viernes, 14 de febrero de 2014

¿Por qué destrozamos el lenguaje?

La mayoría usamos un idioma para comunicarnos con otros y transmitir nuestras ideas utilizando un código que entienda nuestro interlocutor.
Cuando nos comunicamos oralmente podemos ayudarnos de los signos de comunicación “no verbal” para transmitir emociones y comprender mejor el mensaje. En cambio, cuando nos comunicamos por escrito, perdemos esta ayuda. En este caso entran en escena el diccionario oficial de la lengua y las reglas gramaticales y ortográficas; para ayudar a precisar el significado de las palabras y oraciones. 
Si queremos que nuestros escritos reflejen lo que pensamos comunicar es importante usar las palabras adecuadas. Nadie debería tener pereza de consultar el diccionario, sinónimos, frases o citas célebres, etc. Internet facilita estas tareas para que se nos entienda mejor y podamos crear más conversación, enriquecer nuestro lenguaje y el de los lectores.
Lo que escribimos y cómo lo hacemos refleja nuestra personalidad y educación. En España, los que tienen menos de 50 años, mayoritariamente han ido al cole y recibido una instrucción básica gratuita de lengua y literatura y por ello se ha de esperar una cierta corrección en el uso que hacen de la lengua a todos los niveles. A algunos tal vez no les gustaba leer de pequeños. A otros tal vez no les dio la gana de estudiar de adolescentes. En algunos casos los padres abrazaron la moda de comportarse como colegas y no cuidaron adecuadamente que sus hijos aprovecharan las clases. Cuando llegaron los malos resultados, por supuesto echaron la culpa a los maestros. ¡Excusas!. Siempre excusas y mas excusas para no admitir  la propia responsabilidad.

