domingo, 26 de febrero de 2017

Violencia de género

Desde pequeños hemos oído: “La violencia engendra más violencia” y en muchas familias se educó a los hijos en los valores del respeto y la paz. Sin embargo, basta ver cualquier noticiario para darse cuenta de que mucha gente no aprecia estos valores; ni siquiera en nuestro entorno más cercano. La agresividad y el uso de la violencia es un problema en nuestra sociedad. Se observa una dificultad creciente para contener las emociones de rabia y odio que aparecen súbitamente y que determinados individuos necesitan descargar agresivamente. Parece que les agrada buscar a otra persona más débil al que atormentar; y en la medida en que los agresores actúan, el otro se debilita más. Algunos empiezan acosando en la escuela y terminan maltradando en la madurez.
Tal vez sea la presión del contexto social en el que vivimos, la que hace que necesitemos consumir violencia como forma de metabolizar nuestra ansiedad y nos empuje a actuar violentamente con otros. ¿Somos violentos porqué nos vemos rodeados de violencia o los medios sólo reflejan nuestra actividad violenta? ¿Porqué las autoridades no encargan a los “profesionales” que investiguen como podemos abordar las causas de esa “violencia” manifestada con acosos, maltratos, humillaciones, discriminaciones, etc? ¿A quien le interesa quejarse/victimizarse, eludir el problema global, mientras todo se deja como está?
Hace algunos años que las informaciones en los medios sobre lo que llaman “violencia de género” tienen un papel destacado. Está claro que algunos hombres consideran a la mujer como una persona/objeto de su propiedad, y esto hace que se nieguen a asumir la pérdida de “poder legal” sobre ella que tenían hace solo 50 años y que paulatinamente han perdido. Algunos echan en falta el poder supremo sobre su pareja y unos pocos llevan a las últimas consecuencias la frase “serás mía o de nadie”. Esta pérdida de poder legal junto a la igualdad de acceso a la educación, la posibilidad de regular a voluntad el embarazo con el acceso a una gran variedad de métodos anticonceptivos que ha posibilitado el desembarco de la mujer en el mundo del trabajo y la competencia que esto supone para el hombre, la libertad de acceso a todos los lugares y la discriminación positiva de algunas leyes hacia la mujer, pueden ser causas del aumento de los casos de violencia doméstica en los últimos años.
Tengamos en cuenta que las mujeres llevan años peleándose contra los “estereotipos ideales” que nuestras sociedades nos han impuesto durante siglos. En pocos años estos ideales han dejado de serlo, muchas leyees que discriminaban por sexo se han abolido y muchos hombres no han sido capaces de asimilar el cambio, y mucho menos de adaptarse al mismo. Es urgente que los hombres reflexionen al respecto, porque puede ser cuestión de vida o muerte. 
Pensemos: ¿Qué valores se han asociado en nuestra sociedad a los hombres? Arrojo, éxito, trabajo, ser proveedores de la familia, autonomía, disfrutar la soledad (leer tranquilamente el periódico mientras fuman y toman una copa recostados en su butaca) ... 

¿Qué pasa cuando un hombre lleva años en paro o jubilado? ¿Qué pasa si no ha dedicado tiempo en su vida más que a trabajar fuera del hogar? ¿Qué pasa si su matrimonio también va a pique y la persona que ha resuelto siempre los problemas domésticos se va de casa? ¿Qué pasa si se deprime? Ya no es ni proveedor, ni tiene éxito, ni trabajo, ni arrojo... le queda la autonomía. 
¿Puede ese hombre —ya no tan “macho”— tirar para adelante, con la cabeza bien alta, sin derrumbarse, sin hablar con nadie, porque no ha aprendido a hacerlo en su vida, sin lazos sociales, como un John Wayne que se aleja solo hacia el horizonte? ¿A qué puede aferrarse un hombre así en nuestra sociedad actual? ¿Al suicidio? ¿A morir dañando o matando a la “culpable” de todo su mal?
Comprender esta situación no quiere decir justificar ni el suicidio ni la violencia de género, pero es bueno reflexionar sobre lo que puede pasar por la cabeza de ese tipo de hombres.
Las formas de atajar la violencia sobre las mujeres se han vuelto un tema de debate central y es uno de los pocos asuntos donde todos los partidos —tanto en el Estado como en las CCAA— se han puesto de acuerdo en los últimos años. En noviembre de 2016, el Congreso de los Diputados aprobó una proposición para alcanzar un “Pacto de Estado en materia de Violencia de Género”. Parece que esta ley española de VG recibirá pronto varios retoques. El más importante, por su alcance, será la ampliación de algunos de sus aspectos más allá de las relaciones sentimentales de pareja.
