios. Cuanto más rápido lleguen estos avances tecnológicos y menos restricciones oficiales tengan, más productivos y competitivos podremos ser, la economía podrá crecer y podrán crearse nuevos empleos que ni siquiera podemos imaginar hoy.
Si las autoridades de todos los niveles lo entienden y dejan de estorbar la competencia y la innovación como, por desgracia para todos, es su costumbre y dejan de actuar ineficaz e ineficientemente —entre otras cosas por la gran corrupción que permiten sus legislaciones abusivas—, los mercados, incluido el de transporte público, podrán abrirse a la creatividad empresarial, sin pretextos ni falsas promesas de protección subvencionadas. 
Los países no desaparecerán, ni sus habitantes, pero en el actual mercado mundial globalizado, aquellos que por presiones locales de toda índole –como las laborales- se cierren a la tecnología de estos vehículos más baratos, rápidos, seguros y eficientes que los actuales, se quedarán rezagados. Como es usual, el principal obstáculo al que se enfrentarán estas innovaciones es el de la regulación legislativa, en la que el consumidor y no una élite de productores, debería estar en el centro de las decisiones de gobierno. En el límite, las empresas automotrices que tarden más en adaptarse a las demandantes nuevas circunstancias del mercado, terminarán por desaparecer.
Los beneficios de estas y otras nuevas, más rápidas y mejores formas de hacer las cosas, sólo podrán llegar en la medida en que permitamos a las empresas y a los trabajadores abrirse a la competencia. El costo de no darle la bienvenida a los cambios y el progreso, sería condenar a nuestro país al atraso, mediocridad y pobreza que nos han caracterizado en el pasado y que hoy permanecen aunque estén enmascaradas por la “bonanza económica” que publicita el gobierno, a pesar de su precario desempeño. 
Lo que está pasando en el mercado de los automóviles y camiones es sólo uno de tantos: los cambios en el mundo económico suceden mucho más rápido de lo que las autoridades pueden reaccionar, por lo tanto, es mucho mejor que los políticos se queden quietecitos porque para no ayudar o entorpecer, lo mejor es que no estorbar.
En aguas bravas y con una catarata en el horizonte es inútil manifestarse, gritar hasta desgañitarse y protestar enérgicamente para pedir que se cambie el curso del agua como niños malcriados. Lo mejor es “aprender” a nadar con la corriente y no empecinarse en construir nuestra casa —o modus vivendi— en medio de la senda de los elefantes.
©JuanJAS
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