martes, 10 de mayo de 2016

La desigualdad en España

Hace tiempo que abundan en los medios y en los discursos de algunos políticos titulares al estilo: “Tres millones de españoles fueron expulsados de la clase media”.
Añaden: ”Por la crisis económica, tres millones de españoles dejaron la clase media y pasaron a formar parte del segmento social más vulnerable. Son imprescindibles políticas sociales ayuden a amortiguar el impacto de la caída”.
Este tipo de noticias las repiten una y otra vez creando un cierto "pensamiento y estado de ánimo" en el segmento mayoritario de la población. Acompañan estos titulares con sondeos supuestamente imparciales que avalan el mensaje difundido por el medio.

¿Qué entendemos por clase media?
Pienso que el gran error está en que la mayoría de la gente nos hemos estado considerando de clase media porqué no somos ni unos “sin techo” ni tampoco supermillonarios. Según esta apreciación, la “clase media” abarca un intervalo extraordinariamente grande e incluye a personas y familias que poco tienen que ver entre ellas. 
Ni en ingresos (15000 - 200000), ni por nivel de gasto, ni por nivel de ahorro, ni en valores, ni en actitud frente a la vida, ni en...muchísimas cosas relevantes.
No es cierto que la clase media ha desaparecido en España donde tenemos un supuesto nivel de paro del 24% - 76% de ocupación, pero sí ha disminuido considerablemente el número de personas que antes de la crisis se consideraban clase media. Hace una década, el 59% de la población pertenecía a familias con niveles de renta intermedios, pero tras la crisis, este segmento se redujo al 52%. En tanto, el sector más pobre, que gana menos del 75% de la renta media, creció del 31 al 39%.
Como es previsible, en la pirámide de los ingresos, los sectores de clase media-alta y alta no han variado mucho e incluso han aumentado un poco.
Esto representa a más de tres millones de españoles que, víctimas del paro, de la pérdida de ingresos y lo pero de todo, con “deudas personales”, se han desplazado de la zona central-baja a la parte baja de la distribución de la renta.
Alrededor del 75% de la renta de los hogares españoles procede del trabajo, no como en China que cobrando en promedio mucho menos que en España el nivel de ahorro es muchísimo mayor. 
En estas circunstancias, cuando se cae en el paro y se acaban las subvenciones estatales, la caída es mayor. Pero si hay una recuperación, esta no llega a alcanzar el nivel anterior a la crisis, porque el regreso al mercado laboral suele ser con sueldos más bajos, jornadas más cortas o como autónomo ejerciendo el autoempleo.
La precariedad laboral incrementa la desigualdad de ingresos y ciertas políticas públicas —un 46% del sistema de pensiones ha permitido que muchos núcleos familiares sin trabajo tengan un ingreso, apoyados por los gastos en servicios públicos (27%) y las prestaciones sociales como el seguro de desempleo (19%)— ayudan a mantener niveles aceptables de calidad de vida entre todos los ciudadanos.
Todos los de clase media y baja hemos perdido nivel de renta y no podemos “consumir” lo que consumíamos hace 10 años. Los de clase baja, que se veían como millonarios en tiempos de la peseta, porqué tenían una vivienda que se revalorizaba sin parar año tras año), al explotar la burbuja y venir la crisis, despertaron de su sueño y volvieron a la realidad. 
