viernes, 8 de julio de 2016

Quieren secuestrar nuestro dinero

Durante la presente crisis, los países desarrollados han disparado su deuda pública hasta alcanzar un nuevo récord histórico en tiempos de paz. Buena muestra de ello es la grave crisis de deuda soberana que estalló en el seno de la zona euro y que, por el momento, se ha saldado con el rescate internacional de cuatro estados miembros (Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre), la asistencia financiera a España y un inédito programa especial para comprar bonos periféricos por parte del Banco Central Europeo (BCE), del que también se ha beneficiado Italia, entre otras medidas excepcionales.  ¿Cómo revertir esta dinámica?
Lo lógico hubiera sido que los estados hubieran empezado a generar superávit fiscal primario (descontando el pago de intereses) año a año para, de este modo, no sólo frenar el aumento de la deuda sino reducir su tamaño destinando esos excedentes presupuestarios a amortizar bonos. El problema es que ello implica mantener en el tiempo una drástica senda de ajustes, sobre todo mediante recortes de gasto público, que no suelen tener muy buena acogida en los países afectados. Máximo cuando la mermada recaudación se malgsta en inversiones improductivas y en pagar cenas y comisiones. La UE amenaza con imponer multas a España, Portugal, talvez Francia e Italia en un futuro; el problema es grande.
El Fondo Monetario Internacional (IMF) ya avisó en su Fiscal Monitor (Taxing Times” de Oct de 2013 y ha alertado en su informe de Oct 2015 de la posibilidad de que determinados gobiernos tengan que proceder a la confiscación de parte del ahorro de las familias, con el objetivo de reducir el ingente volumen de deuda que acumulan los gobiernos de los países desarrollados y de paso poder salvar a los bancos de una quiebra catastrófica.
En un informe de Octubre-2015 sobre Vigilancia Fiscal (Fiscal Monitor), el IMF ya advertía sobre la posibilidad de confiscar hasta el 10% del patrimonio que acumulan los hogares con el objetivo de reducir la deuda pública a niveles de 2007, fecha en la que estalló la actual crisis financiera. ¿Recuerdan el primer experimento que hicieron en Chipre? La versión oficial fue aprobar una quita sobre los grandes depósitos (de más de 100.000 euros) para reducir la deuda, no del Estado, sino de sus grandes bancos insolventes, aunque a cambio de acciones de dichas entidades. Casualmente, la troika y el Gobierno chipriota tildaron de "impuesto" esta quita especial sobre los ahorradores.
En Alemania se habló de imponer un gravamen de una sola vez sobre el capital de los ricos —los que tuvieran ahorros de más de 250000€— con el fin de refinanciar y reducir la deuda naciona. Sin embargo la imposición de tales gravámenes es complejo ya que implica la valoración de activos y prevenir la evasión de impuestos. Si los ricos de verdad esperan que alguien tenga la tentación de imponer este “impuesto a los ricos”, lo primero que harán es llevarse su capital a mares más calmos y bajar la inversiónn interna. Como siempre los platos rotos los pagarán los pequeños y medianos ahorradores.
Los ahorradores no ganamos para sustos, sabemos que nuestro dinerillo está en grave peligro. Algunos lo acumulan en cualquier agujero de su casa porqué piensan que, son muchísimo menos peligrosos los cacos que vacían los pisos en verano, que los ¿respetables? “trajeados” que maquinan desde sus lujosos despachos pagados por nosotros, “el pueblo llano” o la “gente” como ya han empezado a llamarnos despectivamente.
El año pasado vimos bloqueos de cuentas de inversión en Andorra y en Banco de Madrid. Dejando aparte los actos ilegales de algunos “personajes, entidades y corporaciones, la reciente suspensión de los reembolsos en algunos fondos inmobiliarios británicos —Standard Life, M&G y Aviva Investors— es un ejemplo de los problemas de liquidez que existen en situaciones de crisis de mercado. Ante esta tesitura, la regla es clara: cuanto más ilíquido sea el FIM o el activo subyacente en cartera, más riesgo existe de no poder hacer frente a los reembolsos ante un escenario de avalancha de ventas. Esta situación podría extenderse a productos que invierten en otras clases de activo donde el riesgo de iliquidez es elevado si se producen nuevos episodios de ventas masivas.