Otros aspectos en los que se está trabajando son:
Asistencia letrada: Mejora de la asistencia letrada para que esté garantizada para todas las mujeres que quieran denunciar.
Atenuantes: Se está barajando un cambio del Código Penal eliminando el atenuante de la confesión para este tipo de delitos y eliminar la posibilidad de acogerse al derecho de no declarar ante un cónyuge con el que tendrá que volver a casa tras el juicio.
Recogida de datos: Dedicar más recursos a recogida de datos, estudios y encuestas que ayuden a estudiar la percepción social de la violencia de género.
Sensibilización: Se buscarán nuevas vías de detección temprana de la violencia de género.
Está claro que la sociedad tiene que mostrar a las mujeres en toda su dignidad, respetarlas y protegerlas de los maltratadores. Eso no tiene que hacernos olvidar que de la misma forma hay que respetar y proteger a los hombres de cualquier maltrato que reciban del sexo opuesto. Porque todos sabemos que hay maltratadores, violadores, asesinos, etc. de todos los sexos, razas y religiones, ¿verdad?. Por ello la Constitución española de 1978, dentro de su Título I referido a los derechos y deberes fundamentales, en el Capítulo segundo (Derechos y libertades), Artículo 14, dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” 
También debemos recordar que el artículo 7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos se dice: “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”.
Con la nueva Ley de Violencia de Género que se está preparando en el Congreso y que parece establecer una “discriminación positiva hacia las mujeres, ¿se estará desobedeciendo la Constitución española de 1978 y el Artículo 7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos?
¿Porqué se empeñan los medios de comunicación y los políticos en formar un estado de opinión políticamente correcta en que las mujeres son las únicas que sufren agresiones?
Cuando se habla de “violencia de género” ¿Porqué se asimila únicamente a maltratos de varones sobre hembras? ¿Acaso no hay varones que sufren agresiones de mujeres —aunque puedan ser menos en número— o mujeres que las sufran de otras mujeres ahora que las parejas del mismo sexo son perfectamente legales en nuestra sociedad? 
¿Existe algún estudio oficial sobre los hombres que han muerto desde el año 2004 en el ámbito familiar y las causas del deceso?. ¿Es verdad que desde el año 2009 no constan hombres muertos en España, por violencia de género, porqué no hay estadísticas sobre ello?. ¿Porqué el Gobierno español esconde esas estadísticas a la opinión pública? 
¿Porqué hay tan pocas noticias en prime time en las televisiones sobre hombres maltratados por mujeres?. ¿Es que el “honor de los machistas” no permite divulgar una sola noticia de este tipo? Este hábito machista, muy extendido en nuestra sociedad, hace creer a toda la población que no existen tales agresiones o maltratos, mayoritariamente psicológicos pero también físicos, de mujeres hacia hombres.
Los medios oficiales, raramente transmiten, los casos de víctimas masculinas de la violencia doméstica ni los problemas reproductivos y de los padres masculinos, ni los aspectos no tan privilegiados de la hombría tradicional, tal como las muertes en la guerra y los trabajos peligrosos (más del 90% de las muertes en el lugar de trabajo son hombres).
Los activistas por los derechos de los hombres, o "MRA" [Mens Rights adocate), han sido durante mucho tiempo, para la comunidad progresista, el chivo expiatorio preferido y han sido denigrados, deplorados y ridiculizados como llorones que se quejan por la pérdida de sus antiguos privilegios.
El feminismo no sólo ha ignorado las desventajas masculinas, sino que se ha opuesto abiertamente a los intentos de rectificar prejuicios en áreas como la custodia de menores y la violencia doméstica. Tenemos una muestra de trato despreciatorio hacia los hombres en este post del blog feminista Jezebel, que trata la violencia de las mujeres hacia los hombres con humor y desprecio. Ayudaría mucho a la buena relación entre sexos que las feministas no tuvieran patente de corso para usar un lenguaje igualmente degradante y odioso hacia los hombres que el que usan los misóginos contra las mujeres. 
No es ninguna conquista para la igualdad de la mujer que ellas puedan —como lo hicieron muchos hombres en el pasado, muy mal hecho— insultar, agredir, emborracharse, cometer infidelidades, vaguear en casa, hablar groseramente, etc. Lo que es una verdadera conquista para la mujer —también para los hombres— es que todos tengamos la misma libertad para expresarnos respetuosamente, para desempeñar nuestras habilidades personales, para tomar nuestras decisiones privadas, para poder ganarnos la vida y disfrutar de lo que hayamos conseguido con nuestro esfuerzo personal sin precisar el permiso de nadie (por ejemplo el padre o el marido), para no tener que ejercer de “mantenida” por imperativo legal, etc. 