Los políticos populistas aprovechan el desencanto de esta gran parte de la población para protestar por la desigualdad y prometer urbi et orbe una mejor redistribución de la riqueza. Prometen que es posible hacerlo, pero no explican de forma creíble como lo harán realmente (Robin Hood ya no vive entre nosotros), ni cuando, ni con que costes, ni para quien servirá. La mayoría son sólo cuentos de “La lechera”. Es verdad que de pequeños a todos nos gustaba escucharlos, porqué nos ahorraban contarnos el corolario o si nos lo contaban no le hacíamos el mas mínimo caso. El problema puede venir porque muchos adultos por edad no se comportan como tales, argumentando que "hace tanta ilusión salir del hoyo y poder volver a consumir sin mediar esfuerzo propio". Es casi como si te aseguraran que te tocaría la lotería de navidad, pero a tiempo completo.
Pienso que la igualdad de resultados o de rentas que algunos propugnan es imposible de conseguir por medios democráticos. Otro tema es luchar por conseguir igualdad de oportunidades para que todos, niños y mayores puedan desarrollar su talento personal. Esto no significa que todos obtengan el mismo resultado... Porque tanto los niños como los adultos somos diferentes, y no todos tenemos ni el mismo talento o habilidades ni los mismos sueños o aspiraciones ni la misma fuerza de voluntad para conseguirlas.
También pienso que sería bueno que no se disparara hasta el infinito la desigualdad, porqué no sería bueno ni siquiera para los más favorecidos. En este contexto me hago la siguiente pregunta: 
¿Existe una “distribución ideal” de riqueza, renta o consumo? ¿Cuál sería?
Pulsar para agrandar
Hay autores que opinan que esta distribución ideal de riqueza, renta o consumo existe. A menudo, cuando se analiza e interpreta, por ejemplo, el índice Gini, éstos presuponen que existe una distribución optima o ideal que corresponde al valor “cero”, que es el que se obtiene cuando todos los hogares de una sociedad tienen absolutamente la misma riqueza o renta. De esta noción parten muchas de las teorías económicas y filosóficas que prescriben una redistribución coactiva de la renta para llegar, o acercarse en mayor o menor medida, a esa distribución ideal. 
Sin embargo, otros autores (Hayek, 1976; Nozick, 1974; Rallo, 2015) consideran que no puede afirmarse a priori si una determinada distribución poblacional de riqueza o renta es ideal o justa sin saber como ésta ha sido obtenida. 
Para estos autores, la distribución ideal sería aquella que resulte del respeto a determinados principios de justicia: no sería el resultado final, sino el proceso, el que determinaría cuál es la distribución justa. Por ejemplo, los autores de esta opinión considerarían justa aquella distribución de riqueza y renta que resultara del respeto a principios como el de libertad individual, derecho de propiedad y autonomía contractual; e injusta aquella que se derive de la violación de alguno de los principios anteriores. 
De acuerdo con esta última postura, sería de esperar que la distribución de riqueza, renta o consumo no sea igualitarista, puesto que estas variables dependerán en gran medida de factores como la edad, el capital humano, los conocimientos adquiridos, la experiencia laboral, las horas trabajadas, el valor añadido o las preferencias personales, entre otros. ¿Alguien piensa que sería razonable que, pese a todas estas diferencias, el ideal fuera que todas las personas tuvieran en todo momento la misma riqueza y renta? Si revisamos la historia, podemos ver el fracaso del sistema comunista en todas las sociedades a pesar de los procesos dictatoriales que lo han acompañado). ¿Quién querría vivir como los rusos, cubanos, venezolanos, norcoreanos, etc.?
¿No sería mejor que partiendo de posiciones de riqueza o renta más o menos reducidas, tengamos la oportunidad de ir creciendo y subiendo en la distribución a medida que aumentamos nuestra aportación productiva a la sociedad y de acuerdo con nuestras preferencias de vida? 