Actualmente ya no sirve la simplificación de pensar que todo lo que cotiza es líquido. En el actual escenario, es importante reservar posiciones en liquidez dentro de las carteras, aunque no estén remuneradas o incluso lo estén con interés negativo.
La nueva regulación ha traído consigo un incremento importante de los costes sobre el capital, reduciendo los inventarios de los bancos de inversión. La disminución de los inventarios de renta variable ha sido manejable, pero la de la renta fija es dañina, porque reduce el rol de los dealers al disminuir su capacidad para deshacer posiciones.
En renta variable, la mayoría de las medidas (amplitud, diferenciales, profundidad e inmediatez) demuestran un perfil de liquidez sano. El número de transacciones y valores negociados ha crecido, mientras que las acciones muestran una liquidez sustanciosa, con horquillas de compra y venta en mínimos históricos y consistentes a través de capitalizaciones. Al contrario de lo que muchos ahorradores piensan, el mayor riesgo se concentra en la renta fija. Aunque los diferenciales de compra-venta están en mínimos históricos, el tamaño medio por transacción se ha reducido. El diferencial compra-venta parece positivo, pero los números totales ocultan una fuerte caída en los tamaños medio de suscripción. Un nivel estable de transacciones viene acompañado de una acusada caída de las grandes transacciones.
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Además, hay que tener en cuenta el aumento de la fragmentación del mercado de renta fija, lo que conlleva una fuerte reducción de la negociación. De media, cada compañía del S&P 500 tiene diez bonos en circulación, lo que muestra cuánto de fragmentado está el mercado de renta fija en comparación con el de renta variable. A todo esto hay que sumarle que estamos en un entorno de restricción para los creadores de mercado. El mercado sigue operando sobre todo a través de un proceso de solicitud por precio en OTC (operaciones fuera del mercado) y debido a eso el balance de los brokers es crítico para proveer de liquidez a los participantes del mercado. Tras la crisis financiera de 2008, ha habido un cambio significativo en los inventarios de los brokers-dealers. En EE.UU, sus posiciones netas para los bonos corporativos se ha reducido considerablemente. Otro de los segmentos de mercado donde existe un problema importante de liquidez son los “bonos convertibles”.
El “high yield” es el activo con más papeletas para sufrir shocks de liquidez que puedan derivar en suspensiones de los reembolsos en caso de elevadas órdenes de ventas. Es un activo con una liquidez limitada, que ha crecido mucho y se ha popularizado entre inversores de banca privada y retail, especialmente en el actual entorno de bajas rentabilidades. En momentos de tensiones de liquidez, con inversores finales vendiendo por pánico o por simples caídas de los liquidativos, es el activo más vulnerable por su falta de liquidez.
Esto ya lo vimos a finales del año pasado, cuando tres gestoras bloquearon las salidas de sus fondos de high yield. En todos los casos se trataba de estrategias distressed que invertían en activos muy ilíquidos, lo que vuelve a poner de manifiesto la importancia de conocer la estructura de cada fondo antes de invertir en él.
Las cosas se complican, pero no debemos olvidar que la vida es dura y que el que algo quiere, algo le cuesta. En España estamos acostumbrados a pagar por algunas cosas y a resistirnos a hacerlo por otras. El asesoramiento financiero-fiscal es una de ellas. En este campo, como en casi todos, hay muchos asesores “fantasmas”. Por ello nadie nos libra de esforzarnos personalmente en obtener unos conocimientos financieros mínimos y así tener más posibilidades de eludir las tretas de los embaucadores de serpientes que nos quieran ofrecer duros a cuatro pesetas, mientras nos roban el dinero que tanto nos ha costado ahorrar.

©JuanJAS
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