Si los legisladores se exceden en su discriminación positiva hacia los derechos de las mujeres y se obvian los derechos de los hombres, ¿se incrementará el miedo de los hombres por la posibilidad que tendrán sus parejas de poner una denuncia de violencia de género siendo falsa?. 
Parece que algunos pretenden que si los agentes ven (apreciación subjetiva) en esa denuncia peligro para la supuesta víctima, el hombre inocente conocerá lo que es estar encerrado detrás de una puerta metálica en un habitáculo sin ventana ni baño ni reloj, perdiendo la noción del tiempo, y tal vez padeciendo maltrato psicológico o corporal. Si finalmente, cuando salga el juicio, un juez decreta no probado ningún delito ni ninguna violencia, y el acusado queda libre, ¿Podrá restablecerse su imagen pública? ¿Cómo? ¿Tendrá derecho a alguna ayuda psicológica para olvidar ese amargo episodio de su vida? ¿Qué pena-castigo prevé la ley para la que haya hecho una falsa acusación? Denunciar es tan fácil llamando confidencialmente al 016.
Parece que cuando entre en vigor la Ley de VG que se está redactando, cualquier denuncia que una mujer ponga a cualquier varón tendrá presunción de veracidad y será el varón quien tenga la carga de la prueba, suponiendo que se le admita. ¿Es esto correcto? ¿Qué implicaciones sociales tendrá este tema?
La discriminación positiva, ¿realmente ayuda a las víctimas? En caso afirmativo, ¿vulnera la “Ley de VG” el principio de igualdad y la presunción de inocencia de los hombres por el mero hecho de serlo?. ¿Es justificable dicha vulneración? 
Cuando hablamos de algún tema polémico, que ocupa titulares en los medios, miramos a nuestro alrededor y suele suceder que no vemos por ningún lado lo que se denuncia como mal globalmente extendido en nuestra sociedad. Se suele decir: “Todas las mujeres son malas menos mi mujer, mi madre y mis hermanas”. 
Seamos conscientes de que una mentira repetida todos los días, por miles de voceros, finalmente llega a parecer cierta… aunque realmente continúe siendo mentira. Algunos piensan que la publicidad potenciada de la “violencia de género” pretende consagrar la discriminación legal del hombre y crear un entorno en el que se implante toda una infraestructura de intereses personales y económicos que pretenden vivir estupendamente de esta gran farsa. En lugar de solucionar problemas se crean y se incentiva una guerra que lo único que puede conseguir es que esto acabe muy mal, porque nunca he visto apagar un incendio echando gasolina al fuego.
Podría llegarse al esperpento de que en cualquier relación de un hombre con una mujer, aquel tendrá que estar asegurándose continuamente la coartada adecuada —para demostrar lo que ha sucedido en todo momento— por si alguna vez se da el caso de que a su pareja sentimental se le ocurre denunciarle falsamente y así poder demostrar que el hecho que se le imputa no sucedió. Recordemos que las violaciones, acosos y maltratos varios a las mujeres existen. Asumamos que las mentiras y las falsas acusaciones también. 
Aquí se abre un dilema moral: Para salvar a una posible víctima ¿Preferimos que se condene a un inocente, o que se corra el peligro de que un posible maltratador quede libre si no se consiguen aportar pruebas suficientes para probar su culpabilidad?
A algunos les parecerá que esto es rizar el rizo, pero es algo similar a algunas situaciones desagradables que han sufrido algunos profesores por denuncias falsas de algún alumn@ que ha llamado gratuita y anónimamente al 900018018 o al 018. Como medida preventiva, para evitar denuncias falsas, procuran no reunirse nunca en solitario (siempre debe haber al menos tres personas en la sala) con un alumno. ¿Se imaginan el tema trasladado a las relaciones sentimentales o de pareja…? 
Hay quienes se preguntan si se pretende acabar con la familia y la confianza vital entre ambos cónyuges para llevarla adelante, y ven un futuro lleno de solteron@s, separad@s, divorciad@s, amargad@s con mascotas como compañer@s, con ansiedad, depresión, rechazo al compromiso y trastornos psiquiátricos de todo tipo.
¿Es esta la sociedad en la que queremos vivir?
Por culpa de unos pocos descerebrados y algunas descerebradas (que también las hay) no podemos criminalizar a la mitad de la población y crear desconfianza hacia la otra mitad. 
©JuanJAS
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