Veamos un ejemplo concreto y cercano:
En el gráfico se muestra para Europa (no toda) la relación entre la desigualdad intergeneracional y el índice de desigualdad de Gini durante el periodo 2005 a 2011: dos años ‘buenos’, dos malos y uno pésimo, es decir, bastante significativo.
Las magnitudes de los dos ejes no son proporcionales pero en España…, alta desigualdad económica y alto índice de desigualdad intergeneracional.
España, Grecia, Portugal, rompen los registros. Hay países con Ginis diferentes pero con desigualdad intergeneracional equivalente: Bélgica e Italia, Austria y Francia, Alemania e Irlanda, …; y los hay con Ginis semejantes y con desigualdades intergeneracionales distintas: Bélgica y Finlandia, España, Grecia y Portugal, …
¿Alguien duda viendo este gráfico que existen tres Europas: la de Noruega (norte), la de Austria (centro), y la de Portugal (la del sur). 
¿Ven donde está España? ¿Porqué?
Hagamos la siguiente reflexión: Supongamos que un mago omnipotente, durante la noche del próximo solsticio de verano consigue repartir toda la “riqueza”. Al día siguiente todos los ciudadanos tendríamos la propiedad de la misma parte de riqueza. ¿Cómo piensan que estaríamos al cabo de un año?
¿Piensan que el mago debería volver a actuar con el mismo hechizo o no sería necesario?
Medítenlo y aporten las razones y supuestos en que basan su respuesta. Pueden tener en cuenta la historia de la civilización, la psicología conductiva de las personas, la diversidad de caracteres, etc.
Veamos otro gráfico que muestra el número de veces que el 20% más rico de la población lo es en relación al 20% más pobre comparado con el índice de problemas sociales y de salud.
Japón: la menor desigualdad entre ricos y pobres y el índice de problemas sociales y de salud menor. USA en el otro extremo. En este caso, España más cerca del primero que del segundo.
Aquí se ve el papel que juega la redistribución, el modelo de protección social, el gasto público como elemento igualador. Claro que había que introducir el déficit en la ecuación, porqué una cosa es vivir a un nivel porqué uno puede pagárselo y vivir a este nivel endeudándose (pidiendo prestado a los demás) olvidando que estos van a dejar de prestar en cuando se huelan que no les quieren devolver lo prestado ni seguir pagándoles los intereses por usar el capital que les han prestado. El mismo que les ha permitido disfrutar del nivel de vida que han llevado sin haber generado y conservado los medios propios para ello. 
Nuevamente varias Europas; varios mundos. 
El problema es que muchos quieren formar parte de uno, que no pueden pagar. En estas condiciones, es lógico pensar en… ¿que es lo que cada uno tiene que hacer para que a la larga no tenga que salir del “mundo” que no puede pagar?
Igualdad de oportunidades, ¡sin duda alguna!; igualdad de resultados ¡imposible!
La pérdida de empleo (pasar a la situación de paro, o cambiar trabajo a tiempo completo por empleo a tiempo parcial) es la principal causa de disminución del porcentaje de población incluido en la clase media, aunque también se muestra como un factor relevante la reducción de salarios. La diferencia de rentas entre el decil más alto de la muestra y el decil más bajo, aumenta de forma considerable, como también lo hace entre el decil más alto y la mediana y el decil más bajo y la mediana. La polarización de rentas, entre otras razones, es una consecuencia lógica de la globalización. La disponibilidad ilimitada de mano de obra (las fábricas se trasladan a los lugares con sueldos más bajos, y los jóvenes de los países con sueldos más bajos están dispuestos a emigrar para prestar sus servicios a los países con sueldos más altos), lleva irremediablemente a ello.
¿Es malo que haya polarización de rentas y que el porcentaje de población incluido en lo que se define estadísticamente como clase media disminuya? 
Hace sólo cinco décadas, la proporción de la población que estaba incluida en la clase media, seguro que era más de la mitad de la población. Estar incluido en esa franja no daba un ingreso suficiente como para tener coche, televisor, teléfono, vacaciones en la playa o ir a la universidad, algo de lo que solo disponía uno de cada diez hogares. Sí daba para comer todos los días, tener agua corriente y electricidad, cambiar de ropa con cierta periodicidad, estar escolarizado hasta los catorce o dieciséis años, ir de vez en cuando al cine y tener radio o motocicleta. 
Quien no tenía coche y ahora lo tiene, objetivamente ha progresado, pero quien habiendo pasado de permanecer todo el verano en su casa llegó a habituarse a pasar un par de semanas de vacaciones en un hotel de cuatro estrellas colindante con la playa y tras la crisis tiene que alojarse en un apartamento en segunda línea de mar, se siente muy decepcionado. 
El progreso material, como observadores externos, lo podemos medir en términos absolutos, pero personalmente, solemos medirlo en términos relativos. Si antes tenía más que el vecino y ahora tengo menos, pienso que he empeorado... Y si me bajan el sueldo, porque cada vez hay más gente, que viene del extranjero, dispuesta a trabajar por menos, y me suben los impuestos para poder pagar subsidios y servicios públicos a los mismos que están contribuyendo a que mi sueldo baje, tenemos el campo abonado para el populismo. Cuando decimos “primero los de casa”, la pregunta que nos hacemos es ¿El estado de bienestar es una herencia familiar a distribuir entre los nacionales, o es un fondo benéfico abierto a todo el mundo?


No debe extrañarnos el aumento del populismo. Las tres propuestas estrella de Trump van en esa línea: freno a la inmigración, subida del salario mínimo, aumento de los impuestos a los más ricos. Evidentemente, si gana, las cumplirá o no en la medida en que las circunstancias lo aconsejen. Al fin y al cabo es un hombre de negocios y, por ello, un pragmático. Pero Trump, Le Pen, Syriza, Podemos, UKIP, Cinque Stelle, o las múltiples nuevas derechas e izquierdas alemanas, austríacas, en general, europeas, están ahí porque la globalización, siendo objetivamente positiva, subjetivamente resulta en muchos casos muy dolorosa. A nadie nos gusta el dolor y menos a las nuevas generaciones que han nacido en una época en que a la mayoría se les han concedido muchos más “caprichos” que en ningún momento de la historia.
©JuanJAS
Publicar un comentario