La reducción del lenguaje estrecha el campo de la visión y el pensamiento, porque la lengua es un órgano de la visión. Cuando un urbaniza va al campo solo, dada su ignorancia del medio, sólo ve tierra y árboles. Pero si va con un experto, además ve distintas clases de rocas, tierras, texturas, acacias, pinos, álamos, robles, etc. Lo mismo pasa en cualquier campo del conocimiento ajeno a nuestra especialidad. 
Puede que algunas personas no hayan tenido oportunidad de aprender y cultivarse. Otras en cambio sí la han tenido y es una pena que no la aprovechen y le saquen partido. 
Cuando se ven en la necesidad de redactar un CV, realizar un examen, redactar un documento oficial o escribir en una web, blog o en una red social y lo hacen con faltas gramaticales y de ortografía causan una impresión desfavorable. El primer contacto con el empleador suele hacerse enviando el currículum. A menudo, los primeros que van a la papelera son los que contienen faltas de ortografía, porqué se supone que han sido redactados con dejadez, desidia o sencillamente falta de interés por su instrumento de comunicación y eso dice bastante poco de esos candidatos. 
No nos cansamos de oír que hoy en día tenemos la generación mejor formada de la historia, pero esto no suele reflejarse en el lenguaje escrito que utilizan en las redes sociales, CV, anuncios, chats, etc. Si muchos tienen dinero para comprarse un Smartphone o un portátil y pagar las elevadas cuotas mensuales que en España nos cobran para poder navegar por Internet, ¿porqué no encuentran tiempo y dedican algo de dinero para mejorar su capacidad y corrección comunicativa?.
Hay personas que en su lenguaje escrito a menudo muestran desprecio por sus lectores, los cuales tienen que exprimirse los sesos para descifrar sus escritos. 
Estos están llenos de faltas de ortografía, errores de sintaxis y ausencia de comas y otros signos de puntuación.
No hay que confundir, Facebook y menos un blog o una web con un mensaje SMS.
El efecto de usar cada vez más abreviaturas y menos palabras genera pobreza lingüística en el uso del lenguaje común.
Crea mensajes pseudo-encriptados difíciles de descifrar que dificultan la comunicación y el entendimiento para la mayoría de la gente.
Las personas que cometen faltas de ortografía por no haber tenido la oportunidad de cultivarse merecen todo mi respeto, aunque nunca está de más y siempre se está a tiempo de intentar aprender y superarse. Las normas ortográficas se olvidan si no se usan habitualmente. Leer con atención es lo que ayuda a conservarlas porqué aunque no recordemos la teoría, sabremos si algo está bien escrito o no gracias a la memoria visual. Una buena forma de mejorar la comunicación oral y escrita es leer, entendiendo, interpretando y resumiendo los escritos de profesionales. Leer(I) 
Claro que adquirir este hábito y practicarlo requiere, al menos en un principio, un buen esfuerzo. Los que cometen faltas ortográficas y gramaticales, por falta de interés por su instrumento de comunicación dicen bastante poco de sí mismas. Lo preocupante del caso es que muchas personas ni siquiera se molestan en aprovechar el corrector ortográfico y gramatical que cualquier programa de tratamiento de textos incorpora hoy en día. Estos no son infalibles, pero si ayudan a resolver errores de bulto o "erratas" por teclear rápido. Lo que no corrigen es la desidia y la dejadez del que escribe.
La ayuda de los programas de tratamiento de texto
 a la hora de escribir, sustituir expresiones, corregir
expresiones y errores tipográficos es inmensa.
¿Quien se acuerda de la máquina de escribir,
del papel carbón, el Tipp-Ex, etc.
Algunos tratan de esconder su ignorancia bajo un aura de modernidad o se escudan en las modas al usar el idioma al escribir. Critican aquellos métodos de enseñanza antiguos en que los maestros corregían la expresión oral, la pronunciación, la escritura y hacían copiar decenas de veces la frase bien escrita por cada falta de ortografía, gramática o signo de puntuación. Menosprecian a aquellos maestros que enseñaban trucos para recordar las reglas (del verbo echar, lo primero que se echa es la h), que animaban a leer los “clásicos”; libros de la biblioteca, tomados como objetos de deseo. Todo por aprender y mejorar. 
No se si quedan escuelas en las que puntúe negativamente la mala ortografía y por supuesto el orden, la limpieza, los márgenes en las hojas, etc. 
Tampoco se si ahora se valora positivamente el deseo de aprender, preguntar y leer; no solo en la clase de lengua, sino en cualquier asignatura.
Líbreme Dios de juzgar a nadie por su forma de escribir, hablar o por cualquier otra falta de interés, y espero que nadie me deje de hablar por ello. Solo escribo estas reflexiones porque me da pena que con tantas posibilidades de formación (presencial y a distancia) y de lectura, al alcance de la inmensa mayoría, se desaproveche la posibilidad de mejorar cada día en el uso del lenguaje para comunicarnos. La corrección del lenguaje es una cuestión social, como las buenas maneras y es sancionada por maestros, profesores de lengua y de idiomas, académicos, escritores, etc. 
Francis Bacon dijo “La lectura completa a la persona, la conversación la hace ágil y la escritura la hace precisa”. Gabriel García Márquez confesó: «Aún hoy, con diecisiete libros publicados, los correctores de mis pruebas de imprenta me honran con la galantería de corregir mis errores de ortografía como simples erratas». Todos cometemos errores al escribir y por ello es fantástico que los que saben más que nosotros nos corrijan y enseñen a hacerlo cada día mejor. Para el común de los mortales el término medio es lo deseable. No es lo mismo olvidarse de alguna tilde que escribir dando patadas al diccionario.
©JuanJAS



(I).-
Unas palabras dedicadas a los profesionales del “Cuarto Poder”.
Parece que algunos de los ‘profesionales de la comunicación’ no son conscientes que con sus discursos y escritos educan a su audiencia en el lenguaje y se permiten el lujo de jugar con las normas idiomáticas, sin medir las consecuencias.
Los periodistas ejercen influencia con la información que ofrecen, cómo la dan y cuantas veces la repiten. Ese poder, que puede llegar a derrocar gobiernos, les obliga a ser cautelosos y prudentes no sólo con los contenidos, sino también con las formas, entendida como al correcto o incorrecto uso del lenguaje. En el uso correcto del lenguaje reside la riqueza lingüística de un país. Demasiado a menudo algunos de estos ‘profesionales’ se permiten el lujo de jugar con las normas idiomáticas, sin medir las consecuencias, sin ser conscientes de que en gran parte, ellos y todos los que escriben algo para que otros lo lean, educan en el lenguaje. Sea por llamar la atención, por esnobismo, estupidez o incultura, ¿por qué caen en el mismo error una y otra vez?


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